jueves, 18 de octubre de 2012

1970 (II)



Ya saben ustedes que en este local se respeta rigurosamente el turno de llegada. Es decir, primero los veteranos y luego los jóvenes. Lo cual implica que hoy hablaremos de Stones, Who y Kinks: tras la baja de los Beatles, estas son las tres marcas de mayor antigüedad y envergadura que siguen en activo. 

Los Stones acaban de autoproclamarse como “La más grande banda de rock and roll del mundo”. Bueno, si sabemos distinguir ese género del más escueto “rock”, podríamos estar de acuerdo. Por otra parte, “la más grande” (the greatest) no significa necesariamente “la mejor” (the best). Y en estos asuntos hay que hilar muy fino. Pero nosotros a lo nuestro: aún está reciente la publicación de “Let it bleed”, que salió en Diciembre del año pasado, y con tantas actuaciones hay poco tiempo para componer; así que la banda solventa sus obligaciones contractuales con “Get yer ya-ya’s out!”, una colección de clásicas grabadas en su gira por los States de casi un año antes (el disco sale a la venta en Septiembre). Es una buena manera de comenzar la década: se trata de su primer disco en directo a escala mundial -hubo uno anterior, pero exclusivamente para el mercado americano- y con él demuestran que los escenarios son su medio vital.

Porque esta colección es magnífica, las cosas como son: esa manera tan fresca y a la vez profesional de atacar piezas como “Honky tonk women” o “Jumpin’ Jack Flash” demuestra su gran sentido de la oportunidad, mejorándolas. Y la joya de la corona, para mí, es “Sympathy for the devil”. Que si ya en estudio es uno de sus mayores logros, justificaría por sí misma la compra de este disco: son seis minutos y medio con la banda en estado de gracia, con una perfecta compenetración entre Richards y Taylor que eleva ese fraseo de guitarras hasta alturas épicas. Y hay que agradecer la honradez del sonido, ya que en 1970 y “por ser vos quien sois” podría haber sonado mucho “mejor”. Es decir, grabado con un equipo de muchos millones y con fastuosos arreglos en estudio, overdubs a puñados y demás parafernalia. Pero no: suena casi a directo limpio. En cierto modo es debido a que Jagger quiso detener la afluencia de grabaciones piratas con una alternativa creíble, y le salió bien. Así que por este año ya han cumplido. 

Los Who, sin necesidad de proclamaciones, son en estos momentos la mejor (o la más grande) banda de rock; del mundo, también. Aunque parece haber algunos problemillas con el estado anímico de Townshend, al que no vemos muy centrado a pesar de la benéfica -es un suponer- influencia de su amado gurú Meher Baba. Fue el gurú quien insufló a Pete la necesidad de mostrar con amplitud su potencia expresiva y trasladarla a un relato alegórico -Tommy- que lo tuvo entretenido casi un año, entre las letras y el ensamblaje musical. Pero ahora se halla en una situación un tanto esquizofrénica: por una parte ya está renegando de “Tommy”, de las giras mundiales donde la gente reverencia al grupo como si fuesen gurús todos ellos… y de la mala leche de alguna prensa insinuando que ya nunca volverán a esa altura. Es decir, a Pete le persigue el fantasma de Tommy. Y por otra parte no ha vaciado totalmente la carga filosófica que acarrea: no será su última obra “conceptual”, ese puñetero niñato autista no acabará con él. Las consecuencias de esta situación son contradictorias: en escena la banda es imbatible, pero fuera de ella Pete anda un poco a su aire. Sus compañeros solo saben que se encierra en el estudio, con mucha frecuencia día y noche, ensimismado en la composición de una nueva obra a la que ha titulado “Proyecto Lifehouse”. En la Wikipedia tienen ustedes cumplida información sobre tal proyecto; que a corto plazo no llegó a plasmarse en disco, pero cuya base veremos el año próximo en “Who’s next”, una de las obras cumbres de la banda. 

