martes, 7 de agosto de 2012

U.S.A. 60's: la serie B (VI)


Bienvenidos al Alto Imperio. A partir de ahora las bandas americanas competirán en igualdad de condiciones con los británicos, gracias a que estos les han hecho ver sus carencias: un vasto territorio propio por descubrir -la música "racial"- y la necesidad de una nueva actitud. Hay varios grupos que proceden de la época anterior pero se adaptan rápidamente a esta; y entre ellos uno que, por su carácter rompedor y por la memoria que ha dejado en los aficionados como el prototipo más puro del llamado "rock de garaje", se hace digno de una entrada completa: se trata de los Sonics, claro. Si la tuvieron los Wailers, que en cierto modo fueron sus mentores, ellos no van a ser menos.

Volvemos por tanto a la ciudad de Tacoma, y por extensión al Noroeste: habíamos quedado en que allí se nota una mayor proximidad afectiva hacia el rhythm and blues que hacia los géneros blancos, y los Wailers eran el ejemplo. Bien, pues en 1959 y entre la algarabía de jóvenes que jalean a ese grupo desde sus comienzos, se encuentran dos hermanos que están tomando apuntes: se trata de Larry y Andy Parypa. Larry, más lanzado, es quien da el primer paso; en 1961 se le une su hermano y a partir de entonces ya tenemos el esqueleto de los Sonics. Aunque de momento no son tan fieros, los cambios de personal son constantes y su repertorio se basa en piezas instrumentales con predominancia por las líneas de guitarra al estilo de Link Wray (sonido ronco y arrastrado de tono blues) y en menor medida Duane Eddy (el famoso "twang"). Esta situación se mantiene hasta 1963, año en el que fichan a Gerry Roslie: ahí comienza la leyenda.

El caso de Roslie es curioso, y debería figurar en los anales de la superación personal. Su voz, cruda, fiera, agresiva, es una suma de herencias que arranca en los viejos "blues shouters" y llega hasta Little Richard; lo cual tiene su mérito, ya que este muchacho es blanco. Pero curiosamente, esa furia vocal tiene que luchar contra un carácter tímido: hasta ahora su trabajo ha sido el de teclista, y como tal entró en los instrumentales Sonics. Pero cuando los otros, en los ensayos, le oyen cantar como el que no quiere la cosa ("para matar el tiempo, aprovechando que os echáis el cigarrito"), se quedan alucinados. Y es entonces cuando deciden que va a tener mucho más trabajo a partir de ese momento convirtiéndose en cantante y frontman; bueno, y teclista también… y compositor casi único. Una fabulosa terapia contra la timidez, no hay duda.

Metidos ya en 1964, Roslie ha escrito, entre otras, "The witch". Y aquí entra en escena Buck Ormsby, el bajista de los Wailers y que a efectos operativos es quien se halla al frente de Etiquette (recuerden, el sello creado en 1961 por esa banda): los Sonics son teloneros frecuentes suyos, y de vez en cuando pasa por el local de ensayo para ver si sus "ahijados" progresan. Buck, que ya está al tanto de la Invasión, cree que esa pieza tiene posibilidades, aunque tal vez convendría echarle un poco más de nervio. Y el obediente Gerry la reescribe hasta convertirla en un número anfetamínico, impensable para un grupo blanco de la época… aunque es posible que ni el mismísimo Little Richard se hubiera atrevido a cantarla (en cierto modo es un homenaje al propio Richard, del cual Roslie es fiel devoto). "The witch" será la canción que marque el tono de los Sonics y que por supuesto figura como cara A de su primer single, publicado por Etiquette antes de que finalice el año; la cara B, por cierto, será "Keep a-knockin'", siguiendo la versión que había hecho Richard y que les sienta como anillo al dedo.

Como era de esperar, teniendo en cuenta la época, las emisoras del noroeste se dividieron en dos bandos: las más atrevidas radiaron este single con insistencia, mientras que otras casi lo ignoraron. Según posteriores confesiones de algunos DJs a Roslie, las ventas indicaban claramente que habían alcanzado el número 1, hecho insólito para una banda local; aunque a efectos oficiales, las listas del estado de Washington los colocaban en el 2 (cediendo el primer puesto a "Downtown", de Petula Clark. O sea, la cara amable de la British Invasion. Curioso). Pero daba igual: los Sonics ya estaban lanzados, y en 1965 reeditan el single cambiando la cara B por otra original: "Psycho", una nueva clásica. Buck decide aprovechar el tirón para publicar un LP; que se titula "Here are the Sonics!" y donde encontramos cuatro piezas originales: aparte de la Bruja y el Psicópata (sí, las letras también son de cuidado), "Strychnine" y "Boss Hoss". El resto son versiones en las que se nota la mano de Buck: "Have love will travel" de Richard Berry, "Dirty robber" de los Wailers y otras cuantas de similar calibre.

