lunes, 29 de enero de 2018

1976/77 (XVIII)



Recordarán ustedes que la decadencia del progresivo sinfónico se inició sobre 1971/72 y fue muy rápida. Como es lógico esa decadencia no implicó la desaparición de todas las bandas, puesto que había fans suficientes para mantener al menos a las dos más populares: Yes y E, L & P, que para entonces ya se estaban convirtiendo en una parodia del género con sus músicas grandilocuentes y sus excesos teatrales en el escenario. Esto ocurrió luego con otros estilos como el heavy metal, por ejemplo: la facción más radical de sus seguidores no quiere reconocer que el tiempo pasa, pierden la visión crítica y comienzan a aceptar todo lo que sus ídolos propongan, lo cual inevitablemente acaba en un circo. Pero hubo un grupo que consiguió ir sorteando el desastre hasta mediados de la década: Genesis, que en teoría pertenecen a esa temible familia sinfónica. Esa supervivencia se explica tal vez porque su componente pop (herencia de los Moody Blues) se acompañaba de una visión entre psicodélica y burlona sobre su propia esencia. Su carrera comienza un poco más tarde que la de los dinosaurios antes citados: dejando aparte su primer Lp, que no cuenta porque quien manda ahí es Jonathan King (que quería hacer de ellos otros Bee Gees), su ascenso corre paralelo a la degradación de los demás grupos de esa cuerda hasta llegar a la cumbre entre 1973/75. Y es en ese año, justo en la cumbre, cuando Peter Gabriel anuncia su marcha. 

Teniendo en cuenta la situación de total desprestigio a la que había llegado aquel tipo de música, el futuro se presentaba muy negro tanto para la banda como para él: la mayoría de los fans de Genesis pensábamos que si ellos se habían salvado de la quema era por esa particular sinergia que se creaba gracias a la técnica de unos músicos brillantes junto a la fantasía literaria, la imagen y la personalidad de Gabriel, que les había dado un carácter pero que posiblemente fuese más artista escénico que músico (por otra parte los problemas de salud de su mujer y su hija lo habían distanciado un poco). Y es evidente que dentro del propio grupo tampoco las tenían todas consigo, porque a Hackett le faltó tiempo para publicar un disco en solitario, a ver qué pasaba. Sin embargo consiguieron reconducir la situación, Collins supo adaptarse a su nuevo rango de batería cantante y en 1976 publicaron su nuevo disco: en lo musical yo no le veo vida, pero en lo comercial funcionó bien y aseguró el futuro. A partir de ahí, Genesis son un grupo pop de supuestas pretensiones artísticas que con altibajos se mantendrá presente en las listas por varios años. Mejor para ellos. ¿Y Gabriel? 

La situación familiar lo tuvo casi desaparecido durante un año, salvo por algunas maquetas que grabó esporádicamente. Por fin, en el verano del 76 vuelve al trabajo regular y se marcha a Toronto para preparar su primer disco en solitario; como productor ha elegido a Bob Ezrin, un legendario canadiense cuya impresionante lista de clientes va desde Alice Cooper a Lou Reed pasando por Doctor John, por decir tres. No entendemos por qué Gabriel ha tenido que ir tan lejos, pero en fin: será por hacer borrón y cuenta nueva. Los músicos, elegidos a medias entre Ezrin y Gabriel, son de categoría: Robert Fripp, Tony Levin y Allan Schwartzberg entran en el reparto. Vamos, que si la cosa sale mal será solo culpa de Gabriel. Y en la primavera de 1977 llega su primer disco en solitario; no tiene título (como no lo tendrán los tres siguientes), lo que le añade una pizca de misterio a la ya natural intranquilidad de los fans por saber si debemos mantener la esperanza o no. Ese misterio es también gráfico: su nombre aparece en la portada sobre el parabrisas de un coche y a él se le ve dentro, un poco difuminado, tal vez por guarecerse de la lluvia. Otra gran portada de Hipgnosis. La inquietud nos va a matar. Pero aunque estamos histéricos, hay un aura poderoso que nos mantiene en pie desde que, una o dos semanas antes, comenzó a sonar en la radio “Solsbury Hill”. 

