miércoles, 28 de octubre de 2015

1973 (X)



Hoy nos visitan Ten Years After, la banda que nos faltaba en nuestra lista de asiduos procedentes de aquella eclosión del blues rock isleño a finales de la década pasada. Alvin Lee, su guitarrista, principal compositor y líder, siempre me ha recordado a Rory Gallagher, ya que tiene muchos puntos en común con él: ambos parten del blues y el rock and roll como tendencias más arraigadas, pero su estilo incluye el folk y el country, e incluso se acercan al jazz en ocasiones. Y por supuesto ambos son grandes guitarristas; Alvin tiene tal vez un rango de matices más amplio que el de Rory, del mismo modo que la digitación de este consigue un tono más cálido. Incluso si especulamos con la bobada esa de calificar a los guitarristas por su velocidad, Alvin estaba considerado -a su pesar- como el más veloz, seguido muy de cerca por el propio Rory (lo siento por el señor Blackmore y demás vanidosos velocistas del gremio). Por último, también les hermana ese aspecto de personas normales que otros no tienen: tanto uno como otro pertenecen a ese tipo de músicos que caen bien, que no se vuelven locos con gestos megalómanos, que basan su conducta y su música en la sencillez, aunque no tengan nada que envidiar a nadie. Como consecuencia, cuando su trayectoria vaya declinando (la decadencia siempre llega), seguirán siendo respetados incluso por quienes no son fans suyos. Puede parecer una tontería, pero tiene su mérito. 

Sin embargo, el repertorio de Ten Years After es más complejo de lo que parece: su base está efectivamente en la fusión de blues y rock and roll al estilo clásico (para ellos se creó la etiqueta “blues and roll”), pero la debilidad de Alvin Lee por los sonidos atmosféricos y la experimentación en estudio pronto situó al grupo en una curiosa dualidad: los fans de su repertorio más evidente ensalzan sus directos, su poderío abrasador cuando interpretan piezas que se han convertido en himnos, como “I’m going home” -a ser posible en su versión “canónica” de Woodstock, donde se consagraron ante el público yanqui. Pero Lee comenzó a cansarse pronto de las giras continuas repitiendo siempre los mismos tics ante el delirio de la parroquia y llegando a ser, como él mismo se definió, “una juke box humana”. Y si nos fijamos en la discografía del grupo vemos que ese estilo simple y contundente, esa mezcla de blues y rock se enriquece pronto, tras el segundo disco (que por otra parte es un directo): a partir de “Stonedhenge”, el tercero, su sonido es mucho más elaborado y adquiere un sinfín de matices. Comienza entonces la época más brillante de la banda, con un magnífico equilibrio entre las piezas incendiarias -cada disco tiene tres o cuatro clásicas inmediatas- y otras que suelen ser de tiempo medio junto a algunas baladas tan originales como sus arreglos, cercanos a veces a una rara especie de psicodelia progresiva (aunque siempre muy difusos, lejanos, sin alterar la esencia de la canción). 

Como era de esperar, esa tendencia hacia la sofisticación hizo que sus discos, con ser muy populares, lo fuesen más en la Isla (con un top 5 de media) que en los States (colocados en el top 20), aunque las giras yanquis fueron su principal fuente de negocio durante prácticamente toda su carrera. En 1971 pasan de Decca a Chrysalis publicando “A space in time”, cuyas ventas son inferiores a la media, pero a cambio consiguieron una popularidad tremenda con “I’d love to change the world”, una de sus piezas convertidas en single. El disco grande hace honor a su título: de principio a fin queda claro que siguen siendo TYA, pero el grado de exquisitez que consiguen con piezas como esa y otras cuantas, su sonido atmosférico, su gusto por los pequeños detalles “ornamentales” pero inesperados, hacen que algunos fans entre los que me cuento nos rindamos ante su belleza: para mí esta es una de las grandes joyas semiocultas del rock británico. Y tras ese espacio en el tiempo, el año siguiente llega “Rock and roll music to the world”, un disco irregular aunque en él figure alguna nueva clásica como “You give me loving”: TYA han vuelto a ser los de antes, pero en este negocio los pasos atrás no suelen presagiar nada bueno. Y justo cuando estábamos con las dudas sobre cuál sería su futuro, nos encontramos con el doble “Recorded live”, que como su nombre indica es un directo: las dudas quedan aplazadas. 

El grupo aprovecha su gira europea de principios de este año para hacer una selección de repertorio que alterna las piezas de sus últimos tiempos con otras clásicas: la apertura queda a cargo de “One of these days” -que también abría aquel majestuoso “A space in time”- y el cierre lo hace “Choo choo mama”, un rock and roll de su disco más reciente; precedido, eso sí, por la inevitable “I’m going home”. Por otra parte el sonido es excelente, con lo cual estamos ante el mejor directo de la banda, mucho más pulido que sus grabaciones en Woodstock o en el Fillmore de poco tiempo antes (que si no fueron publicadas en su momento, por algo era). En consecuencia las ventas son magníficas, y el disco ha pasado a formar parte de los grandes directos en la historia del rock. Por entonces aún no sabíamos que, en muchos casos, un doble directo magistral suele cerrar la época clásica de una banda, pero pronto nos íbamos a enterar. 

