martes, 21 de junio de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (XVIII)

Hoy terminamos con esta fase de penuria en el rock hispano, con ese doloroso tránsito entre décadas que solo ha dejado tres o cuatro nombres realmente populares en la memoria de los aficionados; el resto, la mayoría de los que han salido aquí, tiene el dudoso privilegio de ser rarezas para el recuerdo de un puñado de seres desquiciados como el que esto suscribe, pero poco más. Como ya sabemos, el dinero se lo llevaron los cantantes melódicos y tres o cuatro conjuntos de pop chicle como Fórmula V, los Diablos y demás horrores del ramo. Selección natural, llaman a eso las discográficas. La despedida nos lleva a Madrid, la capital del Imperio, tan bulliciosa en los años 60 y tan triste en estos momentos, claramente superada por la pujanza de Barcelona (aunque ya hemos visto que tampoco allí la situación general era como para echar cohetes). Es en Madrid donde hay dos grupos que reflejan muy bien la situación nacional del rock más o menos duro, más o menos progresivo: un quiero y no puedo. La afición es escasa y confía poco en la oferta nacional, por lo que su existencia será corta. Esos dos grupos, por orden de aparición, son Cerebrum y Franklin.



La historia de Cerebrum comienza a principios de 1969, cuando Luis Navarro, cantante que hacía juegos de voces en formato de dúo, busca músicos para formar un cuarteto. Uno de los integrantes será el bajista Chema Pellico, que procede de un grupo llamado los Más: pero ese grupo ya no existe, y deciden “heredar” el nombre. Junto al guitarra Javier Esteve y el batería Pedro Moreno, se hacen relativamente conocidos en algunos locales de Madrid por su afición a recrear piezas de sus grupos predilectos (Canned Heat, Cream, etc) en largos desarrollos, que podían llegar a durar media hora. Es una táctica muy habitual en las bandas británicas o yanquis de la época, pero muy arriesgada en un país como este, donde la afición es poca. Sin embargo al final tienen suerte, porque en Barcelona hay sellos que están interesados en ampliar la cuota progresiva; y uno de ellos es Ekipo/Dimensión, que los ficha antes de que acabe el año. Hay sin embargo una salvedad: ese nombre de “Los Más” suena desfasado, muy típico de una época y un estilo que ya no son actuales, así que les suministra uno nuevo, “Cerebrum”, que cuadra perfectamente con la década que está a punto de comenzar. E inmediatamente graban su primer single: “Eagle death / Read a book”, en el que lo primero que llama la atención es que mantienen su querencia por los desarrollos largos, ya que ambas piezas andan sobre los cinco minutos. La primera es la más fuerte; tanto su ritmo como la preponderancia de la guitarra desmelenada recuerdan al estilo Blue Cheer y bandas similares, en el cruce hard/heavy; pero en el centro temporal de ese desarrollo hay una entrada de piano al estilo clásico que nace y va ganando presencia hasta que el resultado es una curiosa muestra de fusión (y las notas finales las pone ese piano). La segunda es más relajada, a pesar de los interludios de la guitarra, y tanto en una como en otra se hace muy presente esa voz de ultratumba que nos recuerda una de las esencias de las primeras bandas heavies, la psicodelia oscura. En cualquier caso, y aunque la leyenda dice que solo se grabaron 500 copias, se vendieron pronto. El naciente heavy nacional parecía tener a unos buenos representantes. 

En 1970 llega el segundo single: “Time’s door / It’s so hard”, que sigue el estilo del primero aunque más adaptado al formato ya que las piezas son más cortas y más estilizadas a pesar de que la marcha guitarrera no decae. La primera me recuerda a Black Sabbath, tiene un tipo de escalas muy parecido, aunque posiblemente ellos no los habían escuchado todavía (su primer disco se publicó muy poco antes). La segunda tiene un desarrollo cercano al blues, que es también una de las bases del heavy progresivo tradicional, y de nuevo está muy bien planteada, aunque como las demás da la impresión de ser un “extracto”, de que esas mismas piezas en directo son mucho más extensas: Cerebrum es uno de esos grupos cuya razón de ser está sobre un escenario, y este disco ya tiene unas ventas mucho más reducidas. Esteve se marcha poco después, sustituido por Alfredo Santana, que tampoco durará mucho porque tras la participación del grupo en uno de aquellos festivales progresivos que se celebraban en Barcelona, a finales de 1970 comienzan las deserciones. En 1971, tras un carrusel de idas y venidas que incluyen una de las primeras apariciones de Salvador Domínguez, Cerebrum se disuelven. Casi a continuación, Esteve junto a Fernando Artalejo (que fue el primer batería de Cerebrum hasta que la mili lo hizo marcharse) y otros músicos forman Araxes, un grupo progresivo con influencias muy diversas, que solo grabó un single en 1972: “Something to say”, un largo desarrollo dividido en dos partes y supuesto sonido “directo” que no era tal. Es una buena pieza, con un vago sonido a Traffic (por la flauta, sobre todo), pero que pasó sin pena ni gloria. Sin embargo, y a pesar de los continuos cambios de personal (hasta Jorge Pardo llegó a militar en ese grupo), reaparecieron en 1975 como “Araxes II” y grabaron un único single dos años después: “El Rastro / Sí”, en el sello Chapa, que prácticamente nadie llegó a oír si no fuese porque luego las dos canciones aparecieron en uno de los recopilatorios de “Viva el rollo”. Dejando aparte las “introducciones habladas”, unas frasecillas supuestamente enrolladas que dan vergüenza ajena, la primera va en plan rock sinfónico con final de organillo ejecutando el chotis “Madrid”; la segunda es un poco más rockera, pero tampoco es que sea una joya. De todos modos, juzguen ustedes: la saga Cerebrum - Araxes no fue muy fructífera, pero tiene su encanto. 



