martes, 14 de junio de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (XVII)



De vez en cuando surgen personajes o grupos que van contracorriente, y ese es el caso de Conexion (sin acento, por si el mercado extranjero…), una agrupación que no sigue la tendencia dominante a finales de la década. Sus querencias están claramente definidas: el soul, las brass bands yanquis al estilo Chicago o Blood, Sweat & Tears e incluso el gospel. Ya vimos que el spanish soul (en esencia, una variación castiza de lo que los sajones llamaban blue eyed soul) fue un estilo “casi” autóctono que arrasó en nuestro país en el trienio 66-68; pero en 1969, cuando ellos se presentan en sociedad, comienza a resultar arriesgado seguir ese camino salvo que se tenga la suficiente creatividad y talla técnica para defenderse con soltura… y que los señores de Movieplay estén interesados: Canarios y Pop-Tops, las dos grandes bandas supervivientes de aquel trienio, son suyas y también lo será esta. Entrados en la nueva década, ningún otro sello se va a arriesgar ya con este tipo de sonido.

Hay tres músicos manchegos con estudios clásicos que se han fogueado en grupos filarmónicos y bandas de pueblo; uno de ellos es un tal Luis Cobos, cuya especialidad son los instrumentos de viento. A pesar de esa formación, la preponderancia de los metales en las bandas de soul pop que están triunfando en la segunda mitad de los años 60 lo anima a cambiar de perspectiva y buscar una opción “moderna”, convenciendo a los otros dos (el trompetista Serafín Alberca y el guitarra Alfredo Lozaya) para trasladarse a Madrid. A mediados de 1967 se establecen en esa ciudad y comienzan a buscar músicos interesados en formar una banda al estilo de las que están triunfando en ese momento, y finalmente la similitud con los grupos yanquis es clara: hay una fuerte sección de viento, teclados y una voz “internacional” (el nicaragüense Danny McKanlly, un moreno que por supuesto canta en inglés). Se foguean en algunas discotecas locales y no tardan mucho tiempo en conseguir un contrato con Movieplay, donde a mediados de 1969 graban su primer single; las comparaciones con los otros dos grupos del sello (especialmente Canarios) son inevitables, pero hay que reconocer que no tienen nada que envidiarles porque tanto “Strong lover” como “West soul” demuestran tener su propio estilo (Luis Cobos es su compositor principal) y una potencia tremenda. Estamos ante un formación de ocho músicos con técnica y criterio totalmente profesionales, que rematan el año con un nuevo single en el cual “I will pray”, su cara A, es una verdadera conmoción en las discotecas; aunque su versión de “Don’t let me be misunderstood” en la B es otra prueba de poderío. 

Entre 1970 y 71 recorren el país en un sinfín de actuaciones que los hacen ya tan populares como sus dos competidores del sello. No hay muchas grabaciones (entre otras cosas por la mili, que aqueja a Cobos), pero ya se les nota que han comprendido que al spanish soul le está pasando la hora. Mientras Canarios se acercan al progresivo con “Free yourself”, los Pop Tops eligen el gospel (“Oh Lord why Lord” es de los más grandes éxitos de Movieplay); Conexion van a situarse en una línea parecida a estos últimos, pero alternando piezas de ese tipo con otras en las que resulta evidente la nítida influencia de Chicago. Y su único single del 70 es el mejor ejemplo: ”Un mundo sin amor” podrían haberla firmado los Pop Tops y resultaría creíble, mientras que “Woman I love you” demuestra que han escuchado con detenimiento a la banda yanqui. Es una canción muy curiosa, con un desarrollo cercano a las primeras piezas de aquellos; a mí me recuerda con mucha claridad la versión del “I am a man” que figuraba en su primer disco; y tanto el sonido como la ejecución son impecables, a su altura. El año 71 es el más flojo, con otro single que sigue el mismo patrón que el anterior pero sin conseguir su brillo ni de lejos. 

