A medida que vamos internándonos en la década de los 80 vemos que las dos corrientes principales, ya consolidadas como evolución de la new wave y el punk, son el pop electrónico y de baile -cada vez más pretencioso- y las tendencias siniestro-góticas, que también tratan de convencernos de su magnificencia. Y como es lógico, como ha pasado siempre, comienzan a surgir músicos cansados ya de unas modas que están perdiendo su originalidad: la escuela intemporal del pop eléctrico, con influencias que pueden ir desde los Beatles hasta los Byrds, comienza a despuntar de nuevo (hay que recordar que esto no solo sucede en la Isla, ya que Estados Unidos está viviendo una situación parecida con el afianzamiento del Paisley Underground californiano). Y uno de los grupos británicos más notables que surgen en este ambiente son los Smiths, cuya definición "técnica" puede quedar a medio camino entre "independientes" y "alternativos", pero que en esencia son una actualización del jangle pop de los años 60 con los matices que se quieran añadir.
Los Smiths son un cuarteto, aunque podrían presentarse como dúo ya que la sección rítmica (Andy Rourke, bajo; Mike Joyce, batería) es muy buena pero tiene poca influencia sobre el enfoque creativo y artístico del grupo. El núcleo está compuesto por Steven Morrissey, cantante, frontman y compositor de las letras, junto a Johnny Marr, que compone la música y es el guitarrista aunque también domina otros instrumentos. Son de Manchester, pero desde el principio tratan de apartarse del ambiente postpunk que envuelve a la ciudad y cuyo ejemplo más notable son Joy Division y luego New Order. Morrissey, nada partidario de esa "corriente de pensamiento", trata de dejar claro que tampoco le va la tendencia casi generalizada de buscar nombres ampulosos para los grupos; y de ahí viene ese humilde, ese proletario "Smiths", o su insistencia en que también a él le llamemos únicamente por su apellido. Sin embargo es un personaje conflictivo, excelente letrista por su formación poética y literaria en general (por supuesto Oscar Wilde es uno de sus ídolos) pero bastante excéntrico, afectado y un poco presuntuoso, amigo de dar titulares a la prensa; y esa personalidad se muestra en su manera de cantar, que a veces puede resultar un poco cargante. En cuanto a Marr, un magnífico guitarrista de amplia formación y con un estilo muy original, es el contrapunto perfecto por su vitalidad, en parte porque aún no ha cumplido los veinte años cuando arranca el grupo (Morrisey es casi cinco años mayor que él).
Morrissey y Marr se habían conocido en una actuación de Patti Smith y congeniaron al comprobar que tenían gustos parecidos: el rock de Nueva York y Detroit, por ejemplo. Y, al igual que otros ilustres colegas de Manchester, la epifanía que los llevó a crear un grupo fue la famosa presentación de los Pistols en su ciudad. Sin embargo la cosa no fue tan rápida, porque Marr no pasaba de los catorce años por entonces y Morrissey estaba volcado en la lectura, la escucha de discos e incluso había hecho algunas incursiones como comentarista musical (llegó a publicar dos libros). Y precisamente sobre ese hobby hay un detalle que nos muestra lo intensa y reveladora que fue para él la contemplación de Rotten y compañía: pocos meses antes había escrito un comentario muy poco amigable sobre ese grupo, tachándolos poco menos que de niñatos sin la menor formación musical. Pero en fin, una epifanía es precisamente eso.
El caso es que a mediados del 82, tras algunos escarceos por separado en grupillos menores, queda formado el cuarteto; después de unas cuantas maquetas llegan a Londres y fichan por Rough Trade, uno de los sellos independientes más prestigiosos de la época. En la primavera del 83 se publica su primer single, "Hand in glove", donde ya queda bastante bien definido el espíritu del grupo: un esquema melódico muy original, en el que tanto el ritmo como las guitarras parecen ir a su aire mientras la voz se abre paso, entre canto y recitado, con una hermosa letra a la que inmediatamente prensa y aficionados atribuyeron naturaleza gay, aunque nada en ella lo sugiere... salvo por esa portada, claro.
A finales de ese año llega el segundo: "This charming man", con una estructura jangle más tradicional pero con un gancho innegable y de nuevo con letra sugerente. La suma de la música, las letras e incluso las portadas hicieron de los Smiths un grupo a tener en cuenta desde el primer día, puesto que solo con esos dos singles ya habían saltado de las listas indie a las oficiales. Ah, y estas canciones, como muchas otras de sus singles, serán regrabadas para incluir en Lps oficiales o en recopilatorios. Es una costumbre muy de los Smiths: podría parecer que es un truco para rellenar espacio (o para vender la canción dos veces), pero por lo general no desmerecen e incluso superan las primeras versiones.
Los Smiths, como otros grupos de la época, conceden una gran importancia al mercado del single. Por otra parte, con su táctica de regrabar canciones y teniendo una gran cantidad de seguidores fanáticos y completistas casi desde el primer día, cualquier cosa que publiquen resulta efectiva en las tiendas, así que antes de que termine 1984 llega su primera recopilación: "Hatful of hollow", que incluye algunos de sus primeros singles y parte de sus actuaciones en Radio One. En las listas indies fue número uno (como todos sus discos "convencionales"), apoyando la teoría de muchos de sus fans que dicen que lo mejor de este grupo son precisamente los singles.
