lunes, 31 de octubre de 2016

1974/75 (VII)



Genesis es otra de esas bandas que los comentaristas catalogaron inmediatamente como “progresiva” por la necesidad de buscar etiquetas, pero que al igual que los Crimson viven en su propio mundo. Gabriel y sus socios tuvieron que luchar en los primeros tiempos contra la visión a corto plazo de un productor tan poco fiable como Jonathan King, obsesionado con la posibilidad de crear una alternativa a los Bee Gees, obligándolos a elaborar un pop orquestado y blandengue que casi acaba con ellos. Eran un grupo con esencia pop -eso es innegable- pero, en cuanto se sacudieron a King de encima, su estilo melódico, barroco y sí, orquestal a veces, se fue electrificando hasta situarse en la onda de unos Moody Blues o Procol Harum. Finalmente demostraron tener más recursos y originalidad que todos ellos: en 1973 alcanzan su cumbre con la publicación de “Selling England by the pound”, una rara maravilla que aún hoy se sostiene a pesar de que los gustos han cambiado mucho. 

En teoría la composición corre a cargo de todo el grupo, ya que ninguna canción figura a nombre de uno de ellos en particular. Sin embargo, hace tiempo que se sabe que quien lleva la voz cantante -y nunca mejor dicho- es Peter Gabriel, un personaje inquieto, en la onda de un Bowie, para quien la música no se limita a una mera ejecución sino que ha de ser acompañada por un buen show. Él es quien elabora y por supuesto quien representa los personajes surrealistas que aparecen en el escenario, quien diseña los juegos de luces, quien le da a Genesis su verdadera esencia. Los demás son muy buenos músicos y aunque tienen criterio propio saben ceñirse a sus ideas, pero comienzan a mostrarse inquietos: Gabriel no es muy dado a escuchar los consejos de sus compañeros, que tanto en lo musical como en lo escénico desearían una banda más convencional, menos “rara”. Y al menos desde el punto de vista económico tienen sus razones, ya que están en números rojos por culpa de los enormes gastos que originan los montajes teatrales. Por otra parte, a finales del verano de 1974, cuando comienzan a preparar el nuevo disco, Gabriel se ausenta con mucha frecuencia ya que su esposa está sufriendo un difícil embarazo; las relaciones dentro del grupo se agrian cada día más. 

Teniendo en cuenta todas estas circunstancias resulta sorprendente que el nuevo disco, titulado “The lamb lies down on Broadway”, doble, con la complejidad temática y musical que tiene, haya sido grabado en tan solo dos o tres meses, lo cual indica que la mayor parte de las piezas ya estaban muy rodadas gracias a las actuaciones. Se publica a mediados de Noviembre de 1974 y pronto se convierte en su obra más popular hasta ese momento: durante más de medio año la banda se embarcará en una serie de giras continuas en las que casi con exclusividad ejecutarán ese único material. Y sin embargo hay que insistir en que no estamos ante un disco “fácil”, sino ante una obra conceptual bastante alambicada comenzando por el tema literario, que nos describe las accidentadas aventuras de Rael, un inmigrante de Puerto Rico que llega a Nueva York; por supuesto esas aventuras siguen el tono surrealista al que nos tienen acostumbrados, y finalmente el protagonista, que ha encontrado a su hermano John, descubre que es él mismo (“It is real, it is Rael”, clama Gabriel). Pero lo que nos importa aquí es la música, y aunque hay muchos seguidores que prefieren su disco anterior otros pensamos que este tiene el mismo mérito, que ambos constituyen la culminación de la carrera de Genesis, para lo bueno y para lo malo (tal vez haya un poco de autocomplacencia, un exceso de tremendismo en la idea general). No tiene mucho sentido destacar unas canciones sobre otras porque aquí, tal vez por el hilo conductor de la trama, la música va fluyendo entre momentos de grandiosidad casi orquestal como las piezas que abren y cierran el disco, fases contundentes (como “Back in NYC”) y zonas de melancolía muy bien conseguidas (“The carpet crawlers” es un buen ejemplo). Incluso hay piezas fácilmente asumibles por una buena mayoría de aficionados: “Counting out time” fue un relativo éxito en single. 

Pero la brillantez de esta obra no va a juego con situación interna del grupo. Aunque no lo parezca, solamente algunas piezas sueltas como “The carpet crawlers” son obra casi completa de Gabriel; en realidad su trabajo se ha centrado en la trama literaria, delegando en sus compañeros la elaboración de gran parte del esquema musical (lo cual resultaba inevitable, ya que por la situación de su esposa faltaba a los ensayos con mucha frecuencia). Y a finales del verano de 1975, tras unas cuantas giras que se le hacen insoportables, decide pasar más tiempo al lado de su esposa y su hija recién nacida, que siguen con problemas de salud. Si a esto sumamos el mal ambiente que ya había por la dirección artística del grupo, no es extraño que finalmente decida abandonarlos. Más tarde o más temprano, con problemas de salud o sin ellos, esta separación acabaría ocurriendo de todos modos. 

