martes, 16 de julio de 2013

España: la travesía del desierto (XVIII)



Nuestro paseo por la Ciudad Condal termina con una visita no menos obligatoria que el parque Güell o la casa Batlló. Se trata de Los Mustang. Aunque las razones son muy distintas, ya que la excelencia de Gaudí tiene poco que ver con las escasas pretensiones de este conjunto: si en el caso del genial arquitecto la obligatoriedad viene dada por el arrobo natural que la visión de sus obras produce en cualquier espíritu medianamente sensible, a ellos hay que citarlos por su tremendo impacto comercial. Los Mustang fueron el primer grupo español que consiguió ventas de seis cifras, un hecho que trajo consigo un notable aumento en el parque móvil de tocadiscos. Y una vez que ese maldito artefacto se apodera de la casa, las consecuencias son imprevisibles. 

Los Mustangs (con "s" final) comienzan en 1959 como trío de cuerdas: dos guitarras (Marco Rossi, solista, y Antonio Mercadé, rítmica) y un bajo (Miguel Navarro). Su mayor influencia son los Shadows, pero no solo por sus piezas instrumentales sino también por su trabajo junto a Cliff Richard; por tanto, además de un batería necesitan también un cantante. Y en 1961 fichan a los dos elementos que necesitaban: a la batería tenemos a Tony Mier y ante el micro a Santi Carulla, que había pasado brevemente por los Sírex. Técnicamente son bastante buenos, y Carulla muy guapo: la suma de ambas potencias hace que se prodiguen por todos los locales de la ciudad y que pronto tengan un club de fans, fenómeno este que comienza a resultar muy importante para la buena marcha de cualquier oferta musical que se precie. No tardan en ser reclutados por EMI, la disquera más poderosa del momento, y antes de que acabe 1962 ya los tenemos grabando su primer EP, en el que se incluyen, además de tres versiones de éxitos del momento, una canción compuesta por el maestro José Solá (el que luego creará “Muchacha bonita” para los Sirex). He elegido esta porque las otras tres no aportan nada nuevo y se supone que, por ser un encargo, una pieza nueva para un grupo determinado, debería mostrar al menos en parte el supuesto espíritu de dicho grupo. 



El disco no es que sea un éxito; pero consiguen unas cuantas actuaciones en Francia, donde, en sus primeros tiempos, se hacen casi tan populares como en Barcelona (llegan a actuar en la televisión francesa antes que en la española). Esto es debido a su buen nivel técnico y a su facilidad para el repertorio melódico, y además de ser un buen rodaje les sirve para traerse algunas canciones que luego versionarán aquí. Parece ser que ninguno de ellos tiene habilidades para la composición, pero sí una gran destreza con los instrumentos; por tanto su baza está en ese hecho y en el desconocimiento de los artistas originales que sufre el país en aquella época. Y su mérito, compartido con la mayor parte de los grupos nacionales de entonces, es el de popularizar el repertorio de esas figuras extranjeras que gracias a ellos se van haciendo conocidas entre el público nacional, y luego ya que ese público decida (siempre habrá gente rara con la extraña manía de leer los nombres entre paréntesis que vienen escritos junto al título de las canciones). 

Estamos ya en 1963, y hay un nuevo nombre que está causando mucho revuelo allá en la Isla. Se trata de The Beatles, que sacaron su primer single a finales del año pasado, como nuestros amigos. Al principio daban la impresión de ser un grupito más, pero tras el segundo disco la cosa parece seria: comienzan a ser considerados como la Gran Esperanza Blanca, y Los Mustang (la "s" ha caído) se ponen a investigar. De esa investigación sale a la luz otro single que inicialmente solo había sido publicado en Alemania como parte de unas grabaciones como banda acompañante (bajo el nombre de Beat Brothers) de un tal Tony Sheridan, allá por el 61, y cuyo desconocimiento fue el que llevó a otro tal Brian Epstein a asistir a uno de sus conciertos y convertirse en su manager. Pero ahora ese disco ya está disponible en Britania y su canción principal se titula “My bonnie”, un rock and roll que los Mustang incluyen en su segundo EP de ese año y que, tal vez sin que ellos lo sepan aún, inicia una profunda conexión con Beatles que marcará su carrera definitivamente. La versión no está mal, aunque no tiene ni de lejos la fuerza de la original; eso sí, va cantada en inglés, y todo. 



