lunes, 30 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (IV)



Cuando nos visitaron las vainicas nos enteramos de que uno de sus primeros trabajos para Pepe Nieto fue la composición de algunas canciones que él utilizó para lanzar a Nuevos Horizontes, un cuarteto vocal. Bien, pues hoy tenemos aquí a ese cuarteto. Su paso por la historia de la música española ha sido fugaz, y generalmente se les aprecia más por factores externos que por su verdadera talla artística: los buscan los coleccionistas de las vainicas, y junto a eso se admira en ellos la espléndida producción de Nieto, que por entonces ya era de hecho el director artístico de Columbia. Por lo tanto, parece que estamos ante un mero producto que dignifica el trabajo de otros antes que el suyo, lo cual resulta un poco injusto. Hay que recordar que la carencia de creatividad es algo muy común entre los músicos profesionales, que han de suplirla al menos con una buena formación; y ellos eran músicos de carrera, con un juego de voces magnífico: su apodo fue el de “los Mamas & The Papas españoles”, y eso significa algo

Su historia comienza a mediados de los años 60. Cuatro estudiantes del Conservatorio se reúnen para formar un cuarteto que bajo el nombre de Los Unísonos consiguen un contrato con Philips, donde llegarán a grabar un single y un EP. Su formación académica es la cara y la cruz de su corta carrera, ya que su excelencia técnica con voces e instrumentos no es suficiente para compensar el tono general de su estilo, un poco acartonado, demasiado formal. Casi todo su repertorio son versiones, y su mayor momento de gloria tiene lugar en 1967 al ganar el Festival de la Canción del Miño acompañando a Paco Ruano, un cantante de breve carrera; que por cierto, la canción -titulada “Lazos azules y rosas” y publicada en Polydor- estaba compuesta por un incipiente Víctor Manuel, que gracias al premio pudo dedicarse ya por completo a este negocio. Pero los Unísonos ven el futuro muy negro, y a finales de1968 deciden que lo mejor es dejarlo… justo cuando aparece Pepe Nieto, que está buscando un juego de voces con categoría. Recordarán ustedes que por entonces estaban de moda los grupos con voces mixtas al estilo de los yanquis Mamas & Papas o los australianos Seekers, y esa sería una buena alternativa al planteamiento radicalmente folk que hace Movieplay con Nuestro Pequeño Mundo: la única oferta pop española son los Ángeles, cuyas voces son exclusivamente masculinas, así que tenemos un sector del mercado sin cubrir (por supuesto, en esa época hay varios grupos con al menos una voz femenina, comenzando por los mismos Unísonos; otra cosa es alcanzar el tono hippie tan de moda a finales de los 60). Y les ofrece un contrato con Columbia: tras algunos cambios de personal, el nuevo cuarteto se llamará Nuevos Horizontes y estará formado por Ana María Guillén a los teclados (piano y órgano), Tomás Orts como guitarrista, Juan del Río al bajo y Alfonso Cabello a la batería. 

Nieto ya tiene material de categoría para lanzarlos: es amigo de doña Gloria y doña Carmen, que han escrito algunas canciones pero les da vergüenza ponerse a cantarlas en público. Nieto prepara dos de esas canciones y a mitad de 1969 Nuevos Horizontes lanza su primer single con “El afinador de cítaras” en la cara A y “Cuatro estaciones” en la B. Sumando la brillantez creativa de las vainicas, la ejecución técnica en voces e instrumentos a cargo del cuarteto y los arreglos de Nieto, la cara A está considerada aún hoy como uno de los mejores ejemplos de pop psicodélico hecho en España; y la B, sin ser tan redonda, es otra exhibición. El single llega en poco tiempo al top 10, e incluso los vemos haciendo playback en la televisión de la época, así que el invento parece haber salido bien. Ya en 1970 se presenta su segundo single con una nueva canción de las vainicas en la cara A: “Mi mosca favorita”. Una vez más esas letras surrealistas tan de las vainicas (si doña Gloria, sí: esas letras. No se me enfade) cuadran perfectamente con melodía y ritmo, y la canción casi alcanza la popularidad del single anterior. “Tiovivo”, la cara B, está compuesta por Nieto y el grupo: no llega a su altura, pero tanto el sonido como los arreglos son muy buenos. 

