martes, 25 de octubre de 2016

1974/75 (VI)

En los años 60/70, cuando una banda era realmente grande resultaba difícil encuadrarla en un género determinado: los Beatles fueron muchas cosas distintas, como lo fueron Traffic, Family… o King Crimson. Los periodistas musicales, siempre necesitados de etiquetas, encuadraron a los Crimson en un terreno a medio camino entre el rock progresivo y el sinfónico, pero cualquiera que conozca un poco a este grupo sabe que estaban muy por encima de esas denominaciones porque tenían su propio estilo, cambiante pero siempre original, inconfundible. Y también a ellos les está llegando la hora de la despedida. 




La táctica de Robert Fripp ha sido hasta ahora desarrollar una estructura musical que se renueva cada dos discos. De ese modo, y aunque siempre ha buscado los extremos -violencia o suavidad, casi quietud-, en los dos primeros los momentos de más tensión tienen orígenes en el jazz rock mientras que las piezas lentas suenan un tanto “espaciales” gracias al uso del melotrón. Los dos siguientes se acercan en ocasiones a la música de cámara (con esa curiosa predilección por los boleros), y los sonidos más vivos andan cerca de la música concreta con tonos de free jazz. Ya en “Islands”, el segundo de ese par, comienza a notarse una evolución en su forma de tocar la guitarra, que por momentos suena rasgada, en cortos y secos hachazos: ese sonido será uno de los protagonistas principales en la nueva orientación del grupo, inaugurada en 1973 con el revolucionario “Larks' tongues in aspic”, que instaura también un estilo más radical en la batería y las percusiones. El resultado final tiene fases contundentes, pero creo que ya dije alguna vez que don Roberto sabe distinguir muy bien entre bronca e intensidad. Ah, por cierto: poco antes nos enteramos de que se ha hecho amigo de Brian Eno; y como fruto de esa amistad, a finales de aquel año se publica aquel disco tan vanguardista titulado “No pussyfooting”. Dice que “no teníamos ninguna intención de grabar un disco en común, sino de pasarlo bien”. Perfectamente. Sigamos pues con lo nuestro: justo por entonces termina la gira europea que trajo al grupo a España por primera vez, y a principios del 74 llegan al estudio repitiendo formación, sin alteraciones. Eso es una gran noticia, ya que significa que se sienten a gusto, sin los agobios de ocasiones anteriores, y que esa estabilidad ha de reflejarse en el disco; que se publica en la primavera, es decir, muy pronto, lo cual es una consecuencia lógica de lo anterior. 

El disco se titula “Starless and bible black”, y algunos pensamos que es una de las cumbres del grupo: en la cara A tenemos una sucesión de canciones cortas que comienza con “The great deceiver”, una especie de rock con un riff muy nítido y que se fracciona para dar entrada a las intervenciones vocales de Wetton, que consigue un estribillo muy origlnal; “Lament”, la segunda, parece buscar el reverso con una especie de balada suave que progresivamente se encrespa. Son dos piezas realmente accesibles para un público medio, lo que constituye un nuevo mérito que añadir a la perspectiva musical de Fripp, hasta ahora un tanto elitista. “We’ll let you know” es un desarrollo instrumental en gran parte improvisado, el primero que nos muestra la verdadera esencia de este disco: las piezas cantadas -un total de tres- son probablemente lo único que se ha pulido con posterioridad (luego nos enteramos de que gran parte del material, aunque ensamblado en estudio, procede de una actuación en Amsterdam). “The night watch”, la siguiente, la última cantada, es una nueva delicia con aspecto de balada y que junto con la primera será publicada en single. El resto es instrumental: “Trio”, un suave ejercicio de estilo, es seguido por “The mincer”, un tanto inconexa. La cara B solo tiene dos piezas: la que da título al disco (una improvisación a cargo de cada músico donde quizá los momentos más contundentes son obra de la batería) y “Fracture”, una verdadera exhibición que teóricamente también está improvisada pero en la que destaca una escala obsesiva, casi demencial, a cargo de la guitarra de Fripp y que se ha hecho legendaria. En conjunto, salvo alguna crítica aislada, este disco está considerado como una de las más altas muestras de la escasa vanguardia que se produjo a mediados de los 70, una época muy poco refrescante. 

