miércoles, 12 de octubre de 2016

1974/75 (IV)



El blues rock es una rama principal en la evolución de la música popular británica. Y aunque su momento de esplendor tiene lugar casi al mismo tiempo que el de la psicodelia, sus orígenes son muy anteriores: ya a finales de los años 50 se hacen conocidos en el circuito londinense algunos personajes como Alexis Korner, Cyril Davies o Graham Bond, que por lo general procedían del trad -una variante isleña del jazz- o incluso el skiffle. Luego llega la figura de John Mayall, que multiplica la popularidad del género, y a mediados de los 60 comienza el estrellato de unos cuantos muchachos que militaron en las bandas de los pioneros: Peter Green, Eric Clapton, Jack Bruce, Charlie Watts, Ginger Baker… la lista es enorme. Otros, más eclécticos, consiguen esa misma categoría alternando su militancia en pequeños grupos con su trabajo como músicos de estudio, lo cual les da una visión muy amplia: Jeff Beck o Jimmy Page son buenos ejemplos. Esa nueva generación da como resultado el brillante British Blues Boom, que podríamos considerar como la segunda oleada de la british invasion en Estados Unidos y cuya punta de lanza son los Yardbirds -la banda de transición perfecta, una excelente mixtura entre beat, blues, pop e incluso psicodelia-, que abren el camino a los que luego serán considerados “hermanos mayores”: Fleetwood Mac, Cream, Groundhogs, Free, etc. 

Al igual que sucedió con la psicodelia, las bandas realmente grandes evolucionaron pronto hacia otros estilos (Free, Jethro Tull o incluso los Mac) mientras que algunas desaparecieron para que sus componentes siguiesen carreras en solitario: Cream es el mejor ejemplo. También hubo otras que, manteniendo el blues como una de sus influencias, añadieron nuevos ingredientes (el caso de Led Zeppelin o Ten Years After). Todas ellas han pasado por este local; quizá lo justo hubiese sido citar también a las del tipo Groundhogs -especialmente estos- o Savoy Brown, pero no se puede estar a todo: quienes sean verdaderamente aficionados al blues rock seguro que las conocen y admitirán que eran un tanto repetitivas, más indicadas para el directo que para una extensa producción (algo que ya le pasaba al propio Mayall, cuya desaforada cosecha discográfica se acaba haciendo cansina). Y de todo aquel impresionante listado de personajes ya solo nos queda uno, que curiosamente es irlandés y por tanto ajeno al ambiente de la isla grande: en efecto, se trata de Rory Gallagher. Un músico que tocó techo en 1973 con la publicación de “Blueprint” y “Tattoo”, para mí sus dos discos más brillantes. A estas alturas podría parecer un poco fuera de época, cuando sus compañeros de estilo ya andan en otras cosas, pero también él va mezclando elementos: su blues tiene una buena mezcla de rock’n’roll, folk de vez en cuando y hasta un ligero toque jazzístico. 

Una de las características de Rory es su clara predilección por las giras y el escenario: la mayor parte de sus discos fueron grabados en dos o tres semanas, con las canciones lo suficientemente rodadas en las actuaciones como para no tener que repetir tomas. Y por lo tanto, en la cumbre de su carrera, la guinda del pastel tiene que ser un nuevo disco en directo. Recordarán ustedes que en 1972 ya hubo uno, el magnífico “Live in Europe”, pero esta vez va a lo grande en todos los sentidos: será un disco doble y grabado en Irlanda, ante sus paisanos, filmando las actuaciones con el posible objetivo de hacer un especial para la televisión. Hay una circunstancia que otorga un añadido digamos "ético” a sus planes, ya que sus giras irlandesas incluyen también el Norte, concretamente la ciudad maldita de Belfast. Por entonces, la guerra abierta entre el IRA y el ejército británico por la independencia completa de Irlanda estaba en uno de sus momentos más sangrientos, y ni siquiera los propios artistas irlandeses en su gran mayoría se atrevían a actuar en esa zona. Pero Rory nunca evitó el Norte, y como es lógico sus paisanos se lo agradecen: Belfast será una de las ciudades elegidas para figurar en esa grabación, junto con Dublín y Cork.

Las actuaciones se grabaron a principios de 1974, y el disco se publicó en verano. El concepto viene siendo el de un “grandes éxitos”, ya que la mayor parte del material es muy popular: las piezas arrasadoras como “Cradle rock” (que abre el disco), “Tattoo’d lady” o “Walk on hot coals” se alternan con piezas más bluseras pero impresionantes como “I wonder who” o momentos más acústicos como “As the crow flies”. En resumen, este es el gran directo de Rory: a su lado, el “Live in Europe” solo es un esbozo, tanto por el material como por la ejecución, porque a Rory se le ve a gusto, poderoso, disfrutando. Ni que decir tiene que el disco fue un éxito absoluto, que llegó a su 40 aniversario con la publicación de una caja con ¡siete cedés! conteniendo la mayor parte del repertorio que había tocado en esas tres ciudades. En cuanto al proyecto para la televisión, no salió adelante; pero ese material se usó para publicar, aunque con mucho retraso, una especie de documental sobre esa actuación y varias consideraciones de Rory sobre su música y otras cosas dirigido por Tony Palmer, un clásico del cine musical. Así que aquella gira resultó ser una de las más recordadas. 

