miércoles, 10 de junio de 2015

España: ascensión y caída (y fin)



Bienvenidos al guateque. Ya se notan algunas diferencias con respecto al que tuvimos en el primer quinquenio de los años 60: el sonido ha mejorado un poco, hay más ambiente y las chicas llevan faldas más cortas. Vamos progresando. Como saben los asiduos al tugurio, en este tipo de fiestas tratamos de rescatar algunas canciones y nombres que no llegaron a tener la popularidad de los que hemos ido detallando en la serie, pero que también merecen un pequeño recordatorio. Y como es norma disfrutarán ustedes de 12+1 selecciones; algunas de las cuales tienen un sonido defectuoso, como por desgracia también es frecuente aquí: gran parte de las cintas que contenían estas piezas ya no existen, con lo cual todo depende del cariño con el que se haya tratado a los vinilos. Allá vamos, pues: 

Comenzaremos con una de las obsesiones tan de moda a mediados de la década: desbancar a los Brincos. En este caso se trata de Los Botines, actualización de los Diablos Negros, un grupillo muy rockero, casi canalla, que a principios de los 60 se codeaba con lo más salvaje de Madrid pero cuyas grabaciones nunca estuvieron a la altura. Columbia se fija en su cantante, el canario Manolo Pelayo, héroe del Price al que posiblemente vea como un futuro Miguel Ríos o Bruno Lomas, y le ofrece un contrato; Pelayo exige que se haga a nombre de un grupo y que se mantengan algunos de sus músicos, naciendo así los Botines a principios del 65. Se lanzan a todo trapo -ya digo, los nuevos Brincos- pero se estrellan de inmediato porque una vez más carecen de un buen repertorio propio y las versiones -impuestas generalmente por el sello- son anacrónicas (“El chico ye-yé”, “Capri c’est fini”, y así sucesivamente). Tras dos únicos EPs, Manolo vuelve a ser tentado por el sello y comienza una mediocre carrera en solitario mientras los Botines graban un último disco en 1966 con un nuevo cantante: Camilo Blanes. Y curiosamente esa es su mejor obra, con dos piezas originales que además los hará aparecer en el cine por partida doble: la infumable “Los chicos del Preu” y la desconocida para mí “Hamelin”. El grupo desaparece a mediados del 67, pero también su nuevo cantante comenzará una carrera en solitario, y esta de mucho calibre, cambiando su apellido por “Sesto”. Aquí tenemos al bueno de Camilo presentándose en sociedad: “Eres un vago”, la cara B de aquel single, tiene su coña y nos recuerda tal vez a un Micky con mejor voz. 



El sonido se está haciendo más rugoso, y Barcelona lleva la delantera tanto por sus bandas de garaje como por las de tendencia mod. Uno de los grupos que funden ambos estilos son los No, que parecían tener un gran futuro pero se vieron sobrepasados por las circunstancias; se dan a conocer a principios de 1966, son músicos ya veteranos y su potencia tanto escénica como musical los lleva a grabar casi de inmediato, tras ganar el concurso “la Hora de los Conjuntos” de Radio Juventud (a medias con los Go-Go, a los que escucharemos a continuación). Su primer EP se abre con “La llave”, pieza propia que ha quedado como la más definitoria y una de las clásicas en los recopilatorios nacionales, junto a tres versiones de gran calibre. Pero a finales de ese año coincide su segundo disco con el referéndum franquista sobre la Ley Orgánica del Estado: hay que votar simplemente “sí” o “no”. Como es lógico la opción “deseable” es la afirmativa -que acabó ganando por una sospechosa goleada- y un grupo cuyo nombre es la opción contraria resulta inconveniente. Para acabar de arreglarlo, la canción que abre ese nuevo disco se titula “Moscovit” (que no hace propaganda a favor de la URSS, sino más bien lo contrario): los huidizos locutores se niegan a radiar a los “enemigos del Régimen”. Lo curioso es que a pesar de todo se rehicieron y el año siguiente llegaron a representar a España en el festival del MIDEM, pero no conseguían ventas ni actuaciones y finalmente decidieron separarse. Hubo una reunión en 1971 para grabar un nuevo disco (un single) pero resultó anecdótico. Y para la Historia quedan piezas como esta magnífica “llave”, que aún hoy resulta sorprendente si tenemos en cuenta la fecha en que fue grabada. 



