martes, 17 de septiembre de 2019

1975-80: la nueva España (VIII)


Hoy nos despedimos del colectivo Lacochu recordando a Cucharada, que junto con la Romántica Banda Local son las dos "entidades" en las que mejor se reconoce el espíritu de aquel "laboratorio" y que además participaban en su funcionamiento. Siguiendo fielmente algunos de sus postulados se puede considerar a Cucharada como una especie de agrupación abierta por la que pasaron unos cuantos músicos, aunque hay una base que se mantuvo unida durante gran parte de su existencia: el personaje central es el cantante y bajista José Manuel Tena (Manolo Tena a partir de ahora), junto al solista Antonio "El Zurdo" Molina (nada que ver con el otro Zurdo), el rítmica Jesús Vidal y el batería cantante José Manuel Díez. La puesta en escena recuerda en parte a La Romántica Banda Local, porque también ellos se disfrazan y convierten sus actuaciones en una especie de "happenings" imprevisibles. Tena, que para entonces ha pasado ya por unos cuantos empleos, es tan aficionado a la poesía como a la música; había comenzado su carrera en orquestas de baile y de ahí pasó a un pequeño grupo llamado Spoonful Blues Band, cuyo nombre lo dice todo (es la inspiración para llegar a la españolísima cucharada). Luego tiene la fortuna de participar como bajista en "Babel", aquel disco de Aute en el que la sátira y el sarcasmo lo acercan al estilo de un Moncho Alpuente, y por fin crea su nuevo grupo junto a estos nuevos colegas que, como él, tienen influencias muy variadas, tanto en lo musical como en la puesta en escena: desde Zappa hasta el glam pasando por el teatro vanguardista y las enseñanzas de Lindsay Kemp hay mucho campo para experimentar.

Gracias a la red de locales que que ha ido reuniendo Lacochu, muchos de ellos simples bares o pubs que recuerdan a la estrategia británica, comienzan a hacerse conocidos en Madrid. Finalmente Zafiro se fija en ellos y los asigna a Chapa; lo cual tiene su lógica, puesto que en origen su estilo está próximo al rock urbano. Y siguiendo esa lógica su primer productor es Vicente Romero, con el que graban dos canciones que constituyen su primer single, en verano del 78, y además forman parte del segundo volumen de "Viva el rollo": "Social peligrosidad" y "Libertad para mirar escaparates". Ambas se convierten en clásicas desde el primer día, tanto por las letras de "amargura social" como por ese ritmo que refuerza el mensaje; sin embargo ya ven ustedes que su aspecto se aleja un poco del estándar que se le presupone a unos rudos rockeros de barriada. Hay una definición de Jesús Ordovás que los retrata muy bien: Cucharada tenían el toque glam de Burning, la provocación del punk, la energía de Leño y el gusto por el teatro de Las Madres del Cordero. O sea, que hasta cierto punto también estos podrían considerarse como tercera vía... o algo así. 


A mediados de 1979 se presenta su disco grande, titulado "El limpiabotas que quería ser torero" y producido por Teddy Bautista, cuya labor por esta vez es bastante digna. El material refleja muy bien la naturaleza caótica del grupo, ya que comienzan con un "Desconcierto flamenco" dirigido por Vidal en la onda del rock andaluz para seguir luego con "Tan reprimido", un rock más o menos "académico", y luego una composición a medias con Moncho Alpuente titulada "Made in USA", que recuerda aquel cruce entre blues rock y vodevil tan de su estilo. Volvemos al mundo de lo imprevisible con "Canción para pedir limosna", otra pieza de Vidal con sonido ambiente callejero, las voces de vendedores ambulantes y el paso de algunos coches enmarcando un juego entre guitarra acústica y eléctrica con el leve acompañamiento de una percusión; el conjunto es de tono dramático, de artística tristeza, muy real. Quizá su momento cumbre sea la pareja "Abarca y devora/Compre (Pase ¡no molesta!)", compuesta por los cuatro y que en lo musical une dos ritmos de rock clásico muy bien llevados, con una guitarra de sobresaliente y cuya letra se extiende a lo largo de ambas: el título lo dice todo. A continuación viene "No soy formal", una pieza corta escrita por Hilario Camacho, de tono burlón tanto en letra como en música. Y el cierre es para "Social peligrosidad", regrabada para la ocasión y con un sonido más vigoroso. La suma de unas y otras da como resultado un disco magnífico a pesar de esa sensación de desmadre que ya comenzaba en la portada interior, con la enumeración de los músicos: Tena era Lolilla Cardo, Molina figuraba como "Troucho López Manolenta", y así sucesivamente. Las ventas fueron bastante decentes a pesar del claro boicot que sufrieron por parte de las dos cadenas más potentes, la SER y la COPE: esas letras de denuncia, ese ataque al Sistema, esas referencias al lumpen, la pobreza, el desdén del poderoso... Así no llegaréis a nada, muchachos.


