martes, 13 de mayo de 2014

El planeta Glam (IX)



(Los Stones) No les va mal. Venden discos, salen en los periódicos: todavía son los segundos tras los Beatles. Lo único lamentable es que podrían haber sido mucho más que eso. Tal y como están las cosas no creo que duren, y eso me alegra. No estaban destinados a hacerse viejos. Existieron para tener éxito en un momento dado y luego desaparecer. Y si les queda algún sentido de la elegancia se matarán en un accidente aéreo tres días antes de cumplir los treinta. 

(Nik Cohn: “Awopbopaloobop alopbamboom”, 1969) 


Terminamos nuestro viaje al planeta Glam con New York Dolls, una banda heredera de los Stones y que acabó representando exactamente lo que se hubiese esperado de Jagger y sus socios, ya que como dice el maestro Cohn, no estaban destinados a hacerse viejos: su esencia se desvirtuó completamente en 1967, cuando en su empeño por seguir la estela de Beatles quisieron ser también respetables y se convirtieron en Sus Satánicas Majestades. Luego lo arreglaron en parte, y tal vez su mejor época sea precisamente a partir del 68 hasta el “Exile on Main St”, pero algo se había perdido por el camino: la frescura, concretamente. Y partir de mediados de los 70, ya prefiero no opinar. Pero en los States y gracias al nuevo descaro del glam, sin la hipoteca de tener que competir contra nadie, New York Dolls tuvieron su momento de gloria y fueron la transición entre el viejo mundo rockero y la nueva generación: vivieron deprisa, murieron pronto y dejaron un bonito cadáver, mientras que los Stones son una renqueante parodia de sí mismos desde hace mucho tiempo. 

1971 es un año de cambios para un pequeño grupo llamado Actress, donde militan Johnny Thunders (solista y voz), Sylvain Sylvain (rítmica), Arthur Kane (bajo) y Billy Murcia (batería). Thunders quiere concentrarse en la guitarra y que cante otro, lo que acarrea el fichaje de David Johansen. A finales de ese año cambian el nombre a “Las muñecas de Nueva York” y tras unas cuantas actuaciones en el circuito de su ciudad pasan a ser dirigidos por Marty Thau, un manager con poder suficiente para que la banda se haga asidua del legendario Max’s Kansas City, donde una noche se presenta Rod Stewart. Rod no tiene la menor duda de estar ante una banda del futuro: por una parte, ve clara su ascendencia Stone (como también la tiene él con sus Faces); y su aspecto depravado, con lentejuelas, bufandas de plumas, tacones de vértigo y mucha pintura, es el puro glam que está triunfando en la Isla gracias precisamente al propio Rod, entre otros. Pero hay un componente más: sumando la música y el aspecto tal vez los Dolls sean un paso adelante en la cadena evolutiva, tal vez y de nuevo la influencia americana ha de actuar sobre los músicos británicos para que el rock sufra otra vuelta de tuerca (porque desde luego el conformismo de bandas como los Faces no va a cambiar nada). Así que se los lleva a la Isla y los enchufa para que abran el festival de Wembley del 72. El público, desprevenido, sin una sola grabación de referencia, se divide en dos bandos: unos, claramente contrariados, abandonan el auditorio para tomar una cerveza mientras otros, absortos en lo que están viendo, se preguntan de dónde han salido aquellos individuos y, sobre todo, cuándo van a tener en las manos un disco suyo. 

No falta mucho para eso, pero antes habrá una desgracia que casi acaba con la banda: cuando solo quedaba un concierto para completar su primera gira isleña, Billy Murcia muere en un confuso episodio de asfixia inducida tras una sobredosis. Por desgracia, las drogas (la heroína, especialmente), serán unas muy presentes compañeras de viaje del grupo hasta el punto de determinar en gran parte su existencia; y esta es la primera vez en la que se plantean la desaparición, pero de vuelta en Nueva York deciden serenarse y buscar un nuevo batería: Jerry Nolan, conocido de la banda y con fama de ser “relativamente” serio. Un episodio luctuoso como este era tal vez el detalle que faltaba para que la fama de los Dolls hiciese ya inevitable su fichaje discográfico: Mercury Records, el sello de Rod en los States, se apresura a contratarlos a principios de 1973 y les pone en manos de Todd Rundgren, que tras su carrera en Nazz alterna el trabajo como músico en solitario con la producción. En el verano de ese año, su primer LP está en la calle. Se trata de un disco que, como los de sus conciudadanos Velvet Underground o los grupos de Detroit como Stooges, no será realmente valorado hasta unos años después; en ese momento, las reacciones del escaso público que llega a oirlo son tan radicales como las que hubo en la Isla: los amas o los odias. 

