martes, 10 de febrero de 2015

España: ascensión y caída (XIII)



En el primer capítulo de este culebrón cité el término “Spanish soul”, inventado por los coleccionistas tiempo después, como uno de los fenómenos más relevantes de la música nacional en el trienio 67/69. Es una época en la que incluso los grupos pop como los Bravos tienen arreglos de metales en sus canciones; por otra parte hay que recordar que el beat y el garaje han pasado de moda, mientras que la psicodelia no cala en los músicos españoles y el rock es aún minoritario. Bien, pues aquí entra de nuevo en escena Alain Milhaud, productor de dos de los grupos más importantes del género: Canarios y Pop Tops, cuya obra será relativamente popular incluso en el extranjero, y volvemos al principio de este párrafo. Siguiendo el orden de aparición en el mercado, hoy nos visitan los Canarios: ya saben, el grupo dirigido por ese personaje tan impopular de unos años a esta parte. 

Eduardo “Teddy” Bautista es un muchacho de Las Palmas que con dieciocho años ya tiene su primer grupo, los Devil’s Rock. En 1964, dos años después, decide abandonar los estudios superiores que había comenzado y se dedica plenamente a la afición ratonera: apoyado por su padre, que en la práctica se convertirá en su manager, crea un nuevo grupo llamado “los Ídolos”, con el que actúa en Madrid y Barcelona. Allí graban algunas piezas en las que Teddy ya canta en inglés -con algunos gallos por medio- versiones de Beatles y en general grupos beat, en tono casi garajero; no es que sean una maravilla, pero tienen su gracia. Bajan luego a Sevilla y, actuando en un hotel, les pasa lo que a otros grupos nacionales: un guiri se fija en ellos y los invita a hacer una gira por su país. Pero resulta que el país en cuestión es nada más y nada menos que los Estados Unidos, adonde se dirigen bajo el nuevo nombre de “The Canaries” con equipo nuevo financiado por el padre-manager. Allí hacen unas cuantas giras, graban unas maquetas que no serán publicadas de momento y vuelven a España medio año después; actúan en el Gran Musical y salen volando a los países nórdicos, para estar de nuevo en casa en otoño del año 66. 

Su viaje a los States les ha servido para comprobar la decadencia del garaje y la gran afición que hay incluso entre el público blanco por la escuela de Sam Cooke y Otis Redding; este último deja asombrado a Teddy y sus colegas, e inmediatamente se apuntan al soul. También Alain Milhaud se queda asombrado cuando los oye, en aquella actuación del Gran Musical: no hay nadie en España que haga ese tipo de sonido, con una voz como esa (que pronto será comparada con la de Roger Chapman), cantando en inglés y con repertorio propio. Sin la más mínima duda, antes de que iniciasen aquella gira por los países norteños ya los había fichado: a partir de entonces son “Canarios”, en español y sin artículo determinado. Sin embargo la formación es todavía un cuarteto en el que Teddy, además de cantar, ataca la guitarra rítmica y la armónica; Germán Pérez (guitarra solista) y Tato Luzardo (batería) lo acompañan desde los primeros tiempos de los Ídolos; el puesto de bajista es para el recién llegado Álvaro Yébenes, que demostrará ser tan bueno con ese instrumento como lo es con la guitarra solista: con ella se lució al frente de los Continentales, aquel gran conjunto surfero madrileño. Pero el salto a banda soul implica el fichaje de una sección de viento, que se añadirá a principios del 67: los hermanos Maiquez, trombón y saxo, militaban en una orquesta valenciana y traen a su amigo Nano Muñoz, trompeta. Por último llega el teclista Graham Bircumshaw, que acaba de abandonar a The Mode, un grupo británico afincado en Madrid (tienen un single grabado y publicado aquí poco antes de su marcha). 

