martes, 24 de abril de 2012

1969 (XII)



Los seguidores del rock épico están de enhorabuena: 1969 es el año en el que Led Zeppelin viene al mundo. Como le pasa a Yes y en general a todos los grupos de la escuela tremendista, también estos se aman o se odian según a qué bando pertenezca el oyente. Y dada mi proverbial prudencia, yo tiro por la calle de enmedio (a los tibios los expulsará Dios de su boca. ¡Ay de mí!).

En 1968 el fin de los Yardbirds se acerca: Keith Relf y JimMcCarty se han ido sin completar algunas actuaciones pendientes; que han de cumplir Jimmy Page, Chris Dreja y… ¿quién más? Hace tiempo que Jimmy tiene la idea de crear un supergrupo cósmico, la flor y nata del negocio, que abarque los géneros más populares: rock, blues y folk; o música acústica, si quieren. Pero todo se le pone en contra, porque ni uno solo de los músicos a los que pretendía está por la labor de tocar a su lado.

La primera negativa fue la más desgarradora: Jeff Beck. Ay Jeff, con lo arrobado que tenías a Jimmy… podías haber sido el otro guitarrista, reinar a su lado… pero no. Tu amigo y admirador lo ha intentado todo, incluso te ha compuesto una pieza -El bolero de Beck- para tu uso y disfrute; pero tú, ingrato, le contestas: "Muchas gracias Jimmy, muy bonito el bolero este… lo usaré para mi primer disco". De acuerdo. Jimmy será el guitarrista único: menos discusiones y menos reparto de beneficios. Por cierto Chris, ahora que se acaban los Yardbirds te vas a quedar sin curro. ¿Qué planes tienes? Y Chris le contesta que piensa dedicarse a la fotografía. Vaya por Dios. Las actuaciones pendientes se acercan, los días pasan… y a Jimmy le viene a la cabeza otra idea cósmica de las suyas: fichar a Steve Winwood, ya que al parecer Traffic se disuelven. Pero resulta que Steve anda tonteando con Clapton para montar otro supergrupo, que ha de llamarse "Fe Ciega". Menudo nombre.

Hablando de nombres… ahora se acuerda de aquella vez, hace ya tiempo, en la que intentó convencer a Keith Moon y a John Entwistle para que se le uniesen, en una época en la que estaban un poco cabreados con los otros dos. Y el bueno de Keith, al oír su proposición, se había reído: para bien o para mal seguirían en los Who. Pero es que además, añade, con semejante mezcla de personajes, "ese grupo se hundiría como un puñetero balón de plomo". Snif. Otro revés. Ahora, que eso del balón de plomo…mola. Quizá, modelándolo un poco, resulte buen nombre para un grupo. Inconscientemente algo había sacado en limpio Jimmy de aquella reunión, después de todo. Jimmy siempre saca algo de cualquier cosa.

Hay un cantante que le gusta para su proyecto. Tiene una voz potente, muchos registros y además toca muy bien la guitarra. Se trata de Terry Reid, que tras su paso por los Jaywalkers ha grabado un disco en solitario: no es malo, pero las ventas fueron flojas. Tal vez lo convenza… gracias Jimmy, pero yo seguiré con mi carrera. Pero tengo un colega que chilla mucho, da un tono de voz más alto que yo. Es un tal Robert Plant, que tiene una pequeña banda. Oye, por cierto… a ti te gustaban los baterías en plan Keith Moon, ¿no? Pues con Robert está un fulano que te puede interesar: se llama John Bonham. Habla con ellos, a ver qué pasa.

Falta el bajo, pero la vida da muchas vueltas y con frecuencia las mujeres son decisivas: John Paul Jones es un bajista excelente que además domina los teclados y la mandolina. Como músico de estudio ha tocado muchas veces con Jimmy, se lleva bien con él e incluso colaboró en el último disco de los Yardbirds. Sabe que a ese grupo no le queda vida, pero no se le ocurre echar la patita por debajo de la puerta; menos mal que su señora, mucho más decidida que él, lo empuja: "¿pero tú eres tonto o qué? Ese puesto es tuyo si mueves el culo, así que venga". Y John -yo es que pasaba por aquí- se presenta en el estudio donde Jimmy está rematando una sesión con Donovan y se le ofrece: es aceptado inmediatamente, como era de esperar.

