Los dúos, que hoy en día son una agrupación musical poco frecuente, eran una buena opción en la década de los 60. Y entre ellos hay uno cuya popularidad, sobre todo en el primer quinquenio, fue superior a cualquier conjunto o solista nacional. Se trata del Dúo Dinámico, y la razón de su éxito es que, a diferencia de los Estudiantes o cualquier otro nombre del momento -más, digamos, “elitistas”-, ellos consiguieron aunar a muchos estratos y edades distintas entre su público gracias a un repertorio muy amplio que incluía desde piezas -generalmente baladas- de inequívoco sabor español hasta el pop y un cierto tono country a veces. Por otra parte ese repertorio era propio en su gran mayoría, gracias a una fecundidad creativa inigualable que los mantuvo continuamente en las listas con un disco tras otro durante casi diez años. Por tanto, estamos ante los primeros artistas masivos de la nueva música en España.
Manuel de La Calva y Ramón Arcusa son además una excepción en su origen social, ya que no proceden de grandes familias: son hijos de emigrantes vascos y aragoneses que se fueron a buscar la vida en Barcelona. Se conocen en una fábrica de motores, donde trabajan al mismo tiempo que estudian; pero no formarán el dúo hasta que acaben sus carreras, a finales de 1958. Es entonces cuando queda claro que no han perdido ni un solo minuto de su tiempo, ya que además de los estudios y el trabajo demuestran que conocen, además de la música española, prácticamente todo el repertorio popular americano, desde Nat King Cole hasta los Everly Brothers (con quienes se les comparó durante mucho tiempo) pasando por Elvis o Paul Anka: es decir, todos los géneros que han triunfado en la década de los años 50 y primeros 60. Y hay que sumar a eso su perfecto empaste vocal, que comienza a ser reconocido desde el principio de su carrera; ese reconocimiento les lleva, en poco más de medio año, a visitar todas las emisoras de radio de la zona, actuar en algunos locales y entrar a toda prisa en los estudios de EMI-Odeón, que los asigna a La Voz De Su Amo (por entonces parte del conglomerado EMI). Comienza ahí un impresionante catálogo de grabaciones que llega hasta principios de los 70 -cuando se produce su primera separación- y que, sumando vueltas a escena, recopilaciones, homenajes y regrabaciones, tal vez no se haya completado aún.
Ese interés por abarcar todos los mercados posibles queda claro desde las primeras grabaciones del dúo: casi siempre vemos un perfecto equilibrio entre rock and roll suavizado, country o alguna balada higschool junto a canciones del más acendrado estilo español, tanto ajenas como propias. Por otra parte, la inmensa capacidad creativa de la que hablaba antes (hay contabilizadas más de ochocientas canciones de su autoría) sirve para todo: muchas de ellas serán éxitos en la voz de otros artistas, de los que además suelen ser también productores. Es cierto que, por su vocación “crossover”, fueron considerados casi desde el principio como algo ajeno a los gustos de los jóvenes más yeyés y exigentes, quienes veían en ellos a una especie de montaje populachero para el consumo masivo, especialmente femenino (ya saben, todos los que se dedican a trabajar en muchos campos al mismo tiempo son objeto de sospecha por parte de la “intelligentsia artística”). Pero, de un modo u otro, grupos respetados como Brincos, Pekenikes, Relámpagos etc, hacían algo parecido porque el mercado era muy pequeño. Y también es verdad que EMI se gastaba un pastón en promociones, supuestas “entrevistas periodísticas” -era rara la revista que no les dedicaba un artículo con asiduidad- y mucha presencia en las emisoras de radio. Pero cuando vemos la increible cantidad de discos que vendieron, tanto en España como en muchos países de Hispanoamérica, hay que llegar a la conclusión de que no eran un simple bluff: sencillamente, gracias a esa variedad de oferta consiguieron conectar con el público más insospechado.
Su popularidad masiva, tras una larga sucesión de números uno, cuatro películas y varios triunfos en festivales, comenzó a decaer a mediados de la década; aunque sus ventas todavía fueron notables casi hasta el final de su carrera, gracias sobre todo a ese denostado público femenino. De todos modos en 1970 hicieron un intento a la desesperada por actualizarse: en Londres y con todos los lujos posibles -incluyendo apoyo técnico de parte del staff de EMI que había trabajado con los Beatles- grabaron un LP en el que pretendieron recrearse como cantautores de tono pop, pero pasó sin pena ni gloria. Más tarde reconocieron su error: salirse de su estilo para competir en terreno de otros no suele ser buena idea. Y finalmente abandonan en 1972, cuando ya llevaban varios años escribiendo canciones por encargo y produciendo a varios artistas. De sus piezas por encargo hay material para Nino Bravo, Camilo Sesto y otros cuantos; pero la que más recuerda este país es sin duda “La, la la”, que interpretada por Massiel -tras la espantada de Serrat- fue la primera victoria española en el festival de Eurovisión, en 1968, por delante del mismísimo Cliff Richard y su adorable “Congratulations” (que encabezaba la votación hasta que Alemania, penúltimo pais en votar, dio el máximo de puntos -seis por entonces- a España y solo dos a Cliff, en un acto que muchos vieron como un nuevo ataque germano a la Isla. Yugoslavia, la última, no dio un solo punto a ninguno de los dos, y pronto se corrió la voz de que las autoridades franquistas habían presionado a TVE para que comprase las votaciones. Ay, cómo nos entretenían aquellas batallitas eurovisivas…). En cuanto a su labor como productores, la lista abarca personajes tan dispares como Julio Iglesias, Los Chunguitos o Rosa León, por citar solo tres.
Y si otros siguen todavía en el circuito de la nostalgia, el Dúo Dinámico no iba a ser menos: aún hoy andan por ahí, amenizando los recuerdos sentimentales de mucha gente que creció con ellos. Por mi parte les dejo aquí tres piezas elegidas casi al azar -ya que cualquier otro sistema es imposible ante tanta variedad- y les ruego un poco de indulgencia. Porque vuelvo a lo de antes: las primeras grabaciones de conjuntos más respetados no eran muy distintas, ni mejores ni peores que estas. Se trata de un twist, un hully gully y una pieza “racial” al estilo Brincos (la comparación con “Flamenco” es casi obligada ante este “El olé”). Y ahora que todos los géneros son ya clásicos y todas las modas han pasado, se oyen con más disfrute.
