lunes, 17 de febrero de 2014

1971 (XIV)



Nuestra plantilla de solistas se completa hoy con la presencia de Rod Stewart. Un personaje que corresponde a la escuela de los cantantes puros, es decir, aquellos cuya voz y figura tienen un carisma particular que destaca incluso sobre la mayor o menor calidad de sus canciones. Lo mismo pasa con Joe Cocker, otro crooner rockero y asiduo de este tugurio, pero 1971 es un año casi de convalecencia para él: ya vimos que las giras americanas del año pasado lo dejaron maltrecho, y de momento se limita a preparar grabaciones en el estudio para el lanzamiento de un nuevo disco el año que viene (en este año solo se publica un single como adelanto). De todos modos con Rod ya hay materia suficiente, puesto que sigue compaginando su trabajo en solitario con su presencia al frente de los Faces. En total, tenemos tres discos para disfrutar. 

La carrera de Rod, después de casi diez años en los que ha pasado por el pop, el blues, el soul (la época en la que se ganó su apodo de “Rod el mod”) y su consagración en la banda de Jeff Beck, llega a su momento más brillante con la publicación de su tercer disco en solitario, “Every picture tells a story”, en pleno verano del 71. Y aunque “brillante” no siempre es lo mismo que “popular”, en este disco se aúnan ambos conceptos; la cosa llegó a tal extremo que cuando apareció en España, con muy poco retraso, su portada ya lucía las etiquetas “Nº 1 USA” y “Nº 1 GB”. También aquí vendió a montones, y con razón: estamos ante un disco perfecto, con una gran variedad de estilos y unas canciones que, originales o versionadas, lentas o rápidas, alcanzan la exquisitez. Obras con este nivel hay pocas, muy pocas. Resulta descorazonador que, como en el caso de Elton, Rod fuese a caer tan bajo pocos años después. 

El disco arranca con la canción que le da título, compuesta a medias entre Rod y su compinche Ron Wood. Dura seis minutos, pero podría durar diez y aún se quedaría corta: esa sucesión entre las fases de tiempo medio con las cuerdas y la marcha que coge luego, creciente, te arrastra. Un comienzo soberbio. El resto de la cara A son versiones de medio tiempo, y es muy difícil destacar una o dos porque Rod las hace suyas: oigan sino esa “Seems like a long time” o su recreación de la inmemorial “Amazing graze”. Pero si la cara A es fantástica, la B es mejor aún: ahí viene “Maggie May”, y con eso ya estaría dicho todo. Aunque podemos añadir que esa canción salió también en single, con la cara B ocupada por la versión que hace Rod de “Reason to believe”, de Tim Hardin (lo siento Tim, no hay color): otro número uno en medio planeta. Recuerdo aquellos momentos de recogimiento en el bar, ante la máquina de discos, cuando entre los Creedence, Deep Purple y lo que fuere, alguien seleccionaba ese single -las dos caras- y todos nos quedábamos absortos; la reacción más frecuente era gastarse otro duro y que volviese la ensoñación a posarse sobre nosotros. Podríamos seguir y hablar de más canciones, de ese piano, la mandolina… pero para qué. Por favor, si no lo conocen denle una oportunidad: no saben ustedes lo que se están perdiendo. 

Otra cosa son los Faces, la banda por horas en la que Rod y Ronnie se divierten acompañados por los ex-Small Faces Lane, McLagan y Jones. Un grupo favorecido por el revisionismo histórico: aunque ahora se leen algunos artículos y entradas de blogs en los que parece que hayan sido la octava maravilla del mundo al mismo tiempo que, sospechosamente, olvidan los primeros discos de Rod en solitario, lamento reiterar que la cosa fue exactamente al revés, que las mejores canciones se las reservaba para él y que la capacidad de los otros como compositores no estaba a su altura (¿se lo imaginan publicando “Maggie May” o “Every picture tells a story” junto a ellos?). Faces era una banda muy buena en directo pero previsible en estudio, cercana al sonido de los Stones más “industriales”, que deben gran parte de su fama a ser el grupo de apoyo para el jefe: en aquella época se les solía llamar “la banda de Rod”. Y precisamente por ese hecho surgen los mosqueos que comienzan a reinar en el grupo: creo que ya dije alguna vez que Lane -un buen compositor, pero desubicado- se merecía una banda a su estilo, y no aguantar la tiranía de Rod.