Por fin Jimmy sonríe: ya tiene su supergrupo (bueno, tal vez no sea un supergrupo, por los nombres... pero se van a enterar todos esos que rechazaron la oferta). Luego de completar las giras pendientes como New Yardbirds, se encierran en el estudio y Jimmy contrata a un manager que sepa estar a la altura: Peter Grant, que ya había trabajado con los Yardbirds. Grant es uno de los mayores indeseables en la historia de este negocio, pero no se le puede negar su eficacia: consigue de Atlantic un contrato fabuloso para la época, que entre otras cosas incluye la prohibición de publicar singles en la Isla: el que quiera una canción, que se compre el LP (Grant es uno de los que ya antes había entendido que los discos grandes daban mucho más dinero que los singles, y ese cambio de enfoque que sufrió el mercado es en gran parte obra suya).

Y a principios de Enero del 69 aparece su primer disco, que todo el mundo conoce. Se nota que el repertorio estaba muy trabajado, desde la época de los Yardbirds -las últimas actuaciones fueron el rodaje necesario para sonar con esa contundencia. Y Grant le ha vendido a Atlantic la grabación ya hecha: no se aceptan discusiones. Se incluyen dos versiones de Willie Dixon, uno de los ídolos de Page. Luego hay algunas escalas en otras canciones que tal vez no sean originales -un asunto que será recurrente en la carrera de los zepelines- pero en fin: es una buena mezcla de blues y rock, con algunas fases tal vez un poco pesaditas. Hay momentos en que me pone nervioso el tono de voz de Plant, sufriente, atormentado… pero no me pegue, señor Grant: me lo compro, me lo compro. Es que "Communication breakdown" me encanta, ¿sabe usted?

miércoles, 18 de abril de 2012

1969 (XI)



Si seguimos dándole vueltas a la tuerca melódica, si le añadimos un barniz lírico-épico, podemos llegar hasta el pop rock sinfónico; o barroco si quieren, para evitar tanta esdrújula. Se trata de un género cuyo origen no es exclusivamente británico sino que también se desarrolló, aunque en menor medida, en el resto de Europa. Ello es debido a que uno de sus principales ingredientes es la gran tradición romántica europea, por lo que este tipo de grupos (como casi todos los vistos hasta ahora salvo Colosseum) tuvo mucho predicamento en las listas continentales. Y esa tradición se halla también en los dos que hoy les traigo, y con los que terminamos las novedades progresivas de importancia en este año ("ya era hora", dirán ustedes. Y yo también): se trata de Renaissance y Yes.

Cuando los Yardbirds causaron baja en el censo, muchos creyeron que ese era el final de la carrera de Chris Dreja, Keith Relf y Jim McCarty (bajo, voz y batería). A fin de cuentas, la fama de ese grupo se cimenta en los tres héroes de la guitarra que pasaron por él, y la opinión general era que estos otros tres no tenían mucho que ofrecer (el propio Relf, en un detalle de honestidad que le honra, había reconocido cuando Clapton se marchó que "no soportaba que se toque tan mal como lo hacemos nosotros"). Dreja efectivamente colgó el bajo, tras rechazar una oferta de Jimmy Page para unirse al nuevo grupo que estaba formando (la fotografía iba a ser lo suyo a partir de entonces: aquella foto sepia que se ve en la parte trasera del primer LP de los Zepelines está hecha por él); pero Relf y McCarty deciden reinventarse, y tal vez con ello reivindicarse. En primer lugar fichan a dos notables corredores de fondo de los muchos que disfruta la música isleña: John Hawken, teclista que procede del r'n'b garajero más clásico (los Nashville Teens, por ejemplo, fueron casi obra suya), y Louis Cennamo, que ya llevaba unas cuantas bandas a sus espaldas, trabajando desde pop a r'n'r. Y finalmente Keith llama a su hermana Jane, que en ese momento "no tenía nada mejor que hacer", según dijo. El resultado se llama Renaissance, que al menos en el caso de Relf y McCarty les viene como anillo al dedo.

