lunes, 20 de septiembre de 2021

España en los años 80 (IV)

La onda siniestra española alcanza su mayoría de edad en los comienzos de 1982, gracias a aquel Ep compartido entre Parálisis Permanente y Gabinete Caligari; en ese momento ambos grupos muestran una gran identificación con el afterpunk oscuro, y por lo tanto son los dos grandes introductores de ese estilo aquí. Sin embargo ya desde el principio se nota una querencia distinta en unos y otros: por resumir, podríamos imaginarnos a Parálisis como herederos del cruce entre Siouxsie y los Cure mientras que Gabinete, con un criterio más amplio y partiendo de los mismos Cure, llegaban por momentos hasta el tono de unos Joy Division... y ya por entonces se percibía a ratos esa tendencia a lucir el espíritu castizo que será luego uno de sus signos distintivos. En muy poco tiempo Gabinete se convertirá en un grupo irreconocible para sus primeros fans, totalmente "reinventado", por decirlo así. Si algo dejaron claro estos muchachos es que su capacidad de metamorfosis era asombrosa. 

Jaime Urrutia (guitarra y voz), Fernando Presas (bajista) y Eduardo Clavo (batería) son tres universitarios que se conocen desde mediados de la década anterior. Juntos o por separado llevan ya encima una buen colección de pequeños grupos hasta que en 1981 Jaime abandona Ejecutivos Agresivos (otro grupo "seminal", como Kaka de Luxe) y vuelve a reunirse con sus colegas tras la liquidación de Ella y los Neumáticos, donde acompañaban a una jovencísima Christina Rosenvinge. Así que, con unos antecedentes tan poppies, resulta chocante que de pronto, en su "puesta de largo" en el Rock Ola, Urrutia suelte aquello de "Buenas noches. Somos Gabinete Caligari, y somos fascistas". Como era de esperar, ha tenido que explicarlo mil veces: "Fue una pura provocación, claro. Entre el personal que había en la sala, una tropa de medio jipis, y la época (verano del 81, poco después de la intentona de Tejero), se me ocurrió que venía bien calentar un poco el ambiente. El rock es provocación, ¿no?". Aunque, también como era de esperar, muchos progres ya se la juraron ese mismo día; como al Aviador Dro cuando presentaron "Nuclear sí", por ejemplo. Parece que ser progre elimina automáticamente la ironía y el sentido del humor... La cosa da que pensar.

Pero a lo que íbamos: en Enero del 82 llega aquel Ep compartido con Parálisis. Había amistad entre ellos, e incluso Urrutia colaboró en varias ocasiones con Benavente y sus secuaces, así que la creación del sello Tres Cipreses es casi una consecuencia lógica teniendo en cuenta su identificación con el ideario isleño. Y las dos canciones de Gabinete son ya un buen indicativo de que posiblemente su espíritu sea el de un grupo "crossover" más que otra cosa: la composición corre a cargo de los tres y, aunque las letras a veces pueden guardar una cierta similitud con las de Parálisis, tanto el estilo melódico -más cercano al pop- como el modo de cantar de Jaime resultan un tanto indefinibles. Aunque Jaime deberá aprender a cantar, eso también: entre que modula malamente y a veces su ansia por elevar el tono lo lleva al desgañite, el aspecto vocal es manifiestamente mejorable. Ya con la primera, "Golpes", demuestran tener un carácter propio, porque la canción tiene un aire vagamente "latino", con una letra entre amorosa y sadomasoquista que le queda muy apropiada. Y "Sombras negras" sí que recuerda a un cruce entre Joy Division y Cure, aunque de nuevo la personalidad de Urrutia le da un aire distintivo. Por no repetir la portada que acompañaba la entrada de los Parálisis, aquí tienen ustedes la que se publicó en las reediciones.



Poco después llega el segundo single, en el que de nuevo demuestran su personalidad "bifronte", por decirlo en fino. Porque en "Olor a carne quemada", la cara A, vemos una exhibición de sadismo casi de tebeo en el que al protagonista se le va la mano y achicharra a su pareja -con un ritmo del estilo Cure cuando no se ponían muy pesados- mientras que en la B, titulada "Cómo perdimos Berlín", Urrutia nos canta una especie de lamento nazi por eso mismo, por perder Berlín; aunque con el tono casi de coña que emplea, nos quedamos con la duda de si no se estará riendo de todo lo que dice. También es cierto que por lo general los comentaristas musicales se toman muy en serio este tipo de letras, y quizá por eso Urrutia emplea ese tonillo. La letra es una colaboración entre el trío y Lars Mertanen, antiguo guitarrista en la banda de la señorita Rosenvinge y ahora en Décima Víctima. Y ya digo, la canción en sí es uno de los momentos en los que mayor similitud veo entre Gabinete y Parálisis, tanto por las cuerdas como por la base rítmica. En conjunto es un single muy destacable, de los mejores de su carrera, y la confirmación de que siniestros sí que son, pero a su aire. Y se agradece ese tono tan parecido a la despreocupación que acaba convirtiendo el tenebrismo en sarcasmo.  



El año 82 se redondea con un single de tres canciones, de las cuales "Gólgota" es una especie de ejercicio de estilo, instrumental, en el que de nuevo hay un acercamiento al estilo Parálisis. Las otras dos en cambio recuerdan el planteamiento de unos Joy Division en sus primeros tiempos, de onda fría pero con un ritmo muy vivo en "La vida es cruel", que comparte la cara B con la pieza instrumental. En la cara A está "Obediencia y nada más", que a mí me produce sensaciones encontradas: la canción en sí es buena, con un ambiente de tipo atmosférico (otro de los atributos de los Division) que le da mucho cuerpo, pero el ansia de Urrutia por llegar a tonos altos nos deja unos cuantos gallos por el camino. Tal vez hubiese quedado mejor en la cara B y "La vida..." en la A, pero tampoco importa mucho. Ah, y la portada redondea la faena, con ese Brian Jones con uniforme nazi: la provocación es clara y afortunadamente una constante en la carrera de este trío. Hacen su entrada en 1983 como uno de los más valorados entre las huestes alternativas madrileñas, así que el salto al disco grande ya comienza a hacerse de rogar. Sin embargo llevan un ritmo de actuaciones bastante nutrido, y su entrada en el estudio no será hasta el otoño.



"Que Dios reparta suerte" es el título de ese esperado primer Lp, que refleja muy bien la transición en la que andan. Y la mejor prueba es ya el arranque con "Tierra de nadie", cuya letra a mí me parece una buena alegoría de su situación en ese momento y cuyo ritmo, muy vivo, despierto, fresco, no se parece ni a lo que han hecho antes ni a lo que harán después. Tal vez por eso es una de mis preferidas de este disco, y yo diría que de este grupo. Sin embargo el personal quería ver otra cosa: según las tendencias de cada uno, aquí de lo que se trataba era de ver cuánto de siniestro y cuánto de racial había en la composición química del disco. Y aunque es verdad que algunas canciones todavía pueden encuadrarse en el estilo anterior del trío, como "Grado 33" (sobre todo esta), "Maquis" o "Héroes de la URSS", el caso es que, casi diluidas en el tono general con que nos obsequian ahora, suenan un tanto ajenas al conjunto... o contaminadas por él, que también puede ser. No sé cómo decirlo; la idea adquiere más peso si recurrimos a la versión que hacen de "Un día en Texas", de sus amigos los Parálisis. Ahí vemos una pieza que en origen es puro afterpunk convertida en una especie de rockabilly vitaminado, más acorde con los estilos tradicionales pero igual de potente. Y luego, ya saben, esas exhibiciones de "rock torero" según bautismo de Patricia Godes o Francisco Umbral, que no está claro, en la canción que da título al disco, "Sangre española" y algunas más; especialmente la primera, con su despliegue de castañuelas y saxo, es la que ha quedado como distintiva, no sé si para bien o para mal. No hay duda de que Gabinete Caligari está entrando en un terreno difuso entre swing, tango y pasodoble en el que ningún grupo español de los últimos veinte años se había atrevido a entrar, y eso demuestra valor. Como consecuencia inmediata la tribu siniestra se va alejando de ellos, pero esa nueva actitud parece causar buena impresión en otros tipos de aficionados.



No queda más remedio que esperar al disco siguiente para ver por dónde piensan seguir su camino, así que la próxima semana volverán por aquí. Sin ser de mis grupos preferidos pienso que los Gabinete, gusten más o menos, desarrollaron su carrera buscando una continua evolución, lo cual les hace más interesantes que la media; tal vez por eso duraron más que la mayoría de sus coetáneos.



lunes, 13 de septiembre de 2021

España en los años 80 (III)

Parálisis Permanente es uno de esos nombres que pronto se convirtió en mito a pesar de que su carrera fue muy corta, y tal categoría se debe a que son los primeros y probablemente más auténticos representantes en España del post punk siniestro/gótico. La influencia en ellos de Siouxsie y sus Banshees (u otros como los Cure en menor medida) resulta evidente, pero tampoco se puede negar que supieron darle un carácter propio a ese estilo. Por desgracia la temprana muerte de Eduardo Benavente nos deja con la duda de hasta dónde habrían podido llegar, pero el hecho de que con una producción tan escasa sigan siendo recordados a día de hoy es la mejor prueba de su categoría. Por otra parte son también uno de los primeros grupos que se alejan de las disqueras tradicionales intentando primero el "háztelo tú mismo" británico y participando luego en Tres Cipreses, que es algo así como el bautizo indie del mercado discográfico español. 

