viernes, 25 de marzo de 2011

Viaje psicodélico (III)


El otro día quedamos en que la psicodelia de calidad es un bien escaso, que pasar a la Historia no resulta tan sencillo como algunos pensaban ("ya está: me tomo dos ácidos y hala, a componer virguerías"). Está claro que siempre será necesario poseer creatividad y destreza; una cosa es la ocurrencia momentánea -que puede dar para un single o dos- y otra cosa es un disco grande en todos los sentidos: de esos hubo muy poquitos. Antes de hablar de las bandas nuevas que comienzan en el negocio por la vía psicodélica, recordaremos a tres que ya están consagradas pero cuyos discos de este género pertenecen a la categoría de "imprescindibles": Who, Small Faces y -con reparos- Cream.

Los Who dan el salto de "supuestamente mods" a psicodélicos con la publicación de "Sell Out" a finales del 67. La parte gráfica del disco es una parodia visual a mayor gloria de los anuncios de la época: la crema para espinillas Medac, el desodorante Odorono, las latas de habas Heinz y así sucesivamente. El juego sigue en el disco, con unas cuantas canciones "introducidas" por cuñas publicitarias de Radio London, la emisora pirata que más los había apoyado. Aunque con alguna canción flojita por medio, el conjunto es impresionante; y aún hoy me lleva al reino de la Fantasía oír ese "Monday… Tuesday…" precediendo la entrada de la maravilla lisérgica titulada "Armenia City in the sky". Para cuando llego al final de la cara A y surge el anuncio de las fantásticas cuerdas para guitarra Rotosound introduciendo a "I can see for miles" ya estoy Allá: se trata de una de las más grandes canciones escritas por Townshend en toda su vida. Y mira que escribió canciones…

Small Faces, la verdadera gran banda mod, abandona también ese estilo con "Ogden's nut gone flake". Y mis sensaciones son muy parecidas: la cara A comienza con la fantástica pieza instrumental orquestada que da título al disco; detrás viene "Afterglow", un reto al sentimiento… las canciones de la cara B van unidas por medio de un relato fantástico que nos cuenta Stanley Unwin, un cómico del sur de Londres con su endemoniado acento cockney. Aunque hay alguna canción que sobra, al igual que con "Sell Out", digo lo mismo: im-presionante. Un digno final para una banda que mereció mejor suerte. E igual de impresionante es su portada, un cartón redondo imitando a las latas de tabaco de picadura Flake: la abrimos y tenemos cinco círculos con hermosos dibujos alternados con fotos artísticas de los muchachos. Odio el CD. ¿También lo había dicho?

Vamos ahora con Cream y los reparos: como todo el mundo sabe, el negocio de Clapton, Bruce y Baker iba por el blues-rock. Y a finales de 1967 publican su segundo LP, titulado "Disraeli gears". Este disco tiene una portada inequívocamente psicodélica, es cierto: un collage muy bonito, muy florido, una verdadera obra de arte a la altura de lo que viene dentro. Y hay algunas canciones de ese tono, pero en conjunto lo que encontramos aquí es un desarrollo brillantísimo sobre las bases contenidas en el primero (de hecho se trata de su mejor obra): sus mayores aciertos, como "Strange Brew" o "Sunshine of your love" han quedado como himnos del blues rock. Y aunque aparece en muchas listas de la psicodelia, yo no lo veo tan claro: me parecen más psicodélicas algunas piezas de "Wheels of fire", su tercer disco, tales como "Passing the time" o "As you said", pero en fin: había que citarlo, y eso hago. Por otra parte, es tan imprescindible como los otros dos.

Habrán observado ustedes que en estos tres casos he hecho referencia a las portadas: también gracias a Beatles, el asunto del diseño gráfico está cobrando mayor protagonismo y en 1967 ya no queda moderno hacer una simple funda con una foto cualquiera más los detalles del contenido para envolver el LP. La industria discográfica ha hecho una fuerte apuesta por ese formato, que les resulta más rentable -y además da un aire de mayor "respetabilidad" a los músicos-, así que a partir de ahora será frecuente la aparición de trabajos musicales apoyados por el gancho visual de sus portadas; que en muchas ocasiones cobran tanto protagonismo como la propia música. Comienza la época dorada del diseño gráfico musical, con la irrupción de artistas e incluso empresas que se dedican exclusivamente a esto, como Hipgnosis o CCS. Ya lo iremos viendo, y nunca mejor dicho.

Y se me hace tarde para abrir el bar. Dice Sam que a lo mejor quedaría bien decorarlo con portadas de la época en vez de estos tonos grises tan serios. No sé. Yo soy un tipo serio, Sam. O al menos paso por serlo, ¿recuerdas?


domingo, 20 de marzo de 2011

Viaje psicodélico (II)


"En los años sesenta se debilitó profundamente la fibra moral de Gran Bretaña"
Margaret Thatcher, 1980

Ya me imagino, doña Margaret, el sufrimiento que los personajes como usted debieron de experimentar en esa época, conociendo sus ideas sobre la "fibra moral". Aunque tal vez quienes pensamos de otro modo estaríamos dispuestos a sustituir el adverbio "profundamente" por "gozosamente", o algo parecido. Pero ese es otro asunto: lo que nos ocupa ahora es el modo en el que la Isla encaró la nueva brisa que llegaba del otro lado, es decir, cómo se aprestó a debilitar esa fibra moral que usted dice.