Pronto vemos que Barcelona es una gran potencia también en el nuevo campo de los estilos negros: los Go-Go, que se han repartido el premio del concurso radiofónico con los No, graban tres singles entre 1966 y 67; su estilo es mucho más amplio, y abarca el blues, r&b, soul e incluso llegan hasta el pop progresivo. Pero todo esto lo vamos comprobando por medio de sus versiones, ya que no tienen piezas propias: desde Chubby Checker hasta Procol Harum pasando por Spencer Davis Group o Ray Charles, sus influencias son muy variadas. Como era de esperar, ese tipo de sonidos no cala en un público que aún no ha llegado a esas alturas y que por otra parte comienza a exigir piezas originales: tras apoyar una tímida carrera en solitario de su cantante Jordi Querol, los Go-Go desaparecen en 1968. Jordi creará poco después Vértice, uno de los primeros grupos progresivos nacionales, junto a dos jóvenes con futuro, Tapi y Max Sunyer, antes de irse a la mili. Nosotros nos quedaremos con otra clásica de los recopilatorios: “¡Hey tú, loca Marabú!”, que había hecho Chubby poco antes con un título parecido. Tal vez no sea su mejor versión, pero a mí me encanta esa marchita y esa gracia que tiene. 



Seguimos en Barcelona. Los Polares son otro de esos grupos que enamoran a los frikis porque lo tienen todo: actitud, presencia y técnica. Formados en 1964, el año siguiente ya estaban metidos en actuaciones por media Alemania al igual que Salvajes, Huracanes y otros cuantos; e incluso, como los Runaways, llegaron a grabar dos singles allí, hoy imposibles de localizar. Con esos avales parecía sencillo triunfar a su vuelta en 1966, y de hecho consiguieron grabar muy pronto -en otoño de ese mismo año-, pero la falta de repertorio propio y un sonido quizá excesivamente “moderno” los alejó del gran público: únicamente tienen un EP, de sonido deficiente (como muchos otros discos de Sonoplay) en el cual destaca su versión de “LSD” de los Pretty Things, que ellos traducen como “La droga” y que no tuvo problemas con la censura: su letra nos previene contra esas substancias demoníacas, y por otra parte el Régimen no tenía muy claro aún cómo enfocar el problema (aquí las drogas, en 1966, eran algo exótico y por supuesto de consumo muy minoritario: cosas de artistas y gente rara). Pero lo importante es cómo tratan esa canción, que para mí supera la original y demuestra la gran calidad de un grupo que poco después desapareció del mapa. 



Y hablando de drogas, vamos ahora con los Zooms. Se trata de una banda creada por Tony Ronald, el holandés hiperactivo que se estableció en España a finales de los años 50 y a mediados de los 60 ya ha formado parte de un dúo, ha estado al frente de un grupo y en sus ratos libres ejerce de manager y productor. Tony es un tipo muy avanzado (¡las primeras “gogós” que se vieron en España las trajo él!) y decide organizar una agrupación que pueda competir con lo más moderno que venga de la Isla. Reúne a dos españoles y dos holandeses, y presenta su primer single a mediados del 67: “La droga / Alguien ha de escuchar”. Ambas canciones, compuestas por el grupo en tono oscuro y melancólico, son magníficas, pero en concreto la cara A (que no tiene nada que ver con la de Pretty Things) es un imponente relato de un mal viaje, algo que en España resulta ininteligible. Poco después llega el segundo disco, otra pareja de canciones muy por encima de la media nacional, pero cuyas mínimas ventas convencen definitivamente a Tony y al grupo de la inutilidad de seguir intentando un estilo como ese aquí: tras un nuevo single de promoción para la revista “Fonorama” con dos piezas ya publicadas (una de ellas en inglés), el grupo se disuelve a finales del 68. Aquí tienen “La droga” de los Zooms: aún hoy sorprende que esta sea una grabación española. Si llega a ser una de esas “oscuras lisergias tejanas” cantadas en inglés, no quiero imaginar qué precio alcanzaría el single. 



