martes, 28 de enero de 2014

1971 (XI)


Como dije el otro día, Canterbury es el sitio ideal para relajarse un poco después de tanta seriedad, de tanta cara larga y circunspecta: sus músicos, crecidos en plena ola psicodélica, tienen un peculiar concepto de la vida y de la música, proveniente del espíritu de comuna intelectualizada que puso en marcha aquella deliciosa agrupación llamada Wilde Flowers. El primer vástago de dicha comuna fueron los Soft Machine de Daevid Allen, Kevin Ayers y Robert Wyatt; pero los tres abandonaron pronto el grupo, que en la actualidad se dedica al free jazz vanguardista y se encuentra fuera de nuestro campo de acción. Allen, la célula primigenia de los Machine pero el primero en irse obligado por problemas de papeles, es miembro honorífico de este local desde 1969, fecha en la que el fastuoso planeta Gong se da a conocer a los humanos. Y la misma categoría tienen desde un año antes los primos Sinclair (Richard y David), Pye Hastings y Richard Coughlan, todos ellos antiguos Flowers y ahora integrantes de mis amados Caravan. 

El planeta Gong, una locura psicodélico-progresiva con tintes hindúes que sigue manteniendo el espíritu de comuna y cuyos habitantes, en palabras de Allen, “bajan de vez en cuando al planeta Tierra para alegrar a sus moradores con sus cánticos y su alegría”, es una dimensión perfectamente estructurada: los pot head pixies (es decir, los PHP) se desplazan por el espacio en teteras voladoras al ritmo de su emisora preferida, Radio Gnome, y su principal interés es el sabroso queso terrícola (francés, preferentemente). Como ya dije alguna vez, el asunto es serio. Y a esa seriedad se añade el alto nivel técnico de sus músicos: el trío básico está formado por Allen (guitarrista principal y voz, que en estos momentos se anuncia como Bert Camembert) junto a su pareja Gilli Smyth (también conocida como Shakti Yoni -la “vagina cósmica”-, chanteuse susurrante y compositora de la mayor parte de las letras) y el saxofonista-flautista Didier Malherbe, al que la pareja encontró cómodamente instalado en una cueva de Mallorca y que prefiere usar su nombre iniciático “Bloomdido Bad de Grasse” (siendo “Bloomdido” una clásica de Charlie Parker y “Bad de Grasse” una modificación chusca del inglés “bad grass”, o sea, “Malherbe”, o sea, mala hierba). Durante este año, el “bajo escafandra” estará en manos del Capitán de Submarino Christian Tritsch; la “batería y destrozos” generalmente a cargo de Pip Pyle, y los sonidos electrónicos los produce Francis Moze (a.k.a.Virgin de Luxe). Casi todos ellos proceden de pequeñas bandas francesas de jazz, lo cual implica un fuerte conocimiento del género; los problemas de aduana que tuvo Allen en el 68 les obligan a domiciliarse y grabar sus discos en el país del queso, donde la mayor parte de las salas están en manos de mafiosos poco aficionados a las músicas extraterrestres. Y aunque la situación cambiará pronto, de momento esos discos circulan por la Isla casi de tapadillo, apoyados por algunas actuaciones aisladas. 

En 1971 llega “Camembert electrique”, el segundo, una perfecta continuación del primero: un duendecillo de Radio Gnome presenta al grupo y este nos introduce en “You can’t kill me”, una pieza a medio camino entre jazz rock y lo que sea, animada por los fraseos de Allen doblando las escalas de los intrumentos y un ritmo que por momentos es furioso. Va seguida por “I’ve bin stoned before”, afirmación sobre la que no nos cabe duda alguna: comienza con un hermoso canto que podría parecer casi eclesial de no ser por el extraño tono de las voces, seguido por un ejercicio de jazz rock psicodélico, o algo así. Y como el “algo así” resulta ser la definición más comprensible para este tipo de tonadas, aquí lo dejo: en conjunto nos hallamos ante un ramillete de cánticos espaciales, ritmos deconstruidos y siempre una perfecta ejecución técnica que se sobrepone a la maravillosa locura reinante en ese planeta y que nos hace admitir que la psicodelia electrónica de Gong no es para todos los gustos… pero los que hemos sido abducidos ya no tenemos más remedio que seguirlos. Pienso que Gong mantiene las esencias de los primeros Soft Machine, una banda que en la actualidad no guarda relación con sus inicios. Y vuelvo al principio: Allen, Ayers y Wyatt fueron los “ideólogos” de la Máquina, y los personajes que siguieron adelante -la mayor parte, discípulos de Allen desde los primeros años 60- son músicos de jazz-rock sin un “cuerpo de doctrina” personal y existencial como sus fundadores tenían. Esos personajes, si hubieran sido consecuentes, habrían liquidado la marca Soft Machine y creado una nueva banda… pero da igual, tal vez esta sea una simple pataleta mía. En cualquier caso, los aromas que emana el planeta Gong comienzan a sentirse en la Isla: su próximo disco ya será grabado allí. 