Volvieron las giras, sobre todo en los Estados Unidos. Teniendo en cuenta que los yanquis son más propensos al rock puro y duro que a las florituras progresivas, tal vez a ustedes les interese conocer un comentario muy curioso de Bill Bruford: “En la Isla siempre hubo una concepción errónea sobre King Crimson; nos encasillaron como un grupo tremendamente intelectualizado… En los Estados Unidos nunca tuvieron estos prejuicios, siempre nos consideraron una banda de heavy metal, potente y contundente”. Sin embargo, Fripp decía que “No estamos aquí para divertirnos superficialmente, somos una banda intelectual, aunque no por ello dejemos de pasarlo bien”. Y parece que comienza a surgir el conflicto entre “pasarlo bien” y el agobio por tanto trajín soportando la presión del público, de los managers, la excesiva radicalización del sonido: aunque no hay una nota oficial (ni los propios músicos lo saben aún), King Crimson subirá por última vez a un escenario el 1 de Julio del 74 en Nueva York. Terminada la gira, vuelven a los estudios para grabar la que será su obra de despedida; David Cross se había marchado, pero Fripp lo llama para que participe. Da la impresión de que quiere cerrar el círculo iniciado en el año 68, ya que también acudirán casi todos los integrantes de las sucesivas secciones de viento que pasaron por el grupo: Ian McDonald, Mel Collins, Mark Charig y Robin Miller. El material, una vez más, está suficientemente rodado; la duda es si estaremos ante una continuación de los dos discos anteriores, algo que rompería la táctica tradicional. Ah, y para rematar la intriga resulta que Fripp, cada vez más inquieto y deseoso ya de irse a casa, delega la dirección en Wetton y Bruford: él se limitará a tocar su guitarra disciplinadamente. 

El disco se publica en otoño del 74 con el título de “Red”. En la contraportada vemos la aguja de un vúmetro entrando en la zona roja, que es el número 7: su séptimo disco. Muy simbólico. Una o dos semanas antes, Fripp había comunicado oficialmente la desaparición del grupo. Con estos antecedentes, a los fans nos invade el temor de estar ante una obra de compromiso, una simple obligación por contrato, pero resulta que la cosa es al revés: “Red” es un cruce perfecto entre los primeros y los últimos tiempos de la banda. El sonido, en conjunto, puede parecer similar al de los dos anteriores si no fuese por los instrumentos de viento y el uso del melotrón; la música va fluyendo desde el presente hasta el pasado con el arranque de la primera pieza, que le da título y es una clara herencia del estilo “Larks’ tongues in aspic”, hasta el cierre señorial que marca “Starless”, donde el tono de fondo recuerda inevitablemente a la Corte del Rey Carmesí, con su perfecto equilibrio entre balada electrónica y caos medido. Así que nuestros temores eran infundados, y esto es un canto del cisne en toda regla; una despedida perfecta, rotunda, a la altura de una banda tan especial como King Crimson. 



La obra de compromiso llega luego, con la publicación en la primavera de 1975 de un directo; se titula “USA” y como su nombre indica es una colección de piezas pertenecientes a actuaciones en aquel país, en su última gira del 74. No es un mal disco -desde luego es infinitamente mejor que “Earthbound”-, pero resulta un poco decepcionante porque la única pieza de sus primeros años es “21st Century schizoid man”; el resto, salvo la inédita “Asbury Park”, corresponde a los dos anteriores a “Red”, es decir, casi íntegramente a su última época, con lo cual queda una imagen sesgada del grupo, muy metalizada, muy al gusto yanki. El sonido es bastante bueno (hay overdubs en estudio) y como constancia del poderío de los Crimson en directo es un buen ejemplo, pero… esperábamos otra cosa, tal vez. Luego Fripp presentará un doble recopilatorio, seguirá sus trabajos con Eno, habrá un semi-retiro, creará una academia de guitarristas, volverá a lanzar a King Crimson en los años 80, etc etc. A mí nunca me cayó bien y su producción de esa segunda época no me parece ni de lejos a la altura de la primera, pero una vez más esta es una simple opinión mía. Eso sí, en la primera seguro que todos estamos de acuerdo: aquello fue fantástico. 