Gabriel dice que la letra de esa canción es una suma de las emociones que sintió al visitar la histórica colina de Solsbury, desde cuya cima “pude ver las luces de la ciudad”… y las que sintió en los últimos tiempos de su estancia en Genesis (“creí que mi vida se había convertido en una rutina”), lo cual queda muy estético; pero ya saben ustedes que en este bar lo que cuenta es la música, y esta canción, al menos para mí, es majestuosa. Arranca con el espíritu de una pieza folk, y a la guitarra acústica -a cargo de Steve Hunter- se van sumando instrumentos hasta llegar a una apoteosis orquestal con rasgueos de guitarra rockera -ese es Fripp. Tal grandeza va presidida por la hermosa melodía que canta el melancólico Gabriel; su voz nunca ha sido un prodigio, pero quizá esa debilidad sea también su fuerza porque a cambio suena tremendamente cálida y familiar… cuando quiere: otras veces puede inquietarnos con esos grititos neuróticos que suelta de vez en cuando. “Solsbury Hill” llegó a rozar el top 10 isleño -recordemos que en aquel momento la moda era el punk y la new wave- y no solamente se ha convertido en una clásica sino también en la más famosa de todo su repertorio. Echamos un vistazo a la contraportada del Lp: está incluida, como es lógico; por lo tanto podemos comprarlo sin escuchar el resto. Y ahora, corriendo a casa.

“Moribund the burguermeister” es la que abre el disco, y recuerda a los últimos tiempos de Genesis: si nos olvidamos del acompañamiento orquestal, podría figurar en “The lamb…”. El recurso a la memoria es un buen modo de congraciarse con los fans, pero no se va a recrear en el pasado porque esa primera canción va inmediatamente seguida por la perla del disco, para dejarnos claro que estamos en otro tiempo. Y liberados ya del recuerdo llega “Modern love”, un rock orquestal con Gabriel pletórico, seguro de sí mismo; tanto como para sorprendernos a continuación con “Excuse me”, un híbrido de cabaret y duduá. Las sorpresas siguen surgiendo e incluyen la desconocida habilidad que demuestra para crear canciones himno brillantes como “Here comes the flood”, el broche de oro final, que será otra clásica de su repertorio. Mientras, la influencia de Ezrin se nota en los arreglos al estilo Lou Reed de piezas como “Slowburn” o “Waiting for the big one”, pero en todo momento se percibe el aura de su autor. Nadie tiene muy claro si, en conjunto, la elección del canadiense fue la acertada, e incluso en algunas piezas Gabriel se quejó luego de excesos; pero aunque es cierto que por momentos el disco suena un poco recargado, también lo es que al terminar de escucharlo ya no nos acordamos de Genesis, y eso era imprescindible. Ese es siempre el primer paso para una carrera en solitario.

Así que, al menos de momento, parece que Peter Gabriel tiene un futuro mucho más interesante que el de sus antiguos compañeros. Ha conseguido crearse un mundo propio, y por lo tanto seguirá dejándose caer por este local siempre que traiga un nuevo disco bajo el brazo. 




16 comentarios:

  1. Trolling Like Crazy29 de enero de 2018, 17:54

    >> «…en este bar lo que cuenta es la música…»

    Pues si es así, ¿por qué esa obsesión por calificar de grandilocuentes las escenografías del rock progresivo? ¿por qué ese tic de usar la palabra dinosaurio para referirse a los grupos, y esa frase tán sobada de un "soplo de aire fresco" para hablar de todos aquellos inútiles de finales de los 70 que agarraban la Stratocaster sin saber muy bien qué hacer con ella?

    El llamado rock progresivo (que no sinfónico: No veo yo nada de sinfónico en Ian Anderson, o en Robert Fripp, o en el propio Peter Gabriel) fue la única rama del rock (más bien del pop) en la que los músicos se curraban a conciencia lo que hacían. Pero claro, ni comparación con aquellos "soplos de aire fresco": Alaska, Hombres G et al.

    Cierto que, sobre gustos no hay nada escrito, pero ¿hasta cuando vamos a seguir repitiendo los mantras de todos aquellos cipayos del Melody Maker?

    Saludos. Y aunque mi tono parezca algo desabrido, agradezco mucho la gente que le gusta —y escribe— sobre música.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hombre, mister Troll. Veo que viene usted pletórico, atacando por ambos flancos. Pero puede creerme: del mismo modo que usted dice apreciar a quienes escribimos sobre música, también yo agradezco que de vez en cuando surja algún comentario incómodo que me obligue a desperezarme (el azúcar es muy malo para la salud); otra cosa es si se tiene razón o no, claro.

