lunes, 5 de octubre de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (XII)

«Estaba en el Avalon, viendo cómo se marchaba la gente después del concierto de los Airplane, cuando Jack, el bajista, se acercó y, sin más, me dijo: “¿Qué te parecería ser nuestra cantante?”. Mi reacción fue tranquila, intentando parecer indiferente: “Sí, podría funcionar…”. 
Grace Slick 

“Era igual que nosotros: le daba a las drogas y al alcohol, era libre, atrevida, escandalosa… Encajaba de maravilla”. 
Marty Balin 

A finales de 1965 hay un grupillo circulando por San Francisco, muy en la onda del momento, que se llama The Great Society. Los fans se refieren a ellos como “la banda de la familia Slick”, ya que fue creada a mediados de 1965 por el matrimonio compuesto por el batería Gerald “Jerry” Slick y su esposa Grace, que es la cantante y frontwoman; el tercer Slick es Darby, un hermano de Jerry que se encarga de la guitarra y es compositor. Junto con otros miembros, forman parte de la escena hippie desde poco antes y son asiduos en The Matrix. En diciembre Tom Donahue y Sly Stone presentan en la ciudad un nuevo sello discográfico, llamado Northbeach, los Society son uno de sus fichajes y en febrero del 66 se lanza un single que contiene “Someone to love” y “Free advice”; ambas son obra de Darby. Al igual que está sucediendo con las demás grabaciones de esta primera oleada, las ventas no trascienden mucho más allá de la ciudad; sin embargo su prestigio crece y, tras actuar como teloneros de los Airplane, el sello Columbia los sondea con la intención de contratarlos. Aquí tenemos aquellas dos canciones:


Sin embargo, fue precisamente ese trabajo como teloneros lo que liquidó la existencia de los Society. Por entonces Signe Anderson ya había avisado de que pensaba abandonar; tanto Balin como Kantner estaban buscando afanosamente una sustituta, pero fue Cassady quien tuvo la idea al ver el poderío escénico de Grace Slick (“¿Qué pensé de verdad, cuando vino Jack con la oferta? ¡Joder, aquello era como subir a la puta Primera División! No lo dije en voz alta, pero para mí fue una invitación a ocupar lo que siempre había considerado un puesto reservado solo para supermodelos, estrellas de cine y otras grandes bellezas físicas. Me pareció que la zorra sarcástica, de pecho plano y pelo castaño rizado, estaba derribando otra barrera en el país de Barbie”), Y Grace abandonó a su grupo para convertirse en un referente imprescindible en la trayectoria de los Airplane: el 16 de octubre, el día siguiente a la última actuación con Signe en el Fillmore, la señora Slick se presentaba en su lugar (que por cierto, pronto dejó también de ser la señora Slick porque hubo divorcio poco después, pero eso no es asunto nuestro). 

Estamos ante un personaje de carácter desbordante, que en un principio ni siquiera había decidido dedicarse a una única ocupación: hija de un inversor en bolsa y una cantante, con una sólida formación cultural e inquietudes sociopolíticas, en ese momento compaginaba la música con su debilidad por las artes plásticas, y poco antes había trabajado como modelo en unos grandes almacenes. Grace viene siendo algo así como un compendio renacentista y de vanguardia al mismo tiempo, una magnífica representante de aquella época y aquel lugar. Y tras asentarse como la nueva figura del grupo (eclipsando hasta cierto punto a Balin), tan solo dos semanas después comienzan las sesiones de grabación. En los primeros días de enero del 67 se presenta el primer single con ella como novedad, aunque ese single suena un tanto lejano al momento actual de los Airplane. La cara A es una balada folkie titulada “My best friend” y es obra de “Skip” Spence, que se había ido medio año antes; lógicamente, aquí el batería ya es Dryden. La línea melódica resulta un tanto “dulce”, tal vez en la onda de unos Mamas & The Papas, y desilusionó a los fans, que esperaban algo más fuerte. En cuanto a Grace, su papel es discreto como acompañante en un juego de tres voces. La cara B, titulada “How do you feel” no mejora esa sensación, ya que suena parecida; la escribió un tal Tom Mastin, que al parecer era un amigo del grupo.