En 1974 llegará un nuevo disco, titulado “Positive vibrations”, y muy poco después TYA anuncia su disolución. Ese fulgurante tránsito, de escasos meses entre una cosa y la otra, tiene como principal motivo la poca calidad del disco (una sombra de todo lo que llegaron a ser): Lee y su banda son conscientes de que su época gloriosa ha terminado, de que su creatividad ya no da para más. Pero a esto hay que sumar el hastío que siente hacia el directo, las legiones de fans aullando, la vida de estrella del rock, que siempre ha detestado, y en consecuencia esa decisión resulta inevitable. Hay otras muchas bandas a las que no importa seguir adelante todo el tiempo que puedan aunque sus discos no tengan el menor interés porque lo que cuenta es el dinero, pero TYA decide despedirse con honor; y esa actitud, tan poco frecuente en este negocio, los eleva a la categoría de íntegros, de gente respetable en un mundo en el que casi nadie lo es. No importan las secuelas posteriores, que quince años después haya una fugaz vuelta para publicar un nuevo disco casi anecdótico o que los otros tres miembros del grupo lo pusiesen a funcionar de nuevo ya este siglo: habían renunciado al dinero que muchos otros de su quinta consiguieron en la época de los años 70/80 viviendo de giras mundiales gracias a una fama conseguida mucho antes. 

En cuanto a Alvin, siguió adelante colaborando con músicos menos famosos que él, o con su pequeña banda haciendo pequeñas giras. Murió en España, en 2013: en esos últimos años se dedicaba a pintar y a “aprender” a tocar la guitarra española. Gracias, Alvin. Tú, Rory y pocos más nos enseñasteis que la humildad era posible en ese gran teatro de vanidades que es el rock. 


18 comentarios:

  1. Hola Rick:
    A mi siempre me han gustado los TYA, y aunque parece que los discos en directo no cuentan, este a mi particularmente me gusta bastante.
    Muy acertado tu puntilla sobre la humildad de los músicos que los engrandece todavía mas, como bien dices Gallagher y Lee son un muy buen ejemplo que otros músicos caducos debieran aprender.
    Como anécdota te diré que Alvin Lee casi viene a mi casa en una fiesta, por la mediación de un buen amigo común, al final no pudo ser, pero por los pelos, pero era un personaje con el que se podía hablar de tu a tu.
    Y hablando de humildad, una banda que merecería estar en este año son los Nazareth, que llevan tropecientos años a pie del cañon ajenos a modas y costumbres y haciendo buen rock an droll. Ya sé que la opción peticiones del cliente está desactivada, pero...¿Quien sabe?
    Saludos
    Jose

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    1. Muy buenas, don José. Yo también creo que este directo, junto al de Deep Purple, el de Uriah Heep y algunos más forman una buena selección. Yo también prefiero la obra de un grupo en estudio, pero siempre hay excepciones. Y qué pena lo de Alvin, ya habría cosas que contarle a los nietos.

      En cuanto a Nazareth... recuerdo aquel primer disco, del 71, que sacó aquí Philips y que no era malo del todo; yo lo compré, aunque al final solo me gustaban "Witchdoctor woman" (la primera) y la versión de "Morning dew". Luego fui oyendo algunos discos más y lo dejé; con esto no digo que sean malos ni buenos, sino que el tipo de rock que hacen, esa especie de hard oscuro, no es lo mío. Lo siento.

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  2. Siempre que nombran a Ten Years After, me viene a la memoria ese temazo titulado "I´d Love to chage the World" de su álbum "A space in Time", soberbio, sin duda. Este en directo no lo conozco, pero para eso estoy aqui. Me voy a youtube a escucharlo un rato.
    Sorprendente la historia de Jose Kortozirkuito, una pena que al final no resultara el encuentro.

    Larga vida al Rock´& Roll.

    Saludos.

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    1. Esa canción, además de ser una joya, es una buena demostración de lo que era "la otra cara" de los TYA, más trabajada, con más arreglos. En cualquier caso, estamos ante un grupo de calidad superior. Y bueno, larga vida al rock and roll, aunque últimamente está un poco comatoso. Será la edad.

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  3. Otro comentario que ha volado, el del artículo de Led Zeppelin. Es sintomático que una semana después de escuchar el disco no me acuerde de nada. Este verano me dejé caer en un concierto de una de esas bandas tributo que se han puesto de moda, en este caso con los zepelines, y a pesar de que en directo soy bastante condescendiente, me aburrí lo mío.
    Y los Ten Years pues tienen buenos temas, pero se pasan de frenada. Si hubieran despachado las canciones en la mitad de tiempo hubiera ganado mucho la cosa. Al menos no alargaron su carrera.

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    1. Ya veo que Blogger sigue haciendo de las suyas, mister Chafardero. Qué quiere que le diga: sobre lo que es gratis, supongo que no tenemos posibilidad de quejarnos. En cuanto a los zepelines, como ya he dicho otras veces, a mí con un recopilatorio me llega. Prefiero a los TYA mil veces, pero en todo caso es cuestión de gustos.

