martes, 21 de abril de 2015

España: ascensión y caída (XXII)



La Nova Cançó era una denominación muy vistosa con una sola norma, la de cantar en catalán; como dije el otro día, cualquier tipo de música o número de músicos eran válidos. De todos modos, y ya que en los primeros tiempos hubo mucha gente que asociaba esa “marca de fábrica” con los Setze Jutges, algunos personajes con la doble vocación de poetas y músicos que comenzaban por entonces sus carreras tuvieron dudas sobre si sería conveniente su militancia en el grupo de los Jueces o no; y entre ellos se encuentra don Pau Riba i Romeva, nuestro invitado de hoy, mi catalán favorito. La verdad es que, con la perspectiva que nos da el tiempo, resulta difícil entender cómo es posible que a semejante individuo se le hubiese ocurrido pertenecer a aquel colectivo (o a cualquier otro, ya puestos); pero tal vez entonces tuviese una cierta lógica, como ahora veremos. 

Pau Riba, aunque nacido en Mallorca (1948), pertenece a una familia barcelonesa de raigambre: sus abuelos paternos son los poetas Carles Riba y Clementina Andreu, mientras que Pau Romeva, su abuelo materno, fue uno de los fundadores de Unió Democrática de Cataluña. Su primer impulso fue puramente literario, pero pronto descubre a Dylan: la transformación del yanqui, que de la soledad compartida con su guitarra acústica pasa a ser acompañado por una banda de rock, le impresiona mucho más que las escuetas músicas de los cantautores franceses; y los frutos de aquella transformación, que junto al nacimiento de la psicodelia dan entidad al folk rock como escuela en la que se asientan los Byrds o los primeros Jefferson Airplane -que a su vez dan forma al naciente movimiento hippie- terminarán de convencerlo. Por otra parte, su vocación de poeta cantante -acústico todavía- en el idioma que ha usado desde niño, le hace suponer que su sitio está entre los Jueces tal vez como alternativa yanqui a la querencia francesa de la mayoría del colectivo. Pero precisamente esa es la razón que esgrimen los Jueces para no admitirlo: nuestro guía es Brassens, no Dylan. Y no queremos folk rock, ni hippies, ni nada de origen yanqui. Ah, y sintiéndolo mucho… tienes voz de regadera. Pobre Pau. Durante un tiempo anduvo cabizbajo, el hombre. Pero pronto se recuperó: “Al final fue una suerte”, dijo luego. Y es cierto, porque a partir de entonces no conocerá límites artísticos, sean literarios, musicales, gráficos o de cualquier otro tipo: no solamente será el padre del rock catalán, sino muchas otras cosas que, en conjunto, lo convertirán en “un terrorista cultural”, como lo definió Manuel Vázquez Montalbán.

Estamos en 1967. Lo primero que hace es crear, junto a algunos amigos suyos como Sisa, Oriol Tramvía, Jordi Batiste y otros cuantos, una alternativa “yanqui” a los Jueces: el Grup de Folk, mucho más elástico, sin miembros fijos y que, como buena agrupación anarcoide, se disolverá pronto (tras una actuación multitudinaria en Barcelona el Mayo del 68). Casi al mismo tiempo ficha por el sello Concéntric -una escisión de Edigsa- y publica un EP de tres canciones de las cuales la más popular es “Taxista”, una delicia tanto por su letra como por su melodía; ah, y la funda también la diseña él, como hará con casi toda su discografía: Pau es ya un artista multimedia con todas las de la Ley. A continuación, junto a Jordi Pujol (no, no es ese), colega del Grupo, cierra el año 67 con una participación en un Lp navideño colectivo, y en 1968 el dúo publica dos discos de folclore tradicional catalán pero con ese tono tan de coña que le caracteriza (a veces). Y tras esos escarceos folclóricos, Pau se consolida definitivamente como figura con nombre propio presentando poco después un nuevo single que marca la transición hacia su nuevo y personal estilo. 

