lunes, 28 de septiembre de 2020

1980-81 (X)

 

El electro pop o synth pop, como le llamaban los isleños, comienza a extenderse como una mancha de aceite: entre 1980 y el 81 se consolidan unos cuantos grupos, de los cuales el más popular serán los Simple Minds. Y aunque algunos como los propios Minds comenzaron su carrera en el afterpunk (y tendrán luego una perspectiva más amplia), otros surgen ya de los nacientes ambientillos electrónicos que se están desarrollando a toda prisa como máxima expresión de la modernidad. A finales de la década anterior se comenzó a hablar de Sheffield como un epicentro de esa nueva corriente; es una ciudad tan industrial como Manchester y con una crisis parecida, debida en este caso a su excesiva dependencia de la metalurgia. Pero ese sentimiento de decadencia, que en la ciudad vecina queda simbolizado por unos Joy Division, se canaliza en Sheffield a través de la obsesión por los teclados, cintas, secuenciadores y en general cualquier artilugio susceptible de producir sonidos electrónicos. Por supuesto la influencia germana es evidente: Cabaret Voltaire, el grupo iniciático que había comenzado su carrera allá por el 73/74, eran fieles discípulos de CAN, Faust y demás luminarias progresivas alemanas, aunque sin su altura. En cualquier caso, dejando aparte sus inclinaciones disonantes, hay que reconocerles un vago interés también por las melodías, que ya en los 80 les lleva a buscar una aproximación a los mercados convencionales. Y a su alrededor se va desarrollando la escena vanguardista de la ciudad, que se substancia en al menos dos nombres con perspectiva de futuro y que además están relacionados entre sí: Human League y Heaven 17.
La historia comienza a mediados de la década anterior, cuando se conocen Ian Marsh y Martyn Ware; el primero es un guitarrista que lleva ya un tiempo haciendo performances musicales, por decirlo de algún modo, mientras que Ware es un técnico en informática fascinado por las crecientes posibilidades de los teclados electrónicos. En esa misma fascinación acaba cayendo Marsh, que abandona las seis cuerdas y comienza a compartir cachivaches electrónicos con su nuevo amigo; ya en el 77 bajan a Londres más de una vez intentando que algún sello se fije en sus primeras composiciones instrumentales, pero de momento no hay suerte. En ese mismo año sugieren a Philip Oakey, un antiguo compañero de colegio, la posibilidad de montar un grupo: Oakey es un personaje bastante conocido en Sheffield por su indumentaria un tanto excéntrica y tiene una voz pasable, así que sería buena idea aprovechar ambas circunstancias. Finalmente, tras un cambio de nombre, se presentan en 1978 como The Human League y son un cuarteto aunque Philip Wright, el último fichaje, no es músico sino un aficionado al cine de ciencia ficción que se dedica exclusivamente a proyectar diapositivas y desarrollar los juegos de luces que envuelven al grupo en directo.


A finales de ese año han grabado material suficiente como para editar algunas demos. Por otra parte comienzan a llegarles alabanzas de otros músicos como el mismísimo Bowie, que tras asistir a uno de sus directos declara "haber visto el futuro del pop". Bowie era así, se emocionaba enseguida, pero no es extraño si tenemos en cuenta que por esa época él mismo andaba a vueltas con este tipo de sonidos. Tras algunos singles en un pequeño sello (Fast Product), a mediados del 79 los ficha Virgin; en menos de dos meses los League presentan sus nuevas creaciones, y antes de que termine el año aparece el primer disco grande: "Reproduction". Es un disco oscuro, no hay duda, tal vez con exceso de experimentación y demasiada vanguardia como para alcanzar el éxito en el gran circuito: en ese momento el pop sintético estaba arrancando aún, y solo las piezas con gancho, con un estribillo memorable, llegaban a las listas. Sin embargo hay voluntad por conseguir líneas melódicas ("Almost medieval", "Blind youth" o la muy bailable "Empire State human" son buenos intentos), y ya tienen una línea reconocible que los diferencia de los demás aspirantes a la fama electrónica, especialmente en las baladas como "Zero as a limit" o "The world before last". Las ventas fueron decepcionantes y el grupo se vio obligado a cancelar su última gira de ese año; pero con el tiempo este disco se ha reivindicado, y a día de hoy es un clásico menor entre los fans del género.




