"... El rock español, el que ha trabajado por el cambio, ha sido abandonado por el gobierno socialista. Y cuando hablo de rock no hablo del pop, de la basura. Es terrible: el rock español vivía mejor con Franco y la UCD que con los socialistas...".
Vicente "Mariscal" Romero
"... Quieren explicar la Movida como una conspiración del PSOE contra el rock proletario; lo cual es bastante absurdo, puesto que los primeros concursos de grupos los montó la UCD. Allí salían las propuestas más frescas por el apoyo de unos pocos críticos y periodistas; los grupos duros ya tenían su discográfica, su circuito, sus locutores que intentaban llevarse una tajada. Luego, es cierto, quedaron eclipsados, pero ese es un fenómeno de renovación que, aunque resulte cruel, siempre pasa".
Jesús Ordovás
Ya antes de que termine la década de los 70 se nota que España ha cambiado mucho en poco tiempo: que Franco muera a finales del 75 y tan solo dos años después surja un grupo como Kaka De Luxe es muy revelador. Demuestra que hay una nueva generación ansiosa por echar abajo todo lo que aquel horror histórico había edificado, y esa urgencia bulle tanto en los barrios obreros como en los más distinguidos: primero se había consolidado el rock urbano, que consiguió un gran protagonismo con su fusión del hard y progresivo tradicionales, e inmediatamente después los niños bien del centro -más jóvenes, casi unos críos- descubren la new wave isleña y americana, es decir, el renacimiento del pop. La sucesión de acontecimientos va a tal velocidad que antes del inicio de los 80 ya hemos visto surgir el conflicto entre esas dos opciones básicas: el rock urbano comienza a ser desplazado en las preferencias de la prensa y el público mayoritario por la nueva ola. Lo cual no significa en absoluto su desaparición, sino que -como sucede a escala mundial con el hard o el heavy- a partir de entonces será una corriente al margen, pero con un gran número de seguidores y ajena al paso del tiempo.
Todo esto sucede en Madrid, una ciudad que durante la posguerra había perdido su carácter hasta convertirse en un lugar oscuro, sobrepasado ampliamente por la efervescencia cultural y artística de la por entonces cosmopolita Barcelona. Sin embargo y contra lo que podría esperarse, la desaparición de la dictadura había invertido esa polaridad: mientras la burguesía catalana, obsesionada con la identidad y el "hecho diferencial", trata de controlar todo tipo de expresiones artísticas mostrando un sorprendente sesgo discriminatorio, Madrid se libera de la caspa amontonada durante tanto tiempo y echa a volar. Llegados a esta nueva década se ha convertido en una especie de faro de la modernidad que asombra "a propios y extraños", como se decía antes, y en la que se consagran lugares de encuentro como el Rastro y su bar La Bobia, los paseos por la Gran Vía, varios locales míticos como el Pentagrama (desde 1976), La Vía Láctea (1979) o el Rock Ola (1981-85) y un verdadero enjambre de revistas, fanzines y demás familia que podríamos simbolizar en una sola: "La Luna de Madrid", fundada en 1982.
Esa nueva realidad que surge en la capital se transmite al resto del país, lentamente pero con la efectividad de la lluvia fina, gracias a la radio y en menor medida la televisión. Primero, como siempre, fue la radio: en 1979 Radio Nacional de España inaugura Radio 3, que en su vertiente musical es la reunión de muchos de los grandes nombres que se habían consagrado en Onda 2, Popular FM y otras emisoras madrileñas que solo tenían alcance provincial (una de las circunstancias que había causado el despertar de esa ciudad en contraste con el resto del país). En 1981, a través ya de su red nacional, tendrá veinte horas diarias de emisión, algo poco frecuente por entonces. En cuanto a la televisión, y entre otros programas más convencionales, en 1983 TVE estrena el vanguardista "La edad de oro", de contenido multicultural pero con énfasis en la actualidad musical tanto española como extranjera: allí actuaron, entre otros, los Dream Syndicate, Violent Femmes, Tom Verlaine o Johnny Thunders junto a lo más granado del país como Radio Futura o Derribos Arias. Presentado por la legendaria Paloma Chamorro, solo duró dos años pero dejó una huella imborrable. La nueva mentalidad de la época llegó incluso a los programas infantiles con "La bola de cristal", que probablemente tuvo más público juvenil que infantil. Comenzó en 1984 y duró tres años. La suma de esas influencias hace que pronto comiencen a surgir ambientes autóctonos como el que hubo en Valencia, en Vigo o en algunas ciudades andaluzas.