Antes de que acabe el año llega su tercer single: en la cara A está “Mi churumbel”, otra composición de las vainicas, aunque no tan brillante como las anteriores (sus mejores canciones ya las están utilizando en su propia carrera). Tanto arreglos como voces siguen siendo de categoría, pero la pieza tiene poco gancho; más floja aún es la B, “Por un poco de amistad”, una creación hecha por compositores ajenos, bastante blandita y previsible. A partir de ahí comienza su cuesta abajo, con otros tres singles en los que, como siempre y hasta el final, sus juegos de voces son muy buenos (y aunque solo fuera por eso ya vale la pena escucharlos) pero las canciones -versiones, alguna propia y otras de encargo- son mediocres: en 1971 presentan “Mi idea”, versión de unos prácticamente ignotos Creme Caramel británicos en la que los arreglos de Nieto parecen destinarla a los festivales; la cara B, “El sol en mi maleta”, está compuesta por ellos y aunque no sea nada del otro mundo al menos suena original. Algo parecido sucede con el siguiente single, que cierra ese año: “Buenos días, viejo sol” es una pieza de Juan Carlos Calderón, también muy festivalera; tal vez por el renombre del autor fue la última que alcanzó una pequeña popularidad, aunque por lo menos los arreglos de Nieto mejoran con mucho el single anterior e incluso resultan originales. La B, “Historia de una rosa” es una recreación del poema de Goethe “Rosita del matorral” musicalizado por Shubert: a principios de los años 70 estaba muy en boga eso de recrear la música clásica con elementos pop; Nieto también se atreve, con resultados discutibles. Y aquí termina su relación con el grupo, que finaliza el contrato con Columbia y al que no se le ven perspectivas de futuro. 

Sin embargo, la historia no ha terminado: tras un año en blanco, fichan por RCA en 1973 y publican un último single que no llega a ninguna parte, entre otras cosas por la propia desidia del sello (de todos modos, no era mejor ni peor que los dos o tres anteriores). Parece evidente que ya no les quedan opciones, y Ana María decide marcharse. Es posible que los otros tres piensen lo mismo, pero de pronto un dúo de músicos que en ese momento tiene mucho pedigrí les propone unirse a ellos; y aunque esa unión no durará mucho, de ella nacerá uno de los discos más desconocidos y al mismo tiempo más brillantes del repertorio nacional. Así que ahora tocará hablar de ese dúo, su obra y ese disco; pero de momento aquí les dejo la pequeña y encantadora discografía de Nuevos Horizontes, otro grupo que mereció mejor suerte de la que tuvo. 

lunes, 23 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (III)


“Vainica Doble son algo así como un lujo que no nos merecemos, como tampoco nos merecemos a Quevedo o al Arcipreste de Hita”.
Jaime de Armiñán 

"Nosotras antes que nada somos "músicas". Todo el tiempo estáis con lo de las letras y el sentido del humor… Las letras han sido buenas, pero se han hecho porque no teníamos otro remedio para poder cantar. Antes que otra cosa somos músicas; si a la gente lo que le gusta es la letra, que se compre un libro".
Gloria Van Aerssen 

Estamos en 1973. Tras haber tenido que abandonar el sello Ópalo de su buen amigo Manolo Díaz por liquidación del negocio, doña Gloria y doña Carmen son convencidas por el poeta José Caballero Bonald para fichar por Ariola, un sello de matriz alemana bastante solvente por entonces (son los que distribuyen en España a la bendita Island Records, por ejemplo. Y aunque pueda parecer extraño que un poeta de categoría trabaje como cazatalentos para un sello discográfico, cosas más raras se veían por entonces). Las condiciones son más o menos razonables, ya que esa misma solvencia implica más profesionalidad: los músicos que acompañarán ahora a las vainicas no son los Tickets u otros amigos suyos, sino gente de la plantilla del sello; a cambio, el indiscutible Pepe Nieto sigue a su lado y el contrato es por un solo disco (habían quedado muy escamadas con la industria discográfica tras el trato recibido en Columbia). Hay que tener en cuenta que por lo general Vainica Doble se limitan a grabar discos, ya que en esos primeros años muy raramente actúan salvo ante grupos de amigos o en lugares pequeños y escogidos: no están dispuestas a abandonar su tranquila y apacible vida diaria; su independencia, para resumir. 

