Brinsley Schwarz quedaron heridos en su orgullo tras el penoso episodio del Montaje, que había terminado con las ilusiones por ocupar un puesto de privilegio en el mercado. Pero supieron rehacerse y poner los pies en el suelo: tal vez aquel desastre les estaba dando una segunda oportunidad, la oportunidad de centrarse, conocer sus capacidades reales y a qué podían aspirar. Antes de que termine 1970 publican su segundo disco, titulado “Despite it all”. Parece como si ese título fuese una especie de reivindicación, y lo era; de nuevo la mayor parte del material estaba compuesto por Nick Lowe, pero aquí abandonaba aquella pretensión por abarcar medio catálogo de estilos yanquis que lastró su debut para dar una imagen de mayor coherencia. Al igual que en el primer disco -y casi todos los posteriores, salvo el último- la producción también es cosa de la propia banda, aunque por lo general la titularidad corresponde a Bob Andrews. Y aunque se nota la devoción a Byrds y The Band -por resumir-, ya hay una línea más o menos definida: el country rock será la esencia de Brinsley Schwarz (aunque siempre hay alguna pequeña sorpresa, como la deliciosa “Funk angel”, a medio camino entre varios estilos). Pero no tienen aún el gancho ni el carácter suficiente para alcanzar unas ventas razonables, y el disco pasa casi desapercibido; por otra parte las actuaciones escasean, ya que un grupo de “perdedores” no tiene posibilidad de actuar en los locales del circuito estándar. Y es por esa época cuando su existencia se cruza con la de una pequeña banda yanqui que anda por Londres casi a salto de mata… Exactamente, aquí surge una nueva muñeca rusa.
Recordarán ustedes que Chas Chandler, el ex bajista de los Animals, se había convertido en manager allá por el año 66, y que su primer fichaje fue El Pelotazo Total: Jimi Hendrix, nada menos. Desde entonces tenía la sana costumbre de darse una vuelta por los tugurios de Greenwich Village cada vez que iba a Nueva York, y allí se encontró, a finales de 1970, con cuatro muchachos que poco antes habían decidido abandonar California en busca de los aires atlánticos, más receptivos a una música que al otro lado del país ya resultaba endémica. Se hacían llamar Eggs Over Easy, o sea, Huevos Fritos; con un nombre como ese, ya nos podemos imaginar que muy presuntuosos no eran. Tampoco es que su repertorio -piezas originales y versiones- se pueda considerar sorpresivo, por decirlo así, ya que en esencia se basaba en el country rock; aunque era muy amplio y ejecutado con mucha soltura (algo así como los incombustibles NRBQ, pero en formato reducido). El caso es que tanto ellos como su manager deseaban grabar un disco, y Chandler les ofrece la posibilidad de viajar a Londres porque tiene estudio propio y los costes son mucho menores. Y allá se van a principios del 71, aunque las cosas se tuercen: el manager, que no parece muy contento con los arreglos de Chandler, vuelve a Nueva York y al poco tiempo les llama diciendo que mejor será que de momento no aparezcan por allí, ya que hay algunos problemas económicos que debe arreglar. O sea, que los Huevos Fritos se encuentran de pronto abandonados en Londres, sin dinero y sin saber qué hacer.
Cerca de donde vivían, en el noroeste de la ciudad, había un pub en el que tocaban pequeñas bandas de jazz; se llamaba Tally Ho, y allí se dirigieron estos muchachos para hacer una oferta al dueño del local: usted déjenos tocar en la peor noche de la semana, y así no tendrá nada que perder. El resto es historia: las primeras noches hubo muy poca gente, pero funcionó el boca a boca y en poco tiempo la peor se convirtió en la mejor. Una de esas noches llegaron al pub los músicos de Brinsley Schwarz, atraídos por el runrún que ya se escuchaba por la ciudad, y quedaron encantados: aquella mezcla de country rock, juegos vocales e incluso un leve tonillo de blues con pop era más o menos lo que ellos mismos estaban desarrollando; y si aquel pub estaba lleno es que había una opción para vivir de esa música al margen de los grandes locales, y por lo tanto sin la necesidad de tener un gran equipo. Había nacido el pub rock como alternativa “ética” a las bandas dinosaurio, y en poco tiempo los británicos consiguieron un pequeño circuito en el norte de la ciudad que luego se fue ampliando; y por supuesto la prensa musical estaba tomando nota, ya que el término comenzó a ser popular en las revistas del ramo. Ahí termina el papel de los yankis, que poco después se volvieron a su país: el manager había conseguido un contrato con la A&M, y en el verano del 72 publicaron por fin su disco, que con la humildad que les caracterizaba fue titulado “Good’n’cheap”.