Eso no impidió que "Meat is murder", su segundo disco oficial, publicado justo un año después del primero, fuese otro éxito, aunque un tanto demorado. Mientras el título (y la canción) nos anuncian la militancia vegetariana de Morrissey, tanto eso como su actitud política se hacen cada vez más reivindicativas, e incluso en algunas citas al horror del sistema escolar podrían recordar a los Kinks. Pero en lo musical, que para mí es lo que cuenta (y que al parecer cada día que pasa importa menos), se nota una madurez que además les trae una mayor variedad de estilos; por otra parte la producción corre a su cargo, y el sonido se hace más cálido y con más profundidad. Me encanta esa apertura con "The headmaster ritual", un compendio de las virtudes de la banda, aunque no entiendo a Marr cuando dice que aquí su trabajo a la guitarra "es lo que podría haber hecho Joni Mitchell si fuese fan de los MC5". En cualquier caso resulta sorprendente esa orientación rockabilly que le da a "Rusholme ruffians", o la tremenda potencia que consigue en piezas como "What she said", por ejemplo. De todos modos el resultado final resulta un poco disperso, como una colección de piezas sueltas, y volvemos a lo de antes: ¿los Smiths eran un grupo de singles o de discos grandes?
Sin embargo, para combatir esa duda, llega en 1986 "The queen is dead", considerada generalmente como su mejor obra y que sí tiene un espíritu de unidad, entre otras cosas porque han desarrollado mucho su sonido, que cada vez suena más compacto, y porque no hay grandes saltos de estilos, demostrando aquí que ya tienen un aura concreto. Lo cual no implica uniformidad, ni mucho menos monotonía: hay un amplio rango que va desde una pieza enérgica, vitamínica como la que abre el disco y le da título, o ese magnífico equilibrio entre rock acústico y eléctrico de la gran "Bigmouth strikes again", hasta los arranques melódicos o líricos de piezas como "The boy with the torn on his side", una de sus piezas más características y recordadas. La voz de Morrissey se va serenando un poco, haciéndose más madura, e incluso su estilo literario se perfila haciéndose más irónico y con más consistencia, llegando por momentos a la autoparodia (lo cual en alguien tan pagado de sí mismo como él es una verdadera hazaña). Mientras tanto, Marr sigue aprendiendo y demostrándonos lo bien que asimila los conocimientos, ya que además de su frescura y dominio la mayor parte del trabajo de producción es suyo. Ah, y el título no queda muy "desenfocado" en relación con el que inicialmente había propuesto Morrissey: "Margaret on the Guillotine". Evidentemente Margaret es la Thatcher, una de las bestias negras del cantante, pero el sello (con el que tienen frecuentes disputas) lo vetó. En resumen, este es uno de los escasos ejemplos en los que la consideración del público y la crítica son unánimes, así que estamos en el momento artístico más brillante de los Smiths. Otra cosa es la situación interna, que comenzaba a degradarse por el exceso de trabajo, las presiones de su sello y las tensiones entre ellos; especialmente problemática fue la situación de Rourke, despedido y readmitido poco después por sus problemas con las sustancias ilegales, pero también Morissey tenía los suyos con el alcohol.
La dura vida de las estrellas comenzaba a pasar factura: llegados al fatídico 1987, y a pesar de algunos nuevos singles exitosos, Morrissey se quejaba de que, a su parecer, no se les reconocía lo suficiente. Era una verdad a medias: tal vez en Estados Unidos su distribuidora (Sire) podría haberse esforzado más, pero en Europa y especialmente en la Isla estaban muy por encima de lo que suele considerarse una banda "alternativa". Claro que a lo mejor esa etiqueta ya no les convenía. Por otra parte, Marr comenzaba a dar signos de agotamiento y decidió tomarse un descanso, lo cual fue interpretado por Morrissey y los demás como una especie de traición. Como es lógico a la prensa le faltó tiempo para proclamar que el grupo estaba al borde de la desaparición, lo cual técnicamente aún no era cierto. Todo esto sucedía entre la primavera y el verano de aquel año, cuando se grabó el que sería su último disco grande: "Strangeways, here we come". Se publicó en otoño, y para entonces los Smiths ya no existían porque Marr no volvió. Y sin embargo, a pesar de ese ambiente, estamos ante otro de los grandes discos del grupo, un buen indicador de la evolución que el propio Marr había emprendido tiempo antes y que se remata aquí. Los Smiths ya no suenan como un grupo "alternativo" de guitarras cantarinas (algo que comienza a ser para entonces una plaga, tanto en la Isla como en los States), sino que se han hecho mayores y, bajo un trasfondo actual, recuerdan a la escuela clásica de los años 60/70 al mismo tiempo que se enriquecen con nuevos instrumentos, especialmente teclados electrónicos (esa deliciosa "Girfriend in a coma", o "Death of a disco dancer"). Incluso las piezas que mantienen un vago recuerdo de sus orígenes como "Paint a vulgar picture", tienen unos arreglos densos, muy trabajados, y también hay momentos de crossover entre varios estilos como "I started something I couldn't finish". Para algunos de los que no somos fans a muerte de este grupo, tal vez sea este precisamente nuestro disco preferido.
Las carreras en solitario de las dos figuras son decentes, pasables, sin más. Siguen sin hablarse, así que no habrá reunión. Por otra parte Rourke y Joyce, que habían estado cobrando la cuarta parte de lo que se llevaban los otros dos, decidieron demandarlos casi diez años después. Rourke aceptó un acuerdo "amigable" y Joyce siguió adelante. Hizo bien: al final les sacó casi un millón de libras por derechos de autor, y desde entonces cobra la cuarta parte de los que se siguen recaudando. La escuela de los Smiths ha dejado rastros evidentes, desde esa plaga de grupitos melódicos que decía antes hasta la pesadez de los shoegazers (aunque en esto último tienen más responsabilidad Echo & The Bunnymen que ellos), y por supuesto también es referencia obligada en el nacimiento del britpop de los 90. Nada de ello me impresiona lo más mínimo, pero no se puede negar que han dejado al menos una docena de grandísimas canciones.






