jueves, 29 de diciembre de 2011

Años 60: América (y XXII)



Por lo general los habitantes del sur del continente americano suelen tener problemas bastante más serios que su elevación personal por medio de la música o cualquier otro arte: las condiciones de pobreza en las que vive gran parte de ellos hace que muy pocos tengan el nivel económico necesario para comprar discos, y mucho menos para conseguir un instrumental decente. Así no es extraño que la mayoría de los que lo hicieron provengan del sector universitario y en general de las clases pudientes. Siendo un número muy reducido es lógico que hoy en día casi nadie recuerde un solo nombre, salvo los coleccionistas y cuatro tipos raros más. En todo caso y como era de esperar, los países caribeños -los más cercanos al Ecuador- tienen una tendencia marcada hacia la exuberancia a medio camino entre el folk rock y la psicodelia, mientras que en el Cono Sur se oye rock'n'roll e incluso hay algunas veleidades progresivas.

Sin embargo hay un país que por su tamaño y especial idiosincrasia llegó a crear un estilo propio. Ese país es Brasil, y ese estilo se resume en una palabra mágica: Tropicalia. Un nombre bajo el cual se abriga una nueva manera de concebir la música y las artes escénicas y visuales, basándose en una orgullosa idea motriz: Brasil tiene suficientes estilos y personalidad como para elaborar sus propias obras sin necesidad de calcar los modos del norte. Caetano Veloso, su instigador, ya había colaborado con su hermana Maria Bethania y con Gal Costa (dos estrellas de la canción brasileira) antes de substanciar este movimiento. Y en 1968 reúne a un colectivo de músicos para publicar un disco que en cierto modo es un manifiesto: "Tropicália ou panis et circensis".

En ese disco participan, además del propio Veloso y la señorita Costa, otros dos santones de la canción brasileira como Gilberto Gil y Tom Zé; pero también un trío con veleidades psicodélicas: Os Mutantes, que con el paso del tiempo será el grupo más famoso de Brasil en ese género. El disco es un ramillete de estilos que abarca desde la bossa nova hasta el rock pasando por la psicodelia, claro; e incluso fuera de su país comienzan a llegar los ecos de una revolución musical que llega hasta hoy mismo. Una revolución que en realidad consiste en elevar el variado folk patrio a la misma categoría y prestigio que puedan tener los del norte. Gracias a ellos, Brasil tiene su propia escuela.

No pasó lo mismo con el resto del continente sudamericano: Argentina por ejemplo, que podría haber exportado el tango bonaerense con un mínimo nivel de actualización, no lo hizo hasta mucho después; en los años 60 se limitó a calcar el rock'n'roll, con un leve punto latino: este es el caso de Los Gatos o Almendra, muy valorados… por los coleccionistas. Y aparecen algunos grupos progresivos a mediados de los años 70, como La Máquina De Hacer Pájaros, que acabaron igual. Hay una reactualización del rock and roll que se producirá a partir de ese momento, pero ya se sale de nuestro viaje temporal. En cuanto a Chile, hubo una curiosa dicotomía en las tiendas: o folklore popular o rock'n'roll. Nunca llegaron a fusionarse, y con el tiempo se olvidaron los rockeros: de Chile solo recordamos a Inti-Illimani, Victor Jara, Quilapayún y otros nombres integrados en la Nueva Canción Chilena, aplastada por la dictadura militar de 1973.

Porque esa es otra: en la mayoría de estos países regían las dictaduras militares. Chile tuvo su frescura hasta la llegada de Pinochet, pero casi todos los demás vivieron décadas bajo ellas. Brasil llegó a deportar a la mitad del colectivo Tropicalia, y la mayor parte de los artistas cercanos al folk -o sea, a la protesta velada- estaban represaliados. Y, reconozcámoslo, la etnia de origen hispano, latino o como quieran ustedes llamarla, no tiene especiales habilidades para el rock. Las cosas como son: Sudamérica tiene cientos de grupos oscuros que hicieron un disco o dos a medio camino entre rock y psicodelia; hoy en día son pasto de fanáticos completistas, pero poco más. Lo cual, ya lo sé, es una injusticia. 

De todos modos, y para quien piense en curiosear por aquellas latitudes, le recomiendo vivamente que le eche un vistazo a los grupos peruanos: se encontrará con nombres como los Saicos (la equivalencia sudamericana a los Sonics), los Destellos -inventores de la cumbia surf- o los Holy's, entre surferos y futuristas; de estos últimos surgieron luego Telegraph Avenue, grupo progresivo cuyos dos discos son ahora muy buscados por los coleccionistas. Lo mismo pasa con Traffic Sound, con otros dos discos : sus primeros singles, luego agrupados en un LP, eran excelentes versiones de Cream, Hendrix y otros, aunque el segundo ya se iba desinflando.



Y se acaba el año, y nuestro viaje. Ya toca coger el avión de vuelta a la Isla. Ya iba siendo hora, ¿eh?