      Veo que sigue usted leyendo demasiado rápido, sin pararse a releer, y tal vez por eso la imagen que se forma queda un poco desenfocada. Veamos. Dejando aparte esa curiosa sospecha suya de admiración mía por Melody Maker, montón de papeles grapados que perdió su credibilidad ya antes de las músicas por las que andamos ahora, he de recordarle que:

      No he dicho “escenografías grandilocuentes”, sino MÚSICAS grandilocuentes. En efecto, de músicas va este local. La grandilocuencia llega, en los últimos discos de aquellos elementos, hasta el ridículo. De la escenografía he dicho que es excesiva, y bastante piadoso soy usando ese adjetivo.

      ¿Dinosaurios..? Sí, por supuesto. Y no solo los progresivo-sinfónicos, sino la mayoría de los progresivos, y los rockeros en general, y hasta los melódicos, y la mayor parte del country rock de mediados de los 70, y así sucesivamente: la situación de acomodo, de autocomplacencia, de pereza bien retribuida en la que vivía la música popular en esa época era pavorosa. Contra lo que usted pueda suponer, el término “soplo de aire fresco” no me hace mucha gracia; pero no tengo inconveniente en usarlo cuando es necesario.

      Sobre la talla técnica (eso de la Stratocaster, y tal) creo que ya hemos hablado alguna vez. Los fans del pop buscamos ante todo la melodía, el gancho de la canción…la creatividad antes que la técnica. Claro que lo ideal es, como digo en el caso de Gabriel, que a unos técnicos muy buenos se les sume una figura con carácter. Nadie discute que los buenos músicos siempre serán mucho más interesantes que los malos, pero la técnica no se sostiene por sí misma: los virgueros, los velocistas, los gimnastas de su instrumento no me dicen nada. Su utilidad está en una profesión muy honrada, que es la de trabajar en estudio o en giras. Me da igual, por lo tanto, esa idea de “se lo curraban a conciencia”. Pero en todo caso… ¿qué pintan aquí Alaska, Hombres G y compañía? ¿Estamos a setas o estamos a Rolex?

      Efectivamente, el rock progresivo no tiene por qué ser sinfónico. Dentro del progresivo hay evoluciones del jazz rock, rock a secas, folk, etc. De hecho a principios de los70 raro era el grupo británico “respetable” que no fuese progresivo; y es por ello que acoto el término “progresivo” haciéndolo seguir de “sinfónico” y citando solo y precisamente a Yes y E, L & P; y a otro nivel, a Genesis (no, Gabriel en solitario no es sinfónico, en eso estamos de acuerdo). No cito a bandas supuestamente progresivas -en abstracto- como esas dos que cita usted, y sobre las que habría mucho que hablar: Anderson nunca quiso que a los Tull se les llamase “progresivos”, y King Crimson están muy por encima de ese tipo de etiquetas.

      Venga, hombre. Déjese usted ver más por aquí …

      Eliminar
    2. Trolling Like Crazy5 de febrero de 2018, 21:36

      Gracias por su respuesta. Lo que mi instinto de ofidio me pide es responder a cada una de sus afirmaciones, y no porque no esté de acuerdo con lo que dice, sino porque creo haber sido malinterpretado.

      Por ejemplo: No creo que tenga usted especial amor por el Melody Maker; y a mí tampoco me atraen los guitarristas que juegan al "yo toco más deprisa que tú" (Al di Meola, John McLaughlin, Larry Coryell, Paco de Lucía, o los más recientes Joe Satriani o Steve Vai). Prefiero los guitarristas en los que predomina el sentimiento, la expresividad (con independencia de la técnica), como Stefan Grossman, Jan Akkerman, Alun Davies, Bert Jansch…); y la alusión a Alaska no era una comparación, es que se me ha venido a la memoria que una vez declaró públicamente que le gustaría saber cantar (sic). Cinismo + incompetencia.

      Es el problema de la comunicación escrita. Y además yo tiendo a la hipérbole, el sarcasmo y a veces los malos modos. Estoy seguro de que, usted y yo, cara a cara y ante unas cervezas (el orujo blanco también me vale), acabaríamos casi, casi de acuerdo.

      Mientras tanto, y como no quiero abusar del espacio de su blog, hago una pausa, cuento hasta diez y me callo.

      Saludos y parabienes.

      Eliminar
    3. Gracias a usted por el talante conciliador que muestra ahora. No creo que yo haya malinterpretado nada, ya que me limito a contestar afirmaciones suyas concretas, pero da igual. A fin de cuentas aquí nadie se juega nada y cada uno puede salir por donde quiera.