En 1972 Cobos ya está liberado de sus obligaciones militares y Conexion recuperan su protagonismo con dos singles y la publicación a finales de año de su disco grande. El primero de esos singles es uno de sus mayores éxitos: “Preparad el camino al Señor” (o su versión en inglés) es el refinamiento definitivo del “spanish gospel” si tal cosa existiese, una pieza muy potente que llega a conseguir una ventas decentes incluso en algunos países europeos; mientras que “Walking to the hell”, la cara B, va a medio camino entre Chicago y Blood, Sweat and Tears. Resultan comprensibles algunas críticas que resaltan la excesiva tendencia de Cobos a “tomar prestadas” las ideas de otros -algo que hará durante toda su carrera-, pero hay que admitir que lo hace muy bien (a fin de cuentas, ¿de dónde sale la mitad de los éxitos que Page “compuso” para los zepelines?). El segundo single es un avance de su inminente Lp, y en concreto su cara A, “Harmony”, trata de rentabilizar el éxito del anterior con una estructura similar. Por fin, cuando el disco grande llega a las tiendas, la sensación es un tanto extraña: Conexion parecen haber avanzado mucho en muy poco tiempo, ya que ahora suenan cercanos al progresivo; y aunque la influencia -otra vez- de las dos sempiternas bandas yanquis resulta evidente, ya no lo es tanto. Por otra parte el gospel ha perdido presencia, salvo por la inclusión del single que además le da título (probablemente como gancho comercial más que por convicción). Cobos parece estar muy al día, y lo más probable es que ya haya comprendido que en Europa esos estilos están pasando de moda. El disco, sin ser brillante, tiene algunos momentos de calidad: dejando aparte la ya demostrada talla técnica y de sonido, muy por encima de la media nacional, resulta que todas las piezas de la cara A están muy bien construidas aunque en algunas ocasiones ya comiencen a sobrar esas trompetas, y solo “Harmony” resulta un poco blandengue. Otra cosa es la cara B, donde hay una única pieza de quince minutos titulada “Concierto 1”, en plan jazz rock (y sí, otra vez suenan a Chicago), que se hace un poco pesada por momentos. En conjunto ya digo, es un disco de factura muy respetable, pero las ventas fueron pobres tal vez porque despistaron a sus clientes habituales. 

A partir de aquí ya no hay mucho que contar: un nuevo single en 1973 contiene otra buena canción, “Children of Eden” (o su versión en español, aunque en el caso de Conexion son mejores las cantadas en inglés), y por fin se despiden al año siguiente con otro que pasó casi desapercibido: “As the universe / Moving clouds” era una inteligente adaptación de su sonido a la nueva época de teclados electrónicos y sonido casi espacial, pero en todo caso era un sonido de minorías porque la masa de consumidores preferían a Formula V o Los Puntos, y los ratoneros ya solo escuchaban música extranjera. Conexion, la última gran banda española de metales, desapareció poco después. Y sí, Luis Cobos se hizo luego millonario (supongo) con sus composiciones para otros y su fusilamiento sistemático de unos cuantos clásicos, pero mejor olvidemos esa época. Por otra parte su militancia en el sector duro de los recaudadores junto a Teddy Bautista, Ramoncín y otros prohombres del cobro lo ha hecho tan impopular como ellos, por lo cual ahora resulta difícil encontrar una buena biografía de este grupo. Pero en fin, queda su obra, y esa la tienen ustedes aquí. 


lunes, 6 de junio de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (XVI)



El rock andaluz, en la transición de una década a otra, está creciendo pero no tiene aún la potencia que alcanzará a mediados de los años 70: Smash es de momento la única banda realmente digna de ser citada. Sin embargo, hay algunos músicos en los que se detecta su procedencia aunque hayan decidido buscarse la vida en Madrid, que a fin de cuentas es donde están las oportunidades. Y uno de los más notables en esa época es Pepe Robles, que nació en Madrid por casualidad: toda su familia es malagueña, y tanto su manera de cantar como su música denota claramente la querencia andaluza. Recordarán ustedes que comenzó a hacerse conocido en los Ángeles, muy joven aún, cuando sustituyó a Paco Quero por razones militares. A pesar de que aquella sustitución duró poco tiempo, fue suficiente para que Rafael Trabuchelli, el mago de Hispavox, se fijase en él y le ofreciese la posibilidad de comenzar una carrera en solitario; pero Pepe era un gran aficionado al rock/pop progresivo de tipo melódico (tal vez un cruce entre Aphrodite's Child y Left Banke, por decir algo), y para seguir ese camino es necesario un grupo. Trabuchelli acepta y juntos buscan un trío de músicos que le acompañen para crear la que será una de las escasas bandas españolas que supo combinar el éxito comercial con la calidad: Módulos, cuya influencia se notará años después en los grupos sinfónico/progresivos como Triana, por ejemplo. 