Antes de que el año termine se publica “Heliotropo”, el segundo disco grande del dúo y el que las consagra definitivamente como una de las propuestas más brillantes de la música nacional (si no la más, en aquel momento). Y aunque las vainicas prefieran hablar de música antes que de letras, dejando aparte el sonido, muy profesional y con arreglos magníficos, aquí se sintetiza perfectamente su espíritu tan amplio y variado: la dulzura y el sarcasmo van de la mano, a veces en la misma canción (“Coplas del iconoclasta enamorado”); se manifiesta su pulsión ecologista revestida de dramática ironía en “Agáchate que te pierdes”; el rastro psicodélico con efluvios de cuento de sus primeros tiempos se mantiene en “La máquina infernal”, mientras hay referencias emocionantes a la memoria familiar en “Elegía al jardín de mi abuela” o el cariño maternal pero matizado por frases irónicas o premonitorias en “Nana de una madre muy madre” con sus “sleep my sweet baby”. Por supuesto también hay referencias sociales, como “Dos españoles, tres opiniones”, un folk rock de los pies a la cabeza… y así sucesivamente. Dicho esto, las melodías y los juegos de voces son grandiosos, abarcan todos los estilos y épocas, desde el canto medieval o las variantes de la copla hasta el rock con influencias del mismísimo Zappa. Y de paso demuestran que lo realmente bueno puede ser comercial, hasta el extremo de que, sin casi publicidad, la tirada del disco se vendió en muy poco tiempo (“Resulta que Vainica Doble empezaba a vender bien a pesar del sello”, decían ellas). 

Poco después abandonan la relación con Ariola y con Caballero Bonald. Ninguna de las partes estaba satisfecha: la dejadez que había mostrado el sello se debía hasta cierto punto a la actitud un tanto ácrata del dúo, que detestaba las obligaciones contractuales (por ejemplo, unos horarios de grabación rígidos o las actuaciones o presentaciones obligatorias ante prensa y radio). Así que el contrato no se renueva y habrán de buscar su cuarto sello. Pero no tienen prisa: haciendo honor a su vocación dispersa, multifuncional, ayudan a su amigo Moncho Alpuente en la grabación del disco con su banda (ya llegaremos ahí), trabajan en dos nuevas series televisivas para Jaime de Armiñán (“Tres eran tres” y “Suspiros de España”), se visten de brujas para otro programa y componen la banda sonora de la película “Furtivos”, de su amigo Borau, para quien Zulueta dibuja el cartel. Por fin, en 1976 fichan por Movieplay; ahí trabaja como asociado Gonzalo García Pelayo, que dirige el subsello Gong (dedicado a los grupos andaluces y a los cantautores en general) y a quien se dirigen por sugerencias de Moncho Alpuente. Este ambiente, más relajado que el de Ariola, tiene sus pros y sus contras: podrán grabar con los músicos que quieran, y eso significa que gran parte de sus amigos vuelven a participar; pero Gonzalo no se distingue precisamente por sus habilidades como productor, y el nuevo disco se mezcla a toda prisa para no elevar mucho los gastos. 

