La desaparición de Solera, un cuarteto que se había presentado pocos meses antes como una de las grandes esperanzas de la música española, fue definida por la prensa como resultado de la diferencia de criterio entre sus integrantes, y el camino que siguieron luego demuestra que esa explicación era muy creíble. Cualquiera de nosotros ve lógica la evolución de Solera hacia C,R,A & G, ya que en realidad solo hay cambios de personal y no de estilo: en ese disco, igual de bueno que el anterior, sigue presente la querencia por los juegos de voces al estilo C,S,N & Y, como también la producción de don Rafael y por supuesto las magníficas letras aportadas principalmente por Rodrigo, uno de los mejores letristas españoles. Pero ahora veamos la situación desde la perspectiva de José y Manuel: en lo literario no pueden competir con Rodrigo y Guzmán, su trabajo en Solera fue más técnico que creativo y por lo tanto perdieron el protagonismo. Lo peor de todo es que tal vez hayan tenido ellos la culpa por aceptar una dirección musical con la que no estaban de acuerdo: a estas alturas, el estilo de don Rafael como productor ya comienza a parecerles un poco acartonado, mientras que las querencias vocales yanquis de Rodrigo y Guzmán tampoco van con su estilo, más urbano. Por resumir, digamos que C,S,N & Y tienen poco que ver con Simon & Garfunkel. Pero a los aficionados estas diferencias nos vienen muy bien, ya que así podemos disfrutar de dos maneras de ver el mundo: en 1974 nacen dos maravillas que junto con el disco de Solera forman lo que algunos coleccionistas de la tercera vía llaman “la Santísima Trinidad de Hispavox”: “Señora azul” y “Telaraña”.
De Rodrigo García y José María Guzmán hice una presentación demasiado escueta al hablar de Solera, y ahora es el momento de ampliarla un poco. Ambos tienen estudios de Conservatorio: Rodrigo como violinista, Guzmán con el violonchelo; pero dejando aparte la titulación oficial, dominan varios instrumentos de cuerda y piano, además de tener buena voz. Rodrigo, nacido en 1947, marcha con sus padres a Colombia en 1964 y allí crea uno de los grupos más recordados de la historia de aquel país: los Speakers, que bajo su dirección (era el único con formación musical) comenzaron haciendo beat, pop y rock and roll para rematar su trayectoria en 1968 con “El maravilloso mundo de Ingeson", uno de esos escasos pero encantadores discos de psicodelia hispanoamericana que hoy en día tiene carácter de mito. Poco después vuelve a España y tras hacer la mili comienza su carrera profesional en la banda de Juan Pardo; entra en la plantilla de Hispavox y en 1970 participa en el primer disco de José y Manuel; a continuación en el “S.S.Q.B.M.” de los Pekenikes y en 1972, tras el segundo disco de los hermanos, comienza junto a ellos y Guzmán a preparar el material para Solera (el nombre de ese cuarteto es idea suya, por cierto). En cuanto a Guzmán (1952), comenzó muy joven como músico profesional de acompañamiento (a Micky, entre otros) y entró en la plantilla de Hispavox en 1971, con diecinueve años; ahí conoció a los que pronto iban a ser sus compañeros en Solera. Cuando esa aventura termina, Rodrigo y Guzmán se han hecho amigos y deciden crear un nuevo cuarteto asociándose con otros dos músicos a los que tanto ellos como nosotros ya conocíamos de antes: Adolfo Rodríguez ha sido la primera voz y segunda guitarra de los Íberos hasta el final de ese grupo, mientras que el batería Juan Cánovas viene de los fugaces Franklin.
Contra lo que pueda parecer, el nombre de C,R,A & G no es un homenaje al cuarteto yanqui de sus amores, sino una solución de compromiso: Rodrigo dice que recurrieron a esa escala más o menos eufónica de nombres y apellidos después de muchos intentos por ponerse de acuerdo en unas cuantas denominaciones propuestas por cada uno de los cuatro que no fueron aceptadas por los demás. Pero lo que cuenta es que en 1974 se presenta el resultado de esa unión: “Señora azul”, que como dije antes presenta muy pocos cambios de estilo con respecto a Solera, ya que la mayoría del material vuelve a estar a cargo de Rodrigo y Guzmán con pequeñas aportaciones de los otros dos. En cuanto al sonido y la producción de Trabucchelli son similares, aunque se percibe una cierta actualización con más arreglos electrónicos y menos intrusiones de las legendarias “trompetas Hispavox”, que de todos modos redondean muy bien la pieza que da título y cierra el disco, una clásica donde las haya. Clásicas son también la soberbia “Solo pienso en ti”, que gracias a su poderío y a las versiones que se han hecho de ella hoy en día tal vez es la más recordada del cuarteto, o “El río”, donde su afición por las voces yanquis pueden recordarnos al trío America, mientras que “Supremo director” parece casi un homenaje a Crosby y compañía… No hace falta decir mucho más, este disco lo conocemos todos. Ah, y la Censura tan miope como siempre: se perdió “Jovencita”, una canción en la que Rodrigo se atrevía a hablar de ciertas estrecheces en las que incurrían ciertas jovencitas (nada escandaloso, en cualquier caso); pero coló la emocionante “María y Amaranta”, una balada lésbica de categoría. En cuanto a la propia “Señora azul”, dudaron un rato pero al final la dejaron pasar, e hicieron bien: dice Rodrigo que su ironía va contra ciertos críticos musicales, no contra los señores censores. Ah, bueno.
