lunes, 6 de julio de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (VIII)

“Solía traer a mi novia Renee, y Michael se enamoró de ella; le rompió el corazón, pero compuso unas melodías maravillosas. Un día el padre de Michael nos pilló en el estudio y, al oírnos, quiso sumarse a la aventura; eso fue el arranque, pero también significó el tiro de gracia”. 
Tom Finn 

El tamaño de las ciudades como Nueva York garantiza siempre la variedad, sin importar la opción estilística que elija cada músico. Por ejemplo, los de naturaleza poppie tenían la posibilidad de buscarse un camino propio al margen de Greenwich Village sin salir de Manhattan; y ese fue el caso de Left Banke, nuestros visitantes de hoy, aunque su existencia fue corta y accidentada. Algunas de las bondades que atribuimos a Lovin’ Spoonful podríamos atribuirlas también a ellos, ya que ambos coinciden en su debilidad por la melodía. Y, al igual que les pasó a los Spoonful, son un grupo de tránsito, también especializados en singles, sobreviviendo en una época que va muy rápido y en la que la costa oeste acabará confirmándose como la gran protagonista. Pero por lo demás son muy distintos: los Banke podrían haber surgido en la Isla, y con frecuencia quienes los oyen por primera vez les atribuyen ese origen. Su delicadeza y complejidad instrumental dan lugar a una nueva etiqueta: “pop barroco”, que en cierto modo es lo que ya estaban haciendo los Zombies, Moody Blues o Procol Harum. Es decir, se hallan más cercanos a la tradición europea que a la americana; en su origen hay muy poco de los ingredientes folkies o en general “de raíces” que distinguen a los grupos como los Spoonful. Left Banke, en definitiva, no son de ningún sitio o son de todos: su estilo va por encima de su procedencia geográfica. Algo muy común en Nueva York, por otra parte. 

Su corta historia se articula sobre el teclista adolescente Michael Brown y su padre, el violinista Harry Lookofsky, especializado en jazz y música clásica, músico de sesión muy apreciado que además trabajó como arreglista para gente notable y era propietario de un estudio de grabación. Brown solía ensayar allí, y a veces se relacionaba con algunos músicos que iban a grabar maquetas: por ejemplo Tom Finn, un bajista que formaba parte de la banda del batería James Cameron, junto a su amigo el cantante conocido por entonces como Steve Martin, de origen español (su nombre real es Carmelo Esteban Martin Caro; para mayor emoción patriótica les diré que su madre, Sarita Heredia, era cantaora y guitarrista de flamenco almeriense, y su padre, Pedro Martín Caro, representante taurino). A finales de 1965 Brown y al menos esos tres personajes, junto a otros que van y vienen, comprueban que sus gustos musicales son parecidos; y como él tiene llaves del estudio, se juntan de vez en cuando para disfrutar de los instrumentos que hay allí, aunque sin una idea futura concreta. Pero en uno de esos días ocurrió el gran giro melodramático: Finn tiene una novia muy guapa llamada Renée Fladen, que ha decidido acompañarle al estudio; el pobre Brown, al verla, queda perdidamente enamorado. 