En menos de un mes (noviembre del 66) queda rematado el material para un nuevo disco grande, que llegará a las tiendas a principios de febrero del 67 acompañado, con muy pocos días de diferencia, por un single que nos presenta la recreación de “Someone -ahora “Somebody”- to love”, así que empezaremos por ella: es una canción que ya en origen mostraba potencial, con esa vena folk rock que le daba una belleza contenida a pesar de magnífico rasgueo de la guitarra. Pero ahora, en manos de los Airplane, se convierte en toda una proclama, con base rítmica muy densa y potente, dirigida por la “nueva” Grace Slick que aquí ya muestra ese estilo declamatorio y orgulloso que lucirá a partir de ahora, acompañada por una guitarra igual de poderosa que ella. La cara B es “She has funny cars”, con letra de Balin y música de Kaukonen, que tanto aquí como en otras piezas suyas nos demostrará su admiración por Bo Diddley; la base rítmica parte de esa escuela, aunque está completamente remozada y de nuevo muestra la tremenda potencia de este grupo, además del perfecto engranaje que constituye esa especie de “cántico dialogado” entre Balin y Slick. Por cierto, que han conseguido quitarse de encima a Matthew Katz, tanto como manager como supuesto productor: de momento los dirige Rick Jarrard, músico reconvertido que ha entrado en la nómina de RCA poco antes.



El disco grande se titula “Surrealistic pillow” y es la muestra palmaria del poderío que han alcanzado, porque no es solamente la obra cumbre en el llamado “sonido de San Francisco”: si el “Pet sounds” de los Beach Boys podría considerarse como la visión amable, refinada, un tanto relamida, de aquella época, este va más allá del patrón musical de la psicodelia o del ideario hippie, sobre el cual ya ellos comienzan a mostrar algunas observaciones un tanto irónicas. Y sumando ambos discos, ahí tenemos la respuesta estadounidense al “Sg. Pepper’s” de los Beatles, con permiso de los Byrds y de quienes ustedes quieran, me da igual. Porque, entre otras cosas y a diferencia de la prodigalidad de los chicos de Liverpool, que deberían haber incluido en ese disco aquellas dos canciones que todos sabemos, los Airplane no cometen ese error e incluyen sus dos joyitas del single, siendo además su cara B la que abre este disco, con todos los honores. Tras esas dos y la que había aportado Spence en el anterior llegan dos de Balin: “Today”, una preciosa balada de fondo acústico compuesta a medias con Kantner, coloreada por el delicado contrapunto de Jerry García con la eléctrica; le sigue “Comin’ Back to Me”, de tono parecido, ensoñadora, en la que Slick hace un casi imperceptible apoyo con la flauta. La cara B empieza fuerte con “3/5 of a mile in 10 seconds”, puro rock psicodélico, que también es de Balin (confirmando de este modo su versatilidad); ese sonido de eco, ese juego de cuerdas y de voces configuran otro de los momentos clásicos de este grupo. En “D.C.B.A.-25” parecen invertirse los papeles, ya que esta curiosa mezcla de folk rock “deconstruido” es obra de Kantner, haciendo un bonito juego de voces con Slick. Tras aquella pieza de Mastin que ya figuraba en el otro single viene “Embrionic journey”, una pequeña obra de arte instrumental creada por Kaukonen, demostrando su dominio con la guitarra acústica mientras crea un ambiente casi onírico. “White rabbit”, que Slick traía de su época con los Society, suele considerarse como su momento cumbre como compositora y yo creo que también como vocalista: ese bolero psicodélico eleva su tono de dramatismo con su entonación potente, creciente, segura de sí misma, grandiosa... En fin, qué más se puede pedir. El cierre llega con “Plastic fantastic lover”, de Balin; dejando aparte la letra, en plan androide futurista, esta es otra demostración de ese ritmo medio arrastrado, con ese fantástico juego de cuerdas que solo ellos saben hacer. Y esta vez sí, las listas de ventas se rindieron al embrujo de una banda superlativa.

 

1967 es el año central de toda una época, y Jefferson Airplane acaban de consolidarse como uno de los fetiches musicales más destacados en ella. Pero San Francisco tiene más sorpresas reservadas para nosotros, y de momento ya hemos cumplido con estos muchachos: vamos a por más. De todos modos, dentro de un tiempo, cuando volvamos por la ciudad, ellos seguirán allí.



jueves, 24 de septiembre de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (XI)

"Signe era una de las personas más fuertes que he conocido nunca. Fue nuestra «líder de la manada» en los primeros tiempos del grupo… Una voz de la razón en más de una ocasión… Un miembro importante de nuestra pequeña familia disfuncional. Nunca se quejaba, y siempre era un placer estar con ella." 
Jorma Kaukonen 

