jueves, 29 de octubre de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (XIV)

"El nombre se les ocurrió a Jim Murray y David Freiberg. David y yo nacimos el mismo día, y Gary y Greg también; todos éramos Virgo, mientras que Murray era Géminis. Y tanto los Virgo como los Géminis están regidos por el planeta Mercurio. Ah, y otro nombre de Mercurio es Quicksilver. Resulta que Quicksilver es el mensajero de los dioses y Virgo es el sirviente, así que Freiberg dijo: “¡Ya está: Quicksilver Messenger Service!”. 
John Cipollina 

El trío fantástico que configura el sonido de San Francisco se completa con la presencia de Quicksilver Messenger Service, que por otra parte son considerados también como la quintaesencia del acid rock. Hay más grupos de categoría en esta ciudad y alguno pasará pronto por aquí, pero son QMS junto a Jefferson Airplane y Grateful Dead quienes constituyen el cuerpo central de un tipo muy concreto de música y de forma de vida. De hecho esta banda podría considerarse como una mixtura razonable entre las otras dos: al igual que los Jefferson, tienen una visión tan rockera como melódica en sus composiciones, cuyo rango va desde el folk hasta el blues pasando por momentos swing con estructuras casi jazzísticas; al mismo tiempo muestran una clara inclinación hacia los largos desarrollos en directo, muy al estilo de improvisación libre de los Dead. Por cierto, que el sonido de guitarra que consigue Jerry García recuerda al de QMS, aunque en este caso es notoria la interacción entre John Cipollina y Gary Duncan (el doble punteo es una de las características por las que serán recordados): ese tipo de sonido cálido y cantarín al mismo tiempo es otra de las “patentes” que caracterizan a esta zona, y tiene evidentes conexiones con la música surf. Resulta llamativo que tanto García como Cipollina suelen usar la Gibson SG, que acaba siendo un instrumento recurrente en el rock californiano. 

La construcción del grupo gira alrededor de Chester Powers, que con frecuencia utilizaba el alias de “Dino Valenti”. Es un compositor, cantante y guitarrista que había comenzado su carrera a principios de la década en el circuito folkie de la costa este; a mediados de 1963 llega a California, donde se hace popular gracias sobre todo a una canción de su autoría que alcanza categoría de himno: “Get together”, interpretada por docenas de músicos tanto estadounidenses como europeos. Powers se va haciendo amigo de varios personajes influyentes, entre ellos David Crosby, que junto con el resto de los Byrds se erige en uno de sus principales valedores gracias a “Hey Joe”, una canción que Powers literalmente trata de robar a Billy Roberts haciendo creer que es suya, y que esa banda comienza a interpretar en directo. Llega un momento en el que considera la posibilidad de potenciar su sonido, al estilo Dylan, y rodearse de un grupo; pero ya ha tenido pequeños rifirrafes con la policía a causa de su excesivo gusto por las substancias ilegales, y justo entonces la Ley vuelve a cazarlo. Esta vez su residencia carcelaria va a durar un buen rato, así que de momento sus planes quedan paralizados.

Cuando eso ocurre, a mediados de 1965, ya tenía al menos a dos músicos dispuestos a trabajar con él. Uno es John Cipollina, nacido en una familia muy musical (uno de sus abuelos es José Iturbi). Su primera vocación había sido el piano, pero en la adolescencia descubrió la guitarra y acabó siendo un virtuoso. Y no solo eso: se aficionó también a trastear con los pedales, amplificadores y demás artilugios del ramo hasta conseguir un tipo de sonido muy personal y al mismo tiempo definitorio de la guitarra solista en San Francisco junto con la de Jerry García (que en buena parte ha sido influido por él). El segundo elemento es David Freiberg, amigo de Powers, cantautor como él y además multinstrumentista, ya que domina todo tipo de cuerdas y teclados: él será el bajista titular. En la batería estuvo durante unos meses “Skip” Spence, antes de que Marty Balin se lo llevase a los Airplane; a cambio, el propio Balin recomienda a Greg Elmore para ese puesto y también a Gary Duncan como segundo guitarrista. Ambos proceden de los Brogues, uno de los grupillos de garaje más populares de la zona. Con el añadido de Jim Murray como voz principal y armónica, es evidente que no van a esperar a que Powers salga de la cárcel; lo cual tampoco tendría mucho sentido, ya que los planes del cantautor no eran los de crear un grupo igualitario. 