La Caravana, haciendo honor a su nombre, va despacio pero segura: a finales de este año publican “In the land of grey and pink”, su tercer disco y uno de los más recordados. Al igual que Gong, su estilo no varía con el paso del tiempo sino que se reafirma y adquiere más poso; es esta una de las características del sonido Canterbury, la fidelidad a una escuela que guarda poca relación con el resto de las propuestas progresivas de la Isla. De nuevo destaca el gusto por las melodías y la exquisitez de los arreglos, que combinan una especie de pop progresivo con los desarrollos casi oníricos suministrados por el órgano de David Sinclair y algunos detalles inesperados: “Golf girl”, la delicia que abre el disco, comienza con una entrada de metales que podría recordar a un orquestina tradicional dando paso a una de las canciones más características de este grupo, entrañable pero medida, con esa voz tan amigable que tiene el primo Richard (“…luego, en el curso de golf, después de tomar el té, empezaron a llover pelotas de golf: ella me protegió.... En el curso de golf hablamos en morse"), dejando claro que el sentido del humor, tan británico, es otra de las señas inconfundibles en la fauna de esa zona de la Isla. También tenemos la melancólica “Winter wine” seguida por “Love to love you”, una de esas canciones que debería haber sido un éxito en single, con su marchoso ritmillo coronado en su despedida por una flauta que parece llevarnos alegremente por un florido sendero poblado por mariposas y saltamontes… Alicia está presente, aunque no la veamos. Y ya se habrán dado cuenta de que no soy yo el más indicado para comentar este tipo de músicas, porque me puede el cariño. Aunque bueno, la cara B se pone un poco más seria: “Nine feet underground”, una pieza dividida en ocho “actos”, es una sucesión de cambios de estilo que abarcan desde el jazz rock hasta el rock puro, con desarrollos de órgano en varios tonos, dando como resultado una pieza ensoñadora que obliga a sentarse en el sofá y dejarse llevar. Claro que… ¿se hace eso todavía hoy? 

Poco después de la publicación de este disco, David decide unirse a Robert Wyatt en Matching Mole, una banda de jazz rock progresivo bastante oscura cuyas querencias vanguardistas recuerdan a los nuevos Soft Machine (nombre que traducido al francés sería “Machine Molle”: un nuevo juego de palabras), para luego crear Hatfield and The North -otra leyenda canterburiana- y, más adelante, volver a Caravan. Su puesto será cubierto por Steve Miller (nada que ver con ese muchacho de Wisconsin tan famoso), que procede de pequeñas bandas de jazz y se ha hecho un nombre como músico de estudio. Sin embargo y a pesar de esta gran pérdida Caravan siguen fuertes, ya lo verán. 

Y este es el estado actual de la encantadora escuela de Canterbury. Gente así da gusto, y me parece el mejor modo de despedir un género tan “trascendente”: tomándoselo todo de coña. Se vive más y se ahuyentan las enfermedades. 



martes, 21 de enero de 2014

1971 (X)



Charisma es un pequeño sello creado por Tony Stratton-Smith, un fan total de las “músicas raras”, que en su época fue referente muy importante en el sector progresivo más cercano al sinfónico (aunque también se ocupaba del mercado folkie, como ya vimos con Lindisfarne y String Driven Thing). Hay que recordar un hecho curioso pero que a la larga tuvo mucha importancia: uno de sus primeros fichajes fueron los Nice de Keith Emerson, que además de llegar al top 5 con su último disco en la Isla tuvieron un éxito considerable en Italia; y ese éxito hizo que algunas de las bandas de este sello se encontrasen con una recepción magnífica allí. Mientras en Alemania, la segunda potencia musical tras la Isla, se impone el progresivo free de CAN o NEU! junto a la psicodelia oscura de Amon Düül II, en Italia la tendencia sinfónica, más dulce, se adueña del mercado a gran velocidad, y muy pronto se harán conocidas en toda Europa bandas como la Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Quella Vecchia Locanda (¡qué nombres más largos!) y otros cuantos; que por cierto, en su gran mayoría serán fichados por sellos británicos: sin ir más lejos, la PFM o el Banco, tras hacerse un nombre en su país, pasaron al catálogo Manticore (propiedad de los ELP). Bien, pues en estos momentos es el mercado italiano (y en conjunto el continental) antes que el isleño, el que más popularidad otorga a las dos bandas de Charisma que estamos siguiendo desde su creación: Van Der Graaf Generator y Genesis, verdaderos referentes para los músicos de aquel país. Sus trayectorias son contrarias, ya que los generadores desaparecerán pronto de escena y por un largo período de tiempo mientras que Genesis, despacito pero sin pausa, se están asentando en la élite de este estilo. 

