martes, 30 de septiembre de 2014

1972 (XII)



La nómina de solistas asiduos de este local se cierra hoy con las dos grandes voces de la época: Rod Stewart y Joe Cocker. Ambos se han trabajado su carrera con una perseverancia similar a la de Bowie, pero mientras Rod se hizo relativamente popular casi desde el principio alternando grabaciones en solitario con su participación en agrupaciones históricas como Steampacket, Shotgun Express o la primera banda de Beck, el pedigrí de Cocker no es tan lustroso. En cualquier caso los dos se consagraron definitivamente a finales de la década pasada, llegaron a la cumbre a principios de los 70 y se hallan ahora en un momento decisivo.

Rod tiene que batirse contra la memoria de “Every picture tells a story”, su disco del año pasado; un disco de sombra muy alargada, que dejando aparte su éxito comercial ha quedado también como el más brillante de toda su carrera. Y como buen conservador que es, decide que el disco siguiente ha de parecerse en todo lo posible, así que “Never a dull moment”, publicado en la primavera del 72, es una fiel continuación. Tanto que un hipotético disco doble, es decir, que contuviese el material de los dos, habría sido lo más lógico: tiene su mismo espíritu, el mismo sonido, casi los mismos músicos y un éxito de ventas parecido. No hay una nueva “Maggie May” porque eso es imposible, pero “You wear it well” (compuesta de nuevo, al igual que Maggie, por Rod y Martin Quittenton) se defiende bastante bien en su lugar. Y su homenaje periódico a Dylan se cumple esta vez con “Mama you been in my mind”, una de esas piezas de segunda fila que ni siquiera fue publicada en su época y que Rod hace suya, por supuesto. 

Hay que llegar hasta el final de la cara B para encontrar uno de los momentos más memorables del disco, la versión que Rod nos presenta de “Twisting the night away”: esa versión hace justicia a su pasado, le hace quedar en paz con una de las influencias más notables en toda su carrera hasta entonces. Una influencia que él mismo reconoció de este modo: “Años antes, hubo un momento en el que comprendí que no me parecía a nadie; bueno, sí, me parecía un poco a Sam Cooke. Así que me puse a estudiarlo”. Cooke es uno de los santos patrones de la parroquia mod, y no es extraño que un cantante conocido como “Rod el mod” diga eso: la historia del soul no sería la misma sin Sam Cooke, y la carrera de Rod tampoco. Volviendo al disco, quedan algunas joyitas como “Lost paraguayos”, uno de esos divertimentos creados a medias entre él y Wood, o la sorprendente versión del “Angel” de Hendrix, otro homenaje a un amigo muerto. En conjunto, y aun admitiendo que “Every picture…” es imbatible, esta es una continuación muy digna que confirma su estrellato y por otra parte complica su pluriempleo en los Faces: su relación con ellos va de mal en peor, su desgana es notable y casi no aparece por el estudio donde el grupo está preparando un nuevo disco, que saldrá el año próximo. La cosa pinta mal. 

Joe Cocker también tiene que batirse contra una sombra, la suya propia, que es muy grande: en solo dos años (1969/70), con dos discos en estudio más un doble directo legendario y algunas giras, entró por la puerta grande en la historia del rock gracias a una voz prodigiosa y a un espíritu que se entrega completamente en cada canción hasta extremos casi insanos. Y esa entrega, sumada al alcohol y otras substancias que lo mantuvieron en pie mientras tanto, casi acaba con él. Fue demasiado trabajo concentrado en muy poco tiempo: tras el shock anímico y físico que lo recluyó durante más de un año, es lógico que haya dudas sobre si su recuperación ha sido plena o no, si se ha domesticado o sigue dando zarpazos. Y “High time we went”, aquel single tremebundo que lanzó su sello a mediados del año pasado para entretener la espera, ha dejado muy buenos recuerdos, pero de eso ya hace tiempo: hasta finales de 1972 no llega su nuevo disco grande, titulado “Something to say”. Es decir, hay un período exacto de tres años entre su anterior trabajo en estudio y este. Muchas cosas pueden haber cambiado. 