Lo que pasó luego era esperable, hasta cierto punto. Collins, Rutherford y compañía insistían mucho en que Genesis era una comunidad de músicos en la que todos aportaban una creatividad similar, y nunca les gustó que la prensa y los fans tuviesen a Gabriel como referencia central, como si ellos fuesen simples acompañantes. Era una verdad a medias, ya que el trabajo principal de Gabriel era literario y escénico antes que musical (aunque el diseño global del sonido Genesis solía ser suyo), pero cuando llegó la ruptura se vio que sin él se convertían en una banda previsible: los discos inmediatamente posteriores intentaron dar la imagen de que había una lenta evolución respetando el estilo que los había encumbrado, pero se perdió el toque mágico. Y finalmente Genesis acabó siendo una banda de pop rock más o menos standard que consiguió unos ingresos formidables: como suele pasar, lo profesional se impuso a lo artístico, aunque ya no importaba mucho porque eran otros tiempos. En cuanto a Gabriel no sé la opinión que tendrán ustedes, pero sus discos entre finales de los 70 y principios de los 90 me parecen de lo más valioso que se hizo en aquella época. 


12 comentarios:

  1. Muchos puntos de interés para una entrada que habla, aunque sea de pasada, de uno de mis discos favoritos de siempre, el "Selling England by The Pound". Y no es que "The Lamb..." no me guste, es que llegué muchísimo más tarde a él (a pesar de que asistí a su concierto de presentación en Madrid, los altavoces del pabellón saciaban la espera con el "Mysterious Traveller" de Weather Report....). Y cuando llegué me encantó (no encuentro palabra más apropiada) y maldije (me ocurre lo mismo) la dejadez de privarme durante tanto tiempo de tamaña maravilla. Qué capacidad compositiva la de Gabriel, que riqueza musical y que destacadísimo papel de Tony Banks a los teclados (un cenit a los que muy pocos elegidos han llegado) durante gran parte de la obra.
    Creo que Genesis, al igual que King Crimson y Pink Floyd, son el tipo de grupos que tienen la capacidad de retrotraerte "de verdad" a la época en que su música se representaba, y no solo por el cúmulo de recuerdos e imágenes que la puedan acompañar. El entorno, el ambiente, el aire y los olores (¡ah, qué olores!...) de esos tiempos quedan mucho mejor reflejados al escuchar su música.
    Genesis, justo después de la salida de Gabriel, tienen en "A trick of the Tail" y en "Wind & Wuthering" un pase, pero es un alivio para un final de faena imposible.
    Saludos,
    JdG

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    1. El "Selling..." es para muchos el mejor disco en la carrera de Genesis, en cierto modo porque es una culminación del camino que siguieron desde el segundo. "The lamb...", aunque su estilo es claramente reconocible, tiene algunas diferencias con los anteriores, sobre todo en los momentos más eléctricos, casi rockeros. Creo que, cada uno en su estilo, son las dos grandes referencias de este grupo, y luego ya cada oyente preferirá uno u otro dependiendo de su carácter. Para gustos se pintan colores...

      Y es muy interesante eso que dices sobre la capacidad de retrotraerte a una época. Tal vez en ese sentido los grupos "progresivos" tienen un mayor poder de evocación, ya que ese tipo de música es el santo y seña de una época muy concreta; a mí me pasa con Jethro Tull, pero los tres que tú citas y algunos más están en la misma situación.

      Saludos mil.

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  2. No se si lo he comentado alguna vez, pero soy alérgico a Peter Gabriel (y no digamos al Collins). Las lentejas están buenísimas, a casi todo el mundo le gustan, pero algunos no pueden ni olerlas. Pues eso me pasa a mi con Gabriel. Me regalaron este doble L.P. recién salido al mercado, lo oí con detenimiento, le saqué el jugo que pude y admiré su "complejidad temática y musical" como bien dices, pero ahí se quedó la cosa. Es más, lo regalé a un amigo. Cosas que pasan. Así que no entro en más detalles. Ya digo que no es cuestión de calidad musical, es algo más visceral, de sarpullido casi jeje.

    Pues eso. Esperamos la nueva entrada como el que no quiere la cosa. Por una vez no coincidimos, y esto es bastante raro, verdad?

    Saludossssssssss

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    1. No te preocupes por tu alergia, Bab: a mí me pasa lo mismo con Queen (no tengo un solo disco suyo). Cada uno tiene sus manías, y eso es inevitable. Por esa misma razón tampoco es tan raro que algunas veces no coincidamos: esa es la gracia, precisamente. Como le decía a Javier, para gustos se pintan colores.

      Más saludos...