Ese estilo, cuyo eje es la canción de autor, se reviste musicalmente con el acompañamiento de un grupo eléctrico -Om, entre cuyos miembros está el guitarrista ex Pic-Nic Toti Soler; Jordi Sabatés al piano, los hermanos Hodkignson (Peter, batería; Tim, instrumentos de viento) y Manolo Elías, bajista. El planteamiento recuerda inevitablemente a Dylan, pero su objetivo es aún más amplio: desde el puro folk hasta la psicodelia, pasando por todos los tipos de rock que comienzan a despuntar por entonces; el progresivo, el jazz o el free rock que a veces nos recordará a Zappa, todo va a ser posible. Y la primera prueba la tenemos en su nuevo disco pequeño, un single cuya portada diseña él, claro: “Els morts de l’any 40” tiene un tono general de canto colectivo acompañado por una instrumentación lánguida, un tanto psicodélica, que va muy a tono con la letra (“Somos los muertos del año 40, que venimos del Paraíso, del Cielo / La vida es blanca y estar allí se hace aburrido”), mientras que la cara B, “Noia de porcelana”, es una magnífica canción de estilo casi “habanero” y cuya letra expresa la vacuidad de cierto tipo de mujeres. Esa canción reaparecerá, con modificaciones, en su primer LP, “Dioptría”; un disco que iba a ser doble pero que finalmente se distribuye en dos sencillos entre finales de 1969 y 1970. Esa es nuestra coartada para no comentarlo ahora: su reinado es de la década siguiente -y posteriores-, y por otra parte tal vez deberíamos dedicarle una entrada solo a él. Estamos ante el mejor disco de rock catalán de la historia, por extensión de los mejores de España; un disco denso y revolucionario, que si lo hubiese grabado un sajón (no digamos ya Dylan) estaría ahora en los puestos más altos de esas listas clásicas que tanto gustan a la Rolling Stone (entre Madonna y Nirvana, por ejemplo). Así que esperaremos. 

De momento y puesto que su discografía es aún diminuta, aquí les dejo sus dos discos pequeños más algunas piezas de su época con Jordi. Y recomiendo a quien no conozca “Dioptría” que se lo vaya pensando: no sabe lo que se pierde. 


14 comentarios:

  1. Pues si,ahora si; aquí si que entro. Me encanta este "terrorista cultural" y floclorista en plan coña, que abarca tantos palos y con tanta gracia. Al final conseguí el CD doble de Dioptría editado en el 92, y es un disco que nunca me canso de oír. No pude conseguirlo en vinilo en su momento (apareció en dos tandas, como tú bien señalas).

    "¿que yo meo en el lavabo...?

    ¿que yo me... me............
    que yo me, meo...... en el lavabo...?
    hombre....: por supuesto!
    lo encuentro... más cómodo!,
    mucho más... práctico!!,
    harto más... limpio!!!
    porque... después.... (echo) echo agua,
    claro (con cloro) y aprovecho el hecho!!
    para limpiarme! ....cuando menos, las manos
    (menos manos, menos... sin manos!!)
    (mi amiguita se mea solita....!)
    además............. está el espejo!.......
    y abriendo las piernas,
    uno puede descansar los huevos
    en la fría losa de la...... (pileta)
    y contemplar........ gozando escalofríos!
    su cara paca!
    y la de su pajarito pijo (fiu fiu)
    mientras mea!

    ¿a qué viene la pregunta?"


    PAU RIBA.- (“Virus laics”)

    Que pase el siguiente.

    Gracias.

    Saludossssssssssssss

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    1. Muy bueno el recordatorio del lavabo, tan Pau Riba. La verdad es que la música española ha tenido pocos personajes de este calibre, que hayan unido letras anarcoides con una música de altura. Hubo un Moncho Alpuente, por ejemplo, pero su estilo musical solía ser irrelevante. A veces iba un poco pasado de vueltas, pero su talla es única.

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  2. Aqui no puedo opinar nada, por que de la Nova Cançó no tengo ni idea. Sólo quiero decirte que te he dejado un comentario tardío en el post anterior de Serrat.

    Un saludo.