El flechazo le otorga un insospechado empujón creativo, y en poco tiempo compone algunas canciones (con frecuencia a medias con nuestro compatriota) de las cuales al menos tres están directamente inspiradas en su inesperada musa. Esto sucede a principios de 1966, cuando ya hay un grupo relativamente estable a su alrededor con el que se dedica a ensayarlas en el estudio; el señor Lookofski, que pasaba por allí, las oye y dictamina que tienen futuro, así que les ayuda a prepararlas y se erige en su manager y productor. Y ya solo falta el típico amigo cultureta que sugiere el nombre: “Sonáis muy exquisitos, muy… franceses. Quizá os vendría bien algo relacionado con París; no sé, ¿qué tal La Orilla Izquierda del Sena? Bueno, lo dejamos en The Left Banke” (sí, el detalle de esa venerable “e” final lo dice todo). En fin, que mientras ellos se van fogueando en pequeñas actuaciones esporádicas el padre de Brown envía maquetas a unos cuantos sellos; Mercury se fija en ellas, les ofrece un contrato para grabar en la subsidiria Smash y en verano llega el primer single: “Walk away Renee / I haven’t got the nerve”. Y ya solo con la cara A, un lamento amoroso sobre la muchacha que lo trae a mal traer, la prensa se apresura a bautizar como “pop barroco” a esa tonada exquisita, melancólica, acompañada de los instrumentos convencionales en una banda pop junto a otros clásicos, y todo ello aderezado con los magníficos arreglos que hace el padre de Brown. La cara B, con ser más “mundana”, es otra exhibición del tremendo nivel del grupo: melodía de estilo británico, ritmo cercano a un r&b pop, y ese arpicordio protagonista. El single alcanzó holgadamente el top 5.


Pero justo a partir de entonces comienzan los problemas estratégicos y personales. En primer lugar Brown, que nunca fue muy aficionado al directo, comienza a verse sobrepasado por la popularidad del grupo, que es requerido para un buen número de giras. Su intención es concentrarse en el proceso creativo y dejar las actuaciones, lo mismo que ha hecho Brian Wilson y los mismísimos Beatles; de hecho, ni siquiera la idea de una agrupación estable le interesa ya. Por otra parte su padre, cada vez más exigente, quiere echar a la mayoría de los músicos porque, según él, no dan la talla; de momento arma un grupo alternativo para las actuaciones, pero finalmente se vuelve atrás. Mientras tanto el sello recurre a las grabaciones que ya tenía completadas y publica un nuevo single a finales de año: “Pretty ballerina / Lazy day”. La cara A, otro de los homenajes a la señorita Fladen, es una verdadera pieza de pop de cámara, una delicia intemporal que para mí supera incluso a su debut. Y como en su debut, la B puede resultar más convencional pero tiene un gancho tremendo.



Llegados a 1967 el sello, consciente de que la situación se está haciendo insostenible, se apresura a publicar un Lp con todo el material que tenía pendiente incluyendo las cuatro piezas de los singles. Se les nota la prisa, porque ni siquiera se molestan en buscar un título decente: que lo bauticen como “Walk Away Renée/Pretty Ballerina”, es decir, la suma de los títulos de sus dos primeras caras A, es la mejor prueba de la poca confianza que tienen en el futuro del grupo. Y es una pena que las cosas hayan llegado a tal extremo, porque esa colección de canciones es sobresaliente: al margen de las ya conocidas, descubrimos otras cuantas maravillas como “She may call you up tonight” (tercera y aparentemente última dedicatoria a la musa) o “I’ve got something on my mind”, que formarán parte de los próximos singles (hasta agotar casi completamente el contenido de este disco). La mayoría son obra de Brown y Caro, que demuestran una buena interacción; es una pena que las cosas saliesen como salieron. El disco, por unas u otras razones, no pasó del 50 pero hoy en día es un clásico que se ha reeditado varias veces y que, en conjunto, no tiene nada que envidiar a la obra que Brian Wilson estaba haciendo por entonces. Poco después Brown grabará un single utilizando el nombre del grupo pero con músicos de estudio, lo cual hace que sus todavía oficiales compañeros emprendan un proceso legal por la utilización de dicho nombre. Ante esa situación y para curarse en salud, el sello decide no hacerle propaganda; por otra parte esas dos canciones no son malas, pero ni de lejos alcanzan la categoría de las anteriores.