8 comentarios:

  1. Mi grupo sudamericano favorito son los Shakers de Uruguay. Si bien los primeros discos son prácticamente unos 'imitadores' de los Beatles personalmente les encuentro una frescura que muchos grupos ingleses quisieran. Su último disco, La conferencia secreta del Toto's Bar, lo tengo en buen lugar entre mis discos favoritos.

    En los 70 se que tuvieron un grupo en Estados Unidos (Opa) que igual lo conoces. Yo de esa época ya no controlo nada.

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  2. Vaya, la de rarezas que tenía usted en la manga... Impala, Quilapayún, La Máquina De Hacer Pájaros... Jarl!

    Me figuro que hablar de Antonio Carlos Jobim hubiera excedido las pretensiones de esta entrada. Una pena.

    Iba a mencionar también a Silvio Rodriguez: pensaba que "Días y flores" y "Al final de este viaje" eran del 69 y del 70 respectivamente. Más o menos. Estaba equivocado D:

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  3. En esa época nos llegaban muchas cosas de ese continente, como boleros, tangos o rancheras, además de la estremecedora música protesta, alguna además muy buena.
    Pero yo echo de menos cosas como Los Náufragos y su “Yo en mi casa y ella en el bar”. Sí; se hacían cosas por ahí abajo que no nos llegaban a Ejpaña.
    Feliz entrada de apocalíptico año.

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  4. La verdad es que por esas latitudes se les da mejor los géneros basados en sus música folklórica que el rock, que en el fondo tiene un poso de mala leche que no a todos engancha.
    Pero tienen un bagaje musical envidiable. Desde la salsa caribeña a la canción criolla, desde los corridos a las milongas, es una fuente de canciones sin fin.

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  5. Por mi parte decir que ni idea de estos grupos, pero ha estado bien esta mirada al resto de América. O sea que nos recomienda usted ese disco en concreto, ¿no? Apenas he oído un poco en directo por Youtube, ya lo conseguiré y a ver qué tal.

    Eso que dice usted de las dictaduras militares es la razón por la cual aún en los noventa surgieran canciones (hablar de discos sería demasiado) punk interesantes, por muy simples que sean. Cuando ya en Europa y USA era más y más de lo mismo, allí al menos aún tenía cierto sentido.

    Luego están los géneros propios, entre los cuales siento simpatía por el tango argentino, pero ni idea tenía de rock o progresivo surgido de allí, al menos que no fuera una mera copia de la copia, en algunos casos con consecuencias desastrosas:

    http://www.youtube.com/watch?v=gLg068EBWuE

    Jeje.

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  6. Los Shakers empezaron muy bien, don Esteban, pero al final ese empacho Beatle yo creo que acabó con ellos: tenían una garra garajera superior quizá a las primeras tonadas beat de los de Liverpool, pero creo que se obsesionaron con ser iguales. Y el "Toto's Bar", que para un país como Uruguay está muy bien, me parece que adolece de lo mismo: tenga usted en cuenta que en 1968 ese sonido estaba superado. Pero no me haga mucho caso, porque yo no soy precisamente un fan del "Sgt. Pepper's".
    Otra cosa es Opa, que no desmerece en absoluto de las composiciones a medio camino entre rock y jazz tan de moda en los años 70; aderezados en este caso por la influencia latina (y en Uruguay fueron verdaderos ídolos progresivos, además). Creo que los hermanos Fattoruso siguen en el negocio, aunque hace mucho que les perdí la pista.

    El término "rarezas" es un tanto relativo en este caso, mister Dani: salvo la Máquina (progresivos), los demás que usted cita fueron muy populares incluso aquí. Incluyendo a Jobim y Rodríguez. Los folkies españoles siempre han mirado con buenos ojos a sus primos latinoamericanos.

    Alguna era muy buena, don LuisC, pero solo alguna: otras cosas eran un coñazo, la verdad. En todo caso, yo no soy el más indicado para hablar sobre ese tipo de músicas. Lo mío es la electricidad en general, qué le vamos a hacer.

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  7. Ah, don LuisC, que me olvidaba: "Yo en mi casa y ella en el bar" tiene una dignísima versión a manos de los Gritos. Y a mi querida Lauren le encanta: pídasela, a ver si la pone en su local. Porque en este, ni de coña.

    Es lo que yo creo, mister Chafardero, que se trata de un problema de temperamentos. Y aunque a mí no me va mucho el folklore latinoamericano, es verdad que son una verdadera factoría. Y que hay melodías y estribillos magníficos.

    Ese disco, don Raúl, es una buena representación de la potencia brasileira, y toca muchos palos. Échele un vistazo, a ver qué le parece.
    En cuanto a las dictaduras, algo parecido sucedió aquí a la muerte de Franco: barra libre. Y claro, se oía cada cosa que ponía los pelos de punta. Pero fue la mejor época de España.
    En cuanto al progresivo del Cono Sur, la Máquina era un grupo de músicos que se basaban en Caravan, Camel y ese tipo de sonidos, más tendentes a la dulzura que a la bronca del prog-rock. Y tal vez fuesen los mejores de esa zona.

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