martes, 7 de abril de 2015

España: ascensión y caída (XX)



Una de las características más destacadas en el último trienio de los años 60 es la aparición de los cantautores y los folcloristas. Los cantautores suelen estar inspirados en uno de los dos grandes modelos de la época: el yanqui o el francés. El primero está simbolizado por Pete Seeger (a medio camino entre lo social y lo folclórico) o Woody Guthrie (cuya guitarra “mataba fascistas”) hasta la llegada de Bob Dylan, que potencia el elemento musical y le da la misma o mayor importancia que al literario (que también se hace poético). Su alternativa, la escuela francesa, es más sobria y está representada por Georges Brassens y sus “descendientes”. Podríamos citar a Manolo Díaz como el primer cantautor nacional, puesto que además de sus composiciones -generalmente de tono social- para los Pasos, Bravos, Massiel y otros cuantos, comienza a grabar a su nombre algunas canciones como “Ayer tuve un sueño” (que primero lanzaron los Pasos) inspirada en Martin Luther King; es curioso su segundo LP, rápidamente censurado en España, en el que se dedicaba una canción a cada uno de los líderes políticos más conocidos en la época. Sin embargo, el carácter un tanto ácrata de Manolo lo llevaba a alternar ese tipo de temas con otros tales como los marcianos o la distopía electrónica, y sus letras a veces eran demasiado infantiles -además de una fuerte tendencia a la declamación que no le favorecía: él mismo reconoció años después que esa no fue su mejor época. Sin duda su verdadero valor llegará luego, cuando abandona el micro, se pasa al otro lado y lanza a Aguaviva o apoya a Vainica Doble y muchos otros. 

En cuanto al folclorismo, considerado hasta entonces como un divertimento de profesores estrambóticos que se dedicaban a recorrer el país grabando en un magnetofón cancioncillas rurales de viejas, cancioncillas que solo les interesaban a ellos, parece que la cosa comienza a cambiar: el zamorano Joaquín Díaz, que con dieciocho años ya tiene un grupo estable y que con veinte abandona sus estudios de Derecho y Filosofía para dedicarse por completo al folclore y la etnografía, celebra esos veinte años en 1967 con un gran viaje a Estados Unidos, actuando en varias universidades de postín, repasando su ya extenso conocimiento sobre las piezas tradicionales de aquel país y admirando el trabajo de otros iguales suyos como el gran Alan Lomax, que a su vez ya había estado en España a mediados de la década anterior; bien, pues Joaquín Díaz será nuestro Alan Lomax. Y a la vuelta se reúne con Carlos Guitart, el ex Sonor que tras su paso por los Flecos es ahora el director artístico de Sonoplay/Movieplay (y con esto se redondea el círculo Sonor: Manolo Díaz y Carlos Guitart a un lado del negocio, los Bravos y los Pasos al otro son la herencia de un grupo que, si en su producción musical no tuvo mucha relevancia, como escuela para el futuro es de los más importantes en la historia de España). Carlos ya estaba “espiando” a Joaquín desde un año antes, y por fin consigue cazarlo: en 1967 llega a las tiendas su primer disco, con piezas tradicionales del folklore nacional. 

Como es lógico, las ventas del disco son escasas, y seguirán siéndolo las de sus discos posteriores: no hay clientela aún para ese tipo de repertorio, que al gran público le resulta "aburrido". Pero pero por su bajo coste de grabación no dan pérdidas, y a partir de entonces Joaquín será la primera referencia folkie nacional además de participar en otros sellos especializados, dirigir colecciones e irse convirtiendo en una de las mayores autoridades españolas sobre el tema. Pero no disfruta con las actuaciones: su verdadera afición es recolectar piezas perdidas, y por otra parte es consciente de que para hacer popular el folclore ante las nuevas generaciones es necesario darle un poco de “alegría”, con buenos juegos de voces y una instrumentación más nutrida. Es entonces cuando se cruza con un grupo de universitarios aficionados al género pero sin una idea muy clara de por dónde tirar. Los muchachos en cuestión solían acudir a un auditorio que celebraba Ángel Álvarez los domingos por la mañana y en el que se charlaba sobre todo tipo de músicas; Joaquín los conoció allí, y poco después se los presentó a Carlos: se trataba de los hermanos Juan y Gabriel Arteche (guitarras, mandolina, bajo y voces), Pilar -Pat- Alonso y Laura Muñoz (voces), Juan Cuadrado (instrumentos de viento), Ignacio Sáenz (eléctrica), Chema Martínez y Jaime Ramiro (acústicas, banjo y voces). Poco después, en Mayo del 68 (menuda coincidencia), entran en el estudio para grabar un LP titulado “El folklore de Nuestro Pequeño Mundo”, un disco cuyo éxito sorprenderá a sus propios creadores: Joaquín Díaz escribe en la contraportada, tal vez sin mucha convicción, que “el tiempo del folklore ha llegado”, y resulta que acierta. 