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    1. En el caso de Riba el asunto del idioma es lo de menos, don Antoni: estamos ante casi un artista total, un fenómeno muy raro que merece ser escuchado. Iré a ver lo de Serrat.

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  3. Hola Rick:
    ¡Acojonante! Esta es la palabra, aunque cualquier parecido con la "nova canço" es pura coincidencia. He disfrutado como un enano oyendo los temas del paquetito, al final tus feligreses hemos tenido suerte con la ascension y caida de dvishare.
    Sin duda el Frank Zappa nacional, con un estilo único e irrepetible, con unas letras llenas de ingenio.
    Hacía tiempo que no oía el Dioptria, y hoy al buscarlo que os juro lo tenía, en mi ordenada colección de Lp´s, pasa de "Paralisis Permanente" a "Pistones", el que se lo haya apalancado que me lo devuelva.
    Bueno, seguro que Babelain me manda un "paquetito".
    Desde luego, una de tus entradas mas emocionantes.
    No se que más sacaras de esa dècada, quie ya la tienes mas que exprimida.
    Saludos
    Jose

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    1. Celebro que haya tanta pasión en su comentario, don José. Y en efecto, la "Nova Cançó" es lo de menos en esta caso, como le digo a don Antoni: usted, que tiene más amistad con él, debería covencerlo para que lo escuchase. En cuando a Divshare, cuando acabe esta serie tendré que ponerme en serio a actualizar todos los archivos musicales del blog. Me amuermo solo de pensarlo.

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  4. Cuenta con el paquetito, Jose, en cuanto me "libere" un poco de esta vida social tan apabullante que llevo últimamente jejeje (tengo el cuerpo fatal, pero una gran vida social.

    Saludosssssssssss

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    1. Está muy bien la vida social, siempre que vaya acompañada de unas cañitas y un copazo de vez en cuando, digo yo...

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  5. Estoy escuchando Dioptría por el Spotify mientras te leo y escribo este comentario. Realmente es de una modernidad inquietante, parece que lo han hecho ayer y está recién salido del horno.
    No es mala idea acercarse a Pau Riba tan tarde, la imagen que tenia de él en aquellos tiempos, pienso en el programa de tv de Ángel Casas, era la de un hippy muy pasado y de vuelta de un viaje psicodélico.
    Saludos

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    1. Esa modernidad de la que habla usted, herr doktor, es sin duda el resultado de unas construcciones musicales tan ecléticas, tan visionarias para la época en la que se grabó ese disco. Nadie más en España llegó a esa altura. Otra cosa es el componente psicodélico de Riba, que a veces efectivamente iba muy pasado de vueltas: su actuación en el Canet Rock, por ejemplo, es antológica por varias razones, y no todas musicales.

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  6. Con Riba y Sisa tengo una asignatura pendiente, nunca he sacado tiempo para una escucha detenida. Me he bajado el paquete pero no tengo tiempo para degustarlo, como ve los dioses se confabulan para que no me empape de tan grandes artistas.
    También es verdad que el rock catalán me aburre sobremanera, y eso que nací en el mediterráneo. En fin, algún día llegará en que pueda hablar de primera mano sobre el asunto.

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    1. Bueno, tal vez Riba o Sisa no sean muy de su gusto, mister Chafardero. Pero en todo caso, son mucho más variados de lo que puede parecer; sin ir más lejos, el Riba de los años 70 no tiene mucho que ver con el primer Riba, el folky.

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  7. Lo siento (o no), pero de este tipo apenas sé nada. He escuchado algo estos días y, aunque reconozco que tiene calidad, no me dice mucho. Tal vez esé ya anquilosado para abrirme a músicas nuevas, aunque sean nuevas de los años sesenta.

    Yo me lo pierdo.

    Saúde.

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    1. Le digo lo mismo que a mister Chafardero, señor Pez: no todos tenemos los mismos gustos. Pero en todo caso, al menos "Dioptría" es un disco que muchos consideramos fundamental en la historia del rock nacional, no solo catalán. En fin, usted verá.

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