Más droga: ya hemos visto que el soul pop comienza a despuntar aquí entre 1966/67, y en poco tiempo se convierte en una especie de plaga nacional; tal vez sea por esa querencia que gran parte del oyente medio siente por los instrumentos de viento que suenan en las incontables orquestas que pueblan el país por entonces. Eso permite a muchos grupos la supervivencia alternando el circuito de fiestas con el de salas, y la habilidad de algunos les permite llegar a grabar aunque su trayectoria no dure mucho. Este es el caso de los Kifers, que ganan en 1968 el Campeonato de Grupos de Cataluña y consiguen un contrato con Vergara. Poco después aparece su primer single: “Oye mis ansias de vivir / Una aventura”, cuya cara A, de creación propia, es tremendamente cañera; y lo mismo ocurre con el segundo y último, cuya cara A se titula “El sol es una droga” (versión del “Beggar for your lovin” de los Explosion, banda de referencia para los Kifers). Las ventas no fueron muy allá, y hay que reconocer que el cantante, a pesar de su buena voz, resulta un poco infantil desgañitándose con unas letras bastante flojitas. Pero el grupo sonaba bien, y esa canción sobre el sol ha dado lugar mucho más tarde a una de las series recopilatorias españolas más famosas: “El soul es una droga”. En cuanto a los Kifers, la mili se cebó con ellos; reconvertidos luego en “Palabras” lo intentaron de nuevo, pero su tiempo había pasado. 



También hemos visto la tremenda desigualdad en la que competían los grupos “de provincias”, lejanos al duopolio Madrid-Barcelona: el caso de los valencianos Huracanes es de libro. Y por supuesto había muchos otros conjuntos en aquella ciudad, de gran tradición musical; por ejemplo, Els 5 Xics tuvieron una vida relativamente longeva y su popularidad en Valencia no tenía nada que envidiarles. Su carrera comenzó a mediados de la década, como grupo a medio camino entre grupo y orquesta; grabaron varios discos, generalmente de versiones y baladas, que no fueron mucho más allá de su territorio y llegaron hasta principios de los años 70. Pero tienen algunas cosas de las que presumir: fueron de los primeros en grabar piezas en su idioma y casi todos sus miembros viven aún hoy de la música porque su talla técnica era muy alta, como buenos corredores de fondo que eran. De esas versiones, algunas son realmente interesantes; oigan si no este “Soy muy hombre”, traducción un poco vergonzante del “I am a man” de los Spencer Davis Group pero muy bien desarrollada. 



Ya que andamos por el Mediterráneo podemos aprovechar para hacer una pequeña excursión a Murcia y encontrarnos con una de esas rarezas que encantan a los frikis: se trata de los Roller, un grupo del cual se sabe muy poco porque únicamente grabó un single y dejó otras dos canciones para un recopilatorio del sello Belter en 1969 (la leyenda dice que el batería era Julián Ruíz). Sin embargo es posible que hubiesen merecido mejor suerte, porque además de dos piezas supongo que propias –y más que decentes- tienen dos versiones tremendamente modernas: en el single publicaron el “Touch me” de los Doors, y en la recopilación “Crossroads” siguiendo el patrón que habían marcado Cream. Pero casi nadie se enteró hasta que comenzó la fiebre por las excavaciones sesenteras nacionales, hace unos años: Belter, que como dije alguna vez era capaz de lo mejor y lo peor, tuvo el mismo valor para ficharlos como luego cobardía para promocionarlos, y no es el único caso ni mucho menos. En fin, aquí tienen “Camino cortado”, esa versión al estilo Cream cuya eficacia sorprende. 