Antes de que termine 1966 los QMS ya son otra de las bandas señeras de la ciudad, a la misma altura que los Jefferson o los Dead. Sin embargo, y a pesar de sus legendarios conciertos en el mismo circuito que sus colegas, no se les ve muy interesados en fichar por un sello discográfico. Su primera entrada en un estudio tiene lugar a mediados de 1967, cuando United Artists produce la película “Revolution”, que en esencia es una especie de documental sobre el burbujeo juvenil que está teniendo lugar en Haigh-Ashbury. Para la banda de sonido el sello contrata a tres grupos que ya tienen un cierto prestigio en la ciudad: aparte de QMS están Mother Earth y la banda de Steve Miller; ambos está creciendo, aunque no hay grandes similitudes entre ellos. De Cipollina y sus colegas se graban dos versiones de piezas que son ya muy populares por entonces: “Codine” y “Babe, I’m gonna leave you” (y esta última no es “popular” en el sentido que le quisieron dar Jimmy Page y sus socios, a ver si colaba). La película, que tuvo bastante repercusión, se estrenará en junio del año siguiente, cuando ya esté circulando su primer Lp.


Por las mismas fechas de 1967, poco después de su actuación en el festival de Monterey, Capitol les ofrece un contrato bastante suculento. Son por lo tanto el último grupo estelar de la ciudad en grabar un disco grande, y para entonces Murray ya no está con ellos. El ahora cuarteto termina el trabajo a finales de diciembre y lo primero que llega a las tiendas, ya en mayo del 68, es un single: “Dino’s song / Pride of man”. La primera, que como su título indica está escrita por el preso ausente, deja bien a las claras su querencia por el folk rock; es una pieza muy alegre, en la que ya luce ese lujoso juego de guitarras que hará legendaria a esta banda. La cara B es obra de Hamilton Camp, un actor y cantautor británico que llegó a Estados Unidos a mediados de los años cuarenta y que escribió esta canción en 1964; esta es su canción más conocida, una clásica folky con varias versiones y cuya letra, de tono religioso, resulta casi apocalíptica. De nuevo los QMS demuestran que el folk es una materia muy maleable y la llevan a su estilo: parece suya.



El Lp llega pocos días después, con título homónimo, y confirma la gran fluidez que hay entre las dos guitarras, creando contrapuntos que diseñan el futuro estilo de doble punteo que luego desarrollarán bandas como la de los Allman Brothers o Wishbone Ash: Cipollina hace dibujos luminosos que al mismo tiempo suenan dulces, casi melancólicos, haciendo uso del wah wah y el trémolo (como Jerry García), mientras Duncan mantiene continuamente la tensión potenciando esos dibujos. No cabe duda de que ese estilo, junto con el de los Dead, constituye, como dice la Wikipedia, “un contraste claro y notable con el sonido fuertemente amplificado y saturado de contemporáneos como Cream y Jimi Hendrix”. De todos modos hay una diferencia de ejecución bastante clara entre las dos bandas, y se traslada del estudio al directo: mientras García y sus colegas se abandonan a las jams abiertas, sin una dirección preconcebida (“free form”, como se decía antes), los QMS planean sus actuaciones ajustándose más a los desarrollos que ejecutan en las piezas grabadas. Tanto los originales como las versiones están ya perfilados, aunque aunque luego pueden ampliarse y desarrollarse mucho en el directo; eso hace palpable la conexión entre uno y otro medio. Los discos reflejan con bastante fidelidad las características esenciales de la banda, y no hay esa sensación de estar “perdiéndose algo” que nos afecta en el caso de los Dead. En consecuencia, ya desde este debut las ventas funcionaron bastante bien. Dejando aparte las dos canciones del single, que se incluyen, casi todo el material es de primera calidad, y en su mayoría pertenece a Duncan y Freiberg; el rango va desde la extensa “The fool”, donde podría sugerirse un cierto hermanamiento con la banda de García por el tipo de desarrollo y el espíritu de pieza abierta (algo que también se percibe por momentos en “Gold and silver”), hasta dos pequeñas joyitas como “Light your windows” y “Too long”.


Quicksilver Messenger Service volverán al estudio a finales de 1968, para preparar lo que posiblemente sea su obra cumbre; pero eso ya lo veremos en nuestro próximo viaje. De momento, siguen pateándose la costa oeste y muy pronto el resto del país. Y tanto trabajo tienen que no les da tiempo para venir a Europa, ni ahora ni en los años 70. Así son ellos.

viernes, 16 de octubre de 2026

Estados Unidos a medio camino en los 60 (XIII)

"Para mí Grateful Dead son la banda más americana de todas, porque cada músico partía de una situación completamente diferente y lograron que funcionara. Uno viene del bluegrass, otro es un armonicista de blues, hay un guitarrista folkie, un batería de r&b, un compositor clásico de vanguardia que se pasa al bajo… Y entonces reúnes todo eso, disuelves los egos con ácido y revuelves vigorosamente: eso es la música de los Grateful Dead." 
Dennis McNally 