Como consecuencia de las zancadillas radiofónicas, Cucharada fue otro de esos grupos de los que todo el mundo hablaba en la capital pero solo se podían escuchar en las emisoras alternativas como Onda Dos, así que fuera de Madrid eran casi un nombre para iniciados. Y Chapa redondea el desastre en 1980 obligándolos, como había hecho con casi todos los grupos de rock urbano, a "hacerse modernos": no hay más que ver la portada de su último single en comparación con el primero. El single en cuestión iba a ser la avanzadilla de su segundo Lp, del cual nunca más se supo. Jesús Vidal se ha marchado, y Teddy Bautista no puede resistirse a su irrefrenable obsesión por meter maquinillos aunque al menos en la cara A se refrena un poco: "Quiero bailar rock'n'roll", el tema estrella, tiene un pase aunque ha perdido la fuerza y la densidad que tenía el grupo antes (y la letra, irónica, fue mal entendida por algunos popes radiofónicos, que ya se la tenían jurada de antes). La cara B, titulada "La cajita de música", es una piececilla con ramalazos de reggae pop electrónico, muy de la época. Los fans quedaron decepcionados, y ese fue el fin del grupo. Para entonces Julián Ruiz, uno de los personajes con mando en la SER, ya había dado con una buena alternativa a la locura inicial de Cucharada: eran vascos, se llamaban Orquesta Mondragón, tenían dinero para equipo y espectáculo y además sus letras, aunque irreverentes y un poco desquiciadas, no trataban temas sociales incómodos. Ruiz les conseguirá un contrato con EMI, será su productor y tendrán una larga carrera.


Años después Tena alcanzó el reconocimiento en Alarma! junto a Díez, al mismo tiempo que se afirmaba como un reputado compositor entre cuyos clientes se encuentran Sabina, Leño o Luz Casal, por citar solo tres. Molina, que ya antes de la disolución del grupo había colaborado con Aute o Hilario Camacho, lo hará luego con Antonio Flores, Sabina y especialmente Ramoncín, entre otros. Esto significa que Cucharada fue el arranque de una brillante carrera profesional al menos para ellos tres, y ya en sus primeros tiempos habían merecido otra suerte. Pero tal vez, como decía Tena, "éramos demasiado heavies para los modernos y demasiado modernos para los heavies". En cualquier caso, aquel disco solitario ha quedado como uno de los más interesantes del final de la década.


martes, 10 de septiembre de 2019

1975-80: la nueva España (VII)

A partir de 1976, cuando ya parece claro que la Negra Sombra se ha ido para siempre, la nueva generación comienza a mostrar una irrefrenable pujanza tanto en lo musical como en cualquier otra disciplina artística: los colectivos literarios, los cineclubs y muchas otras agrupaciones, de los pelajes más insospechados, surgen como setas. Madrid va recuperando el carácter de referente "combativo" que había sido gracias al surgimiento de varias agrupaciones de este tipo, y en concreto hay una que nos afecta. La historia arranca a mediados de ese año, cuando algunos seres de diversas procedencias crean un colectivo para publicar fanzines al que Fernando Márquez, un adolescente imberbe que pronto será conocido como "El Zurdo", bautiza como Prensa Marginal Madrileña, popularizada por el acróstico Premamá; ahí se ha colado también una niña -solo tiene trece años- de nombre Olvido Gara, pero que prefiere ser conocida como Alaska en honor a Caroline, aquella amiga de Lou Reed que también lo prefería. Como ven, al menos esos dos parecen ir por delante de su edad. Pero a principios de 1977 ya hay más variedad de personajes, tanto en edades como en procedencias y aficiones; y mientras El Zurdo y Alaska se marchan para organizar "La liviandad del imperdible" y seguir su onda fanzinera (aunque con la secreta intención de reclutar músicos para un grupo), su lugar va siendo ocupado no solo por dibujantes o músicos, sino también por aficionados al teatro, el cine o a la escritura. Y la última aportación del Zurdo es el nuevo nombre: Laboratorios Colectivos Chueca. O sea, Lacochu. 

