miércoles, 8 de julio de 2015

1973 (I)



A veces una apariencia es tan consistente que cuesta trabajo ver más allá: si nos ceñimos al aspecto comercial del rock, la venta de discos en 1973 sigue creciendo (el momento cumbre del vinilo será durante 1976). Y lo mismo sucede con los beneficios por giras, ya que los directos comienzan a ser espectáculos de multitudes, con humo, luces, explosiones... Los estadios serán muy pronto los lugares preferidos por los grupos masivos y sus extasiados seguidores, cuyo número es cada vez mayor. Así que todo parece seguir funcionando a las mil maravillas en nuestra querida Britannia. 

Otra cosa es el aspecto creativo, la música en sí misma. Porque si rascamos un poco, los escasos y vagos problemas estructurales que surgieron hace un año o dos ya comienzan a definirse: el rock duro es cada vez más aburrido, mientras que el rock pesado se está volviendo tremendista. Aquella hipertrofia que sufrió el blues rock y que ahora se llama “heavy metal” ya ha comenzado a fraccionarse en un ciento de etiquetas completamente inaprensibles para mí, y sus influencias van desde el glam hasta el gótico añadiendo ingredientes siniestros con énfasis en la brujería o lo que cuadre. En realidad, esa suma de estilos se está convirtiendo en un circo; lo cual es muy respetable -y será muy rentable también- pero no va con el carácter de algunos aficionados como el que esto suscribe. Algo parecido sucede con el pop/rock sinfónico, otro circo: las bandas como Yes o Emerson, Lake & Palmer son cada día más pretenciosas y vacías. Ver a Keith Emerson con esa estética de malote, compitiendo con el inmaculado Rick Wakeman y su túnica blanca -un contrapunto buscado, supongo- para ver quién tiene las torres de teclados más altas resulta patético. Solamente Genesis consigue equilibrar la calidad musical con el espectáculo, pero ya veremos por cuánto tiempo. 

¿Y el progresivo, ese gran hallazgo de finales de la década pasada? Pues va tirando, pero tampoco se crean que la cosa es como para echar cohetes: Family o Traffic están en las últimas, el jazz rock se hunde y parece que ya solo quedan dos bandas -King Crimson y Pink Floyd- con la fortaleza suficiente para sobrevivir. Dos bandas que son completamente distintas: el inquieto Robert Fripp está mudando de nuevo, mientras que los Floyd se acomodan en su melancolía casi insana, opiácea; pero de momento ambos están todavía en lo más alto. Y en cuanto a la Santísima Trinidad Stones-Who-Kinks, que por supuesto va por libre… bueno, ya veremos en qué situación está cada uno. 

El tiempo no perdona: dicen que los músicos de pop o rock alcanzan la cumbre de su creatividad entre los veinte y los veinticinco años, mientras que la edad media de esta generación -la generación de posguerra- ya está rondando la treintena. Hay pocos casos como el de Bowie, que se amolda a sus capacidades y cambia continuamente de estilo aunque el anterior todavía funcione: cada una de sus fases gustará más o menos, pero no se le puede negar valentía. Esa vocación solitaria la comparten algunos personajes como Robert Fripp o Peter Gabriel, gente muy segura de sí misma que pronto volarán solos; pero la mayoría de sus colegas quedarán atrincherados en la marca comercial de un grupo, dispuestos a resistir mientras los fans sigan pagando (me callo los ejemplos, para no hacerme enemigos). 

En aquel momento no éramos conscientes de la situación, pero estábamos ante el último año en la edad de oro del rock clásico, un ciclo que había comenzado en 1968 y que terminará de forma casi abrupta: la diferencia de calidad entre la producción de este año y la del que viene ya es enorme. Y a diferencia de otros ciclos esta vez no se ven alternativas, no hay una nueva ola que esté sepultando a la anterior, sino un proceso de esclerosis: las muy contadas bandas nuevas con un mínimo de solvencia se limitan a reiterar el progresivo con tonos heavy (los primeros Queen) o se quedan a medio camino entre progresivo y sinfónico pop (Supertramp). Solamente Roxy Music mantienen su originalidad, pero con eso no es suficiente. Tal vez se esté gestando un cambio generacional, pero de momento no hay señales porque si la mayoría de los consagrados comenzaron a hacerse conocidos casi en su adolescencia, los nacidos en la década de los 50 van un poco más lentos. El resultado es que pronto se producirá una nueva fractura entre la masa de aficionados, parecida a la que hubo a finales de la década de los 60: unos seguirán comprando todo lo que publiquen los grandes dinosaurios, acudirán a los estadios para verlos, llevarán esa devoción hasta su lecho de muerte; otros, los descarriados, comenzaremos a pensar que estamos ante una travesía del desierto… que nos vendrá bien para descubrir los nombres y los discos que se nos escaparon de las épocas anteriores por falta de dinero, años y experiencia, en la espera de que algo nuevo pase, si pasa. 

