martes, 25 de octubre de 2011

Años 60: América (XIII)



Hay que ver cómo cambia la perspectiva según en qué zona del mapa nos encontremos: la seria y circunspecta Chicago comparada con la industrial y dura Detroit son como la noche y el día, a pesar de que la distancia entre ellas no llega a los cuatrocientos kilómetros; lo cual, en un país de estas dimensiones, resulta una minucia. Una de las diferencias más notables entre la ciudad de los mafiosos y la de los motores se halla en su población negra: allí hay un impresionante vivero de blues y jazz; aquí por el contrario, los morenos aficionados al pop, el duduá y todos esos géneros "menores" están en su salsa. Porque aquí, como recordarán ustedes, se halla la Disneylandia del pop negro: la radiante Tamla Motown Records (sobre la que ya tenemos una cierta idea gracias a los mods, verdaderos fanáticos de sus tonadas).

Bien, pues vamos a empezar por ahí: Berry Gordy, el capo de la Motown, quería ampliar su influencia sobre el público blanco. Estaba molesto con la etiqueta de "sello racial" que la prensa atribuía a su empresa, envidioso de la "multiculturalidad" de Atlantic -sus directos competidores-, y trató de igualarse a ellos contratando a unos cuantos nombres blancos que sonasen distintos a sus productos de color. Pero al principio no tuvo suerte: su probado olfato con las canciones y los intérpretes morenos no se manifestaba de igual forma con los blancos. Hasta que en 1968 encontró una mina. Y esa mina se llamaba Rare Earth.

Los Earth eran un grupo de músicos curtidos que habían comenzado a hacer r'n'b con un toque soul a principios de los años 60 bajo el nombre de Sunliners. Su problema era el repertorio: eran muy buenos en la ejecución, con recursos inusuales en una banda blanca de la época tales como sección de viento y percusión, pero no tenían un cerebro compositor ni organizativo; y eso resultó evidente cuando, bajo su nuevo nombre, consiguen un contrato con Verve y publican su primer LP, titulado "Dreams/Answers", un manojo errático de versiones con un leve tono de psicodelia orquestal pop que no llegó a ningún sitio: Verve los despide y los Earth quedan a la intemperie.

Pero "alguien" se ha fijado en sus actuaciones en directo. Y les ofrece un contrato con Tamla Motown. Ellos quedan sorprendidos: "¿Motown? ¡Pero si somos blancos! ¿Qué pintamos nosotros en Motown?". Sospechan que este sello no va a gastar ni un duro en promoción con ellos, que estarán de convidados de piedra para cubrir el expediente multirracial. Pero ese "alguien" los convence: tranquilos, que yo estaré detrás. Berry quiere un grupo blanco potente, y lo va a tener. Ya sé que no sois compositores, pero de eso también me voy a ocupar yo. Tocáis como los ángeles, y todo lo demás tiene arreglo en Motown.

Cuando Mr. Alguien presenta a la banda ante Gordy, este queda encantado. Y decide poner en marcha la idea que ya tenía de dos años antes: crear un sello exclusivamente para músicos blancos, que además distribuirá grupos británicos en este país. Pero aún no ha pensado en un nombre para ese sello. Y estos muchachos, medio de coña, le dicen… "hombre, pues podrías llamarlo Rare Earth, como nosotros… jijijiji". Mr. Alguien, que tiene mucho peso en la casa, se sonríe. Y Gordy… ¡acepta!

Por fin, en 1969 aparece su primer disco de esta nueva época. Salvo una canción, el resto son versiones (entre ellas, el brillante enfoque de "Feelin' alright", de Mason con Traffic), con un sonido cristalino mezcla de rock, soul y funk, magnífico. Y la cara B… amigo. La cara B está ocupada por la canción que da título al LP: "Get ready". Se dice que, por las prisas, por el deseo de Gordy de publicar cuanto antes, no había material preparado suficiente, y Mr. Alguien decidió alargar esta canción para que ocupase toda una cara. Y lo bordaron: "Get ready", escrita por Smokey Robinson (el número 2 de Motown) en 1966, ya había sido éxito a manos de, entre otros, los Temptations o las Supremes. Los Earth ya la habían versionado en su primer LP, y no sonaba mal del todo; pero este nuevo intento los instala en la Historia. El disco, aun con buenas ventas, no despega hasta que convencen a Gordy para que publique una versión reducida en single, como gancho. Acertaron: en 1970 alcanza el puesto 4 y tira de las ventas del LP hasta hacerlo uno de los más exitosos en la historia del grupo Motown.

