lunes, 4 de marzo de 2013

1970 (y fin)


Ya pueden ustedes respirar aliviados: hoy terminamos nuestro largo y a veces cansino viaje por las intrincadas veredas que ha dejado marcadas el primer año de esta nueva década. Y lo haremos a lo grande, para olvidar los momentos de desfallecimiento en los que probablemente hayan caído durante el trayecto. Porque grande es el personaje que traigo hoy ante los sufridos parroquianos de este local: Cat Stevens, nada menos. Una figura señera en la historia musical del siglo pasado, aunque su época estelar durase relativamente poco. Un nombre que no se puede enclaustrar con la simple etiqueta de “cantautor”, porque al igual que Dylan, Donovan y otros, es por encima de todo un músico: cada uno de sus discos es una alquimia exacta entre letra y melodía, demostrando no solamente su alto nivel como compositor sino también su fino olfato para elegir los acordes y su ensamblaje. Es el ejemplo perfecto de esa palabra, “orfebre”, que tanto me gusta. 

Steven Georgiou, de padre grecochipriota y madre sueca, nació en el centro de Londres, muy cerca del Soho. Su primer instrumento fue el piano, y la aparición de los Beatles lo hizo acercarse a la guitarra acústica, que despertó en él la afición por los viejos bluesmen americanos o los folkies de nuevo cuño como Dylan; esa afición se enriquece con el gusto por los arreglos y las líneas melódicas que caracterizan a Simon y Garfunkel, quizá la influencia más notable en su carrera. Su amplia formación ya se manifiesta en sus primeras composiciones: tanto si escribe piezas folkies como si se acerca al pop, las melodías son imaginativas y muy agradables. Y tras foguearse en actuaciones estudiantiles y otras cuantas en el circuito folkie de la ciudad, a mediados de 1966 Mike Hurst, su primer manager, lo presenta a Tony Hall, uno de los jefazos de Decca, quien le sugiere que ha de buscarse un alias; algo que el propio Steven ya estaba pensando, puesto que como diría más tarde: “no me imaginaba a los chicos yendo a la tienda para comprar un disco de Steven Demetre Georgiou”. Dio la casualidad de que una novia suya afirmaba que tenía ojos de gato, y como “a estos animales se les quiere mucho” la cosa resultó fácil. 

La primera grabación del Gato Stevens llega en otoño del 66 (con dieciocho años recién cumplidos) y hace referencia a otros animales a los que también se les quiere mucho: se trata de “I love my dog”, que lleva una dedicatoria a Portobello Road en su cara B. El single llegó al top 30, y aunque Decca intentó venderlo como un ídolo pop estaba claro que Cat tenía mucho más fondo: en Marzo del 67 llega “Matthew and son”, su primer LP, y en él tenemos delicias como la que da título al disco o “Here comes my baby”, versionada luego por los Tremeloes. Algunos comentaristas comienzan a denominar su obra como “pop barroco”, en la línea de los americanos Left Banke, y tal vez sea una buena definición aunque a él no le guste; por otra parte, en las piezas más folkies sabe alternar la dulzura con un notable nervio en su voz que generalmente lo aleja del empalago (aunque no siempre, también es verdad). En realidad estamos asistiendo al cumplimiento de un acuerdo no escrito entre Cat y Tony Hall: Cat desea una mayor presencia de sus composiciones acústicas, mientras que Hall (por medio de su productor Mike Hurst) prefiere enfatizar el pop orquestado, más comercial en aquellos días. 