Nuestro primer gran grupo folk presenta una colección de trece canciones: cinco son del repertorio estadounidense, hay dos irlandesas y una de España, Francia, Israel, Inglaterra, Grecia y “África” (desconozco qué país). Algunas ya fueron popularizadas por Peter, Paul & Mary, los Tokens o Nina y Frederick (y la africana figura en las primeras grabaciones caseras de Joaquín), pero la potencia y la hermosura de los juegos vocales que consiguen nuestros amigos universitarios son tremendas, y en concreto hay una que publicada en single llega al número uno de algunas listas nacionales: “Sinner man”. Nosotros éramos aún unos críos, pero la sensación fue extraña y emocionante a la vez: de pronto te sorprendías, o sorprendías a tus colegas yeyés, tarareando esa pieza o incluso otras “mucho peores” como “Me casó mi madre”, la española del ramillete, sobre la cual Joaquín resume perfectamente la idea en aquella contraportada: “Ni que decir tiene que ningún cantante español joven que se preciara de serlo hubiera osado interpretar, hace cinco años, “Me casó mi madre” aunque miles de personas se lo estuvieran pidiendo mentalmente con toda sinceridad”. Esa es la cuestión, que los españoles sentían vergüenza de su folclore tal vez por la misma razón que la sentían de su bandera: porque después de una salvaje guerra civil en la que los ganadores se apropiaron de España y de todos sus símbolos, el único recurso que le quedó al otro bando fue rechazar cualquier cosa que pudiese asociarse con ellos, empezando por el propio nombre de España: algunos progres ya comenzaban a decir “este país”. Y los colectivos más concienciados, como Els Setze Jutges en Cataluña o Voces Ceibes en Galicia, estaban contra la utilización del folclore por considerarlo “reaccionario”. 

Ante el éxito del LP y sus singles correspondientes, en 1969 llega el segundo, titulado “Buenas noticias de Nuestro Pequeño Mundo”. El criterio es muy parecido, pero las piezas españolas comienzan a ser más abundantes aunque la yanqui “Good news” -que da medio título al disco- es también la más popular en single. Las ventas bajan un poco, en parte porque ya se ha amortizado la sorpresa por la novedad y porque los progres que dije antes comienzan a echarles en cara su ausencia de “compromiso”: en vez de tantas canciones de viejas, lo que mola es la canción protesta, denunciar el sistema, los burgueses y demás enemigos de la clase proletaria (al estilo más francés que yanqui). Yo, sin ser de un bando ni otro, creo que ambas propuestas son razonables, pero ya saben ustedes que para las mentes sectarias solo cuentan sus idolatrías. El caso es que algunos miembros del grupo comienzan a dudar: entre 1969 y 1970 tienen lugar unas cuantas idas y venidas, junto a algunos proyectos aislados que no siempre son compatibles. Por fin, en 1970 veremos su tercer disco grande, “Uno por uno”, título que refleja las tendencias personales de cada uno de los integrantes de grupo en ese momento y que incluye piezas propias. Pero su época más recordada fue esta primera, en la que abrieron el camino para otros; por lo tanto, aquí lo dejamos junto a un paquetillo con mis preferidas de sus dos primeros discos. 

Y como dije al principio, pronto veremos a Manolo Díaz apoyando la nueva corriente musical con algunos protegidos suyos; luego vendrán Jarcha, Vino Tinto y otros músicos que, unos más cercanos a la canción de autor y otros al folclore, conseguirán hacerse un sitio. Pero el mérito del visionario es para Joaquín Díaz, un tipo peculiar y valiente. 


