lunes, 10 de mayo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XVI)

De todos los estilos característicos de los años 60 que componen el escenario paisley, solo nos falta uno: el country rock. Dejando aparte los músicos de escuela pop como Miller o Quercio, vemos que los grupos que han pasado por aquí se mueven entre los extremos radicalmente eléctricos de la onda Velvet hasta la psicodelia, tanto de la costa oeste como británica; sin embargo siempre se intenta conseguir un buen nivel melódico, hasta el punto de que tal vez sea ese el único nexo de unión entre todos los nombres que pueblan esta nómina angelina. Por otra parte, aunque ninguno de nuestros invitados recientes se acercan al country (salvo en algunas piezas de Kendra Smith con David Roback), conviene recordar que los Byrds, en unas u otras fases de su carrera, han sido influencia para casi todos ellos por su altura melódica y sus guitarras. Bien, pues si los Byrds tuvieron su época country parece casi obligatorio que alguien de la escena paisley se inclinase por esa escuela. Y todo el mundo parece estar de acuerdo que los Long Ryders son no solamente el grupo más representativo, sino también uno de los más influyentes en el origen de eso que se ha llamado "música de raices" y más recientemente "americana music". Así que vamos con ellos. 

Ya el nombre de la banda es significativo: está tomado de una película de 1980 que trata sobre las andanzas de los hermanos James y otros cuantos pistoleros más, un tema muy del oeste yanki. Pero la cosa no termina ahí, ya que esa "y" es un homenaje a los Byrds, que a partir de la "fase Parsons" son su principal referencia. Se trata de cuatro músicos que dominan varios instrumentos; casi todos son veteranos y se asocian en 1982. Las guitarras y voces principales corren a cargo de Sid Griffin -que además toca la armónica- y Steve McCarthy, que domina también los teclados, la guitarra steel, banjos y mandolinas; al bajo está el británico "reconvertido" Des Brewer y el batería es Greg Sowders. Y una vez más el estudio Radio Tokyo es protagonista principal en el arranque de un grupo paisley: allí graban a mediados de 1983 su primer Ep (o mini Lp, como prefieran), titulado "10-5-60". Es cierto que el espíritu Byrds planea sobre este debut, pero ni es el único ni es una copia: los Ryders saben en qué época viven, y aunque es verdad que se les notan las influencias también tienen un componente actual, casi de garaje (a veces se hace referencia incluso a los Clash, aunque yo no lo veo tan claro). He aquí dos maneras distintas de actualizar a los Byrds y al garaje:



El disco fue muy bien recibido tanto por las radios de la zona como por los comentaristas, y en poco tiempo los Ryders comenzaron a actuar fuera de California (lo cual demostraba que los estilos clásicos, con las actualizaciones necesarias, seguían teniendo mucho tirón). El único inconveniente fue la marcha de Brewer, que por entonces prefirió dedicarse a su familia; tras una sustitución fallida, a principios del 84 queda confirmado Tom Stevens como sustituto definitivo en una formación que no volverá a modificarse durante toda la existencia del grupo. Y a finales del verano publicaban su primer Lp: "Native sons". Aquí hay una evolución hacia la escuela más tradicional, aunque muchas canciones siguen teniendo ese ritmo nervioso de la época. El productor es Henry Lewy, que ha trabajado con medio censo de Laurel Canyon, y se nota. Hay además un detalle muy de fans, que es la participación del adorado y malogrado Gene Clark en "Ivory tower", una pieza que recrea el espíritu Byrds pasado por el túnel del tiempo. Hay también influencias de los Flying Burrito Brothers (reforzadas tal vez por la presencia de Lewy), pero no caen en el mimetismo y demuestran tener carácter propio: "Still get by", "Run Dusty run" o "Tell it to the judge on sunday", entre otras, son buenos ejemplos. El resultado final es un éxito tanto en su país como en la Isla.


