lunes, 1 de marzo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (VIII)

"Debbie y yo conocimos a Jim a finales de los setenta. Era muy fan de Blondie, aunque un tanto errático. Tiempo después comenzó a hacer su propia música; al principio simplemente me alegré de que hubiese encontrado un camino, pero cuando lo escuché me quedé impresionado de lo sofisticado que era el material que estaba creando". 

Chris Stein. 


"De cómo el presidente del club de fans de Blondie en Los Angeles se convierte en uno de los más aclamados músicos de culto en los años 80 y más allá", se podría titular esta entrada. Porque así de curiosa es la vida a veces: Jeffrey Lee Pierce, nuestro invitado de hoy, llegó incluso a teñirse el pelo en la misma tonalidad de rubio que la hermosa Debbie Harry, y llevaba en el bolsillo un papelito escrito por ella indicando ingredientes y mezcla exacta para obtener ese tono de tinte. Y aunque tal vez esto sea una marujada sin importancia, refleja muy bien el grado de afición al que Pierce podía llegar cuando se obsesionaba con algo. De chaval había participado en varias obras teatrales en el colegio, y siempre se sintió fascinado por el escenario: que un chico californiano como él fuese aficionado por entonces a bandas tan británicas y glamourosas como Genesis o Roxy Music resulta muy significativo. Pero poco después cayó enamorado del reggae tras acudir a una actuación de Marley, y le faltó tiempo para ir a Jamaica, impregnarse del ambiente e incluso relacionarse con algunos santones del género allí. Como ven, este muchacho es muy sentido. 

Y sin embargo esa mixtura de influencias musicales era solo parte de una amplitud mayor, porque la llegada del punk y la new wave le insufló nuevos ánimos que él empleó, además de su evidente adoración por Blondie, en especializarse en el blues tradicional y otros géneros relacionados con él. Pierce ya era un aficionado al blues, en mayor o menor medida, desde muy joven, y este viaje a las raíces completó esa amplia formación a la que por supuesto ya le estaba dando utilidad con su participación en pequeños grupos locales, manejando varios tipos de guitarras y teclados además de cantar (y escribir en algunas revistas del ramo). Por entonces se hace amigo de Brian Tristan, que luego será conocido como Kid "Congo" Powers y que resulta ser el presidente del club de fans de los Ramones: decididamente, Dios los cría y ellos se juntan. Ambos llegan a participar en uno de esos grupos, pero poco después Powers es reclutado por los Cramps (aunque volverá más de una vez a colaborar con Pierce) y por fin, a mediados del 79, nace la nueva banda conocida como The Gun Club, que cuando llegue a grabar su primer disco tendrá una formación estable: junto a Pierce están el guitarrista Ward Dotson, el bajo Rob Ritter y el batería Terry Graham. 

Ese primer disco se titula "Fire of love" y se publica en verano del 81. Y aunque la apertura con "Sex beat" ya nos da una idea del tormento incendiario que pulula tanto en las letras como en las músicas de Pierce, "Preaching the blues", la que le sigue (actualización de una de las clásicas de Robert Johnson) nos confirma su dominio de los estilos que ejecuta, y en ese sentido podría recordar a Tav Falco. Estamos en un momento en que parece obligatorio aplicar los términos "post punk" y "garaje" a todo lo que se mueve, y por lo tanto la crítica lo hace también con los músicos que están actualizando el blues tradicional; es evidente que Pierce no podrá escapar de esas etiquetas, pero no creo que las necesite. En su mayoría este es un disco en el que ese "neoblues" tiene un aura vagamente gótico -en contraste con el frecuente minimalismo instrumental que muestra-, fusionándolo con los demás géneros raíces yankis: el Delta o el pantano tienen aquí tanto protagonismo como el rock and roll blanco, por resumir (ahora me acuerdo de aquello que decía Falco, lo del "tono gótico sureño": algo de eso hay aquí también). Y esa voz, que realza el material: seguro que Black Francis es fan de piezas como "She's like heroin to me", porque los Pixies recogen en parte esa herencia; teniendo en cuenta que para mí los Pixies son La Última Gran Banda, no tengo nada más que añadir. Como es lógico la crítica los puso por las nubes, e incluso las ventas fueron bastante buenas; de todos modos Pierce y sus colegas se marchan del sello Slash, y Chris Stein sale a su encuentro. 