Pero no adelantemos acontecimientos. A principios de este año llega su segundo disco, “Long player”, mejor que el primero; “Bad’n’ruin”, la que lo abre, está escrita a medias entre Rod e Ian McLagan, el teclista (que no suele prodigarse en las tareas de composición) y es un rock muy representativo tanto de Rod como del grupo. Otra buena muestra del estilo es “Had me a real good time” -Rod, Wood y Lane-, y las lentas se defienden con la voz de Rod: solo hay que oir “Seeet lady Mary” o “Tell everyone” -que la canta él aunque la compone Lane. De todos modos y en cuanto a producción 1971 resulta ser el mejor año del grupo, ya que antes de que acabe se publica el tercero; su título, uno de los más largos en la historia del rock, es “A nod is as good as a wink… to a blind horse”. Pues muy bien. Suele considerarse la mejor obra de los Faces, y creo que en este caso estamos todos de acuerdo ya que solo con “Too bad” (mi preferida de toda su carrera), “Stay with me”, “Miss Judy’s farm” y “That’s all you need” ya valdría la pena comprar el disco: se trata de cuatro piezas rockeras que, aun manteniendo algunas deudas con los Stones, suenan muy frescas; y muy propias del estilo de Rod y Ronnie, que son sus compositores. También es muy agradable “You’re so rude”, de Lane y McLagan, aunque no lo puedo evitar: echo de menos la voz de Rod; que deja su impronta en la magnífica versión de “Memphis, Tennessee” del maestro Berry. Una gran versión. En conjunto, es un disco realmente bueno. Y ya sé que soy un pesado, pero añado que refleja perfectamente el estado de gracia del señor Stewart en estos momentos. 

Bueno, pues ya que estamos metidos en el rock, por ahí seguiremos el próximo día; hemos terminado con los grandes solistas, pero nos quedan unos cuantos grupos que ya son familiares a este local. 


16 comentarios:

  1. Escuchar a Rod ahora, a mis cincuenta y seis años, me recuerda que la juventud tiene la obligación de ser excesiva e inmortal. Claro que tenía unas entrañas lo suficientemente sensibles como para hacer Maggie May o Reason to believe de esa manera; pero, además de facultades, le sobraban desparpajo e insolencia.

    Claro que es ahora cuando es un verdadero “crooner”. En su anterior casa de discos se están tirando de los pelos: parece ser que, en plena crisis de la industria, Rod nunca había vendido tanto como ahora.

    Salud.

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    1. Vaya, señor Pez, se nos pone usted reflexivo… y tiene razón en lo de que la juventud “tiene la obligación de ser excesiva e inmortal”: más o menos ese era el planteamiento de Rod y otros en esa época, como lo fue luego de los punkis y compañía. Sí, esa edad cuadra mucho con ese planteamiento. Desparpajo e insolencia, cómo no. Y si aún encima luego nos atacaba con piezas como esas dos, la figura estaba completa.

      Ahora es un crooner, al menos bajo los criterios standard. Y vende un montón, desde luego. Independientemente de lo mucho o poco que a mí me guste su estilo actual, tengo que reconocer que en cierto modo se ha redimido de los excesos de los años 80 y 90. Parece haber aceptado -a medias- la edad que tiene.

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  2. Hola:
    Alegrón me das con estos discos, sobre todo con el Every Pictures, decirte que fué el primer disco que tuve y después del Madman del Elton John es el segundo disco que he oiido en mi vida, y lo sigo oyendo. Perfecto, es la palabra que lo define.
    Los Faces, tambien soberbios, mas currada la música, me gustan todos sus discos.
    Lástima que el Rod se dedicara a los tangas de leopardo y a las horteradas y se perdiera para siempre, pero más lástima es lo que le oido en una entrevista renegando de está època, alegando que era joven y no sabía lo que hacía.
    A la gente joven cuando les dices que Elton John, Joe Cocker o Rod Stewart fueron unos grandes músicos no se lo creen, pues solo conocen su faceta comercial, pero cuando les dejas estos discos, acaban por enganchatrse a ellos.
    Un saludo y a ver que traes el próximo día, aunque tengo la impresión de que proimete.
    Jose

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    1. Es una muy buena pareja de discos esta de Rod y Elton, sí. Tienen incluso puntos en común, como por ejemplo el hecho de que la mayoría de los aficionados los consideran como la obra cumbre de cada uno (aunque esto está muy discutido en el caso de Elton). Y los Faces, aunque a mí me gustan a ratos, tienen su encanto.