14 comentarios:

  1. Muy interesante la figura de Joaquín Díaz, un tipo excepcional y fundamental para la música popular española por lo que veo. Me gustaría saber si puedo conseguir más información sobre él ¿conoces alguna reseña bibliográfica de interés? Por lo demás tu trabajo sobre la historia de la música popular española es extraordinaria. Un saludo

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    1. Muchas gracias, don Antonio. Sobre Joaquín Díaz y su legado, creo que lo mejor es que visite la página de su Fundación, donde viene prácticamente todo:

      http://www.funjdiaz.net/

      A modo de miscelánea, este es un blog dedicado íntegramente a él:

      http://cancioneroderomances.com/

      Creo que con estas dos páginas ya hay suficiente para hacerse una idea cabal sobre quién es este señor.

      Un saludo.

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  2. Buenas, a mi me pilló la salida de su primer L.P. recién llegado a Madrid. Cómo soy "rarito", me lo compré, ya que mis hermanas mayores eran mas o menos progres y me lo recomendaron. Si me preguntaban en aquella época ¿tú que prefieres, Beatles o R. Stones? yo contestaba. Beatles, R. Stones, Kinks, Who, Animals, S. Faces... y luego seguía con los americanos... y luego con los oriundos. Quiero decir que lo probaba todo, incluido este disco de folclore, a pesar de que el rollo progre que imperaba en la mayoría de las universidades madrileñas no me gustaba un pimiento. La verdad es que lo disfruté a tope. Son canciones que se quedan dentro para toda la vida, de esas que se tocan en torno a una hoguera en una acampada. Después de ese primer disco, los perdí de vista (de oído).

    Joaquín Díaz si que era verdadera institución en esto del folclore, lo que pasa es que para aquella época, a nosotros los "modernos" nos parecía un tipo demasiado serio cuando se ponía a cantar esas canciones que rescataba del folclore más recóndito. Lo que no le quita ningún mérito.

    Coincido con AntonioR, en que tu trabajo sobre la historia de la música en España es extraordinario. No es la primera vez que se dice aquí, ni será la última.


    Saludosssssssssssssssss

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    1. Yo los oí por la radio la primera vez, y luego en las máquinas de discos de los bares y los billares: mis sitios de esparcimiento preferidos. Habría que hacerle un monumento a esas máquinas, que nos descubrieron tantas maravillas. Y sí, yo también era de escuchar todo lo que salía, por si acaso. Gracias a eso a veces se descubrían músicas insospechadas, de esas que tus colegas no te recomendaban, no se sabe si por no conocerlas o por tenerles prevención; en ese orden de cosas, es evidente que los progres eran sectarios como ellos solos.

      Don Joaquín hay que reconocer que como intérprete era un poco pesado, y él lo sabía. Por eso trató de evitar la escena. Ah, y gracias por las alabanzas; pero tampoco exageremos, que si no se va a llenar esto de babas.

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  3. Gracias por su valentía al incluir a estos tipos, que no sé si rozan mucho esto del pop. Sus conocimientos musicales abarcan un amplísimo arco.

    El single de este LP fue uno de los tres primeros que compré en mi vida y, como dice el señor Babelain, se me ha quedado para toda la vida. Además, creo que Cuadrado estudió en los Maristas de Lugo, y tengo (he de buscarla) una foto con él (que es bastante mayor que yo), pues era el abanderado del colegio.

    Tuve una novia castellana, y no estábamos de acuerdo: yo defendía que el propulsor / recuperador del folck español era Joaquín Díaz y ella decía que había sido Agapito Marazuela. Yo era de Nuestro Pequeño Mundo y ella de Nuevo Mester de Juglaría. Lo importante no era tener razón, sino discutir. Por otra parte, el bueno de Joaquín Díaz no era la alegría de la huerta cantando, precisamente.

    Debe de ser porque todos esos grupos que citas me retrotraen a aquella mi primera juventud, pues me resulta emocionante oír sus canciones ahora.

    Saúde

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    1. Gracias por su valentía al contestar, mister Pez. Y sí, el folk es parte del pop (apócope de "popular"). Otra cosa es el rock, más exclusivo. No sabía lo del señor Cuadrado, aunque sí recuerdo que uno de ellos era lucense o de la provincia. En cuanto a su novia castellana, si nos ponemos estrictos tiene razón... en parte. Don Agapito es muy anterior a don Joaquín, pero esa diferencia de casi cuarenta años años lo cambia todo: en su época no había ni la oportunidad ni los medios, y cuando terminó la Guerra Civil fue represaliado. Es decir, que estamos ante un pionero muy lejano. Y sobre el Nuevo Mester de Juglaría, bueno, eso ya es una cuestión de gustos: yo los veo demasiado puristas, pero en fin.