Ahí comenzaron cinco años de fábula: aun siendo en cierto modo un producto de laboratorio como otros muchos de este sello (aunque con más autonomía que la media), Rare Earth es una de las bandas más populares de la época. Tal vez los jóvenes no lo sepan, pero la exitosa sucesión de singles de estos muchachos los equipara a los Creedence como animadores de fiestas. Y Mr. Alguien, con su propio nombre o por persona interpuesta, estuvo siempre detrás: se trata de Norman Whitfield, el número 3 de Motown. Y en 1973 produce personalmente su disco más elaborado, el más serio de su carrera: "Ma", una joya de funk/rock cerebral compuesta por él y para cuya publicación incluso se deja retratar en la funda interior, sentado ante la mesa de mezclas y con sus hijos artísticos enfrente.

Vaya, me he pasado con el rollo este. Bueno, pues nada: el próximo día comenzaremos con los blanquitos broncas, el otro sello de identidad de Motor City.


viernes, 21 de octubre de 2011

Años 60: América (XII)



Bienvenidos a Chicago, Illinois. Es la tercera ciudad en importancia de los Estados Unidos, y su mayor contribución a la música popular viene dada por haber sido la cuna de algunos de los grupos más notables implicados en los orígenes de una evolución que surge a mediados de los años 60 y eclosionará a principios de los 70: el jazz-rock. También en la Isla habrá bandas de este estilo (Soft Machine en cuanto abandonen la psicodelia, por ejemplo), pero es innegable que las más conocidas proceden de esta ciudad: la influencia negra del blues y el jazz que se respira aquí hacen de Chicago una ciudad un tanto peculiar con respecto al resto del país. Y la sombra de Miles Davis es alargada. De todos modos insisto en que estas bandas son solamente los cimientos: hay mucho canto en ellas, mucha melodía. No es aún ese estilo pretencioso y endogámico que habremos de sufrir años más tarde.

En esta nueva ola tiene mucho que ver una casa discográfica, la CBS: la mayor parte de los artistas dedicados a estos sonidos graban ahí, lo cual implica que hay mucho dinero para promoción. De pronto los oyentes rockeros creen alcanzar un nuevo estatus de prestigio comprando discos mucho más "elevados" que los clásicos de guitarreos y estribillos "infantiles" que han sonado hasta ahora. Y aunque la decadencia del rock en los años 70 hace que el verdadero jazz rock alcance su edad de oro en esa década (ya saben, Weather Report, Mahavishnu Orchestra, Return to Forever y todos esos), ya tenemos ahora algunos grupos que, como he dicho arriba, anticipan lo que vendrá luego. Básicamente, en esta ciudad son tres:

The Flock: CBS publicó en 1970 un doble LP recopilatorio que fue distribuido en todo el orbe cristiano bajo el nombre de "Llena tu cabeza de rock". Se trataba de un ramillete con lo más granado de la casa, y lo primero que captaba el ojo era su portada: un violinista melenudo en pleno trance musical; hasta tal punto se hizo famosa esa portada que muchos llamaban al disco "el del violinista melenudo". Bueno, pues el violinista era Jerry Goodman, líder de los Flock. Solo publicaron dos discos, pero son maravillosos: el primero, producido por el mismísimo John Mayall, es una demostración de la clase de estos muchachos en la ejecución, sumada a una creatividad notable y original que no abusa de los instrumentos de viento; el segundo, más melódico, es otra preciosidad con tonos casi orquestales. Pero las ventas no fueron buenas, y Goodman fue fichado por John McLaughlin para la emergente Mahavishnu Orchestra. Él era el cerebro del grupo, así que la disolución resultó inevitable.

