lunes, 11 de septiembre de 2017

1976/77 (I)



Hace ya mucho tiempo leí en algún sitio que 1976 es el año en el que todo volvió a empezar, y supongo que la mayoría de los aquí presentes estaremos de acuerdo. Por otra parte se cumple una afortunada coincidencia: justo diez años antes, en 1966, el pop había llegado a su momento cumbre en la Isla jubilando al beat con sus ritmos ponzoñosos, mientras en los States sucedía algo parecido gracias a las bandas de garaje. Y da la casualidad de que en 1956 tuvo lugar la consagración definitiva del rock and roll gracias al fichaje de Elvis por la RCA a finales del año anterior; hasta ese momento, el género era minoritario. Así que parece cumplirse de nuevo una especie de epifanía que ocurre en la música popular cada diez años... pero con una diferencia radical entre las dos situaciones anteriores y esta: tanto el rock and roll como las bandas pop son el resultado de una evolución, mientras que lo de ahora es una ruptura. Ahora estamos ante un renacimiento, una vuelta al pasado para recuperar valores perdidos; y se podrán discutir todos los aspectos artísticos o técnicos que se quiera, pero no su valor como revulsivo, su extrema necesidad “terapéutica” en una situación tan crítica como la actual.

Muy frecuentemente la evolución artística suele estar relacionada con el momento social, que influye en ella. Basta con dos ejemplos: el rock and roll triunfó por su ritmo innovador, cautivador, pero también por la actitud chulesca, bravía, “revolucionaria” de muchos de sus héroes, que impresionaron a una juventud hastiada de los viejos valores; y la psicodelia fue mucho más que una música influenciada por el ácido, puesto que esa influencia fue transversal, llegó a todo tipo de artes y cambió la perspectiva vital de millones de personas (no necesariamente jóvenes). A mediados de los años 70 nos hallamos ante una nueva ruptura generacional: entre 1974 y 75 se consumó el proceso de putrefacción del rock tradicional, y la mayor parte de las bandas nacidas en la década anterior ya no existían o se habían convertido en parodias de sí mismas. Las ventas de discos seguían beneficiando a algunos (Stones, Pink Floyd) y ya perjudicaban a otros (The Who), pero en cualquier caso el punto fuerte de su negocio eran las giras, monstruosas, continentales. Daba un poco de grima ver aquellos estadios con miles y miles de personas frente a un escenario que en la lejanía resultaba diminuto, donde difícilmente se divisaba a los músicos, flanqueados por unos impresionantes equipos de sonido. 

Pero si giramos la vista y nos entretenemos en observar a la gente que nos rodea en uno de esos eventos, pronto nos damos cuenta de que el grueso del público está compuesto por fans irreductibles, mitómanos, que suelen pasar de los treinta años y posiblemente se sienten miembros de algún tipo de hermandad; junto a ellos vemos una nueva remesa de supuestos aficionados que no muestran un especial interés por lo que está sonando (ni siquiera reconocen las canciones), sino que vienen atraídos por el espectáculo en sí, por el circo. Porque muchas de esas bandas han aprendido a convertir las actuaciones en circos, y el caso de los Floyd es el paradigma: allá en la lejanía, distantes, probablemente abúlicos, interpretando esas nuevas canciones igual de tristes que ellos, pero con un montaje escénico grandioso en el que hay ráfagas de luces de mil colores, cascadas de humo, proyecciones teatrales (y dentro de poco enormes cerdos de plástico volando sobre la concurrencia)… amigo, eso es ahora la élite del espectáculo. La música, qué más da. Es curioso que, aparte de los Stones, sean las bandas progresivas y sinfónicas como los Floyd, Yes o E, L & P las que más espectáculo ofrecen. El progresivo/sinfónico. Una desgracia: cada vez más denso, pretencioso, agotador. No quedan ya muchos aspirantes a repartirse el pastel, y esas tres se lo llevan casi todo. Las bandas más cañeras, digamos unos Purple o Black Sabbath, tal vez sean las que más gente joven atraen, quizá porque su sonido es el más contundente. Y sus montajes teatrales -también de categoría- tienden a lo siniestro, que en esa época ya tiene mucho gancho. 