Brinsley Schwarz se convierten así en la primera banda isleña que pone el pub rock en el mapa. Una banda que tiene un sonido más compacto que en sus primeros tiempos, ya que poco antes de aquel episodio (más o menos cuando se publicó su segundo disco) habían puesto un anuncio en Melody Maker buscando un guitarrista que fuese igual de bueno como solista que como rítmica, que supiese cantar y componer, que le gustase el country y de paso que pudiese tocar también otros instrumentos. O sea, lo querían todo. Y ese todo es Ian Gomm, otro veterano que había comenzado con un grupo escolar para luego trabajar en EMI mientras perfeccionaba su técnica; una técnica que lo convierte en el mejor guitarrista rítmico británico del año 71, según New Musical Express. El ahora quinteto comenzó a hacerse muy popular en el sur de la Isla, pero nunca perdieron la perspectiva y aunque llegaron a actuar ese mismo año en Glastonbury sabían que ese tipo de eventos, en su caso, serían puramente anecdóticos. En 1972 llega “Silver pistol” y luego “Nervous on the road”; el primero, compuesto a medias entre Lowe y Gomm, es de los que mejor ha resistido el paso del tiempo a pesar de la influencia evidente de The Band (a los Schwarz ya por entonces se les llama los Band isleños), mientras que el siguiente -de nuevo Lowe compone la mayoría del material- tiene un sonido más brillante aunque el espíritu de las melodías viene siendo muy parecido. “Please don’t ever change”, publicado en 1973, es el más irregular de su carrera, ya que hay mucha dispersión: parece un relleno confeccionado con lo primero que tuviesen a mano, desde baladas hasta rock and roll tradicional pasando por el reggae, e incluso las versiones carecen de interés. Y buscando nuevos ímpetus fichan como productor a Dave Edmunds, que dirigirá el sexto y último disco.
Sí, Edmunds es otra muñeca rusa. En cierto modo estamos ante un alter ego de Lowe, ya que también él disfruta con los estilos tradicionales yanquis aunque en su caso comenzó haciendo rock and roll con tintes de rockabilly para luego, siguiendo la estela de los Yardbirds, lanzarse en brazos del blues rock que en poco tiempo tiñó de psicodelia e incluso influencias progresivas. Y esa transición en el planeta del blues la vivió como guitarrista y líder del trío Love Sculpture, que con solo dos discos ha pasado a la historia del género (su primer Lp, una colección de versiones en tono de blues rock es casi un libro de estilo; y en el segundo, su versión de “La danza del sable” es sencillamente antológica: pocos guitarristas podrían sonar a su altura). Sin embargo parece que ese trío, por razones inexplicables, ha caído en el pozo del olvido... pero a lo que íbamos: tras la disolución de los Sculpture en 1970, Edmunds -que nunca ha destacado como compositor- alterna la publicación de algunas versiones de rock and roll tradicional con un brillante trabajo como productor (él será quien relance la carrera de los benditos Flamin’ Groovies, por ejemplo). Y como tal dirige en 1974 la grabación de “The new favourites of… Brinsley Schwarz”, que representa una mejoría notable sobre el anterior, al mismo tiempo que se nota un cierto hartazgo de Lowe con los esquemas country. Este será el disco más variado en la carrera de la banda, con un trasfondo pop en casi todo el material, y también de los más vendidos. Sin embargo es al mismo tiempo el final del grupo: Lowe y Gomm alternarán su carrera como músicos con la de productores e ingenieros de sonido (o sea, lo que ya está haciendo Edmunds). Los demás buscarán acomodo en otros grupos, como la banda de Graham Parker, Terraplane y otras cuantas.
Y por fin, después de tanto rodeo, volvemos al primer párrafo de la entrada anterior: Nick Lowe como figura central de esta historieta. Lo primero que hace después de la disolución de Brinsley Schwarz es ayudar a su nuevo colega Edmunds en la grabación de su segundo y tercer disco en solitario, mientras que el nacimiento del sello Stiff lo convertirá en un referente principal de la new wave británica; su papel es mucho más relevante que el de Gomm o Edmunds, ya que su gran ventaja es la de ser un compositor prolífico y con un excelente sentido para la melodía pop. Pero eso lo veremos la próxima semana; de momento lo dejamos aquí, interpretando al frente de los Schwarz “(What’s so funny ‘bout) Peace, love and understanding”, la canción más brillante de aquel último disco de la banda, una canción de la que el mismísimo Costello hará una versión años más tarde.