Franklin surgen a principios de 1970 con un estilo parecido a Cerebrum: su principal referente son las bandas rockeras al estilo hard blues como Cream y compañía; y por lo tanto, disfrutan también de los largos desarrollos y la exuberancia guitarrera. Su destino será el mismo, una corta carrera y una escasa producción discográfica, pero aquí se presentan algunos músicos que luego participarán en otros grupos de más calibre: el más conocido es Juan Cánovas, el batería, que luego estará en CRAG y posteriormente en Módulos; Antonio García de Diego, el cantante y guitarrista, formará parte de Canarios, mientras que tras algunas idas y venidas quedan como fijos Pablo Weeber (segundo guitarra, procedente de Shelly y Nueva Generación), que intentará una resurrección de Franklin para luego grabar dos discos en Alemania junto Hoelderlin, banda rockera de parecido estilo, y el teclista Mariano Díaz, que tendrá una larga carrera como músico de acompañamiento; solo Miguel Angel Rojas, el bajista, desaparece de escena poco después, tras ser llamado a la mili. El grupo consigue algunas actuaciones en el pobre circuito musical de la zona por entonces y es detectado por Teddy Bautista, que entre otras cosas trata de hacerse un camino como manager y productor. Teddy les consigue un contrato con Ariola y graban su primer single en 1971 haciendo dos versiones: “Satisfaction” y “Border song”. Es una extraña pareja, pero en ambas demuestran que les gusta la fusión de estilos y sorprender a la parroquia: especialmente la versión de los Stones es original, con cambios de ritmos inesperados, que van desde el rock duro hasta los momentos de quietud presididos por un órgano casi catedralicio que nos introduce en una fase cercana al sinfónico. Y la versión de Elton, muy digna; incluso por momentos las voces cruzan el juego Elton / Mike Harrison / Gary Wright que tan bien se le daba a Spooky Tooth, con coros y todo. Ya digo, es un disco muy curioso. 

Como era frecuente en España, se juntó una vez más el hambre con las ganas de comer; es decir, que las ventas fueron minúsculas y la mili hizo el resto: ya en 1972, Franklin son baja en el listado nacional de grupos. Pero al año siguiente Pablo Weeber busca nuevos músicos y vuelve a intentarlo. Esta vez hay dos baterías, al estilo Allman Brothers (por poner un ejemplo), y el sonido es más compacto. Por desgracia el único sello interesado en grabarlos es el diminuto Benzo Records, que presenta a finales del 73 un single con dos piezas propias: “What is wrong / Lasidore-Mifamire”. La primera define muy bien esa nueva densidad hard que han adquirido, y la voz del propio Weeber queda perfectamente acoplada; me recuerda a Randy Bachman en los BTO. La B, un poco desordenada, es una sucesión de órgano que durante el primer minuto se luce en solitario para dar entrada a un rock entre progresivo y sinfónico entre el cual surgen unas voces marcando las sílabas de esas notas que dan titulo a la canción. El disco pasó fugazmente por algunas tiendas, pero los muchachos no se desaniman y se encierran a grabar material para un supuesto Lp que se publicaría en 1974. Finalmente el sello es incapaz de afrontar los gastos, poco después desaparece y el proyecto se abandona. Franklin se mantienen gracias a las actuaciones hasta principios del 76, y aquellas canciones no publicadas quedan en el olvido hasta que hace unos años las resucita el sello Cocodrilo bajo el título “Life circle”, que al parecer era el que se había pensado en su época. A mí me resulta indigesto, qué quieren que les diga: esa comparación con el “Ciclos” de Canarios que hacen algunos comentaristas ilusionados lo resume todo, y no sé si para bien o para mal: una vez más lo dejaré a la elección de ustedes, junto con aquellos dos singles. 

Como dije arriba, aquí acaba la relación de nombres más o menos destacables durante el oscuro período de transición entre décadas. Otro día seguiremos nuestro camino, pero de momento toca descanso; y como ya saben los clientes de este tugurio, cada vez que hacemos un alto hacemos también fiesta, así que… 



8 comentarios:

  1. Hola Rick:
    Estos tampoco me suenan de nada. He dado un repasito a los temas pero se me hacen insufribles,los temas son muy largos, eso si, como curiosidad no tiene desperdicio y creo que en su momento de haberlos conocido me hubieran gustado..
    De todas formas has hecho una buena labor al rescatarlos.
    Espero con ganas las nuevas sorpresas que nos preparas para los años siguientes.