Esa grabación es la última de Rory con Polydor, un sello que le ha acompañado desde sus inicios con Taste. Un sello que posee un tipo de sonido inconfundible, cercano, caluroso: los discos de Hendrix, Cream o la buena época de Mayall no serían lo mismo sin esa evocación levemente “casera”. Le tengo mucho cariño a Polydor, qué quieren que les diga, y su salto a Chrysalis nos inquieta porque su espíritu es muy distinto, vaporoso, más propio de bandas como Jethro Tull o Ten Years After, con mucho arreglo de estudio, algo que Rory detesta. Pero de todos modos, si iba a seguir produciendo sus discos en persona, era de suponer que no habría grandes cambios. Las dudas se despejan en Otoño del 75, con la presentación del primer disco en su nueva época: “Against the grain”. Desde su apertura con “Let me in” vemos que no, que no los hay en lo fundamental, pero se percibe otro ambiente. La diferencia se nota sobre todo en la base rítmica, que al menos a mí me suena más “acolchada”; el conjunto da una imagen muy profesional, muy de tipo medio, como buscando el mercado americano, y lo consigue: aunque en la Isla sus ventas decaen, en los States su prestigio sube como la espuma. No sabría destacar unas canciones en particular, aunque “Souped up Ford” tiene mucha fuerza, su arreglo de “All around man” le queda muy de su estilo y… no sé. Algo se ha perdido. Tal vez yo sea un quisquilloso, pero… ¿no estaremos ante otra víctima de la maldición del doble en directo? 

Rory seguirá con sus giras interminables y publicando discos decentes con regularidad, discos que se van endureciendo, discos que me cansan cada vez más, y bien que lo siento. Los músicos siguen una evolución, y los aficionados seguimos la nuestra propia: esas dos evoluciones a veces coinciden y a veces no. Darle más vueltas al asunto es perder el tiempo. Y lo que importa son los buenos momentos, esos dos o tres, o diez discos de cada uno de ellos que nos han emocionado personalmente; el resto de su producción interesará a otros y en eso consiste la cosa, en la variedad. Ya saben, hay otros mundos pero están todos en este. 


18 comentarios:

  1. De toda la gente blues-rockera que nombras, quiza el que menos he oído ha sido a Rory en su época en solitario.
    Me gustaba mucho el On the Boards con Taste. Y luego Tatoo, ya en solitario. Pero nunca me metí de lleno en su carrera, a pesar de que me parece un gran guitarrista, con un registro muy amplio. Cosas que pasan. Buen repaso a su carrera. No nos perdemos ni una clase. ¿Dan diploma al final de curso?

    Saludosssssssssssss

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  2. Por cierto, no recuerdo haber oído el directo del 74. y el Against the Grain tampoco lo recuerdo, pero si se parece al Tatoo, le echaré un vistazo.

    Saludossssssssss

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    1. Rory fue tremendamente popular en España (incluso nos caía mejor que Clapton y otros santones del negocio blues rock), así que seguramente andabas en otra onda por entonces: quedas disculpado. Y no te preocupes por el diploma, ya que el solo hecho de tener la paciencia de venir por aquí a aguantar estos rollos todas las semanas ya es mérito suficiente.

      En todo caso te recomiendo este directo, que para mí es de lo mejorcito de Rory. Luego ya el "Against the grain" es cuestión de gustos, pero sintiéndolo mucho no está a la altura del "Tattoo": eso ya son palabras mayores.

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  3. Asistí, creo que fue antes del verano de 1974, al concierto que dieron Rory y su banda en el Teatro Monumental de Madrid. Unos cuatro años después le volví a ver en el Pabellón del Real Madrid. Sus directos eran toda una celebración colectiva, la misma esencia del rock y de todo lo que significaba entonces de ruptura y confrontación con el sistema (sobre todo antes de la muerte de Franco) estaba presente entre una multitud entregada. El día de verano que murió en Londres estaba con mi familia en la capital inglesa, y al leer la noticia en los periódicos la siguiente mañana me sentí un poco huérfano, deudor de tantos momentos inolvidables.
    Esa época de la primera mitad de los 70 en Inglaterra es una de mis favoritas, sin duda.
    Saludos,
    JdG

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  4. Ah, por cierto, acertadísima mención al sello Polydor, un gran favorito. Recuerdo, lo que primero me viene a la memoria, el sonido del "Layla and other assorted love songs" y se me cae la baba de gusto.
    JdG

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    1. Lo de Rory, efectivamente, era una especie de celebración colectiva, porque era una persona muy cercana, sin nada que ver con la tontería de otras supuestas "estrellas": parecía un miembro más de la pandilla, alguien muy hogareño. Y aunque su muerte ya nos pilló alejados de aquel tiempo y de aquel estilo, yo también lo sentí.