Milhaud repite la jugada de los Bravos y se reúne de nuevo con Phil Solomon: en los últimos días de 1966, cuando los Canarios son aún cuatro, se publica en Major Minor (el sello de Solomon) su primer single, que por supuesto se oirá con mucha frecuencia en Radio Caroline. En la cara A tenemos “Three-two one-ah!” y en la B “What can I do for you”, pero… esto ocurre allá, en Britania; en España hay que esperar hasta bien entrado el 67 para oír su primer single, en el que la cara A es “Pain” (grabada al mismo tiempo que las otras dos) y la A británica pasa aquí a ser la B. Su plan es atacar el mercado británico con un grupo compacto y con el último sonido que triunfa en los States; pero en la Isla ese estilo queda restringido casi exclusivamente al público mod, y su resultado en las listas es discreto. Este hecho desanima a Milhaud, que decide centrarse en el mercado español: tal vez por el empeño en triunfar allá, también su debut aquí ha pasado casi desapercibido (Hay también dos singles para el mercado estadounidense, uno en el 68 y otro en el 69, seguidos de un LP en el 70 donde vienen contenidas aquellas maquetas garajeras grabadas años antes, pero tampoco llegaron a nada). De sus tres primeras canciones grabadas en la Isla, mis dos preferidas harían un refrito del single británico y el español. A ver qué les parecen: 


Las cosas cambian con la publicación del segundo single. Milhaud recibe una llamada de Elías Querejeta encargándole una canción para incluir en “Peppermint Frappé”, película que está rodando Carlos Saura, y da la casualidad de que los Canarios acaban de grabar una pieza que podría servir. Querejeta y Saura la oyen, dan su consentimiento y esa nueva canción, que iba a titularse “The incredible Miss Perryman”, cambia de nombre. El single se publica a mediados de 1967, antes de que llegue la película a los cines, y se mantiene holgadamente en el top 10: ahí se consagran los Canarios. Y luego alcanzarán la cumbre con “Get on your knees”, una de las canciones estrella de 1968 tanto en las emisoras como en las listas de ventas: aunque su ascensión es un poco lenta, luego se mantiene en el primer puesto durante meses y con el paso del tiempo ha quedado como una de las canciones más memorables en la historia del maltrecho repertorio patrio. Gracias a su alto nivel técnico, la voz, su creatividad y un plan de trabajo totalmente profesional dirigido por el padre de Teddy, que además los acompaña en las giras y presencia todas sus actuaciones para pulir defectos, son en ese momento la banda nacional de más prestigio. Una banda, sí: el término “conjunto musical” queda muy rancio para lo que ellos llegan a ser. 



Pero la alegría termina ese mismo año gracias a la llamada de la Patria, ya que entre 1968 y 69 deben acudir a filas hasta cuatro canarios, incluyendo a Teddy. Este planifica la ausencia presentando un nuevo single justo antes de irse: “Child” / “Requiem for a soul”, que probablemente sea el mejor de su carrera en vista de que ambas caras son igual de buenas, a medio camino entre soul y góspel (la B es un homenaje al maestro Otis, recientemente fallecido). Mientras tanto, el grupo sigue cumpliendo sus actuaciones gracias a los relevos previstos; por ejemplo la voz queda a cargo de Pedro Ruy-Blas, nada menos. A la vuelta de la mili vemos a Teddy muy actualizado: en Estados Unidos, su principal referencia, el soul está siendo sustituido por bandas blancas de metales como Chicago o Blood, Sweat & Tears, mientras que el rock progresivo se hace fuerte en la Isla. Así que ha dado un nuevo paso y presenta una obra que refleja esa mezcla: “Libérate” (o “Free yourself”, como quieran), un Lp que se publica en 1970 y que aun siendo irregular alcanza una popularidad notable. Sin embargo, a Milhaud no le parece que haya futuro siguiendo por ese camino y decide separarse de ellos. Tal vez tenía razón: las bandas americanas de ese estilo no van mucho con el espíritu hispano, y los Canarios, que comienzan a sufrir cambios de personal, cubren el año 71 con menos actuaciones y dos únicos singles mediocres. Tras un directo en 1972, soportable a medias, Teddy liquida el grupo. Pero resurgirá dos años después hecho un fiera de la electrónica, rodeado de teclados, con la misma marca comercial y otros músicos, para publicar el doble “Ciclos”, una personal visión suya sobre las Cuatro Estaciones de Vivaldi al más puro estilo Emerson Lake and Palmer y que causa una notable división de opiniones. Luego siguió con otros proyectos de poco recorrido, se dedicó a la producción y por último… bueno, esa parte será mejor olvidarla. Quedémonos con los buenos tiempos: “Child”, la cara A de aquel single maravilloso, y “Free yourself”, que daba título a su LP. 


