lunes, 23 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (III)


“Vainica Doble son algo así como un lujo que no nos merecemos, como tampoco nos merecemos a Quevedo o al Arcipreste de Hita”.
Jaime de Armiñán 

"Nosotras antes que nada somos "músicas". Todo el tiempo estáis con lo de las letras y el sentido del humor… Las letras han sido buenas, pero se han hecho porque no teníamos otro remedio para poder cantar. Antes que otra cosa somos músicas; si a la gente lo que le gusta es la letra, que se compre un libro".
Gloria Van Aerssen 

Estamos en 1973. Tras haber tenido que abandonar el sello Ópalo de su buen amigo Manolo Díaz por liquidación del negocio, doña Gloria y doña Carmen son convencidas por el poeta José Caballero Bonald para fichar por Ariola, un sello de matriz alemana bastante solvente por entonces (son los que distribuyen en España a la bendita Island Records, por ejemplo. Y aunque pueda parecer extraño que un poeta de categoría trabaje como cazatalentos para un sello discográfico, cosas más raras se veían por entonces). Las condiciones son más o menos razonables, ya que esa misma solvencia implica más profesionalidad: los músicos que acompañarán ahora a las vainicas no son los Tickets u otros amigos suyos, sino gente de la plantilla del sello; a cambio, el indiscutible Pepe Nieto sigue a su lado y el contrato es por un solo disco (habían quedado muy escamadas con la industria discográfica tras el trato recibido en Columbia). Hay que tener en cuenta que por lo general Vainica Doble se limitan a grabar discos, ya que en esos primeros años muy raramente actúan salvo ante grupos de amigos o en lugares pequeños y escogidos: no están dispuestas a abandonar su tranquila y apacible vida diaria; su independencia, para resumir. 

Antes de que el año termine se publica “Heliotropo”, el segundo disco grande del dúo y el que las consagra definitivamente como una de las propuestas más brillantes de la música nacional (si no la más, en aquel momento). Y aunque las vainicas prefieran hablar de música antes que de letras, dejando aparte el sonido, muy profesional y con arreglos magníficos, aquí se sintetiza perfectamente su espíritu tan amplio y variado: la dulzura y el sarcasmo van de la mano, a veces en la misma canción (“Coplas del iconoclasta enamorado”); se manifiesta su pulsión ecologista revestida de dramática ironía en “Agáchate que te pierdes”; el rastro psicodélico con efluvios de cuento de sus primeros tiempos se mantiene en “La máquina infernal”, mientras hay referencias emocionantes a la memoria familiar en “Elegía al jardín de mi abuela” o el cariño maternal pero matizado por frases irónicas o premonitorias en “Nana de una madre muy madre” con sus “sleep my sweet baby”. Por supuesto también hay referencias sociales, como “Dos españoles, tres opiniones”, un folk rock de los pies a la cabeza… y así sucesivamente. Dicho esto, las melodías y los juegos de voces son grandiosos, abarcan todos los estilos y épocas, desde el canto medieval o las variantes de la copla hasta el rock con influencias del mismísimo Zappa. Y de paso demuestran que lo realmente bueno puede ser comercial, hasta el extremo de que, sin casi publicidad, la tirada del disco se vendió en muy poco tiempo (“Resulta que Vainica Doble empezaba a vender bien a pesar del sello”, decían ellas). 

Poco después abandonan la relación con Ariola y con Caballero Bonald. Ninguna de las partes estaba satisfecha: la dejadez que había mostrado el sello se debía hasta cierto punto a la actitud un tanto ácrata del dúo, que detestaba las obligaciones contractuales (por ejemplo, unos horarios de grabación rígidos o las actuaciones o presentaciones obligatorias ante prensa y radio). Así que el contrato no se renueva y habrán de buscar su cuarto sello. Pero no tienen prisa: haciendo honor a su vocación dispersa, multifuncional, ayudan a su amigo Moncho Alpuente en la grabación del disco con su banda (ya llegaremos ahí), trabajan en dos nuevas series televisivas para Jaime de Armiñán (“Tres eran tres” y “Suspiros de España”), se visten de brujas para otro programa y componen la banda sonora de la película “Furtivos”, de su amigo Borau, para quien Zulueta dibuja el cartel. Por fin, en 1976 fichan por Movieplay; ahí trabaja como asociado Gonzalo García Pelayo, que dirige el subsello Gong (dedicado a los grupos andaluces y a los cantautores en general) y a quien se dirigen por sugerencias de Moncho Alpuente. Este ambiente, más relajado que el de Ariola, tiene sus pros y sus contras: podrán grabar con los músicos que quieran, y eso significa que gran parte de sus amigos vuelven a participar; pero Gonzalo no se distingue precisamente por sus habilidades como productor, y el nuevo disco se mezcla a toda prisa para no elevar mucho los gastos. 