Los principios del grupo, creado ya en 1980 por Benavente y Nacho Canut mientras ambos militaban en la "casa matriz" Pegamoides, son bastante trabajosos: pronto tienen material propio, pero no hay una plantilla consolidada y el dúo ha de atender a dos frentes. Así que cuando presentan las primeras maquetas, junto a ellos está Javier (hermano de Eduardo) como cantante y Johnny (hermano de Nacho) a la batería. En ese momento, Enrique ejerce como guitarrista y Nacho es el bajo; pero poco después se marcha Javier, lo que convierte a Parálisis en un trío en el que Eduardo es ahora también cantante. Con esa formación se financian un Ep compartido con los también primerizos Gabinete Caligari; se publica en Enero del 82 y para su propia sorpresa la tirada inicial de casi mil copias se agota enseguida. Pero ya por entonces Benavente y Jaime Urrutia -líder de los Caligari- entre otros han creado Tres Cipreses, el primer sello independiente de la nueva ola, y lo reeditan con nueva portada y todo. Y vuelve a agotarse, y esta vez lo relanza DRO, el segundo sello independiente, creado por Servando Carballar, teclista y productor, que nos visitará pronto (DRO será con el tiempo uno de los sellos más fuertes del país, y ya en 1983 absorberá a Tres Cipreses).

Si, aquello fue una sorpresa, pero no tan grande: aunque dejemos aparte a los Caligari, que nos visitarán luego, lo que resulta evidente es que la onda oscura había llegado con fuerza a España (ya que también los Caligari eran de ese palo en sus primeros tiempos, este split es el mejor ejemplo). Y además ya están aquí dos grandes clásicas de Parálisis: "Autosuficiencia", de Canut y Benavente, será una de sus canciones más distintivas, y "Tengo un pasajero" -a nombre de Benavente- tanto en esta versión como en la de su disco grande se mantiene a la misma altura. Son dos magníficas demostraciones del poderío de un grupo que ha sabido entender esa evolución que está viviendo en la Isla el sonido postpunk para llegar al tono siniestro que tiene ahora, y que ya se adorna con aromas góticos; por otra parte resulta evidente que, solo con las maquetas previas y algunas actuaciones, el boca a boca los había encumbrado. Como curiosidad, tal vez alguno de ustedes recuerde aquel clip -por llamarle algo- que grabaron en casa de Diego A. Manrique para promocionar "Autosuficiencia" en un programa de televisión. No era más que un conjunto de poses del trío en pasillo y habitaciones, pero tenía su gracia... y además daba envidia ver esa tremenda colección de discos y cintas (que solo era una pequeña parte del arsenal de ese señor).



La confirmación de Parálisis Permanente como uno de los grupos alternativos más brillantes de España llega a mediados del 82 con un ep de cuatro canciones entre las que se incluye "Quiero ser santa", que junto con la anterior "Autosuficiencia" forma la pareja de piezas más populares de su repertorio. Y por supuesto la letra se convirtió en una especie de símbolo de lo mucho que había cambiado el país, con esa profanación irónica de lo sagrado, con esa exaltación masoquista y claramente sexualizada que indignó a los sectores más puritanos. Esa letra había sido escrita por Alaska y Ana, y con la estructura musical creada por Eduardo y Nacho ha quedado como una de las obras cumbres de ese estilo. Pero también se incluye otra clásica como "Unidos", esta de Nacho exclusivamente, y dos grandes muestras de post punk gótico como "Yo no" y "Un día en Texas". En resumen, se trata de una sobresaliente confirmación de la categoría del grupo. Pero no todo son buenas noticias: su publicación va seguida de la marcha de Nacho, que desea ampliar su perspectiva e ir girando hacia el funk discotequero; es decir, justo lo que le ofrece Carlos Berlanga con su nuevo proyecto llamado Dinarama. Así pues, con pocas semanas de diferencia abandona tanto Parálisis Permanente como los Pegamoides.



El nuevo bajista es Rafa Balmaseda, que había pasado brevemente por dos de los grupos que pronto serán nuevos clásicos de la modernura madrileña: Derribos Arias y Glutamato Ye-Ye. Y por fin, como era de esperar, tras la separación definitiva de los Pegamoides entra también Ana Curra, que con sus teclados reviste las canciones con un envoltorio sombrío pero señorial que engrandece el repertorio. Casi a continuación comienzan a grabar el Lp, que con el título de "El acto" se publica en otoño del 82 y pasa a ser de inmediato otro fetiche del género. Hay la consideración general de que a Parálisis le iba mejor el formato pequeño, y es verdad que la mayoría de sus mejores canciones no están en ese disco (el tandem Canut-Benavente se ha disuelto); pero de todos modos el nivel medio es sobresaliente, y la suma del contenido más el diseño gráfico nos da una joya que a estas alturas es ya intemporal. "El acto" nos sumerge en una atmósfera lasciva, lujuriosa y tétrica al mismo tiempo, que por otra parte tiene una gran densidad. Y aunque se echa de menos la maestría compositiva de Canut, que aquí ya solo participa a pequeña escala, las nuevas canciones de la pareja Benavente/Curra suplen esa carencia con bastante soltura; por no hablar de la versión sobresaliente, magistral, del "Heroes" de Bowie, para mí la mejor que se ha hecho de esa canción y que vampiriza su espíritu hasta hacerla parecer una clásica de Parálisis. Otra cosa es la de "I wanna be your dog", más convencional, pero es que tampoco los Stooges son Bowie. En resumen, este es uno de los discos -de los escasos discos- inevitables en una historia de la música española de los años 80 y más allá, puesto que su influjo sigue presente.


La suma de aquellos dos discos iniciales más este Lp hacen de Parálisis Permanente uno de los grupos señeros de la nueva ola. Aunque Johnny Canut se cansa de tanta oscuridad y se marcha a los Nikis, un grupo bastante más ligero pero entrañable (ya saben, los Ramones de Algete): el nuevo batería será Toti Árboles, que, entre otros, formó parte de los poco afortunados Flash Strato. En los primeros meses del 83 dejan preparadas dos nuevas canciones para un single y reciben la oferta de Paloma Chamorro para participar en "La edad de oro", el programa ultramoderno que comenzará a emitirse en Mayo. Graban una especie de programa-maqueta y siguen de una actuación a otra hasta que el 14 de ese mes Ana, Eduardo y Toti tienen un accidente de tráfico en el que muere Eduardo, con solo veinte años: ahí termina la historia del grupo. A partir de entonces Parálisis Permanente es ya un nombre mítico, y el broche de oro lo pone la publicación, pocas semanas después, de aquel single que faltaba: "Nacidos para dominar" y "Sangre", las dos últimas clásicas del grupo. Poco después Ana decidió que el mejor homenaje posible a Eduardo era seguir adelante, aunque por supuesto con otro nombre: Seres Vacíos, que ya había creado como proyecto alternativo en vida de su pareja, será ese homenaje aunque su carrera no durará mucho, De todos modos, con idas y vueltas, Ana siempre parece seguir adelante. Y esa conjunción entre memoria y presente que desarrolla en sus directos es aún hoy celebrada por un buen puñado de seguidores irredentos y por las publicaciones del ramo, que siguen mostrando su respeto por uno de los grupos más visionarios en la depauperada historia musical española.



martes, 7 de septiembre de 2021

España en los años 80 (II)

Doña Olvido Gara, más conocida como Alaska, es inevitablemente quien ha de abrir esta serie, ya que es ella junto al Zurdo y algunos más quien desde finales de la década anterior protagoniza esa revolución del pop español que comienza con los fugaces Kaka de Luxe y luego se convierte en símbolo de la Movida con los Pegamoides y más tarde Dinarama (un símbolo perfectamente arropado por Carlos Berlanga y Nacho Canut, compositores de la mayor parte de las canciones más recordadas y verdaderos artífices de esos grupos). Es inevitable también que por esa asociación con una etiqueta que ha inspirado amores y odios -y que ella misma rechaza- resulte difícil valorarla con imparcialidad, pero lo que no puede negarse es la impronta que ha dejado. Y eso significa que no solamente cuenta en ella su mayor o menor categoría musical, sino también su imagen, su actitud y su manera de ver el mundo: guste o no, Alaska tiene una vocación libertaria que ha ayudado en la lucha de algunos "colectivos" maltratados por la historia. Al margen de su gusto por el petardeo -esa debilidad por lo que muchos consideramos "horrores estéticos"-, sobre otros asuntos tiene bastante criterio. Y si su evolución musical no nos interesa, evitemos los comentarios engolados: mantengamos un respetuoso silencio como solemos hacer ante los artistas que no son de nuestra onda, digamos por ejemplo los cantantes de rancheras o Raphael, que de ambos es ella fiel devota. 