Como siempre, Chris Stainton y su amplia nómina de músicos están presentes, lo cual parece indicar una continuidad. Sin embargo llama la atención el hecho de que solo hay tres versiones: la mayor parte de las piezas son propias, a diferencia de los discos anteriores; esto tiene su lógica, ya que tanto tiempo en el dique seco ha permitido a Cocker y Stainton concentrarse en la escritura. La cara A, donde todas son originales, se abre con “Pardon me sir”, una pieza de medio tiempo, muy agradable, y tras ella viene la ya conocida “High time we went”; las otras tres son un tanto cansinas, muy americanas, entre la balada y el blues con un vago aroma a Nueva Orleans. En la cara B es donde se hallan las versiones, de las cuales dos son en directo tal vez para recordarnos que ahí sigue estando su fuerza; se trata del “Do right woman, do right man” que popularizó doña Aretha Franklin cinco años antes, y “St. James Infirmary”, una standard cuyos orígenes parten del siglo XIX y que salta a la fama a finales de los años 20 gracias a Louis Armstrong. La primera, que ya era formalmente un góspel en la voz de Aretha, se lentifica y se hace más intensa, más desgarrada; la segunda, cuyo título original incluía el término “blues”, se renueva totalmente con respecto a las versiones tradicionales para convertirse en una balada blues rock. Y la versión en estudio resulta un tanto decepcionante al menos para mí, aunque tal vez sea debido a que se trata de “Midnight rider”, una de las canciones bandera de los Allman Brothers: me recuerda un poco a Feeling alright”, la pieza de Traffic que había versionado años antes, y tampoco aquella me acabó de convencer. Emparedada entre las versiones encontramos una original, “Woman to woman”, una especie de funky muy contundente con una escala de viento que se repite de forma obsesiva y convierte a la canción en una de sus clásicas. 

En resumen yo diría que nos hallamos ante un buen disco, pero que la memoria de los anteriores lo oscurece un poco: hace tiempo leí una crítica donde se decía que casi sonaba como un veterano que ya hubiese pasado su época dorada. Tal vez hay algo de eso, tal vez el agotamiento que le causó esa época lo haya marcado. Las ventas en los States siguen a toda marcha, mientras que en la Isla parece cundir la decepción. Pero posiblemente no le importe mucho: oyendo el disco de nuevo es evidente que no quedan influencias británicas, si es que alguna vez las hubo. Cocker parece tener claro que su futuro tanto artístico como económico está al otro lado del charco. Y eso mismo le pasará muy pronto a Stewart, por cierto. Incluso el aspecto de las portadas de los dos discos, un tanto desdibujadas, casi nostálgicas de otro tiempo, parecen tener una intención oculta que no conseguimos descifrar. 



12 comentarios:

  1. Estupenda selección de solistas, ambos con discos imprescindibles en aquellos años...hoy no son ni la sombra de entonces.

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    1. Las verdad, don Antoni, es que no hay mucho donde escoger en cuanto a voces: salvo que nos metamos en cantantes minoritarios del tipo Terry Reid o similares, estos dos son los más populares de la época. Y desde luego, hoy no son nada más que máquinas de hacer dinero. Comprendo que a su edad no tienen por qué estar en la cresta de la ola, pero podrían mantener un poco el tipo. Aunque bueno, Rod sigue siendo un crooner a su estilo.

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  2. Ave Maria Purísima, y lo digo por el silencio que hay en este tugurio, si parece una iglesia de la paz que se respira.
    Como tu dices, competir con el Every pictures.. es simplemente misión imposible, este disco, es uno de los de llevar a la isla.Con este, Rod Stewart, empieza su decrepitud, que a lo largo de los años a llegado a límites insospechables, de todas formas todavía tiene bastante de decencia.
    Con Joe Cocker, me pasa que a pesar de gustarme sus discos sesenteros, este es mi disco favorito, el "Hight time we went", es uno de mis temas favoritos, vaya brutalidad, lástima que el Joe Cocker fuera perdiendo fuelle hasta desinflarse completamente.
    Me pregunto por que los músicos van de bien a mal y nunca al reves, no conozco a ninguno que empezaran mal y acabaran haciendo grandes cosas, quizás es que mi memoria ya me falla.
    Bueno, un saludo
    Jose

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    1. Ya, es lo malo que tienen estas series, que no hay música. Pero por otra parte tampoco es necesaria, ya que los discos que se citan aquí son los más populares de cada año, son muy fáciles de pillar.

      En cuanto a Rod, ya digo que el "Every picture..." es imbatible. Pero este no desmerece a su lado, tiene casi la misma altura; como la tenía el anterior, por cierto. En conjunto, tenemos un trío de discos muy notables.

      De Cocker, y dejando aparte el doble directo, a mí me gustan más los dos primeros que este. Aunque desde luego "High time we went" es una salvajada que no tiene nada que envidiar a cualquier ciosa que hubiese hecho antes.

      Los músicos dependen mucho de la creatividad y el sentimiento. Supongo que este tipo de música no es para gente mayor, ya que efectivamente el caso contrario no se da. Salvo que nos vayamos a los g-eneros tradicionales, claro. Y aun así.

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  3. Yo he escuchado ambos discos mientras estaba a otros menesteres, así que quizás mi opinión sea poco fundada. Stewart luce muy bien su bronca voz en este Lp. Decididamente, me estoy reconciliando con este rubio de bote.
    Por la obra de Cocker he transitado con bastante indiferencia, y el tema que más me ha gustado ha sido la versión de St. James Infirmary. Los dos primeros temas también son de recibo, pero tampoco es para echar cohetes la cosa.