Los Canarios fueron en cierto modo una estrella fugaz, ya que su momento de mayor gloria duró dos años (aunque “Libérate” es un disco muy defendible). Estamos ante otro de esos grupos de los que nunca sabremos a dónde habrían llegado de no ser por la maldita mili, pero no hay duda de que mientras brillaron lo hicieron con mucha fuerza. Y en cuanto a la catadura moral de su líder, ya da lo mismo: lo que importa siempre es la obra. 



martes, 3 de febrero de 2015

España: ascensión y caída (XII)



Los Bravos. Palabras mayores, también. Se trata de un producto diseñado al milímetro casi desde el momento de su fundación, siguiendo en muchos aspectos el esquema de los Brincos; con la diferencia de que el grupo de Fernando Árbex es el creador de todo su repertorio, mientras que los Bravos se mantienen a base de versiones y piezas de compositores profesionales. Y no son dueños de su destino: tras ellos está Alain Milhaud, que comienza a ganarse un nombre como “brujo” del negocio en fuerte competencia con Maryni Callejo. Son por tanto la imagen más estándar del pop: montaje, truco, envoltorio. Pero para que eso funcione el repertorio ha de ser de primera calidad, y los Bravos tienen al menos una docena de piezas divinas, muy bien elegidas por el señor Milhaud, que arrebataron la adolescencia de muchos incautos como el que esto suscribe. Soy poppy desde pequeño, qué le voy a hacer. Y como ya dije otras veces, a nuestra tribu le gusta el engaño. 

Ya vimos, a finales del primer quinquenio, que los Sonor y los Runaways pasaban a mejor vida y que algunos músicos de esos dos conjuntos se reunían con la idea inicial de mantenerse bajo el nombre del primero. Aquí entra en escena Manolo Díaz, un antiguo Sonor -luego en los Polaris- que a estas alturas andaba muy ocupado, ya que además de trabajar para Columbia como cazatalentos había comenzado una carrera como cantautor, y con frecuencia escribía para otros artistas: conocía el nivel técnico de sus antiguos compañeros (en sus últimos tiempos los Sonor fueron un conjunto eminentemente instrumental), y ahora se queda asombrado del chorro de voz que posee el cantante alemán que aportan los Runaways. Comprende que con un buen repertorio pueden llegar muy arriba y se los presenta a Alain Milhaud, que a estas alturas ya comienza a tener una gran capacidad de maniobra en el sello y anda buscando una alternativa a los Brincos. Estamos en 1966: siguiendo un plan que ya tenía diseñado para otros muchachos de los que hablaremos más adelante, la primera decisión es cambiar el nombre del grupo para dar la imagen de algo absolutamente nuevo; y en la posibilidad de atacar el mercado británico, tiene uno que los identificará con la supuesta “garra española” del mismo modo que Maryni se inventó un vestuario de capa y cascabeles para los Brincos. Puestos así, no me negarán ustedes que la palabra “Bravo” es de lo más racial: la sugerencia de Manolo Díaz había sido aceptada de inmediato. Y ahí comienza un tremendo montaje publicitario a medias con la cadena SER, presentando en El Gran Musical, en directo, a un grupo que “no sabe su nombre” y pidiendo a los seguidores del programa que busquen uno; convenientemente, “una fan desconocida” propone “Los Bravos”: ¡Bieeeenn…! 