Hay que reconocer que tuvieron mucho valor: pasar del r'n'b y el pop psicodélico a esta nueva etapa resulta casi inconcebible en unos músicos que hasta ese momento se consideraban como "muy limitados". Porque Renaissance no tiene nada que ver con lo que habían hecho hasta ese momento, ni ellos dos ni los otros tres. Y lo de Jane ya es para nota, porque no había cantado profesionalmente en su vida. Bien, pues con estos mimbres el grupo crea un sonido que es la suma de influencias clásicas (a veces vemos la sombra de Beethoven en ese piano), ocasionales improvisaciones eléctricas (a cargo del bajo y el órgano) y un leve soplo folk (sobre todo cuando oímos la voz de la sorprendente Jane Relf). Y prácticamente todo el disco es composición de Relf y McCarty salvo la casi barroca "Wanderer", hecha a medias entre McCarty y Hawken (y cantada divinamente por Jane). En suma: cuando aparece el primer disco de Renaissance (de título homónimo), los antiguos seguidores de Yardbirds se quedan boquiabiertos. Y la última sorpresa resulta ser su productor, Paul Samwell-Smith, que había sido bajista de los Yardbirds hasta el año anterior y que a partir de ahora se hará una fama en la bendita Island Records (los discos más notables de Cat Stevens, por ejemplo, llevan su marca). Y el disco no venderá mucho, y el grupo se desintegrará luego para dar nacimiento a una nueva reencarnación, pero la primera piedra de uno de los grupos más exquisitos de los años 70 ya está puesta.

Y ahora Yes. Un verdadero compromiso, porque es una de esas bandas que dividen al mundo: o los amas o los odias, dicen ambos bandos. Pero por el medio andamos algunos "tibios" que, sin aspavientos, apreciamos mucho sus primeros discos y pasamos del resto. Pienso que estos señores comenzaron su carrera con originalidad; y si con el tiempo se convirtieron en un perfecto ejemplo de cómo el rock se hundió por su afán de grandiosidad y amaneramiento, lo mismo le pasó a otros cuantos. Así que no le echemos la culpa a ellos solos; porque también la clientela sinfónica, con su admiración por esa vistosa grandiosidad vacía, hizo mucho por rematar el descalabro: si no hubiesen seguido comprando sus discos, el esperpento habría acabado mucho antes. Y esto vale para Yes, E, L & P y otros cuantos (por no hablar del rock hard heavy metal etc, que eso ya es un horror).

Dejando aparte los tres o cuatro grupitos que conforman el nacimiento de esta banda, resulta evidente que su líder y cabeza pensante es el grimoso pero inteligente Jon Anderson (si sus colegas le llamaban "Napoleón" sería por algo más que su estatura, ¿no?). Aunque de momento, en este año de gracia de 1969, hay una cierta equidad: sus compañeros tienen un nivel musical muy alto, y ha de transigir; sobre todo con Chris Squire, que tiene tanto poder como él (al final ese poder quedará amigablemente repartido entre la base "ideológica" -Anderson- y la "mecánica" -Squire-). Y a finales de verano publican su primer LP, que para mí es de los mejores que han hecho: "Beyond and before" o "Looking around" son dos grandes ejemplos, con unos juegos de voces magníficos que se emplean a fondo en una épica brillante, con un punto apocalíptico que de momento se hace muy agradable. Ese estilo vocal es herencia de los Byrds, a quienes Anderson reverencia tanto como a los Beatles, y de ambas escuelas hay una muestra en el disco: "I see you" y "Every little thing" son dos grandes ejemplos de lo que debe ser una versión: respetando el espíritu original, las lleva a su terreno y las hace parecer clásicas de Yes. En conjunto es uno de los grandes discos de este año, al menos para mí. Y el futuro da igual, lo que importa es el presente.