La producción de Rundgren tal vez no sea la más indicada para una banda como esta, pero consiguió modular el sonido para que, sin perder su vigor, el conjunto suene con una cierta contencíón. Como era de esperar, todo el mundo define su obra como “protopunk”; esa etiqueta, tan inútil como cualquier otra, es sin duda un signo de los tiempos: cualquier disco de Stooges o Blue Cheer suenan mucho más salvajes (no digamos ya los Sonics, para mí la única banda “protopunk” que existió). Solo podría ser aceptable si se habla de la rama punk pop, es decir, los Buzzcocks o los Damned, y aun así habría mucho que matizar. Lo siento, pero yo a los Dolls los veo ni más ni menos que como una banda de hard rock de su tiempo que actualiza el sonido Stones y que (volvemos a lo de antes) tiene un cierto tono pop; esto último no es tan raro, recordemos que también los Ramones tenían esa vena, pero parece que la gente recuerda unas cosas y otras no. La mayor parte del material está compuesto entre Johansen y Thunders, que han dejado algunas clásicas como “Personality crisis”, sin duda la más popular, “Looking for a kiss” o “Jet boy”, además de una magnífica versión -casi una recreación- del “Pills” de Bo Diddley. Las ventas fueron bastante discretas, lo cual es lógico: entre las pintas que tenían y su sonido, el mercado quedaba reducido a las ciudades más rockeras. La revista Creem, por entonces editada por el legendario Lester Bangs, lo reflejó muy bien: en 1973 los New York Dolls figuraban en esa revista como el mejor y el peor grupo del año al mismo tiempo. Bangs los elevaba a los altares, pero no todos sus lectores estaban de acuerdo. 

A mediados del 74 se publica el segundo y último disco de su época clásica: “Too much too sooon”, que parece ser premonitorio. La producción está a cargo de Shadow Morton, una figura del Brill Building que había lanzado años antes a las Shangri-Las, un grupo vocal de la época dorada que Johansen y sus amigos adoran (vaya, ahora recuerdo que los Ramones recurrieron una vez a Phil Spector… qué curioso). El disco es una mezcla muy equilibrada entre originales y versiones; se nota la mano de Morton en los arreglos, con más limpieza pero más eco al mismo tiempo, y el apoyo de coros femeninos. Oimos a Thunders cantando su “Chatterbox”, que recuerda a “Looking for a kiss” de Johansen pero es un claro ejemplo de lo que será su estilo cuando esto acabe, y las versiones están muy bien elegidas. La crítica lo eleva a la categoría de disco de culto, pero no está claro cuál es el público potencial de una banda que por otra parte anda perdida entre el exceso de drogas y alcohol: Mercury los despide, mientras las broncas entre ellos aumentan de tono. Justo entonces aparece por medio Malcolm McClaren, que figura oficialmente como nuevo manager suyo aunque en realidad lo único que hace es proporcionarles ropa. Algo aprendería del negocio, en todo caso: luego lanzó a los Pistols, al parecer inspirado en los Dolls. Pero las muñecas dejaron de existir a principios del 75, aunque algunos supervivientes intentaron seguir viviendo del nombre un poco más. Y aquí termina la historia de una de esas bandas mucho más valoradas ahora que en su tiempo: justo al revés que los Stones, me temo. 



Termina también nuestra incursión por el planeta Glam, un paraje en el que a veces se siente uno sobrepasado por la banalidad pero que ha dado momentos inolvidables en las pistas de baile. Y como es lógico, en este local no podíamos dejar pasar la oportunidad de bailar un ratito más: la semana que viene, fiesta de despedida. Quedan avisados. 


14 comentarios:

  1. A mi me gustaron los New York Dolls en su época. Me gustan más cuando los "veo" además de oírlos. Ganan mucho. Esa mezcla de Stones/punk/glam da mucho juego. A mi no me importa que no sean grandes músicos (todo es discutible) hacen la música que saben hacer, en cierto modo original, aunque no inventen concretamente nada, pero su actitud y su intención lo dicen todo. El primer tema que has puesto "Personality crisis" tiene mucho gancho. Lo acabo de poner en el youtube y me ha dado un subidón jejeje.
    Qué peligro tenían estos tíos.
    Gracias a estos magníficos artículos, hemos dado un extenso paseo por el glam, con sus glorias y miserias.

    ¿Qué nos tienes preparado ahora, Rick?

    Esperando la nueva entrega.

    Saludossssssssssssssssssssss

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    1. Parte de su gancho es la estética, no hay duda: una buena banda de rock siempre cuida ese aspecto. Yo sigo pensando, de todos modos, que lo suyo era el hard rock marca Stones antes que el punk, aunque también puede ser que mi idea del punk sea más radical: insisto en ese toque pop.