Ya se pueden imaginar la conmoción creada por este disco, cuya leyenda comenzó a expandirse lentamente por todo el país y que ha quedado, junto con el directo de los Wailers, como uno de los puntales del Norwest Sound y quintaesencia del "garaje", que como ya queda claro es oriundo de esa zona. Aunque los "ahijados" son mucho más crudos que los "padrinos". Y de los británicos han heredado antes la rudeza que el estilo musical, aunque su adoración por los Kinks es notoria: "La primera vez que oímos "You really got me" en la radio del coche, casi nos salimos de la carretera. Nuestra conclusión fue que los Kinks eran nuestros hermanos". Y Ray Davies les devolvió el cumplido: "ellos ya estaban en el garaje antes de que nosotros tuviésemos coche". Andy Parypa nos informa sobre sus técnicas de grabación: "Si nuestros discos suenan distorsionados es porque lo están. Mi hermano siempre andaba trasteando con los amplificadores, que iban pasados de vueltas. O le daba por apagar los altavoces y agujerearlos con un punzón del hielo hasta que luego sonábamos como un tren descarrilando”. Añadan a eso una grabación en dos pistas, un solo micro para la batería y el volumen a tope; y luego ríanse del segundo disco de la Velvet, o de los excesos de Blue Cheer: estos muchachos hicieron todo eso y más mucho antes.

Las navidades de 1965 se celebran en el Noroeste con un curioso artefacto publicado por Etiquette: el LP titulado "Merry Christmas", con la participación de Wailers, Sonics y Galaxies (otra banda de la casa, de corta carrera y poco brillo). Los Sonics nos demuestran, con tres piezas, su particular versión de esas fechas en un tono bastante burlón. Y en 1966 aparece su segundo disco grande, titulado "Boom". De nuevo hay cuatro originales -todas de Roslie- entre las que "Cinderella", la que abre el disco, es otro tótem. Pero se nota una mayor amplitud de miras ya que las otras tres, sin perder la fuerza característica de la banda, tienen un regusto a rhythm'n'blues clásico. Y el resto son grandes versiones, como por ejemplo -tenían que hacerla- esa bestial "Louie, Louie" y alguna "tentativa" de balada. En suma, otro disco para la Historia. Y el último, porque…

Tanto la banda como Etiquette saben que, si continúa su progresión, necesitan un sello de más vuelo; como Jerden Records, de Seattle, que está interesada en ellos y tiene un contrato con la ABC para posibles distribuciones a nivel nacional. Así que abandonan el nido de sus padrinos y vuelan a California para la grabación de un tercer LP, "Introducing The Sonics", publicado en 1966 y que significa el final del grupo. Los fans irredentos afirman que Jerden los hundió haciéndoles perder su sonido crudo y domesticando a Roslie. Bueno, en parte puede ser así. Pero no nos engañemos: la diferencia de producción no es tan grande como para que no se note la baja calidad del material. La cara A se abre con "The witch" y se cierra con "Psycho" en un intento por mantener a los fieles. Solo hay dos versiones: una podría cuadrar, más o menos, con su estilo (I'm a man"); la otra no ("On the road again"). Y una original de Roslie, en la estela de "I'm a man", completa esa cara. En la B hay tres piezas de los hermanos Parypa, pasables pero lejos del espíritu Sonics. Y a las demás, de Roslie, en un tono soul-pop, les pasa lo mismo. En conjunto el disco es mediocre, delata que las ideas se han agotado. Y poco después comienza la desbandada, precedida de algunas piezas y versiones a medio camino entre el pop y la música chicle: mejor olvidarlas. Sus dos primeros discos son lo que cuenta.

Detesto la etiqueta "protopunk", como muchas otras. Pero si hay algún grupo que la merezca, son sin duda los Sonics: sin ser grandes músicos -en realidad eran bastante flojitos- suplían sus carencias con entrega, con alma, con furia. Sus canciones eran cortas, salvajes y directas. Y de eso va el punk, ¿no? Ah, y por favor, no cojan la mala costumbre de llamarles "grunge", que ya lo he leído más de una vez. El tono depresivo, atormentado y machacón del grunge -heredero del heavy clásico al estilo Black Sabbath hecho por músicos que han oído mal a los Pixies- no tiene nada que ver con una banda tan vitalista como ellos. O como los Pixies.








