lunes, 28 de abril de 2014

El planeta Glam (VII)


Ante la segunda juventud que estaba viviendo el rock and roll gracias a la moda glam, algunos personajes del negocio pensaron que lo mismo podía pasar con el duduá y en general el pop con esos estribillos sin sentido cantados a coro. Esta serie B en la que predomina el single y las piezas de baile es pasto de adolescentes, tan manejables como los artistas a los que adoran: estamos ante una moda naif a pesar de su provocación estética, así que todo es posible. Ese es el planteamiento que sustenta a dos grupos como Showaddywaddy y los Rubettes, nuestros invitados de hoy; los primeros, en plan teddy boy, comenzaron escribiendo sus propias canciones, mientras que los otros son un puro invento de dos compositores de postín que decidieron aprovechar la ocasión para dejar en la historia unos cuantos estribillos que recordaron a las nuevas generaciones el encanto de un estilo que había arrasado en los años 50/60 tanto o más que el propio rock and roll. 

Showaddywaddy, un nombre muy eufónico para el tipo de música que interpretan, es la fusión de dos pequeñas bandas que actuaban en la zona de Leicester a principios de los 70: Choise, que alternaban versiones con piezas propias, y Golden Hammers, rockeros dedicados exclusivamente a hacer covers. Las dos bandas coinciden en un pub y llegan a la conclusión de que tienen gustos similares, así que deciden unirse. Lo curioso del asunto es que esta unión es de una exactitud matemática: de pronto hay dos músicos en cada puesto, incluyendo dos cantantes. Y así, un total de ocho se presenta ante el público con su nuevo nombre en “New Faces”, un concurso de jóvenes promesas. Llegan a la final y son fichados por Bell Records, una pequeña subsidiaria americana que luego sería Arista y donde ya milita Gary Glitter; el sello les asigna como productor al legendario Mike Hurst (el que descubrió a Cat Stevens, sin ir más lejos) y los pone a trabajar de inmediato. En cuanto a la éstética, rescatan el estilo teddy boy pero actualizado: si aquella moda corresponde a una época en blanco y negro con tonos grises, ahora que estamos en 1974 y triunfa el glam ellos se presentan con todos los colores del espectro. 

Su espíritu revival queda claro desde el principio, y además son lo suficientemente autónomos como para componer sus propias canciones: en la primavera del 74 llega “Hey Rock’n’roll”, su primer single, que alcanza el segundo puesto en las listas y es toda una declaración de intenciones. Tienen otros dos singles en ese año, ambos en el top 15, que los afianzan como banda de mucha popularidad pero también como corredores de fondo; es decir, que aun sin arrasar en las tiendas podrán mantenerse durante mucho tiempo en el negocio porque ese tipo de canciones, al menos en la Isla, se han hecho intemporales. La mejor demostración es que su único número uno es “Under the moon of love”, una pieza del 61 que había cantado Curtis Lee con Phil Spector en la mesa de mezclas y que ellos elevan a lo más alto en el 76. Y así, mezclando las composiciones propias con versiones de Cochran, Holly y otros clásicos, siguen en las listas hasta los años 80. Son también una influencia para nuevas bandas que surgen a mediados de los 70: su popularidad en el trienio 76/78 es igual o mayor que la que habían tenido en sus dos primeros años. 

Por supuesto, siguen en la carretera; y con el paso de los años se han convertido en una de las bandas con más apariciones en la BBC, sin ir más lejos. Tal vez esto resulta incomprensible en un país como el nuestro, pero es porque no enfocamos bien el asunto: estamos hablando de baile, de fiesta. Y si nosotros presumimos de Manolo Escobar, Los Chunguitos o la “salsa”, ellos tienen a grupos como Showaddywaddy. Visto así la cosa cambia, ¿verdad? 