Ese tercer disco, publicado en 1976, se titula “Contracorriente” y es otro motivo de orgullo para la depauperada historia de la música nacional. Hay un sonido más contundente, más rockero, y se nota la influencia de los músicos yanquis que las vainicas han escuchado estos últimos años, especialmente en canciones como “Todo desapareció”, con el sonido de cuerdas cercano al country. Hay curiosas fusiones de estilos en piezas como “Alas”, de cantar casi recitado por momentos, muy al estilo vainica, mientras que algunos arreglos recuerdan el sonido de bandas como los Allman Brothers de la época, o esa especie de boogie de bar que es “El oso poderoso”. Pero también tenemos el tono de cante casi desgarrado, con la letra exacta, de la maravillosa “Eso no lo manda nadie”, verdadero rock andaluz con Gualberto al sitar; vuelve Gualberto en “Déjame vivir con alegría”, una especie de rock lánguido… y por supuesto hay canciones de rock acústico, “de autor”, como “Que no”, verdadera carnaza para la Censura, que picó en ella aunque finalmente acabó transigiendo. Ah, y para contrarrestar aquella sosa portada que les había adjudicado Ariola (a pesar de algunos detallitos interiores de Eguillor), vuelve Iván Zulueta a dibujar una de las suyas: en la portada frontal vemos a una enojada coneja, de patas cruzadas, probablemente a causa de alguna trastada hecha por su hijo, en la contraportada y con aspecto contrito. Dicen las vainicas que se trata de Tambor y su mamá: la escena es una alegoría de “La rabieta”, donde se transcribe parte del diálogo entre madre e hijo, sacado de la película “Bambi”. Se trata de una de las canciones más extrañas y emocionantes del disco, a medio camino entre blues rock progresivo de estilo andaluz y unas cuantas cosas más. Hay una cierta ilación entre las letras, que en conjunto podrían sugerir una vocación conceptual: se percibe una actitud de rebelión ante todo tipo de poderes establecidos, sean estos de tipo social, político o familiar, muy a juego con el sonido general y sobre todo con la época (Franco no llevaba muerto ni un año). Aun así ese sonido resultó demasiado yanqui para los progres mientras que las letras, por supuesto, indignaron a los fachas. Sin embargo, una nueva generación sin prejuicios de un bando u otro comenzó a descubrirlas gracias a este disco. 

El contrato con Movieplay era por cinco años, pero se rescinde por común acuerdo: una vez más, el ritmo de trabajo de las vainicas no cuadra con las exigencias del sello, así que deciden irse a su casa, dedicarse a otros proyectos y olvidar de momento las aventuras discográficas. No volveremos a escuchar una grabación suya hasta 1980, pero esa ya es otra época que ha de ser contada cuando lleguemos allá; nosotros nos despedimos de ellas hasta entonces con esos dos discos que (junto con el primero) las definen como uno de los más hermosos sucesos que le ocurrieron a la música española de los años 70.





lunes, 16 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (II)



Ante ustedes, la pareja atómica: doña Gloria y doña Carmen, dos señoras que han encandilado a todo buen fan del pop español, sea de la generación que sea. La influencia de Vainica Doble comienza a hacerse evidente a principios de los años 80, cuando son reivindicadas por varios músicos de la nueva ola, y se mantiene desde entonces, especialmente entre los grupos de San Sebastián; aunque esa devoción surge casi a toro pasado, cuando lo mejor de su obra ya estaba hecho. La década de los 70 fue su época creativa más brillante, con pocos seguidores pero muy fieles: pasaron casi desapercibidas en las radios españolas de onda media, la más popular entonces, pero la naciente frecuencia modulada las apoyó casi desde el principio de su carrera. Su obra es una hermosa alquimia de melodías muy trabajadas, apoyadas por músicos de categoría, con frecuentes letras naif en las que vemos un mundo emocionante de personajes fantásticos e historias cercanas a los cuentos infantiles; esa temática y algunos arreglos musicales hacen casi lógico que muchas de sus canciones -especialmente en los primeros tiempos- tengan un vago tono psicodélico, lo cual redondea su encanto. Pero también surgían a veces asuntos más serios, como los conflictos amorosos o sociales vistos desde su muy particular perspectiva, a veces tan humorística como dramática; o su vocación ecologista, materia en la que fueron precursoras, o su debilidad por la gastronomía y la repostería caseras. Vainica Doble constituye un universo completo, al margen de lo que pueda haber fuera de él, si es que hay algo.  