Ya vimos que la vida de Kaka de Luxe duró poco más de un año: a finales del 78 ya no existían. Ahí se bifurca el camino para Alaska y el Zurdo, los dos personajes más destacados de aquella agrupación primaria (en todos los sentidos), y sus nuevas aventuras reflejan con claridad la distinta perspectiva de cada uno. En el caso de Alaska, Berlanga y Canut, muy poco después de la ruptura comienzan a organizar un grupo al que bautizan como "Alaska y Los Pegamoides" pero que durante varios meses estará aquejado de un mal muy frecuente en los orígenes de la nueva ola madrileña: el continuo trasiego de músicos (incluso Berlanga tonteó un rato con los nuevos proyectos del Zurdo antes de volver al redil). Así que tras muchos cambios y recambios, el trío queda definitivamente acompañado por la teclista Ana Curra, que con veinte años tiene hecha gran parte de la carrera de Piano, y el cantante metido a batería por necesidad Eduardo Benavente, que ha estado ya en dos o tres grupillos madrileños. 


A mediados de 1980 esa formación ya está consolidada y es muy popular en el circuito madrileño; por otra parte hay algunos locutores de FM que están jaleando algunas maquetas suyas. Uno de sus primeros fans es el polifacético Miguel Ángel Arenas, que entre otras cosas trabaja como cazatalentos de Hispavox y que consigue que ese vetusto sello patrio los fiche. Su debut discográfico llega poco después con un single de tres canciones entre las que se incluye "Horror en el hipermercado", que para las magnitudes de la época resulta ser un verdadero bombazo. Y no solo por rozar el top 20 nacional, sino porque es una de las primeras canciones de la nueva ola con vídeo clip (bastante cutre, las cosas como son). Tanto la música como la letra son un perfecto resumen no solo de la mentalidad desenfadada, kitsch pero rompedora del grupo, sino también y por extensión de esa nueva ola que se ha ido gestando durante tres o cuatro años y que por fin alcanza la "visibilidad" a gran escala. No son menores "El hospital" u "Odio", las otras dos piezas -que junto a la primera demuestran una creciente habilidad de Berlanga y Canut como compositores-, pero es innegable que el tema estrella está en la cara A. Por otra parte Alaska participa, junto a otros miembros del naciente mundillo musical madrileño, en la primera película de Almodóvar (otro fetiche de los nuevos tiempos).



Como era de esperar, las fricciones con Hispavox comienzan muy pronto. En primer lugar el grupo no acepta la producción de Rafael Trabucchelli, emblema del sello, uno de los profesionales más brillantes del país... en otros tiempos (de momento, de las alternativas que se les ofrecen ellos eligen a Julián Ruiz, aunque acabarán lamentándolo), y exigen libertad sobre el diseño de las portadas. Por parte de la disquera hay un claro empeño por relegar a Alaska y hacer de Berlanga el cantante principal, mientras que ellos prefieren alternarse al micro según la canción que sea. Y por último Nacho Canut, que es probablemente el elemento más racional pero inconformista del grupo, no se recata en echar pestes tanto sobre la producción como sobre las tácticas de Hispavox en general, lo que acaba obligando al sello a vetarlo para entrevistas y demás accesos a la prensa. En ese ambiente ya enrarecido, a principios de 1981, se graba el nuevo single, también con tres canciones de Berlanga y Canut, producido por el grupo y que junto a una magnífica cara A con "Otra dimensión" la B contiene la legendaria "Quiero ser un bote de Colón", en la que de nuevo se percibe la herencia del espíritu Kaka de Luxe, y "Salir", con una clara influencia post punk siniestra isleña (Alaska y Ana Curra son en ese momento nuestras Siouxsies nacionales). Ese single roza el top 10, y fuerza a Hispavox a seguir manteniendo las formas. Lo cual tampoco es garantía de nada, ya que el propio grupo lleva dentro la semilla de la destrucción: también los Pegamoides serán un grupo de tránsito.



La tensión entre unas tendencias y otras va creciendo. Berlanga, que ya había amagado con marcharse tiempo antes, está enfrentado con Benavente, que se escora hacia el post punk y la temática siniestro/gótica. Canut de momento se siente atraído por los gustos de Eduardo y participa junto a él en la creación de Parálisis Permanente,  un proyecto alternativo -ya que siguen militando en la escudería Pegamoide- aunque con carrera y grabaciones propias. Y justo cuando la situación comienza a hacerse insostenible llega en 1982 el gran cañonazo mediático: "Bailando", compuesta por Berlanga. Es una pieza funky/disco, en la onda de los Gibson Brothers, que alcanza una tremenda popularidad a gran escala y es además la dosis de autoestima que necesitaba para convencerse de que le conviene seguir su propio criterio. Poco después llega "Grandes éxitos", único Lp del grupo, de título irónico pero solo a medias, ya que la mayoría del repertorio era bastante popular en sus directos. Y aunque en esencia es obra de Berlanga y Canut, se notan las tensiones que se vivían ahí dentro: más que el tradicional estilo pegamoide ya se distingue el sesgo discotequero que tomará la obra de esa pareja junto a momentos un tanto más oscuros y casi góticos del otro bando. En todo caso las ventas sorprenden de nuevo a su sello.


Tras otros dos singles bastante meritorios pero no tan brillantes, la liquidación llega antes de que termine el año. Berlanga ya se ha ido para no volver; poco después Canut abandonará las querencias siniestras y le acompañará en la defensa de los ritmos bailables. Eduardo Benavente, ante la marcha de Canut, ha de reorganizar la formación de sus Parálisis. Alaska, que ha compuesto algunas canciones de tono gótico junto con Ana, pasará por unos meses de indefinición hasta que por fin acepta la oferta irrechazable: será la nueva cantante de Dinarama, el grupo que han creado Berlanga y Canut. Bajo ese nombre comercial se harán definitivamente populares a gran escala, entrando en una órbita de famoseo que en todo caso solo Alaska parece asumir sin muchas molestias (a los otros dos no les iba tanto ese aspecto del negocio, y especialmente Canut dio más de una espantada). Y Ana, que ahora es pareja de Eduardo, siguió en los Pegamoides hasta el final por amistad hacia Alaska, aunque como era de suponer su futuro estaba claro. Poco después de la ruptura Hispavox publica un Lp imprescindible con todas las clásicas de sus primeros tiempos, logrando así otro éxito de ventas, y ahí termina todo.



Nosotros nos despedimos del trío deseándole mucha suerte en sus nuevas aventuras, aunque su estilo no nos emocione: preferimos seguir en primer lugar la trayectoria de Eduardo y Ana, y luego de algunos otros músicos que con sus carreras demostraron que la saga Kaka de Luxe/Pegamoides fue una de las más fructíferas de España. Aunque solo fuese por eso, se merecen un respeto.


miércoles, 1 de septiembre de 2021

España en los años 80 (I)


"... El rock español, el que ha trabajado por el cambio, ha sido abandonado por el gobierno socialista. Y cuando hablo de rock no hablo del pop, de la basura. Es terrible: el rock español vivía mejor con Franco y la UCD que con los socialistas...". 
Vicente "Mariscal" Romero 

"... Quieren explicar la Movida como una conspiración del PSOE contra el rock proletario; lo cual es bastante absurdo, puesto que los primeros concursos de grupos los montó la UCD. Allí salían las propuestas más frescas por el apoyo de unos pocos críticos y periodistas; los grupos duros ya tenían su discográfica, su circuito, sus locutores que intentaban llevarse una tajada. Luego, es cierto, quedaron eclipsados, pero ese es un fenómeno de renovación que, aunque resulte cruel, siempre pasa". 
Jesús Ordovás 

Ya antes de que termine la década de los 70 se nota que España ha cambiado mucho en poco tiempo: que Franco muera a finales del 75 y tan solo dos años después surja un grupo como Kaka De Luxe es muy revelador. Demuestra que hay una nueva generación ansiosa por echar abajo todo lo que aquel horror histórico había edificado, y esa urgencia bulle tanto en los barrios obreros como en los más distinguidos: primero se había consolidado el rock urbano, que consiguió un gran protagonismo con su fusión del hard y progresivo tradicionales, e inmediatamente después los niños bien del centro -más jóvenes, casi unos críos- descubren la new wave isleña y yanki, es decir, el renacimiento del pop. La sucesión de acontecimientos va a tal velocidad que antes del inicio de los 80 ya hemos visto surgir el conflicto entre esas dos opciones básicas: el rock urbano comienza a ser desplazado en las preferencias de la prensa y el público mayoritario por la nueva ola. Lo cual no significa en absoluto su desaparición, sino que -como sucede a escala mundial con el hard o el heavy- a partir de entonces será una corriente al margen, pero con un gran número de seguidores y ajena al paso del tiempo. 