      La nueva entrega, como ya se podrá imaginar, es una vuelta a la cronología isleña: 1972. Pero antes tenemos baile, ¿eh?

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  2. Hola Rick:
    No podía faltar esta banda, he estado escuchando el disco del 73 que hacia años lo tenía abandonado y creo que es todo un discazo. Aunque tenga una base hard rockera, creo que se acercan bastante mas al punk, me gusta tu etiqueta de proto-punk, aunque oyendo bestialidades como "Thrash" creo que sobra lo de proto y se convierte en PUNK con mayusculas.
    Nunca me concordó su imagen con su música, el llamar la atención por la imagen es de grupos mediocres y creo que a ellos no les hacía falta. Si este disco estuviese fechado en 1977, sería todo un clásico del punk, pero al final se ha quedado en un disco histórico e intemporal.
    De lo de la fiesta de "Fin de Glam", asistiré, mas que nada a ver si ligo algo, aunque con esta peña habrá que estar al loro para no salir trasquilado.
    Bueno, hasta pronto
    Jose

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    1. Efectivamente, don José: si hablamos de glam, no podían faltar los Dolls. Luego ya cada uno tendrá su mayor o menor aprecio por ellos, pero son inevitables. Pero insisto: sigo sin verlos como una banda punk. Y en cuanto a la imagen, también reitero lo que le acabo de decir a mister Babelain: aquella frase de Zappa de que "el circo es muy importante en este negocio" la suscribo plenamente, por qué no.

      Y espero que en la fiesta glam se lleve usted más de una sorpresa agradable. Ya verá como sí.

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  3. Me jode un poco comentar hoy, pues ni me interesaron en su día ni me interesan ahora. Los respeto porque les gustan a gente respetable, pero de ahí no paso.

    Ya sé que lo de las pintas no es lo importante, pero es que a mí lo del punk –salvo algunas maravillas- no es que me guste o no: me desagrada. Defecto del animal, supongo.

    Dicho lo anterior, aguardo impaciente por asistir a la fiesta, porque sé de su capacidad para sorprenderme.

    Saúde.

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    1. Y a mí me jode que se sienta usted obligado a comentar si no tiene ganas, señor Pez: que esto no es una oficina, hombre...

      Insisto: yo no veo tanto punk en los Dolls. Y en cualquier caso, al menos estas cuatro canciones me parecen muy buenas. Tanto como las 12+1 que disfrutará usted en breve.

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  4. No sabía que Rod hubiese tenido tanta importancia en sus primeros pasos, pensaba que habían sido Leber & Krebs los que habían movido los hilos.

    En todo caso me parecen la principal razón por la que siempre he desconfiado del bombo que se le ha venido dando regularmente a los grupos promocionados por la intelligetsia neoyorkina; el peor disco setentero de los Stones me parece mil veces mejor que cualquiera de los Dolls, los Aerosmith de los setentas se los comen con patatas en todos los sentidos y así podría seguir hasta aburriros mortalmente. Pero claro, Jagger, Richards, Tyler y Perry no se murieron y encima son megaestrellas, imposible que puedan ser tan autenticos como los Dolls. En fin...

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    1. Muy buenas, señor Fernández. Sobre la cuestión Leber & Krebs hay que recordar que fueron simples ayudantes de Marty Thau. Thau, un personaje de larga trayectoria ya por entonces, fue el verdadero manager y promotor de los Dolls. Pero como andaba en tres o cuatro asuntos al mismo tiempo, Leber y Krebs entraron a sus órdenes para controlar la contabilidad y la administración. Luego sí, cuando cogieron a Aerosmith ya fueron ellos los jefes del tinglado. Y Rod no es que fuese más o menos importante: Marty Thau lo convenció para ver a los Dolls en el Max’s Kansas City, le gustaron y se comprometió a negociar con los promotores del festival de Wembley, donde por supuesto también actuaría él. En todo caso aquello fue una verdadera gira por medio país, y no creo que Rod influyese sobre el resto de las actuaciones: que yo sepa, todo el montaje lo preparó Thau.

      En cuanto a la inteligentsia neoyorquina, no se preocupe: también a mí me caen como una patada en salva sea la parte. Además soy poppy, me gusta que me engañen, y el asunto de la “autenticidad” me importa un carajo, puede estar usted seguro. En realidad los tiros no van por ahí: Cohn ataca en su libro a casi todo el mundo, como debe ser; pero lo hace generalmente porque las bandas pierden la humildad con el paso del tiempo. Esto sería muy largo de explicar, pero en síntesis la cosa viene siendo: “somos mucho más que una banda: somos la manifestación de una forma superior de inteligencia”. Y así es como se acaban perdiendo los papeles. Pero tampoco importa mucho.

