miércoles, 20 de junio de 2012

U.S.A. 60's: la serie B (II)


En el mercado americano de la música popular, el año de gracia de 1959 marca el comienzo de una nueva época en la que los grupos musicales se irán imponiendo sobre las figuras solistas, al igual que ocurrirá a partir de 1962 en la Isla con el nacimiento de los Beatles. Sin embargo, ese cambio de poderes será mucho más lento en el Nuevo Continente. Hay dos razones para ello, y son complementarias: la enorme extensión del país impide que las novedades circulen a la misma velocidad que en Britannia (los seres pequeños siempre son más ágiles que los grandes). Y ese carácter de dinosaurio afecta también a las mentes: un esquema comercial de semejante envergadura, como ya hemos visto, suele retraerse ante las novedades extrañas que no comprende o no le interesa comprender. Así, la gran industria americana trata de enterrar la memoria del molesto rock'n'roll con la artimaña del highschool, pero eso solo funciona para el público medio, acomodaticio: los yeyés se refugian en la cosecha que ha dejado el quinquenio 1954-58 y en la naciente música surf en espera de tiempos mejores.

Y en algunas zonas del país esos tiempos ya están llegando; concretamente al estado de Washington, donde surge el grupo considerado como el primero en la historia del rock and roll: los Wailers (que durante sus primeros años se presentaban como "The Fabulous Wailers" y a los que aún hoy conviene seguir llamando así para evitar confusiones con los posteriores Wailers de Bob Marley). Y aunque la comparación parezca fuera de lugar, en su escala fueron tan importantes como los Byrds en la gran liga: además de ser los primeros duraron más de diez años -lo cual es un caso muy raro en aquel período-, tuvieron algunos éxitos de ámbito nacional, sirvieron de guía para grupos posteriores y dieron nacimiento a todo un estilo autóctono: el Pacific Norwest Sound. El ilustre Larry Coryell considera que "la originalidad del Noroeste procedía del hecho de estar tan alejados geográficamente del resto y de que el r'n'b era posiblemente la música principal que se oía allí" (en parte por la sombra que había dejado Ray Charles, cuya carrera estelar comenzó en Seattle). Así que aquello viene siendo algo así como el Liverpool de América.

Los Fabulosos Wailers son cinco estudiantes aficionados tanto a los géneros modernos como a las piezas orquestales al estilo de Henry Mancini que a principios de 1958 ya están actuando ante una pequeña parroquia en su ciudad, Tacoma, y que conseguirán grabar su primer single al año siguiente: "Tall cool one", un instrumental cuya entrada podría haber inspirado al mismísimo señor Mancini para componer luego "La pantera rosa", seguida por un desarrollo a medio camino entre rock'n'roll y r'n'b con el delicioso regusto clásico que le da el saxo a esas piezas. El single consigue unas ventas decentes a nivel nacional, lo que les permite la grabación del segundo: "Mau mau", que a mí me tiene un aire entre "La Bamba" y "Tequila". Es otro éxito mediano -en cualquier caso, más de lo que ellos mismos esperaban- y anima a Golden Crest, su casa discográfica, a atreverse con un LP, publicado a finales de 1959 con título homónimo. Pero ese sello se encuentra en Nueva York, lo que les obliga a un largo viaje desde Tacoma cada vez que hay que grabar; y aunque aquella ciudad les brinda más oportunidades, la mayoría del grupo no está muy segura de un éxito masivo que justifique su abandono de los estudios. En consecuencia, prefieren seguir en su esquina y alternar ambas ocupaciones desde allí. Pierden el contrato con Golden Crest, pero ya están planeando la creación de un sello propio: Etiquette Records, que nace en 1961 y que con el tiempo será una de las referencias discográficas de la zona. Mientras tanto Golden Crest reedita sus primeros singles, que vuelven a repetir el moderado éxito que habían tenido y mantiene viva la memoria del grupo, muy ocupado de momento con la creación de su sello y algunos cambios de personal.

Uno de los nuevos fichajes es Lawrence Roberts, un cantante conocido en el mundillo artístico como "Rockin' Robin". Y este muchacho, fanático del r'n'b, es un conocido merodeador de las tiendas de negros: ya ha vuelto más de una vez a la casa paterna en el coche de la policía, por su afición a visitar esos locales siendo menor de edad. Y en una de esas incursiones descubrió, en un saldo de segunda mano, una canción de 1957 que lo tiene transtornado: una cara B titulada "Louie, Louie" de un tal Richard Berry (y sus Faraones); que al decir de los morenos que se lo vendieron es un jefazo, aunque solo haya tenido relativo éxito en Los Angeles. Y nada más llegar a los Wailers, Roberts propone hacer una versión de esa pieza. Que será publicada en 1961 y que se convertirá en un patrón musical para cientos de bandas posteriores: si no le dio mucho éxito a ellos, casi justifica la carrera completa de los Kingsmen (que la grabarán en 1963, año del impacto casi mundial de "Louie, Louie", llevándose la fama y quedando como prototipo de la música garaje) y será versionada luego a uno y otro lado del océano. Pero el mérito es de los Wailers: una pieza a medio camino entre el duduá y los ritmos jamaicanos la convierten en r'n'b, y los que vienen detrás seguirán esa pauta.