“Odio todos mis discos. Grateful Dead no hacían buenos discos.” 
Jerry García 

“Éramos, ante todo, una banda de baile. Estábamos ahí para dar caña. Y en el estudio, el ambiente nos resultaba demasiado estéril porque allí no había nadie a quien darle caña, solo un montón de micrófonos”. 
Bob Weir 

Los Grateful Dead, nuestros visitantes de hoy, son otra forma de entender el fenómeno juvenil que simboliza la ciudad de San Francisco. En lo musical no tienen nada que envidiar a unos Jefferson Airplane -de hecho su formación es bastante más amplia-, pero siguen unas pautas que básicamente son el reflejo de su criterio existencial, por decirlo en fino: ellos son el ejemplo más destacado de colectivismo hippie, un modo de vida en el que al menos en teoría no hay unos personajes más sobresalientes que otros sino que cada uno tiene su papel, su función y su relevancia como miembros de un proyecto común. Para Jerry García, su portavoz habitual, en esa agrupación el músico es un obrero más, cuya forma de servicio consiste en ejecutar una función ritual de entretenimiento que se convierte en profesión. Como consecuencia sus actuaciones a modo de happenings se hacen legendarias, hasta el punto de que un verdadero aficionado a los Dead no es un fan corriente: los “Deadheads” son una pequeña masa de seguidores que va creciendo con el tiempo y que sigue al grupo por medio país, viviendo cada actuación como si fuese una liturgia. Así, ese concepto de comuna se extiende a sus propios fans, con lo cual estamos ante una especie de familia numerosa que se arrulla entre vapores lisérgicos y largos desarrollos musicales, jams que en muchos casos no tienen un principio y un fin definidos, sino que van discurriendo según el día. Como consecuencia suele haber un desfase bastante evidente entre sus incontables directos y los discos en estudio, que no reflejan con propiedad su naturaleza. 

La historia comienza a principios de 1965, cuando se constituye un grupo de músicos de diferentes procedencias pero que se han ido curtiendo en bandas de bar. De hecho, en sus inicios se consideraban como una jug band; fue la influencia de los Beatles y luego Lovin’ Spoonful lo que los llevó a ser una banda eléctrica. Reunidos bajo el nombre de Warlocks, la formación queda así: Jerry “Capitán Trips” García es el guitarra solista; Bob Weir el rítmica; al bajo está Phil Lesh; el teclista es Ron “Pigpen” McKernan, que también toca la armónica, y a la batería tenemos a Bill Kreutzmann. Las voces principales son las de García y Weir, pero todos pueden intervenir; a mayores es muy frecuente que les acompañen otros músicos, sobre todo en directo. Cuando ya habían alcanzado un pequeño prestigio en la ciudad, se enteran -como Velvet Underground en Nueva York- de que ya hay unos Warlocks circulando (de ahí saldrán ZZ Top, por cierto) y en diciembre cambian a The Grateful Dead: Garcia encuentra esa denominación en un diccionario, referida a un cuento en el que un espíritu muestra agradecimiento porque un donante desconocido le ha otorgado un entierro digno. Su primera actuación bajo ese nombre fue en una de las fiestas contraculturales que bajo el nombre de “Acid Test” organizaba el escritor Ken Kesey, una de las figuras más destacadas de la Beat Generation. Y en un nuevo juego de influencias, fue básicamente el espíritu de ese mundillo el que los llevó a la psicodelia no solo como una alternativa musical, sino como un modo de vida. 

Desde ese momento, constituidos ya al estilo de las comunas, sus actuaciones van ganándose un lugar en la leyenda, primero californiana y luego a escala nacional. Pero también desde entonces queda claro que las grabaciones en estudio no les harán justicia nunca: “No preparamos el repertorio de antemano; preferimos improvisar sobre la marcha antes que seguir un guion escrito”. Esa es la idea central que los mueve, y también la razón por la que a día de hoy se conservan más de dos mil actuaciones en unos u otros formatos, legales o no. En cualquier caso los sellos de la zona andan al acecho de todo lo que pueda sonar a “psicodélico”, y finalmente Joe Smith, uno de los grandes jefazos de la Warner, les ofrece un contrato a finales del 66 (“Era una relación curiosa. Siempre me decían que nunca entendería su música hasta que me tomara un ácido. Y yo les respondía: “¡No! ¡No voy a comer ni a respirar cerca de vosotros!”). Meses antes habían grabado un single en un diminuto sello de la zona (Scorpio), pero de una tirada inicial de 500 copias se destruyó al menos la mitad porque el grupo se querelló contra Scorpio, que lo había publicado sin su consentimiento, para sacarlo de la circulación. Según García, “Nunca participamos en la mezclas, y no nos gustaron nada los cortes; las interpretaciones eran malas, las grabaciones eran malas y todo lo demás era malo, así que no queríamos que saliera. No suena a lo nuestro”. Bueno, pues a ver qué opinan ustedes: se trata de dos clásicas que reescribe el propio Garcia y quedan así:


