lunes, 14 de septiembre de 2009

Frank


Francis Vincent Zappa (1940-1993)


Don Francisco, bienvenido a mi panteón: siempre es un placer tenerle entre nosotros. Hablar de usted es comprometido, no crea; me refiero a hablar claramente de usted, sin pelos en la lengua: ya sabe que hay millones de frikies por el mundo que guardan celosamente sus casi cien discos oficiales -solo o en colaboración con otros- más unos, digamos, trescientos discos piratas, y claro, con gente así es difícil atreverse a menear el pedestal en el que usted se halla y decir que fue tan buen músico como comerciante. Lo de músico no lo discute nadie: usted, de niño, descubrió algo tan curioso como que se podía hacer percusión sobre un colchón, concretamente el de su camita de infante; si ya empezamos así... Dijo que su familia era mortalmente aburrida, aunque también reconoció que su padre era capaz de cualquier trabajo (entre otros, metereólogo, químico o profesor de historia), y que sus primeras músicas, aparte del rhythm'n'blues de la radio, provenían de la colección de música clásica paterna. O sea, que tan aburrida no era su familia. Y hay rastros de esa multiplicidad en usted, un verdadero camaleón: esa mezcla entre lo nuevo y lo clásico lo definen perfectamente en lo musical. Y en lo personal también.

La familia Zappa se marcha de Baltimore al sur de California en su adolescencia, y claro, eso marca: queda atrás una infancia enfermiza y comienza la adolescencia más saludable, sin la cercanía de esas fábricas químicas en las que a veces trabajaba su papá. En el nuevo colegio hay una banda en la que consigue el puesto de, cómo no, batería; mientras, su amplia inquietud musical le hace seguir profundizando en los conocimientos adquiridos en casa y, por fin, entre otros, descubre a Varèse y sus locuras percusivas: un flechazo que le marcará durante toda su carrera (bueno, el episodio de su mamá regalándole una conversación telefónica con la mujer del genio es para enmarcarlo, y eso hizo usted con la carta que luego le envió don Edgar).


Y ya es usted un jovenzuelo, y se compincha con su colega Don mientras estudia armonía musical y se marcha a Los Angeles. Por otro lado, como buen observador que es, comprende la hipocresía política, social, sexual, en la que está instalada la sociedad americana; hipocresía que reflejará tanto en sus discos como en sus impagables frases y declaraciones: ácidas, corrosivas. Pero de momento hay que comer, y aquí viene otro de los hechos que marcará su estilo: su empleo en una agencia publicitaria le hace conocer las tácticas de venta, de marketing, algo que desde luego sabrá aprovechar en el futuro. Luego escribe la banda sonora de dos películas que nunca serán vistas fuera de su zona, pero con ese dinerillo ganado ya se puede permitir el lujo de grabar un disco orquestal en unos apestosos estudios de Cucamonga.


Abreviemos: por fin, tras unas cuantas bandas diminutas que cualquiera puede bucear en la Wikipedia, forma esa jaula de locos llamada Madres del Invento por inaugurarse el Día de La Madre de 1964. ¿No es genial? Y no menos genial es la relación de personajes que inicialmente la formaron: un cherokee, un chicano, un poeta maldito y cantante... en fin. A partir de ahí comienza la historia de una banda que era mucho más que eso. Usted ya domina la guitarra, y de qué modo: entre sus investigaciones sónicas en estudio y su destreza, se convirtió en uno de los mayores dinamizadores de la bendita Gibson.


Y ahora vamos al otro frente: el publicitario. Usted supo controlar en todo momento el negocio, supo siempre qué tecla tocar para epatar al personal. Si no era una declaración fuera de tono era una pose enloquecida, o las portadas de sus discos, completamente lunáticas: usted se rió de los hippies cuando aún estaban de moda, se rió de la sociedad americana, se rió de todo y supo ganar dinero con ello. Era usted un genio, don Francisco. Y tampoco le importó enfrentarse a los progres, a los "concienciados", a quien fuese. Fue usted un extraño caso de anarquista capitalista que, como muy bien decía, necesitaba dinero, mucho, porque tenía que invertir en nuevos proyectos, en el instrumental más avanzado que hubiese en el mercado. Dicho en sus palabras: "yo no soy como los poetas, que no necesitan equipo". Sí señor. Usted, además, y contra lo que muchos piensan, no perdía el tiempo colocándose con alcohol ni drogas: lo suyo era el café y el tabaco en cantidades industriales.


Y al final llegó el cancer, que probablemente no fue causado ni por el café ni por el tabaco. Pero llegó. Y se nos fue usted a perturbar el cementerio con sus locuras, siempre controladas, con sus rasgueos geniales y sus extrañas mezclas sónicas que a veces desbarraban: es posible que sobre más de la mitad de su producción, pero la otra mitad es magnífica. Y todo se vendia igual, lo bueno y lo malo.