Stein, que poco antes ha creado el sello Animal Records, queda admirado de la trayectoria de Pierce y se ofrece no solo a publicar un nuevo disco, sino también a producirlo (incluyendo coros en varias canciones a cargo de la adorada Debbie). "Miami", publicado a finales de verano del 82, es el resultado; en la portada solo vemos un trío, ya que Ritter se ha marchado tras enseñar los acordes de las nuevas canciones a Patricia Morrison, que le sustituye. El sambenito de este disco, cuya calidad está a la altura del anterior, ha sido siempre la producción de Stein: según la crítica y el público que la sigue, suena un tanto domesticado. Parece no importar que la orientación de este nuevo grupo de canciones se acerque más al country rock o el mismo rock a secas que al blues, aunque por supuesto también el blues está ahí. Y parece no importar tampoco lo que digan sus protagonistas, tanto Stein como Pierce, que conscientemente buscan ese sonido. Pierce no estaba de acuerdo con el concepto "punk" que la crítica aireaba tan alegremente, y buscaba -buscó siempre- una amplia mezcla de estilos. Pero claro, como ya pasó con Blondie en los primeros tiempos de CBGB, los "auténticos" no soportan que un poppie se meta en este tipo de asuntos. Al final dio lo mismo, ya digo que "Miami" es de igual categoría que su primer disco. Y eso es lo que queda. 

Las peleas dentro del grupo son una constante, ya que Pierce es un personaje conflictivo, y en el medio de idas y vueltas el año 83 registra "Death party", un Ep de cinco canciones producido entre el propio Pierce y Stein; tal vez parezca una solución de compromiso, pero no desmerece con respecto a los discos grandes. Y a mediados de 1984 lleva el tercero y último de su primera época: "The Las Vegas story". Parece haber un momentáneo cese de hostilidades entre antiguos colegas y vuelven Morrison y Graham; vuelve también Powers, que se ha ido de los Cramps. Por otra parte, Pierce ha conseguido frenar en parte su adicción al alcohol y algunas sustancias ilegales ayudado por Debbie Harry, que controla su rehabilitación. El disco resultante marca un apreciable cambio de estilo, que se asemeja un poco al rock "indie" de aquella época, y en ese sentido se podría decir que es un tanto "convencional", si ese término se puede aplicar en algún momento a la obra de Pierce. Pero las letras y la actitud siguen siendo las mismas, con ese tono de desesperación que tan bien refleja su voz; de algún modo me recuerda a Jim Morrison. Y probablemente ese cambio de sonido le favorezca, porque el resultado suena bastante compacto. 

Pero poco después vuelve la inestabilidad y Pierce liquida el grupo a principios del 85, aunque lo recupera casi dos años después (en ese tiempo hay una corta carrera en solitario, no muy brillante). Y contra lo que podría parecer, su vuelta no desmerece con respecto a su anterior trayectoria, así que para entonces volveremos a verlo por aquí. Mientras tanto debería cuidarse un poco, ya que su salud no es buena y los excesos continuos se acaban pagando.






lunes, 22 de febrero de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (VII)

Después de la visita de los Cramps, aprovecharemos el nexo de unión que nos ofrece Alex Chilton para seguir por la ruta revival. Chilton los había atraído hacia su querida Memphis natal en varias ocasiones entre 1977 y 1980 para que grabasen allí, probablemente buscando que se impregnasen de ese ambiente en el que se funden los extremos blanco y negro del espectro musical, y en parte lo consiguió. Pero el beneficio fue mutuo, ya que a su vez el planteamiento de aquel grupo fue como una iluminación para él, haciéndole considerar las fascinantes posibilidades que podía tener la fusión de géneros tan supuestamente distintos pero tan cercanos como el rockabilly o el blues con la actualidad del punk o cualquier otra influencia, viniese de donde viniese. Y desde ese momento uno de sus objetivos fue buscar el eclecticismo absoluto, tratando de hacerlo atractivo a las nuevas generaciones. Así, no es extraño que ver en acción a un personaje como Tav Falco, conciudadano suyo por entonces, fuese para él una señal del destino. 