Las ventas, aunque poco a poco, siguen aumentando. Y su primer disco de 1964 ya denota abiertamente su querencia por los Beatles: “Dizzy miss Lizzy” viene incluida en él, además de copiar la versión que los británicos habían hecho de “A taste of honey”. Esas dos piezas no son nada del otro mundo, pero la evocación de un grupo que incluso aquí comienza a ser muy popular les ayuda a vender una gran cantidad de copias. Y alternando a los de Liverpool con canciones italianas, francesas, americanas y de algunos otros autores británicos (el mercado emergente), aumenta su repertorio al mismo tiempo que su habilidad con los instrumentos se hace proverbial. En substancia, los Mustang están adoptando el papel de alternativa moderna, a través de los discos, a las orquestas populares tradicionales: ya parece claro que nunca tendrán una sola canción de su autoría, y su objetivo es el de animar a la gente joven con los éxitos del momento interpretados con toda la fidelidad posible, fidelidad que aumentará con el paso del tiempo hasta llegar a la pura cover. Por otra parte su actitud es justo la preferida por las discográficas españolas, cuya secreta ilusión sería que todos los grupos hiciesen lo mismo, y de este modo las cosas van rodadas: su éxito se compone de una sagaz elección de los temas a copiar y de la fuerte promoción que EMI suministra a su conjunto estrella. Más no se puede pedir. Aquí les dejo el "Maybe baby" de Buddy Holy, también en 1964, y que aún tiene un cierto carácter propio: dentro de poco, las copias serán casi exactas. 



En 1965, con ocasión de la visita de los Beatles a España, EMI consigue un acuerdo con Brian Epstein por el cual las piezas de sus protegidos que los Mustang vayan a copiar serán publicadas aquí un mes antes que las originales. Para el señor Epstein no hay peligro, ya que los verdaderos fans comprarán también las de sus chicos: hasta cierto punto los Mustang harán de introductores con una especie de “copia promocional” inocua, y las ventas no se resentirán. Y los Mustang, encantados. Ese truco ya se está utilizando, aunque de modo subrepticio, por otros sellos (que retrasan intencionadamente las publicaciones de algunas piezas foráneas dos o tres semanas para dar tiempo a “los suyos” a que cojan un poco de vuelo), pero esta es la primera vez que dicho truco adquiere forma de compromiso legal. Y abandonamos Barcelona despidiéndonos de estos muchachos, que están dispuestos a hacerse de oro durante toda la década como los reyes españoles de las covers. Es una táctica tan respetable como cualquier otra, pero comprenderán ustedes que nos deja sin nada interesante que contar. 



10 comentarios:

  1. Pues a mí lo que me interesa comentar es que nos perdimos un posible gran grupo por puro amor al comercio como dirían Esclarecidos en aquel hermoso tema. La originalidad se lleva o no se lleva pero a falta de ella, cuando uno es capaz de tocar con tanto sentido y faltan ideas, siempre es posible recurrir a compositores y productores adecuados y no ser solamente la voz de su amo. Además creo que este grupo con el tiempo intentó nuevas aventuras musicales lejos de las versiones pero no lograron desencasillarse de lo que habían sido. Triste
    Saludos

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    1. En efecto, técnicamente fueron muy alabados casi desde el principio. Pero "el amor al comercio" pudo más que cualquier otra consideración. Y no solamente tenían la opción de buscar compositores, ya que muchos grandes nombres se hicieron famosos gracias a unas versiones creativas, bien hechas, ocurrentes. El caso de Los Mustang es realmente extraño, incluso en aquella época en la que casi todo el mundo basaba sus inicios en las versiones: ellos fueron los únicos que no demostraron el más mínimo interés por salirse de las pautas. Y cuando lo hicieron, ya en los 70, se pasaron de vueltas con aquella cosa del Himalaya que no tenía ni pies ni cabeza. Vivir para ver: de dedicarse a las fotocopias saltaron al extremo psicodélico progresivo en un solo single. Un acto desesperado, me parece a mí.

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  2. No se les puede culpar, era la época de las versiones, todos se veían obligados, hasta los Beatles tuvieron que pelear mucho para colar sus composiciones, y en España aún era mas lenta la cosa. Nunca me entusiasmaron, además son el claro ejemplo de que la etiqueta de "los tal o cual españoles", a pesar de lo que pensaran las discográficas, limitaba más que otra cosa. En cualquier caso muy dignos representantes de nuestro incipiente pop rock, recordados por muchos, y grupo clave del momento. Puede que hoy, los que no hayamos vivido aquella época podamos tildarlos de innecesarios o poco influyentes, pero sólo con preguntarle a mis padres la cosa se aclara, Mustang, Sirex, El dúo, Bruno....la clave está en la memoria de quien disfrutó de aquello...