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  4. Hola Rick:
    Pues, ayer recogí el paquetito y como buen chaval fui a hacer los deberes de escucharlo, me veia a mi mismo como a un cordero entrando en un matadero, menos mal que mi compañera me animó diciendo que eran muy buenos.
    Para ser sincero, yo en esa época era un rudo rokero de mirada oscura y cara de mosqueao, y de todas esta músicas pasaba olimpicamente. Pero manda güevos que los tenga que descubrir mas de cuarenta años después, si, conocía el "sinner man" y el "Me casó mi madre" como todo el mundo, pero ayer me lo pasé bomba, sobretodo con los temas estos tipo country americano, hasta al "Sinner Men· me encantó con ese ritmillo a lo "Johnny Cash" (Tampoco lo podía ver ni en pintura y ahora es uno de mis idolos).
    Me sorprendió escuchar "Green back dollar" un tema que me fascina, incluso incluí la versión de "Astronautas" en un viejo "Tommentón".
    Esto de hacer los deberes que nos ponen los coleguis está muy bien, siempre hay sorpresas.
    A ver con que nos sorprendes ahora, quizás "los principios de la rumba catalana", ah, por ahí si que ya no paso que soy de la "Antilolailo league".
    Un saludo
    Jose

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    1. Así me gusta, don José: obediente y bien educado. Es cierto que había mucha gente en aquella época que le hacía ascos a este tipo de grupos, tanto los progres como los rockeros; pero gracias a eso está ha disfrutado usted ahora de redescubrirlos, así que todos contentos.

      Y no se preocupe: la rumba catalana no va a salir aquí. Otra cosa son algunos otros catalanes, y el primero está al caer.

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  5. Joaquín Díaz ha hecho una gran papel en la recuperación de la lírica tradicional, con esos romances que gracias a él han revivido. Otra cosa es el aspecto musical, las monótonas melodías de esos poemas dejan a uno amodorrado rápidamente.
    Lo que no sabía es que había estado detrás de Mi pequeño mundo, grupo de nivel, aunque nunca les seguí muy de cerca.

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    1. Totalmente de acuerdo en lo de la modorra, mister Chafardero. Él era consciente de esa debilidad y procuró no dar mucho la tabarra, aparte de que como digo arriba lo suyo no eran las actuaciones. Su gran obra, en lo que respecta al mercado popular masivo, son efectivamente Nuestro Peuqeño Mundo. Lo cual demuestra que para buscar buenos intérpretes sí tenía vista.

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  6. Hay demasiados prejuicios contra esos grupos y se consideraba que el folk no era una rama de la música pop, teniendo en cuenta el origen primera de esa palabra. A mí me encantaba este grupo pero tenía mis manías hacia a aquellos que usaban como percusión una botella de anís y sonaban como un coro de aplicados catequistas cantando en misa de domingo.
    En esa separación identitaria tan chorras y snob está la paradoja de admitir como aceptables para el pop a los chicos del folk americano e inglés: Dylan, Joan Baez, Peter and Mary, Don McLean, Phil Ochs, Jackson Browne, Sandy Denny y no a estos chicos a Nuevo Mester de Juglaría, Ismael o incluso Mocedades. Claro, si la cosa va a las lenguas periféricas adquiere otro contenido.
    Saludos

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    1. Ese es el punto, herr doktor: el folk forma parte del pop, guste o no a algunos poppies fundamentalistas. Luego ya los grupos al estilo de la "botella de anís" eran ciertamente un poco pesaditos, pero estos siempre supieron mantener el interés.
      La separación identitaria, como usted dice, depende: existe, y con todas las de la ley, entre cantautores y folcloristas hasta el extremo de que muchos de ellos se llevaban mal. También se nota entre la escuela yanqui y la francesa, y los españoles lo que hacen es seguir una de las dos o mezclarlas. Que por cierto, los franceses y los catalanes comenzaron a hacer lo mismo muy pronto.

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  7. Muy interesante este post. Aqui si que no puedo opinar por que soy un auténtico ignorante sobre el tema, pero me ha gustado conocer este trozo de nuestra historia que desconocía totalmente.

    Un saludo y te sigo.

    Antoni

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  8. Seguro que recuerda alguna canción de estos muchachos, don Antoni. Aunque sea usted un poco más joven, estuvieron muy de moda hasta mediados de los años 70. Otro saludo.

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