Son dos madrileñas que nacen en los primeros años 30, con antecedentes artísticos en sus familias. Se conocen en la Ciudad Universitaria, y ya solo la leyenda que narra ese conocimiento es casi de cuento: al parecer Carmen estaba silbando despreocupadamente el “Tanhauser” de Wagner y en ese momento pasó Gloria por allí; al reconocer aquella melodía decidió acompañarla con un segundo silbido, y desde entonces se hicieron inseparables. Pero esa afición musical que ambas sentían no fue su primera “opción”, por decirlo así: son una especie de jovenzuelas renacentistas que disfrutan con todo tipo de artes, así que mientras Gloria sigue algunas tradiciones familiares y se dedica por un tiempo a la danza, Carmen aprende piano y se integra en el TEU, el más famoso grupo universitario de teatro; luego marcha a París a estudiar Pintura (el pintor Rosales, entre otros, es antecedente suyo). Más o menos en la época de su marcha se casa Gloria, que como consecuencia se dedicará a criar a sus hijos; son unos años en los que cada una vive su propia circunstancia. 

Carmen vuelve a España y se va introduciendo en la televisión como actriz gracias a la ayuda de Jaime de Armiñán, que es su cuñado y uno de los primeros creadores fijos de series y programas para ese medio. A mediados de los años 60, cuando Gloria ya comienza a liberarse un poco de sus obligaciones maternales, su amiga la introduce en ese ambientillo pero además la pone al día sobre las novedades que ofrece la música popular, desde el rock and roll hasta los Beatles o Dylan. Gloria detestaba las canciones que se escuchaban en la radio de entonces: baladas lacrimógenas de cantantes desmayados o las “músicas regionales” tan alabadas por el franquismo. Pero la escucha de esas nuevas ofertas extranjeras le cambia la perspectiva y decide que entre las dos están perfectamente capacitadas para crear sus propias composiciones. Dicho y hecho: antes de que termine la década ya suministran a Armiñán sintonías que este usa en su serie “Fábulas” y cabeceras para otros programas. Ah, y no solamente eso: de vez en cuando, también cantan. Habiendo entrado ya en la madurez y teniendo en cuenta la grisura mental de aquellos tiempos, esa actitud es admirable. 

Decididas a seguir ampliando su perspectiva, comienzan a escribir canciones que de momento no piensan interpretar. Tiempo antes se habían estrenado con dos piezas para un grupo que no llegó a grabar, pero esta vez va en serio: Pepe Nieto, el antiguo Pekenike que ahora es arreglista y compositor, escucha las que acaban de escribir y propone algunas para Nuevos Horizontes, un cuarteto que ha creado y del que ya hablaremos más adelante. En 1969 se presenta el primer single de ese cuarteto; pero tal vez sea más importante el hecho de conocer a Luis Borau, que producirá la legendaria “1, 2, 3, al escondite inglés” y las lleva ante Iván Zulueta, su director, que desde el primer momento se convierte en un rendido fan suyo (y de paso las introduce en la psicodelia, que será un ingrediente fundamental en las canciones del dúo). Tras participar en la banda sonora de esa película y ante la veloz progresión de estas señoras, que ya empiezan a ser adoradas por toda la modernura madrileña, Pepe Nieto y Manolo Díaz las convencen para que superen su timidez y graben un single, que publica Columbia a principios de 1970: “La bruja / Un metro cuadrado”. En cuanto al nombre, después de pensar en la denominación de varios pasteles y helados (o, como alternativa de estilo literario, “Las Alegres Comadres de Aravaca"), finalmente se deciden por esa entrañable labor costurera. 

Casi era de esperar lo que pasó: el país estaba desprevenido. Aunque hoy en día ese single haya sido elevado a los cielos, por entonces la crítica, tanto de la derecha como de la izquierda, se cebó con él. La cara A, de sonido y arreglos “aproximadamente” psicodélicos, puede parecer un folk deconstruido con una letra de cuento que por supuesto solo gusta a sus devotos fans; la cara B, de entrada y coros al estilo gregoriano, lleva una melodía muy de cantautor, aunque la letra al parecer no gustó a los progres por una supuesta exaltación de la propiedad privada, lo cual demuestra que esa gente no entiende la diferencia entre alegoría y realidad. De todos modos tanto un bando como el otro consideraron esas canciones como una estupidez infantiloide, aunque la derecha sospechó siempre que las Vainica eran peligrosas revolucionarias con mensajes crípticos solo entendibles por los de su secta, y pronto tendrán encontronazos con la Censura. El single tuvo pocas ventas, y Columbia (probablemente aleccionada por poderes superiores) comienza a evitarlas aunque de momento no las libera del contrato; así que, mientras entretienen la espera por escapar de allí, se dedican a componer material para el futuro. La primera canción que saldrá a la luz es la que entregan a unos muchachos que en esa época suelen ser su grupo de acompañamiento; se hacen llamar los Tickets, pero dentro de unos años los conoceremos como Asfalto: “El rigor de las desdichas”, que así se llama, tiene un inequívoco sabor a Vainica, y le sienta muy bien ese tono eléctrico que le dan los Tickets aunque el disco tampoco llegó a ningún sitio. 