Pero entonces… ¿dónde está el resto de la juventud? Pues donde ha estado siempre, donde siempre comienzan las historias, en las pequeñas salas inmemoriales como Marquee o el 100 Club, en otras nuevas como el Roxy, en los pubs y sitios parecidos; de hecho, es en esa época cuando se acuña el término “pub rock” para definir a algunas bandas de tipo revival como Dr Feelgood, que ya nos visitaron hace poco. Esa juventud no tiene dinero para pagar una entrada a los estadios donde actúan los dinosaurios, pero tampoco tienen interés en ir a verlos: se sienten muy lejanos a ellos, y esa lejanía es tanto musical como de espíritu; lo peor no es la diferencia de edad (diez años de media), sino la actitud. Porque esos nuevos ricos que bajan de sus limusinas para mostrarse ante las multitudes proceden de una posguerra, sí; pero luego la situación se fue dulcificando y evolucionó hasta llegar a la época feliz de mediados de la década anterior, tal vez la más alegre y brillante del siglo, cuando todo parecía posible. Y luego, al llegar la decepción, ya estaban consagrados: cumplir los treinta con el bolsillo lleno te permite llevar las tristezas generacionales con un cierto empaque, hacerte mayor con esa soltura de nuevo rico que simbolizan un Rod Stewart o un Mick Jagger. Pero mientras tanto allá abajo, en la calle, la situación se ha degradado: la crisis industrial seguida por la del petróleo hace subir los índices de paro y bajar los salarios; los barrios obreros se convierten en guetos al más puro estilo Detroit y una nueva generación cabreada busca sus propios espacios, su propio sentido, su propia música. Una vez más la influencia yanqui es notoria: los Stooges o los New York Dolls primero y los Ramones últimamente son las grandes referencias. 

Así, como rechazo al amaneramiento en el que ha caído el rock clásico, los nuevos aficionados buscan la sencillez, los estribillos simples, directos, primitivos incluso; una música “rudimentaria” pero fresca en la que reconocerse, una música a juego con su edad. Eso es la New Wave, una suma de gente cabreada (el punk) y de otros que añoran la vieja escuela del garaje o los ritmos que cautivaban a los mods, con los que muchos recién llegados se sienten solidarios. Es de suponer que con el tiempo las figuras que consigan una cierta estabilidad caerán en los mismos vicios que las antiguas, pero de momento lo que cuenta es que estamos ante una nueva época; eso es más importante que la mayor o menor calidad musical que tengan, porque la sangre fresca es fundamental en la industria del entretenimiento. 


12 comentarios:

  1. Hola Rick:
    Muy interesantes tus sesudas reflexiones. Yo soy de los que piensan que la música de la primera mitad de los setenta se metió en un callejón sin salida, unos simplemente con la buena voluntad de querer innovar y otros por sus ansias de grandeza. Así que el batacazo al final del muro estaba cantado.
    Menos mal que muchos jóvenes miraron hacia mas atrás y ya no querían tocar como Clapton ni Emerson, solamente derrochar energía, que es lo que les sobraba, no importaba no tuviesen ni puta idea de tocar la guitarra o que cantaran como grajos, si sabían conectar con la gente.Algo parecido paso en los USA diez años antes con las jovencísimas bandas de garage, dándoles una patada en el culo a los grandes músicos americanos.
    El único pero, es que como casi siempre la industria los acabó devorando. No tienen el mas mínimo pudor para compartir en sus catálogos música religiosa con el mas obsceno de los grupos de punk, mientras de beneficios.
    La serie promete, y creo que por mi parte no te llevarás muchas collejas.
    Saludos
    Jose

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    1. Hola, José:

      Uf. “Sesudas reflexiones”… Qué va hombre, qué va: tú acabas diciendo lo mismo que yo, pero empleando mucho menos rollo. Y efectivamente, las bandas de garaje son una referencia inevitable en esta nueva época, y el pop en general. Para entonces los Clapton, Emerson y muchas figuras reverenciadas poco antes (no todas) ya comenzaban a ser un sarcasmo.

      En fin, a ver si nos divertimos un poco…

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  2. Muy buenas Rick:
    Es muy curioso que a partir del 56, cada diez años exactos y durante tres décadas haya habido un cambio importante en la evolución musical. Es algo que si tu no lo cuentas, yo jamas lo hubiera adivinado.
    Yo maduré musicalmente, escuchando a los Floyd, ELP, Génesis, etc. Aquella música me parecía lo más sublime que se podía escuchar y que iba a durar para siempre, pero me ocurrió que a partir de los ochenta me llevé una gran decepción con todas aquellas bandas que ya no sonaban igual, y los nuevos sonidos y estilos no me llenaban. Y no digamos en los noventa... Fué a partir de entonces cuando retrocedí en el tiempo y me puse a investigar toda la música que me había perdido de los sesenta por ser demasiado niño. Y mira tú por donde, me quede estancado y allí sigo. Parece que en vez de evolucionar lo que he hecho es retroceder, pero la verdad es que no necesito más.