En esa actuación se graba la cara A de lo que será su primer single: una versión de “It’s not unusual”, que había hecho famosa Tom Jones. Hay algunos chillidos ocasionales de los fans por medio dando la sensación de que han sido metidos con calzador, pero en fin. La cara B es precisamente la melancólica “No sé mi nombre”, compuesta por Manolo Díaz se supone que adrede para la ocasión. Pero no menos adrede fue planificada la cara A, donde se demuestra el nivel técnico del grupo y sobre todo la potencia vocal de Mike, a quien se le ve cercano al mismísimo Tom Jones. Sobre esa potencia edifica Alain Milhaud la estrategia a seguir: buscando compositores británicos y versiones adecuadas, el objetivo es conquistar el mercado sajón con una voz a la altura de los grandes, tanto isleños como yanquis -Gene Pitney es un claro referente: con una voz menos agraciada que la de Mike está consiguiendo éxitos a ambos lados del océano. Y contra el tono un poco rancio de esas estrellas, Alain presenta a la voz al frente de un grupo pop, lo cual le da un aire de modernidad muy refrescante. A continuación se va a Londres, firma la distribución isleña con Decca y se trae algunas piezas para sumar a las que le proporciona Manolo Díaz, más aptas para el mercado nacional. Hay que reconocer que la capacidad de Manolo como compositor está despertando aún y que muchas de sus propuestas son un poco infantiles: canciones como "La moto" o "La parada del autobús" pueden tener su gracia y vendieron mucho, pero dan una imagen un tanto naif del grupo (sumada a la desastrosa pronunciación de Mike, que no consiguió hablar bien el español en toda su vida). En cualquier caso, la mayoría de ellas fueron publicadas también en inglés aunque con arreglos ligeramente distintos. 

Poco después se graban en la Isla temas suficientes para un LP. Sobre el manido asunto de que “los Bravos no tocaban en las grabaciones”, hay que concretar: en las grabaciones británicas. Y ya puestos añadir que tampoco tocaron allí los respetadísimos Canarios (por poner un ejemplo), ya que da la impresión de que solo a los Bravos se les imputa ese hecho. Las sesiones de grabación estaban “intervenidas” por el muy patriota sindicato de músicos, que en el caso de extranjeros solo permitían las voces y los coros de los artistas originales: los instrumentos quedaban a cargo de músicos de sesión. Era una práctica mafiosa, puesto que con un buen dinero se podía arreglar (los Brincos lo hicieron); pero Milhaud, muy inteligente, decidió que si había que sobornar a alguien lo mejor era hacerlo con Philip Solomon, un irlandés que poco antes se había convertido en el nuevo jefazo de Radio Caroline, la emisora pirata más famosa. Es cierto que las emisoras piratas vivían de los sobornos más que de la publicidad, pero también hay que reconocer que eran efectivas: cuando se publica “Black is black” suena a todas horas en ese barco, y poco después llega al número dos de las listas británicas. Supongo que por medios parecidos, alcanza el top 5 en los States (muchos oyentes de aquel país creyeron que era Pitney), calificaciones similares en medio mundo -incluido Japón- y por supuesto el número 1 aquí. Estamos ante la canción “española” más recordada por los guiris yeyés, aunque de española tiene poco: letra, compositores y músicos británicos, cantante alemán, productor franco-suizo… y con leyenda incluida, ya que tanto Milhaud como Mike aseguraban que la guitarra la había grabado Jimmy Page. Pero no es cierto: se trata de “Big” Jim Sullivan, un clásico de enorme trayectoria cuya digitación no tenía nada que envidiar a la de Page. Y siguiendo con las clásicas añadiré “Trapped”, que abría aquel primer LP y que eleva los corazones: solo con el estribillo, el toque de campana y la trompeta queda definido el pop en menos de diez segundos. 