Precisamente en la Isla se les tiene un aprecio que llega hasta extremos sorprendentes: en 1985, aprovechando una gira que los consagra también allí, Island Records los ficha y poco después entran a grabar bajo la dirección de Will Birch, que del pub rock había saltado a los Records; la elección fue cosa de los propios Ryders, que admiraban "Starry eyes" (el único single medianamente popular que tuvieron). El disco se publicó en verano de ese año con un título muy acertado, teniendo en cuenta el contenido de las letras: "The state of our Union". El grupo se mostraba dolorido sobre la situación económica y social de su país (la brecha que estaba creando Reagan era enorme), mientras su música mostraba un aroma más cercano al pop (seguramente por influencia directa de Birch). La impresión general resultó un tanto "desdibujada", por decirlo así: el público más fiel al country rock sintió una cierta desilusión porque las escasas piezas de ese estilo no eran las mejores, ni mucho menos; sin embargo a los demás nos gustó, porque es un disco muy variado, muy amplio. El resultado fue que, con un nivel de ventas bastante bueno -sobre todo en Europa-, tuvieron que pasar unos años hasta que por fin se le reconocieron sus méritos. Yo no me atrevería a decir que sea su mejor disco -o sí-, pero "Looking for Lewis and Clark", su canción estrella, es una apertura perfecta.


Contra lo que podría parecer la mayoría de los grupos paisley alcanzaron más respeto con el paso de los años que en su momento, y los Ryders no fueron un excepción: a pesar de sus numerosos fans europeos y por supuesto de las radios universitarias de la costa oeste, su situación económica nunca fue buena. Y a ello hay que sumar la inquina de los seguidores y la prensa country "de toda la vida", que pronto se pusieron contra ellos. La situación empeoró con "Two fisted tales", su tercer disco, en verano del 87, y que sigue la deriva emprendida por el anterior acercándose más aún al rock convencional de las bandas yankis medias; el sonido se endurece un poco, e incluso las canciones de corte tradicional sonarían más ajustadas a su estilo si la batería no fuese tan marcada. La producción corre a cargo de Ed Stasium, cuya querencia anda a medio camino entre el hard rock y la new wave neoyorkina; su categoría es innegable, pero no tengo muy claro que fuese el ideal para los Ryders (aunque tampoco lo era en teoría Birch con el anterior, y el resultado fue sobresaliente). No sé, creo que los Ryders intentaron ser ellos mismos y el "entorno" se lo impidió. Claro que entre ese entorno hay que contar a su propio sello, cuyos intereses artísticos por entonces ya eran otros y comenzó a relegarlos, al igual que parte de la crítica. Las ventas fueron mediocres, la situación se volvió insostenible y en 1988 el grupo ya no existía.


Con el paso de los años, parece que los grupos más recordados del paisley underground son precisamente los Long Ryders junto con Dream Syndicate. Bueno, es una manera de verlo tan respetable como otra cualquiera; desde luego son los únicos que se han reagrupado más de una vez, y sus estilos son nítidamente americanos (es decir, trascienden de sus orígenes angelinos para abarcar entre ambos la mayor parte de las tendencias rockeras de aquel país). Y nosotros nos despediremos de la ciudad y su denominación de origen la próxima semana con unos últimos invitados que ya se me olvidaban si no fuese porque don Javier ha venido a recordármelos. El Alzheimer es mu malo...


lunes, 3 de mayo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XV)

Una vez que han pasado por aquí Dream Syndicate y Rain Parade, creo que no está de más dedicar un recuerdo a dos músicos que abandonaron esos grupos tal vez con demasiada premura: Kendra Smith y David Roback. Por lo que fuimos sabiendo luego ambos eran un tanto "elusivos", como se dice ahora; introvertidos, esquivos, hasta huraños en algunos momentos. Y ese carácter, más su cambiante perspectiva musical, hizo que sus asociaciones con otros músicos no soliesen durar mucho (sobre todo en el caso de Smith). Como consecuencia probablemente nos hemos perdido la posibilidad de una obra más extensa y sobre todo mejor difundida, ya que salvo la relativa popularidad de Roback con Mazzy Star ya en los 90, parece que estemos hablando de dos personajes casi desconocidos. 

Smith y Roback, que por entonces eran pareja, se unieron también en lo musical incluso antes de que Roback hubiese abandonado Rain Parade. Ya vimos que Smith sabía que le iba a ser muy difícil discutir los planteamientos de Steve Wynn en los Syndicate, y no estaba dispuesta a limitarse a su instrumento; y junto a ella, Roback comenzó a escribir material al margen de su grupo. La cosa fue madurando hasta que se constituyen como dúo acústico de estilo folk bajo el nombre de Clay Allison, en honor a un famoso vaquero pistolero del siglo anterior, y se les permite abrir algunas actuaciones de los Parade a modo de teloneros. La situación es un tanto extraña, y finalmente Roback abandonará el grupo (según él fue despedido, con gran dolor por su parte). Pero da la impresión de que este tipo de conflictos laborales no afecta a las relaciones personales entre todos ellos, que siguen transitando por esa gran avenida amistosa que es el paisley angelino: más o menos por entonces, en una reunión con otros amigos como Michael Quercio o parte de las Bangles, Roback sugiere la posibilidad de seleccionar unas cuantas piezas de entre las favoritas de la concurrencia y preparar versiones que grabarán en cuanto se pueda, como un homenaje a los músicos que más les han influido.