Pues ya está. Se acabaron las novedades progresivas relevantes. Habrá que ir empezando con el resto, que de todo hay en este año. Ya pueden descansar un rato, que yo me voy al bar: tengo la garganta seca.


martes, 10 de abril de 2012

1969 (X)


De entre la maraña de corrientes que componen el mundo progresivo, una de las más estables es la que busca la melodía de tono medio lento, la que trabaja el punto melancólico: ese tipo de piezas suele dar mucho juego para ejecutar largos y floridos desarrollos que resultan ser muy del gusto de los nuevos oyentes "intelectualizados". En realidad se trata de una puesta al día de la balada; cuyo tema literario, recordemos, no ha de ser necesariamente romántico: la acepción norteña -la original- se refiere más bien a los asuntos mitológicos o históricos, y por ahí va gran parte del material poético que las sustenta. Los músicos que se inclinan por esta tendencia suelen proceder de la psicodelia, aunque algunos cantantes eran poetas reciclados. Hoy vamos a recordar a dos grupos que eran la cara y la cruz de la misma moneda; dos grupos que pronto se encontrarán en la misma casa discográfica y tendrán el mismo productor. Se trata de los oscuros Van Der Graaf Generator y los bucólicos Genesis.

Peter Hamill, el cerebro de Van Der Graaf Generator, resume perfectamente el estilo de sus composiciones con esta frase: "Soy un personaje tenebroso. De otra forma no podría escribir esta música". Hamill es una figura polifacética cuya carrera, irregular pero apasionante, llega hasta nuestros días y ha tocado muchos palos. Como escritor, poeta y músico, resulta un poco triste que la gente recuerde con todo lujo de detalles a los malditos consagrados y se olvide de don Pedro, que a mi parecer tiene mucho más fondo, capacidad inventiva y registros que la mayoría. Pero así es la vida.

Hamill comenzó a escribir poesía influenciada por los románticos -especialmente Poe, claro- mientras oía el repertorio del soul tradicional y a los monstruos del canto blues como Howlin' Wolf. En la Universidad de Manchester prestó más atención a su estudio de la guitarra y el piano que al de la carrera, y allí se hizo amigo de dos músicos que en 1967 le animan a crear una reunión estable. El trío decide honrar al físico americano que inventó la primera máquina electrostática (lo cual ya indica que son un poco raritos) y se bautiza como "El generador de Van der Graaf". Luego de un culebrón a base de infidelidades entre el trío, Mercury y Polydor, los colegas de Hamill abandonan; pero este, que ya tiene el veneno musical en el cuerpo, hace unas cuantas actuaciones en plan folk singer hasta que contacta con el teclista Hugh Banton, de formación académica, catedralicia. Y vuelta a empezar: reclutan a Keith Ellis, un bajista que con 23 años presenta una hoja de servicios en la que se incluye su trabajo con los legendarios Koobas (epítome del Mersey beat) y los psicodélicos garajeros Misunderstood (banda apadrinada por el mismísimo John Peel). El batería, Guy Evans, fanático del soul, procede de pequeños grupitos universitarios. Los escasos pasajes de guitarra eléctrica (sonidos wha wha, básicamente) serán ejecutados por Ellis.

Y ahora sí, por fin en 1969 tenemos un grupo estable… de momento. Pero aún colea el culebrón entre Mercury y Polydor: la grabación de su primer disco es con Mercury, pero Polydor impide que se publique en la Isla. Lo cual implica que solo se podrá comprar allí por la vía de la importación, hecho que ralentiza la devoción de culto que acabará consiguiendo esta banda. "The aerosol grey machine" sale a la venta únicamente en los States y en Alemania: los británicos interesados habrán de elegir entre esas dos fuentes (y esto es lo que crea la leyenda urbana, bastante extendida en la época, de que los Graaf eran un grupo germano). Se trata de un disco denso, un tanto difícil a primera escucha, pero cuya oscura belleza no exenta de una ocasional dulzura engancha progresivamente -y nunca mejor dicho: "Afterwards", su primera pieza, ya nos indica que estamos ante un desarrollo a medio camino entre la balada catedralicia y el sonido post psicodélico que supera con mucho al de los ahora pasados de moda Procol Harum. En conjunto hay una leve brisa de rock sinfónico cuyo tono un tanto agrio evita el empalago. Las ventas son pobres y Mercury los abandona; pero su manager, Tony Stratton-Smith, está rematando la creación de una nueva casa discográfica: Charisma. Así que en el fondo Mercury les hace un favor.