Gustavo Antonio Falco, italoamericano como su nombre indica, es un personaje casi renacentista -multimedia, si quieren- con distintas y variadas inclinaciones artísticas. En 1973, con dieciocho años, se establece en Memphis y alterna su afición al cine (a uno y otro lado de la cámara) con varios trabajos fotográficos y televisivos, lo que le acaba llevando al terreno que a nosotros nos importa: durante la realización de una serie de documentales sobre el blues tradicional le viene la inspiración de aprender el manejo de la guitarra. En 1978, tras una de sus primeras actuaciones, logra un gran golpe de efecto destrozando su guitarra con una motosierra: como es lógico, al día siguiente no se hablaba de otra cosa en el ambientillo musical de una ciudad en la que tal tipo de actitudes era impensable. Recuerden que estamos en Memphis, no en Nueva York, y Falco tenía muy clara la diferencia. El caso es que en esa actuación estaba Chilton: se habían conocido poco antes, cuando Falco hizo un reportaje fotográfico en las sesiones de grabación de su primer disco en solitario, llegando a incluir algunos dibujos en la portada, y ahora el ex Big Star quedaba prendado de lo que él consideraba como una performance magnífica (por no hablar de esa voz, tan sentida como maleable). Así se unen, bajo una actitud rompedora, punk, la visión del rock and roll de Chilton junto a la vocación experimental pero orientada hacia la música con raíces de Falco. 

En 1979 Falco ha puesto en pie una banda más o menos estable a la que bautiza como los Panther Burns junto a Chilton y el respetadísimo James Dickinson entre otros, aunque sean quienes sean todos seguirán pronto sus carreras respectivas (los grupos de este tipo suelen ser un continuo tránsito de músicos). Por otra parte sus actuaciones abarcan varias escuelas de representación que van desde el happening tan clásico en los años 60 hasta el teatro de la crueldad de Artaud, que podría emparentarlos con los neoyorkinos Suicide. Aunque insisto en que Falco vive en Memphis: ver ahí uno de sus directos tenía que ser un shock. Y a finales de 1981 llega el primer disco, que en parte puede recordarnos aquellos tiempos salvajes: "Behind the magnolia curtain", producido por Chilton. Se trata de una colección de versiones de todo tipo cuyo sonido es primitivo, crudo, con mucho eco, siguiendo el concepto de baja fidelidad; ahí nos encontramos con un viaje caótico desde el rockabilly o el puro rock and roll (y en esos momentos puede recordar a los Cramps) hasta el ahora insano exotismo de piezas supuestamente inocuas como "Brazil", o esa especie de punk blues entre nubes de fuzz en que queda convertido el "Bourgeois blues" de Leadbelly. Hay ramalazos de avant garde, de pura experimentación, y en resumen estamos ante un disco fascinante; una especie de Velvet Undergound del pantano, o algo así. El sello discográfico, casi por lógica, es británico, europeo: Rough Trade. Ni que decir tiene que, desde el primer momento, Falco es otro de esos músicos más populares en Europa que en su país. 

En 1982, animado por las buenas críticas sobre su disco (que no por las ventas: ya saben, esta es otra banda de culto), Falco y sus músicos se establecen por un tiempo en Nueva York sin Chilton, que prefiere quedarse en Memphis. En la gran ciudad graban poco después un Ep de cuatro canciones titulado "Blow your top", en el que abandonan el planteamiento anárquico anterior para crear un ambiente mucho más cercano al de los Cramps, es decir, en la onda psychobilly. Aunque Falco detesta ese término ya que, según él, lo suyo es "el country psicodélico de tono gótico sureño influenciado por los estilos de Memphis". Parece un tanto retorcido, y sin embargo encaja: Falco es un músico de criterio más amplio que los Cramps, de eso no hay duda, y aunque este Ep parezca "domesticado" anda pululando una pulsión subterránea que parece amenazar con una sacudida sísmica en cualquier momento. Llama la atención que el productor sea Chris Stein, el guitarrista de Blondie, a quien no nos imaginábamos aficionado a este tipo de aventuras, pero todavía guarda más sorpresas: si Chilton nos ha traído de los Cramps a Falco, Stein nos llevará de Falco a los Gun Club. Ambos, junto con Iggy Pop y alguno más, serán huéspedes temporales de Animal Records, un sello que ha creado Stein poco antes. 