      Esa época y esos sellos como Polydor, o Island en otro estilo, son una sensación imborrable. Es la memoria de nuestra juventud, cuando ese tipo de detalles tenía algún sentido, cuando cada sello tenía su propio carácter.

      Ay, la edad....

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  5. Lo siento. Le ofrezco mis disculpas, señor Rick: fui incapaz de comentar la triste decadencia de Traffic. Para recuperarme, acabo de escuchar con arrobo Mr. Fantasy. Y es que hay penas que he de llevar en la intimidad de mis aposentos.

    Con el señor Gallagher lo tengo más fácil, pese a la enorme simpatía que le tengo. Un gran músico, del que tengo la impresión de que hizo en cada momento lo que apeteció, sin fijarse excesivamente en motivaciones externas. Pese a ello, nunca excitó mi única neurona como lo hicieron Winwood y compañía.

    Saúde.

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  6. Lo siento. Le ofrezco mis disculpas, señor Rick: fui incapaz de comentar la triste decadencia de Traffic. Para recuperarme, acabo de escuchar con arrobo Mr. Fantasy. Y es que hay penas que he de llevar en la intimidad de mis aposentos.

    Con el señor Gallagher lo tengo más fácil, pese a la enorme simpatía que le tengo. Un gran músico, del que tengo la impresión de que hizo en cada momento lo que apeteció, sin fijarse excesivamente en motivaciones externas. Pese a ello, nunca excitó mi única neurona como lo hicieron Winwood y compañía.

    Saúde.

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  7. Le juro por sus muertos que sólo le he dado una vez al dedito, y sin regodeo.

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    1. No se preocupe, don Luis, por su incomparecencia a lo de Traffic. A fin de cuentas, ¿a quién le apetece asistir al funeral de la gente querida? Escuchar el "Mr. Fantasy" es la mejor manera de rendirles homenaje, sí señor.

      En cuanto al dedito y las repeticiones, tampoco se preocupe: no sé qué ha pasado esta vez que a casi todos los concurrentes les ha salido el comentario doble. He estado borrando las duplicidades menos en su caso, como constancia de la anomalía.

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  8. Ese directo es bárbaro, el Against the grain no lo tengo muy controlado, soy más del Tattoo y sobre todo del Deuce. Saludos.

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    1. Pues estamos casi de acuerdo en todo, mister Johnny; solo añadiría "Blueprint", que me parece igual de bueno que "Tattoo". Al lado de esos tres (y el directo), hay que reconocer que "Against the grain" es una obra menor.

      Saludos mil.

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  9. Recuerdo los discos del año anterior de este hombre, eran interesantes, sobre todo en el panorama del blues rosk que se repite más que el ajo.
    Este que reseñas hoy ha empezado con fuerza pero he perdido rapidamente el interés. Quizás, como apuntas, sea más convencional, o quizás es que yo estaba en otra cosa.

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    1. Como le decía a mister Johnny, hay que reconocer que "Against the grain" es una obra menor en comparación con los discos anteriores. Pero el directo es realmente monumental, y además un buen resumen de la carrera de Rory: quédese con ese y olvide el otro, así tendrá una memoria muy agradable de la carrera de este muchacho.

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  10. Hola Rick, lo siento pero la devoción que tengo por Rory hace que no vea fisuras en lo que hizo, reconozco que este tipo de posturas no suele ser lo mas acertado pero en fin...
    La entrada como siempre de lo mas interesante, así da gusto.
    Saludos.

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    1. Sé que Rory tiene una gran cantidad de fieles que siguieron toda su obra hasta el final, y me parece muy bien: como digo arriba, cada aficionado tiene perfecto derecho a disfrutar con sus manías, y todos tenemos alguna. Esa es la gracia de esta afición o de cualquier otra: cada uno manda en sus gustos.

      Y gracias por las alabanzas. Saludos mil.

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  11. Hola Rick:
    Hay me has dado, ya que el Rory gallagher siempre ha sido de mis favoritos y todo un ejemplo de rockero, siempre con su vieja guitarra ¿algún día fue nueva? y a la faena, sin mamoneos ni posturitas. Me gustan todos sus discos, aunque parezca exagerado, claro que hay alguno especial como el Blueprint, el Tatoo o el Live In Europe, pero estos dos que hoy presentas se llevan muy poco con los otros.
    Tomo aire fresco para la próxima aventura por ese mar de los sargazos.
    Saludos
    Jose

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    1. Cierto, José: la guitara de Rory no está demostrado que algún día hubiese sido nueva. Yo por lo menos no la recuerdo de otro modo que así, desconchada, hecha polvo. En cuanto a los discos, ya digo, yo prefiero su época con Polydor, aunque prácticamente todos los que hizo tienen piezas interesantes. Será más bien un problema de estilo.

      Sargazos hay todavía unos cuantos, pero tranquilo: espero que no tardaremos mucho en salir de esta época.

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