En efecto: con ustedes U2, el grupo más popular de todos los surgidos en la época post punk, con el "exotismo" añadido de su procedencia irlandesa. En su primera visita a este local ya se advirtió de la naturaleza conflictiva que tiene este tipo de bandas de corte mesiánico, como le pasa a Simple Minds y algunos más, ya que esa muletilla de "los amas o los odias" parece creada para ellos. Y sin embargo, si nos olvidamos de las actitudes megalómanas de Bono y nos centramos exclusivamente en el producto musical, hay que reconocer que al menos en sus primeros años elaboraron un repertorio bastante defendible. Los grupos de categoría estelar en cuanto a popularidad y ventas pueden acabar resultando detestables, y con frecuencia mantienen su estatus gracias a la inercia, pero si han llegado ahí es por algo (los Stones son el mejor ejemplo). También hay que reconocer que tuvieron suerte en sus inicios al caer en manos del productor ideal para ellos, ya que Steve Lillywhite potenció esa tendencia épica -que cuadra perfectamente con su método de trabajo- y los llevó a lo más alto con solo tres discos. Pero su otra gran baza es su directo, soberbio, muy profesional, con una alta calidad técnica y que por sí mismo sería suficiente para mantenerlos en el circuito sin agobio, como los Stones. Igual duran tanto como ellos...
En 1983, cuando llega el tercer y último trabajo con Lillywhite, todavía no está completamente despejado su futuro porque "October", el anterior, dejó una sensación agridulce en el ambiente: aunque las ventas habían sido considerablemente mejores que las del primero, la temática religiosa de una buena parte de las letras y el nivel medio irregular a pesar de éxitos incontestables como "Gloria" se sumaron a la creciente irritación de parte de la prensa y algunos aficionados sobre el hecho de que Bono resultaba un poco cargante con esas ínfulas mesiánicas que ya comenzaba a mostrar. En cualquier caso, aquí el grupo se empleó a fondo y en enero lanzan un primer single de tanteo que resulta ser un top 10 en media Europa: "New year's day", que aún hoy es de sus canciones más recordadas (y con vídeo de paisajes nevados, como los Bunnymen. Estaba de moda la desolación blanca entre los grupos heroicos). Poco después llega el Lp, con el título de "War" y una portada en la que vemos al mismo muchacho que había protagonizado la primera, un poco mayor y con gesto entre preocupado e irascible para hacer juego con el título y la temática de gran parte de las canciones del disco, en vena político social. Ya el arranque con "Sunday Bloody Sunday" indica claramente las intenciones del grupo: se trata de un recordatorio sobre el tristemente famoso Domingo Sangriento a finales de Enero del 72 en Derry. Da la impresión de que Lillywhite pretende pasar desapercibido, puesto que este es un disco en el que ya casi se habla más de las letras que de la música o los arreglos, bastante sobrios para tratarse de alguien como él. Sí, hay detallitos que luego resaltará la prensa, como la presencia de un violinista irlandés en la canción del Domingo Sangriento, o la utilización de un metrónomo electrónico por parte de Mullen, cosas así. Pero en conjunto, el sonido es denso, compacto, sin excesos de "luminotecnia". Maduro, en una palabra. Por cierto, que antes de que termine ese año se publica un directo titulado "Under a red blood sky" que, como era de esperar, demuestra la categoría del grupo. Lo extraño es que parece que lo hayan hecho de mala gana, casi de tapadillo, con la duración muy justita y una funda convencional. Como dije antes su directo es precisamente una de sus mejores bazas, y es cierto que tienen algunos documentales con actuaciones, pero que yo sepa no han vuelto a publicar un disco de este tipo nunca.