Pero la cosa no podía acabar bien, ya que ese tono no es el suyo, y pronto vemos la consecuencia: poco antes de que el año 67 termine se publica “New masters”, el nuevo disco grande, donde casi todo resulta mediocre. Salvo “The first cut is the deepest”, una maravilla que luego será versionada por tanta gente, el resto oscila entre los arreglos orquestales sin pies ni cabeza, como buscando una plaza en el festival de Eurovisión, y algunas piezas realmente hermosas en las que al productor no se le ve cómodo. El resultado fue bastante desastroso: los folkies lo despreciaron, y los poppies no encontraban canciones con gancho. Cat se siente deprimido ante la actitud de su casa discográfica, donde, según sus palabras, “mientras yo me esforzaba en arreglar canciones los técnicos se hinchaban a tazas de café mientras leían el “Daily Mirror” y pasaban de todo”. Y aunque las actuaciones van a buen ritmo, esa depresión le lleva a buscar refugio en el alcohol mientras que una tos sospechosa comienza a asustarlo: en otoño del 68 el médico le informa de que tiene una tuberculosis avanzada, que debe ser internado inmediatamente. 

Ahora imagínense ustedes a una persona con un alto grado de sensibilidad, de dulzura, con una cierta indefensión anímica ante tragedias que nunca ha sentido de cerca, participando en una lotería diabólica en la que no sabe si va a llegar al día siguiente porque muchos de sus compañeros están cayendo como moscas. Él lo describe con toda nitidez: “Salir del ambiente del show business y encontrarte en un hospital donde te meten inyecciones todos los días mientras la gente que tienes alrededor muere, te cambia la perspectiva. Y me puse a pensar en mí mismo. Me dio la impresión de que había estado viviendo con los ojos cerrados”. Así que, cuando salió de ese horror para cumplir con casi un año de convalecencia, ya no era la misma persona: ahora estamos ante un superviviente, cuya escala de valores ha cambiado. Durante ese año, acompañado de sus estudios sobre yoga y meditación, compuso un buen puñado de canciones que forman el esqueleto de toda su obra posterior y que fue preparando en su magnetófono casero. Y a principios de la nueva década, el nuevo Cat Stevens está listo para volver a la vida artística. 

La enfermedad le ha provisto de un fuerte carácter, algo que antes no tenía: rompe su relación con Decca y busca una nueva casa discográfica en la que sus condiciones han de ser aceptadas sin discusión. ¿Cuál podría ser esa casa? Pues, evidentemente, la bendita Island Records; cuyo jefazo máximo, el mismísimo Chris Blackwell en persona, tras oír sus nuevas canciones le pone delante un contrato en el que garantiza que podrá grabar “lo que quiera, cuando quiera y como quiera”. Pocas veces se ha visto un contrato así con un artista “nuevo”, que incluso podrá diseñar las portadas de sus discos. Lo primero que hace Cat es hablar con Paul Samwell-Smith, que tras la desaparición de los Yardbirds y una breve estancia en Renaissance ha decidido dedicarse completamente a la producción: Cat ha oído ese primer disco del grupo, producido por Paul, y considera que tienen muchos puntos en común. El propio Paul le busca músicos de estudio para comenzar su carrera; entre ellos Alun Davies, que será su segundo guitarrista por mucho tiempo. Y pronto el magnánimo Blackwell recibe de Cat la primera joya del tesoro: “Lady D’Arbanville”, el single que inaugura la carrera de este hombre renacido. 

“Lady D’Arbanville” es un buen ejemplo de la nueva orientación que ha tomado Cat, uniendo esa letra dolorida pero brillante con una música exquisita, entre el folk, la canción de autor y el madrigal. Una música que se alimenta únicamente de las guitarras acústicas aderezadas con una buena línea de bajo y una percusión muy sencilla; además, claro, de la irresistible voz del Gato y los coros de Davies. Está dedicada a su novia “itinerante”, la modelo americana Patti D’Arbanville, cuya profesión cuadra malamente con los anhelos de Cat por tenerla a su lado a tiempo completo. El single fue un top 10, y esta canción tiene unas cuantas versiones incluso entre los músicos de habla hispana: los españoles Círculos o los bolivianos Grillos la trajeron a nuestro idioma con el título de “Mi dueña y señora”. Poco después, en Julio, llega su primer LP, titulado “Mona Bone Jakon” (que en una curiosa jerga creada y usada únicamente por Cat significa, según él, “mi pene”). La delicia se abre con el lamento amoroso a la señorita D’Arbanville; luego tenemos “Maybe you’re right” (otra melodía arrebatadora, tanto como la línea de piano que la apoya), a continuación una ironía sobre su antigua vida artística en “Pop star”… en fin: un nuevo rayo de luz ha entrado en el mundo de los compositores exquisitos. 