Con Genesis la cosa es más fácil, puesto que los conoce todo el mundo: digamos que son la versión "amable" de los Generadores. Su origen está en la fusión de dos grupitos de estudiantes radicados en la famosa escuela Charterhouse, en Surrey: The Anon, donde vemos a Anthony Pillips (guitarra) y a Michael Rutherford (guitarra y bajo) y The Garden Wall, que incluye al pianista Tony Banks, el batería Chris Stewart y el cantante Peter Gabriel (que además toca la flauta). Los primeros se dedican a hacer versiones de Beatles y Stones, mientras que los segundos, aunque no le hacen ascos al r'n'b, tiran más por el pop. Luego de caer en gracia a un ex alumno del colegio llamado Jonathan King (que acabará siendo una especie de pequeño Phil Spector británico del flower power), este les consigue un contrato con Decca. Y aunque pronto se dan cuenta de que King solo busca un grupito de pop florido y amanerado, el caso es empezar. Tras dos singles fallidos en 1968, King decide además que hay que cambiar de batería y fichan a John Silver justo a tiempo para comenzar la grabación de lo que será su primer LP.

"From Genesis to Revelation", ese primer LP aparecido en la primavera del 69, no da muchas pistas de por dónde irá el grupo: de momento la sombra de King es muy potente. Vemos, eso sí, influencias de Moody Blues en sus mejores momentos y algunas baladitas un poco bobas en la estela de los Bee Gees (de los cuales King es muy devoto). El disco pasa sin pena ni gloria, pero al menos consiguen escapar de King. Silver se marcha para dar entrada a John Mayhew y Genesis comienza a hacerse fuerte en directo. Justo entonces son descubiertos por Tony Stratton-Smith. Ah, y a su lado se encuentra su amigo John Anthony -productor del primer disco de los Generadores-, que termina de convencerlo ("A estos hay que ficharlos también. Y quiero producir a los dos grupos. ¿Estamos, Tony?").

Así que 1970 se presenta muy prometedor para ambas bandas; sobre todo para los Generadores, cuyo debut ha sido mucho más interesante que el de Genesis. Pero ya iremos viendo. De momento, si quieren ustedes una ampliación sobre los primeros tiempos de Gabriel y sus amigos, les recomiendo que lean el magnífico post hecho hace tiempo por mister Dani, que lo cuenta con más datos y gracejo que yo.

lunes, 2 de abril de 2012

1969 (IX)


Ya que hemos comenzado con los Crimson, seguiremos de momento con las novedades progresivas. Quedamos en que este era el año de la consagración de dicho género, que se manifiesta con una exuberancia impresionante: aparecen grupos como chinches, por todas partes. Y por esa misma razón comprenderán ustedes que solo destacaré a los más populares (ruego por tanto que nadie se sienta ofendido si falta alguno de sus favoritos).

Hemos visto que el jazz rock es una de las fuentes de las que bebe el señor Fripp, así que remataremos este sector en primer lugar. Por otra parte es el menos concurrido -tal vez por ser uno de los más difíciles-, lo cual implica que hoy mismo terminamos. El jazz rock comenzó siendo una de las corrientes más prometedoras en esta primera época progresiva, aunque su impacto comercial no durará mucho en el mercado generalista (ni en el de Estados Unidos, salvo algunos discos ocasionales de Zappa y poco más): a diferencia del blues, cuyas estructuras melódicas son más clásicas y reconocibles, el jazz evoluciona continuamente. Y su contacto con el rock será un paso más en su deriva hacia la refinada fusión que veremos en los años 70 a cargo de los McLaughlin, Hancock, Corea y demás estrellas del plantel: ese ya es otro mundo.