Ha pasado un año, pero todavía el nombre de Left Banke tiene tirón entre la prensa musical especializada y muchos fans entristecidos por ese visto y no visto que fue su carrera; esa circunstancia hace que el sello presione a Brown y sus antiguos colegas para publicar un último disco, aprovechando algunas piezas que habían quedado archivadas, más otras que se habían publicado entre 1967 y 1968, cuando el grupo ya no existía oficialmente. La formación oficial es prácticamente la misma salvo por el puesto de guitarra, ahora a cargo de Tom Feher, que había participado brevemente en los primeros tiempos e incluso había compuesto canciones, algunas en colaboración con Brown. El disco llega a las tiendas en noviembre y, como ya habíamos comprobado por aquellos últimos singles, aquí solo hay una canción obra de Brown: “Desiree”, que había sido la cara A del último single del 67. Y se nota: esa es la única que mantiene claramente el estilo barroco que había distinguido la obra anterior. El resto, en su mayoría obra de Feher con ayuda ocasional de Finn o Martin, son una mezcla de pop más o menos “britanizado” (“Goodbye Holly”, “In the morning light”) con baladas y detallitos psicodélicos a medio camino entre pop -orquestal a veces- y rock (el rango que va de “There’s gonna be a storm” a “In the mornig light”, por ejemplo). El conjunto es agradable, aunque comparado con lo anterior sale perdiendo, y ni siquiera alcanzó el top 100. Ahí termina la época tradicional de los Banke, que años más tarde se reagruparán para algunas giras e incluso llegan a grabar un breve repertorio sin mucho interés.


La carrera posterior de Brown y los demás, en solitario o en otras compañías, fue discreta. Tal vez solo en aquel momento y con aquella formación podía haberse producido el milagro, esa fantasmagórica pero gloriosa exhibición de sutileza y emoción que llevó a Left Banke a los libros de Historia, aunque su reseña no sea muy amplia. Pero ya saben: lo bueno, si breve, dos veces bueno.


lunes, 29 de junio de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (VI)

"Los Beatles comenzaron con el skiffle, nosotros como jug band: son estilos similares. Luego se diversificaron, como nosotros. Y por supuesto, es un gran honor que nos comparen con ellos". 
Steve Boone

El barrio de Greenwich Village, que a principios de la década era ya un punto de referencia principal en la escena neoyorkina, pasó a convertirse en el eje del mundo folkie gracias a Dylan. Y hoy nos visita otro grupo surgido al calor de ese ambiente: The Lovin’ Spoonful, que también parten del folk pero cuyas influencias son mucho más amplias, porque desde las viejas jug bands pasando por el country, el blues sureño y hasta el rock and roll, todo les sirve. Si a eso añadimos su querencia por las melodías de corte pop (influidos por las bandas británicas al estilo Hollies), tenemos como resultado un grupo de fuertes raíces americanas pero tremendamente versátil que, en efecto, llegó a ser comparado con los Beatles y que de algún modo podrían sugerir el reverso de unos Canned Heat: ambos son devotos del blues tradicional, y mientras los Heat se inclinan con preferencia hacia el boogie denso y con largos desarrollos, propio del formato de disco grande, el espíritu jovial de los Spoonful cuadra más con el single. Lo cual a la larga les perjudicó, en una época en la que el Lp se estaba consolidando como el vehículo ideal para los grupos “serios”; de hecho, al igual que muchos otros grupos que escogieron esa táctica, su época dorada no fue mucho más allá del bienio mágico 1965/66. 