La situación comienza a despejarse en verano del 80, cuando "Travelogue", el segundo Lp, roza el top 15 en muy poco tiempo; para entonces el pop electrónico es ya una tendencia en claro ascenso, pero además los League están tratando de hacerse más accesibles al público medio (al igual que los Simple Minds, por cierto: la vanguardia está muy bien para un rato, pero si tienes cualidades para crear melodías interesantes, aprovéchala). Virgin, que tiene confianza en ellos, les financia su propio estudio de grabación; aunque parte del repertorio sigue manteniendo un tono experimental que exige al oyente mucha afinidad con este estilo, y resulta casi atrevido que comiencen el disco con una pieza como "The black hit of space"; pero también demuestran estar ampliando su radio de acción, y momentos como "Life kills" o "Crow and a baby" ya son perfectamente radiables, por ejemplo. Es curioso que hayan elegido hacer versiones de una pieza tan lejana a ellos como "Only after dark", de Mick Ronson, o el anuncio de Gordon's que había compuesto Jeff Wayne cuatro años antes: en el primer caso es una verdadera recreación, mientras que con el jingle de la ginebra hacen un desarrollo muy bien llevado. En resumen me parece un disco bastante recomendable para aquellos aficionados que, sin ser devotos de este tipo de músicas (como me pasa a mí), quieran tener una idea más o menos clara de por dónde iba la electrónica post-Bowie. Sin embargo, tras la publicación del disco se produce una quiebra: Ware y Marsh se marchan, por incompatibilidades personales con los otros dos y porque sentían que la idea inicial del grupo se estaba perdiendo (ya nos visitarán la semana que viene). Esa marcha se produce de malos modos y pocos días antes de que comience una gira europea, con fechas y contratos firmados; por otra parte la crítica considera que si los cerebros del grupo se han ido, Oakey tiene poco futuro. Estamos ante una situación crítica, por lo tanto. 



Aquí es donde se demuestra la fortaleza de Oakey, con las horas justas para refundar el grupo; apoyado por Wright, que aprende a manejar teclados en muy poco tiempo y pasa ser el primer nuevo músico de los nuevos League. Para cumplir con la gira buscan a toda prisa otro teclista y contratan a Ian Burden, que además toca el bajo, junto con Jo Callis, (teclados y guitarra), antiguo miembro de los encantadores Rezillos. Y para reforzar voces y presencia escénica, entran dos jovencitas que aún están en el colegio: Joanne Catherall y Susan Sulley, a las que Oakey encuentra bailando en un club; nunca habían cantado, pero por lo visto bailaban bastante bien. Serán otros dos nombres infaltables en este grupo a partir de ahora. La gira no fue una maravilla, puesto que no habían tenido tiempo para ensayar y tanto los críticos como el público echaban de menos a los dos ausentes; pero el caso era cumplir, y lo consiguieron. Así termina 1980, y partir de ahí la situación va mejorando poco a poco; cada single que publican alcanza una mayor altura en las listas, hasta que consiguen un puesto 3 con "Love action (I believe in love)". Está rematando el verano, y Virgin decide que ya es el momento de arriesgarse con un nuevo Lp: solo con el tirón de esos singles se ha reactivado la venta de los dos primeros discos grandes.


Y ese Lp es "Dare", uno de los grandes clásicos en la historia del pop electrónico (un sector de la crítica considera que con este disco los League se convierten en los ABBA de los años 80). Estamos ante un número uno en media Europa cuya aparición es una sorpresa a medias, ya que parte del repertorio son los singles publicados en los meses anteriores; pero aun así, el impacto es enorme. Lo produce Martin Rushent, que había comenzado su carrera con los Buzzcocks y que ya en aquella época estaba trabajando sobre las posibilidades de los nuevos teclados. Pero aunque tal vez se debe a él un refinamiento del sonido en comparación con los discos anteriores, lo que está claro es que Oakey ha sabido rehacerse y junto con sus compañeros demuestra una sorprendente habilidad para las melodías y los ritmos electrónicos. Todos componen, menos las chicas; se confirma la situación de miembros fijos de Burden y Callis, y aunque de momento el instrumental es exclusivamente teclístico, no pasa desapercibido el hecho de que ambos tienen recursos guitarreros. No cabe duda de que "Dare" contiene algunas de las piezas más memorables de los League: siguiendo el orden de aparición de los singles, además de "Love action" está "The sound of the crowd", que rozó el top 15, "Open your heart", el top 10 que precedió al Lp y, cómo no, "Don't you want me", el single que lo seguirá para cerrar el año y que será el número uno de las navidades isleñas. En todas ellas Oakey demuestra además un estilo vocal melancólico pero muy musical, que le da el sello definitivo al grupo (ayudado por algunas intervenciones de Joanne y Susan, que sin tener aún una personalidad muy clara comienzan a hacerse imprescindibles). En algunas canciones se nota aún el aroma de los primeros League, como "I am the law" o "Darkness", aunque esta última ni siquiera es de Oakey. Y quedan otras dos canciones muy notables: "The things that dreams are made of", que abre el disco e inexplicablemente no fue single hasta hace pocos años, y "Seconds", mi preferida en toda la carrera de los League.



