“Algunos faces ni siquiera te miran si llevas una camisa barata. ¡Es ridículo! Pero esta misma mañana he visto una en Woolworths que con unos arreglos parecerá tan cara como cualquiera de las de John Michael’s (...) El mejor sastre es Bilgorri, en Bishopgate: todos los faces van a Bilgorri y a John Stephen’s, que es muy bueno haciendo pantalones”
(Marc Feld, futuro Marc Bolan. Sí, el líder de T. Rex)
En fin. Para llorar. Pues sí, señores míos, los primeros mods fueron niños de papá que pronto abandonaron esa "militancia" para ser relevados por currantes de medio pelo intentando aparentar un status que no tenían: al igual que en muchos otros movimientos, al igual que pasó con las drogas, el recorrido siempre va de los palacios a las chabolas. Habrán visto ustedes que en el párrafo anterior se cita la palabra “faces”, es decir, “caras”. Los “faces” eran los más arreglados de entre la tribu mod, los que más dinero gastaban en ropa, los que mantenían a su moto reluciente, en perfecto estado de revista. Y por supuesto eran también destacados allnighters, es decir, de los que se pasaban toda la noche de fiesta, "anyway, anyhow, anywhere I go", que decían los Who.
Los lugares que frecuentaban los allnighters eran por lo general los que poco antes habían ocupado los primeros mods, y por supuesto la música imperante era el rhythm’n’blues: la complejidad del jazz era excesiva para ellos, y por otra parte detestaban el beat, "esa cosita pringosa". El problema con la música negra en general es que la oferta era muy reducida aún: hasta que comenzaron a establecerse las primeras tiendas de importación, solamente los disc-jockeys y algunos fanáticos conseguían el material de los soldados americanos destinados en las bases británicas, o subiendo a Liverpool. Porque hay que recordar que en sus primeros tiempos el grueso de la tropa mod era todavía londinense, aunque pronto hubo "agrupaciones mod" en casi todas las grandes ciudades. Y con el r’n’b llegó el soul, y la oferta ya era más variada: ya se podía bailar toda la noche. Y en la televisión se veía a las grandes estrellas de la Tamla, y ya se podía vivir permanentemente de fiesta. Y los nativos de Jamaica, beneficiados por su pertenencia a la Commonwealth, estaban llegando a miles con su música a cuestas, y…
Aquella fiesta, que había comenzado a finales de los años 50, ya iba a toda marcha. Pero cualquier aliciente nuevo era bienvenido; y a diferencia de los rockers, que preferían la bebida, los mods se aficionaron pronto a las pastillas: era un método más rápido y mucho más barato de colocarse. Así llegó el reinado de la dexedrina, los “Purple hearts”, el Drynamil, anfetaminas pensadas para dosis de una al día, o dos como mucho. Pero los mods las tomaban alegremente, había que mantenerse despierto toda la noche, bailando, de un lado a otro… ¿no les suena a ustedes de algo este plan de vida, no les suena muy actual? En aquella época, en la que la cuestión de las drogas no estaba tan regulada como ahora, no era extraño el club donde te servían cualquier bebida a un precio o esa misma bebida “dinamizada” a otro. Y antes de terminar el primer quinquenio de los años 60, la catástrofe ya se oteaba en el horizonte.
(Marc Feld, futuro Marc Bolan. Sí, el líder de T. Rex)
En fin. Para llorar. Pues sí, señores míos, los primeros mods fueron niños de papá que pronto abandonaron esa "militancia" para ser relevados por currantes de medio pelo intentando aparentar un status que no tenían: al igual que en muchos otros movimientos, al igual que pasó con las drogas, el recorrido siempre va de los palacios a las chabolas. Habrán visto ustedes que en el párrafo anterior se cita la palabra “faces”, es decir, “caras”. Los “faces” eran los más arreglados de entre la tribu mod, los que más dinero gastaban en ropa, los que mantenían a su moto reluciente, en perfecto estado de revista. Y por supuesto eran también destacados allnighters, es decir, de los que se pasaban toda la noche de fiesta, "anyway, anyhow, anywhere I go", que decían los Who.
Los lugares que frecuentaban los allnighters eran por lo general los que poco antes habían ocupado los primeros mods, y por supuesto la música imperante era el rhythm’n’blues: la complejidad del jazz era excesiva para ellos, y por otra parte detestaban el beat, "esa cosita pringosa". El problema con la música negra en general es que la oferta era muy reducida aún: hasta que comenzaron a establecerse las primeras tiendas de importación, solamente los disc-jockeys y algunos fanáticos conseguían el material de los soldados americanos destinados en las bases británicas, o subiendo a Liverpool. Porque hay que recordar que en sus primeros tiempos el grueso de la tropa mod era todavía londinense, aunque pronto hubo "agrupaciones mod" en casi todas las grandes ciudades. Y con el r’n’b llegó el soul, y la oferta ya era más variada: ya se podía bailar toda la noche. Y en la televisión se veía a las grandes estrellas de la Tamla, y ya se podía vivir permanentemente de fiesta. Y los nativos de Jamaica, beneficiados por su pertenencia a la Commonwealth, estaban llegando a miles con su música a cuestas, y…
Aquella fiesta, que había comenzado a finales de los años 50, ya iba a toda marcha. Pero cualquier aliciente nuevo era bienvenido; y a diferencia de los rockers, que preferían la bebida, los mods se aficionaron pronto a las pastillas: era un método más rápido y mucho más barato de colocarse. Así llegó el reinado de la dexedrina, los “Purple hearts”, el Drynamil, anfetaminas pensadas para dosis de una al día, o dos como mucho. Pero los mods las tomaban alegremente, había que mantenerse despierto toda la noche, bailando, de un lado a otro… ¿no les suena a ustedes de algo este plan de vida, no les suena muy actual? En aquella época, en la que la cuestión de las drogas no estaba tan regulada como ahora, no era extraño el club donde te servían cualquier bebida a un precio o esa misma bebida “dinamizada” a otro. Y antes de terminar el primer quinquenio de los años 60, la catástrofe ya se oteaba en el horizonte.