Del mismo modo que en América fue Dylan quien dio la señal para el comienzo de los nuevos tiempos, en la Isla habrían de ser los Beatles; que por otra parte, especialmente en el caso de John, eran admiradores suyos. Años después Lennon reconoció que "en canciones como "I'm a loser" o "You've got to hide your love away", ese tinte intimista de las letras fue gracias a la influencia de Bob: cuando lo conocí me quedé pasmado". Paul asegura que "desde el punto de vista vocal y poético, Dylan ejerció una influencia enorme". Y añade: "a través de él descubrimos la marihuana. Fue divertido". Oficialmente, como buenos músicos británicos de la época, su contacto con las substancias ilegales no había pasado de las pastillas que consumían en cantidades industriales en Hamburgo, como un tonificante necesario para aguantar las actuaciones agotadoras de aquellos primeros tiempos. Pero esto era distinto: la marihuana distorsionaba la realidad, daba pie a otra manera de ver las cosas, y para cuando grabaron "Rubber soul" ya se habían reído lo suyo durante la filmación de "Help!", hasta tal punto que llegaron a decir que lo mejor de esa película quedó fuera, piadosamente oculto.

Y tras "Rubber soul", donde ya hay muestras de esa nueva realidad -empezando por la portada-, llega "Revolver" en 1966. Por citar una sola canción de ese disco, citaré la última: "Tomorrow never knows", donde el LSD ya campa por sus respetos: ya estamos metidos de lleno en la época dorada de la psicodelia británica, que a diferencia de la americana es substancialmente pop. Esa canción y algunas más -como "I'm the walrus"- constituyen excepciones al tono psicodélico general de Beatles, que iba más por el flower power o las cancioncillas hippies con sitar del señor Harrison que por la psicodelia en sí (un buen ejemplo sería la deliciosa "Strawberry fields forever". En cambio, "Sargent Pepper's" me parece un disco excesivamente sobrevalorado). En cualquier caso su mayor mérito, como siempre, es el de haber levantado la veda para todos los que vinieron detrás.

Hay un personaje semiolvidado hoy en día pero que fue una exacta copia en la Isla de lo que Dylan significó al otro lado del océano: Donovan Leitch. El amigo Donovan, aunque con cierto retraso con respecto al maestro, siguió sus pasos con exactitud: comenzó entregado al folk con unas letras un tanto soñadoras para llegar a la psicodelia -y entretanto, tener el dudoso honor de ser el primer músico británico arrestado por posesión de marihuana, en 1966-. Dylan se mofó de él más de una vez, lo cual no me parece justo; pero el caso es que para 1967 ya tenía un estilo propio, a medio camino entre el flower power y las cancioncillas hippies. Es cierto que a veces le perdía un exceso de "dulzura" en sus composiciones, que caía con frecuencia en la trampa del sándalo y los gurús, pero ha dejado unas cuantas canciones realmente maravillosas (entre ellas "Sunshine Superman" o la definitiva "Hurdy Gurdy Man"). Y fue de los pocos que consiguió prolongar la psicodelia, aun con altibajos, hasta bien entrados los años 70: en 1973 publicó "Cosmic Wheels", probablemente su mejor disco.

Como es lógico, hubo unas cuantas grandes bandas que pasaron por esta época con desiguales resultados: los Who o los Small Faces la superaron con nota, aunque para estos últimos significó el final de su carrera; los Stones en cambio (que se vieron "obligados" a entrar en este juego para mantener su aura de chicos modernos, para seguir el ritmo en su particular duelo con los Beatles) hicieron pocas cosas de valor: "2000 light years from home" y alguna más. Su LP psicodélico de 1967 "Their Satanic Majesties Request" será recordado por su título y su vistosa funda más que por su contenido.

La psicodelia es básicamente un género de singles: muy pocos LP's se pueden citar como un verdadero conjunto de buenas canciones. Pero, además de una fase significativa para Beatles, Who, Small Faces o Donovan, fue el punto de partida para algunos de los grandes nombres que reinarán en la Isla cuando esto pase. Y de ellos habrá que hablar el próximo día. Ahora bajo al bar a vigilar a Sam, que lleva una época muy rara. Mientras tanto, recuerden: la droga mata. Y la que no mata, engorda.




miércoles, 9 de marzo de 2011

Viaje psicodélico (I)


Tenía que llegar, y llegó: el anunciado y al mismo tiempo impredecible año 1967 ya está aquí, como eclosión de algo que había nacido tres años antes. Y como casi siempre su origen se halla en los Estados Unidos, aunque el decorado era totalmente distinto al de cualquier otro fenómeno musical anterior: en este caso era la raza blanca urbana y pequeñoburguesa la que había dado con una veta creativa que, partiendo del folk, iba a afectar a todos los géneros (sí, he dicho el folk). Y no era este el único factor novedoso: estos hijos de la II Guerra Mundial, Baby-boomers o como se les quiera llamar, estaban viviendo una época de pujanza económica desconocida; su formación cultural media era más amplia que la de las generaciones anteriores, su acceso al consumo era superior… y sus inquietudes personales también.