La historia de los Rubettes es bastante simple, porque estamos ante un producto de laboratorio: se trata de cinco señores que habían comenzado su carrera a mediados de los años 60 en unos cuantos grupos de corta vida y que a principios de los 70 trabajan en su mayoría como músicos de estudio. Así que lo que cuenta en este caso es quién decidió crear el grupo y ponerlo a funcionar. Y ahí la cosa ya se hace más interesante, porque ese “quién” son dos viejos zorros del negocio: Tony Waddington y Wayne Bickerton, que se habían conocido una docena de años antes en Liverpool, donde concidieron como solista y bajo en la banda de Pete Best (el primer batería de los Beatles). Comenzaron a escribir canciones juntos para esa banda, pero tras unas cuantas giras por Europa lo dejaron en 1966: Tony decidió echarse un tiempo en los States mientras Wayne entraba en la Deram como productor y compositor. Su versatilidad es de tal calibre que abarca personajes tan dispares como Tom Jones o Giles, Giles & Fripp… sí, ese Fripp: “The cheerful insanity of G, G & F”, así como los singles que salieron de ese único LP del trío están producidos por Wayne, que poco después se pasa a Polydor. 

Tony vuelve de los States para entrar precisamente en Deram, y aunque cada uno está en un sello distinto forman un dúo compositor que trabaja para la editorial de DECCA. Los resultados llegan pronto: mis amadas Flirtations, antiguas Gypsies, vuelven a ser estrellas del northern soul con su nuevo nombre gracias a unas cuantas canciones escritas por ellos, especialmente la divina “Nothing but a heartache”. Pero al público español tal vez le interese más saber que “Summertime girl”, la canción con la que debutaron los Íberos, es de Tony y Wayne como lo son la cara B de ese primer single (“Hiding behind my smile”, otro cañonazo) y otras cuantas más. La lista de éxitos de esta pareja es amplia, pero vayamos a lo que nos ocupa: en 1973 escriben una canción titulada “Sugar baby love” con la idea de participar en el festival de Eurovisión, pero la BBC la descarta. No se desaniman, y tras ver a unos teddy boys llamados Showaddywaddy en la final de “New Faces” se la ofrecen a ellos; pero resulta que estos muchachos quieren trabajar su propio material, y además la consideran demasiado blandita. Finalmente, Tony y Wayne deciden reunir a un grupo de músicos de estudio, la graban y ofrecen a esos músícos la posibilidad de figurar como un grupo para el que además ya tienen nombre e incluso vestimenta: los Rubettes, con sus boinas blancas y sus uniformes de ”músicos”. Unos aceptan y otros no; en cuanto tienen la plantilla necesaria, el disco sale a la calle a principios del 74 -muy poco antes que el de Showaddywaddy- y llega al número uno al poco tiempo, quedándose ahí durante casi un mes. Y lo mismo pasó en media Europa: el duduá, entre unos y los otros, había resucitado. 

Durante dos años, los supuestos Rubettes (o sea, Tony y Wayne) consiguieron unos cuantos éxitos más, aunque ya nunca a la altura del primero. La pareja dejó de escribir canciones para ellos poco después y amplió su trabajo a otros sectores del negocio, pero hasta no hace mucho ha habido un grupo de músicos, más o menos cambiante, que mantuvo el tipo bajo ese nombre comercial en el circuito nostálgico. He aquí sus dos piezas más recordadas. 




Bueno, pues la cosa no da mucho más de sí: a grandes rasgos, estos son los nombres que han quedado en la historia del glam. Pero aunque estamos ante una moda británica, tal vez sea conveniente echar un vistazo al otro lado del océano: puede que algunos yankis estén aprovechando el influjo de Bowie, Reed y compañía para hacerse un sitio. 



miércoles, 23 de abril de 2014

El planeta Glam (VI)



Hoy nos visitan dos rockeros de la vieja escuela, admiradores de Elvis, Holly, Vincent y en general del sector blanco de aquel estilo; y una vez más estamos ante la demostración de que el glam es oportunismo puro: tanto Gary Glitter como Alvin Stardust, que así se hacen llamar ahora nuestros invitados, son veteranos con unos cuantos años de trabajo a sus espaldas cuando deciden apuntarse a esta moda para relanzar sus maltrechas carreras. En ambos casos la inercia que les dio este nuevo período fue suficiente para seguir en el negocio durante mucho tiempo, aunque la mala cabeza de uno y los variados intereses del otro hicieron que su presencia fuese más como revival anecdótico que otra cosa. 

