miércoles, 23 de junio de 2010

Beat music (III)


“El beat es el instrumento de la liberación sexual (…) Esas pequeñas muchachitas de catorce o quince años que están sentadas ahí abajo y os escuchan, todavía son vírgenes. Solo conocen el sexo de oídas. Pero el beat comienza a vibrar dentro de ellas, y en algún lugar de su cuerpo comienzan a comprender”
 (Allen Ginsberg)

Glub. Pobrecillas. Que conste que lo ha dicho el señor Ginsberg, ¿eh? Que luego no quiero líos: ya me llega con los alemanes y el capitán Renault, por muy colega mío que parezca. Pero es que además mister Allen tiene razón: el beat es la primera música masiva “sexualizada”, digamos, que tuvieron los blancos. Sobre esto no voy a extenderme, porque no viene al caso; pero es un claro factor de diferenciación sobre todo lo anterior y al mismo tiempo de unión entre los dos sexos, que desde ahora son un público común tanto en las salas de actuaciones como en las tiendas de discos.

Van abriéndose paso los años 60, y vienen fuertes. Los Shadows, que han conseguido impactar con su propuesta de grupo, comienzan a sonar anticuados. En los Estados Unidos, desde la irrupción de Duane Eddy a finales de los 50 -esa guitarra con vibrato/trémolo que decía mister Paul-, hace estragos y se consolida la música surf; que, no obstante, solo será verdaderamente popular en la costa Oeste y durante dos o tres años, hasta la British Invasión. Por otra parte los grupos instrumentales basados en la guitarra, ya lo dije alguna vez, suelen durar poco porque su oferta es reducida: repasad la obra de los Shadows, o sus colegas americanos Ventures, Dick Dale & Del-Tones, etc, y veréis que las piezas realmente grandes de cada grupo son pocas y suenan parecidas. Así que los creyentes elevan la vista al cielo buscando nuevos redentores.

Y aquí surge Liverpool, encabezando el área del Merseyside, como la Tierra Prometida: en 1961 la vanguardia musical está allí, no en Londres. Los barcos americanos vienen cargaditos de vinilos, la juventud de clase obrera es mucho más aguerrida que los estirados jovencitos de la City, y locales como “The Cavern”, que hasta entonces habían sido la guarida del jazz, el trad e incluso el skiffle, vuelven ahora sus ojos al beat, ese nuevo invento enloquecido que, como decía Nick Cohn, “hace que los suelos de la pista, al encender las luces, revelen el porqué de aquel horrible hedor: las adolescentes se han meado”. Una mezcla de lágrimas y orina era el sacrificio virginal ante los sonidos que los machos Alfa habían estado produciendo durante una hora subidos al escenario. Y aquí enlazamos con el principio de esta entrada: doble sentimiento, doble clientela. El beat como fenómeno de masas es un acontecimiento imparable.

Que me voy a abrir el bar. Ya casi llegamos a los Beatles, no teman.

lunes, 14 de junio de 2010

Beat music (II)


“¿No hay ningún diputado que presente una ley que obligue a los chicos a cortarse el pelo?” 
(Carta al "Daily Mirror", 1964) 

Pues no, irascible lector del Mirror, no lo hay. Qué le vamos a hacer. Y lo peor es que dentro de un rato no me quedará más remedio que hablar de los Beatles, causantes en gran medida de su ira. “¡Otra vez esos malditos Beatles!”, dirá usted con toda la razón. Y se la doy: otra vez los Beatles. Si es que, nos pongamos como nos pongamos, aquellos cuatro jovenzuelos son los causantes de la mayor parte de las convulsiones que sacudieron el negocio durante los años 60. Que hayan sido los mejores o no, es cuestión de opiniones; pero lo que no puede discutirse es que fueron los más importantes, y hasta el señor Keith Richards lo reconocía: “Los Beatles fueron perfectos para abrir puertas. Sin ellos los Stones lo habríamos pasado mal”. Y pongan ustedes el nombre de la banda que quieran, si no les apetece la de los Stones: el resultado sería el mismo. 

PERO... 
Antes de llegar a los muchachos de Liverpool es de ley hacer una referencia al primer gran grupo –con espíritu de grupo- que hubo en la Isla: los Shadows. Ellos cubrieron el trayecto desértico entre finales de los años 50 y principios de los 60: es decir, ellos fueron los precursores en el negocio del pop. Ellos hicieron considerar a las casas discográficas que un grupo podía ser una alternativa creíble para un mercado que hasta ese momento estaba dominado por los cantantes. Porque hasta la irrupción de los Shadows, una banda sólo era el acompañamiento musical de una estrella, nada más. Y así comenzaron ellos en 1958, acompañando al infumable Cliff Richard (un quiero-y-no-puedo ser Elvis) bajo el nombre comercial de “Drifters”. Nombre que cambiaron al año siguiente para evitar confusiones con el grupo de duduá americano. 

Los Shadows eran de Newcastle; o al menos lo eran sus músicos más importantes, sobre todos ellos el gran Hank Marvin. Hablar ahora de la guitarra de Marvin y su influencia sería un poco pesado, así que me lo salto (perdona, Hank: sabes que te llevo en el corazón) y entro en harina: procedentes de una amalgama de bandas skiffle, consiguen interesar al ñoño de Cliff y comienzan sus giras tras él. Pero pronto Marvin y los suyos demuestran tener potencial suficiente como para atreverse a componer o interpretar piezas de otros por su cuenta, y tras un single editado aún como Drifters consiguen su primer éxito -que resultó ser también el mayor de todos- a principios de 1960 con la inolvidable “Apache”, número 1 en media Europa. En ese momento, los Beatles eran aún cinco y estaban pensando en ir a Hamburgo: ustedes dirán. 