Por desgracia, y al igual que pasó con Solera, los singles se vendieron bastante bien pero el Lp fue un fracaso. El cuarteto se separó casi a continuación, cada uno siguió su propia carrera personal y no volvieron a reunirse hasta diez años después para grabar un segundo disco: las nuevas canciones siguen siendo muy buenas, pero llevan un tratamiento pretendidamente moderno que las oscurece. Hubo otro disco al año siguiente y otro más en el 94, pero a mí por lo menos no me inspiran mucho: el legendario, el insuperable, fue el primero.
Si “Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán” no parece un nombre muy apropiado para un grupo, a ver qué opinan ustedes de “Nuevos Horizontes con José y Manuel”, o “NH & JM”, como prefieran. Y si a continuación echamos un vistazo a esa horrenda portada, la idea que nos sugiere es la de un desastre comercial. A veces no hay quien entienda a los sellos discográficos: se gastan un dinero en músicos, técnicos, horas de grabación, vinilo, cartón, diseño gráfico… y al final lo dejan caer todo por una planificación comercial nefasta y porque, tanto en este caso como en el de Cánovas y compañía, parecen haberse quedado sin presupuesto para promocionar todo ese trabajo. Como ven, en lo referente a estrategia Hispavox no era mejor ni peor que los demás sellos nacionales. Y también en ambos casos su dejadez fue la cumbre de una tormenta perfecta en la que, por supuesto, también hay que incluir la actitud desdeñosa de un público “moderno” que ya no atendía a la oferta nacional y del otro público, el masivo, los fans de Diablos, Fórmula V y compañía, para quienes este tipo de músicas resultaba indigesto. Así que finalmente “Telaraña” corrió la misma suerte que “Señora azul”; peor aún, ya que mientras el segundo comenzó a ser reivindicado pocos años después y hoy en día es un referente inevitable, el primero sigue siendo uno de los secretos mejor guardados del pop nacional de los años 70, una gran pieza de coleccionismo; lo cual será muy digno y muy prestigioso, pero también una completa injusticia. Para mí, “Telaraña” no es mejor ni peor que “Señora azul”. Es, sencillamente, otra maravilla en otro estilo.
Tras la aventura de Solera, José y Manuel tienen un nuevo puñado de canciones preparadas. Su estilo ha ido cambiando estos últimos meses, tal vez por simple evolución natural y puede que también por marcar diferencias con Rodrigo y Guzmán: sus gustos ahora están a medio camino entre los juegos de voces yanquis y las influencias británicas del pop progresivo al estilo Badfinger y compañía. Aprovechando que Nuevos Horizontes está al borde de la desaparición tras la marcha de Ana María Guillén, su teclista y única voz femenina, convencen al trío restante para unirse a ellos y de ese modo consiguen el apoyo instrumental que necesitan, mientras que su productor será el ex-Pekenike Tony Luz. La primera noticia de esta nueva formación llega a las tiendas en forma de single: “Barcelona /Creías que ya nunca me iba a enamorar”, del cual la cara A es una hermosa pieza a medio camino entre pop barroco y progresivo, mucho más british que yanqui, mientras que la B es una concesión a la comercialidad bastante olvidable. Ese single tuvo unas ventas lo suficientemente buenas para empujar a Hispavox a la publicación del Lp: “Telaraña” se presenta poco después con material completamente nuevo (el single se añadió luego, en la reedición en CD). Y tanto si ustedes lo conocen como si no, tranquilos: no les voy a dar mucho la lata. Solo diré que, salvo alguna pieza un poco más floja que el resto, hay joyas como la majestuosa “Se me escapó una ilusión” que abre el disco y parece anticipar hasta casi el rock sinfónico andaluz; la sorprendente “My sunshine”, cantada en un inglés muy justito pero suficiente para mantener una estructura pop/rock magnífica; el espíritu tan de coña de las vainicas en “Versallesco rococó”; el tono progresivo de flauta y teclados al estilo Brian Auger en “Cada día más”, o el cierre progresivo/sinfónico de “Si cierras el balcón". Qué viaje, señores. Qué pena que casi nadie se enterase; entre otras cosas, ya digo, por la desidia de un sello incomprensible.
Después de los pobres resultados obtenidos por lo que sin duda fue su mejor esfuerzo, José y Manuel comprenden que lo mejor es dejarlo; su canto del cisne será ya en 1976, tras despedirse de Nuevos Horizontes, con un single mediocre aunque como siempre un juego de voces soberbio. Y esto es todo. En cuanto a ustedes… si pinchan aquí tal vez acaben coincidiendo con los que pensamos que, efectivamente, eran tres y no dos las joyas de Hispavox.