Antes de que acabe el año 70, a finales de Noviembre, Cat nos sacude con “Tea for the tillerman”, su consagración definitiva: desde “Where do the children play?”, la que abre el disco, hasta la que le da el título y lo cierra, viajamos por un mundo en el que la sensibilidad, el buen gusto, el amor por los arreglos y la delicadeza nos sorprenden; sin olvidar otras clásicas de su carrera como “Father and son” o “Wild world”, con una melodía y ejecución perfectas. Por otra parte la gama de sonidos se enriquece con la suave presencia del órgano -manejado también por Cat- que a partir de ahora oiremos frecuentemente en su obra. En resumen, lo único que se me ocurre decir es que en una época dura e incluso siniestra a veces como fueron los primeros años 70, que haya músicos como Cat (o Kevin, o Elton John) es reconfortante. Y años después vendrá su conversión al Islam, una decisión personal que a nosotros ni nos va ni nos viene pero que fue atacada con saña por la prensa americana e isleña, mintiendo y deformando algunas declaraciones y actos suyos, tratando de que lo olvidásemos… pero da igual: los discos están ahí. Un aficionado ha de saber distinguir entre la persona y el artista, porque de lo contrario gran parte de eso que llamamos “Arte”, ese material ingente creado a lo largo de los siglos por seres de muy distinta catadura moral (algunos, verdaderos monstruos), debería ser enviado a la hoguera. Y nosotros no queremos eso, ¿verdad? 


20 comentarios:

  1. Éste me ha gustado más en la primera escucha que Kevin y sobre todo que Elton John, no hay color, y no porque crea que sea mejor, sino porque a mi me dice más su música, y como repetimos siempre, eso ya es un poco personal. Aunque, claro, sin comprender la letra, al principio uno se queda a medias.

    En cualquier caso, he estado oyendo todas las canciones que has citado, y varias me han gustado mucho, sobre todo Lady D'Arvanville, que es preciosa. Esa modelo Patti también tenía ojos de gata, por lo que veo.

    Respecto a tu reflexión final, muy de acuerdo, una cosa es la obra y otra la persona. Así como un músico debe ante todo hacer música y no transmitir ningún 'mensaje' ni ser profeta de nada. Aunque es inevitable que algunos asuntos personales y 'extra-musicales' de los artistas hagan que en algunos casos nos afecte. O al revés, si nos caen bien. Para mi no es el caso de Cat Stevens ni Dylan, ya que sus conversiones no hacen mal a nadie. Supongo que hicieron ruido, eso si. Pero demasiado poco ruido han hecho las 'fugas' de Inglaterra de músicos absolutamente respetados que no querían pagar los elevados impuestos ingleses. Un asunto que toca mucho la sensibilidad de nuestros días, con tanto corrupto suelto. Solo un ejemplo.

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    1. Bah, lo del avatar es lo de menos. Ya nos conocemos.

      Es posible que Cat sea el más accesible de los músicos de este estilo, ya que ni coquetea con la psicodelia como hace Kevin ni busca desarrollos más complejos como Elton. Sus melodías, a pesar de los arreglos magníficos que tienen, suenan muy frescas, muy directas. Y sí, la tal Patti tiene unos ojos de impresión. En sus fotografías antiguas da imagen de niña, lo cual para algunos resulta doblemente peligroso. Pobre Cat.

      Y estoy de acuerdo en que las decisiones personales relativas a religión, poilítica o lo que sea, si solo afectan al interesado son cosa suya. No lo vio así la prensa, que comenzó a decir burradas, pero ya da igual. Lo otro, eso que dices sobre la evasión de impuestos, sí me parece más censurable, pero ya ves: eso suele disculparse.