Alguien debería hacer una lista de sus diez o doce grandes discos para las nuevas generaciones, que a veces se pierden comprando el disco que no es, creen que el resto es igual de horrible y salen corriendo. Qué poco aguante tiene la gente ahora, don Francisco.
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Diccionario de urgencia (la relación de músicos que ocupan la carrera de don Francisco se acerca al medio millar, así que sólo citaré a su principal influencia y a su primer gran amigo y colaborador)

Edgar Varèse (1883-1965): Compositor parisino que pasa por ser uno de los primeros en investigar las disonancias sónicas, escribió partituras especialmente para instrumentos de viento y persusión. Se interesó también por la música electrónica.
Don (Glenn/Van) Vliet:
También conocido como Captain Beefheart, es otro músico interesado en las variaciones musicales y especialmente en el free jazz. Es de entender que sintonizase tan bien con don Francisco: ambos experimentaban y ambos estaban chiflados. Vliet se hizo medio famoso luego al frente, entre otras, de su Magic Band, aparte de grabar algunos discos con don Francisco.

12 comentarios:

  1. Uno de los músicos más interesantes de este siglo pasado, lástima que no se oiga mas... aunque bien pensado, quien quiere que sus muertos sean idolos de masas?

    ;)

    Besicos

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  2. Cierto, nadie quiere que sus muertos sean ídolos de masas. Aunque desgraciadamente, en muchos casos si no lo fueran no los hubiéramos conocido, 'conocido' de alguna forma.

    Dios, de este tipo no sé absolutamente nada ni le he oído jamás. Sólo sé ese fragmento que canta el bueno de Robe Iniesta: ''No he vuelto a ser el mismo desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury y Camarón..''. Creo que tengo deberes pendientes, ahora dígame usted, o mejor, recomiéndeme un par de discos. Pero un par ¿eh? que he leído eso de que tiene casi cien discos y uf... me siento como una hormiga en el desierto. ¿así para empezar?. Gracias.

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  3. Otro más.
    Esto son retratos.
    Bien.

    Saludos.

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  4. Qué cierto!
    a veces escuchamos el disco equivocado...

    Al menos tengo la suerte de no ser una persona que juzgue a partir de una muestra, y cuando mi primo empezó a tocar la guitarra (debo decir que es un músico increíble a pesar de que su grupo me parece insoportable), pasé muy buenos ratos en su buhardilla, guitarreando, escuchando a Zappa y muchos otros, bebiendo ron y fumando tabaco de liar.

    No conocía nada de la biografía de don Francisco, pero sí su música, aunque la escucho en momentos escogidos, y normalmente a solas. De tu mano, meterme en su vida, es un camino agradable.

    Buen trabajo Paseante.

    Un beso.

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  5. A Zappa lo descubrí en la universidad cuando un profe de lo mas bohemio nos traía su música a las clases, no sé si me gustó por lo que era o por lo que significaba en esas clases, de todas maneras brindo cuando algo espectacular llega a tus manos desde la casualidad mas grande.
    No tengo mucho material de Zappa y la verdad que desconozco casi todos esos grandes discos, pero lo poco que sé me vale para reconocer a un grande.
    besos

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  6. Belén: el asunto de los ídolos de masas quizá fastidia un poco, pero el elitismo no es mejor.

    Julián: es complicado elegir dos discos solamente, así que lo mejor será darte dos títulos que son bastante diferentes en enfoque y en desarrollo pero que cubren bastante bien todo el universo Zappa (en ninguno de ellos figuran los Mothers of Invention, que corresponden a una época anterior, difícil de oir para los que empiezan en esto):
    - "Hot rats" (1969): digamos que un cruce entre rock y bases orquestadas que a veces pueden recordar a la música de circo, o de opereta.
    - "Sheik Yerbouti" (1979): uno de los más orientados al rock y de los más vendidos también. Es un doble LP (o un CD) que demuestra la tremenda habilidad guitarrística de don Francisco, así como también lo loco que estaba. No te dejes engañar por la primera canción, una "balada de amor": las letras son una locura. El resto del disco contiene parodias de gente como Dylan o Jon Anderson (el cantante de Yes), marcianadas como "Baby snakes" -una joya- y cosas así.

    Y recuerda: abre las orejas y no te asustes por nada. Si consigues oir cada disco más de una vez, lo comprenderás. Era un genio; loco, pero genio. Y no tan loco.

    Gracias, Toro. Se hace lo que se puede.

    Esencial: gracias. Pero... ¿seguro que sólo era tabaco de liar? No sé yo...

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  7. Gracias, Gata: sí, lo de la bohemia era otra de las etiquetas que le venía bien a don Francisco. La verdad es que, en España al menos y en los años 60/70, sólo lo oían los muy pirados o los músicos.

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  8. me gustas paseante.Si quieres puedes recoger una cosa en mi blog

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  9. Pues siento decepcionarte Paseante, pero sólo era tabaco, jejeje.

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  10. Madre mía, este hombre no haría otra cosa si tenía tantos discos... O igual por eso necesitaba tanto café, para dormir menos.

    Aparte de esto, ya sabe que me gusta cómo cuenta las cosas, señor Paseante.

    Un beso

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  11. acabo de encontrar tu blog y estoy flipando, q bueno!!

    gloria

    xxx G&L

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