Por último hay que destacar la importancia creciente que tienen los vídeos para apoyar las canciones: en esta época de transición la tecnología de imagen está en desarrollo y no puede recurrir todavía a la truculencia digital, así que para hacerlos atrayentes se está poniendo de moda incluir pequeñas historias (el "Thriller" de Michael Jackson será la cumbre de ese estilo, por supuesto). Y las televisiones están encantadas de rellenar minutos pagados con ese formato, así que todos contentos. Ya llegará el día en que sean más atrayentes los vídeos que su contenido musical, y ya llegará otro día en que todo este montaje sea contraproducente, pero de momento la cosa funciona. En cuanto a los League, su momento cumbre había pasado; pero añadiendo instrumentos tradicionales, con altas y bajas, situaciones tormentosas y unos cuantos años en blanco, todavía andan por ahí: de la formación original queda el inevitable Oakey y las dos señoritas que con el tiempo contribuyeron en gran medida a mantener vivo el nombre del grupo. En cuanto a Heaven 17, dentro de unos días nos visitarán los señores Marsh y Ware para hablar del asunto.



lunes, 21 de septiembre de 2020

1980-81 (IX)

Una de las ofertas más populares durante toda esta nueva década va a ser el pop electrónico, o tecno pop, o sintético, o como quieran ustedes llamarle. Es un estilo con muchas ramificaciones y cuyos orígenes, ya a principios de los años 70, están en la vanguardia: desde el punk electrónico de Suicide o los experimentos de Eno hasta el ambiente somnoliento de Kraftwerk pasando por el art pop de los primeros Roxy Music, los teclados van ganando protagonismo. En los 80 su uso se masifica, entre otras razones porque sus múltiples posibilidades permiten abaratar costes: dos teclistas en escena pueden suplir perfectamente a todo un grupo, ya que en lugar de batería y bajo se puede recurrir a las cajas de ritmos, mientras que las guitarras se hacen innecesarias para acompañar a las melodías ahora envueltas en oleadas electrónicas. Un amplio sector de la nueva generación considera que este tipo de sonido es mucho más actual, y que los instrumentos tradicionales son el pasado. Durante unos años el mercado se polariza entre ellos y los antiguos punkis que ahora son góticos o siniestros; también estos admiten el uso de teclados, pero no necesariamente como elemento central en su sonido. Y por último quedan los veteranos, los que ya andan sobre la treintena, que comienzan a aburrirse y pronto abandonarán la búsqueda de novedades, cada vez más previsibles, para dedicarse a buscar las pequeñas maravillas perdidas en el desván de los años 60/70.

De la new wave surgieron unos cuantos grupos con teclados que han hecho la transición hacia los 80 cada uno a su modo: por este local han pasado, entre otros, Ultravox o Stranglers como ejemplos de la fusión del punk con los sonidos electrónicos; ambos se han vuelto "sofisticados" y serán referentes para el surgimiento de los nuevos románticos, una alternativa que precisa de locales mucho más glamurosos que este. Y luego están los escoceses Simple Minds, inspirados por gran parte de las bandas afterpunk pero que pronto demuestran una fuerte inclinación al tremendismo: ya vimos la gran diferencia que hay entre sus dos primeras obras, mezcla de vanguardia con experimentación, y el tercero, a medio camino entre el pop electrónico y el funk cercano al sonido disco. Ahí, en 1980, comienzan a abrirse camino en el circuito de las grandes salas; Jim Kerr, su líder, compositor y cantante, es un frontman muy carismático que sabe gesticular como un padre de la Iglesia, estableciendo una especie de sintonía casi religiosa con sus fieles. Las actuaciones de los Minds siempre me han dado esa impresión, reforzada por una carga épica que nos hace dudar si no serán estos señores los reyes del pop gótico. En cualquier caso no se puede negar que el señor Kerr tiene muy buena mano para la melodía, y en cada disco suyo hay siempre algunas canciones realmente agradables. 