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    1. Me alegro que haya cambiado su opinión sobre Rod, mister Chafardero: al igual que Elton, su horrorosa carrera posterior no quita para que reconozcamos que hubo tiempos mucho mejores. En cuanto a Cocker, quizá sea un poco denso de más a vaces. Tampoco a mí me gusta oirlo durante mucho tiempo: es una voz y un estilo muy intensos pero a veces cansinos, y tal vez sea mejor disfrutarlo de poco en poco. .

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  4. Maravillosa entrada la de estos dos monstruos.

    No siempre voy a estar de acuerdo con el respetable: pese haber perdido aquel irrespetuoso desparpajo juvenil, aún hoy oigo con agrado a estos provectos señores. Claro que prefiero lo que hacían en 1972 y años anteriores, pero creo que es muy digno lo que hacen ahora.

    Por otra parte, ambos han demostrado que, con personalidad propia y mucho arte, pueden hacer versiones de cualquiera sin desmerecer; y a veces mejorando ostensiblemente el original.

    Saúde.

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    1. Gracias, mister Pez. Yo también oigo con agrado a estos señores hoy en día... pero siempre que se trate de sus discos de entonces. Lo que hacen ahora no sé si será digno o no; puede que lo sea, pero no me conmueve en absoluto. Su clientela hoy en día es otra.

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  5. Rick, después de facturar una maravilla como “Every picture tells a story”, es complicado continuar con ese nivel. Esta continuación que dices que podría haber sido el segundo de un L.P. doble, la tengo menos oída y lo que recuerdo me parece que seguía casi en la línea, pero con ese “casi” inevitable después de esa maravilla.

    No siempre se dan todas las circunstancias para conseguir una obra como esa y menos en el caso del Rod Stewart, que se “dispersa” con mucha frecuencia (está en su derecho, no soy yo quien diga qué es lo que debe hacer)

    Soy fan descarado de Joe Cocker y más, cuando sacó esa bestialidad del Mad dogs… por cierto, con el magnífico Chris Station (qué gran músico) León Russell y todos los que participaron en esa memorable gira. Este “Something to say” me gusta mucho, no se si está en decadencia ya, a mi no me lo parece mucho; debe ser por que lo oí mucho en su momento y me parece un clásico (en mi casa)

    Esto parece la enciclopedia de la música. Nos vamos enterando de muchos detalles que se nos escaparon en su momento.

    Gracias, Rick.

    Saludosssssssssssssss

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    1. Ya, si la cosa no tiene mucha discusión, "Every picture..." es su momento cumbre. Pero como le decía a don José, y aun admitiendo esa cumbre, tanto su disco anterior como este que le sigue son muy dignos. Podríamos decir que la cumbre más alta está flanqueada por otras dos de tamaño también respetable.

      Y en cuanto a Cocker, ya veo que también usted es fan del "Something to say". Y le respondo lo mismo: dejando aparte el "Mad dogs..." que por ser un directo juega en otra liga, yo prefiero los dos primeros, pero tal vez sea porque este me resulta un poco americano de más, o algo así.

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  6. Personalmente lo que más me gusta del disco de Rod Stewart es la alegría que se desprende de cada uno de los temas. Hay un dinamismo y una vitalidad notable. Hablas de las versiones y de ese tema de su gurú, Sam Cooke, que como sabes también es mi cantante favorito, pero a mi me gusta más esa versión de I'd Rather Go Blind posiblemente porque siendo en si mismo un tema que me resulta irresistible Rod, consigue interpretarlo de maravilla.
    No veo tanto júbilo en las canciones que he podido escuchar del disco de Joe Cocker, tres o cuatro. No dudo de sus cualidades interpretativas pero tiene un toque pesado que no me consigue atraer. Sé que por aquellos tiempos tuvo una vida demasiado acelerada y efectivamente parece cantar como un veterano de mil batallas. Además, pareciera como si cada tema con esos comienzos lentos que luego se van acelerando solo adquirieran su sentido en el éxtasis final cuando estalla el volcán de su voz.
    Saludos

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    1. Sí, tiene momentos muy animados, aunque Rod siempre sabe compaginar eso con otras canciones más intimistas. Teniendo en cuenta que las versiones son una gran especialidad suya, luego ya cada uno va a gustos; "I'd rather go blind" es otra maravilla, pero también hay que tener en cuenta que el blues ya da de entrada una presencia digamos más "canónica" que el soul... o algo así. En cualquier caso, son radicalmente distintas pero yo diría que complementarias para entender la gran versatilidad del rubio.

      Y Cocker no, la verdad es que muy alegre no se le ve salvo en la versión de "Midnight rider" y poco más. Estamos de acuerdo en que llega a hacerse un poco pesado, o "denso de más" como le he dicho al señor Chafardero -quizá trantando de parecer elegante en esa valoración. A m-i, honradamente, me acaba cansando. Es para tragos cortos, o al menos lo es con la perspectiva de hoy en día.

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