    Muy interesante tu artículo. Aquí se aprende de verdad.

    Antoni.

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    1. Pues sí que resulta curioso, Antoni, pero esa secuencia se ha cumplido varias veces aunque no necesariamente con exactitud matemática: un año arriba o abajo, digamos. Por ejemplo, para mí la última gran banda fueron los Pixies, nacidos en el 86; y diez años después, más o menos, Cobain y sus socios crean Nirvana (o sea, el nacimiento de la cosa esa del grunge). Así que algo hay. Y en cuanto a retroceder para rescatar lo que se nos había escapado, creo que la mayoría de los de nuestra quinta comenzamos en los 80, cuando la cosa empezó a ponerse fea.

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  3. Si es tan magnífico el prólogo, ¡qué de bueno nos depararán los siguientes capítulos! He mantenido siempre, generalizando, que los Ramones salvaron el rock, llegado a un punto en que sus más señeros representantes no avanzaban o, también lo apuntas tú, no congeniaban con la situación social y cultural de la época. Si, los 76/77 fueron años que cambiaron el panorama musical para bien, enganchando de nuevo a los viejos aficionados y atrayendo a su cauce a nuevos oyentes que, ante la variedad y valentía de su nueva propuesta, cayeron rendidos a sus pies. Por esos estaba servidor sirviendo a la patria y, recuerdo con agrado (no la servidumbre) como recalaba cada tarde en los pocos garitos musicales donde lo nuevo de Police, Ramones, Blondie o The Damned me alegraban la vida.
    Saludos,
    JdG

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    1. Gracias por las alabanzas, Javier, pero esto ya comienza a ponerse muy pastel: lo único que hago es recurrir a la memoria e ir contando cosas, y creo que la mayoría de los que venís por aquí podríais hacer lo mismo. Aunque posiblemente no queráis ser tan frikis como yo, en lo que tal vez tengáis razón. En cuanto a la nueva época, creo que todos estamos de acuerdo en que era necesaria esa convulsión porque el panorama resultaba desolador. Otra cosa es como acabó, claro (como acaba siempre), pero eso ahora es lo de menos.

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  4. Interesante comienzo de curso. Esta primera "lección" parece complicada, pero está muy bien contada.A mí me ocurre como a tantos otros, estaba cansado de toda esa parafernalia que no tenía nada que ver con la música, y de esa pretenciosidad de algunos por "elevar" la música popular a otra categoría. Uno ha nacido musicalmente con esos grupos que todos conocemos de los 60, así que se me hacía un poco duro asimilar el cambio de los 60 a los 70. Seguiremos la "clases" con interés. Se agradecen las aclaraciones y los detalles que a veces se escapan o se olvidan con el tiempo.

    Saludossssssssssssssss

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    1. Lo dicho: entre abuelo Cebolleta y Maestro Ciruela, por ahí debo de andar. Pero lo que cuenta es que casi todos los que habíamos empezado a escuchar las músicas de los años 60 nos sentimos un poco aliviados cuando llegó esta nueva ola porque la situación era desesperada. Y luego ya digo, podríamos hablar de “calidad”, y hasta hacer comparaciones, pero esos primeros años (hasta principios de los 80, más o menos) fueron muy divertidos. Y en España más aún, por coincidir con los primeros años de libertad. Se echa de menos toda aquella alegría.

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  5. >"…pero de momento lo que cuenta es que estamos ante una nueva época; eso es más importante que la mayor o menor calidad musical que tengan…"

    Una curiosa afirmación con la que estoy de acuerdo, vista la evolución de la música popular desde finales de los 70.

    >"…porque la sangre fresca es fundamental en la industria del entretenimiento."

    No. Lo que es fundamental en la industria del entretenimiento son los beneficios. Y para aumentarlos había que incrementar la audiencia, simplificando el producto, es decir, rebajando su calidad.

    Bueno, son sólo opiniones. Saludos.