De todos modos, si en su primera visita al bar ya se citó aquel tercer disco aunque pertenece a esta nueva década, es porque los Minds estaban aún a medio hacer (es el último que graban para Arista, que no llegó a comprender el potencial del grupo). El salto de promesas a grandes figuras lo dan en 1981, cuando fichan por Virgin, un sello mucho más adecuado a este tipo de sonidos. Al menos demuestra confianza en ellos, que por lo visto vienen cargados de ideas y graban material suficiente para un doble Lp: "Sons and fascination / Sister feelings call". Inicialmente se lanzan diez mil copias en ese formato, a precio de sencillo; luego se reeditan por separado, aunque el segundo a menor precio. Esa diferencia de categoría probablemente se debe a que, en conjunto, las piezas que se contienen en el primer disco son más asequibles que las del segundo, aunque yo no veo tanta "ruptura" entre uno y otro. Por entonces los Minds todavía estaban muy influenciados por los grupos electrónicos alemanes (y por el Bowie de la trilogía famosa), razón por la que su productor es Steve Hillage, líder de Gong tras la marcha de Allen: Hillage, otro admirador de ese estilo, es por su edad y su experiencia un buen referente para modular ese tipo de sonidos.

                                                                                          "Sons and fascination" es el primero de los discos de masas en la historia de los Minds, aunque teniendo en cuenta lo que vino luego parece que haya quedado un tanto oscurecido. La esencia de su estilo grandioso, ampuloso a veces, contundente, épico, ya se define con "In trance as mission", toda una declaración de intenciones, una apertura de lo más indicado; luego "Sweat in bullet" denota su admiración por el sonido funk, actualizado y con un tratamiento de percusión muy inteligente. Hay un buen ejemplo de la influencia electrónica al estilo Bowie en "70 cities as love brings the fall", por ejemplo, y a veces consiguen una fusión entre pop, teclados y contundencia que los lleva a momentos memorables como "Love song", cuyo arranque recordarán los aficionados al periodismo deportivo: se convirtió en sintonía del programa de José María García en Antena 3, al poco de publicarse. No hay duda de que uno de los discos más consistentes en toda la historia de lo que por entonces se llamó tecno pop, y aún hoy puede escucharse sin que se note mucho el paso del tiempo (cosa que no pueden decir la mayor parte de sus coetáneos electrónicos). En cuanto a "Sister feelings call", tal vez no tenga el gancho del que disfruta su "hermano mayor", pero nos ofrece una buena muestra de lo que hubiesen sido los Minds de mantener su gusto por la experimentación y no solamente se dedicasen a hacer dinero: dejando aparte algunas variaciones sobre las ideas del otro disco ("Sound in 70 cities" como versión "alternativa"), el grupo asume un riesgo mayor sin renunciar a ser aceptados, y a mí por lo menos me parece que la influencia de Bowie es aquí bastante evidente. Por otra parte también aquí hay canciones con encanto inmediato: si se hubiese mantenido el formato original, habrían destacado piezas como la casi atmosférica "Theme for great cities" o el nervio rítmico de "Wonderful in young life". El caso es que pronto desapareció de las tiendas y no se recuperó hasta la aparición del formato CD. 



A partir de aquí el ingrato trabajo por buscarse un sitio en las alturas ya casi está terminado: los Simple Minds formarán parte del circuito de los grandes estadios muy pronto. El año 82, para ser más exactos, será el de su consagración definitiva como ídolos de masas, pero aún no hemos llegado ahí. No hay prisa.




lunes, 14 de septiembre de 2020

1980-81 (VIII)


Si XTC son el símbolo más "exitoso" del art pop británico de principios de la década, hubo algunos otros grupos, minoritarios pero igual de entrañables, que también contribuyeron a darle prestigio a una escuela tan isleña. En esa reducida nómina se incluyen The Monochrome Set, que con el tiempo acabaron convirtiéndose en una de las más deliciosas anomalías del mercado: siendo un grupo de culto, es decir, muy alabado por los comentaristas pero poco investigado por el oyente medio, tuvieron una vida relativamente más prolongada que la mayoría de los de su clase. Lo cual revela que, sin hacerse millonarios, se mantenían gracias a una pequeña pero leal base de fans que los siguió casi de principio a fin. Los Set nos visitan de nuevo tras haber cerrado la década anterior con solo cuatro singles, lo cual no es mucho teniendo en cuenta que su carrera comienza a principios del 78; pero han tenido tiempo para ir puliendo su estilo y preparar un repertorio suficiente que nos compensará en 1980 con dos discos grandes. Por otra parte han dado un salto de categoría al pasar de la voluntariosa pero aún inconsistente Rough Trade a Virgin, que los asigna a la filial Dindisc. O sea, que hay -o debería haber- más dinero para promoción.