      Sí, tiene coña que Rod se justifique por su época alocada; y de un modo u otro, también lo hicieron Bowie o Reed. No sé qué necesidad tenían: a fin de cuentas, esa actitud era parte de su encanto. Aunque al principio: lo peor no fueron los tangas ni ese rubio de frasco que comenzó a usar, (la estética no tiene por qué afectar a la obra), sino los importantes truños con los que nos obsequió poco después. No me extraña que las jóvenes generaciones lo vean con mucho escepticismo, porque como se queden solo con las fotos o los churros de por entonces, los entiendo perfectamente.

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  3. Ahí le has dao, Rick. Fuí de esos que compró “Every picture tells a story” nada más salir por aquí. Un disco redondo (no va a ser cuadrado). Creo que no le sobra nada. Si, esa mandolina etc... Un clásico que no pierde con los años. Lástima de lo que vino después.

    Otra cosa son los Faces (coincidimos). Nada que ver con Small Faces. Esos discos están bien, pero para mí, no son nada del otro mundo.

    Que siga la fiesta.

    Saludossssssssss

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    1. Celebro que tenga usted la misma opinión sobre el “Every picture tells a story”, señor Babelain. No le sobra ni le falta nada, en efecto. Y aunque ya nunca volverá a esa altura, sus dos discos siguientes siguen valiendo la pena.

      Y también yo creo que los Faces no son nada del otro mundo. Cada disco suyo tiene tres o cuatro buenas canciones, y en el caso de “A nod…”, que yo creo es el mejor, prácticamente todas brillan a buena altura; pero Rod en esta época estaba muy por encima. Aunque, como siempre, esto es cuestión de gustos: hay mucha gente de las generaciones más jóvenes que piensa lo contrario, seguramente porque llegaron antes al grupo que al cantante; tampoco se lo echo en cara, ya que como le decía a don José la cosa se hace muy cuesta arriba si el primer Rod que conocieron en su época fue el de los años 80 o 90.

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  4. Veo que por aquí se sigue escuchando buena música!

    Saludos.

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    1. Muchas gracias por su visita, doña Merce. Ya veo yo también que usted sigue a lo suyo después de tanto tiempo…

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  5. Somos injustos con Rod Stewart, parece que sus trajes de brillantina y sus postureos sexys de los 80 nos hace olvidar demasiado a menudo que nos encontramos con una de las más poderosas voces que ha dado el pop británico y que su carrera anterior a esta época gloriosa de solista y componente de Face es realmente interesante y casi diría muy instructiva sobre las vicisitudes musicales de aquel tiempo. También hay que recordar que pasada su tentación "de luxe", este chico de los suburbios londinenses ha enseñado a los propios americanos como revivir de formas respetuosa su enorme legado musical, el que nació en el Tin Pan Alley de Broadway y el que se creó en las más puras corrientes del soul.
    Saludos

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    1. Precisamente, herr doktor, ese es el problema: sus barrabasadas de esa época han erosionado mucho la figura de Rod como lo han hecho con la de Elton. Y desde luego su paso por el blues, el soul o el r’n’b fueron de lo más interesante en los años 60, por no hablar de su trabajo junto a Jeff Beck. Sin embargo, al menos en España, no se hizo realmente famoso hasta que ya se había metido en el exceso.

      Creo que en parte se ha redimido en estos últimos años: como decía al señor Pez, me gustará más o menos lo que hace ahora, pero sí se ha convertido en un verdadero crooner atacando el repertorio tradicional. Lástima que no lo hubiera hecho antes, pero poderoso caballero es Don Dinero. Bueno, eso y su ilimitada egolatría, que de todo hay.

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  6. El disco de Rod Stevart derechito a la carpeta de favoritos. Como en el caso del pianista hortera, solo conocía la etapa final de su carrera que no era para encandilar a nadie. Pero este disco con esas guitarras tan potentes, como en el tema que da nombre al álbum, unidas a su voz de lija son para escuchar repetidamente. La de Reason To Believe es adictiva que dicen ahora, o mejor aún, emocionante como pocas. Gracias por el nuevo hallazgo.
    De los Face solo he escuchado alguna canción suelta. Lo que dice, suenan a los Stones más previsibles, sin más.

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    1. Me alegro mucho de que haya descubierto este disco, señor Chafardero. Como ya habrá comprobado, no sobra ni una sola canción. Y veo también que usted era uno de esos “damnificados” por las etapas posteriores tanto de Rod como de Elton, que efectivamente se hicieron insufribles; aunque como hay gente para todo, hicieron dinero a espuertas.