Como consecuencia, las bandas de blues rock vivirán unos cuantos años gracias al favor de muchos seguidores que, aunque no compren sus discos en grandes cantidades, sí disfrutan con sus actuaciones. Pero las escasas bandas de jazz rock que aún sobreviven en 1971/72 son minoritarias: sus seguidores rockeros se han aburrido, los de tendencias jazzy se inclinan hacia la citada fusión y el material no da para más. De todos modos, en estos momentos es una evolución lógica en la carrera de algunos músicos provenientes del r'n'b o del blues rock; es decir, gente que ya lleva unos cuantos años en el negocio. Y dejando aparte a Soft Machine, la banda que mejor ejemplifica esta tendencia es Colosseum.

Su origen está en tres músicos cuyo último empleo ha sido la banda de Mayall: John Hiseman, uno de los baterías más contundentes de la Isla, se asocia con Dick Heckstall-Smith (saxofonista) y Tony Reeves (bajo). El currículum de estos tres señores es tan impresionante que lo de Mayall casi parece lo de menos: los tres han estado en varios grupos de jazz, y por si fuera poco tanto Hiseman como Smith pasaron por la banda de Graham Bond… y Reeves, en sus ratos libres, ha producido para la Decca obras que van desde el jazz hasta la música medieval. Hiseman y Reeves reclutan a Dave Greenslade, un antiguo compañero de colegio muy bueno con los teclados y que hasta ese momento había trabajado, entre otros, con el gran Geno Washington, gloria del Northern Soul. Por último encuentran a un guitarrista con buena voz y prácticamente desconocido: James Litherland, cuyo historial no pasa de haber militado en dos o tres grupitos de Manchester pero que ha impresionado a Hiseman. Y Colosseum echa a andar a finales del 68.

Su primer disco aparece en Marzo del 69, y el título se las trae: "Los que van a morir te saludan" (lástima no haber puesto el "Ave, César" al principio: les habría quedado perfecto). Es un magnífico debut: "Walking in the park", la pieza que abre el disco, es una versión vitaminada sobre la original de Graham Bond y tiene un fuerza tremenda. Se trata de jazz rock de alto voltaje, como el que hacen los Crimson, aunque aquí hay un ritmo más rockero y una potente voz al estilo de las bandas americanas de metales. Y a partir de ahí tenemos incursiones en el progresivo a lo Procol Harum, improvisaciones e incluso el leve tono oriental de "Mandarin" (con ese título, ya me dirán). En conjunto, esta obra es para mí de lo mejor que se ha hecho nunca en este género.

Las ventas son satisfactorias: un puesto 15 para un disco de este tipo es todo un éxito. Por esa época algunas disqueras de primera línea, ante el éxito de la "insolente" Island, están creando sellos alternativos para tratar de captar a un mercado que hasta ahora han despreciado; Phonogram, que había publicado el primer disco de este grupo en la venerable pero otoñal subsidiaria Fontana, decide crear un nuevo sello progre: Vertigo. Y el grupo, que por lo visto va sobrado, entrega su segundo LP en Noviembre para inaugurarlo: "Valentyne suite", con el luminoso número de catálogo Vertigo VO 1. Otra gran obra, aunque cansen un poco algunas exageraciones muy de la época como el que la cara B vaya ocupada íntegramente por la suite de marras. En cualquier caso, la base es la misma que en el disco anterior, con leves incursiones en el rock puro ("The kettle", una gran pieza) y una mayor atención a los teclados, en los que Greenslade se está haciendo un nombre. El año termina de un modo agridulce para Colosseum: el nuevo disco alcanza el mismo o mejor nivel de ventas que el anterior, pero las diferencias de criterio entre los miembros del grupo hacen que Reeves y Litherland abandonen. Veremos qué pasa el año que viene.

Y esto es lo más destacable del jazz rock isleño. No está muy poblado, como ven. Pero quien no conozca a Colosseum debería darle una oportunidad: eran realmente buenos. Duraron poco, pero su carrera fue intensa.

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