      Sobre los guitarristas, en esencia estamos de acuerdo. Luego ya cada uno tiene sus gustos, y aunque no es mi intrumento preferido creo que el sucesor natural de Hendrix es Jeff Beck, que combina muy bien la expresividad con la técnica. Y Alaska no es santo de mi devoción, pero sus primeros días con los Pegamoides fueron muy divertidos. Luego ya se hizo insoportable, claro.

      El sarcasmo o la inocencia, los malos o buenos modos, etc.. son por lo general un patrimonio del que resulta difícil deshacerse, pero ya sabe usted que el ofidio es un ser muy mal visto desde aquel feo asunto de Eva y la manzana: elija sabiamente a los objetivos de sus invectivas y verá cómo su estado de ánimo mejora. El orujo blanco me hacía gracia de jovem, pero ahora prefiero el whisky.

      Gracias otra vez. Sé que la gente como usted no es tan borde como quiere aparentar, y prefiero esa actitud antes que la del baboso.

      Eliminar
  2. Tengo el sello de la Santísima Trinidad grabado en algún lugar del cuerpo, Pink Floyd, King Crimson y Genesis. A PF y a G los seguí prácticamente hasta el 76/77, con sus "Animals" y "Wind & Wuthering", este último ya con Gabriel fuera. La producción en solitario de Gabriel, al contrario que la de los grandes nombres de PF o KC, me ha parecido, sobre todo en su primera época, mucho más interesante y rica, y este su primer trabajo es buena muestra de ello. Las portadas también atraían lo suyo, y esta de Hipgnosis es realmente hermosa. Su escucha me produjo, como muy pocos artistas entonces, una sensación de que su propuesta era el camino a seguir, el nuevo sonido que después cuajó con la wordmusic y el eclecticismo imperante en muchos compositores de ayer mismo y hoy también.
    Saludos,
    JdG

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tengo que reconocer que siento una cierta prevención ante el término "progresivo" porque, como le digo a mister Troll, hubo un tiempo en el que casi todo el mundo era progresivo (menos los Who,los Stones, los Kinks y algún otro). Con esa etiqueta nos vendieron algunos truños insignes, pero es verdad que hubo bandas realmente notables: para mí los Floyd hasta "Wish you were here" son muy defendibles, mientras que King Crimson, insisto, están por encima de etiquetas y Genesis se van más hacia el sinfónico (casi todo lo que grabaron con Gabriel me gusta).Pero también se vendían como progresivos a Traffic o Family, así que no hay queja.

      Y sí, las portadas de Hipgnosis eran como la guinda del pastel. Como lo eran también las de CCS (Jethro Tull, por ejemplo),o las de Keef (la mitad del catálogo Vertigo es suyo).

      Saludos mil.

      Eliminar
  3. Hola Rick:
    Pues a pesar de que en esos años, ya pasaba de los "grupos grandielocuentes y dinosauiros", centrándome en "buscar aire fresco para respirar", el primer disco de Peter Gabriel, me gustó mucho, este señor tiene algo de misterioso que acaba atrapándote. Luego poco a poco le fui perdiendo la pista, mas que nada por dedicarme a otras cosas, y es que no se abarca todo.
    Saludos
    Jose

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy buenas, José. Espero que sigas respirando aire fresco; pero en pequeñas dosis, porque al menos por aquí hace un frío que pela.

      Los primeros discos de Gabriel son como mínimo originales, y eso ya es un punto. Luego se fue acomodando, como todo el mundo, pero casi todo lo que sacó hasta casi los años 90 vale la pena.

      Saludos mil

      Eliminar
  4. Tiene razón el primer comentarista sobre el daño que han hecho las etiquetas y calificativos a este pop elaborado y preciosista. Era injusto entonces y es injusto 40 años después, cuando todavía seguimos instalados en los perjuicios. Lo más curioso es que los mayores detractores fueron críticos y comentaristas que habían sido fervorosos entusiastas de aquel movimiento poco tiempo antes.
    Es necesario reivindicar a aquella gente y para ello contamos con su mejor exponente, Génesis, y sus tres discos mágicos con Peter Gabriel que a su vez fue creador de tres discos magistrales en solitario, empezando por el que comentas. Doble trilogía que no justifica la decadencia posterior de unos, Phil Collins era un tipo meritorio, y de Peter que prefirio convertirse en adalid de la World Music.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El asunto de las etiquetas ya lo hemos hablado algunas veces, y creo que la conclusión general queda en su justo término: son muchas veces arbitrarias, maniáticas, en otros casos un puro invento del mercado... pero también a vaces son necesarias para guiarse. Y luego ya cada uno hará sus propias definiciones.