Todo esto sucede en Madrid, una ciudad que durante la posguerra había perdido su carácter hasta convertirse en un lugar oscuro, sobrepasado ampliamente por la efervescencia cultural y artística de la por entonces cosmopolita Barcelona. Sin embargo y contra lo que podría esperarse, la desaparición de la dictadura había invertido esa polaridad: mientras la burguesía catalana, obsesionada con la identidad y el "hecho diferencial", trata de controlar todo tipo de expresiones artísticas mostrando un sorprendente sesgo discriminatorio, Madrid se libera de la caspa amontonada durante tanto tiempo y echa a volar. Llegados a esta nueva década se ha convertido en una especie de faro de la modernidad que asombra "a propios y extraños", como se decía antes, y en la que se consagran lugares de encuentro como el Rastro y su bar La Bobia, los paseos por la Gran Vía, varios locales míticos como el Pentagrama (desde 1976), La Vía Láctea (1979) o el Rock Ola (1981-85) y un verdadero enjambre de revistas, fanzines y demás familia que podríamos simbolizar en una sola: "La Luna de Madrid", fundada en 1982. 

Esa nueva realidad que surge en la capital se transmite al resto del país, lentamente pero con la efectividad de la lluvia fina, gracias a la radio y en menor medida la televisión. Primero, como siempre, fue la radio: en 1979 Radio Nacional de España inaugura Radio 3, que en su vertiente musical es la reunión de muchos de los grandes nombres que se habían consagrado en Onda 2, Popular FM y otras emisoras madrileñas que solo tenían alcance provincial (ya vimos que esa fue una de las circunstancias que había causado el despertar de la ciudad en contraste con el resto del país). En 1981, a través ya de su red nacional, tendrá veinte horas diarias de emisión, algo poco frecuente por entonces. En cuanto a la televisión, y entre otros programas más convencionales, en 1983 TVE estrena el vanguardista "La edad de oro", de contenido multicultural pero con énfasis en la actualidad musical tanto española como extranjera: allí actuaron, entre otros, los Dream Syndicate, Violent Femmes, Tom Verlaine o Johnnny Thunders junto a lo más granado del país como Radio Futura o Derribos Arias. Presentado por la inolvidable Paloma Chamorro, solo duró dos años pero dejó una huella imborrable. La nueva mentalidad de la época llegó incluso a los programas infantiles con "La bola de cristal", que probablemente tuvo más público juvenil que infantil. Comenzó en 1984 y duró tres años. La suma de esas influencias hace que pronto comiencen a surgir ambientes autóctonos como el que hubo en Valencia, en Vigo o en algunas ciudades andaluzas. 

Hay dos fechas casi "mitológicas" en la historia de la nueva ola: la primera es el 9 de Febrero de 1980, cuando tiene lugar el concierto homenaje a Canito, el batería de Tos (futuros Secretos), que como ya vimos había muerto a causa de un accidente de tráfico ocurrido en la Nochevieja del 79; la segunda es "El Concierto de Primavera", celebrado el 23 de Mayo de 1981 en la Escuela de Arquitectura ante unos quince mil espectadores y que confirmó definitivamente que la música española estaba viviendo una nueva era. Entre uno y otro se encuentra una buena parte de los nombres que protagonizan la actualidad y el futuro a medio plazo. Y en resumen se puede decir que el primer quinquenio de los 80 fue una larguísima fiesta. 

A partir de ahí -un poco antes, en realidad- comenzó la decadencia, que a otra escala comenzaba también en la Isla o los States porque el ardor inicial de las nuevas olas, como pasa siempre, se va apagando. Es entonces cuando se puede echar parte de culpa al PSOE (que llega al poder a finales del 82) por la creciente degradación: con fines claramente electoralistas y aprovechando el ya manoseado término de "La Movida", tanto el ministerio correspondiente como los ayuntamientos socialistas se dedican a gastar una considerable cantidad de dinero en todo tipo de expresiones culturales, unas con criterio y otras enloquecidas. En lo referente a la música, la mayor parte de los nombres con un mínimo de popularidad comenzaron a incrementar su caché: las fiestas patronales eran una mina. Pero lo eran para todos, al margen de la mayor o menor cantidad de discos que vendiesen. Y por mucho que los rockeros urbanos madrileños, o los progresivos catalanes o andaluces digan que la Movida los hundió, conviene recordar que sus discos ya estaban pasando de moda antes de la nueva década, y que fue por entonces cuando se consagraron la mayoría de los que en los primeros 80 ganarán más dinero: la Orquesta Mondragón o Tequila, por no hablar de clásicos como Miguel Ríos, son los reyes del escenario. De los recién llegados, solamente Alaska estará a esa altura. Y por supuesto algunos "rockeros auténticos" como Rosendo seguirán gozando del favor de un amplio sector del público. 

Por último, una pequeña acotación sobre el término "La Movida", que espero usar lo menos posible y que en realidad es solo una parte de la nueva ola. Como ya vimos surgió a raíz del concierto homenaje a Canito, tal vez por un comentario de Alaska sobre aquella reunión ("menuda movida") que luego un comentarista musical sacó de contexto. Como en el caso de Guercio con "Paisley underground", tampoco ella quiere saber nada de una etiqueta que con el tiempo ha quedado como un reclamo más "para turistas". Ese reclamo se convertirá en parodia a mediados de la década, cuando solo queden un puñado de músicos de la primera época realmente interesantes compartiendo la debacle junto a una maraña de personajes absurdos y sin el menor interés, más pendientes de su ropa y su peinado que de la música. Y a partir de ahí comenzará a surgir la nueva generación, los futuros protagonistas de los años 90, que ya no son asunto nuestro. 

Bien, pues vamos allá. Como dije antes, para quienes vivimos esa década aquello fue una fiesta. Y como en todas las fiestas luego llegará la resaca.., pero nadie piensa en eso ahora, ¿verdad?


jueves, 1 de julio de 2021

Verano

Hola, estimados viandantes. Hoy comienza el mes de Julio, que en este bar significa el cierre por vacaciones estivales. Por lo tanto Sam, los camareros y yo mismo les deseamos a ustedes un feliz verano y que la frescura les acompañe, lejos del bicho y las cuarentenas. 

Como es de ley, aquí les dejo el regalito playero correspondiente para que lo disfruten a nuestra salud. Suerte y hasta más ver.




jueves, 24 de junio de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (fiesta)

Fiesta, sí señor; a pelo además, sin mascarillas ni nada. Y aunque para montar una fiesta nunca hacen falta excusas, les recuerdo que hoy celebramos la vuelta a casa tras nuestro viaje por los primeros años yankis en la década de los 80. Ya vimos que por entonces el protagonismo principal corresponde al estado de California, de donde procede la mayoría de los nuevos músicos que nos han visitado y también de los que nos visitan hoy: aunque en este tipo de fiestas homenajeamos a los nombres "menores", esos que no suelen ocupar grandes espacios en la prensa musical, parece claro que, sean del tamaño que sean, Los Angeles y sus alrededores son el epicentro de la "movida" yanki en esa época, mientras que Nueva York por ejemplo parece haberse quedado ensimismada en su época post punk y new wave de cinco años antes. Pero a lo que íbamos: bienvenidos a la fiesta de lo que sea, en la que como siempre nuestro formato será el 12+1. Ah, y no olviden llevarse el regalito correspondiente cuando salgan del bar. 

Paisley underground, cómo no. Esa parece ser la etiqueta mágica en estos años, surgida en Los Angeles como denominación de origen. Una de las primeras bandas que conforman el universo paisley al decir de Michael Quercio (que para eso es quien inventó el término) son las Bangles; se trata de un grupo de chicas que representan el aspecto más comercial de esa etiqueta y que en poco tiempo se alejarán de ella para convertirse en un producto de masas (que sea Columbia el sello que las ficha ya casi en sus orígenes es muy significativo). De hecho podrían haber surgido en cualquier otro sitio, ya que su estilo es un pop muy "genérico" y casi todos sus éxitos son ajenos (por otra parte demuestran buen gusto seleccionado piezas para hacer versiones), pero al menos en su primer disco grande hay un vago aroma que podría hermanarles con el espíritu melódico de la ciudad. Esta canción, por ejemplo:


Otro grupo paisley de chicas fue un cuarteto medio punky que se bautizó como Pandoras. Surgieron a principios de 1982 y, si nos ceñimos estrictamente a su impacto mediático, podríamos considerarlas como unas "hermanas pequeñas" de las Bangles. Pero como buenas hermanas pequeñas, su desparpajo es encantador y para muchos aficionados resultan bastante más interesantes. Su carrera fue muy accidentada, a causa entre otras cosas de unos cuantos líos internos (llegó a haber dos bandas en paralelo) y de una creatividad muy justita. Pero al menos "It's about time", su primer Lp, publicado en el sello Voxx con un sonido manifiestamente mejorable, es una exhibición de frescura garajera insospechada para un grupo de aquella zona y aquella época. Oigan si no esta "Want need love" que suena como si estuviésemos viajando a través del túnel del tiempo. 