Como ya dijmos en otras ocasiones, Van Der Graaf Generator es el grupo protegido de Tony Stratton-Smith, que era su manager y los convirtió en la primera referencia del sello Charisma. En la Isla son una banda de culto, es decir, de mucho respeto y pocas ventas, mientras que en el continente las cosas les van relativamente mejor. Siempre se les ha considerado como un cruce entre King Crimson y Genesis; a lo cual yo añadiría que más cerca de los primeros que de los segundos, ya que a pesar de la fuerte carga lírica de Peter Hamill, su líder, el sonido es menos empalagoso que el de Gabriel y los suyos, e incluso un tanto crudo a veces, cercano a los postulados de Fripp: si existiese un género llamado "jazz-rock progresivo/melódico", sería una aproximación a lo que ellos hacen. A diferencia de los Crimson, la formación de este grupo es bastante estable desde hace un tiempo: junto a Hamill (voz, guitarra y ocasionalmente teclados) vemos al saxofonista David Jackson, al organista Hugh Banton y el batería Guy Evans. En otoño de 1971 publican su cuarto disco, que será el último de su primera época aunque ellos no lo sepan aún: “Pawn hearts”. 

Sé que la mayor parte de los parroquianos que acuden a este tugurio no son muy fans del género, así que me limitaré a detallar que el disco se compone únicamente de tres piezas: en la cara A tenemos “Lemmings”, con un vigoroso arranque muy típico del grupo, y luego un desarrollo mucho más suave donde se luce la voz de Hamill. Va seguida por “Man erg”, una balada progresiva donde una vez más Hamill demuestra tener el gancho suficiente como para convertirse en el protagonista. Y en la cara B hay una pieza única, aunque desarrollada en partes, con el título genérico de “A plague of lighthouse keepers”: son más de veinte minutos, que no recomiendo a quienes no se sientan verdaderamente atraidos por estos señores. A mí me gusta, pero a trozos, y reconozco que en la mitad de tiempo habría quedado mucho más atractiva. En todo caso, el disco tiene unas ventas muy pobres salvo en Italia, donde llega al número 1 y convierte a la banda en verdaderos ídolos. Pero a cambio se ven obligados a una diabólica tanda de giras por aquel país que los agota; y por otra parte hay tensiones entre Hamill y los demás, así que, el año que viene, aprovechando el cansancio y el poco éxito que tienen en la Isla, deciden separarse: Hamill seguirá una carrera en solitario irregular pero muy interesante, y reunirá el grupo de nuevo tres años después. 

Genesis, la segunda referencia del sello, tampoco ha tenido grandes ventas hasta este momento. Por otra parte, poco despues de grabar “Tresspass”, su segundo disco, pierden a dos de sus integrantes: el batería John Mayhew, que en realidad no se sentía a gusto con ellos, y el guitarrista Anthony Phillips, cuyo médico le aconseja dejar el grupo a causa de un grado muy alto de miedo escénico que lo hace psíquicamente inestable. En sus puestos entrarán Phil Collins, ex-batería de Flaming Youth, un grupo de pop psicodélico casi orquestal y un tanto tremendista (en la onda de los Moody Blues) que solo llegó a grabar un LP, aunque “Guide me Orion”, la pieza que lo abre, es una clásica del género; y como guitarrista tenemos a Steve Hackett, que junto a su hermano John se había hecho conocido en una breve asociación llamada Quiet World, una “fase” flower pop de los hermanos Lea y John Heather, que luego se dedicaron a los musicales y composiciones para el cine. A finales de 1971 la banda publica “Nursery cryme”, su tercer LP, que definitivamente los asienta como una de las más importantes dentro del género. 

El disco se abre con “The musical box”, que en poco tiempo se constituye en una standard del progresivo sinfónico y simboliza con exactitud la verdadera talla de la banda: esa primera parte cantada, envolvente, lírica, seguida por una fase de gran viveza y ritmo, la transforma en una pieza épica muy difícil de superar; otra clásica será “The return of the giant Hogweed”, con un ritmo muy marcado y vigoroso, así como “The fountain of Salmacis” -aunque esta podía haber durado un poco menos: el exceso de minutaje es un defecto muy común en este tipo de grupos. Y aunque luego hay alguna pieza flojita por medio, no cabe duda de que han superado de largo a su anterior disco. Las ventas, poco a poco, van subiendo; y en el continente pasa lo mismo que con los generadores, puesto que ya son figuras. La única pega, además de la ya citada largueza de algunas piezas, es el sonido, que resulta un tanto pobre, apagado. Esto ya pasaba con su disco anterior y mejorará un poco, aunque no mucho, con el siguiente: John Anthony, que ha sido el productor de “Trespass” y este, se marcha para dar paso a Dave Hitchcock, que está trabajando con Caravan entre otros. Sin embargo el sonido de los de Canterbury es mucho más brillante, lo cual nos hace sospechar que el problema está en la equipación de Charisma. En fin, a ver si la cosa va mejorando. 

Y precisamente es en Canterbury donde finalizaremos nuestro viaje progresivo, para alegrarnos la vida un poco después de tanta seriedad: ya saben, los músicos de esa zona viven entre gnomos y ardillas.