Tras una grabación en directo que Falco publica en formato casete, en 1984 llega un mini Lp titulado "Sugar ditch revisited". Lo produce Dickinson, que lleva ya mucho tiempo fuera del grupo pero de vez en cuanto colabora, y su influjo "académico" es evidente: Falco quiere reorientar su carrera buscando antes la exquisitez que la fiereza, y desde luego el cambio de sonido es radical. La influencia de la tierra, de las raíces, pesa más que la vocación de vanguardia, y lo que tenemos aquí es una obra claramente sureña con unos arreglos que le dan categoría, comenzando ya por la grabación en el estudio de Sam Phillips nada menos (y con tonos soul, incluso: ahí está "Tina, the go go queen"). Aquí decayó un poco el ánimo en el sector friki de los fans de Falco, y lo entiendo; pero esta época me recuerda a Willy DeVille, con esa elegancia en el ataque de las piezas, ese juego entre clasicismo y vanguardia tan agradable... En fin, que el señor Falco ha mudado de piel, aunque solo en parte: con ese nuevo talante se dispone a encarar el segundo quinquenio ochentero. Y como es lógico, nosotros estaremos pendientes de sus aventuras cuando lleguemos allá.





lunes, 15 de febrero de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (VI)

Después de que hayan pasado por aquí unos cuantos nombres ya establecidos, hoy comienzan a llegar los "nuevos valores", como se decía antes. Y de entre ellos los primeros serán los Cramps, cuyos inicios a mediados de la década anterior los hacen contemporáneos de toda esa gente que nos ha visitado hasta ahora. Aunque su consolidación fue más lenta, como suele pasar con los músicos revivalistas: por lo general la masa de aficionados busca sonidos nuevos, y salvo que se tengan rasgos de genialidad les espera mucho tiempo de trabajo hasta llegar a conseguir un puesto en el negocio. Los Cramps, aunque proceden de California y durante un tiempo anduvieron por Ohio, no empiezan a hacerse relativamente conocidos hasta llegar a Nueva York. Como ustedes saben, en esa ciudad los locales más concurridos por entonces son del tipo CBGB o Max's Kansas City, y allí compartieron cartel con todas las luminarias modernillas. Pero también con músicos que, como ellos, trataban de actualizar los géneros del pasado: Ramones, Stray Cats, Robert Gordon... Los Ramones lo consiguieron pronto porque su mezcla de rock and roll, garaje, melodías Spector y estética callejera era imbatible; pero aunque tanto ellos como los demás se revestían de un envoltorio punky para estar al día, todos los que se inclinaban al rockabilly lo tuvieron más crudo: los Stray Cats solo triunfaron cuando se fueron a la Isla, y Gordon nunca pasó de ser un personaje de segunda fila. El rockabilly no es un género de masas, ni antes ni ahora. 