La base pensante de esta banda se halla en dos personajes complementarios: el canadiense "Zal" Yanovsky, un excelente y versátil guitarrista que además cantaba, y el neoyorkino (aunque no lo pareciese) John Sebastian, guitarrista, voz y muchas otras cosas. Sebastian es además el compositor principal, y se había pateado medio Sur del país coleccionando todo tipo de canciones tradicionales; esas canciones les vinieron luego muy bien para, por medio de una brillante transformación, crear un ramillete de piezas donde el buen gusto y la extremada variedad es su constante. Ambos se conocieron en el Village a mediados de 1964, y antes de que terminase ese año ya tenían dos fichajes estables para crear un cuarteto: el bajista Steve Boone y el batería Joe Butler. En poco tiempo se convirtieron en asiduos del cada vez más potente circuito folk rock neoyorkino hasta llegar a oídos de Jac Holzman, jefazo de la divina Elektra, que se fija en ellos y les ofrece un precontrato. Por desgracia, la cosa no salió bien: su manager exige una cantidad bastante alta como adelanto, y de entrada Holzman no la acepta. Poco después, pensándolo mejor, accede; pero para entonces el grupo ya ha firmado con Kama Sutra, un sello conocido de sobra por su especialización en singles de éxito. Porque ese fue el otro problema: los Spoonful temían que la querencia folkie de Elektra los encasillara. Se consideraban un grupo más abierto, más… poppie. 

Pronto comprendieron que, por las prisas y la mala evaluación, habían cometido un grave error, y que tanto sus agentes como su nuevo sello pensaban únicamente en el rendimiento a corto plazo. A modo de desagravio hacia Holzman, que había confiado en ellos, le entregan las cuatro piezas (dos originales y dos versiones) que tenían prácticamente rematadas tras una pregrabación en Elektra y que aparecerán el año siguiente en un sampler titulado “What’s shakin’”; un disco en el que, irónicamente, se percibe la nueva orientación que está buscando Holzman: aparte de los Spoonful, ahí está parte del primer repertorio de la Paul Butterfield Blues Band y unas grabaciones de Eric Clapton junto a Jack Bruce, Stevie Winwood. Paul Jones, Steve York y probablemente algunos más, reunidos bajo el nombre de The Powerhouse. Con ese sampler queda claro que Elektra está dejando atrás esa catalogación restrictiva de “sello folkie”, pero los Spoonful no tuvieron paciencia. En fin, el daño ya estaba hecho: aquí tenemos las dos canciones originales, ambas de Sebastian. Es un crimen que la primera, la gozosa “Good time music”, no hubiese sido mucho más conocida en su momento, ya que su única publicación en single corrió a cargo de los Beau Brummels y no llegó ni al top 50.



El grupo debuta en Kama Sutra bajo la producción de Erik Jacobsen, que pronto se convertirá en uno de los productores de moda en la escena de San Francisco. El primer single ya es un éxito incontestable, a mediados de 1965: se trata de "Do you believe in magic", una preciosidad a medio camino entre los grupos poperos británicos y los coros irresistibles en plan Beach Boys. Los Spoonful se convierten en la nueva maravilla nacional y las giras comienzan a hacerse continuas; pero el sello tiene prisa en rentabilizar cuanto antes ese éxito, y en octubre presentan su primer disco grande, con el mismo título y por supuesto incluyendo el single. Esas prisas resultan muy evidentes, porque además de una grabación pobre, entre dos y tres pistas, más de la mitad del disco son versiones; bien hechas, pero versiones. De todos modos queda clara la amplia visión que tienen, ya que aparte de las encantadoras tonadas con juegos de voces poppies hay varias incursiones en el folk blues, producto de esa búsqueda intensiva que había hecho Sebastian y que recrean con un gusto exquisito: la tradicional “Blues in the bottle” es un buen ejemplo. Pero también hay aproximaciones al blues rock de Chicago, y además de fabricación propia, como la instrumental “Night owl blues”. Por medio hay cruces con el folk-country o el bluegrass (las tradicionales “Fishing blues” o “Wild about my loving”), y la impresión final es la de estar ante una magnífica perspectiva de estilos que además se tratan con calidez, con familiaridad. Porque una de las sensaciones que me han dado siempre los Spoonful es la de cercanía, como si todo fluyese muy fácilmente, como si estuvieses escuchando al grupo que toca en el pub de tu barrio. Eso, en unos músicos con tal variedad de recursos, es admirable.