Ese tercer disco, publicado en 1976, se titula “Contracorriente” y es otro motivo de orgullo para la depauperada historia de la música nacional. Hay un sonido más contundente, más rockero, y se nota la influencia de los músicos yanquis que las vainicas han escuchado estos últimos años, especialmente en canciones como “Todo desapareció”, con el sonido de cuerdas cercano al country. Hay curiosas fusiones de estilos en piezas como “Alas”, de cantar casi recitado por momentos, muy al estilo vainica, mientras que algunos arreglos recuerdan el sonido de bandas como los Allman Brothers de la época, o esa especie de boogie de bar que es “El oso poderoso”. Pero también tenemos el tono de cante casi desgarrado, con la letra exacta, de la maravillosa “Eso no lo manda nadie”, verdadero rock andaluz con Gualberto al sitar; vuelve Gualberto en “Déjame vivir con alegría”, una especie de rock lánguido… y por supuesto hay canciones de rock acústico, “de autor”, como “Que no”, verdadera carnaza para la Censura, que picó en ella aunque finalmente acabó transigiendo. Ah, y para contrarrestar aquella sosa portada que les había adjudicado Ariola (a pesar de algunos detallitos interiores de Eguillor), vuelve Iván Zulueta a dibujar una de las suyas: en la portada frontal vemos a una enojada coneja, de patas cruzadas, probablemente a causa de alguna trastada hecha por su hijo, en la contraportada y con aspecto contrito. Dicen las vainicas que se trata de Tambor y su mamá: la escena es una alegoría de “La rabieta”, donde se transcribe parte del diálogo entre madre e hijo, sacado de la película “Bambi”. Se trata de una de las canciones más extrañas y emocionantes del disco, a medio camino entre blues rock progresivo de estilo andaluz y unas cuantas cosas más. Hay una cierta ilación entre las letras, que en conjunto podrían sugerir una vocación conceptual: se percibe una actitud de rebelión ante todo tipo de poderes establecidos, sean estos de tipo social, político o familiar, muy a juego con el sonido general y sobre todo con la época (Franco no llevaba muerto ni un año). Aun así ese sonido resultó demasiado yanqui para los progres mientras que las letras, por supuesto, indignaron a los fachas. Sin embargo, una nueva generación sin prejuicios de un bando u otro comenzó a descubrirlas gracias a este disco. 

El contrato con Movieplay era por cinco años, pero se rescinde por común acuerdo: una vez más, el ritmo de trabajo de las vainicas no cuadra con las exigencias del sello, así que deciden irse a su casa, dedicarse a otros proyectos y olvidar de momento las aventuras discográficas. No volveremos a escuchar una grabación suya hasta 1980, pero esa ya es otra época que ha de ser contada cuando lleguemos allá; nosotros nos despedimos de ellas hasta entonces con esos dos discos que (junto con el primero) las definen como uno de los más hermosos sucesos que le ocurrieron a la música española de los años 70.





18 comentarios:

  1. Hola Rick:
    Yo si tengo la suerte de conocer a este par de damas del folk español y realmente tengo que decir que son de lo mejorcito que ha dado la música en nuestro país. De he cho estuve apunto de dedicarles un post en mi blog, pero lo dejé por que ya entraba mucho en los setenta, no descarto hacerlo más adelente.
    Conozco mejor su primer álbum y me gustan a rabiar temas como "El Duende" y en especial "Fulgencio Pimentel".
    Voy a aprovechar esta entrada para conocer mejor su discografía.
    Entiendo lo que dices de que envidias a los que no conocen a Vainica Doble, es cierto que no saben lo que se pierden.

    Saludos.

    Antoni.

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    1. Hola, Antoni. Pienso que están por encima del concepto "folk", que como cualquier otro estilo tiene unas normas y unos límites determinados. Vainica Doble no son folkies, no son cantautoras, no son pop ni rock, no son nada y lo son todo. Por eso tienen la talla que tienen.

      Y sí, envidio a quienes las descubran ahora, porque una hallazgo de este tipo ya es muy difícil de pillar.


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  2. De Vainica Doble, además de la música, me gusta esa actitud de ir por libre. Montárselo a su aire. Muy pocos pueden hacerlo y ellas tuvieron esa suerte. También yo prefiero "Heliotropo". No tenía muy oído "Contracorriente" y ahora aprovecho. Gracias por el regalito. Si que es de lo mejorcito de los 70 en la música española.

    Saludosssssssss

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    1. Es la ventaja de estar en su situación: nunca quisieron depender de la música como profesión, y de ese modo puedes llevar tu carrera como te dé la gana. En cierto modo ellas eran una especie de amateurs, y eso te da toda la libertad del mundo.

      Saludos mil.

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  3. Contracorriente es muy bueno,pero es que en Heliotropo se salen, está casi al mismo nivel que Taquicardia. La máquina infernal, las Coplas, todas son canciones redondas, las oyes hoy y parecen recien grabadas, conservan toda su magia y belleza.
    Pocos grupos habrá que hayan influido tanto en la música posterior, desde la época de la movida hasta los grupos indies, pasando por los más comerciales. Hasta hay una pequeña editorial de comics que se llama Fulgencio Pimentel.