Ahora, un salto a Mallorca. Más de una vez hemos hablado del extraordinario ambiente que propició allí la llegada de las invasiones guiris desde principios de los años 60, y que gracias a ese público los grupos de la zona mejoraron en conocimientos y técnica. El más popular fueron los Z-66, que ya pasaron por este local, pero hubo otros que con menos brillo se constituyeron en corredores de fondo durante muchos años; ese es el caso de los Beta Quartet, una agrupación de tipo orquesta que comenzó su carrera en 1964 alegrando fiestas y demás saraos con un repertorio “ecléctico” que iba desde la copla hasta versiones de los Beatles, grabando unos cuantos discos para consumo isleño. En 1967 se convierten en los Beta a secas tras varios cambios de personal, y su estilo va evolucionando poco a poco hasta que publican entre 1968 y 69 algunas piezas realmente interesantes, entre ellas dos que acabarán haciéndose famosas: “Hey girl”, que veremos en la inevitable “Un dos tres, al escondite inglés” del señor Zulueta, y una versión realmente psicodélica de “Misión Hiroshima”, que es la que escucharemos aquí. Las ventas volvieron a ser tan minoritarias como siempre, pero los Beta aún tuvieron otros tres o cuatro años más de trabajo pateándose la isla. 



Otro grupo mallorquín que comienza en los primeros años de la década pero no se “destapa” hasta bien entrado el segundo quinquenio son los Pops, que al igual que los Beta se curten en el circuito de salas y fiestas con todo tipo de repertorios. Cuando consiguen grabar su primer disco, en 1967, ya son realmente populares en la isla entre los más jóvenes por su inclinación garajera: en ese disco se incluye “No, no, no” una pieza propia que figura en algunos recopilatorios y que los define perfectamente. Sin embargo ese estilo ya está pasando de moda, las ventas son casi inexistentes y en su segundo disco -es de suponer que por presiones del sello- hay un batiburrillo que incluye dos piezas veraniegas, una balada y una floja versión de los Troggs. El resultado comercial es peor aún, y el año termina con su último Ep; en él nos encontramos con esta gran versión de -otra vez- los Troggs: “Hierba larga”. Y ahí termina su carrera discográfica, aunque como los Beta todavía tuvieron trabajo en las salas de fiestas hasta bien entrados los años 70. 



Y si los grupos mediterráneos sufrieron las consecuencias de su situación geográfica, imagínense ustedes lo que podría esperarle a un grupo de Santander, pongamos por caso. De allí eran los Dixies, que para muchos aficionados nacionales es una de las grandes promesas perdidas: solo llegaron a publicar un single, autofinanciado y con dos versiones, pero eso parece ser suficiente para ponerlos en un altar. Sin embargo hay que reconocer que tanto su calidad técnica como el buen gusto a la hora de elegir esas dos versiones demuestra que tal vez hubieran tenido un buen futuro si la mili, la escasez de clientela, su procedencia y el accidente de tráfico que postró durante dos años a su cantante y líder no los hubiese liquidado. Esas dos versiones son la muy legendaria “Georgia on my mind” y el “Black cat” de Brian Auger. Pero ya digo, la cosa no duró mucho. Y nosotros, respetuosos con la tradición, escucharemos ese emocionante homenaje a una señora que tuvo la suerte de llamarse igual que un estado (o la suerte la tuvo el estado, porque ahora es su himno nacional). Hubo varias versiones de esa canción en España (entre ellas la de los Go-Go), pero creo que esta es la mejor. 