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  2. Perdón, ese era yo. Me ha vuelto a pasar el problema de las cuentas de e-mail.

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  3. de Cat Stevens a Yusuf Islam...., es un personaje que primero aparté, y luego redescubrí, (me pasó lo mismo con Neil Diamond), uno de esos artistas que hay que dedicarle un tiempo a escuchar, para descubrir que se pueden decir muchas cosas de manera musical y poetica, y si el mensaje "te llega" se establece una especie de vínculo emocional y personal con su música. Yo a veces lo pierdo, pero cuando lo recupero, es intenso. Un gran post!

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    1. PD: largo camino si, cansino nunca, completo, detallado y muy gratificante...ahora a seguir!

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    2. Es verdad que hubo gente a la que no gustó esa conversión, señor Sebas. Y si aún encima cierta prensa comenzó a sugerir que "el ahora llamado Yusuf Islam apoya a Al Quaida", como llegó a decirse, o que disculpaba los atentados, o que apoyaba la fatwa contra Salman Rushdie (lo cual era todo mentira), mal vamos. Pero vuelvo a lo de arriba: lo que cuenta es la música, y puede usted estar seguro de que Cat jamás dijo ni hizo las buradas que se le han atribuido y de las que ahora ya nadie se hace responsable.

      Y gracias por los ánimos. Se hará lo que se pueda.

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  4. Creo que no necesitas justificar tus entradas, son útiles, necesarias y están estupendamente escritas. Todos necesitamos luces para iluminar el camino que tenemos por delante o volver a los viejos tiempos como yo a mi viejo vinilo con los grandes éxitos de Cat Stevens donde está incluida, como no,esa joya excelsa y refulgente que estoy escuchando ahora mismo titulada Father and Son.
    Espero con ansiedad la nueva deriva de tu blog y te agradezco que hayas acabado con este postre tan exquisito.

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    1. Muchas gracias, herr doktor, por sus amables palabras. Creo que, cada uno en lo suyo, todos los que recordamos batallitas deberíamos contarlas. Hay gente que viene detrás a la que pueden serles útiles. Y a nosotros mismos nos viene bien recordar de vez en cuando a cierto músico o grupo que probablemente habíamos olvidado y cuya obra merece ser rescatada; más aún en estos tiempos de inanición que vivimos. En cuanto a Cat, ya me imaginaba yo que era de su gusto: hay nombres que está por encima de todos los estilos.

      En cuanto a la nueva deriva, no será nueva. Seguiré como hasta ahora, relatando los años más brillantes con algún bocadillo entre cada año para que no se haga tan monótono. O sea, que antes del 71 tenemos un nuevo bocadillo. Aunque por desgracia lo primero será volver con las hagiografías: ayer mismo se nos ha muerto Alvin Lee. Menuda racha...

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    2. Lo de Alvin Lee es desolador. Gracias a un amigo conocí a Ten Years Afters en COU y no dejaba de escuchar su célebre actuación Woodstock.

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    3. Esa actuación fue la que los lanzó definitivamente tanto en América como en la Europa continental, aunque Alvin no estaba muy satisfecho con ella. Incluso llegó a decir que "I'm going home" se había convertido en una cruz para él. En todo caso, no se le puede negar la importancia que tuvo: los americanos se quedaron alucinados.

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  5. Qué buen fin para esa década. Yo también estaba escuchando, como el Doctor, Father and Son (en uno de esos top tracks de youtube)aunque no sabría decirte qué tema me gusta más del Gato.Estoy de acuerdo con vosotros en que Lady d'Arvanville es preciosa, aunque dada mi cursilona naturaleza, a mí siempre me gustó mucho Morning has Broken y el Moonshadow. Estupendo Cat Stevens.
    Saludos.

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    1. Ay Caruano, lamento aclararte que Cat no ha cerrado el fin de la década sino solamente el año 70. O sea, que te queda mucha década por sufrir. También contigo me imaginaba que el Gato tenía forzosamente que ser de tu gusto, ya que es la exquisitez personificada. Y no vamos a discutir por una canción u otra: "Morning has broken" o "Moonshadow" son dos delicias más, que vienen en su disco del 71 y que por supuesto serán resaltadas aquí cuando lleguemos a él.