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  3. Hola rick:
    Este es un álbum al que le tengo un cariño muy especial, por que es uno de mis favoritos entre los favoritos. Al contrario de lo que le pasa a babelain, yo lo conservo como oro en paño y nunca se me ha ocurrido ni prestarlo.
    De hecho he estado escuchándolo de nuevo antes de comentar, y he comprobado que después de muchos años y me sigue gustando a rabiar, aunque tengo que decir que entonces tenía más paciencia y los temas no se me hacían tan largos.
    La gran fuerza que poseen temas como"Back in N.Y.C" ó "In the cage" con ese sintetizador de Banks que como bien dice Javier de Gregorio, alcanza el zenit y arrasa con todo. Luego hay piezas absolutamente bellas y de una personalidad apabullante com son el caso de "Aniway" o de mi gran favorita no sólo de este álbum si no de toda la discografía de Génesis, hablo de "The Lamia".
    Este es un álbum que para mi no tiene desperdicio y que supone el fin de la primera etapa de Génesis. Después nada volvió a ser igual.
    Creo que estamos ante una auténtica obra maestra de los setenta.

    Antoni.

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    1. Vaya, Antoni: vas justo al revés que Bab. Ya ves, somos cuatro gatos y aun así cada uno tira por su lado... Esa es la grandeza de la variedad, sí señor.

      A mí me pasa algo parecido a ti: me sigue gustando mucho, pero algunos pasajes se me hacen pesados. La edad nos resta paciencia, está claro. Aunque también es cierto que el asunto de las piezas interminables es una consecuencia lógica de un estilo, y ese estilo hoy en día está pasado de moda. Lo usual, desde hace ya mucho tiempo, son las piezas de tres o cuatro minutos como mucho.

      De todos modos, y admitiendo que los tiempos son otros, este disco también a mí me parece de lo más brillante de aquella época.

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  4. Pues chico, no se que decirte.
    En su tiempo fuí un fiel seguidor de este grupo, y lo que mas he admirado, al igual que a King Crimson es que supieron crear un mundo particular. Creo les sobraba bastante parafernalia, eso del Gabriel volando y chorradas por el estilo no me van mucho (Si Rory Gallagher levantara la cabeza).
    Ahora mismo no me atrevo ni a ponerlo.
    Saludos
    Jose

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    1. Lo entiendo perfectamente, José. Gran parte del llamado "rock progresivo", a estas alturas, se me hace muy pesado a mí también. Por eso trato de destacar a bandas muy concretas, como los Crimson, Genesis y algunos más, que a diferencia de otros tienen su propio estilo.

      Otro asunto es el de las "representaciones teatrales" de Gabriel. Pero eso ya no es problema: en su época nos gustaba ese tipo de puestas en escena, admítelo; y ahora ya da igual, porque lo que queda es la música, es decir, lo realmente importante.

      Y tampoco digo que este tipo de discos sea indicado, a estas alturas, para escucharlo más de una vez o dos al año, pero en todo caso vuelvo otra vez a lo de antes: para gustos...

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  5. ¡Buf! ¡Me lo he escuchado enterito! ¡Lo que se hace por los amigos! Y es que Gabriel y compañía son amiguetes, coño.

    Raro es el álbum que me gusta completo y con Selling England by the Pound me ocurrió. En los dos anteriores -Nursery Cryme y Foxtrot- encontré verdaderas maravillas sueltas, que tal vez me gusten incluso más que las del Selling… En The Lamb Lies Down on Broadway también hay sorpresas muy agradables, pero me supera el que sea tan teatral.

    Dicen que lo que más te cuesta pillar es, al final, lo que más te va a gustar. Me ocurrió con Passion Play de Jethro Tull, pero no con el que hoy nos ocupa. Eso sí, sé que es un gran disco.

    Saúde.

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    1. Hay que ver lo serio y disciplinado que eres, Luis; de tan serio, pareces ario. Y sobre la difícil elección entre el "Selling..." y el "Lamb...", reitero lo dicho: dependiendo del gusto de cada oyente, cada uno preferirá el que corresponda.

      Que lo más difícil sea lo que al final más reconforta, depende: a veces sí, a veces no. Nada está garantizado, y sobre el asunto este de la dificultad yo al menos he ido cambiando de criterio. En cualquier caso no hay que darle más vueltas: lo que gusta gusta; y lo que no, disgusta. He dicho.

      Besos.

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  6. Pues empecé a escucharlo con ganas y acabé naufragando en su extenso minutaje. Aparatoso y pesado, aunque tiene algún momento interesante.

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    1. Comprendo que no es tu estilo, Chafardero. Pero de todos modos me alegra que al menos lo hayas intentado. Hay algunas canciones que son muy accesibles: "Counting out time" o "Carpet crawlers" tienen un gancho muy especial, por ejemplo.

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