La banda que mejor simboliza el espíritu de San Francisco en los años 60 son Jefferson Airplane, porque en ellos se da la mixtura perfecta entre la música y la actitud reinantes allí por entonces. En lo musical parten del folk rock y lo enriquecen con elementos psicodélicos, siguiendo en cierto modo la estela de los Byrds en Los Angeles, pero sustituyendo los juegos de voces y las guitarras cristalinas por un sonido más denso y contundente. En cuanto al mensaje, algunas de sus primeras canciones simbolizan dos de los conceptos más populares en aquel momento: el amor libre y la investigación personal a través del ácido. La ventaja de ser los primeros en fichar por un sello grande les dio un buen apoyo mediático, convirtiéndolos muy pronto en un espejo en el que se miró buena parte de la afición musiquera juvenil, californiana o no, que además comulgase con esas ideas. 

El padre de la idea es Marty Balin, a quien ya hemos presentado brevemente el otro día. Es una especie de todoterreno de querencias beatnik que escribe canciones, canta, toca la guitarra e incluso ha probado suerte como actor y bailarín. Tras cambiar su apellido (Buchwald) a sugerencia de su manager, que lo consideraba poco eufónico, llegó a publicar algunas canciones en 1962 en la onda del pop duduá tan popular aún por entonces. Poco después se va acercando al folk melódico creando un pequeño grupo llamado Town Cryers, hasta que la creciente influencia de Dylan le cambia la perspectiva tras su conversión al folk blues eléctrico en 1965. Junto a eso refulge también la poderosa imagen de los Byrds, que partiendo del propio Dylan han sabido vitaminarlo con el estilo rítmico de los Beatles y que ahora ya están muy cerca del folk rock: ese es el camino que Balin quiere seguir, y en consecuencia ha de crear un grupo. Y a mayores, mientras se dedica a recorrer los antros de la ciudad buscando músicos, encuentra una pizzería que pude interesarle como lugar de ensayo y pequeña sala de actuaciones: junto con otros tres amigos, compran el lugar y lo convierten en The Matrix, que será uno de los puntos de referencia no solo en los comienzos de su banda sino en el de muchos otros personajes de la pujante escena artística que está surgiendo en la ciudad. 

Uno de los aspectos que Balin más admira de los Byrds es su juego de voces, y por lo tanto necesita más de un músico que pueda alternarse con él en ese trabajo. Así, el primer fichaje cumple perfectamente con el papel: se trata de Paul Kantner, que al igual que él proviene del folk y además de dominar la guitarra rítmica es buen cantante. Ese aspecto del nuevo grupo queda completado con un brillante contrapunto femenino en la persona de Signe Anderson, que ya tenía prestigio en los ambientes jazz y folkies de la ciudad. Para la guitarra solista Kantner recomienda a su amigo Jorma Kaukonen, de escuela blues, y tras el paso fugaz de otros músicos queda confirmado Jack Casady como bajista; es otro amigo de Kantner y procedía de Washington, donde militó en pequeños grupos de r&b. Finalmente llegamos al batería, Alexander “Skip” Spence, un canadiense multinstrumentista y compositor a quien Balin convence para reciclarse y que ocupe ese puesto. Ya solo falta el nombre para la banda: tanto Balin como Kantner buscan un sonoro sinsentido y a Kaukonen se le ocurre “Jefferson Airplane”, que era parte de un juego de palabras con el que nombraba a un amigo suyo. En muy poco tiempo su fama trasciende el área de San Francisco y varios sellos se interesan en ficharlos: Matthew Katz, su manager, es un fulano de prácticas retorcidas pero les consigue el más ventajoso, ofrecido por la RCA. Y antes de que termine 1965, tras algunas actuaciones memorables en los lugares adecuados, ya están trabajando en el estudio de grabación. 

Su primer single llega en febrero del 66: “It’s no secret / Runnin’ round this world”. La cara A es una canción deliciosa, obra de Balin, que dice haberla compuesto fantaseando con el estilo de Otis Redding. Y es perfectamente creíble, ya que se nota el aroma r&b /soul que la envuelve aunque esté partiendo del folk pop; incluso el tono de voz de Balin suena casi “racial”, muy a juego con el estilo de la pieza. La cara B está hecha a medias entre él y Kantner, aunque se supone que hay mayor intervención de este último porque aquí ya tenemos el juego de voces a tres bandas que será una de las constantes del grupo en sus primeros años. Es también folk rock, pero en un estilo más “declamatorio” (otra característica muy suya) y con cambios de ritmo. La letra, que también suponemos de Kantner, lleva una estrofa que dice: “las noches que pasé contigo han sido fantásticos viajes”. Y esa palabra final, ese ominoso “trips”, asusta a RCA, que no sabe si es peor pensar en una alusión sexual o lisérgica. Tal vez por eso la promoción fue muy escasa, y el single no tuvo repercusión más allá de los círculos modernillos de la ciudad.