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    1. Bienvenido, mr. Entangled:

      Sí, soy consciente de que esa afirmación es un tanto “exótica”, y que en otras circunstancias resultaría indefendible. Pero teniendo en cuenta el “momento histórico” en el que se produjo aquella revuelta creo que no había otra salida: renovarse o morir. Y lo que fuese a pasar luego -yo diría más bien a partir de mediados de los años 80- iba a pasar de cualquier modo, así que…

      En cuanto a la sangre fresca, claro, en la industria lo importante son los beneficios; no solo en la del entretenimiento, sino en todas: eso ya se da por supuesto. A lo que me refería es a que este tipo de industrias especialmente necesitan una oferta revitalizada con frecuencia, por decirlo así. Y esa oferta puede ser una creación de la propia industria (el pop más estándar) o surgir de forma casi espontánea. Lo cual me hace disentir en parte con su opinión: el punk fue inicialmente una revolución inesperada por el sistema (como lo había sido el rock and roll) hasta que acabó siendo fagocitado por él, pero eso pasa siempre porque en realidad es la propia corriente musical la que se va quedando sin brío y sus incipientes estrellas buscan el acomodo. Lo cual nos lleva al principio: es necesaria siempre la sangre nueva para que el organismo no se pudra. Por otra parte hay varios tipos de públicos, es decir, de consumidores, y no todos aceptan el mismo producto. Es decir, que no se puede bajar la calidad de todos los productos porque a la larga te quedas sin clientes. En fin, esto llevaría un buen rato, pero más o menos esa es mi idea.

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  6. Buena introducción al punk ¿o debo decir a la New Wave?
    Este tema me sugiere un digresión personal que espero que ayude a complementar tu interesante punto de vista.
    La música pop no nació en el 1956. Hay una continuidad con lo que se hacía antes y no hay ruptura ni un nacimiento repentino. La música pop simplemente atrajo los focos cuando fue incorporado al bagaje cultural de la juventud blanca, desde entonces con dinero para comprar discos.
    La música es sonido y espectáculo. La música es para oír desde que existe la reproducción física del sonido, pero hasta mediados de los 50, la música grabada solo era consumida por aficionados minoritarios. El resto tenía el espectáculo y la radio. Fue justo en esos años 50 cuando la música popular se hizo accesible para la mayoría.
    Por lo tanto los grupos pesadísimos de mediados de los 70 volvían al espectáculo tal como era desde que nació y se desarrolló la música popular. Su vedettismo amplificado era el de los artistas del viejo cabaret, de las comedias musicales, de los music hall, incluso de los viejos juglares como intento reproducir Ian Anderson en Jehthro Tull.
    Si lo piensas bien, lo anormal de la música era la escucha tranquila del aficionado en su tocadiscos y lo habitual era la música para el baile, para la fiesta, para el jolgorio, para el frenesí o par el funeral.
    Tengo la impresión de que el alarmismo actual en que se habla del final de la música popular se refiere a esa cierta excentricidad histórica, hermosa excentricidad, de escuchar tu música grabada como opción predominante. Se vuelve a los conciertos porque la música grabada ha perdido prestigio y los focos mediáticos se han multiplicado. Si la música ya no justifica el sentido de una generación la música deja de importar y vuelve a donde estuvo siempre.
    Es una opinión mía muy subjetiva y discutible.
    Saludos

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    1. Muy buenas, herr doktor.

      Digamos que el punk es una corriente principal dentro de la new wave, para resumir. Estamos de acuerdo en que “el pop” no nació en el 56, ni en el 54: la música popular es tan antigua como el pueblo mismo, y otra cosa son los nombres que se le vayan dando con el paso de los años. Ya sabe usted que el término “folk”, creado en el siglo XIX, es una simple actualización, por ejemplo.

      En cuanto al espectáculo, bueno, podemos considerarlo como una parte del producto (cada vez más útil, ya que consigue ocultar en cierto modo las carencias musicales) , aunque no sea estrictamente necesario: usted y yo somos de la generación de la radio, nuestro delirio por la música viene de ahí, así que no hace falta extenderse más sobre el asunto. Otra cosa es la música de baile, que es parte de la música popular pero no un todo.

      En resumen, que hay muchos tipos de músicas, con o sin espectáculo añadido y sin necesidad de bailarlas (y eso refiriéndonos exclusivamente a la música popular, ya que la sinfónica es justo para sentarse y escuchar). Y la situación actual, probablemente irreversible, tiene más que ver con el agotamiento de las ideas o la extrema facilidad para acceder a cualquier tipo de música (lo cual relativiza su valor para el oyente) que con otra cosa. Pero posiblemente esto no le pasa solo a la música, porque hay aficionados a otras artes que también se quejan. Tal vez el ser humano ha llegado a ciertos límites expresivos y no puede pasar de ahí. Chi lo sa…

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