Y así, antes de que termine 1983, esa reunión de amigos, agrupada bajo el nombre de "Rainy Day" en honor a la canción de Hendrix, tiene preparado un repertorio que con el que incluso llegan a actuar esporádicamente. A principios de 1984 se publica el "disco tributo", como suele definirse este tipo de colecciones, y no hay duda de que es un magnífico muestrario de cuáles son los orígenes del movimiento paisley. Roback produce el disco, mientras Smith diseña la portada; se graba en los pequeños estudios Radio Tokio, donde se había grabado el primer single de los Rain Parade, y en total son nueve canciones: Dylan, el Young de la época Buffalo Springfield (dos), la Velvet, los Who, Big Star, la de Hendrix y dos tradicionales que habían hecho famosas, entre otros, los Byrds y Beach Boys. No hay duda de que, como muestrario, es un documento muy interesante; las versiones son de buena calidad instrumental, aunque las voces no siempre están a la altura (especialmente en el caso de Quercio, que hace tres canciones con resultado irregular). Roback y Smith hacen dos cada uno: he elegido "Soon be home", un fragmento de "A quick one..." de los Who a cargo de Roback y su guitarra, y "Flying on the ground is wrong" de los Springfield cantada por Smith.


Ahora volvamos al trabajo específico de nuestros dos protagonistas, es decir, del dúo Clay Allison, que a principios del 84 no tiene ya relación con Rain Parade. Por entonces actúan esporádicamente en pequeños locales; y aunque su idea es la de crear un grupo, no quieren perder la dirección estilística. Han grabado ya unas cuantas demos que llegan a oídos de la revista británica Bucketful of Brains, que se ofrece a distribuir sus grabaciones en la Isla. Como aperitivo se publica un single; les acompaña el guitarra Juan Gómez, por entonces en algunos grupillos cercanos a Rain Parade, y el batería Keith Mitchell, un veterano y amigo de Kendra Smith. Dicho single es un buen resumen de los dos extremos musicales en los que se mueven por entonces: "Fell from the sun", la cara A, es una curiosa mezcla entre un Neil Young en sus momentos de baladista eléctrico y el ritmo suave pero muy melódico del folk tradicional; Kendra se luce tanto en la composición como en su modo de cantar. La cara B se titula "All saints" y es enteramente acústica, muy lentificada, nostálgica, presidida de nuevo por la ensoñadora voz de la señorita Smith. Los ilusionados muchachos de Bucketful of Brains regalan el single con el nuevo número de la revista, mientras piensan ya en traer al grupo a la Isla y organizar algunas actuaciones. Poco después, en los States se publica un ep a nombre de Smith, Roback y Mitchell (Gómez se marcha tras la grabación del single británico) que incluye esas dos canciones y otras dos en las que el protagonismo de Roback es claro ya que recuerda a Rain Parade: el aroma Pink Floyd cruzado con los Doors es casi de libro. Aquí tenemos una de cada "tendencia":


Sin embargo, el proyecto Clay Allison duró poco: da la impresión de que la pareja desea quemar etapas a toda velocidad. Antes de que termine el año 84 vuelven a ser únicamente ellos dos y ahora se hacen llamar Opal (en honor a "Opel", aquella recopilación de cabos sueltos de Syd Barrett). Ya en 1985 llega "Northern line", un ep de tres canciones; la que le da título es una pieza de estilo muy americano en la que Kendra canta en un tono despreocupado, casi optimista, mientras las cuerdas, la armónica y la percusión le dan ese espíritu "de viaje", a medio camino entre country y blues, realmente encantador. En "Empty bottles" su voz cansada se apoya en guitarra y piano creando una breve pero muy plástica escena de somnolencia. Por fin, para quienes siguen echando de menos a Rain Parade, no cabe duda de que "Soul giver" será su preferida: es un pieza larga (más de ocho minutos) en la que la guitarra de Roback crea un ambiente denso, muy al estilo Velvet, junto con una percusión y teclados en la escuela Pink Floyd, con espíritu de jam espacial, presidida por Kendra y su cantar casi recitado, etéreo, invocador. Ni que decir tiene que ha quedado como uno de los momentos cumbres del dúo.