Su nueva idea es otro hito: serán el primer grupo de rock en grabar un disco en directo que resuma su trayectoria hasta el presente, y lo harán en el legendario Castillo Español, entre Tacoma y Seattle. Pat O'Day, locutor musical de Seattle, lo define así: "era el Walhalla de las salas del Noroeste: si triunfabas allí, ya lo tenías todo hecho". Para los Wailers es como su segunda casa, y tienen un público fiel entre el que vemos por ejemplo a un adolescente Jimi Hendrix, adorador de la banda y que años después escribirá "Spanish Castle magic" en homenaje a ese lugar y a Rick Dangel, guitarrista de los Wailers y una de sus primeras influencias ("era un chico tímido", recuerda Dangel, "aunque sin duda trataba de halagarme. Se nos ofreció por si alguna vez necesitábamos otro guitarrista"). "Live at the Castle", publicado en 1962, se considera como la Biblia del sonido del Noroeste, material de estudio para todos los que vinieron luego: con un sonido magnífico, recrean la mayor parte de su repertorio hasta la fecha con una soltura admirable. Y cuentan con una adolescente cuyo vozarrón impresiona: Gail Harris, que colabora con el grupo desde poco antes (tenía trece años cuando comenzó con ellos y seguirá acompañándolos durante mucho tiempo). En las piezas en las que ella canta no tiene nada que envidiarle a figuras de la Motown o incluso del soul. Es apabullante, esta chica.

Entre 1963 y 1965 hay varios cambios de personal, algunas interrupciones por los estudios y un cambio radical de estilo, ya que con la llegada de la invasión británica los Wailers se pasan al beat: su magnífico disco "Wailers everywhere" del 65 mantiene todavía alguna instrumental de los viejos tiempos, pero en esencia se nota que los Beatles han dejado rastro. Y otro nuevo giro: también los amantes del "garaje protopunk" pueden sentirse satisfechos con la aparición de "Out of our tree", que se publica como single a finales de ese año y da título a su nuevo LP en el 66; ahí tenemos versiones como "I'm down", que deja en precario a la de los Beatles, por ejemplo. Y demuestran su increíble versatilidad atacando la "Melodía encadenada" de toda la vida junto a "Baby don't you do it" casi a la altura de los Small Faces. En resumen, que estos chicos pueden con todo.

Y a partir de 1967 llega la decadencia: aunque todavía publicarán otros tres o cuatro discos grandes con algún sencillo muy exitoso por medio, los Wailers siguen el camino de la mayoría de las bandas de garaje en retroceso: el pop rock al estilo chicle y algún intento medio psicodélico sin substancia que al final los llevarán a su desaparición entre 1969 y el 70. Por el medio ha habido infinitas reediciones de sus primeras canciones y la impronta de haber sido los guías para muchos otros: los Sonics, sus conciudadanos, pasaron a ser también sus protegidos, y su momento de gloria tuvo lugar en el sello Etiquette. 

En fin, ya que algunos de ustedes habrán tenido la paciencia de leer todo este tocho aquí les dejo la pieza que los Wailers convirtieron en inmortal: "Louie, Louie". Comparen ustedes la original (magnífica, en cualquier caso) con la versión blanca que luego sería fotocopiada por tantos otros (por razones contractuales este single fue publicado a nombre de "Rockin' Robin Roberts & The Wailers"). Que lo disfruten.







5 comentarios:

  1. Escuchándolos en Spotify al principio pensé en The Ventures y en grupos instrumentales en la onda "Shadows" pero inmediatamente, antes de leer lo que dices de Louie Louie, por el riff inicial de Road Runner se me vinieron a la cabeza los Kinks. Un grupo excelente, sin duda y un grato descubrimiento.

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  2. Uf, en estos terrenos yo como mucho aspiro a no perderme. Interesante el pequeño paréntesis dedicado a Hendrix. ¿Quién me iba a decir que "Spanish Castle magic" venía de ahí?

    Bien, el par de audios finales. El primero, muy sabroso; el segundo va más allá. Todos hemos oído esa versión alguna vez, creo. Una cosa: ¿el "Live at the Castle" no la incluye, verdad?

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  3. Como supondrá, ni idea tenía de este combo. Tras pasarme por el youtube descubro varias piezas instrumentales deliciosas junto con temas más sobados. Y la gloria se merecen por descubrir Louie Louie, temazo donde los haya.

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  4. Es lógico ese regusto a Ventures, Shadows y demás grupos guitarreros de principios de los años 60, herr doktor, ya que el sonido surf y su variante británica es uno de los componentes primordiales en la música de esa época aunque se oriente hacia el rock'n'roll o el r'n'b. Precisamente en el próximo post haré una referencia a Ventures para resaltar esa connivencia entre rock y surf de la que ya hablé: en los primeros 60 no había mucho más donde elegir.
    Y celebro que le hayan gustado. Este tipo de sonidos no ha perdido encanto con el paso de los años. O lo ha ganado, que también puede ser en vista de lo que hay ahora.

    Pues ya ve, mister Dani: el bueno de Jimi tenía buen gusto desde chaval. En cuanto a "Louie, Louie", posiblemente habrá oido cualquier otra versión antes que esta, ya que los Wailers no son muy conocidos por aquí (de hecho, aún hay mucha gente que cree que esa pieza es de los Kingsmen).
    Y aunque el "Live at the Castle" original no incluye esa canción, sí figura como bonus en la reedición en CD: aparentemente fue grabada en las sesiones de preparación del disco, ya que se nota un sonido de eco y no hay la pandereta que ha oido usted en la que yo he puesto, que es la del single.

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  5. Vaya, mister Chafardero: también es casualidad, "cruzarme" con usted en este poco transitado blog.
    Conociéndolo un poco sé que este tipo de sonidos le atrae, así que celebro haber acertado. Y sí, la verdad es que aunque solo fuese por "Louie, Louie" ya habría valido la pena este grupo.

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