5 comentarios:

  1. Buena entrada les has hecho, y bien que lo merecen. Recuerdo la primera vez que los escuché, precisamente recomendado por usted, y aluciné en colores por la fuerza desgarradora de este grupo. Ese era el rock'n roll que yo más quería, ese que no puede entenderse sin la explosión escénica. Eso de la fuerza cruda - que no tiene porqué ser siempre rabia hacia algo - es algo que valoraba mucho entonces, y aún lo valoro, aunque ya no sea lo único.

    Recuerdo que las que más me sorprendieron en la primera escucha fue 'Strychnine' y 'The witch'. Todavía son las que más me gustan de ellos, claro. Y me sorprenden porque... ¡1965! 'Stychnine' me sonaba a canción de garaje/punk al menos de finales de los setenta. De hecho yo conocía de alguna forma esa canción, porque hay un par de canciones punkies de cuyo nombre ya no puedo acordarme que son un calco a ésta. Pero como bien dices, los Sonics no son punk ni tienen nada que ver con el punk. En todo caso, parte del punk tiene que ver con los Sonics. Y lo mismo digo del grunge. Son etiquetas posteriores para música posterior; no mezclemos cosas.

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  2. Guauuuuuuuuu !!!
    Escuché varias veces éstas canciones que me parecieron alucinantes.
    Sinceramente no los conocía.
    Ésto reafirma aún más mi teoría de que las décadas del 60' y '70 fueron incomparables, derrocharon creatividad, y abrieron las puertas a todos los que vinieron después, que salvo excepciones tomaron mucho de todas éstas bandas pioneras.
    Excelente informe !!!
    Saludos.

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  3. Los Sonics es un grupo estupendo y además de sus influencias de Little Richard, Kinks etc.. hay que pensar que dejaron una huella más que aparente en las corrientes musicales americanas posteriores. El estilo desgarrado de Jim Morrison cantando o incluso de Fogerty y la Creedence. También están MC5 y los Stooges de Iggy Pop a los que junto a los New York Dolls considero los verdaderos protopunkies, un punk que fue un invento yanqui que triunfó en GB.

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  4. Pues sí, escueto Ecstasyandwine: enormes. Hay que admitir que su estilo es un poco prehistórico, pero eso es parte de su encanto.

    Ya sabía yo, yerno, que estos muchachos le van de maravilla a usted. Y estoy totalmente de acuerdo en su comentario sobre la crudeza, que en sí misma es positiva para este tipo de sonidos; la rabia, el resentimiento, es otra cosa.
    Por cierto, en cuanto a "Strichnine" y otras cuantas clásicas de la época, le recomiendo, por si no los conoce ya, a los Fuzztones: son una banda revival de los años 80 que versionaron gran parte de las piezas más "primitivas" con un gran dignidad.

    Celebro que le hayan gusto los Sonics, mr T. Rex. En efecto, son un buen ejemplo de que, para el mercado del rock y el pop, los 60 y 70 fueron una mina (sin olvidar el punk y la new wave de los 70/80, claro). Hubo luego una época en los 80 en la que algunos grupos -como los Fuzztones que le he dicho a Raúl- volvieron a los orígenes del garaje, y en ocasiones lo hicieron muy bien.

    Estamos de acuerdo, herr doktor, en que Sonics, al igual que otros que ya irán saliendo, son la base de muchos grupos de brillo en esa época: el caso de los Doors, por ejemplo, es bastante claro.
    MC5 y los Stooges, aunque también tienen parte de sus orígenes en este tipo de sonido, me parecen ya bandas de rock; con sus matices, pero más hechos.
    Y en cuanto a New York Dolls, ese es posiblemente el mejor ejemplo de cruce entre los Stones y el glam; que en efecto dieron a luz un sonido muy cercano a lo que luego sería el punk; que por cierto, me alegro de que diga usted eso de que el punk proviene de América: totalmente de acuerdo, aunque los isleños no quieran reconocerlo. Otra cosa es que, como había pasado diez años antes, de nuevo tuviese que ser reconocido por ellos para que a continuación triunfase en América, pero la cosa fue así.
    Los Dolls o los Ramones son muy anteriores a los Pistols y demás familia.


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