13 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con la coletilla de la entrada, tan de acuerdo que desde la publicación del "USA" me olvidé totalmente de lo que posteriormente hiciera Fripp con KC, haciéndole caso en aquello que comentó de "centrarse en un presente musical de células independientes y autónomas para olvidarse de las apuestas de dinosauros..." (el texto no es exacto del todo, la memoria falla) Les ví en Madrid en la presentación de su "Lark´s Tongue in Aspic" y, al igual que cuando ví a Fripp con Eno poco tiempo después (en este concierto ya ibamos más "preparados"), me sentí sobrepasado por la música que ofrecieron, le ocurrió creo que también a la mayoría de los asistentes.
    Hablar de preferencias con KC me es difícil, me gusta hasta su "Earthbound" con su sonido de grabación tan deficiente, pero encuentro ahí una ofensa a su sonido tan pulido que me sigue cautivando. Junto a Pink Floyd y Genesis (solo por el grandioso "Selling England by the Pound") fueron el vértice de la mejor época de mi ya lejana juventud, siendo ellos la punta de más aristas del terceto.
    Saludos,
    JdG

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    1. Sí, el asunto de las células independientes y los Frippertronics fue una de las obsesiones de este señor a partir de aquella época. La verdad es que estamos ante un personaje bastante maniático, pero en fin: si un artista no tiene manías es un artisca cojo, ¿verdad?

      A mí los directos de King Crimson no me atraen mucho. He escuchado luego algunas grabaciones de aquella época y las únicas que realmente me gustan son las que hicieron en la BBC, que como pasó con muchos otros resultan encantadoras. Pero es culpa mía: por lo general los directos no suelen interesarme.

      En cuanto a Genesis, mira tú por dónde...

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  2. Hola amiguetes:
    Pues mas o menos como comenta Javier. El USA fué el punto final y a casi nadie interesa. Siempre fuí un gran seguidor de esta banda, que cuanto menos nadie supo imitar, lo cual ya es mucho, el Starlest y el Red, me gustaban, con ese sonido tan radical, combinado con esas partes tan líricas.
    Supieron plasmar un universo inquietante, siempre me parecieron que jugaban en otro división. Supieron cambiar disco a disco desde su "En la Corte" hasta el "Red", todoslos discos diferentes y obras maestras, excepto, y discrepo con Javier,con el Earthbound, que me parece insufrible.
    También los vi, creo en la gira del Lark´s Tongues, geniales, y al poco Fripp con el Eno, una de las brasas mas gordas que me he comido a la altura de otra que en esa época nos dió Nico con su clavicrdio o lo que fuese aquel infernal cacharro.
    Banda "fuera de categoría" e inclasificable. D.E.P.
    Saludos.
    Jose

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    1. La trayectoria de este grupo es realmente brillante, dejando los directos aparte. No sabría destacar una época sobre otra porque supieron sonar muy distintos en cada una, no se repiten. Y en cuanto a los de Fripp y Eno, estamos de acuerdo: eran una brasa (aunque para gustos se pintan colores, caro).

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  3. El Starless and bible black es uno de los discos de mi vida, mi preferido entre las maravillas de King Crimson.

    Si algún día la historia hiciese justicia –cosa rara- se estudiaría en los colegios.

    La música clásica hace tiempo que se ha perdido en el limbo, bien dándole vueltas a lo mismo, bien perdiéndose en lo estrambótico. Mi opinión desautorizada es que Starless and bible black –por ejemplo- forma parte de la música clásica del siglo XX.

    Además de otras cosas inaprensibles, este grupo me gusta por el punto psicótico que siempre subyace en su música; o eso le parece a mi mente enfermiza.

    Saúde.

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    1. Mismamamente, don Luis. Para mí es uno de los tres grandes, sin que los otros tres desmerezcan,claro (quizá el más flojo de su carrera fue el segundo, "In the wake...", que está eclipsado por el primero y parece una colección de restos).

      Y también estamos de acuerdo en lo del punto psicótico, tal vez sea eso una parte de su encanto.

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  4. Hola Rick:
    Los King Krimson como bien dices, siempre han tenido una categoria especial y son inclasificables en cuanto a género. Reconozco que hay una gran parte de su discografía que me es descocnocida, pero hay otros álbums como por ejemplo "Three is a perfect pair" y el "Beat" que escuché en su momento hasta la saciedad y me tuvieron enganchado durante algunos años.
    Todavía estoy a tiempo se escuchar aunque sea parte de lo que no conozco y voy a empezar por el "Starless and bible black" que tanto se menciona en los comentarios. Seguro que me sorprende.

    Antoni.

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  5. Estoy escuchando "The Great Deceiver" ¡¡Como suena esto!!

    Madre mia lo que me he perdido...

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    1. Hola, Antoni. Resulta un tanto sorprendente que recuerdes mejor la segunda fase de los Crimson que la primera, cuando a casi todos nos suele ocurrir al revés: los dos discos que tú citas, por ejemplo, están guardando polvo en mi casa y no recuerdo muy bién a qué sonaban. Tendré que repasarlos.