Pepe Robes, a pesar de su juventud, es un excelente guitarrista, cantante y compositor. Junto a él estarán Tomás Bohórquez, un extremeño con querencias andaluzas que domina el órgano y en general cualquier tipo de teclados (autor de ese sonido Hammond tan característico de Módulos); Juan García Reyzábal es el batería y violinista ocasional, y el bajo queda a cargo de Emilio Bueno. Aunque estos instrumentos son los más usuales, ya que en realidad dominan otros cuantos, y todos tienen además facultades para componer. La implicación de Trabuchelli y los músicos es total: les cede un bajo en el edificio Hispavox, donde se echan horas y horas ensayando. A mediados del 69 aparece su primer single, ”Ya no me quieres / Recuerdos”: en la primera se nota el paso reciente de Pepe por los Ángeles, ya que hay resabios de ese estilo (y probablemente a Hispavox le interesa que los haya), mientras que “Recuerdos” recuerda a los Young Rascals (el parecido con ”Groovin” es bastante evidente); pero ambas tienen carácter propio, una estructura perfecta y sobre todo la primera luce un gancho pop “sentimental” irresistible. Hispavox hace una buena promoción, sobre todo en las radios, y las ventas son lo suficientemente buenas como para pensar en un disco grande, que viene precedido a finales de año por un single conteniendo dos de sus futuras piezas: “Todo tiene su fin / Nada me importa” o al revés, ya que ambas se consideraron cara A. 

El éxito, especialmente de la primera, es aplastante y ha quedado como la canción más representativa en la carrera de Módulos, para bien o para mal. Y digo para mal porque ese éxito tal vez oscureció un poco el resto de su carrera: estamos ante una de las grandes clásicas en la historia de la música española, y ese tono de balada entre sinfónica y progresiva es el sello más definitorio de Módulos (aunque también el origen de las desavenencias entre Robles y Reyzábal, que se discuten su autoría y desde entonces mantendrán una relación exclusivamente laboral). Como es lógico, su tirón hace que “Realidad”, su primer Lp, publicado ya en 1970, sea de los más vendidos en la época; pero por ese “oscurecimiento” que causa una canción tan grande parece que las demás no tienen brillo, cuando la verdad es que estamos ante una gran selección. Es notorio el tono andaluz en la voz de Robles y su cadencia melódica, que insertada en unas piezas de gran altura crean un sonido nuevo: “Realidad”, la que abre el disco, puede recordar el estilo de Brian Auger, y en general ese cruce entre progresivo y sinfónico anticipa lo que será el rock andaluz de teclados. Vuelvo a Triana: canciones como “Noche de amor” o “Dulces palabras” me parecen antecedentes claros. Otra cosa es la elección de dos piezas de Beatles para hacer versiones; irá a gustos, pero a mí me parecen un poco excesivas. En el medio de un verano cargado de actuaciones por toda España presentan un nuevo single, no incluido en el Lp: “Tú ya no estás / No puedo estar sin ti”, bastante bueno (la primera, otro anticipo de Triana). 

En 1971 publican su segundo Lp, que en términos generales mantiene el nivel del primero aunque se contiene un poco la querencia progresiva. Tras el brillante desarrollo de “Un nuevo día”, la que abre el disco, llegan dos grandes hallazgos, “Adiós al ayer” y “Solo tú”: la primera en tono de balada y la segunda casi barroca, pero ambas en un delicioso tono pop; publicadas en single fueron otro éxito de gran calibre. Hay una aproximación al tono rockero en “Juan”, otra un poco “racial” de más (“Bandolero”) y de nuevo una versión recargada, esta vez de “Sonidos del silencio”. En conjunto es otro buen disco, aunque comienza a echarse de menos algún tipo de evolución y las ventas lo demostraron: por lo visto, a la mayoría de los aficionados solo les interesaban las dos canciones del single. La situación va a peor en 1972, con su tercer disco; se titula “Plenitud” y ahí se pierde definitivamente la conexión con el sector mayoritario de aficionados: el tono sinfónico progresivo se hace más denso, las canciones pierden melodía a favor de los desarrollos largos y el resultado es un disco que se hunde comercialmente, como pasará con el siguiente (aunque de nuevo la canción más pop de aquel disco, la más standard, es un éxito en single: “No quiero pensar en ese amor” fue la última gran incursión de Módulos en las listas). Su buena época ha pasado, y justo por entonces Pepe Robles sufre un grave accidente de automóvil que paraliza el grupo durante todo el año 73. A su vuelta graban el cuarto Lp; se titula “4”, precisamente. Es un batiburrillo de piezas sin una línea definida, y las ventas son minúsculas. 

El primer contrato con Hispavox llega a su fin y toca renegociar, lo cual permite a Reyzábal marcharse: si no fuese por la cláusula que lo ataba, se habría ido mucho antes. En su lugar entra el ex CRAG Juan Cánovas, pero ya no importa mucho. A partir de ahí grabarán algún single más, incluso un Lp, pero yo no llegué a escucharlos. Llega luego el inevitable baile de músicos que preludia el final, en 1979; también hubo el clásico intento de reunión con grabaciones incluidas diez años después, aunque por poco tiempo. Lo que queda es, gracias a sus magníficos primeros años, la innegable influencia que han dejado en muchos grupos sureños (aunque no siempre para bien: las versiones de Medina Azahara son penosas). Y esos primeros años están condensados aquí.