Paul Gadd es un muchacho problemático que en 1959, con solo quince años, llega a Londres para establecerse como cantante de rock and roll y baladas, al estilo de su amado Elvis. Y cae en gracia a Bob Davis, un productor de televisión que lo bautiza como Paul Raven, le busca un contrato con la DECCA y lo lanza a principios de 1960 con “Alone in the night”, una balada del montón. Bob se desilusiona y vuelve a sus trabajos televisivos, pero al año siguiente Paul consigue un contrato con Parlophone y graba dos nuevos singles: “Walk on boy”, que me recuerda vagamente a Holly con los Crickets, y “Tower of strengh”, con un aire soul pop muy agradable (tal vez influenciado por los cantantes del tipo Jackie Wilson: algo de eso hay en su voz). Pero esos ritmos están pasando de moda ante la llegada del beat, y la carrera musical de Paul queda estancada durante varios años en los que sobrevivirá con pequeños trabajos en la televisión o acompañando a algunos grupos de relleno en giras isleñas y alemanas. Eso sí: durante su estancia en Parlophone ha sido ayudante de George Martin, y con esa credencial CBS le permite ponerse frente a la mesa de mezclas para producir en 1966 “Security”, una versión de Otis Redding interpretada por Thane Russal (a.k.a. Doug Gibbons), que con sus arreglos tremebundos en plan rockero ha quedado para la historia como una de las piezas más codiciadas en ese “género” ahora llamado freakbeat. La tienen a su disposición aquí (es la sexta).

Paul vuelve a grabar a su nombre en 1968 gracias a otro personaje para el que había trabajado: el gran Mike Leander, productor y compositor cuya hoja de servicios es apabullante. Mike le consigue un contrato con la MCA y escribe las dos canciones de su primer single en ese sello, pero una vez más suena desfasado; y el segundo, cuya cara A es una versión de la clásica “Soul thing” no puede competir con las que ya existen en esa época. Así que de nuevo lo tenemos compuesto y sin sello, hasta que llega el glam y ve la luz: pasa a llamarse Gary Glitter, vuelve a sus orígenes rockeros, cambia su tono de voz y se pone a escribir canciones a medias con Leander. A principios de Marzo del 72 aparecen al mismo tiempo el LP “Glitter” y el single “Rock and roll” (partes 1 y 2); el disco grande se vendió bien, y el single llegó al número dos en la Isla mientras en el resto de Europa anduvo entre el top 5 y el 10: se había consagrado a la primera con una canción de alabanza a ese viejo género, que en la cara B se convertía en una instrumental desarrollando el ritmo básico, casi monocorde pero con mucho gancho. Ambas caras eran buenas para la discoteca, siendo una continuación de la otra; y ahí demostraron Glitter y Leander su conocimiento del negocio, ya que si querias pincharlas seguidas –mezclarlas- no tenías más remedio que comprar dos copias: en el LP también estaban separadas. 