En 1970 y al igual que los Stones, los Who deciden publicar un disco en directo para salir del paso. Pero las similitudes no terminan ahí: el espíritu de “disco pirata” que de algún modo ronda al de los Stones se substancia en la portada y la galleta de “Live at Leeds”: tal y como eran los bootlegs de la época, este directo se presenta en una funda de cartón crudo cuyo único distintivo es un sello supuestamente hecho con un tampón. Y el sonido… aaaah, el sonido. Una bendición de Dios. También los Who han prescindido de grandes escenarios y equipos apabullantes: en Febrero graban su actuación en la Politécnica de Leeds y al día siguiente en el City Hall de Hull. A Daltrey el concierto de Hull le pareció el más redondo, pero algunas cintas defectuosas sonaban sin el bajo y finalmente recurrieron a la opción de Leeds (yo no veo mucha diferencia: en la edición del 40 aniversario ya venía incluida gran parte de esa actuación, y suena prácticamente igual. Tal vez el público fuese más caluroso, no lo sé). El caso es que nos hallamos -otra vez como los Stones- ante una banda en su momento dulce, confirmando su poderío también en directo. El CD supera de largo al disco original, que era sencillo y merecía haber sido doble: además de las fulgurantes versiones contenidas en el LP, como “Shakin’ all over” y “Summertime blues” (¿pero no eran mods, estos muchachos?) y las descomunales propias “My generation” o “Magic bus”, tienen ustedes una fantástica puesta en escena de “A quick one” y por supuesto el “Tommy” en toda su plenitud. Muy buen año también para los Who, sí señor. 

Y no menos bueno lo es para los Kinks: sus seguidores más acérrimos ya habían alabado algunos discos grandes de los hermanos Davies y sus amigos, mientras que otros seguíamos pensando que todavía eran una banda de singles; una banda fantástica, pero a la que el formato LP le venía un poco grande, y nunca mejor dicho. Sin embargo este año entran en la Primera División del LP con todos los honores; y justo a tiempo, porque su carrera estaba comenzando a decaer: las últimas giras americanas habían sido decepcionantes, y a sus grabaciones no les iba mucho mejor. El estilo Kinks parecía pasado de moda. Y de pronto surge Lola. La equívoca Lola, que se publica en Junio y se convertirá en uno de esos mitos imborrables que trasciende a su época y a sus creadores. Y en este caso no hay discusión: la letra es tan importante como la música. Al parecer Robert Wace, manager de la banda por entonces, había estado bailando toda la noche con una señorita que resultó ser señorito, aunque “por razones etílicas” a Wace pareció no importarle mucho. Y ese hecho dio pie a Ray Davies para escribir una de las canciones más humorísticas y a la vez hermosas en la historia del rock, que por supuesto influyó a Bowie y a otros cuantos apóstoles del futuro glam. Eso sí, hubo un pequeño contratiempo: la BBC prohibió la emisión del single… por mencionar la palabra “Coca-Cola”. Lo cual obligó a Ray a suspender brevemente la gira americana y volar a Londres solo para modificar la pista de voz y sustituir esa marca comercial por “cherry cola”, que es como luego aparecerá en el LP. 

“Lola versus Powerman and the Moneygoround, part One” es el largo nombre de ese majestuoso LP, que llega a las tiendas a finales de Noviembre y que por supuesto se beneficia de la estela que ha dejado el single. Pero hay muchas más cosas ahí: aun siendo una nueva obra conceptual (Davies es otro que, como Townshend, tiene muchas verdades que revelar al mundo, y esta vez la cosa va sobre el show business), su nivel musical es muy superior en conjunto al de sus precedentes discos grandes. Sin perder su esencia (sigue habiendo baladas y concesiones al music hall), es obvio que el sonido se ha solidificado hasta tal punto que ya podemos considerar a Kinks como una banda de rock con todas las de la ley: piezas como la sardónica “Top of the Pops” (cuya letra es un buen resumen del leitmotiv literario del disco) o la tremenda “Powerman”, un verdadero cañonazo, demuestran que hay banda para rato -contra lo que nos temíamos algunos, he de reconocerlo. 

Así que ya ven: nuestros tres venerables patriarcas gozan de buena salud. El cambio de década les ha sentado divinamente. Casi dan ganas de que pase este año a toda velocidad, a ver con qué nos sorprenden en el 71… pero seamos pacientes, que hay mucha cola. 



7 comentarios:

  1. Excelente desglose el que ha hecho de una parte de los años setenta. ¿Qué decir? Que para mí, los Stones son los más grandes y que han tenido competidores, sí, pero ellos siempre acaban siendo los mejores fondistas en las pruebas de resistencia.