Finalmente, liberadas ya de Columbia, Manolo Díaz las lleva a Ópalo, un nuevo sello que él mismo ha creado y en el que publicarán su primer Lp en 1971 ayudadas por Pepe Nieto, algunos músicos suyos y de nuevo los Tickets; ah, y la portada se la dibuja Iván Zulueta. Esa mezcla de cuentos infantiles con tanta dulzura como ironía a veces, efluvios psicodélicos y momentos rockeros, es una delicia difícilmente superable; un rayo de luz en un país de actualidad tan deprimente como la española de aquellos tiempos. “Caramelo de limón”, la primera del ramillete, se convierte en clásica inmediata, una especie de folk rock psicodélico medieval con letra enternecedora; “Quién le pone el cascabel al gato”, tan marchosa como aparentemente infantil, trajo de cabeza a la Censura, que creyó identificar al gato (o sea, Franco) y retrasó por un tiempo la publicación del disco; “La cigarra y la hormiga”, en teoría otra simple tonadilla del mismo estilo, fue vista con prevención por algunos prebostes de la enseñanza, que recomendaron incluirla en la lista de canciones poco edificantes para los niños… mientras que los progres despreciaron el disco por esa infantilidad y por su “falta de compromiso”. O sea, lo que viene siendo la esencia de la Tercera Vía. Pero es igual: aunque no hubo muchas ventas, el grupo de fans de las vainicas iba aumentando poco a poco. Entre 1971 y 1972 se publican tres singles conteniendo piezas de ese Lp y dos canciones que corresponden a nuevas sintonías para dos programas de Armiñán; pero en 1973 el sello de Manolo Díaz tiene que cerrar, y tras un último single navideño (con portada hecha por Juan Carlos Eguillor, otro histórico fan del dúo) nuestras amigas encontrarán acomodo en Ariola. 

Se me ha pasado el tiempo y el espacio en un suspiro. Seguiremos en un próximo capítulo, pero tranquilos: la semana que viene acabamos. Mientras tanto aquí les dejo su primer single, el Lp, las dos canciones de las sintonías y el single navideño. Quien no conozca todavía estas canciones, no sabe la envidia que me da. 






lunes, 9 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (I)


Tras un breve período de brillantez en el segundo quinquenio de los años 60, a la música yeyé española le queda por delante una época de oscuridad que durará aproximadamente diez años. La oferta estándar de los sellos discográficos se dirige a la masa de compradores menos exigentes: los grupos de chicle pop como Diablos o Fórmula V son casi la única alternativa a un mercado en el que esos mismos sellos han decidido la vuelta al cantante melódico tradicional, cuyo representante más claro es el ínclito Raphael. Y las minorías se dividen en dos bandos: ya vimos que los fans del blues y el rock más o menos progresivo abandonan toda esperanza y se entregan a la oferta extranjera, salvo algunos “patriotas” que de vez en cuando dan una oportunidad a la escasa producción underground nacional (los grupos catalanes, Smash, algún madrileño…); por otra parte, la situación del país hace que una respetable cantidad de aficionados -no necesariamente jóvenes- con una cierta conciencia social, política o puramente literaria se interese por la pujante canción de autor o, ya directamente, la canción protesta. Es un tipo de material y de público que tienen además mucha relación con la música folk, aunque algunos sectores radicales vean esa cercanía con malos ojos. 