      En cuanto a Gabriel ya digo, hasta los 90 muy bien. Luego sí, la cosa esa de la "world music" ya es otro cantar.

      Eliminar
  5. Vaya por delante que yo tengo los conocimientos musicales justitos para apreciar algo de lo que se comenta aquí; por eso a veces son tan útiles las discutibles etiquetas, más que nada para ubicarnos sin utilizar un párrafo para cada cosa. Luego, cada cual tiene su opinión.

    Me puse a escuchar este disco, lo que no hacía desde hace ya demasiado tiempo. Me sigue maravillando, por supuesto. Pero –asombrado- creí reconocer “cosas” que no percibí en su día. Corrí rápido a buscar y sí, efectivamente: el Lace And Whiskey (marzo del 1977) –el único disco que me gusta algo de Alice Cooper- también fue producido por el tal Bob Ezrin. La verdad es que no se parecen en nada, pese a que también está Steve Hunter. Y no hay color: el de Gabriel (a mí) me gusta muchísimo más.

    Saúde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso le digo a herr doktor, que las etiquetas tienen su utilidad como referencia general, y ya luego cada uno bautizará a las músicas como le plazca.

      Celebro que haya seguido usted el rastro canadiense hasta dar con Alicia. De acuerdo con que un disco y otro tienen poco que ver, pero fijándose en los arreglos se intuye la misma mano. Felicidades, ya digo, por su insospechada vocación detectivesca.

      Eliminar
  6. Hola Rick: Ya sabes que esta no es mi música preferida, lo hemos comentado en alguna ocasión. Una de las pocas músicas en las que no coincidimos en gustos. Partiendo del respeto máximo por estos músicos (grandes instrumentistas en la mayoría de los casos), esto no es lo mío. Me quedé en J. Tull (uno de mis grupos preferidos), hice un paréntesis con cierto progresivo, o sinfónico o como se le quiera llamar- E. L. & P., Yes, Génesis...), y a otra cosa, mariposa. No en todos los casos. Había algunos grupos que si me interesaron, pero ya irán saliendo en esta "enciclopedia" tan amena, que me leo hasta lo que en principio no me interesa mucho. Siempre se aprende algo y se contrastan ideas y gustos.

    Saludossssssssssssss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Conste, estimado Bab, que una cosa es Genesis y otra Gabriel. Comprendo que no te interese el progresivo sinfónico -ni a mí, salvo precisamente Genesis-, pero don Pedro puede llegar a sorprenderte; precisamente a tí, que eres músico, con más razón.

      Te recomendaría una escucha de algunas canciones suyas. Ya digo, te va a sorprender.

      Saludos mil.

      Eliminar
  7. Hola Rick:
    Creo que llego tarde a los comentarios de esta entrada, pero es que se me amontona la faena y cuando me he venido a dar cuenta ya había una nueva.
    Yo era un fanático de Yes EL&P, Génesis y algún otro como Camel o Jethro Tull y todos terminaron defraudandome a finales de los setenta . Viví su música en tiempo real, y era de los que corrían a comprar los álbums en cuanto salían al mercado (Tengo que agradecer a la revista Vibraciones y Popular 1, que me mantenían informado al día). Con Génesis el chasco fué mas grande todavía. De repente todo se fué al traste cuando Peter Gabriel decide dejar el grupo (Y eso que Collins fué un sustituto excelente). El primer disco de Gabriel me defraudó mucho, no me conformaba con la voz y echaba mucho de menos al resto del grupo. En los siguientes trabajos ya le perdí el rastro y sólo escuchaba algun que otro tema de los que ponían por la radio. Al final pasó como con los antiguos amores, que terminas olvidándolos con el paso el tiempo.

    No quería dejar pasar esta buena entrada sin comentar.

    Antonio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lamento reiterar que Yes y E, L & P no figuran entre mis preferidsos.Yo salvaría losdos o tyres primeros discos de cada uno, pero poco más. Genesis me parecen de otra cuerda,pero en lo que estamos de acuerdo es en que la cosa se fastidió en los 70 (no a finales, sino ya mucho antes).

      De todos modos, te digo lo mismo que a Bab: Genesis y Gabriel en solitario tienen poco que ver. Deberías escuchar detenidamente los tres o cuatro primeros discos de Gabriel, seguro que te ibas a llevar una sorpresa.

      Eliminar

Cierren la puerta al salir.