Como sugirió el desengañado Guercio, hubo grupos a los que la etiqueta paisley hizo más daño que bien. Y entre ellos yo destacaría a los True West: como les pasó a Green On Red, también ellos comenzaron siendo una banda "extremadamente" psicodélica para acabar diluida en aquel tono general que los despersonalizó. Su debut en 1982 fue sorprendente, con un single cuya cara A era el "Lucifer Sam" de los Floyd y la misma canción al revés en la B (con el título a juego: "Mas Reficul"). Pero esa excentricidad iba acompañada de un brillante juego de guitarras a cargo de Russ Tolman y Richard McGrath, que por otra parte eran los compositores principales. Y tras dejar epatado al personal con aquel artefacto, al año siguiente publican un ep en el que, además incluirse aquella versión hay otras cuatro piezas magníficas que los confirman como una de las grandes promesas del momento. Sin embargo en su primer disco grande, publicado al año siguiente, ya se notaba mucho la influencia paisley: era un buen disco, pero el aroma psicodélico se había diluido casi completamente. Convertidos en otra banda más de aquel gremio, su segundo Lp fue también el último: la mayor parte de sus miembros siguieron en el negocio con bastante solvencia, pero da un poco de pena que no mantuviesen aquel carácter de los primeros tiempos.

Pero no todo era paisley en Los Angeles, ni mucho menos; la enorme potencia creativa de esa ciudad y sus amplias cercanías (recuerden, hablamos de la meca del espectáculo) dan para mucha materia. Y ya hemos visto que también hay grupos cuyo espíritu es atlántico, aunque no sean los más populares. Uno de esos grupos fueron los X, magníficos representantes del post punk más vanguardista y a cuyo frente estaba la cantante poetisa Exene Cervenka: era una gran admiradora de Siouxsie, y se notaba. El grupo se formó sobre 1977, y sus creadores fueron el bajista John Doe junto al guitarra Bily Zoom. Poco después Doe presentó a su novia Cervenka en el grupo; inicialmente iba a ser la compositora de las letras, pero en poco tiempo su carisma la convirtió en la frontwoman y vocalista, compartiendo esa tarea con Doe. Aunque pasaron por ser una banda de segunda fila, tienen más de media docena de discos publicados a lo largo de cuarenta años (con muchos períodos de inactividad por medio) y la mayor parte de sus miembros han participado en otras aventuras.

Otra banda californiana creada a finales de los 70 y que aún sigue en activo hoy en día son los Motels. Se trata de un grupo de pop rock muy de la época y también con cantante carismática al frente, en este caso la incombustible Martha Davis (que con frecuencia graba discos en solitario). Su primer Lp es del 79, con resultados discretos como la mayor parte de los que grabaron; pero tuvieron una época de gran brillantez a mediados de los 80 gracias sobre todo a "All four one" (82) y "Little robbers" (83), que contenían algunas canciones realmente potentes. Y luego, con altas, bajas y algunos períodos de inactividad, Martha sigue adelante con una formación que no tiene ya nada que ver con la original; pero da lo mismo, porque la mayor parte del repertorio siempre ha sido suyo. Los Motels son ella.

Joan Jett es otro personaje femenino que pertenece en sus orígenes a la escena californiana, aunque haya nacido en Filadelfia. Y eso se debe a que su carrera comenzó en Los Angeles con las legendarias Runaways, grupo que ella misma creó junto a la batería Sandy West bajo el "patronazgo" de Kim Fowley. Las Runaways, que ya pasaron por este bar, se dieron de baja a finales del 79 y poco después Joan comenzaba una carrera en solitario bastante exitosa, al menos en sus primeros años, que la consagró como una de las figuras más reconocibles y aguerridas dentro del rock mainstream. Su primer disco grande figuraba exclusivamente a su nombre, pero a partir de ahí la denominación comercial es la de Joan Jett & The Blackhearts; y como tales debutan en 1981 con "I love rock'n'roll", un disco brillante, muy popular, cuyo arranque con la canción que le da título lo resume perfectamente.

La new wave, aunque no haya sido el estilo más popular en la zona, tiene también unos cuantos representantes; y entre ellos destacan -aunque como siempre en un nivel discreto- los Wall Of Voodoo. El alma del grupo es el imprevisible Stan Ridgway, personaje realmente entretenido que ha hecho de todo, desde tocar el banjo o practicar como ventrílocuo hasta llevar una agencia de música para películas (de ahí le viene su afición por Ennio Morricone y otros monstruos del gremio). Junto a algunos socios de la agencia crea un grupo que se presenta en 1980 con un primer ep en el que vemos a Ridgway cantando, tocando teclados, cuerdas, etc. Y aunque son un quinteto, casi todos saben utilizar las teclas porque esa será una de sus señas distintivas: Wall of Voodoo mezclan el tecno pop con las melodías de corte peliculero, casi ambiental, que los hacen muy personales (más alguna versión enloquecida como la que figura en el paquetillo adjunto). Y de vez en cuando daban la campanada con melodías sorprendentes como esta "Mexican radio" que se escuchó con bastante frecuencia incluso en alguna emisora española.


Ya que hablamos de new wave y gente rara, he aquí nuestra última banda californiana por hoy: los indefinibles Suburban Lawns. Imagínense un cruce un poco desviado entre Devo y los Talking Heads con una cantante tremendamente carismática al frente que lo mismo podía recordar la malsana suavidad de Nico que los momentos histéricos de Lene Lovich o Yoko Ono, y aún así la cosa no estaría muy clara. Los Lawns son uno de esos grupos arty que surgen en los ambientes estudiantiles y que al igual que Devo se ocultan de algún modo: Devo se disfrazaban y estos adoptan alias como el de la propia cantante, que de su nombre original (Sue McLane) pasa a denominarse Sue Tissue. Solo publicaron dos singles, un ep y un Lp entre 1980 y el 82, antes de desaparecer; pero son suficientes como para haber dejado una marca indeleble en la memoria de los frikis modernistas, y desde luego merecieron haber llegado mucho más arriba (al menos en Estados Unidos no hubo nadie como ellos). Aquí les dejo su canción bandera, que por otra parte dio pie a un vídeo muy revelador:

Llegados al otro lado del país recordarán ustedes que la ciudad de Athens, en Georgia, era una especie de microclima en el que convivían un buen puñado de músicos universitarios que destacaban por su visión alternativa tanto en lo artístico como en lo social. Ese ambiente, tan "europeo", puede recordar el caldo de cultivo de unos cuantos grupos isleños como Wire, Gang of Four o los Au Pairs, por no extenderse mucho; incluso REM y los B-52's, los dos más populares de la ciudad -es decir, los dos más asequibles al "gran público"- tuvieron en sus inicios influencias post punk y new wave muy cercanas al espíritu arty británico. Y aunque esas dos bandas se llevaron casi todo el protagonismo, hay al menos otra que merece ser reconocida: Pylon. Era un cuarteto con voz femenina que podría haber surgido en Leeds o Manchester, ya que su patrón musical se encuadra claramente en la new wave con un rango que va desde el funk rock hasta los ritmos post punk. Debutaron con un single casi minimalista en 1979 y sacaron dos discos grandes hasta su desaparición en el 83, aunque hubo otro más en una vuelta que hicieron a principios de los 90. Pertenecían al grupo de amistades de las dos bandas señeras, fans suyos y que incluso les ayudaban a conseguir actuaciones, pero eran demasiado "alternativos" para el público medio.

Subiendo por la costa atlántica llegamos a Washington, una ciudad cuyo protagonismo "burocrático" parece oscurecer todo lo demás. Pero, al igual que sucede en la mayoría del este yanki, hay una fuerte influencia europea que a finales de los 70 da pie al nacimiento de un pequeño microclima entre new wave y afterpunk del que surgen algunos pequeños grupos; y de todos ellos, los Urban Verbs fueron los más destacados. En 1978 ya estaban actuando en el CBGB gracias a la influencia de los Talking Heads, ya que su batería Chris Frantz es hermano de Roddy, el cantante y compositor principal de esta nueva banda. Resulta muy revelador que los productores de sus dos discos grandes fuesen Mike Thorne y Steve Lillywhite, es decir, dos luminarias británicas de la época, o que compartiesen cartel en el CBGB con Pere Ubu: detalles como esos dicen más que cualquier intento por resumir su estilo. Pero por desgracia no duraron mucho: entre la velocidad que llevaban las modas por entonces y la escasa "accesibilidad" de este tipo de ofertas para el mainstream, Urban Verbs son otro nombre de culto para los investigadores de aquellos tiempos.