Tras un éxito de ventas y de actuaciones apabullante, parece que el grupo se asustó un poco. Según ellos, no estaba entre sus planes convertirse en un monstruo de los megaescenarios como los Stones o los Floyd, por ejemplo, y trataron de "perfilar un poco a su audencia" buscando un productor más arriesgado: si las letras y la idiosincrasia del grupo iban a estar siempre en cuestión, resultaba necesario equilibrar esa tendencia haciendo que lo teóricamente más importante, es decir, la música, mantuviese el protagonismo principal. Y aquí surge el nombre de Brian Eno, sugerido inicialmente por Edge e inmediatamente aceptado por Bono: Eno podía darles un prestigio "vanguardista" que les hacía mucha falta (aunque precisamente eso del vanguardismo no gustó a nada a Island, su sello, que sabía de sobra a qué extremos podía llegar). Y así se presenta en el otoño de 1984 "The unforgettable fire" -referencia a la bomba de Hiroshima-, grabado en el castillo irlandés de Slane y con esa portada en la que figura el de Moydrum. Y el caso es que acertaron, porque a pesar de tanto castillo Eno les da una textura mucho más cálida, al mismo tiempo que crea unos panoramas de sonido muy ricos: ese equilibrio entre sentimiento, proyección y ambiente que hay en canciones como la que da título al disco está muy bien conseguido. Y por supuesto hay siempre el gancho necesario para que las ventas no flaqueen porque junto a Eno está Daniel Lanois, mucho más "terrenal" y que aprovecha bien el material más compacto. Un ejemplo es "Pride", que directamente arrasó en medio mundo (incluyendo Estados Unidos, gracias en parte a esa letra relacionada con Martin Luther King). Por otra parte sigue creciendo el número de canciones lentas, sentidas, en tono de marcha, ideales para levantar el mechero en directo: "Bad", otra clásica. Así que el salto ya se ha dado, y con todo éxito. Tenía razón Bono: el mundo ya estaba preparado para ver a los sucesores de los Who o Led Zeppelin, aunque con más dimensión que ese tipo de grupos (según él). Y muchos de nosotros, los cínicos resabiados, resentidos, que ya por entonces no lo tragábamos, tuvimos que reconocer que lo mejor era olvidar sus letras, sus vídeos, sus declaraciones, su existencia en general: si nos limitábamos a escuchar los discos, U2 era un grupo muy defendible.
A un nuevo éxito planetario del disco se unen algunas actuaciones históricas como el evento de Live Aid, donde definitivamente se consagran como la banda número uno del rock actual. Ya hay que ir pensando en el nuevo disco y, sobre todo, en cómo "enfrentarse a él": son los nuevos Beatles, y los Who, y Led Zeppelin, y lo que haga falta, así que deben tener cuidado. Siguen trabajando con la pareja Eno/Lanois, aunque esta vez se hace constar que el apellido Lanois va antes que el apellido Eno. Eso significa que, manteniendo el gusto por los ambientes muy trabajados, con muchas texturas y sonidos, también se busca una mayor contundencia. Hacía más de dos años de la publicación de su disco anterior (este no se publica hasta la primavera del 87), lo cual demuestra que se han tomado su tiempo para edificar esta nueva obra, que básicamente es el resultado de las "exploraciones" del grupo -sobre todo Bono y The Edge- por la América tradicional o "mítica", como ellos dirían. Ese mito suele basarse más en la "iconografía natural" como forja de un espíritu (los espacios amplios y abiertos como el desierto, los grandes escenarios de la orografía del país) que en la América urbana, más convencional. Vamos, como John Ford pero en banda de rock. Al mismo tiempo se esfuerzan en el conocimiento de la música tradicional, tanto en su raíz irlandesa como negra, que da a luz a los grandes géneros estadounidenses, y con todo ese aprendizaje el grupo va grabando material durante más de un año hasta que por fin lo presentan bajo el título de "The Joshua tree". Como siempre, los ganchos funcionan a la perfección: un arranque con una pieza como "Where the streets have no name" es un éxito seguro. Pero es que detrás viene "I still haven't found what I' looking for", y luego "With or without you"... En fin, otro cañonazo sideral.
Y la leyenda sigue, y sigue: luego llega "Rattle and hum", con documental y todo. Después se dan un baño de modernura recurriendo de nuevo a Eno y Lanois en "Atchung baby", y vuelven a hacerlo con "Zooropa", y así sucesivamente. Para entonces se han agotado los adjetivos laudatorios, y sus Ilustrísimas ya alternan con los líderes políticos y religiosos de medio mundo, y Bono nos ilumina de vez en cuando con alguna de sus reflexiones sobrenaturales, y etc etc... Uf, qué cansancio.