1966 es su año estelar. De nuevo con Jacobsen como productor, en primavera se lanza su segundo Lp, que como siempre ya venía precedido de algunos singles; siguiendo también la costumbre, una vez más el sello decide titular el disco grande aprovechando el impacto del single inmediatamente anterior, “Daydream”, que había estado muy cerca del número uno. El sonido sigue siendo bastante simple, e incluso algunas canciones suenan como en mono, pero esta vez todas son propias (en su mayoría de Sebastian, con algunas ayudas de Yanovsky). Para entonces su influjo ha llegado a la costa Oeste, donde se valora por igual su imagen desenfadada como el concepto de “good time music” que tan bien los resume: entre unas cosas y otras llegan al top 10, hecho que sorprende tanto al sello como a ellos mismos. Y sin embargo sigue siendo un grupo de singles, de canciones sueltas, sin necesidad de convertirse en “conceptuales” o cosa parecida; incluso en la Isla, donde esos singles no destacaban, alcanzaron con este disco un éxito similar y grupos como Beatles o Kinks reconocen la influencia, al menos, de la pieza que le da título (recuerden, ese estilo tan entrañable de “Good day sunshine” o “Waterloo sunset”). Por otra parte su ritmo de trabajo es asombroso, porque casi al mismo tiempo, entre gira y gira, consiguen elaborar la banda sonora de “What’s up, Tiger Lily?”, el debut de Woody Allen como director, donde el grupo aparece además en un pequeño papel. Ni la película ni esa banda sonora son nada del otro mundo: las canciones semejan recortes de su obra principal, y los propios músicos lamentaron luego “haberse distraído en un encargo que no tenía sentido”.



En noviembre llega “Hums of the Lovin’ Spoonful”, el tercer disco, que será su última gran obra y que de nuevo viene precedida por algunas de sus mejores canciones en singles. Lo cual no impide que alcance el top 15, aunque las sensaciones no son buenas dentro del grupo: más o menos por esa ápoca comienzan a preparar una nueva banda sonora, en la que Jacobsen elimina la voz de Sebastian en alguna canción, por considerar que su tono "no da la calidad suficiente". Y a los demás, especialmente a Yanovsky, no les gusta que ese material haya sido compuesto casi exclusivamente por el propio Sebastian, sobre todo en un momento en el que el tanto él como Butler estaban comenzando a incrementar su trabajo creativo en el grupo. En cualquier caso, la trayectoria de ese tercer Lp no se ve salpicada por los líos internos; es más, curiosamente resulta que casi todos los aficionados lo consideramos como su mejor obra. De nuevo se trata de una colección de canciones de tonos diversos pero siempre con un gusto exquisito, con ese dominio de la melodía que muestra sus orígenes folk y a las que el tratamiento pop eleva. Para la época resultó un tanto extraño que entre este disco y el siguiente todo comenzase a ir de mal en peor, pero con la perspectiva que da el tiempo parece evidente que a la situación personal se sumó un velocísimo cambio de gustos causado sobre todo por la psicodelia, un estilo para el que no estaban preparados. Ni deseaban estarlo, si nos fijamos en las carreras posteriores de cada uno de ellos, no muy brillantes pero bastante coherentes con lo que habían hecho en esta época.   


Tras la publicación del disco, la desbandada comienza. El primero en abandonar es Jacobsen, que tras la bronca con Sebastian no se considera indicado para seguir trabajando con ellos. A mediados de 1967 se marcha Yanovsky; Sebastian lo hará a principios del año siguiente, tras un último Lp mediocre. Aún se publicará otro más, con una formación de circunstancias, y el grupo desaparece oficialmente poco después, cuando ya su presencia en el negocio resultaba andecdótica. Los Spoonful son la perfecta imagen de banda que cubrió la transición entre la delicadeza pop y la psicodelia, entre el pop preciosista y el folk hippie, pero aún hoy la mayoría de sus canciones se sostiene perfectamente.