En la primavera presentan el primero, titulado "Strange boutique". Para esa no muy numerosa masa de fans que los adora, es la confirmación de un estilo único y difícil de definir que podría encuadrarse dentro del pop eléctrico pero que tiene muchos ingredientes, desde el surf hasta la música de westerns al estilo de Ennio Morricone incluyendo un vago aroma a Velvet Undergound "en dibujos animados", por decirlo así. Para abrir el disco recuperan "The Monochrome Set (I presume)" que ya habían publicado en single pero dándole más profundidad y sobre todo marcando mucho el ritmo de la percusión hasta hacerlo casi "africano". Destaca como siempre la exquisitez en la digitación de las guitarras, y se percibe a lo lejos la influencia de los viejos maestros como Duane Eddy. Ese sonido cristalino, limpio, se mantiene a lo largo de todo el disco, destacando en piezas como "Expresso", "Martians go home", "Love goes down the drain" o la instrumental "The etcetera stroll", tanto como en otras de tiempo medio e incluso momentos "descalabrados" como el que da título al disco. Esa alternancia de poderío entre cuerdas con sonido a los años 50/60 y la percusión, junto con escalas melódicas que pueden parecer tan clásicas como vanguardistas, resulta sorprendente y hace de los Set un grupo aparte. Pero la suma de canciones tan "raras" más unas letras que van desde la ironía hasta el sinsentido, da como resultado un estilo que desde luego nunca será para mayorías: a duras penas llegan al top 60, a pesar del evidente cariño que les muestra gran parte de la crítica (que ya se ha hecho casi tan incondicional como sus fans, aunque tampoco queda muy claro si es por verdadera admiración o porque los ven como una pandilla de simpáticos gamberros nostálgicos).



A finales del mismo año llega "Love zombies", que partiendo de las mismas estructuras que el anterior demuestra sin embargo una notable madurez porque las composiciones están más trabajadas, mientras que las escalas melódicas son más coherentes pero igual de originales. Y sin embargo el sonido es prácticamente el mismo, lo cual tiene su mérito porque no es frecuente que un grupo de "serie B", por decirlo así, pueda imponer su criterio frente a los productores: tanto Bob Sargeant en el primer disco como Alvin Clark en este son figuras de categoría, y ni por asomo se les ocurre modificarlo; es más, en "Love zombies" incluso el grupo figura coproduciendo junto a Clark. Así que el resultado es más que notable: probablemente se busca un cierto paralelismo entre la apertura de aquel primer disco y la de este, protagonizada por la canción que le da título, pero comparándolas queda resumida la evolución de los Set, ahora con mucho más cuerpo. Además disfrutan recreando ambientes con regustillo antiguo, como de radio de válvulas, uniendo espíritu y sonido en piezas tan deliciosas como la instrumental "405 lines", o buscando la cercanía al sistema monoaural (esto resulta más evidente aún en esa especie de swing progresivo titulado "R.S.V.P." o "Apocalypso", cuyo título parece decirlo todo pero se queda corto). La épica de ese sonido envuelve toda la carrera de los Set, pero creo que este es su disco más recomendable para quienes se acercan a ellos por primera vez; para esos afortunados dejo aquí la casi anfetamínica "Karma suture" y la instrumental ensoñadora, arrebatadora, titulada "In love, Cancer?", dos perlas de este ameno y lujoso baúl de tesoros...



Al igual que su predecesor, este disco pasó por las tiendas de puntillas a pesar de las alabanzas de la prensa. Por otra parte el contrato con Virgin termina, y han de buscarse un nuevo sello además de un nuevo batería: se marcha de John Haney y llega Lexington Crane. Durante 1981 están entretenidos en hacer una cuantas giras y preparar un nuevo disco, lo cual sumado a los cambios de sello y batería hace que solo publiquen un single nuevo. Curiosamente, y cuando más oscura parecía su situación, será en 1982 cuando llegue su mejor momento. Pero esa ya es otra historia y etc, etc..