Smith les garantiza libertad para elegir el repertorio pero les concede poco tiempo para grabarlo, y en menos de una semana tienen preparado material suficiente para un disco grande. Al frente de la producción está David Hassinger, cuyo ascenso a esa categoría es muy curioso: Jefferson Airplane lo habían elegido como ingeniero de sonido en “Surrealistic pillow”, tras admirar su trabajo en la mayoría de las grabaciones que estaban haciendo los Stones en Estados Unidos; siguiendo ese rebufo, García y sus colegas le dan plenos poderes para dirigir la obra al completo. A mediados de marzo se lanza un primer single con dos de las canciones que van a incluirse en él: “The golden road (to unlimited devotion” y “Cream puff war”, que curiosamente son las dos únicas compuestas por la banda; la primera figura a nombre de “McGannahan Skjellyfetti”, un juego de palabras que indica la autoría de todos ellos (aunque no volverán a usarlo), mientras que la segunda es obra de Garcia. Ambas, especialmente la cara A, parecen pensadas para la radio, para esa FM que comienza a escucharse masivamente por toda la costa oeste: es alegre, muy rítmica, con un magnífico gancho pop/rock; la otra es un puro y magnífico rock de garaje, muy potente. En conjunto, este es uno de los artefactos más comerciales (en el buen sentido de la palabra) que publicaron los Dead en toda su historia.



Casi al mismo tiempo llega el Lp, cuyo título es homónimo. Como dije antes, salvo las dos piezas del single, las demás son versiones; lo cual en teoría no tiene mucha importancia, debido a su naturaleza de grupo basado en el directo y la improvisación. Es decir, que esas canciones u otras cualquiera son únicamente “guiones”, sobre los que luego los Dead desarrollan su trabajo. Sin embargo hay una diferencia de raíz entre ese trabajo al aire libre, donde van convenientemente “animados” por las substancias psicotrópicas, y la actitud que muestran en estudio, donde según Weir “nunca tomamos ácido, al menos en los primeros tiempos. Y no estoy del todo seguro de por qué no; supongo que hubiera sido contraproducente, no parecía propio de un entorno profesional. Echarse el día tomando LSD para luego estar prácticamente fuera de combate al día siguiente, que es más o menos lo que pasaba… No sé, no creíamos que pudiéramos permitirnos eso”. Y en consecuencia, esas versiones suenan con toda la calidad técnica que se les presupone; pero es evidente para los fans más acérrimos que ahí falta algo. Según quienes los vieron por entonces, esas piezas tradicionales como “Good morning, little school girl” o “Sitting on top of the world”, con ser exquisitas -y muy personales- en su ejecución, suenan casi “antinaturales” en el formato de disco. Y aunque de todos modos muchos de esos fans lo comprarán, ya por entonces comienzan a buscar cualquier grabación suya en directo, sea pirata o no, suene bien o no. Solo hay una excepción, a medias, en este primer disco: “Viola Lee blues” la canción que lo cierra, es la única que, según Phil Lesh, se parece un poco en estilo y ejecución a lo que hacían en directo. Dura diez minutos y pico; al parecer la fueron desarrollando en cada una de las noches que duró la grabación del disco, tras terminar con el resto del repertorio, y es verdad que ahí encontramos a la banda mucho más suelta, más real, variando ritmos y tiempos, con ese brillante protagonismo que alcanza la guitarra: ahí podemos hacernos una idea relativamente aproximada a lo que eran Grateful Dead. En cuanto a las ventas, anduvieron rozando el top 70; lo cual tiene su mérito, ya que al igual que los Airplane poca gente los conocía fuera de California. De todos modos, por la naturaleza de su música y aquel desfase entre directo y estudio, nunca alcanzarán la popularidad mediática de sus colegas.


… Pero el concepto de “popularidad” puede ser muy subjetivo, y si no que se lo digan a los Deadheads; así que a disfrutar, muchachos. Por nuestra parte, les dedicamos una muy sentida reverencia y los emplazamos para nuestra próxima visita californiana.