De las cuatro bandas más famosas surgidas en 1968 al abrigo del blues rock, vamos hoy con las dos que nos faltan y que por otra parte reflejan perfectamente la cara y la cruz de este negocio. Se trata de Fleetwood Mac y Jethro Tull: los primeros se hallan en serias dificultades, mientras que los otros cuentan sus ventas por millones.
Peter Green abandona Fleetwood Mac a mediados de 1970: sus problemas mentales, principalmente a causa del ácido, lo convierten en una persona inestable a la que no veremos en mucho tiempo. Su marcha sume al grupo en una clara situación de orfandad, ya que Green era su líder y compositor principal además de guitarrista legendario, a la altura de Beck o Clapton. Lo primero que pensaron fue lo más lógico, darse de baja; pero, al menos a corto plazo, estaban obligados a cumplir unas cuantas actuaciones pendientes. Y en vista de que la caja no se resintió mucho (aparte de algunos silbidos o el feo insulto de “¡traidores!”, proveniente de los inconformes fans de Green), decidieron seguir adelante: la supervivencia de este grupo, al menos para salir del paso, quedará en manos de Jeremy Spencer y Danny Kirwan, los otros dos guitarristas y compositores. Y aunque no milita aún oficialmente en el grupo, cuentan con el apoyo de la teclista y cantante Christine Perfect, que abandonó el año pasado a Chicken Shack (una fotocopia decente de los primeros Mac) y se casó con John McVie. La primera aportación notable de la ahora señora McVie será dibujar la funda de “Kiln house”, el nuevo LP, que llega a las tiendas a finales de Setiembre.
Como era de esperar, y aun beneficiándose de la inercia comercial que produce el recuerdo de un mito -tal vez moribundo, pero mito al fin-, las ventas cayeron considerablemente: de un top 5 conseguido con el fabuloso “Then play on” a un top 40 con este, y por los pelos. Spencer y Kirwan, sin el influjo mágico de Green, deciden ir sustituyendo la escuela blues por otro tipo de raíces también clásicas: el rock and roll y la balada con ribetes country (teniendo en cuenta la posibilidad de que en la Isla no les quede mucho futuro, y sabiendo que el mercado americano es más apacible y consentidor, creo que fue la mejor opción). Así, tenemos homenajes a Buddy Holly, como la encantadora “Buddy’s song”, una estupenda versión de “Hi ho silver” de Fats Waller (con un tono eléctrico entre blues y rock’n’roll muy bien conseguido) y piezas propias como “This is the rock”, de Spencer -que podría haber cantado Elvis en la Sun perfectamente- o mi preferida, “Tell me all the things you do”, de Kirwan, un rock de tiempo medio muy digno. En conjunto, da la impresión de que Spencer se dedica a la “memoria histórica” y Kirwan a buscar un camino que potencie las baladas con carga eléctrica. Y el resultado es un poco difuso, aunque agradable. Sin embargo, el futuro se anuncia borrascoso: Spencer se marchará pronto, y Kirwan poco después. La banda languidecerá en el mercado americano durante unos años en los que nuevamente se plantearán su desaparición (con alguna pieza decente en cada uno de los mediocres discos que siguen a este), y lo que pasó luego pertenece a otra época. Adiós y suerte, muchachos.
Jethro Tull son la otra cara de la moneda. Quede claro que soy consciente de su incómoda posición, siempre bajo sospecha, confinados en el sector de “los amas o los odias”, y ante ustedes procuro ser lo más objetivo posible a pesar de mi desaforada, enfermiza idolatría por sus seis primeros discos. Los Tull parecen seguir un patrón similar al de otras bandas como King Crimson: las parejas temáticas, por decirlo de algún modo. Sus dos primeros discos se basan en el blues, siendo el segundo una evolución enriquecida con piezas folk y algún que otro componente. Pero “Benefit”, el tercero, rompe esa cadencia y nos lleva a otro escenario: el rock progresivo -siempre con algunas baladas por medio- y un sonido muy trabajado en el estudio: al igual que los TYA, Anderson va descubriendo las infinitas posibilidades de un buen equipo de grabación y se aficiona a los sonidos atmosféricos, a los pasajes envueltos en un cierto aroma vagamente psicodélico. En realidad fueron los Beatles, tras abandonar las actuaciones, los primeros que pensaron en crear discos para su audición hogareña (“Sgt Pepper’s” o el doble blanco son ejemplos evidentes), y algo de eso hay en el estilo de este grupo a partir de ahora: las giras son necesarias para completar unos buenos ingresos, pero el estudio permite dar rienda suelta a la experimentación. Por otra parte, la querencia de Ian por las piezas sin filiación clara, a medio camino entre el clasicismo y una cierta debilidad por el pop orquestal, se manifiesta en sus singles: son tal vez la única banda que sigue manteniendo ese formato como un medio de expresión con carácter propio, con piezas que por lo general se distancian mucho de la obra contenida en los discos grandes.
“Benefit” se publica en Abril de 1970, y una vez más hay líos con la prensa: Anderson, tal vez un poco altivo, concede contadas entrevistas y no suele congeniar con los plumillas. Estos a su vez, muy bluseros todos, deseosos de tener a cada grupo en su compartimento correspondiente, ya le habían echado en cara su abandono del género -para ellos, una especie de apostasía- y ahora lo tildan de pretencioso y arrogante por el nuevo sonido progresivo de la banda, que se aleja de esa escuela y que además presenta sus nuevas canciones trufadas con algunas letras demostrativas de su tendencia “asocial”, un tanto cínica y dolorida al mismo tiempo. El disco se abre con “With you there to help me”, envuelta en sonidos lejanos de cuerdas, teclados y flauta que se van acercando: hay un tono “líquido”, brumoso, en esta pieza como en otras, que se basa en un primer desarrollo cantado sobre piano y que luego deriva en un rock oscuro, inusual. Y luego vamos flotando entre piezas de ese estilo y algunas baladas deconstruídas; y ese piano lo toca John Evan(s), que es colega de Anderson desde su primera juventud allá en Escocia (pronto será miembro oficial de la banda), y el viaje nos deja con sabor a poco: esto no puede acabar así, por Dios, tiene que haber al menos otro disco con este sonido, con esta estructura… y lo habrá el año que viene, claro. Mientras tanto seguirán haciendo giras, de las que hay cientos de grabaciones piratas -siempre el mismo repertorio, y todas suenan igual-, pero no veremos un directo oficial hasta muchos años después, cuando su época mágica haya pasado. Y disfrutaremos mucho en sus actuaciones, por su estética y por la nostalgia más que nada; pero ya tenemos claro que este es un grupo de estudio. Anderson lo ha decidido así, para bien o para mal. Y sus fieles creemos que para bien: una actuación dura dos horas, un disco toda la vida. Eso pensaban también los Beatles.
Snif… Bueno, por dónde íbamos… ah, sí: que ya hemos citado los cuatro grandes grupos del 68 que abandonaron el blues rock. Gran factoría esa, sí señor. Pero hay más oferta, y a ello nos pondremos el próximo día.