      Y en cuanto a la obra musical, los Dolls salen aquí porque era necesario, no porque yo sienta una gran afición por ellos: me gusta media docena de canciones suyas, y punto. De todos modos, lo mismo me pasa con Stones, Aerosmith y demás familia: el hecho de ser poppie hace que me canse enseguida de este tipo de músicas salvo que tengan un componente melódico o de mala leche real, palpable, como el que consiguen Who o Kinks, verdaderas bandas británicas y no americanas como los Stones, que llevan cincuenta años viviendo de los mismos acordes. Que sigan vivos o muertos me da igual, pero por supuesto no les deseo nada malo; simplemente, no siento la más mínima empatía con Jagger y sus socios.

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  5. No me parece justo el comentario sobre los Stones , uno puede quedarse con su época más florida pero con un poco de ecuanimidad también hay que valorar sus aportaciones musicales en los 80 y primeros 90. Todavía seguimos con aquel viejo mito romántico de que el héroe debe morir joven para no perder legitimidad.
    Me gustan los New York Dolls y los considero un grupo de enorme calidad. Yo también soy de la teoría de que su mundo está más cerca del punk que del glam por mucho que hubieran sido tuneados por Malcolm McCLaren que se lanzó sobre el punk londinense después de haber quedado impresionado con la experiencia de NYD.
    Recientemente un escritor español, Carlos Zanón, ha escrito una novela negra muy buen considerada por la crítica titulada
    "Yo fui Johnny Thunders"
    http://www.abc.es/cultura/libros/20140118/abci-carlos-zanon-verso-libre-201401172112.html

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    1. La cuestión Stones, herr doktor, la he dejado más o menos aclarada al señor Fernández: me gustan unas cuantas canciones suyas, especialmente de los años 60, pero a partir del archifamoso "Exile..." me empiezan a cansar. Incluso voy más alla: el propio "Exile...", la obra cumbre, lo más de lo más, me cansa un poco también. Qué quiere que le diga: Mississippi y sus pantanos me gustan para un rato, pero no son lo mío. En cuanto a que el héroe muera joven, ya, he recurrido a la frase standard y tal vez no debería. Pero no se preocupe, yo no tengo héroes: todos pueden morirse tranquilamente en su cama a edad provecta.

      En cuanto a Thunders, ya ve: es un personaje que nunca me ha caido bien. Precisamente por ese halo heroico que, en su caso como en el de otros, no veo por ningún lado.

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  6. A estas dulces muñecas yo las conocía más por las pintas que gastaban que por su música. Sí que me recuerdan a unos Stones gamberros y Personality crisis es muy buena. Vista su corta discografía creo que me voy a aventurar en ella.
    Ya he sacado mi entrada para el fin de fiesta, a ver con qué nos sorprende.

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    1. Pues venga, señor Chafardero: solo son dos lps, que en conjunto resultan bastante agradables. Luego le gustarán dos o tres canciones de cada uno, pero no llegan a cansar.
      Y nos vemos en la fiesta.

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  7. Cuando leí este post la semana pasada no había incluido usted ''Chatterbox'', y me alegro mucho de que esté aquí, pues es mi preferida de los Dolls, junto a ''Vietnamese baby'' y ''Jet boy''. 'Personality crisis' me gusta menos, ya ve. Escuché mucho a este grupo en su momento, y ahora me quedo con unas cuantas canciones, que todavía escucho sueltas. No sabía unas cuantas cosas de su formación, ni el papel de Rod Stewart. Ciertamente la etiqueta proto-punk es absurda, pese a que algunos grupos punk posteriores mostrasen admiración por los Dolls. Incluso los españoles ''Eskorbuto'' fueron influidos por los Dolls, jeje.

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  8. ¡Hombre yerno, cuánto tiempo! Es usted un verdadero Guadiana, sí señor. Imagino que andará usted muy liado, porque su blog ya lleva sesteando bastante tiempo. E imagino también que ese exceso de trabajo habrá afectado a su nivel de concentración; no otra explicación puede haber para esa afirmación suya de que "no había incluido "Chatterbox". Pues sí, estaba incluida desde el primer momento, ya que se trata de una de las piezas más relevantes del segundo LP de los Dolls, al menos para mí.

    Y sí, lo de las etiquetas ya lo hemos hablado varias veces. Sigo sin verle, a los Dolls como a otras bandas, tanta ascendencia punk como le ven otros, pero en fin: será un problema de percepciones.

    Bueno, pues nada: a ver si no pasa otro semestre antes de volver a tener noticias suyas, ¿eh?

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