Como es lógico, todo esto que digo es una mera opinión: los del otro bando pensarán de otro modo, y su número es creciente. No hay más que ver esos estadios donde se unen los aficionados veteranos con miles de recién llegados para los que la música probablemente sea un divertimento momentáneo -o un sonido de ambiente para amenizar el paso de las horas muertas- más la posibilidad de fiestas y desfases cuando hay actuación. O no. La verdad es que no tengo muy claro qué papel ocupa la música “moderna” en la vida de muchos supuestos aficionados (y menos todavía si nos fijamos en el tipo de soportes o de calidades que son masivos ahora). Pero da igual, cada uno se divierte como quiere. 

Bien, pues vamos allá. A pesar de sus sombras, entramos en uno de los años más brillantes de la historia. 



12 comentarios:

  1. Habrá que ir con cuidad, esto ya es un campo de minas. Aunque en todas las épocas se encuentran maravillas. No creo que haya sorpresas conociendo los gustos de Mr. Rick, que coinciden casualmente con los de un servidor.

    En el 73 aparecieron discos muy buenos que ya nos resaltarás con todo lujo de detalles, como viene siendo habitual: Bowie, Lou Reed (Berlin), Roxi Music, King Crimson, The Who...

    A la espera estamos.

    Saludosssssssssssss

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    1. Bueno, ojalá todos los campos de minas fuesen así de livianos. Y además, con la edad que tenemos se nos perdona todo; a mí por ejemplo, me perdonarán ustedes que deteste a Queen y a Supertramp, ¿a que sí, mister Babelain?

      Y sí, todos esos discos saldrán aquí, menos el de Lou Reed: en estas encíclicas anuales que me tiro, solo me refiero a la Isla (debido a mi descarada y tendenciosa inclinación por la música de esos fulanos). Luego, más adelante, tendré que echar un vistazo al otro lado del charco.

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  2. El año de mi nacimiento ! ya que lo nombras hay un disco que me agrada suficiente como para hacer hincapie y es el de Roxy Music "Stranded" del cual me saco el sombrero ya que la dupla Manzanera & Ferry tenian que lidiar con la partida de Eno saliendo a flote con creces . Me hubiese gustado haberme adelantado unos años para disfrutar esa epoca .Un saludo!"

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    1. Fue el último gran año del rock, o así lo veo yo: felicidades, mister Luther. En cuanto a Roxy Music, es una de mis bandas preferidas de esa época de entretiempo que hubo en el primer quinquenio de los 70, y sus primeros discos me parecen memorables.

      Mejor para usted que no se adelantara el nacimiento: si no disfrutó la época, ahora es usted mucho más joven que la mayoría de los parroquianos de este local. No se puede tener todo, ¿verdad?

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  3. Esto se me acerca. Me quedo con algo de la música que tiene por ahí. Oiga... una alegría me he llevado con la chica esa... Liz Phair.

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    1. Bien, mister Bubo. Y la chica esa, Liz Phair, una joya: esa canción es la que abre su primer disco, "Exile in Guyville", del 93. Un disco que fue publicado en doble LP y CD. Una vez leí que ese disco es la respuesta femenina -con la misma carga de hormonas- al "Exile on Main Street" de los Stones, o incluso más "sexuado". Y estoy de acuerdo. Liz buscó esa intencionbalidad desde el mismo título, pero lo consiguió a todos los niveles. Y no es su único gran disco.

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  4. Hola Rick.
    Pues como dice bab, vamos a meternos en el campo de minas, eso si, con gusto.
    Volveremos los abuelos cebolletas a discrepar sobre lo sinfónico, lo progresivo, lo novdoso, etc. eso sí siempre con buen talante.
    En este año está encerrado el disco de mi vida.
    Estoy preparado.
    Saludo
    Jose

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    1. Esa es la actitud, don José: sarna con gusto no pica. Y el talante, que no falte. Además, de momento hay material; otra cosa será a partir del año que viene, pedor de momento no hay queja.

      Y en cuanto al disco de su vida... mmmmm..... Conociéndonos todos ya un poco, sospecho que va a ser el primero. Está al caer. Si es el que yo creo, claro...




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  5. Bonito año. Yo cumplí los 16, y alguien se empeñó -arduo trabajo, nunca suficientemente reconocido- en sumergirme en esas músicas pecaminosas y extranjerizantes. Vamos que entre 1973 y 1.975 me puse al tanto de todo lo importante del pop/rock de años anteriores. O sea que, para mí, el Living in the past siempre será del 73.

    Saúde.

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    1. Magnífico año, sí señor. Que por cierto, vaya empeños más raros tienen algunos. Menos mal que ya supongo que usted se resistiría con uñas y dientes, ¿no? Hay mucho chiflado suelto.

      Ah, el "Living in the past"... Si nos referimos al LP doble (la canción es del 69), no va usted tan descaminado. Se publicó a mediados del 72 en la Isla, pero aquí no llegó hasta la primavera del 73. O sea, que bien.

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  6. El progresivo va tirando, la semana anterior , creo, se celebró el Be Prog My Friend Festival , donde iban grupos como Meshuggah o Camel,

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    1. Hombre, todos los géneros van tirando mientras haya público para ellos, desde el progresivo hasta el rockabilly. La cuestión es qué grado de creatividad puede tener a estas alturas un grupo como Camel (que por cierto, pensaba que ya no existían). Y ahí enlazamos con el asunto de los fans irreductibles. Bien, allá ellos.

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