A finales de marzo queda completado el repertorio que integrará el primer disco grande del grupo, y muy poco después Skip Spence es despedido por dar una espantada para hacer un viaje a México. Spence es todo un personaje en el mundillo alternativo de la ciudad, pero su excesiva afición a ciertas drogas comienza a resultar problemática; en cualquier caso, dentro de poco tiempo lo veremos formando parte de Moby Grape, otra banda legendaria de la zona. Le sustituye Spencer Dryden, un batería vocacional que proviene del jazz y cuyo engarce con Cassady dará forma a la excepcional base rítmica que caracteriza a esta banda. Entre la marcha de uno y la llegada del otro, en junio se publica un segundo single que contiene “Come up the years / Blues from an airplane”. La primera, una nueva colaboración de Balin con Kantner, es una hermosa balada folk que por momentos podría recordar vagamente a los Byrds, pero con espíritu propio. La segunda es una de las escasas aportaciones creativas de Spence, que firmó junto a Balin otra de esas piezas con densidad lenta, medio “arrastrada”, que muestra la magnífica interacción entre las guitarras y ese bajo poderoso, vibrante, confirmando la importancia de Cassady como eje del sonido Airplane. Sigue habiendo una gran desfase entre las ventas en la ciudad y el escaso impacto fuera de ella, pero RCA confía en que el disco grande será quien los lance definitivamente a escala nacional.



Y el disco grande llega por fin. Se titula “J.A. takes off” y sale a mediados de agosto. En la primera edición vienen incluidas las cuatro canciones de los singles; pero poco después el sello decide retirar la de los famosos trips, aunque el grupo había aceptado suprimir la palabrita. En cualquier caso estamos ante uno de esos discos más importantes por mostrar un aprendizaje que por su categoría en sí mismos: no hay duda de que tanto Balin como Kantner vienen del folk, y que la influencia de los Byrds es notoria. Pero, tal y como ya adelantaban los singles, hay una evolución palpable sobre esa influencia; y aunque el paso del tiempo, con los cambios que hubo a continuación, demostrará que este disco es un esbozo insuficiente para hacernos una idea de lo que los Airplane llegaron a ser, no cabe duda de que estamos ante el acta fundacional de todo un estilo, de ese “sonido de San Francisco” que ellos sabrán simbolizar como nadie. Dejando aparte las canciones ya conocidas, y aunque por lo general la voz solista es la de Balin, también Kantner sabe defenderse: “Let me in” o “Run around”, ambas escritas por los dos, son una buena muestra, y además confirman esa querencia por el juego de voces (incluyendo las frecuentes peloteras que van a mantener con su sello por algunas expresiones “descaradas” en las letras). En cuanto a la voz de Anderson, es evidente que hubiese merecido más protagonismo del que tuvo: su participación junto a Kantner en la versión de “Get together” es muy meritoria, y solo podemos intuir su verdadero potencial en el señorío que muestra haciendo la clásica “Chauffeur blues”. La tercera y última versión es la también inmemorial “Tobacco Road”, que hacen suya con mucha soltura. Es evidente que los Airplane ya suenan muy distintos al resto de los grupos contemporáneos, así que la lucha por una personalidad definida la tienen ganada. Las ventas vuelven a mostrar una brecha entre California y el resto del país, pero la situación dará un vuelco muy pronto; no solo por ellos, sino también por los que vienen detrás.


Y el primero de todos los vuelcos ocurre en el propio grupo: Signe Anderson había tenido un hijo poco antes de la publicación del disco, dando aviso de su marcha ya entonces. Su última actuación con la banda será a mediados de octubre; más delante seguirá seguirá, con el paso de los años, una carrera discreta por voluntad propia. Con su marcha termina la primera época de los Airplane, y tanto Balin como Kantner han de buscar una voz femenina con carácter suficiente como para suplir ese vacío: dentro de unos días nos la presentarán.