Esta asociación tiene ya una estructura bastante perfilada, puesto que su naturaleza "multidisciplinar" se rige siguiendo una ideología de autogestión claramente libertaria que se lleva a la práctica en la medida de lo posible. Y la relación entre aficionados con distintos intereses artísticos dio como resultado una saludable transversalidad: en el aspecto musical, que es el que a nosotros nos interesa, por ahí pasaron en los primeros tiempos de sus carreras algunos grupos que cuidaban tanto su repertorio como su puesta en escena o la calidad de las letras. Lacochu llegó incluso a practicar el "Hazlo tú mismo" isleño creando su propio sello discográfico, aunque no duró mucho. Por otra parte su estrategia de caja común, equipo musical compartido y búsqueda de un circuito para actuaciones, fue el apoyo que muchos músicos nuevos necesitaban para echar a volar; que luego abandonasen el nido era lógico. Esa red de ayuda explica que por allí pasasen gentes tan inesperadas como los nacientes Tequila, pero hubo otros grupos cuya proximidad de planteamientos era evidente, y de entre ellos hoy recordaremos a La Romántica Banda Local. Su carrera fue corta porque algunos de sus componentes, tentados por más de una afición artística, vivieron esa época como una aventura de juventud, como una transición personal mientras decidían a qué iban a dedicarse luego, pero hoy en día su escasa producción discográfica es algo así como una cajita de delicatessen para los paladares sensibles.


La Romántica Banda Local eran una amalgama inestable de estilos, letras y actitudes que los acreditan como el último grupo de la tercera vía: imagínense una mezcla entre CRA&G y Vainica Doble pasada por el tamiz musical y estético de Moncho Alpuente y sus "mariachis"; si a eso añadimos que uno de sus músicos es el bajista Nano Domínguez, ex de Tilburi, creo que ya está todo dicho. Esa amplísima herencia musical da como resultado un repertorio difícil de catalogar pero con un encanto evidente, muchas veces en el campo de la pura emoción, que se refuerza por las excelentes letras que componen Fernando Luna (voz e instrumentos de viento) y Carlos Faraco (voz principal). El guitarrista Jorge Mariano es su principal apoyo en la construcción musical, ayudado por el violinista Enrique Valiño, y en la batería está Paco Beneito. Por su naturaleza de universitarios comienzan a presentarse en algunos colegios mayores con una mezcla de piezas que van desde el folk, el flamenco, el foxtrot o la jota hasta el rock, con letras irreverentes, irónicas, surrealistas, dulces, soñadoras, y todo ello aderezado por una "puesta en escena" imprevisible tanto en las vestimentas como en su propia actitud; especialmente Faraco, por lo general vestido de Estatua de la Libertad, surgía (o no) de algún punto de la sala, y le daba por recitar o cantar algo que en muchas ocasiones los otros no esperaban... Pero quedamos en que eran libertarios, ¿no?

Gracias a una actuación como teloneros de Tequila, un ojeador de Zafiro se fijó en ellos. La primera idea fue pasarlos a Chapa; pero era evidente que su estilo no tenía nada que ver con las querencias de Romero, y el sello decide que su lugar está en la Compañía Fonográfica Española (aunque por entonces la CFE aún era propiedad de Alain Milhaud, de hecho ya pertenecía al universo Zafiro). A mediados del 78 llega su primer Lp, de título homónimo y producido muy significativamente por José Yanes, un ex Aguaviva (otra referencia no tan lejana). Este disco es una joya empezando ya por la portada, un espléndido trabajo del pintor César Bobis, amigo de los músicos, reflejando en su estilo casi barroco pero "cariñoso" la ajada belleza de una calle del barrio de Malasaña; y en cuanto a la música, esa "Introducción" que lo abre podría ser un resumen aproximado: arranca con aires flamencos para luego ir adquiriendo tonos de folk rock progresivo (por decir algo) acompañado de flauta, y con una letra que viene siendo una especie de presentación. Se eligió para single "No me gusta el rock", perfectamente identificable con el espíritu de Las Madres del Cordero, pero con el tiempo se han mantenido mucho mejor las canciones como "Cruzando Atocha" o "El bus", con esa irónica ternura tan cercana, tan de aquel tiempo... o de todos los tiempos en los que puedan coexistir la ironía y la ternura, supongo. El caso es que inmediatamente las emisoras "enrolladas" comenzaron a darlos a conocer; de ahí pasaron al Popgrama (o sea, Manrique, Carlos Tena y compañía), hasta José María Íñigo los llevó al suyo, y al final resultó que habían conseguido vender casi veinte mil copias, algo impensable tanto para ellos como para su propio sello.