En Nueva Jersey surgió otro miembro del listado de mitos minoritarios: los Feelies, una pandilla de muchachos que entra en la historia gracias a "Crazy rhythms", su primer Lp, grabado en 1980. En la portada vemos a cuatro, pero por momentos llegaron a ser seis o siete. ¿Y cómo definirlo, cómo resumir su estilo? Bueno, podemos mezclar un poco del espíritu minimalista de Velvet Underground (y sí, también Jonathan Richman) con ese gusto por el sonido guitarrero de unos Television, lo cual significa que hay un aroma post punk; pero también hay que citar a la percusión, extraña, casi infantil y al mismo tiempo sorprendente, con unos cuantos adminículos inesperados, que podría recordar por momentos a unos Talking Heads, sin ir más lejos. Ah, y ese curioso detalle de incluir una versión de "Everybody's got something to hide..." de los Beatles. Todo ello da como resultado un disco atípico -entre underground y bajo presupuesto- pero genial que ha servido de inspiración a gente muy diversa, REM o Yo La Tengo entre otros. Luego el grupo sufrió altas y bajas, momentos de actividad y parones, con lo que su siguiente disco no apareció hasta seis años después: tienen seis en un total de casi cuarenta años de idas y vueltas. Y serán mejores o peores, pero ninguno como aquél.

Y llegamos a Nueva York, la ensimismada. Su oferta new wave, con ser muy amplia, comienza a resultar monótona: las grandes bandas consagradas ya siguen su propio camino y las pequeñas posiblemente no lleguen a tiempo para consolidarse, porque ya hemos visto que la oferta californiana, más clásica pero también más variada, está imponiendo una vuelta a los estilos tradicionales. Así que por el medio caerán muchos grupos que posiblemente merecían una oportunidad que los medios de difusión mayoritarios no les van a dar, y uno de esos grupos son los Polyrock: llegaron a ser apoyados y producidos por el mismísimo Philip Glass (que incluso participó como músico en las grabaciones), pero no les sirvió de mucho. Que Glass figure en la historia de un grupo ya indica cuál es su perfil: el minimalismo es uno de sus rasgos distintivos, aunque andan entre el post punk y la new wave. Llegaron a ser comparados con los Talking Heads sin su componente funky, sustituido por un tono experimental, más europeo. Solo publicaron dos discos, pero algunas de sus piezas son perfectamente radiables, con verdadero espíritu de melodía pop.

Como ustedes ya saben, nuestra selección 12+1 va fuera de programa. Y esta vez traemos aquí una versión que demuestra claramente la categoría de los buenos arreglistas, esos seres en los que poca gente repara. La historia es la siguiente: allá por 1974 Jackie DeShannon, una compositora y cantante mainstream muy popular en su país, buscó ayuda para crear material destinado a su nuevo disco y se asoció con Donna Waiss, del mismo gremio. Entre las canciones que compusieron a medias está "Bette Davis eyes", que se incluyó en su Lp "New arrangement" de 1975 y que pasó prácticamente desapercibida; se trata de una cancioncilla entre soft rock y country pop que tal vez tenga gracia para los fans de esos estilos, pero que no mata a nadie. Y así quedó la cosa hasta que en 1981 Kim Carnes, otra compositora cantante de categoría con una espectacular voz ronca, rasgada, decidió retomar esa canción y darle un tono completamente nuevo. Para ello se encerró con su banda llevando la melodía a una estructura vocal más lenta y profunda mientras Val Garay, productor de campanillas, y el teclista Bill Cuomo ponían la instrumentación patas arriba dejándola casi irreconocible gracias a ese sonido electrónico sintetizado, tan de la época, que dio el pelotazo total: la nueva "Bette Davis eyes", acompañada por un magnífico vídeo clip arty, muy occidental, también muy de aquel momento, alcanzó el número uno en medio mundo y en cuestión de semanas, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la década. Hasta la señora Davis, por entonces ya una anciana, escribió a los autores del milagro, emocionada, afirmando que gracias a esa canción su nieto últimamente "la admiraba".

Y colorín colorado, la fiesta ha terminado. Espero que se hayan divertido sin recurrir al exceso de bebidas espiritosas ni nada por el estilo, y recuerden llevarse el paquetillo correspondiente, que podrán obtener aquí. Hasta más ver. Sean buenos.  




lunes, 14 de junio de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XXI)

Ya estamos otra vez en las orillas del Atlántico, falta poco para volver a casa. Pero nos queda una última noche de fiesta en Nueva York antes de coger el avión; y esa noche se la vamos a dedicar a los Fleshtones, que son tan queridos o más aún en Europa que en su propia ciudad. Son el grupo ideal para divertirse y también la demostración de que una buena mezcla de garaje con pop, rockabilly, surf y muchas cosas más tal vez no sea muy vanguardista (es un grupo que suena más a los 60 que cualquier otra época), pero precisamente esa mezcla -que ellos bautizaron como "Super rock"- los hace intemporales. A veces se quejan de un trato condescendiente por parte de la prensa, que por lo general no los ha tomado muy en serio, y además los grupos de baile no suelen conseguir grandes ventas porque su negocio está en el directo: no se busca la exquisitez compositiva, sino que transmitan alegría y ganas de juerga. Y en consecuencia no se harán millonarios, pero disfrutan del cariño de la parroquia en cualquier punto del planeta; por ejemplo, ni ellos mismos recuerdan cuántas veces ni en cuántos lugares de España han estado.

Teniendo en cuenta sus gustos musicales resulta lógico que sus orígenes vayan en paralelo con la new wave, esa época en la que se actualizan los estilos de toda la vida: los Fleshtones nacen sobre 1976 como resultado de la unión de unos cuantos muchachos vecinos del barrio de Queens. Más o menos por entonces se pone de moda el CBGB, que será uno de sus locales de referencia y en el que llegan a tocar con la mayoría de las luminarias del momento. Entre esas luminarias están los Suicide, que graban en el pequeño sello Red Star, uno de los primeros independientes yankis, propiedad del legendario Marty Thau, y a quien recomiendan el grupo. Como era de esperar teniendo en cuenta las hechuras del personaje, este se encariña con ellos y les produce un primer single que se publica en 1979. Y para entonces la formación de los Fleshtones será fija ya para mucho tiempo: Peter Zaremba, personaje de flequillo icónico, es su cantante frontman y compositor principal junto al guitarrista y segunda voz Keith Streng; Bill Milhizer es el batería, y Jan Pakulski el bajista. Los tres primeros siguen juntos aún hoy, mientras que Pakulski se marchará a mediados de los 80. Y este es el single: todas las virtudes del grupo están ya presentes aquí.


Sin embargo las cosas se tuercen: el grupo había grabado material suficiente para que Thau publicase un Lp, pero su sello es demasiado reducido y necesita un distribuidor, cosa que no consigue (por entonces ningún sello de tamaño medio les ve futuro). En consecuencia esas canciones quedarán archivadas hasta tres años después, cuando al rebufo de una creciente popularidad del grupo el sello Roir las distribuya bajo el título de "Blast off". Ahí se incluyen las dos canciones del single (y otras que se regrabarán luego), y aunque el sonido sea pobre es suficiente para demostrar su dominio de los estilos tradicionales y su gancho para crear ritmos bailables, de esos que te impiden quedarte quieto. Pero no les gusta que les llamen "revivalistas" y con razón, ya que saben darle un toque tan clásico como actual, muy de la época. El caso es que, compuestos y sin novia tras aquel single, agradeciendo a Thau su empeño han de buscar un sello más amplio; y parece que han tenido suerte, ya que esta vez dan con el señor Copeland III, el de IRS, donde debutan a mediados de 1980 con "Up front", un ep en el que tienen el apoyo de un dúo de saxos y donde se incluye una de sus futuras clásicas: "The girl from Baltimore". Aquí la tienen, acompañada de una de aquellas canciones del fallido "Blast off".


A efectos de ventas, sus mejor época empieza con ese ep que va seguido a principios de 1982 por "Roman gods", su primer disco grande y uno de los más populares en la carrera del grupo. Y aquí ya demuestran plenamente por qué el término "revivalismo" puede servir para grupos más ceñidos a un único estilo, pero no para ellos: hay una gran amplitud de ritmos que los conforma como grupo de baile, como pueden serlo los B-52's a otra escala, pero que como ellos tienen su propio carácter personal e intransferible, como se decía antes: no suele ser muy frecuente encontrar en un mismo disco canciones tan dispares como "The dreg", ese arranque con espíritu casi "cinematográfico", seguida por una canción tan de garaje pop sesentero como "I've gotta change my life" o luego "Stop fooling around", o ese ritmo endiablado en "R-i-g-h-t-s", e incluso el buen gusto que demuestran en su versión de "Ride your pony", haciendo suya una perla tradicional del r&b, algo supuestamente inesperado en un grupo como este. Así que podemos admitir que son una banda de garaje rock/pop, que actualizan estilos tradicionales y todo lo que ustedes quieran, pero no son un simple banda de baile y nada más; como no lo son los B'52's, como no lo son los Flamin' Groovies y algunos otros. Parece que solo puede reconocerse valía a los grupos "serios", vanguardistas, atormentados, con letras tremebundas...


