En el primer capítulo de este culebrón cité el término “Spanish soul”, inventado por los coleccionistas tiempo después, como uno de los fenómenos más relevantes de la música nacional en el trienio 67/69. Es una época en la que incluso los grupos pop como los Bravos tienen arreglos de metales en sus canciones; por otra parte hay que recordar que el beat y el garaje han pasado de moda, mientras que la psicodelia no cala en los músicos españoles y el rock es aún minoritario. Bien, pues aquí entra de nuevo en escena Alain Milhaud, productor de dos de los grupos más importantes del género: Canarios y Pop Tops, cuya obra será relativamente popular incluso en el extranjero, y volvemos al principio de este párrafo. Siguiendo el orden de aparición en el mercado, hoy nos visitan los Canarios: ya saben, el grupo dirigido por ese personaje tan impopular de unos años a esta parte.
Eduardo “Teddy” Bautista es un muchacho de Las Palmas que con dieciocho años ya tiene su primer grupo, los Devil’s Rock. En 1964, dos años después, decide abandonar los estudios superiores que había comenzado y se dedica plenamente a la afición ratonera: apoyado por su padre, que en la práctica se convertirá en su manager, crea un nuevo grupo llamado “los Ídolos”, con el que actúa en Madrid y Barcelona. Allí graban algunas piezas en las que Teddy ya canta en inglés -con algunos gallos por medio- versiones de Beatles y en general grupos beat, en tono casi garajero; no es que sean una maravilla, pero tienen su gracia. Bajan luego a Sevilla y, actuando en un hotel, les pasa lo que a otros grupos nacionales: un guiri se fija en ellos y los invita a hacer una gira por su país. Pero resulta que el país en cuestión es nada más y nada menos que los Estados Unidos, adonde se dirigen bajo el nuevo nombre de “The Canaries” con equipo nuevo financiado por el padre-manager. Allí hacen unas cuantas giras, graban unas maquetas que no serán publicadas de momento y vuelven a España medio año después; actúan en el Gran Musical y salen volando a los países nórdicos, para estar de nuevo en casa en otoño del año 66.
Su viaje a los States les ha servido para comprobar la decadencia del garaje y la gran afición que hay incluso entre el público blanco por la escuela de Sam Cooke y Otis Redding; este último deja asombrado a Teddy y sus colegas, e inmediatamente se apuntan al soul. También Alain Milhaud se queda asombrado cuando los oye, en aquella actuación del Gran Musical: no hay nadie en España que haga ese tipo de sonido, con una voz como esa (que pronto será comparada con la de Roger Chapman), cantando en inglés y con repertorio propio. Sin la más mínima duda, antes de que iniciasen aquella gira por los países norteños ya los había fichado: a partir de entonces son “Canarios”, en español y sin artículo determinado. Sin embargo la formación es todavía un cuarteto en el que Teddy, además de cantar, ataca la guitarra rítmica y la armónica; Germán Pérez (guitarra solista) y Tato Luzardo (batería) lo acompañan desde los primeros tiempos de los Ídolos; el puesto de bajista es para el recién llegado Álvaro Yébenes, que demostrará ser tan bueno con ese instrumento como lo es con la guitarra solista: con ella se lució al frente de los Continentales, aquel gran conjunto surfero madrileño. Pero el salto a banda soul implica el fichaje de una sección de viento, que se añadirá a principios del 67: los hermanos Maiquez, trombón y saxo, militaban en una orquesta valenciana y traen a su amigo Nano Muñoz, trompeta. Por último llega el teclista Graham Bircumshaw, que acaba de abandonar a The Mode, un grupo británico afincado en Madrid (tienen un single grabado y publicado aquí poco antes de su marcha).