Desde finales de los años 50, la llamada brecha generacional era cada vez mayor: las mentalidades paternas, ancladas todavía en el viejo ideario de trabajo, sacrificio, orden y obediencia al Poder, no estaban capacitadas para entender qué era lo que le estaba pasando a sus hijos. Tras las convulsiones de esa época (el comité de actividades antiamericanas, la recesión económica, las campañas por el desarme nuclear, la aparición de los beatniks…), esta nueva década no pintaba mejor para las mentes de orden: los disturbios estudiantiles ya eran algo cotidiano en 1961, el mismo año en que se inaugura el Movimiento por los Derechos Civiles. Hay una marejada social y política que no augura nada bueno. Y a partir de aquí tal vez sea suficiente con seguir los pasos del señor Zimmerman, quien, en homenaje a Dylan Thomas, llega a un tribunal para cambiar legalmente su apellido y pasar a llamarse Robert Dylan: el viejo Bob, para entendernos.

Bob Dylan es el paradigma de aquella época en Estados Unidos. En esos primeros años de la década sesentera consolida la canción protesta -hija del folk, claro-, pero evitando los mensajes de activismo radical ya que lo suyo es la sublimación artística, por medio de unas letras espléndidas, de las circunstancias en las que vive su generación. Y poco después entra en danza un nuevo componente para sus escritos: las drogas. Dylan comienza a mostrar en algunas de sus letras la influencia de la marihuana, e incluso muchos seguidores suyos se quejan de un excesivo tono barroco e incomprensible en ellas. Por fin, en 1965 rompe con su estigma de "cantante político", ficha a la banda de Paul Butterfield, se electrifica, y en la funda de "Bringing it all back home" escribe: "He abandonado todos los intentos de perfección, acepto el caos". Y la cara B de ese disco se abre con "Mr. Tambourine man", uno de los ejemplos más claros de que el LSD ya estaba haciendo su trabajo; como lo había hecho años antes en el campo literario con la Beat Generation, de la cual Dylan era seguidor.

Así, las drogas seguían cubriendo su trayecto social. Desde las altas cimas de la burguesía prendieron en las artes: primero había sido la pintura y la literatura, y ahora estaban llegando a la música, es decir, el arte más asequible, mayoritario e interclasista de todos. Y justo a tiempo, para colorear la década feliz; años después completarían ese trayecto en las chabolas rodeadas por yonkies plagados de pulgas y enfermedades (los políticos, aliados con la mafia, habían descubierto un sistema perfecto para liquidar media generación sobrante sin necesidad de una guerra), pero de momento estamos en la fase de encantamiento, la fase alegre, infantil, la de los que no saben aún que no todo el mundo puede recurrir a esos aditivos -y que antes de probar algo hay que saber lo que se prueba. Y en San Francisco los hippies están brotando como setas, y el barrio de Haight-Ashbury se puebla de peregrinos que llegan de todas partes del país a conocer la buena nueva y el ácido de excelente calidad que proporciona Oswald Stanley -que ya es más que un químico: es un gurú- y todo marcha perfectamente. Ya vendrá luego el bajón, tan bien dibujado en los personajes de "Easy rider", "More", "Zabriskie point"…

Pero ya digo, de momento estamos en lo que estamos. Dylan es entre otras muchas cosas el padre del folk rock y de su variante acid-rock: es él quien da la señal de partida a todos los demás. Sus letras son ya arabescos, y partiendo de las letras el ácido comienza a salpicar a la música, y surgen por todo el país grupos y solistas que, tras una previa ingesta del elemento mágico, se ponen a ello. Y si hasta ese momento las composiciones más o menos lisérgicas provenían del folk (los Pearls Before Swine o Holy Modal Rounders), el campo se amplía y los Byrds hacen una versión eléctrica de "Mr. Tambourine man" que aparece en las tiendas al mes siguiente de la original de Dylan, y en California ya están alborotando el gallinero Country Joe & the Fish, Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service y cientos de grupos más. Y cuando llega 1967 la mayor parte de esos grupos están grabando o a punto de grabar sus obras maestras. El acid rock, el género psicodélico americano por excelencia, reinará en ese país durante dos o tres años más.

Y los británicos no se van a quedar quietos, claro. Sólo faltaba eso, ¿verdad, Sam? Sam… ¡Sam! ¿Por qué te brillan tanto esos ojos que tienes debajo de esas dos cejas, cielito lindo?


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