    Saludos.

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    1. Muy buenas, Antoni. Para ser honrado, te diré que tampoco te perdías mucho; este tipo de grupos está bien como anécdota (y el saber no ocupa lugar), pero su carrera fue muy corta y ya ves que no significaron gran cosa.

      En cuanto a la siguiente época, ya sabes que yo voy a saltos: ahora toca otro tipo de asuntos, y ya volveremos a España dentro de un tiempo. Me gusta hacer ese tipo de cortes porque así creo que nos aburrimos menos, al ir cambiando de temas de vez en cuando.

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  2. Magnífico ciclo, aun diría más, verdaderas conferencias cum laude. De Cerebrum había oído hablar (bueno, también había por aquellas épocas una discoteca famosa en Madrid con el mismo nombre, bebíamos entonces cerveza mezclada con ginebra, descerebrados..., nunca mejor dicho). De Franklin, nada. De esas épocas tengo algunas cosas de grupos de Madrid, La Mosca y Agamenón, aunque estos últimos creo que iban de un rollo más hippy.
    Gran labor arqueológica la tuya.
    Saludos,
    JdG

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    1. Muchas gracias, Javier, pero no exageremos: este tipo de asuntos, como los que tú tratas en tu blog y los demás en los suyos, son la consecuencia de una afición; por lo tanto no constituyen un "trabajo", sino un disfrute. Mal hará quien no lo vea así.

      Casualidades de la vida: a La Mosca la tendremos en la fiesta; fue un proyecto de Alfonso Sáinz, el de los Pekenikes, para dar salida a algunas piezas que había compuesto pero que no tenían lógica en su grupo, así que recurrió a un grupo de músicos para grabarlas. En cuanto a Agamenón (un grupo encantador), son de mediados de la década, así que aún tendrán que esperar para visitarnos. Porque nos visitarán, no lo dudes.

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  3. Tenía olvidados a Cerebrum. Nunca los ví en directo, así que no puedo opinar eso que comentas de que eran mejor que en estudio. En su momento les presté poca atención, me parecían temas bastante aburridos tocados con calidad. Ese primer tema "Eagles’s death" es muy curioso, con ese piano que en principio parece que no pinta nada allí.

    A Arexes no los había oído. Esa flauta supongo que será de Jorge Pardo porque suena de maravilla. "Something to say" tiene algo más de interés, para mí, que lo de Cerebrum. Será porque, como dices, tienen algo parecido a Traffic. El segundo single de Arexes tiene menos interés para mi. Incluso ese "Si" se parece algo a ese rock andaluz del que hablábamos el otro día.

    A Franklin no recuerdo haberlos oído. Y si que es curiosa esa mezcla de estilos que practican. Buenos músicos pasaron por allí y eso se tiene que notar en algo. La versión de Satisfacion se la curraron bien.

    El L.P. puede que se lo curraran, pero no sería capaz de oirlo dos veces. Con una he tenido suficiente.

    Estos estilos de música no son lo mío. Me ha gustado poder comprobarlo de nuevo, con el paso de los años y los regalitos que nos haces. Buenos músicos haciendo música que ... con su pan se lo coman; con algunas salvedades, como bien has comentado.

    Saludossssssssssss

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    1. Te digo lo mismo que a Antoni: no te perdías gran cosa. El asunto de "estudio vs. directo" es un dilema muy frecuente entre los músicos con talla técnica pero poco creatividad. Cerebrum, como Franklin y muchos otros, tenían músicos de categoría, que en directo daban lo mejor de sí mismos y encantaban a la parroquia con aquellos largos desarrollos que, de todos modos, podían acabar aburriendo a un pez: ¿te acuerdas de los directos de gente como Grateful Dead, por ejemplo? Aquello era como para echarse a temblar.

      Y veo que tenemos una idea muy parecida sobre el Lp de marras. Está visto que somos poco progresivos, ¿eh?

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  4. Hola Rick:
    estoy mas o menos con Bab, Discos de digestion pesada, el single del Eagle Death lo tengo por ahí, en su tiempo hay que reconocer que eran rompedores, pero al oirlos ahora a veces se me asemejan a la heavy psych americana, que tambien me suele dar ardores de estomago.
    En fín, es lo que había y hay que agradecer a los grupos sus ganas de investigar e innovar.
    Me voy a por un poco de bicarbonato y a la cama, que ya es hora.
    Un saludote.
    Jose

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    1. Veo que hay acuerdo general. De todos modos hay que reconocer que muchas valoraciones dependen de la época: por entonces este tipo de músicas nos encantaban, tal vez por oposición al panorama general que sufríamos aquí. Cada disfrute tiene su época y su sitio en la memoria.

      Espero que hayas dormido sin sobresaltos.

      Saludos mil.

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