Sin embargo la propuesta de los Cramps era imaginativa, porque al estilo tradicional le añadieron unos cuantos ingredientes también añejos pero que hasta la fecha no se habían mezclado: desde el tono afilado pero ardiente de las guitarras, al estilo de Link Wray y sus herederos "surfistas", hasta el gusto por la estética y la temática truculenta, vampírica, marciana de la serie B que estaba de moda en las películas de veinte años antes, pasando por el estilo garajero actualizado a través del punk y mucha provocación escénica de tono sexual con pinceladas glam, todo ello servido por una de las parejas artísticas más longevas del negocio, que además eran matrimonio: Lux Interior (Eric Purkhiser), el cantante frontman perfecto para este tipo de aventuras, y la no menos meritoria Poison Ivy (Kristy Wallace), guitarra solista y bajo cuando sea necesario. Ambos son además los compositores de la mayor parte de su repertorio propio (en el que hay muchas versiones "personalizadas"). Y junto a ellos han estado siempre acompañantes que supieron estar a la altura, aunque por supuesto son ellos dos el eje central de la escena. En suma, tenemos hoy en el bar a las primeras grandes figuras de lo que pronto será conocido como "psychobilly". 

Su primer disco grande, con el título de "Songs the Lord taught us", llega a principios de 1980; hasta ese momento su única producción consiste en dos singles publicados dos años antes, reeditados luego en un Ep. Todas esas grabaciones son producidas por Alex Chilton, que tras su época en los Box Tops y luego Big Star alterna ahora su trabajo en pequeñas bandas con un creciente interés en los estilos revival (pronto lo veremos junto a Tav Falco). Por entonces la pareja está acompañada por el segundo guitarrista Bryan Gregory, cuya imagen va a juego con ellos, y el batería Nick Knox, más discreto. La apertura con "TV set" es un buen resumen de cuáles son sus referencias; pero por si hay alguna duda nos encontramos con el "Strychnine" de los Sonics, que también podría sintetizarlas perfectamente. En conjunto es un disco muy dinámico, muy fresco y vitalista, que agrada incluso a los que no somos muy fans de este tipo de estilos y que llegó a lo más alto de las listas independientes. Ese concepto, "independiente", les acompañará durante toda su carrera, a pesar de hitos notables como el de haber hecho su primera gira europea como teloneros de los mismísimos Police: en una época en la que esa palabra tenía algún sentido, podría ser equivalente a "de culto". Es decir, que la crítica chic te pone por las nubles pero tus discos se venden poco y dependes del directo. 

Poco después se produce el primer cambio notable en la formación del grupo, ya que Gregory, un yonki notorio, desaparece tras una actuación llevándose la furgoneta con el equipo; de momento lo sustituye el muy solvente Kid "Congo" Powers tras su breve paso por los Gun Club. En 1981 llega el segundo disco, "Psychedelic jungle", producido por ellos mismos, que contiene mitad originales y mitad versiones. Nunca les ha gustado el trabajo excesivo en estudio, y se nota: las canciones suenan más cercanas, más simples y por eso mismo más directas que en el disco anterior, aun siendo una clara continuación del estilo. Es probablemente un disco más "natural" que el primero (recuerden, hablamos de los Camps), y es el preferido de buena parte de sus fans. Los que no lo somos tanto preferimos sin embargo el tercero, que se publicará en 1986 tras nuevos cambios en el puesto de segundo guitarrista (por entonces no hay uno fijo) y algunos conflictos con Stewart Copeland, manager de IRS, el sello donde grabaron sus dos primeros discos. Ahora graban en el británico Big Beat, y por unas razones u otras "A date with Elvis", que así se llama su nueva obra, no será publicado en los States hasta varios años después. Como era de esperar, estamos ante otra banda que por momentos fue más popular en Europa que en su propio país. 

Pero a lo que íbamos: ese nuevo disco, con una producción más pulida y mayor diversidad de estilos, inicia la época en la que los Cramps estuvieron más cerca de ser un grupo de mayorías, una época que continúa con "Stay sick!" en 1990 y que terminará poco después. En cualquier caso los años 80, especialmente su segundo quinquenio, fueron su momento de más popularidad aunque muchos fans recalcitrantes no vieran esos dos discos con buenos ojos. Y a partir de ahí mantuvieron su estatus publicando de vez en cuando y haciendo giras continuas hasta la muerte de Lux en 2009. Como los Ramones, los Stray Cats y en general todas las bandas revival, esa actualización de estilos los hace atractivos a las nuevas generaciones, que en muchos casos se basan en ellos para seguir evolucionando. Su valor "educativo" es incuestionable.