En verano del 83 llega "Hexbreaker!", que junto con el anterior forma la pareja de discos más recordada de los Fleshtones. De todos modos conste que hablar de un supuesto "exito en ventas" es muy exagerado, ya que la cosa no pasó de rozar las zonas bajas de las grandes listas, pero si funcionó muy bien la importación, por ejemplo: en España ya eran uno de los grupos más apreciados en el mercado "alternativo". Y aunque quizá no tenga la tremenda variedad de ritmos que sorprendía en su debut, dan la impresión de ser más compactos, de haber adquirido la destreza que solo dan las actuaciones continuas, y de que su ejecución, además de ser técnicamente muy buena suena muy bien ensamblada. Y por supuesto hay suficientes piezas con gancho como para no dejar pasar este disco: basta citar, por ejemplo, "What's so new (about you)", "Screamin' skull" o "Legend of a wheelman", que son solo tres, van seguidas y cada una representa un estilo distinto. Con los Fleshtones nunca hace falta rebuscar en el listado de canciones, salen solas. Que por cierto, la leyenda del conductor es una magnífica instrumental surf compuesta por el saxofonista y armónica Gordon Spaeth, que no siempre figuraba como miembro oficial del grupo pero estuvo con ellos durante muchos años, hasta que tuvo que abandonarlos por problemas de salud física y mental: este es también un homenaje a él. 


A partir de ahí la carrera de los Fleshtones es casi un no parar. Además de regrabar "American beat" para "Despedida de soltero", la película de Tom Hanks, el sello IRS le propone a Zaremba presentar un programa sobre nuevas grupos en la MTV, cosa que hará hasta 1987. Hay por medio un disco en directo en París, y a finales de la década estarán probando nuevos bajistas hasta que en 1991 se consolide Ken Fox definitivamente. Por esas épocas (y otras cuantas) tendrán también que buscar nuevos sellos discográfico, ya que su tremenda popularidad en directo nunca se ha correspondido con las ventas, pero ya están mentalizados. Y por ahí siguen, de fiesta en fiesta, pinchando incluso en algunos bailes, habiendo participado en la banda sonora de "I was a teenage zombie", la película esa de miedo tan famosa... En fin, que le dan a todo.


Y aquí termina nuestro viaje por los primeros 80 yankis. Espero que se hayan divertido en este paseo; y como es lógico, ya que hablamos de fiestas, dentro de unos días haremos una en este local para celebrar la vuelta a casa. No se preocupen por la mascarilla, que aquí somos muy modernos y no es necesaria.





lunes, 7 de junio de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XX)

Una vez concluido nuestro paseo por la costa del Pacífico echamos un vistazo al interior del país antes de volver al otro lado, y lo que vemos no es muy estimulante. Da la impresión de que, entre los grupos que ya se habían hecho un nombre a finales de la década anterior y los que hemos visto hasta ahora, el grueso de la oferta se reparte entre Nueva York y California; es decir, entre los dos extremos del mapa, salvo notables excepciones como REM o Wipers (que también están en sus extremos respectivos, curiosamente). Y cuando ya, resignados, nos encaminábamos a la cornisa atlántica, vemos que hay unos muchachos allá en Wisconsin que nos están haciendo gestos. Así que nos fijamos mejor y... ¡Oh, vaya, pero si son los Violent Femmes! 

Ya con ese nombre forzosamente caen bien, aunque años después nos enteremos de que "femme", en su zona, es sinónimo de pelele, mequetrefe o algo así. Los Violent Femmes son un trío de Milwaukee integrado por el guitarrista y compositor Gordon Gano junto al bajista Brian Ritchie y el batería Victor De Lorenzo; la voz principal es la de Gano, acompañado frecuentemente por los otros dos, que inicialmente eran un dúo folkie. El trío queda constituido en 1981, y el destino les hace un guiño un día de Agosto: los Pretenders actúan en su ciudad y los Femmes, que suelen tocar en la calle, se colocan frente al edificio donde tiene lugar el evento; James Honeyman-Scott pasa por allí, le gusta lo que oye y convence a su novia Cristinita para que los invite a subir al escenario a modo de teloneros. Es un simple "recital" acústico, pero sorprende la madurez que demuestran; sobre todo Gano, que con solo dieciocho años (es el más joven, justo entonces terminaba el instituto) tiene ya un repertorio muy amplio. El caso es que se han ganado a media ciudad y además consiguen actuar en algunos locales de fuera de su estado, como el CBGB. Eso refuerza su autoestima, tanto como para que De Lorenzo le pida a su padre un préstamo de diez mil dólares: los del sello Slash han leído una crítica de su actuación en Nueva York y están interesados, pero los gastos de grabación se los pagará el trío. Y así, a mediados de 1982, comienzan a grabar en un estudio barato lo que será su primer disco grande. 

En la primavera del 83 llega a las tiendas ese disco, de título homónimo, y es toda una revolución... a tamaño "alternativo", claro. La primera impresión es la de que nos hallamos ante un grupo de estilo folk punk, como afirma toda la prensa al unísono, y también se perciben influencias directas de Jonathan Richman (que por extensión nos llevaría a Lou Reed). Aunque al parecer Gano pensaba más bien en un estilo Dream Syndicate cuando empezó. Pero tampoco es una idea que desentone, puesto que los Syndicate nos llevan a la Velvet y vuelta a empezar; ah, y recordemos que Richman es fiel seguidor de la aparente simplicidad de los neoyorkinos. Aparente simplicidad y contundencia serían entonces dos de las características de los Femmes, aunque esa imagen está un poco desenfocada: en lo literario se acercan bastante más a la crudeza, a la inteligente malicia de Reed -o los Syndicate, o incluso a la tradición de los blues rurales de mucho tiempo antes- que a la alegría de vivir que suele mostrar Richman, y en lo musical no se les puede despachar con un simple "accoustic punk", y a otra cosa. Además, si comenzaron con instrumentos acústicos muy dispares fue exclusivamente porque actuaban en la calle: en el estudio hay guitarras y bajos eléctricos (de hecho su primer single es un cruce entre new wave y rock and roll, aunque esas dos canciones no se incluyen luego en el Lp)... e incluso algunos artefactos acústicos como el xilofón no son muy frecuentes en un grupo actual, ¿verdad? El caso es que ese disco, una de las mayores luminarias de la década (hasta en España se escuchaba con regularidad en los bares modernillos), se ha convertido con el paso del tiempo en una sucesión de piezas clásicas.



La inercia que provoca ese disco, que en su momento tuvo unas ventas regulares (de nuevo mayores en Europa que en su país), lo lleva al platino casi diez años después, lo que indica una clara permanencia. Pero ya entonces, solo con las críticas entusiasmadas de la mayoría de la prensa, les fue suficiente para comenzar una serie de giras por medio mundo y casi al mismo tiempo preparar su segundo disco, que llegó en verano de 1984 con el título de "Hallowed ground". Y llama la atención que en su mayoría esté compuesto de canciones que pertenecen a la misma época que las del primero, es decir, los últimos días de Gano en el instituto, ya que su espíritu es distinto. Parece evidente que esa selección se había hecho con total consciencia, como tratando de demostrar una evolución, en la que se incluye un cierto tono "espiritual", religioso, en las letras, que va en paralelo con otras de tono sangriento, casi apocalíptico (la crítica creyó que las alusiones religiosas era una ironía, pero no: Gano era creyente y las había escrito en serio. Eso le enfrentó a los otros dos, ateos y partidarios de evitar ese tipo de asuntos). En consecuencia el disco resulta un poco más sombrío, pero olvidemos las letras: aquí hay un rango muy amplio que va desde el country semi clásico de "Country death song" hasta los rasgos casi experimentales de "Never tell", una verdadera exhibición, y vuelta a los ritmos tradicionales actualizados como en "Sweet misery blues". Como era de temer, la mayor parte de la crítica empleó más espacio en comentar la literatura que la música, y el disco quedó un tanto relegado por mucho tiempo. Por otra parte los sentimientos religiosos, más radicalizados en Estados Unidos que en Europa, acabaron de estigmatizarlo, aunque tampoco aquí alcanzó el reconocimiento que merecía. Por suerte el tiempo va poniendo las cosas en su sitio y a día de hoy ya se le reconoce su valor: con otro tono, casi está a la altura del primero.


Los Femmes vuelven al estudio a mediados del 85, y al parecer Slash tiene planes para hacerlos más "asequibles" al gran público. Como consecuencia les impone un nuevo productor: se despiden por un tiempo de Mark Van Hecke, que dirigió los dos primeros, para trabajar con Jerry Harrison, conciudadano suyo y miembro de los Talking Heads (curiosamente, su primer grupo había sido los Modern Lovers de Richman). Y el resultado es "The blind leading the naked", un disco que consigue resultados contradictorios: es verdad que alcanza varias de las listas convencionales (en puestos bastante discretos), e incluso algunas críticas alaban su esfuerzo por acercarse al gran público, pero la mayor parte de sus fans tradicionales se sienten desilusionados. No hay cambios radicales de estilo, pero el conjunto suena más compacto, más "animado", con arreglos que incluyen nuevos instrumentos: ese saxo en "I held her in my arms", con ese rimo, casi nos recuerda a Springsteen. A veces el problema es ese, que sin ser un mal disco parece sobreproducido, y las culpas las lleva Harrison: "Los de Slash lo eligieron simplemente porque era de Milwaukee; nunca le gusto nuestro estilo, y supongo que lo que quería era hacernos más normales, o algo así". En fin, que el resultado es un tanto conflictivo, aunque a mí no me parece tan horrible: se puede discutir qué lógica tiene una versión de T. Rex por medio -aunque está bastante bien hecha- y es verdad que no hay comparación con su debut (ningún otro disco de los Femmes llegará nunca a esa altura), pero es un disco decente y la producción no destroza las canciones como a veces se ha dicho. Ese tipo de comentarios suele proceder de los sectores elitistas, que han de mantener siempre una imagen...