Chicago Transit Authority: sí, esos. Nacidos a finales de los años 60 y considerados como epítome de lo que se define como "brass band", es decir, "banda de metales", estos universitarios añadían a su formación musical una rebeldía política con proclamas como "la vuelta del poder del voto", e incluso daban instrucciones sobre cómo debe ser elegido un presidente del país. Su arranque fue muy prometedor, con la publicación de un doble LP donde se halla gran parte de sus mejores momentos: aquí encontramos joyas como "Beginnings", "Listen" o la versión cósmica del "I'm a man" de los Spencer Davis Group. La mezcla de soul blanco, melodía y rock con tintes jazzísticos de los metales resulta imbatible. Para el segundo ya han acortado su nombre a "Chicago" y -aunque comienzan a surgir algunas baladitas sobrantes- aquí tenemos la legendaria "25 or 6 to 4", sin ir más lejos. Mantienen el tipo otros dos o tres discos, y cuando van por el sexto resultan ser ya bastante insoportables: baladas melosas para parejas entradas en años, trompetitas sin venir a cuento, grandilocuencia… un dinosaurio pesado y torpón que ya no aporta nada. No sé cuántos discos han llegado a grabar, ni voy a ponerme a mirarlo, pero eso sí: Chicago es la banda más famosa de Chicago.

Electric Flag: esta fue la primera banda "alternativa" y al mismo tiempo la más abierta de todas, con muchas influencias distintas, por lo cual no quedaría ajustada su definición en el sector del jazz rock ni en ningún otro. Su fundación es obra de Mike Bloomfield, un verdadero corredor de fondo en la historia del rock americano; tímido y retraído, consiguió sin embargo hacerse un nombre a mediados de los 60 como guitarrista en la banda de Paul Butterfield (con la que Dylan daría el salto eléctrico en 1965: la excelsa guitarra que se oye en "Highway 61 revisited" es la de Mike). Tras esa época vuelve de las costas californianas a su Chicago natal para crear en 1968 Electric Flag junto al mágico Buddy Miles en la batería. Bloomfield, un poco harto del blues standard, trata de elaborar lo que él llamó "música americana", que resulta ser una saludable mezcla de blues, soul blanco e instrumentos de viento: su primer disco, "A long time comin'", publicado este mismo año, es una buena muestra del naciente género. Pero poco después tiene que marcharse por "problemas de salud", que ya habían provocado que el liderazgo de la banda descansase en Miles. Grabaron dos discos más en la misma onda antes de separarse, pero su influencia se nota a veces en las dos bandas antes citadas y en otras cuantas.

Ahora nos toca viajar al cercano, machote y ruidoso estado de Michigan. Y aunque Detroit sea nuestro destino principal haremos una escapadita a Flint, que no queda muy lejos. Preparen las orejas, que aquí hay tomate.


jueves, 13 de octubre de 2011

Años 60: América (XI)


Terminamos hoy nuestra estancia en Los Angeles. Y lo haremos citando a dos nombres propios y a dos grupos. Tanto unos como los otros son de mucho peso, así que vamos a ello.

Frank Zappa: ¿hay alguien en el mundo que no conozca a este señor? Imagino que no. Recordarán que al hablar del rock progresivo británico dije que, en América, ese concepto no era usual y en su lugar se usaban tres denominaciones: free rock, jazz-rock fussion y rock vanguardista. Bien, pues mr. Zappa es el máximo exponente del free rock (y a veces jugueteaba con los otros dos). Fue uno de los primeros, y desde luego el más exitoso, que consiguió salirse de las pautas tradicionales del género para construir un sonido totalmente personal. Aunque nacido en Baltimore, estableció su base de operaciones en el área de Los Angeles y desde allí asombró a todo el mundo con su destreza guitarrera y su alocada creatividad. Una locura, en todo caso, siempre controlada: Zappa no estaba tan loco como sus seguidores creían; pero como muy bien dijo (sus frases darían para un libro), "el circo es fundamental en este negocio". Desde su primera época al frente de Las Madres del Invento hasta su muerte, la infinita -y a veces cansina- producción de Zappa ha dado para sesudas teorías musicales y el arrobo, tal vez un tanto exagerado, de sus millones de incondicionales. Si quieren saber algo más sobre este caballero, he aquí su hagiografía.

