La conmoción que causó el fenómeno psicodélico en la música popular fue decisiva, pero no todos los músicos se sintieron a gusto con ese vendaval de modernidad que puso patas arriba la mayor parte de los esquemas tradicionales. Especialmente en los géneros raíces como el blues o el folk hubo opiniones en contra, y si Donovan se sintió cómodo desde el primer día en esa nueva realidad otros folkies la rechazaron. Ese fue el caso de Clive Palmer, que junto con Robin Williamson y Mike Heron había creado en 1966 la Incredible String Band: considerado como el primer grupo folk de la nueva generación británica, su debut discográfico resultó ilusionante con ese cruce de influencias tan amplio, con tanta variedad de instrumentos y que arranca en la tradición celta, cruza hasta Centroeuropa, llega a Oriente e incluso en las escalas rítmicas puede acercarse por momentos a los estilos afroamericanos (hay quien los considera precursores de eso que ahora se llama “world music”). Pero esa amplitud de miras es patrimonio de Williamson y Heron, que además son los compositores principales, porque a Palmer no le acaba de convencer tanta exuberancia y poco después de la publicación del disco decide seguir su propio camino.
Tras su marcha, a principios del verano de 1966, Williamson y Heron disuelven la sociedad; no tienen planes a corto plazo, y mientras el primero viaja a Marruecos sin una fecha de vuelta concreta el otro vuelve a Edimburgo. Cuando Williamson termina su viaje se reúnen y deciden seguir adelante como dúo, aunque a efectos prácticos tanto en estudio como en directo serán acompañados por amigos; en concreto, Licorice McKechnie, compañera de Williamson por entonces, hará desde ese momento las segundas voces y se encargará de parte de la percusión. Por otra parte, el concepto “multimedia” (más por parte de Williamson que de Heron) comienza a cobrar protagonismo con la presencia de dos bailarinas en sus actuaciones. Su productor seguirá siendo Joe Boyd hasta bien entrada la década de los años 70. Boyd, además de ser un verdadero fan de la ISB, es también un elemento muy conveniente en la elaboración del material y el entendimiento de los dos músicos, que componen por separado. Porque contra lo que podría parecer, nunca hubo una verdadera amistad entre ellos: únicamente se consideraban como “socios” en un proyecto artístico para el que sus cualidades como compositores y músicos eran complementarias. Cada pieza que presentaba uno tenía que aprobarla el otro y participar en los arreglos, obligando a Boyd a hilar muy fino para que no hubiese malos entendidos, para que ninguno de los dos creyese que tomaba partido por el otro.
Llega el verano de 1967 con el primer disco de la nueva ISB; no solamente porque de trío hayan pasado a dúo, sino porque aquí surge la psicodelia acústica, o “acid folk”, si se quiere. Se trata de un nuevo concepto que probablemente crean también ellos y que se suma a lo que decía antes, el asunto de la world music, con esa enorme mixtura de estilos, desde la canción tradicional isleña de cualquier época hasta las melodías orientales, añadiendo unas letras de las que ya en el anterior destacaba su tono general casi místico (y de vez en cuando, se divisa a Dylan allá a lo lejos). El disco se titula “The 5000 spirits or the layers of the onion”, y ya la portada deja clara su evolución: frente a la sobriedad estética del primero, este es un lujo sensorial elaborado por el colectivo The Fool, a los que ya conocemos por haber diseñado también el “Evolution” de los Hollies y unas cuantas cosas más. La apertura corre a cargo de “Chinese white”, una de esas joyitas que comienzan a cimentar el prestigio de esta nueva época: su estilo, casi medieval, muestra una melodía exquisita con los arreglos justos, destacando de nuevo esa entonación cercana al cántico entre folk y “eclesial” a la que se añade la presencia de un violín, a cargo de Williamson, que marca los tiempos. Es una composición de Heron, que como las demás irá seguida de una de Williamson: destaca el escrupuloso orden de las canciones, probablemente pactado entre Boyd y ellos, que se mantiene durante todo el disco. Llegamos por tanto a la primera de Williamson, que es igual de buena o mejor aún; se titula “No sleep blues”, otra delicia, en la que las protagonistas son la flauta y la guitarra acústica acompañando a una melodía que efectivamente tiene una base de folk blues. Se ha comparado este tipo de piezas a lo que harán en el fututo los músicos del tipo Nick Drake, y creo que algo de eso hay. El nivel sigue subiendo, si ello es posible, con “Painting box” (ya saben, esta le toca a Heron), que fue además el único single que se publicó de este Lp. Una escala celestial, un nuevo derroche de fantasía instrumental con tan pocos medios, salvo el apoyo al doble bajo a cargo de Danny Thomson, que ya se ha hecho un nombre por entonces y participa en varias canciones, que nos lleva a otra época. No suele citarse mucho el tremendo dominio que tenían sobre los instrumentos, especialmente los de cuerda, pero aquí lo demuestran de sobra; por no hablar del magnífico empaste entre sus voces, incluso el de la recién llegada Licorice, que se adapta perfectamente. Y estas son solo las tres primeras, pero si me pusiese a comentar una por una, pueden ustedes creerme que acabaría resultando bastante pesado. Quienes ya conozcan este disco no necesitan mis palabras. Y los que no, solo necesitan un enfervorizado consejo: por favor, dejen llevarse por su enorme e insospechada belleza. Solo añadiré que John Peel, deslumbrado, se convirtió en su mayor propagandista emitiendo el disco entero en su programa; aunque Paul McCartney fue aún más lejos, ya que lo considera como el mejor de 1967. Y mira que hubo discos buenos en este año, ya lo estamos viendo
Como era de esperar, aquí ya hay fans que consideran este nuevo debut como lo más brillante en toda la carrera de la ISB, pero eso es discutible. Tienen varios discos hasta principios de los 70 que son exquisitos, y muchos de nosotros no sabríamos decir con cuál nos quedamos. Ni falta que hace. Ya seguiremos el año que viene transitando por este luminoso sendero que Williamson y Heron acaban de abrir para nuestro deleite…