Tras unas cuantas giras apoyados por músicos que poco a poco se van haciendo estables, a finales del 87 se publica el único disco grande del dúo: "Happy nightmare baby". El rango de influencias aumenta dando sorpresas como el arranque con "Rocket machine", claramente inspirada en T. Rex (y no es la única en la que se nota que han escuchado bien a Bolan); pero también se mantienen los principios "fundacionales" de los primeros Rain Parade en piezas a medio camino entre Pink Floyd y los Doors como "Magick power". Hay magníficos ejemplos de ese enfoque tan personal que tiene la pareja sobre el blues rock, como en "A falling star" o "She's a diamond", y creo que rescatar "Soul giver" para el cierre fue una idea fantástica porque en conjunto este disco es de lo más grande que dio el rock yanki de aquellos años. Pero Opal desaparece justo con la publicación del disco: en mitad de una gira europea como acompañantes de Jesus & Mary Chain, Kendra Smith se marcha. Así que este es el glorioso resumen de tres años de trabajo.


Es de suponer que la marcha de Smith se debe a la aparición de Hope Sandoval, con quien Roback emprende una nueva asociación musical y amorosa (y a quien la propia Smith ha presentado a Roback); en cualquier caso dicha sociedad se llama Mazzy Star y su obra discográfica pertenece a los 90, que ya no son asunto nuestro. Pero antes de que lleguen a grabar el primer disco bajo ese nombre se publicará "Opal: Early recordings", que como su nombre indica es un recopilatorio. En él se incluyen las canciones de los singles más un buen puñado de demos que quedaron sin ver la luz, y sumadas a las grabaciones oficiales nos da un conjunto de piezas realmente fantástico. En cuanto a Smith, hizo algunas grabaciones aisladas en los 90 antes de desaparecer por mucho tiempo, retirada del mundo; se le volvió a ver en alguna reunión ocasional de los Parade y poco más. Lástima.



lunes, 26 de abril de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XIV)

Otra de las grandes bazas del paisey underground, junto con el art pop de Miller o Quercio y el rock actualizado de Dream Syndicate, es la psicodelia. Y en ese mundo destacan con nitidez los Rain Parade, que como los grupos anteriores están muy por encima de esa bandera de conveniencia. De hecho incluso el término "psicodelia" les queda corto: su música es un compendio de varias escuelas distintas, demostrando una vez más que si en algo coinciden los integrantes del dichoso paisley es en su conocimiento enciclopédico de los años 60: en la corta carrera de Rain Parade (o para ser más exactos mientras David Roback estuvo presente) hay un sorprendente equilibrio entre las influencias del rock psicodélico y melódico de la costa oeste, desde el estilo cantarín de voces y guitarras de los Byrds hasta el sentimiento de unos Love o incluso los Doors; pero también sorprende adivinar por momentos el espíritu lejano de unos Pink Floyd, e incluso algunas estructuras que podrían recordar a los Beatles. Así que estamos ante uno de los últimos grupos realmente clásicos de la costa oeste. Y si tenemos que apechugar con lo del paisley, no me cabe duda de que esta banda es la más representativa de todas: una mezcla gozosa entre el rock y el pop de la vieja escuela. 

Lo primero que sorprende en los Parade es la rapidez con la que evolucionaron hasta llegar a donde querían. En 1981 hay un trío llamado Sidewalks formado por los hermanos Roback (David: voz y guitarra; Steven: segunda voz y bajo) junto a Matt Piucci, que también canta y toca la guitarra junto a la armónica. Por entonces son devotos de la escuela británica, desde el beat de Liverpool hasta el r'n'b al estilo de los primeros Stones; Steven decía que al mismo tiempo que disfrutaban con esos estilos admiraban también el sonido de las guitarras clásicas como Gretsch o Rickembacker. Y en poco más de un año, tras la configuración como grupo estándar con la entrada del teclista (entre otros instrumentos) Will Glenn y el batería Eddie Kalwa, se pagan la publicación de un single en el sello Llama que demuestra eso, lo rápido que aprenden. La cara A, titulada "What she's done to your mind", debe tanto a las guitarras y las armonías de los Byrds como a una de las escuelas vocales de la que los propios Byrds aprendieron, que son los Beatles. Y "Kaleidoscope", la B, da un salto en el tiempo y el espacio con una percusión y unas voces muy a lo Pink Floyd acompañadas por unos teclados que, junto al sitar, casi evocan el espíritu de la raga hindú que tanto tirón había tenido en la costa oeste a finales de los 60.