      Y una vez más muchas gracias por tu paciencia.

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  6. Creo que la historia no ha sido justa con Cat Stevens. Uno de los discos que editó en 1.970, el “Tea for the tillerman”, es mi preferido de entre los suyos, aunque sea una elección difícil.

    Ese señor consigue algo casi imposible: bordear la cursilada caramelizada y, a la vez, resultar inquietante, con esa voz y esos aparentemente sencillos arreglos.

    Maravilloso año el de 1.970, como has dejado claro de forma tan contundente.

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    1. Cierto, estimado Pez, una injusticia. Pero en este caso la injusticia viene traida por la prensa amarilla, que intentó borrar el recuerdo de Cat. De no ser por la famosa conversión y el veneno que lanzaron algunos plumillas, probablemente se hablaría más de él.

      "Tea for the tillerman" es una joya, sin duda. Pero igual de bueno es "Teaser and the firecat", por decir uno. Es muy difícil elegir. Y sí, los arreglos suenan muy sencillos, esa es parte de su magia. Como le decía a mi yerno, en esa aparente sencillez está parte del encanto de su obra: no recurre a grandes arreglos, como hacía Elton. Y la sencillez siempre es el arma más contundente.

      El año 70 es la leche, pero el 71 y el 72, por lo menos, son casi tan buenos como este. Ya iremos viendo.

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    2. Por favor, si va usted a poner I'd Love to Change the World, que no sea en francés.

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    3. Tranquilo, mister Pez: que yo sepa, no hay versión en francés de esa pieza. Pero ahora que lo dice, igual me pongo a mirar....

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  7. Aquí me presenta usted otro ilustre al que yo tenía olvidado a pesar de que en su día algo le seguí. Prometo ponerme manos a la obra para remediarlo. En lo de su conversión al islam reconozco que me dejó perplejo, no me imagino a ninguna persona sensata y civilizada metida en semejante embolado, será que los caminos de Alá son inescrutables. Y los temas de aire árabe que hay en youtube son perfectamente olvidables.

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    1. Pues sí, señor Chafardero: "ilustre" es una buena palabra para definir a la gente como Cat. Y ese olvido suyo, del que participa mucha gente, probablemente haya sido causa en gran parte por la prensa: a raíz de su conversión cayó un tupido velo sobre su obra y comenzó el ataque a la persona. Recuerdo una cadena musical en la que yo trabajé y cuyo director (no diré su nombre por piedad, pero es muy conocido) nos cursó la orden de no radiar ni una sola pieza suya: Cat Stevens dejó de existir.

      Y lo de Islam, ya digo: es cosa suya. Nos parezca mal o bien, no nos afecta. Eso sí, tiene usted razón en que sus tonadas de esa época no interesan seguramente a nadie más que a sus correligionarios.

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  8. Ah, mira, yo pensaba que Cat Stevens era un no sé qué de soul.
    Me he puesto las canciones que nombras y, sí, están bien, pero si se ha pasado al islam la cosa cambia.
    pd: bonita historia.
    pd2: era coña xD
    pd3: venga, vamos a por uno de esos bocadillos, a ver que se trae usté.

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    1. Bueno, el apodo "Cat" no es exclusivo del señor Stevens; así que podría ser una asociación de ideas bastante razonable, signore Giovanni. En todo caso, creo que este señor sería fácilmente de su agrado, ya que lo considero con el buen gusto necesario para saber apreciarlo: póngase a ello, ya verá como este maldito sarraceno le acaba sorprendiendo.

      Ah, y por cierto: en "Katmandu", una pieza de "Mona bone jakon", toca la flauta un tal Peter Gabriel, que según creo es amigo suyo de usted. Como ya le he dicho en otras ocasiones... ¿no le pica la curiosidad?

      Alá sea con usted.


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