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    1. Lamento, señor Sebas, que en este caso solo estemos de acuerdo a medias. Por supuesto que los sellos discográficos imponían sus condiciones, y que casi todos los grupos tenían que pasar por el aro; pero todos los que hemos visto hasta ahora, salvo ellos, intentaron colar alguna pieza propia o hacer versiones con un mínimo de carácter personal. Los Mustang, no. Ellos se dedicaron a la fotocopia pura. Y sí, recuerdo su tremenda popularidad, pero hay ocasiones en las que popularidad y calidad van unidas y otras en que no: también fueron muy populares los Diablos, pongamos por caso, y es un grupo al que detesto.

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  3. A mí no me disgustan estos mozos, aunque los confundo con otros grupos de la época. Voy a tener que tomar apuntes para no liarme, a ver si así dejo de ser el alumno desventajado de este bar (no he podido resistir la tentación y le he dado al reproductor de Aretha que sirve de peana al cóctel color naranja que está a mi izquierda -chain chain chaiiiiiin....chain chain chaiiiiin...-).
    No sabía lo de las 'copias promocionales' (hoy en día, imagino, sería impensable llevar a cabo estas prácticas). Menuda suerte tenían estos grupos de segunda fila, interpretando temas 'inéditos' de grupos consagrados (..chain of fooools... -Qué buena es Aretha-).

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    1. Hay varios grupos de la época con un sonido parecido, y más de una pieza fue versionada por varios grupos al mismo tiempo. Así que no es extraño que te líes, estimado Caruano: más de una vez nos ha pasado a todos en esa época (y en esta, con el nivel que hay, ni te cuento). Y qué buena es Aretha, sí. Seguro que a esa no la confundes con ninguna otra, ¿eh?

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  4. Con la mentalidad de hoy se hace difícil imaginar a un grupo como éste que vivía de hacer versiones. Siempre he pensado que si se hubieran decidido por el material propio hubieran llegado muy lejos, pero se dedicaron a lo seguro. A mí sus versiones de temas franceses e italianos me dejan indiferente, pero la verdad que a los grupos británicos los clavaban, sobre todo los Beatles y los Shadows.
    Muy buena la de No lo ves, buena aportación.

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    1. Vivían de hacer covers, para ser más exactos. Nadie tiene nada contra las versiones, siempre que haya un poco de carácter propio en quienes las hacen. Y material propio no tenían, pero eso tampoco es excusa porque volvemos a lo de antes: si eres bueno haciendo versiones que muestren tu estilo, adelante. Los Mustang en cambio, ni eso hicieron.

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  5. Eso de ser un pusilánime sin carácter tiene sus ventajas: puedo estar totalmente de acuerdo con todos los anteriores a la vez, incluido el señor anfitrión.

    Para empezar, “Por amor al comercio”, es una enorme canción.

    Para seguir, “chain chain chaiiiiiin....chain chain chaiiiiin”, también es estupenda (aunque, tal y como la tarareaba el gran Caruano, me recordó a John Lee Hooker con Santana: culpa de mi deteriorado oído).

    Pero, ciñéndonos a Los Mustang, sí que eran buenos músicos, aunque solo hicieran versiones. Me tiembla la mano al recordar los 80s: tipos que tenían todas las facilidades del mundo para escuchar toda la música que quisieran, para hacerse con los instrumentos que quisieran, y hacían penosas versiones de la Velvet, de Bowie… Ni siquiera soporto “Miña terra galega”, pese a su dosis de morriña. Culpa mía, como siempre.

    Salud.

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    1. Gracias por sus acuerdos, señor Pez Pusilánime. Y desde luego, tanto con los Esclarecidos como con doña Aretha es fácil asentir. Que por cierto, ya que habla del señor Caruano: ¿Ve? Las suyas sí son versiones, con su espíritu intransferible, y no meras covers.

      En cuanto a los Mustang, ya digo que nadie discute su nivel técnico, pero con eso no llega: hay cientos de músicos de estudio, desconocidos, que tienen su mismo nivel o incluso superior. Y si no tenían composiciones propias, al menos podían haberse arriesgado un poco y demostrarnos que no eran simples máquinas copiadoras (muy buenas, eso sí).

      Miedo me da con eso de que le tiembla la mano. No se sulfure, hombre: las penosas versiones que usted dice (ponerse de acuerdo en cada una de ellas ya sería otro asunto) son a fin de cuentas simples ofertas que luego el comprador aceptará o no, pero al menos nos dan una nueva visión de cada pieza, cosa que los Mustang no quisieron hacer. Y ya que habla de Bowie (un buen ejemplo de cómo reinterpretar un estilo cualquiera y hacerlo suyo), a mí por ejemplo me gusta el "Héroes" que hicieron Parálisis Permanente...

      ¡No, con el cuchillo nooooo...!

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