martes, 15 de septiembre de 2015

1973 (IV)



Sí, hoy nos visitan los Kinks, el grupo que completa la Santísima Trinidad de los grandes veteranos británicos. Y sin embargo, viendo su trayectoria en conjunto, casi podría cuadrarle la etiqueta de “culto”: seguramente son más respetados que los Stones o los Who, pero su nivel de ventas nunca ha llegado a semejantes alturas. Ello se debe a que perdieron gran parte de su tirón comercial a finales de la década anterior, cuando el single dejó de ser el formato más popular: entre 1968 y 1970 desaparecieron del mapa o pasaron a tercera fila un buen número de bandas que sobrevivían sin grandes agobios en ese mercado con dos o tres discos al año, pero que no podían defenderse en la extensión de un Lp (reitero, por supuesto, el concepto de “tirón comercial”: la calidad es otra cosa). Y en el caso de los Kinks, la mejor demostración es que su último disco grande de verdadero éxito fue “Lola versus Powerman…”, de 1970, más por el gancho del single que por el disco en conjunto, aunque fuese de sus mejores obras. 

Sobre este asunto no hay unanimidad, y por lo tanto mi reiterada opinión de que los Kinks se defendían mejor en el formato single solo es eso, una simple opinión. Por otra parte son y seguirán siendo una de las bandas más respetadas, tanto por sus competidores directos (ya vimos hace poco lo que opinaba Pete Townshend) como por el público más solvente. Sin embargo, hay una evidente diferencia de carácter entre ellos y los Who: mientras que Townshend va con los tiempos, marcando la evolución más común entre la masa de aficionados de la época (de mods pasan a psicodélicos, y de ahí a banda de rock), aderezando esa evolución con unas letras en las que se refleja muy bien tanto la rabia como la angustia juvenil (“Quadrophenia” lo resume de modo magistral), Ray Davies se mueve mejor en la melancolía decadente -un concepto poco amigable con la adolescencia. Desde ese punto, y aunque también las inquietudes juveniles tienen cabida en su repertorio, dos de sus principales obsesiones son tan opuestas como las frustraciones de la clase obrera de barriada, con la que se identifica, y la nostalgia victoriana -mucho más estética que ética, claro- en una sociedad británica a la que ya no siente como suya. Pero los Who resultan imbatibles porque el espíritu de sus letras queda perfectamente engarzado en un sonido grandioso y contundente, eléctrico, inmediato; los Kinks, que en otros tiempos alternaron la bravura con el pop, son ahora un cruce entre banda de rock americano con metales (por momentos parecen originarios de Nueva Orleans) y orquesta victoriana de variedades, con melodías generalmente de medio tiempo que, según sus detractores, no son vistosas. Dicho de otro modo: las letras están muy bien, pero enmascaran la debilidad de las músicas. Hay que reconocer que eso no les pasa solo a ellos, sino que es un problema muy frecuente de un tiempo a esta parte, desde que el rock se ha hecho mayor. 

Otro rasgo que comparten Townshend y Davies es su afición por las obras conceptuales: las dos bandas han sido precursoras de ese formato. Pero, teniendo en cuenta lo anterior, resulta que cada disco de los Who es un nuevo éxito de crítica y público mientras que los de Kinks se hacen monótonos; ya pasó con “Everybody’s in show-biz”, su disco del año pasado, sospechamos que va a ocurrir de nuevo este año… y el siguiente: Davies anuncia una nueva obra conceptual que se dividirá en dos partes, o sea, en dos discos. Y el primero se publica a finales del 73. Se titula “Preservation Act 1”, y se enmarca en una situación personal complicada ya que su crisis matrimonial, sumada a la fuerte carga de trabajo que lleva encima desde la creación de sus estudios y su contrato con RCA, le hace buscar ayuda en las pastillas. Por lo general, esa ayuda se cobra su tributo: en una actuación, medio ido, declara que lo deja todo, que abandona; se desmaya y es llevado al hospital, donde certifican agotamiento y sobredosis. La prensa, tan morbosa como es de suponer, ya sugiere una situación grave, incluso la posible muerte de nuestro amigo (¡ah, cuántos grandes titulares han dado las drogas!). Pero tendrán que esperar: Ray es fuerte y en poco tiempo vuelve a los escenarios. La Village Green Preservation Society está lista para defender el nuevo proyecto. 

El resultado, una vez más, es discreto. En esta “primera fase”, los Kinks parecen abandonar a medias -solo a medias- el tono de orquesta de variedades americana: “Morning song”, una pieza instrumental con sección coral, abre el disco como si estuviésemos en el teatro y se nos fuese a contar una historia (ese es el objetivo, precisamente: una vez más la música estará al servicio de la trama). Le sigue “Daylight”, pasable, con esa lánguida escuela Davies… que nos sorprende a continuación con una joya inesperada: “Sweet Lady Genevieve”, por supuesto la mejor de toda la obra, de todo el proyecto “Preservation”. Aquí tenemos a nuestro amigo creando una delicia a la altura de sus tiempos pasados, a la altura de “Waterloo sunset”, “Sunny afternoon”… ya saben, ese tipo de exquisiteces; si no la conocen, por favor búsquenla: solo por ella ya valdría la pena comprar el disco. Y el resto va fluyendo sin sobresaltos, con preponderancia de los tonos medios y algunos momentos que vuelven a recordarnos los buenos tiempos: “Sitting in the midday sun”, por ejemplo. Las piezas rápidas son curiosamente las más flojas, las más obvias. 