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  2. Yo con Stones no razono, son mi vida, mi banda y mi BSO... pero The Who están en un momento sublime de creatividad, enseguida vendrá Who's Next... yThe Kinks ante su mejor disco (para mi), junto con Arthur, y es que que época aquella madre mía...
    Gran entrada Rick.

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  3. Creo recordar la portada de Live at Leeds, el sello sobre... ¿papel de estraza?. Algún disco tuve de los Who y también recuerdo haber tenido uno de Roger Daltrey en solitario (Walking the dog -el del centauro-). Como ves, de los discos, más que la música, recuerdo lo más superficial. Qué le voy a hacer.
    Un placer, as always.

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  4. Acabo de darme cuenta de la foto, de las 3 portadas, que ilusta el post. Podrías ponerlas más grandecitas, tacaño :-)

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  5. Empecemos por mis discrepancias. Creo que el Face to Face es uno de los más grandes discos de mediados de los 60 a pesar de la terrible competencia. Es más creo que Sunny Afternoon está entre las 10 mejores canciones que han salido el pop/rock ingles en toda su historia. Esa idea del álbum conceptual, del disco como un todo, ya está presente ahí, un año antes del Sgt. Pepper's. Creo que luego los Kinks se limitaron a continuar esa línea como ese "majestuoso" LP, tal como tú lo llamas con justicia.
    Nada que objetar a tus observaciones sobre Sus Satánicas Majestades y los Who. Townshend es un gran creador que a fuerza de ser inquieto me resulta inquietante. Creo que nunca lo invitaría a comer a casa. No es que tenga miedo de que me rompa la loza -ahora de viejo tiene algo de santo varón- pero nunca me resultó una persona grata, debe ser por aquella tontería que hizo en Woodstock.

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  6. los Stones sí son para mí la mejor banda de rock en vivo, con esa fuerza de la naturaleza que es Jagger al frente.
    Y qué decir de Lola, una de esas canciones que lleva toda la vida acompañándome

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  7. Gracias, míster Alex. Comprendo su afición por los Stones, ya que fueron la banda más popular (y tal vez aún ahora sigan siéndolo). Hay unas cuantas canciones suyas que también a mí me encantan.




    Lo mismo le digo a usted, mister Addison. Yo prefiero a los Who porque, a fin de cuentas, cada uno tiene su carácter, sus tendencias empáticas, y a un “anglófilo” como yo le va mucho más el estilo de Townshend y compañía –radicalmente isleño- que el de los Stones, -al que yo veo mucho más americano. Pero esto es una simple opinión.




    La portada de “Live at Leeds” es puro cartón, estimado Caruano. Y no te preocupes por la mayor o menor superficialidad de tus recuerdos musicales, ya que eso solo significa que tus músicas preferidas van por otro tipo de intérpretes: nada grave. Por otra parte, al menos en el caso del centauro Daltrey, no te pierdes mucho. Y no puedo poner las portadas más grandes porque la configuración de la plantilla que uso me lo impide. Pero si pinchas en la imagen tendrás una mejor perspectiva.




    Mmmm… el “Face to face”. No, no es un mal disco. Hay algunas canciones muy agradables, como la de Rosie, “Sesión man” o “House in the country”. Y desde luego “Sunny afternoon”, una de las grandes. Aunque esta última fue concebida desde el principio para ser single (y ahí estaremos de acuerdo siempre: los Kinks son únicos haciendo singles). Pero me sigue pareciendo un disco de transición, por decirlo así. No sé, no me llena, herr doktor. Como me pasa con todos los discos grandes anteriores al de Lola: hay un cierto grado de autocomplacencia en Davies que no me acaba de convencer.
    Y en el asunto Townshend, completamente de acuerdo. La verdad es que muy pocas figuras de este negocio me caen realmente bien, pero Pete en concreto es bastante rarito. Y el episodio de Woodstock –aunque tenía parte de razón- lo demuestra. Claro que Daltrey también tiene una mala leche de mucho cuidado, ¿eh?




    Estoy de acuerdo en el asunto de los Stones como banda en directo, míster Chafardero: era su medio natural. Aunque yo no les tengo mucho amor, les reconozco al menos eso. Y Lola… somos legión los que caímos bajo su influjo.


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