Sin embargo algunos integrantes, especialmente Carlos Faraco y Fernando Luna, nunca se tomaron muy en serio esta profesión. Se veían en otro futuro: Faraco ya alternaba la música con algunos programas de radio, y su amigo (se conocen desde el colegio), aunque estudiaba en el Conservatorio, publicó su primer libro de poesías en esa época y trabajaba como guionista en Radio Nacional de España. En consecuencia, la cosa no podía durar mucho más; pero aun así Luna consiguió escribir un puñado de nuevas canciones, suficiente para un disco doble, que al final quedó en sencillo porque tampoco la CFE lo vio muy claro; y en 1980, cuando se publicó, el grupo prácticamente ya no existía. "Membrillo", que así se llama, vuelve a ser decorado por Bobis y producido por Yanes, pero se nota ese ambiente de dispersión: es también sobresaliente, mantiene el encanto del anterior en momentos luminosos como "Riquelme", "El trigo crecido al sol" (la sombra de Vainica Doble es alargada), "Julia"... Bueno, en casi todas, menos justamente la que se eligió para single y alguna más. Pero algo se ha perdido, y no está muy claro el qué. Las ventas bajaron, aunque supongo que eso no les importó mucho; sus últimas grabaciones fueron para la película "Tú estás loco, Briones", de Javier Macua. Por supuesto Faraco y Luna, entre otras muchas ocupaciones, fueron luego responsables señalados del aquel fantástico microcosmos llamado "Tris tras Tres", en Radio Tres. No creo que vuelva a existir nunca algo como aquello. Son otros tiempos.




miércoles, 4 de septiembre de 2019

Cumpleaños feliz



Este bar abrió sus puertas el 4 de Septiembre de 2009, así que hoy hace diez años; y francamente, el primer sorprendido soy yo porque nunca se me hubiese ocurrido llegar a este día. Pero resulta que he llegado, y desde luego no ha sido sin ayuda: gracias a esos pocos pero fieles clientes que acuden con admirable regularidad, gracias a ese intercambio de opiniones y conocimientos, gracias a esta pasión ratonera que compartimos, la voluntad por mantener vivo este local además de visitar los de otros es una costumbre muy agradable. No niego que más de una vez he pensado en dejarlo, como supongo que les habrá pasado a todos los que integran ese grupo de veteranos que mantienen sus propios blogs tan longevos o más que el mío; pero al final decides que, si los demás aguantan, tú también. Por otra parte, a estas alturas hemos creado una especie de red invisible en la que nos reconocemos todos: cada uno va a su aire, tiene sus gustos, su estilo, su propia tendencia, pero juntos cubrimos un universo bastante extenso. 

Hay también algunos parroquianos que no llevan un blog propio por las razones que sean, pero sí parecen disfrutar visitándonos. Su presencia en los tugurios de esta red es importante para nosotros: algunos son de nuestra edad y otros más jóvenes, algunos suelen dejar un comentario y otros no, pero sabemos que están ahí. Sabemos, en definitiva, que lo que estamos haciendo resulta útil para alguien. Y eso justifica nuestra vocación de abuelos Cebolleta, justifica nuestras batallitas. Así que muchas gracias, a unos y a otros, por su fidelidad, y ojalá sigamos todos juntos "guerreando" por mucho tiempo. 

Y como en todo cumpleaños suele haber un regalito, aunque solo sea un pequeño detalle, aquí está el mío; que, como se decía en el juego del escondite, va "por mí y por todos mis compañeros": blogueros, simples transeúntes o mediopensionistas. Entre todos hacemos que los blogs sigan teniendo vida, así que muchas gracias. Y a por otros diez años.