Recordarán ustedes que por aquel entonces era Cataluña la zona más vanguardista en casi todos los estilos: frente a los cantautores de querencia francesa que militaban en Els Setze Jutges había un “contrapoder” en el Grup de Folk -más orientado a la escuela dylaniana- cuyos integrantes se acercaban al folk psicodélico, que fue el punto de arranque para Pau Riba o Sisa; y las bandas como Maquina! o Tapiman eran reverenciadas por las minorías rockeras. Por lo general los cantautores, unidos bajo el denominador común de la Nova Cançó, se expresaban en catalán, y los rockeros en inglés (como hacían casi todos los grupos de ese estilo, fuesen de donde fuesen: es el caso de los andaluces Smash o los madrileños Franklin y Cerebrum). Pero hubo una excepción, un grupo que no podía incluirse en el sector de los cantautores porque su estilo se acercaba al pop y a los juegos de voces de la escuela Crosby, Stills & Nash, y que por eso mismo no era tampoco una banda de rock: Mi Generación, que además cantaban en español. Otra anomalía. Tal vez les hubiese ido mejor si fuesen de la Meseta, ya que las élites de la burguesía intelectual catalana nunca quisieron saber nada de ellos. Sin embargo, tal suma de anomalías nos viene bien para entender con una cierta aproximación qué fue eso de la “Tercera Vía”.

Vamos a centrar un poco más la idea: de no ser catalanes, la gente como Pau Riba, Sisa, Ia, Batiste y algunos más hubieran cuadrado perfectamente en esa extraña Tercera Vía española; incluso me atrevo a decir que aquel “magma primigenio” conocido como Grup de Folk es su equivalencia catalana (y por lo tanto, Mi Generación quedó en tierra de nadie). Así que, más o menos, ya vamos comprendiendo en qué consistió la cosa: un grupo de músicos, siempre cantando en lengua castellana (salvo alguna excepción en inglés), que en contadas ocasiones podían recordar al folk, pero no hacían folk; tal vez canción de autor, pero más interesados en los juegos de voces o en la melodía que en mensaje alguno; con una cierta vocación underground e incluso algunos efluvios psicodélicos, pero mucho más cerca del pop barroco que del rock… O sea, una especie de hippies ácratas urbanos que en realidad no inventan nada, puesto que esas tendencias ya estaban presentes en algunos grupos españoles de la generación anterior: las voces de los Ángeles o el pop psicodélico de los Pasos son dos buenos ejemplos, así que en cierto modo lo que tenemos ahora es una ampliación de la oferta con nuevos matices y en ocasiones letras más “dislocadas”, con mucho sentido del humor. 

Tal vez por el tono exquisito de algunas músicas, por la extremada ironía o agudeza de algunas letras, la mayor parte de los personajes que irán desfilando por esta serie nunca alcanzaron una gran popularidad; al menos en eso se hermanan con los cantautores o los rockeros nacionales de aquella época. Quién sabe, hasta es posible que ni ustedes recuerden a algunos de ellos, pero eso tiene su parte buena: tal vez descubran más de una canción maravillosa de la que en su momento no tuvieron noticia, o que llegaron a escuchar alguna vez pero su memoria la haya perdido entre las brumas del tiempo; si es así, felicidades. La Tercera Vía fue un enfoque muy interesante en la política occidental de los años 60, como lo fue en el cine español de los primeros 70; y aunque la música popular sea el pariente pobre de todas las mesas, da una cierta alegría saber que también en el mundo ratonero nacional hubo una corriente que se llamó así, aunque casi nadie la recuerde salvo algunos frikis (en las escasas citas en las que se nombra, aparece de pasada y casi como perdonándole la vida; se detallan algunos protagonistas, pero sin asociarlos con un momento o un estilo concreto). El término ni siquiera llegó a ser común entre los cronistas musicales de aquellos tiempos, y solo después se ha recurrido a él como aglutinante para encajar en algún estilo a unos cuantos personajes que de otro modo no podríamos catalogar. Pero no se preocupen: a juego con el resto de la oferta musical española, tales personajes son escasos, así que terminaremos pronto. 

Y esto es todo. Ya me imagino los gestos de ansiedad entre las multitudes que invaden este bar a diario, esa emoción, esa impaciencia a duras penas contenida… Está bien, invocaré el primero de esos nombres iniciáticos: Vainica Doble, por supuesto. 


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