Milhaud repite la jugada de los Bravos y se reúne de nuevo con Phil Solomon: en los últimos días de 1966, cuando los Canarios son aún cuatro, se publica en Major Minor (el sello de Solomon) su primer single, que por supuesto se oirá con mucha frecuencia en Radio Caroline. En la cara A tenemos “Three-two one-ah!” y en la B “What can I do for you”, pero… esto ocurre allá, en Britania; en España hay que esperar hasta bien entrado el 67 para oír su primer single, en el que la cara A es “Pain” (grabada al mismo tiempo que las otras dos) y la A británica pasa aquí a ser la B. Su plan es atacar el mercado británico con un grupo compacto y con el último sonido que triunfa en los States; pero en la Isla ese estilo queda restringido casi exclusivamente al público mod, y su resultado en las listas es discreto. Este hecho desanima a Milhaud, que decide centrarse en el mercado español: tal vez por el empeño en triunfar allá, también su debut aquí ha pasado casi desapercibido (Hay también dos singles para el mercado estadounidense, uno en el 68 y otro en el 69, seguidos de un LP en el 70 donde vienen contenidas aquellas maquetas garajeras grabadas años antes, pero tampoco llegaron a nada). De sus tres primeras canciones grabadas en la Isla, mis dos preferidas harían un refrito del single británico y el español. A ver qué les parecen:
Las cosas cambian con la publicación del segundo single. Milhaud recibe una llamada de Elías Querejeta encargándole una canción para incluir en “Peppermint Frappé”, película que está rodando Carlos Saura, y da la casualidad de que los Canarios acaban de grabar una pieza que podría servir. Querejeta y Saura la oyen, dan su consentimiento y esa nueva canción, que iba a titularse “The incredible Miss Perryman”, cambia de nombre. El single se publica a mediados de 1967, antes de que llegue la película a los cines, y se mantiene holgadamente en el top 10: ahí se consagran los Canarios. Y luego alcanzarán la cumbre con “Get on your knees”, una de las canciones estrella de 1968 tanto en las emisoras como en las listas de ventas: aunque su ascensión es un poco lenta, luego se mantiene en el primer puesto durante meses y con el paso del tiempo ha quedado como una de las canciones más memorables en la historia del maltrecho repertorio patrio. Gracias a su alto nivel técnico, la voz, su creatividad y un plan de trabajo totalmente profesional dirigido por el padre de Teddy, que además los acompaña en las giras y presencia todas sus actuaciones para pulir defectos, son en ese momento la banda nacional de más prestigio. Una banda, sí: el término “conjunto musical” queda muy rancio para lo que ellos llegan a ser.
Pero la alegría termina ese mismo año gracias a la llamada de la Patria, ya que entre 1968 y 69 deben acudir a filas hasta cuatro canarios, incluyendo a Teddy. Este planifica la ausencia presentando un nuevo single justo antes de irse: “Child” / “Requiem for a soul”, que probablemente sea el mejor de su carrera en vista de que ambas caras son igual de buenas, a medio camino entre soul y góspel (la B es un homenaje al maestro Otis, recientemente fallecido). Mientras tanto, el grupo sigue cumpliendo sus actuaciones gracias a los relevos previstos; por ejemplo la voz queda a cargo de Pedro Ruy-Blas, nada menos. A la vuelta de la mili vemos a Teddy muy actualizado: en Estados Unidos, su principal referencia, el soul está siendo sustituido por bandas blancas de metales como Chicago o Blood, Sweat & Tears, mientras que el rock progresivo se hace fuerte en la Isla. Así que ha dado un nuevo paso y presenta una obra que refleja esa mezcla: “Libérate” (o “Free yourself”, como quieran), un Lp que se publica en 1970 y que aun siendo irregular alcanza una popularidad notable. Sin embargo, a Milhaud no le parece que haya futuro siguiendo por ese camino y decide separarse de ellos. Tal vez tenía razón: las bandas americanas de ese estilo no van mucho con el espíritu hispano, y los Canarios, que comienzan a sufrir cambios de personal, cubren el año 71 con menos actuaciones y dos únicos singles mediocres. Tras un directo en 1972, soportable a medias, Teddy liquida el grupo. Pero resurgirá dos años después hecho un fiera de la electrónica, rodeado de teclados, con la misma marca comercial y otros músicos, para publicar el doble “Ciclos”, una personal visión suya sobre las Cuatro Estaciones de Vivaldi al más puro estilo Emerson Lake and Palmer y que causa una notable división de opiniones. Luego siguió con otros proyectos de poco recorrido, se dedicó a la producción y por último… bueno, esa parte será mejor olvidarla. Quedémonos con los buenos tiempos: “Child”, la cara A de aquel single maravilloso, y “Free yourself”, que daba título a su LP.
Los Canarios fueron en cierto modo una estrella fugaz, ya que su momento de mayor gloria duró dos años (aunque “Libérate” es un disco muy defendible). Estamos ante otro de esos grupos de los que nunca sabremos a dónde habrían llegado de no ser por la maldita mili, pero no hay duda de que mientras brillaron lo hicieron con mucha fuerza. Y en cuanto a la catadura moral de su líder, ya da lo mismo: lo que importa siempre es la obra.