Hay dos fechas casi "mitológicas" en la historia de la nueva ola: la primera es el 9 de Febrero de 1980, cuando tiene lugar el concierto homenaje a Canito, el batería de Tos (futuros Secretos), que como ya vimos había muerto a causa de un accidente de tráfico ocurrido en la Nochevieja del 79; la segunda es "El Concierto de Primavera", celebrado el 23 de Mayo de 1981 en la Escuela de Arquitectura ante unos quince mil espectadores y que confirmó definitivamente que la música española estaba viviendo una nueva era. Entre uno y otro se encuentra una buena parte de los nombres que protagonizan el futuro a corto y medio plazo. Por lo tanto, podemos resumir diciendo que el primer quinquenio de los 80 fue una larguísima fiesta.
A partir de ahí -un poco antes, en realidad- comenzó la decadencia, que a otra escala comenzaba también en la Isla o los States porque el ardor inicial de las nuevas olas, como pasa siempre, se va apagando. Es entonces cuando se puede echar parte de culpa al PSOE (que llega al poder a finales del 82) por la creciente degradación: con fines claramente electoralistas y aprovechando el ya manoseado soniquete de "La Movida", tanto el ministerio correspondiente como los ayuntamientos socialistas se dedican a gastar una considerable cantidad de dinero en todo tipo de expresiones culturales, unas con criterio y otras enloquecidas. En lo referente a la música, la mayor parte de los nombres con un mínimo de popularidad comenzaron a incrementar su caché: las fiestas patronales eran una mina. Pero lo eran para todos, al margen de la mayor o menor cantidad de discos que vendiesen. Y por mucho que los rockeros urbanos madrileños, o los progresivos catalanes o andaluces digan que la Movida los hundió, conviene recordar que sus discos ya estaban pasando de moda antes de la nueva década, y que fue por entonces cuando se consagraron la mayoría de los que en los primeros 80 ganarán más dinero: la Orquesta Mondragón o Tequila, por no hablar de clásicos como Miguel Ríos, son los reyes del escenario. De los recién llegados, solamente Alaska estará a esa altura. Y por supuesto algunos "rockeros auténticos" como Rosendo seguirán gozando del favor de un amplio sector del público.
Por último, una pequeña acotación sobre el término "La Movida", que espero usar lo menos posible y que en realidad es solo una parte de la nueva ola. Como ya vimos surgió a raíz del concierto homenaje a Canito, tal vez por un comentario de Alaska sobre aquella reunión ("menuda movida") que luego un comentarista musical sacó de contexto. Como en el caso de Guercio con "Paisley underground", tampoco ella quiere saber nada de una etiqueta que con el tiempo ha quedado como un reclamo más "para turistas". Ese reclamo se convertirá en parodia a mediados de la década, cuando solo queden un puñado de músicos de la primera época realmente interesantes compartiendo la debacle junto a una maraña de personajes absurdos y sin el menor interés, más pendientes de su ropa y su peinado que de la música. Y a partir de ahí comenzará a surgir la nueva generación, los futuros protagonistas de los años 90, que ya no son asunto nuestro.
Bien, pues vamos allá. Como dije antes, para quienes vivimos esa década aquello fue una fiesta. Y como en todas las fiestas luego llegará la resaca.., pero nadie piensa en eso ahora, ¿verdad?