En 1967 y al más puro estilo Beatles, llega la primera película de los Bravos con su banda sonora correspondiente: “Los chicos con las chicas”, una historia casi infantil con guión de mero compromiso para mostrar las nuevas composiciones del grupo. Pero en el extranjero ya no volverán a conseguir otro éxito del calibre del anterior y Milhaud trata de concentrar el trabajo manteniendo el peso sobre Mike, lo cual comienza a crear tensiones en el grupo: su cantante, endiosado, suele dar muestras de su poca cabeza faltando a ensayos o llegando en “malas condiciones” a actuar. Y 1968 es el último año triunfal, con una nueva película un poco más entretenida que la primera; se trata de “Dame un poco de amooor”, con mafias chinas y todo, cuya banda sonora está presidida por su tema estrella, la legendaria “Bring a little lovin'”. Pertenece a un grupo de piezas de los Easybeats elegidas por Milhaud, que también había escogido algunas de los Bee Gees, y es la demostración ideal de lo que pueden hacer unos buenos arreglistas: una canción gris que figuraba en el sexto LP de los australianos casi por casualidad, se convierte en una de esas obras cumbres del pop que a los fanáticos del género nos estremece ya en su arranque. Pero poco después tiene lugar el suicidio de Manolo Fernández, el teclista, como culminación de una tragedia que tuvo en vilo incluso a la prensa del corazón (su reciente esposa -llevaban casados dos meses- muere en un accidente de tráfico causado por la excesiva velocidad a la que Manolo conducía su coche, de camino a la boda de Miguel). Viene luego un episodio rocambolesco para presentar al sustituto, que se muestra encapuchado ante público y prensa como si se tratase de una estrella esquiva; pero pronto se marcha y es sustituido, esta vez definitivamente, por Jesús Gluck, un teclista de carrera. Poco después graban su cuarto y último LP: “Ilustrísimos Bravos”, que se abre con “Just holding on”, otra maravilla de laboratorio. 



Ese disco, bastante irregular, marca el final de una época. La situación interna es insostenible y Alain Milhaud decide sacar a Mike del grupo para lanzarlo en solitario con el apellido artístico "Kennedy": no durará mucho. Los demás se han cansado de Alain y siguen adelante por su cuenta. El año 69 termina con un single cuya cara A es la magnífica “Individuality”, compuesta por Robert Wright, su nuevo cantante, que sin embargo se marcha poco después para ser sustituido por Andy Anderson (el hermano de Jon, el de Yes). La situación se apacigua durante dos años, pero luego vuelve el trasiego de cantantes y en cualquier caso su producción discográfica ya es muy escasa hasta la separación en 1974. Luego, claro, hubo varias vueltas y revueltas que ya no importan. En resumen, tenemos tres años gloriosos liquidados por una tragedia y seguidos por un recital de malos rollos y decadencia. Pero aunque los Bravos puedan parecer el grupo de acompañamiento para un cantante de voz extraterrestre y poca talla ética, aunque la mayor parte del repertorio estaba pensado para su lucimiento -sobre todo en los discos grandes- fueron los primeros y casi los únicos que pasearon el nombre de España por esos mundos, y eso siempre es de agradecer. Aquí les dejo las dos últimas grandes canciones del grupo, cuando finalmente fueron de verdad un grupo: la citada “Individuality” y “People talking around”, de 1970, con Andy Anderson, con la que ganaron el por entonces famoso festival Barbarella, organizado por la discoteca mallorquina del mismo nombre. 



Alain Milhaud fue un personaje hiperactivo en el segundo quinquenio de los años 60. Con los Bravos muestra un sistema de dirección bastante discutible -tal vez porque ninguno de los integrantes tenía suficiente carácter como para plantear alternativas- pero su trabajo como productor incluye a otros grupos no tan manejables como este, grupos con las ideas muy claras. En 1966, sin abandonar Columbia, comienza a trabajar también para Sonoplay/Movieplay y para la filial de la francesa Barclay, que acaba de establecerse en España, así que se ha convertido en pluriempleado. Bueno, pues tiene que buscar grupos nuevos: ¿qué tal si empezamos con los Canarios?