      Y en cuanto a los Faces, pues en fin: una banda agradable, mejor en directo que en estudio y bastante previsible, efectivamente. Las hubo peores, por supuesto, pero también mucho mejores.

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  7. ¿Ni una mención a Debris? Me sorprende ese ninguneo por su parte a Ronnie Lane, el más británico de los Faces. En cuanto a si los discos en solitario de Rod o los de los Faces son mejores, no estoy de acuerdo con esa afirmación tan generalista que te marcas. Para mi el orden sería algo así como A Nod's > Every Picture > Gasoline Alley > Long Player > Ooh La La > Never a Dull Moment > An Old Raincoat > First Step > Smiler. Mañana podría cambiar algunos de orden, pero los cuatro primeros los tengo bastante claros e incluyen dos discos de los Faces.

    Sobre su caída en el horterismo más súpino, pues no se puede decir otra cosa que lo que el propio Rod confeso en su autobiografía: quería seguir tocando en estadios como fuese. Si eso pasaba por adaptarse a los sonidos más chungos de cada época poco le importaba al hombre. Curioso, porque nunca fue realmente pobre, a pesar de todo las canciones de esta época sobre los más desfavorecidos, pero lo que lo perdió definitivamente para "la causa" fue la tacañería (en el mismo libro también dice que en su vida compró cocaina con su dinero; siempre se arreglaba para que lo invitasen de un modo u otro).

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    1. Con “Debris” no hay problema, don José: sí, es una buena canción, aunque no de las que me matan. Y de todos modos quede claro que no intento ningunear a Lane, al que respeto aunque solo fuese por haber sido casi la mitad de los Small Faces ya que la mayor parte del material de aquel fantástico grupo es obra a medias entre él y Marriott. Hasta ahí, bien. Que ha sido el más británico de los Faces, bueno, saltándonos algún semi country que revolotea en esos discos también podría estar de acuerdo aunque luego, con su Slim Chance, la cosa cambia bastante. Pero ya digo, no tengo nada contra él. Simplemente, no me emociona su estilo.

      Y lo demás también entra de lleno en el campo de las opiniones personales: entre Rod y los Faces mi elección está tan clara como que en esa supuesta lista ordenada yo pondría los cuatro primeros discos de Rod y luego, en quinta posición, el “A nod..”. Ya sabe, cada uno es cada uno. Y por supuesto me reafirmo en el parráfo sobre el revisionismo histórico y la capacidad como compositor de Rod (ayudado generalmente por Wood) en contraposición a los demás. Yo al menos considero que el momento brillante de Lane como compositor terminó, salvo algunas excepciones, con los Small Faces. La época Slim Chance, por ejemplo, se me hace muy aburrida.

      En cuanto al horterismo, ya lo ha dicho usted todo: estadios, mucha pasta, mucha fama y un ego desquiciado. Qué le vamos a hacer. Lo mismito que Elton. Aunque lo de la tacañería ya era un vicio más frecuente: John Mayall se hizo una fama con eso, e incluso hay maledicentes que afirman que el apodo “manolenta”de Clapton no se debía solamente a su estilo con la guitarra sino también a lo que le costaba meter la mano en el bolsillo para pagar una ronda en los bares.

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  8. "Every pictures tells a story" es una verdadera obra maestra de los setenta. Le he vuelto a dar una oportunidad por que lo tenía bastante olvidado. Este es uno de esos vinilos que un dia presté a alguien y que jamás volví a a ver en mi vida. Ahora al verlo de nuevo en este post me he puesto a escribir mientras lo escucho en el youtube y me han venido los recuerdos de golpe. Por supuesto que "Maggie" es única y sobresale en el disco, pero el resto no tiene desperdicio. Es verdaderamente un álbum perfecto.
    Respecto al resto de su discografía, no la conozco lo sufieciente como para opinar, y no es cuestión de ponerse ahora a estas alturas de la vida, sinceramente. Me quedo con este disco redescubierto que ha sido para mi un placer volver a escuchar.

    Saludos.

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    1. Eso mismo pienso yo, don Antoni: una obra maestra, a la que no le sobra ni le falta nada. Y a “Maggie”, “Reason to believe” o la que da título al disco también hay que añadir la versión que hace de “I know I’m losing you”, sencillamente estratosférica. Pero ya digo, todo el disco es una joya.

      Sobre el resto de su discografía, si nos centramos en esta época yo creo que sí debería ponerse a ello: casi todo lo anterior a 1975 tiene cosas interesantes. No digamos ya su fase sesentera, realmente encantadora.

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