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    1. Es que estas señoras mantuvieron el nivel casi hasta el final; bueno, quizá el último era un poco más flojo, pero aun así iban por encima de la media. Yo prefiero su época de los años 70, pero eso ya va a gustos. Y desdeluego su influencia ha sido y es tremenda aún hoy.

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  4. Bueno, bueno, Jaime de Armiñán se puso estupendo con esas declaraciones que encabezan la entrada. Desde luego me considero honrado y afortunado por tener a las músicas madrileñas (de adopción) en mi colección y, lo más importante, en lo mejor de mi memoria histórica. Grandes años aquellos, aunque fuera solo porque éramos tan jóvenes y existían muchas esperanzas de salir definitivamente del hoyo. Por cierto, WaH-Wah Records reeditó el 1er álbum de VD con un magnífico texto de Ángel Maeztu que resume muy bien sus primeros años (hasta 1973) y donde incluso aparecen mencionados mis admirados The End, entre otros grupos.
    VD forman parte de nuestra mejor historia musical, ad maiorem gloriam hispaniorum.
    Saludos,
    JdG

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    1. Hombre, tal vez se pasó un poco; pero es que estas señoras caían bien a todo el mundo, era muy fácil cogerles cariño. En cuando a The End, hay una conexión casi por casualidad entre ellas y ese grupo, que es la película de Iván Zulueta "1,2,3, al escondite inglés". Supongo que por eso aparecen nombrados en ese texto, que no he leído.

      Saludos mil.

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  5. Pues voy a discrepar (sólo un poquito) de la hagiografía general a estas dos entrañables muchachas (muchachas porque creo que fueron jóvenes toda su vida. Yo reconozco con dolor ser un carcamal desde mi nacimiento).

    Claro que representaron algo más que un soplo de aire fresco; por supuesto que disfruté con sus voces y músicas nada vulgares; cierto que significados músicos posteriores afirman haberse inspirado en ellas… Y mucho más. Sobre todo su admirable actitud vital.

    Pero, ¿lo mejor de los setenta en España? Hummm…

    Saúde.

    P.s.- He disfrutado mucho hoy al volver a escuchar sus canciones, pero “La Máquina Infernal” hace honor a su nombre: me perfora el celebro.

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    1. Hombre,no digo que sean exactamente lo mejor de los años 70, pero sí de lo más interesante. Por otra parte, ya me contarás qué competidores tienen: aparte de algunos catalanes como Pau Riba o Sisa, aparte de Smash... ¿qué otros se te ocurren?

      En cuanto a "La máquina infernal", mira que te lo tengo dicho: escapa de la psicodelia, que no es lo tuyo...

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  6. Estas c hicas tienen enchufe, dos posts seguidos.
    En cuanto a lo que dice Luis sobre los mejor de los setenta, estoy de acuerdo, mas que nada, pues creo son de otra categoria, que no entran en la lucha por "lo mejor de..."
    veo que la colección de carcamales que campamos por este tugurio inmundo, estamos todos de acuerdo y en perfecta armonia. A ver lo que dura.
    Un saludo
    Jose

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    1. Pues sí señor: dos entradas, y más que se merecían. Y está bien pensado eso de que "son de otra categoría", porque así ya no hay que discutir.

      ¿Carcamales? Bueno,tal vez. Pero carcamales yeyés, con más cuerda que muchos jovencitos de ahora.

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  7. Yo las conoci en el 84 cuando sacaron Taquicardia era increible, busque todos sus discos y siempre era algo nuevo aunque fuera sus primeros discos y si soy un carcamal por que sigo escuchandolas a dia de hoy
    Un Saludo y a disfrutar

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    1. Lo que yo digo: carcamales, pero muy despiertos. Que es de lo que se trata, señor anónimo. Y a mucha honra.

      Otro saludo y a lo mismo.

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  8. Estoy escuchando ahora mismo el Requiem por un amigo de Heliotropo y te deja con la boca abierta desde principio a fin. Personalmente me gustan más las Vainica cuando Carmen Santonja es la voz principal y Gloria le hace el coro por detrás, que cuando cantan al unísono, pero siempre son admirables y quizás parte de esa frescura, inmune a los años pasados, tenga que ver con ese amateurismo del que nunca se desprendieron. Puedes oírlas una y otra vez y en cada escucha encontrar matices nuevos.

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    1. La verdad es que yo no me fijo mucho en quién es la protagonista en cada canción, tal vez porque siempre las he visto como una especie de "todo único",o algo así. Y en cuanto a la frescura, estamos completamente de acuerdo: sus discos son intemporales, tan clásicos como vanguardistas. Muy pocos pueden decir eso después de cuarenta años.

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  9. Qué gustazo leer esta parte de las Vainica. Bravo!!!

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    1. Es fácil cuando hay buen material, y las vainicas eran material insuperable...

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