La segunda parte será publicada en 1974, y prefiero saltármela: al menos para mi gusto, es totalmente prescindible. A partir de ahora, casi todas las grandes bandas se dedicarán a hacer caja ofreciendo un directo muy bueno (entre su repertorio clásico y su solvencia técnica no es difícil) y unos discos frustrantes. Pero a esta la quiero demasiado, y por si acaso seguiré corriendo a la tienda cada vez que publiquen uno nuevo, como hice con los Who hasta que me cansé. Los Kinks me recompensarán: ya digo que el año que viene no vale la pena, pero en 1975 levantarán la cabeza de nuevo. 


10 comentarios:

  1. Muy buen comentario sobre un disco que, pese a la decadencia evidente y que tú plasmas muy bien, a mi me gusta mucho. Hasta Face to Face (no incluido), son garage puro, con 15 0 20 temas maravillosos (o más). Pero es que desde el Face to Face al Muswell Hillbillies no tengo palabras (en esta época no estoy tan de acuerdo contigo con el tema de los singles). Luego el Show-biz ("el disco más borracho jamás realizado", su segunda cara, claro, según muchos críticos). Y tras el Preservation 2 otras buenas cosas, como dices.

    Un abrazo, compa
    kk

    (Por cierto, el verano pasado estuve viendo a Ray con mi hija: cascadísimo de voz, pero ¡qué gozada!)

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    1. A mí me gusta a ratos, sobre todo las canciones que he citado, pero no se puede negar que hay bastante relleno; como lo hay, en mayor o menor medida, en casi todos sus discos grandes (algo que de todos modos le pasa a casi todas las bandas, que conste). Estoy de acuerdo en que la época que termina en el "Muswell...", es muy buena -aunque ese disco ya flojea un poco-, pero a mí me siguen sobrenaod algunas canciones. De todos modos vuelvo a lo de antes: pocos grupos y pocos discos se salvan de ese problema, la obligación por contrato de sacar un disco al año.
      ¡Qué envidida me has dado con lo de Ray! Yo los ví a principios de los años 90, y sobre el escenario eran de lo mejorcito.Es el mejor arma de las bandas grandes cuando pasa su época más gloriosa.

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  2. Hola Rick:
    Estoy escuchando el álbum en youtube y suena de vicio. Tengo que reconocer que sólo conozco la etapa sesentera de los Kinks, pero veo que realmente vale la pena dedicarle tiempo a estos discos.
    Está sonando "Sitting in the midday Sun" y es una delicia. Voy a seguir con el resto. "Money and corruption" tambien me gusta, guauuu!!.

    Ah!, ya sabía que son tu grupo favorito, y no me extraña.

    Un saludo...

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    1. Hola Rick:
      Estos grandes grupos siempre arrastran el lastre de su pasado y no hay que darle mas vueltas, saquen lo que saquen están condenados a ser discos inferiores.
      Yo no soy demasiado Kinks, aunque de vez en cuando me gusta poner sus discos menos famosos, y este concretamente, me parece bastante decente, sin ser ninguna pasada.
      De todas maneras en mi lista particular del 73 no aparecería, creo había cosas bastante mas interesantes.
      Un saludo
      Jose

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    2. Bien, don Antoni. Ya digo que no es de sus mejores obras, pero tiene algunas canciones realmente buenas (e insisto en "Sweet Lady Genevieve"). Es uno de mis grupos favoritos, no el más: mister Babelain es aquí el que lleva el título de fan máximo.

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    3. Totalmente de acuerdo, don José: sobre todo en un grupo como este, que tuvo unas cuantas canciones que han quedado como himnos de una época. Los Who supieron evolucionar, pero a Kinks les costó más trabajo.

      En cuanto a las cosas más interesantes, no se preocupe que aún queda carretera.

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  3. De nuevo conectado después de una semana escaqueado por ahí. Con decirte que yo también tengo mi humilde versión de Sitting in the midday sun de hace unos añitos(con Mavi y Bruno a los coros "bereberes" jejeje) ya te lo digo todo. Coincido casi con todo lo que comentas aquí de este disco y de The Kinks en general. Los había visto y disfrutado ya el año anterior en Inglaterra ( Bickershaw Festival 1972) ya con su sección de viento incluida. Este disco tiene unas cuantas canciones maravillosas, como ya has comentado y otras que, para mí, no tienen tanta enjundia; pero siempre he respetado a esta gente, sobre todo a Ray Davies, genio entre los genios de este mundillo musical. Son mi debilidad.

    Saludossssssssssssss

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    1. Pues ya es raro que solo tengas una versión de los Kinks, sabiendo el cariño que les tienes. Yo, como dije antes, solo puede verlos a principios de los años 90 y evidentemente ya no es lo mismo; pero su dominio de escena era impresionante.
      Y repito lo que digo arriba: en 1975 "resucitan" con dos discos muy buenos.

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  4. Una ironía que un grupo de singles acaben haciendo discos conceptuales. En fin, he escuchado el disco y la verdad es que sin disgustarme del todo muchas veces me he desconectado de su escucha. Vamos, una medianía sin más.

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  5. Bueno, la cosa no es así exactamente: a mí me parece que se desenvuelven mejor en los singles, pero eso no quita para reconocer que tienen algunos discos grandes realmente buenos. Y en cuanto a los discos conceptuales, como digo arriba es casi una costumbre en ellos -como en los Who- desde poco más de mediados del 65. El problema siempre suele ser el mismo, la endeblez del material, porque los Who se defendieron muy bien en ese formato.

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