Y terminamos nuestro viaje en Asturias, zona mítica: ya saben, allí comenzó la Reconquista. La agrupación estrella del Principado son Los Archiduques, que nacieron a principìos de la década y están a medio camino entre grupo y orquesta; su escasa discografía -versiones y originales, casi siempre baladas- suele ser para consumo de la zona. En 1967 su cantante enferma y han de buscar un sustituto: hay un crío de 17 años, muy moderno, que tiene una voz privilegiada y ya destaca al frente de su grupillo, los Zafiros Negros. Se llama José Celestino Casal y una de sus obsesiones son los hermanos Ryan, de los cuales ya tiene algunas piezas en el repertorio. Su llegada revoluciona a los Archiduques, que parecen otros en su nuevo single; cuya cara A, “No le ames”, de creación propia y tono beat, está construida al estilo Beach Boys, y es realmente buena. Pero como bien saben todos los frikis nacionales, la joya está oculta en la cara B: “Lamento de gaitas”. Primero, la fría descripción: se trata de “I love how you love me”, que las Paris Sisters presentan en 1961 en una balada ñoña muy de la época. Pero Paul y Barry Ryan le dan la vuelta en 1966 haciendo una pieza de british pop con gaitas y todo; y por supuesto esa es la versión que utiliza Tino Casal para superarla, darle un tono de voz grandioso, de crooner dolorido, con una letra dramática y aún encima con una curiosa “anomalía de sonido” que redondea su leyenda: parece ser que la guitarra llevaba un pedal defectuoso que acoplaba con la mesa de mezclas. “Intentamos arreglarlo”, dijo Tino, “pero no hubo manera”. Pues mucho mejor así, porque el sonido en el puente le da un aire psych que redondea un resultado tremebundo. Luego hubo otros dos singles sin pena ni gloria y Tino abandonó el grupo: su salto a la Historia del pop nacional ya estaba hecho, aunque quizá no fue consciente de ello hasta mucho después. 



La selección 12+1, como siempre fuera de programa, es propaganda gubernamental; así, como suena. A principios de los años 60, supongo que por intereses políticos o de cualquier otro tipo, Occidente decide que el café es un artículo muy saludable y que su consumo ha de ser promocionado. En consecuencia se crea el Comité Mundial de Promoción del Café con delegación en varios países, entre ellos España, y los primeros anuncios aparecen en la prensa estatal sobre 1963. Cinco años más tarde, en 1968, las autoridades deciden pasar a mayores y utilizar el gancho que al parecer posee la música ratonera para influir a la gente joven: una agencia publicitaria financia la grabación en los estudios Celada de un single que será de entrega gratuita; para ello se prepara una letra que alabe el café y que será cantada por Henry (el de los Seven) acompañado por la orquesta de dichos estudios. Esa canción es “Lo que puede ocurrir con el café”, una pieza realmente buena, al más puro estilo soul pop nacional, que ya está incluida en algunos recopilatorios del género. Así que solo me queda recomendarles que disfruten de tan magnífica publicidad mientras saborean una buena tacita de café, por supuesto. 




Supongo que entristecerá un poco, a los que somos más puretas, terminar nuestro viaje por las catacumbas españolas sesenteras, aunque su encanto casi naif malamente consigue ocultar sus muchas carencias y debilidades. De todos modos, tal vez a algunos parroquianos más jóvenes les haya hecho gracia este viaje, así que por si acaso aquí les dejo el paquetillo correspondiente con las canciones que se han pinchado en esta fiesta. Y, ya metidos en gastos.., ¿qué tal si añadimos la película esa tan citada últimamente en el tugurio? Exactamente, “Un dos tres, al escondite inglés”, la ópera prima de don Iván Zulueta. Imagino que la mayor parte de nuestros distinguidos parroquianos ya la conocen, pero nunca está de más recordar una historieta tan entrañable, infantil y alocada. Y a quien nunca la haya visto seguro que le corroe la curiosidad, así que… 


miércoles, 3 de junio de 2015

Muchos Beatles (II)



Aquí estamos, con la segunda entrega de “Los Otros Beatles” o como quieran ustedes llamar a esta ocurrencia de buscar una versión para cada una de las canciones que forman parte del repertorio “canónico” de los muchachos de Liverpool. Les recuerdo que dicha ocurrencia bulló primero en la mente de mister Katetoscopio para ser luego asumida y desarrollada por don José Kortocircuito, que a continuación lió al señor Babelain, don Antoni, don Miguel y el que esto suscribe. También que el plan consiste en traer a ustedes con periodicidad mensual (la primera semana de cada mes) tres discos del grupo siguiendo el orden cronológico en el que fueron publicados. En cuanto a ustedes, lo único que han de hacer es pinchar sobre cada uno de sus títulos para disfrutarlos:






Y ya saben: el mes que viene podrán disfrutar con otros tres. ¿No es maravilloso?

 


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