Kim Fowley: personaje "multidisciplinar" y aficionado al circo tanto o más que Zappa, la carrera de Fowley ha discurrido entre sombras para el aficionado medio; no digamos ya en España, donde la mayoría de sus discos ni siquiera fueron publicados. Suele ser más recordado por su faceta de productor y mánager que por su música: ya en los años 50 se hizo un nombre lanzando a personajes como los Sonámbulos, donde debutó un jovencísimo Phil Spector; y en los primeros 60 produjo a un sinfín de grupos hasta que, a mediados de la década, dio el salto a la Isla: la invasión británica le hizo ver que era allí donde debía estar. Y allí hizo cosas tan variadas como producir el primer single de Soft Machine, bautizar a Family o dar la alternativa a unos tal "Lancasters", donde militaba un futuro héroe de la guitarra: Ritchie Blackmore. A su vuelta, fue él quien descubrió a grupos de garaje glam americano como las Runaways, y así sucesivamente. Su tarea es inmensa, tanto en este campo como en el televisivo o el de compositor. Pero la fama de friki, que benefició a Zappa, fue un lastre para él: sus discos, minoritarios, adolecían a veces de un cierto descontrol aunque por el medio había canciones fabulosas a medio camino entre rock, pop y psicodelia. Y su aspecto, con un tono punk-glam que se adelantó en cinco años a su época, tampoco ayudó. Fowley es al mismo tiempo una rareza de los sesenta, un visionario de los setenta y una referencia en los ochenta.

Y ahora vamos con dos grupos que, si bien tenían su base de operaciones en esta zona, podrían haberla tenido en cualquier otra: Steppenwolf y los Creedence.

Steppenwolf: esta banda es una reunión de canadienses y angelinos. Y su líder, John Kay, es alemán de nacimiento, así que tenemos de todo aquí. Aunque algunas de sus primeras canciones tienen un aire psicodélico, reforzado en ocasiones por sus letras, el Lobo Estepario es uno de los primeros nombres que anticipan el sonido del rock de los años 70, muy cercano al hard. A estos muchachos vino Dios a verlos el día que Peter Fonda decidió usar "Born to be wild" (su tercer single) y "The pusher" (una pieza de su primer LP) para la banda musical de "Easy rider", película de culto aparecida en 1969 en la cual se refleja perfectamente la decadencia del hipismo. El single ya había sido publicado casi dos años antes, pero con este empujón se convirtió definitivamente en una canción histórica; e hizo mucho más fácil el camino de esta banda, que entró en los años 70 como referencia incluso para los primeros grupos metaleros: sus cinco primeros discos y el majestuoso doble en directo del año 70 son guía imprescindible para los aficionados a tales sonidos.

Creedence Clearwater Revival: ya saben, esos palurdos. Esos don nadie. Esos horteras. Esos individuos que, con gran indignación de la sesuda crítica, consiguieron un disco de oro tras otro con una insultante facilidad. Más de un comentarista musical "culto" ha debido de abusar de las sales gástricas para sobrellevar su úlcera ante la constatación de que cada single o LP que publicaban estos muchachos llegaba invariablemente a los primeros puestos de las listas americanas, o de cualquier otro sitio del mundo. Porque no hay mayor genialidad que un estribillo simple con un ritmo básico, porque no hubo ni habrá otra banda de rock capaz de crear tantos éxitos con tal simpleza. John Fogerty, su líder, lo resumía muy bien: se nos ocurre el estribillo, lo desarrollamos un poco y lo grabamos en cinta. Luego salimos a dar una vuelta en el coche y probamos a ver cómo suena: si en el coche suena bien, nos vale. Pues ya está. Para qué darle más vueltas. Banda imprescindible en cualquier fiesta que se precie, su audición debería ser obligatoria en las escuelas.

Bien, pues se acabó nuestra visita angelina y por extensión californiana. Pero aunque en esta época la mayor efervescencia musical tenía lugar aquí, hay otros estados que merecen una pequeña visita. Y en nuestro camino de vuelta hacia el Atlántico, haremos una breve escala técnica en Chicago antes de llegar a Michigan. Venga, cierren las maletas y adelante.


jueves, 6 de octubre de 2011

Años 60: América (X)


Bien, pues ya hemos rendido pleitesía a algunas de las bandas angelinas más famosas. Vamos ahora a por otras que, si a ojos del gran público no tuvieron tanto brillo, son igual de importantes (o más) para un buen aficionado. Resumiendo, he aquí a cuatro de ellas:

Canned Heat: ellos representan como nadie el triángulo amoroso blues/rock/boogie. El hecho de haber surgido en Los Angeles les vino muy bien para lanzar su carrera en la época hippy, pero en realidad su alma se halla en los tugurios del pantanoso Mississippi. Su devoción por el blues tradicional del Delta es su mayor baza, sumada a la excelente formación musical de sus fundadores (propietarios de algunas de las mejores colecciones americanas de discos de 78 revoluciones), que por cierto eran muy aficionados a los motes: Al Wilson -"el búho ciego"- era un gran guitarrista, aunque sus ojos no veían más allá del cuello de su guitarra (y su voz era, cuando menos, peculiar); Bob "el oso" Hite era una mole de 120 kilos con una voz también "muy personal" y Henry "flor de sol" Vestine era el otro guitarrista, con un particular sonido desgarrado. Estos tres señores fueron la base de una banda -una verdadera escuela de músicos- que aún hoy sigue en activo, aunque la mayor parte de sus componentes históricos han muerto. Oigan ustedes, por ejemplo, "On the road again": es una de sus versiones más recordadas (el rescate de una pieza de 1928 creada por la Memphis Jug Band), y ahí está la esencia de su sonido.

Buffalo Springfield: estamos a principios de 1966. Dos estadounidenses (Stephen Stills y Ritchie Furray), a bordo de su blanco automóvil, tienen una pequeña discusión de tráfico con los ocupantes de un negro coche fúnebre: dichos ocupantes resultan ser los canadienses Neil Young y Bruce Palmer. Al final la cosa debió de arreglarse, porque un mes después ya eran una banda. Y de las buenas. Los Springfield son uno de los mejores exponentes del rock californiano, y aunque solamente llegaron a publicar tres discos han quedado para la historia como orfebres de exquisitas canciones a medio camino entre el folk, el country y el rock, que no pasarán nunca. Hay una al menos que seguramente todos ustedes conocen, aunque no recuerden quién la interpreta: se trata de "For what it's worth", su segundo single, cuyo éxito hizo que la casa discográfica lo añadiese apresuradamente a su primer LP cuando llegó la hora de reeditarlo. Tras su desaparición surgió el grupo vocal creado por Crosby, Stills, Nash y posteriormente Young, otra de las maravillas vocales americanas; que con entradas y salidas, ha durado unos cuantos años. Y por supuesto sus carreras en solitario, especialmente la de Young.

Spirit: tanto en Europa como en América hay grandes bandas olvidadas o desconocidas por las mayorías; porque a veces es el público el que no está a la altura. Y eso pasa con Spirit: son La Gran Banda Americana Desconocida, nunca me cansaré de decirlo. Su núcleo duro estaba formado por el guitarrista Randy California (que con 16 años fue fichado por Hendrix para su primer grupo) y su padrastro, el inmenso batería Ed Cassidy, procedente del jazz (tocó con gran parte de los mejores). Spirit son una amalgama de rock y jazz con tintes psicodélicos que resultó tener demasiado nivel para la mayor parte de los oyentes rockeros. Sus discos, cerebrales, perfectamente ejecutados, exigen un poco de empatía a la hora de abordarlos; pero nadie ha dicho que los discos de rock tengan que ser siempre sencillos. Fueron más populares en Europa que en América, pero aún hoy son venerados por los verdaderos aficionados al rock entendido como arte. Y fue la última gran banda en hundirse: a mediados de los años 70, cuando ya no quedaba casi nada de nadie, ellos seguían en lo alto. Si quieren saber algo más de Randy, aquí tienen su hagiografía.

Iron Butterfly: procedentes del área de San Diego, este es el caso clásico de grupo cuya trayectoria fue estigmatizada por un disco legendario que oscureció el resto de su obra. Los Butterfly eran una buena mezcla de rock ribeteado por tonos psicodélicos en los que tenía una gran relevancia el órgano, al estilo Doors pero un poco más denso. Su ejecutor era también el líder de la banda: Doug Ingle, hijo de un organista de iglesia (y la influencia se nota). Bien, pues entre los aficionados surge antes el nombre de su segundo disco que el de la banda que lo grabó: ese disco es "In-a-gadda-da-vida", publicado a finales de 1968. El tema principal, del mismo título, ocupa toda la cara A y es una de las piezas más famosas en la historia de este género. Vendieron millones, pero nunca volvieron a alcanzar ni de lejos aquel brillo. Ya nadie recuerda que un poco antes habían publicado su primer LP, titulado "Ball", o que luego hubo otros. La carrera de los Butterfly, en esencia, solo duró dos años: aquella canción, tras hacerlos famosos, acabó con ellos.

Y, al igual que hicimos en el caso de San Francisco, remataremos nuestra estancia aquí con otro cajón de sastre. Ánimo, que ya queda poco.


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