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  4. No puedo ser objetivo, pues estos tipos han formado parte de eso tan cursi que es “la banda sonora de mi vida”. Contundentes, a la vez que cargados de destreza, oficio y talento.

    Con “I’d love to change the world” me fumé el mejor canuto.

    Saúde.

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    1. Yo tampoco soy muy objetivo, estimado Pez. Pero a nuestra edad ya da igual, ¿no? Y por supuesto, forman parte de nuestra historia. El mejor canuto no sé, pero con ellos sí recuerdo haber fumado más de uno, y todos me supieron divinamente.

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  5. Hola, lo primero agradecerte el blog, disfruto y aprendo bastante de las entradas, y espero que algún día llegues a la espain de los 70.

    Decir que el Recorded Live es el mejor directo de los TYA es una herejía, solo por la versión del I go home con solo de bateria y no de guitarra es suficiente para odiar el disco, siempre me gustará mas el Stonhenge. Coincido plenamente con el Space in time, casi rayado de tanto oirlo junto con el Sssshhh. Naturalmente soy de los que le gusta la faceta más hard blues del grupo. Un comentario sobre los Ten Years Later y la Alvin Lee Band, de las pocas veces que he picado y me he comprado un disco, siempre me han salido ranas, insulsos y audibles solo porque Alvin es un gran musico, pero les falta el alma.

    Salud

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    1. Pues muchas gracias por los halagos, que prometo no creerme. En cuanto a la España de los 70, ya es casualidad: la tengo planeada (el primer quinquenio) justo cuando acabe este año 73. O sea, que no falta mucho.

      Sobre los gustos no hay nada escrito: para mí, "Recorded live" es el mejor directo de los TYA, por encima de sus grabaciones en Woodstock, el Fillmore y las docenas de piratas que circulan por ahí. Otra cosa es "Stonedhedge", que es un disco en estudio y por tanto pertenece a otro rango. Uno de los grandes, por cierto. En cuanto a la faceta hard blues, volvemos a lo de antes: va a gustos, y precisamente "A space in time" es de lo menos hard blues de la banda, es otro nivel.

      Estamos de acuerdo en que la carrera posterior de Lee es casi anecdótica, pero en fin: se le puede perdonar todo. Por lo menos, nunca fue de estrella.

      Y gracias por la visita.

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  6. Pues para mí, Ten Years After siempre me lleva a esa magnífica “I’m going home”. Pero claro, eso no es todo. Siempre admiré a Alvin Lee, que no solo se recrea en su virtuosismo; es bastante más que eso. Lo de la humildad que comentas de Alvin y Rory es algo que se agradece en gente que podría ir de estrella si quisiera; sin embargo, ahí estan, cercanos y humanos; no como otros, que con menos, se endiosan y se hinchan como pavos reales.

    No he seguido muy de cerca la carrera de Ten Years After, así que no puedo comparar, solo reconocer que fue un gran grupo y que además se retiró en el momento adecuado, como muy bien comentas.

    Saludossssssssssssss

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    1. Eso es lo bueno de Alvin, mister Bab, que es bastante más que un virtuosismo o cuatro escalas repetidas machaconamente. Alvin era mucho más variado que, por ejemplo, un Eric Clapton. Pero la fama y el dinero se los llevó este último.

      Y saludossssss también.

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  7. Si hubiese sido un reventado como algunos de sus colegas estaría en el olimpo y en cada casa de adolescentes un poster de el pegado a la pared .En mi opinión junto con Green ,de los mas grandes guitarristas ingleses de blues rock .
    Y del “Recorded live” bahhh que decir ... desde que el anunciador alemán los presenta hasta el final es una delicia .
    Un abrazo

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    1. Pues sí, mister Luther: precisamente el caso de Clapton que le acabo de citar a mister Bab es un buen ejemplo de hype, al menos para mí. Y me alegro de que cite a Peter Green, que también es de mis favoritos, dejando aparte a Jeff Beck (al que considero el mejor guitarista vivo) y pocos más.

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  8. Excelente puesto. Excelente blog. Te sigo desde hace mucho tiempo, pero hoy me registré como miembro. Felicidades por el gran trabajo. Abrazo.

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  9. Muchas gracias, don Renè, y lo mismo digo.

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  10. Hola Rick, mi debilidad por Alvin Lee ha llegado hasta el extremo de asistir a un directo del grupo actual aún sintiendo que faltaba su alma, únicamente por el placer de oír esos temas que en otros tiempos salieron de su guitarra.
    Totalmente de acuerdo con la dimensión humana y nivel musical tanto de Rory como de Alvin, buena entrada.
    Abrazos.

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    1. Gracias, miss Jane. Ya veo que hay afición, porque los TYA sin Alvin no son mucho; pero en fin, supongo que al menos volará su espíritu sobre el escenario. Y técnicamente tendrán buen sonido, como lo tuvieron siempre.

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