En parte por el mal ambiente generado por las circunstancias de este disco y también porque querían probar ideas nuevas en solitario, los Femmes se van dando respiros que concluyen en una breve separación oficial. Vuelven en 1988 publicando "3", que es al mismo tiempo un viaje al pasado y también una demostración de que la madurez les hace más previsibles: es otro disco bueno, pero sin alardes. Y a partir de ahí han estado yendo y viniendo hasta ahora mismo con algunos discos por medio, simplemente discretos. Son la clara imagen de grupo que ha de luchar siempre contra la leyenda de su insuperable primer disco, una maldición que persigue a muchos músicos. Y creo que una buena despedida, por los viejos tiempos, será hacer los honores a aquel single primerizo que ya nadie recuerda:





lunes, 31 de mayo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XIX)


Aquí somos muy respetuosos con los mapas; y aunque un salto como el que hicimos la semana pasada de California a Georgia, al otro lado del país, no es muy académico, estaba justificado por la visita debida a los REM, que en teoría son primos lejanos (y tan lejanos) del paisley undergound que se cocinaba en Los Angeles. Ahora, ya liberados de "lazos familiares", seguiremos nuestro camino como debe ser, rematando nuestro paseo por la costa del Pacífico antes de ir a otra parte; aunque ya no quede mucho que ver, porque en esta época California casi lo es todo. Sin embargo hay un grupo que me parece realmente interesante allá arriba, en Oregon: se trata de los Wipers, que además de vivir muy lejos del epicentro paisley no tienen nada que ver con ese plan de vida porque lo suyo es un cruce entre post punk y experimentación que recuerda a la vanguardia británica. Aunque para ser más exactos habría que hablar antes de una persona -Greg Sage- que de un grupo como tal: hay una serie de músicos que van y vienen, pero quien desarrolla, planifica y compone es él exclusivamente, que además también canta y es el guitarrista. En cualquier caso estamos ante lo que se ha definido como "el primer grupo punk del Noroeste" (del Pacific Norwest, como se dice allí), aunque ese título hay que cogerlo con pinzas: creo que ya dije alguna vez que las etiquetas son muy elásticas en Estados Unidos, y desde luego los Wipers de Sage están por encima de esa. Ya les gustaría a los grupos punk estándar llegar a su altura. 

Sage es hijo de un técnico empleado en radiodifusión que tiene montado un pequeño estudio en casa, incluyendo la maquinaria para grabar y cortar discos. Es bastante retraído y su mayor distracción es echarse horas tocando la guitarra y grabando los resultados; también graba canciones de la radio y luego las pasa a vinilos, por coger soltura con el proceso y para hacer amigos. Por fin, sobre 1977 se asocia con dos y crea un trío bajo el nombre de Wipers. Ya en ese momento tiene planificado incluso el total de discos necesarios para hacer "una descripción más o menos completa de la música que le ronda la cabeza", según dice, y que al parecer serán quince durante un espacio temporal de diez años. Sin embargo, tal vez por su carácter, no está interesado en las actuaciones; piensa que si evita además las entrevistas y controla el proceso de grabación y distribución (que piensa dirigir él), no necesita entrar en el juego de managers, discográficas ni prensa. Vamos, que a esto se le llama independencia total: es el "Háztelo tú mismo" isleño llevado a sus últimas consecuencias. Aunque ya les adelanto que esa visión tan libertaria no le duró mucho, por pura lógica. 

Su debut tiene lugar en 1978 con un single de tres canciones hecho en su casa (Trap Records, a efectos nominales). Para entonces junto a Sage, que canta y toca la guitarra, está el bajista Dave Koupal y el batería Sam Henry. La cara A se titula "Better off dead", y es posible que algunos parroquianos de este bar la recuerden porque estaba incluida en la fiesta yanki de finales de los 70; se la presenté a ustedes diciendo que "Sage ni siquiera está de acuerdo con el término "punk", porque desde sus inicios lo supera: un cruce entre Wire, Joy Division y el underground yanki de aquella época, en canciones que van del minuto y medio a más de diez, es algo muy raro de ver en Estados Unidos". Así que vamos con las dos que nos faltan de ese single; observarán ustedes que, como en la cara A, se nota la influencia post punk vanguardista isleña y también una base rítmica calurosa que podría recordar a ciertas bandas de Michigan (me vienen a la cabeza los Grand Funk, no sé por qué). El resultado, la suma de las tres canciones, me parece soberbio para un debut tan limitado técnicamente pero que se ha convertido en un single de culto.



Sage tiene planeado comenzar la década de los 80 con su primer disco grande, pero ya va comprendiendo que necesita recurrir a un sello para conseguir un cierto nivel de distribución. Y no solo se retracta de sus planteamientos iniciales sobre ese asunto, sino también sobre las actuaciones: gracias a ellas consigue, además de unos pequeños ingresos, la popularidad suficiente en la zona como para crear un cierto interés por más repertorio suyo. Una última concesión que ha de hacer, forzado por Park Avenue, el sello que lo distribuirá, es que las canciones, inicialmente grabadas en casa con un cuatro pistas, se regraban en el estudio para conseguir una calidad aceptable. Finalmente el disco está preparado para su distribución en Enero del 80 bajo el título de "Is this real?". Dejando aparte la mejora de sonido se nota que Sage y sus acompañantes han mejorado también en su dominio de los instrumentos, ya que ahora despliegan más recursos. Y aunque se podría resumir diciendo que estamos ante un disco de escuela post punk y de calidad superior, este grupo de canciones roza el concepto arty. Lo cual se debe a que hay un formación musical notable, y aquí vuelvo a lo que decía en aquel comentario de la fiesta: las influencias isleñas son evidentes, y aquí tienen ustedes dos ejemplos.


Ya se pueden imaginar que el sambenito "de culto" va a acompañar a Sage durante toda su carrera, porque este sí es un verdadero músico independiente que siempre ha tratado de transigir lo justo con el sistema. Y por supuesto la crítica mayoritaria nunca le ha prestado mucha atención, ya que su cifra de ventas no les justifica el esfuerzo; al menos en su propio país, ya que una vez más estamos ante un nombre más popular en Europa que allí. De todos modos la publicación en verano del 81 de "Youth of America", su segundo Lp (con nuevos acompañantes), confirma una gran lucidez; su inconformismo afecta incluso a la idea preconcebida que se tiene sobre el punk como factoría de canciones directas y cortas. Porque aquí hay de todo: "Can this be" puede ser un ejemplo de "pieza tradicional", por decirlo así, más cercana al rock que al punk; pero podemos irnos al otro extremo y tratar de categorizar la que da título al disco, que pasa de los diez minutos y aunque tiene un arranque más o menos convencional va siguiendo un camino que la acerca por momentos al rock progresivo, underground y hasta psicodélico si me apuran. Varias escuelas están presentes ahí, desde el post punk hasta el space rock o el hard/heavy de los primeros años 70. Como era de esperar tuvo unas ventas discretas, pero el boca a boca lo ha ido convirtiendo en una especie de tótem con el paso de los años.


En 1983 Wipers llegan a su momento de mayor popularidad a escala nacional gracias a "Over the edge", un tercer disco con el gancho suficiente como para interesar a gran parte de la crítica y las radios. Eso se debe a que Sage, sin salirse de su personalísimo estilo entre punk y underground, ha sabido buscar un vago tono pop, es decir, ha cuidado la melodía; el conjunto sigue sonando muy cálido, casi abrasivo, pero con el gancho suficiente como para ampliar su base de aficionados. Por otra parte vuelve al formato de canciones con duración media sobre los tres minutos, lo cual las hace más fáciles de radiar, y eso amplía su proyección: de aquí surgen sus primeras grandes giras y el reconocimiento de futuros herederos como Sonic Youth o Kurt Cobain. En resumen se puede decir que Wipers se ha convertido en un pequeño gran grupo; alternativo, independiente y todos esos adjetivos tan molones, pero asequible para cualquier aficionado medio con un mínimo grado de curiosidad. Sage (que ahora es ya un gran guitarrista) ha renunciado a gran parte de sus postulados iniciales, pero lo ha hecho con criterio. Y aunque está pensando en grabar algún disco exclusivamente a su nombre, no tiene ninguna intención de convertirse en una rock star al uso ni es posible que tal cosa suceda nunca, claro; además, durante un tiempo este disco desaparecerá de las tiendas por quiebra del sello, una quiebra que incluso estuvo a punto de arrastrar al grupo. Pero todo eso ya habrá pasado para el próximo quinquenio: esperaremos a entonces para ver qué tal le van las cosas.