Este single tuvo una repercusión enorme en los ambientes universitarios californianos y propició que el sello Enigma los fichase: a mediados del 83 publican "Emergence third rail power trip", un Lp que con ese título ya deja claro que la psicodelia va a ser uno de sus ingredientes básicos. Se incluyen las dos canciones del single, que ahora, junto a las otras ocho, demuestran lo perfectamente articulado que estaba ya su repertorio cuando lo grabaron: en muchos grupos que incluyen en su primer disco grande canciones de singles anteriores se notan desajustes temporales o estilísticos, pero no en este. Es un todo armonioso, casi lógico, un pequeño mundo en sí mismo, y aquel single fue la llave que nos permite ahora entrar en él como si ya lo conociésemos de siempre: sí, vuelven a surgir muchos de los nombres sagrados de los años 60, pero con esa recreación delicada, amorosa casi, que demuestra la tremenda categoría de Roback y sus colegas (el repertorio es obra del trío original). Y entre algunos pequeños detalles que de momento parecen no tener importancia, vemos que Kendra Smith hace coros ocasionalmente. Otra curiosidad son las alabanzas que prodiga Scott Miller sobre este disco, destacando "1 hour 1/2 ago" como una de las mejores de aquellos tiempos, y además un símbolo perfecto del paisley undergound. Por otra parte alcanzó el top 5 de las listas independientes, lo cual no es más que un destello de pura justicia.


Un detalle no tan pequeño es el tono de melancolía un tanto soñadora, hipnótica, que a veces envuelve la voz de David Roback revistiendo a sus canciones de un aura especial. Pronto llegará la prensa relacionándolo con Syd Barrett o inventando nuevas etiquetas como "sleepy music", "dream pop" e incluso la aparentemente británica "shoegaze" y citando a Roback como uno de sus primeros referentes. Y aunque el concepto "somnoliento" en su caso sea muy discutible, sí es verdad que su carácter es un tanto especial e introvertido ya por entonces: además de su nostalgia por la grandeza de las viejas bandas de los 60 destaca su tendencia a la soledad, sus dificultades para encajar por mucho tiempo en una agrupación "democrática", por decirlo así (la producción del disco fue mayoritariamente cosa suya). Así que poco después abandona o le obligan a abandonar el grupo: en realidad la cosa es más complicada, pero ya nos lo contará él en su próxima visita. Sus antiguos compañeros salen del paso publicando ya en 1984 un mini Lp titulado "Explosions in the glass palace", y para sorpresa de todo el mundo resulta que es una perfecta continuación del Lp. Como es lógico digo lo de la sorpresa porque muchos aficionados pensaban que los Parade no podrían sobrevivir sin él, pero aunque solo sean cinco canciones son suficientes para mantener la magia un poco más. Incluso el cierre con la fantástica "No easy way down" está considerada como la quintaesencia del sonido Parade, aunque tal vez sea porque es la única en la que aún participa el ausente.


Poco después entra John Thoman, un nuevo guitarrista para reforzar el sonido, casi al mismo tiempo que se marcha Kalwa entrando Mark Marcum en su lugar. Ahí se pierde otro de los elementos distintivos del grupo, que poco después, a principios del 86, publica el que será su último disco: "Crashing dream", que por desgracia me parece un título muy ajustado. Una vez más, estamos ante las consecuencias de la temible mezcla "grupo equivocado + sello equivocado": sin lógica alguna, los Parade han aterrizado en Island. Y ya la apertura con "Depending on you" nos muestra a una banda desconocida, con un sonido pulido, brillante pero convencional, muy de la época. Aunque no toda la culpa es del sello: las canciones, obra exclusiva de Piucci y Steven Roback, parecen desnaturalizadas, como si fuesen de otros. Hay momentos en que podrían recordar vagamente a lo que fueron ("Don't feel bad" o "Mystic green", por ejemplo), pero también dan la impresión de querer ser otra cosa, y lo triste es que no se sabe lo qué. El resultado fue el previsible: Island los echa y el grupo desaparece poco después.


Tras la desaparición de Rain Parade hay algunos grupos en los que sus antiguos miembros fueron buscando acomodo, y no sorprende que aquellos protagonizados por David Roback sean los más alabados. Nosotros no nos saldremos de esta década, pero le desearemos la mejor de las dichas en su próxima visita, dentro de unos días.