Hay además un perfecto reparto de papeles entre la banda y su cantante, ya que mientras Cliff recurre a ellos para cimentar su carrera personal partiendo del rock and roll, las grabaciones de los Shadows como grupo autónomo son la herencia isleña de otro género más moderno, nacido en los States a finales de los años 50: la música surf. Así que entre uno y los otros están popularizando en la Isla dos dos géneros de moda más importantes de Occidente en ese momento; y por supuesto, haciendo que los jóvenes que vienen detrás tomen buena nota. 

Joder, ya está la chusma aporreando la puerta. Bueno, pues tengo que abrir el bar, así que terminaré por hoy con una de esas citas impagables de mi admirado Diego Manrique: “La verdadera herencia de los Shadows fue el concepto de grupo… la industria de Londres prefería vocalistas maleables y, de cualquier modo, no simpatizaba con su sonido áspero”.

Ah, por cierto: en la foto de arriba vemos a los Shadows acompañando al boberas de Cliff. Hank Marvin es el gafitas de la esquina derecha. ¿A que tiene un aire con Buddy Holly? Snif. 


jueves, 3 de junio de 2010

Beat music (I)


¿Qué es el beat? Para quienes siempre se rasgan las vestiduras, el beat es lo que les confirman los periódicos: sonidos inarticulados, aumentados hasta límites insoportables por los amplificadores; ruido producido por jovencitos mal lavados y de larga cabellera, que a duras penas acaban de aprender algunos acordes simples en la guitarra y que reciben el aplauso histérico e igualmente inarticulado de los adolescentes. Para los desconfiados, el beat es una ocurrencia propagandística de unos avispados negociantes, que mediante tretas siempre nuevas intentan sacar hasta el último céntimo de los bolsillos de los jóvenes. Y para el "Daily Worker" -órgano del Partido Comunista británico- el llamado Mersey Sound es una clara protesta revolucionaria, "la voz de treinta mil obreros en paro y ochenta mil viviendas miserables en ruina".
(Rolf-Ulrich Kaiser)

Bueno, pues ahora que ya he cumplido con Sam y sus hermanos de raza me toca cumplir con los míos; aunque sean británicos, como siempre. Una buena manera de comenzar hablando de la música beat es el párrafo que he puesto arriba: parece bastante clarificador, ¿verdad? Y aún podría perfilarse un poco más si articulamos una definición técnica; si decimos que, en esencia, el beat es la síntesis de las ramas blanca y negra del rock'n'roll americano. Por supuesto dicha síntesis, como todas las demás, tuvo lugar en el Reino Unido; en este caso, también como casi siempre, ocurrió a principios de los años 60. Y eso de "Mersey Sound" que dice herr Kaiser -o Mersey Beat que dicen otros- es un término específico referido a la ciudad de Liverpool, por donde discurre el río Mersey (por cierto, seguro que a todos ustedes les vendrá a la cabeza un famoso grupo originario de allí, cuyo nombre fue malamente traducido en España como Los Escarabajos; pero resulta que ese bicho en inglés se denomina "beetle", así que algo pasó con la segunda "e". Bien, pues imagino que ya lo habrán pillado: cambiamos esa "e" por una "a" y lo que tenemos es "Los Escarabajos Rítmicos", que no es exactamente lo mismo aunque se pronuncie igual. Por otra parte, dudo mucho que un escarabajo común y corriente tenga la más mínima idea de lo que es el ritmo).

Sigamos con el rollo macabeo, que ahora ya estoy lanzado: los estudiantes de inglés básico dirán "pero... "ritmo" era "rhythm", ¿no?". Pues sí, pero también lo es "beat", y justamente la diferencia de matiz entre una y otra palabra es, digamos, la madre del cordero: "rhythm" es neutra, abstracta; el ritmo, sin más, que puede ser lento -melódico- o rápido. "Beat", en cambio, es la sustantivación del verbo "golpear"; en ese sentido, tiene que ver más con el acorde que con el ritmo en sí. Por lo tanto, cuando hablamos de beat nos referimos al ritmo "marchoso".

Y por último diré que, a pesar de todo lo anterior, la cosa no es tan sencilla. Porque del beat surgirán poco después dos vástagos que, en teoría, no tienen mucho que ver: tanto el pop como el rock británicos son consecuencia suya (creo que dije hace poco en algún comentario que del rock'n'roll venía el rock made in GB; lo cual es rigurosamente cierto, pero faltaba por añadir este pequeño detalle: el r'n'r es el abuelo, y el beat es el padre). Por otra parte a esa síntesis hecha con el material americano hay que añadirle la contribución isleña, que básicamente consiste en las melodías vocales. Esa aportación melódica -una de las raíces del pop- viene de la amplia historia vocal europea, tanto por sus orígenes románticos como por las tradiciones heredadas del folk.

Uf. Pensé que no acababa. Bueno, pues una vez que el término queda más o menos reconocible, ya hablaré otro día del resto de la historia, que se me han acabado las ganas de currar por hoy. Es hora de abrir el bar.
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