      Así que no me extraña que te vaya gustando el "Starless...", porque esa es otra división. Y en cualquier caso, me alegro por ti: rescatar discos como ese a estas alturas es una experiencia casi "religiosa", como diría el otro. Felicidades.

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  6. Tengo una relación amor odio con Mr. Fripp (¿a quíen le importa eso, no?). Pues bien, en muchos momentos, King Crimson y sus diferentes formaciones me parecen extraordinarios y me tocan la fibra. En otros, encuentro demasiada "matemática" en algunas composiciones . Me gusta mucho esa primera época, sobre todo su primer disco In the Court of the Crimson King, que fue un descubrimeinto para mí, e imagino que para muchos. Los cinco primeros discos fueron los que más oí y puse en el tocadiscos hasta dejar los surcos bastante perjudicados. Este "Starless and bible black", también me gustó, pero (lo siento por algunos) no me llenó tanto como los otros. Lo he vuelto a oír y me parece un disco extraordinario para la época, pero no me llena tanto como los anteriores.

    El Red también lo tenía en vinilo y me gustaba bastante, pero me parecía algo áspero para mi gusto. Y el USA, apenas lo he oído. Fuí perdiendo interés. Sin embargo, por cosas que pasan en la vida, compré (vinilo) el "Discipline" de 1981, con Adrian Belew y Toni Levin (al stick), que le dan un aire distinto ("Elephant talk" es un pelotazo, o "Thela Hun Ginjeet" en plan Talking Head). Cuestión de gustos y de estar o no estar en el sitio apropiado en el momento apropiado, algo así.

    Estos deberes si que gusta hacerlos en casa. Manda más, que molan. Menudo repaso.

    Saludossssssssss

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    1. Ese tipo de relación con Fripp es el mismo que tengo yo, así que no te disculpes. Creo que nos pasa a muchos: me parece un presuntuoso, o cuando menos un pedante. Pero lo que cuenta es la obra, y ahí creo que también estamos de acuerdo. De todos modos, tienes razón en que a veces se nota un cierto énfasis "matemático" en su música (tal vez recuerdes que él daba más importancia a la técnica que al sentimiento, lo cual probablemente nos parezca horroroso a la mayoría). En fin, luces y sombras. Con "Discipline" me pasa al revés que a ti: me parece, lo mismo que la mayoría de la obra en su segunda época, precisamente matemático de más, y creo que lo salvan justo los músicos que lo acompañan, más cálidos que él.

      A ver qué te parecen los deberes de hoy....

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  7. Trolling Like Crazy31 de octubre de 2016, 4:45

    Dejé de ser fan de KC el día en que los demás fans empezaron a hablar del grupo con el tono que los adeptos de Apple usan en la actualidad para referirse a sus gadgets.

    Corrección: Es Bruford, no Brudford.

    Feliz Jálouin.

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    1. Comprendo perfectamente esa reacción suya, mister Troll, porque tal vez sea lo que se merece la gente que monta cofradías de adoración en torno a personajes que, además, tienen una catadura cuando menos discutible; de Jobs ya no digo nada, pero sobre Fripp creo que mi opinión y la de casi todos los que pasan por aquí es clara.

      Pero ya sabe usted que una cosa es el artista como ser humano y otra cosa es la obra. Si nos paramos a recordar la talla moral de gran parte de los artistas -sean del gremio que sean- probablemente deberíamos rechazar el grueso de la obra que se ha producido a lo largo de la historia, ¿verdad? Pero no lo hacemos: tenemos la sana precaución de disociar, y procuramos recrearnos en el producto evitando la memoria del posible monstruo que la creó. Eso mismo debemos hacer con Fripp, a pesar de que su elitismo ha contagiado a muchos aficionados que se creen superiores por "ser fans de".

      Ajajá, la "d" de Bruford. Mi cerebro se empeña en quitar o poner letras en los apellidos de algunos personajes sajones, y esto me pasa desde pequeñito. Es una expecie de dislexia, o vaya usted a saber qué. Hay épocas en las que lo escribo bien, otras en las que no. Y poco más puedo decir. Pero en fin: voy a quitar las "d" que hay en esta entrada, pero si busca usted en las anteriores donde salga este señor seguro que verá de nuevo esa letra. Y paso de ponerme a arreglarlo.

      Y feliz Eso.

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