A partir de ahí, sus singles no bajaron del top 10 en tres años. Las canciones estaban en su mayoría cortadas por el mismo patrón y alternadas con versiones de los clásicos, pero sus fans isleños se lo aplaudían todo. Si a esto sumamos sus vestimentas marcianas, relucientes, puro “glitter” que él elevó a categoría (el glitter rock, mismamente), el conjunto era demoledor: en cierto modo estábamos ante un Elvis actualizado, ante el verdadero sucesor glam del Rey. Pero no duró tanto su fama: a mediados del 75, consciente de que su momento había pasado, se tomó un respiro para volver luego a explotar la memoria de aquellos años; esa carrera, con altibajos, duró hasta hace poco, acosado por las denuncias de pedofilia, juicios e incluso cárcel. Y nosotros, como siempre, nos quedamos con los buenos momentos: 




Y ahora una tierna historia, casi de cuento de hadas: Bernard Jewry, un chaval que vive en Nottinghamshire, se queda todas las noches clavado a la radio, ya que puede escuchar la emisora de la base americana y Radio Luxemburgo. Es fan a muerte de Buddy Holly, pero le gusta tanto el country como el blues: sus aficiones van desde los vaqueros cantantes como Gene Autry hasta los guitarristas negros y también cantantes como B.B. King. Sus papás le regalan su primera guitarra, a la que bautiza como “Peggy Sue”; y en 1958, con dieciseis años, Holly actúa cerca de su ciudad con los Crickets: corre a verlos, acompañado de esa guitarra. Por un guiño del destino consigue acercarse a él, caerle en gracia y minutos después… ¡Holly y los Crickets se ponen a tocar “Peggy Sue” en el camerino con Bernard de segunda guitarra y voz! Pero la historia va por otro lado: Bernard se ha hecho amigo de un tal Johnny Theakstone, que canta en un grupo y en 1960 decide cambiar su nombre por el de Shane Fenton, que resulta más eufónico. Shane Fenton y Los Fentones envían una maqueta a la BBC con la ilusión de aparecer en “Saturday Club”, un programa de jóvenes talentos, pero fue lo último que hizo este muchacho: pocos días después muere por un fallo de su debilitado corazón, herencia de unas fiebres reumáticas que había tenido de niño. Los músicos, devastados, disuelven la banda. Y entonces llega una carta de la BBC citándolos para ese programa. La madre del pobre Shane habla con los chicos y les ruega que, por la memoria de su hijo, se reúnan aunque solo sea para esa actuación. Ah, y el cantante, por favor, que sea su amigo Bernard. Y que se presente como Shane Fenton, para mantener el hechizo de esa noche única. ¿No es como para echar el moco? 

Porque claro, Shane Fenton y los Fentones acudieron a ese programa… y siguieron adelante con ese nombre durante mucho tiempo; y aunque casi todo su material eran versiones, en aquella época llegaron a ser asiduos de la BBC. En 1961 fichan por Parlophone, y durante tres años grabaron algunos singles que abarcan el rock and roll tradicional, las baladas ya casi al estilo highschool e incluso piezas instrumentales surf que por lo general aparecían a nombre exclusivo de los Fentones, como hacían los Shadows. El problema era que el beat estaba acabando con todo aquello, y este grupo, como muchos otros, quedó confinado a las giras nostálgicas por media Europa. Allá por el 65 nuestro amigo prueba fortuna como productor, cantante de cabaret y algunas otras ocupaciones para volver durante un tiempo al circuito de la "memorabilia". Cuando comienza la oleada glam surgen algunos sellos discográficos pequeños que tratan de rentabilizar esa moda alternándola con los estilos tradicionales, y una de ellas es Magnet Records, fundada en 1973: Hal Carter, un colega suyo desde mucho tiempo antes, le presenta a Peter Shelley, compositor y cazatalentos que ha creado el sello junto a Michael Levy. Pero esa presentación proviene de una casualidad originada por un nuevo giro rocambolesco: 

Shelley había compuesto tiempo antes una canción titulada “My coo ca choo” y decide usarla para inaugurar el sello; la graba con su propia voz, aunque su trabajo no es ese. Publica el single en otoño del 73 bajo el seudónimo de “Alvin Stardust” y, para su sorpresa, se coloca en el top 30 en menos de una semana. Y ahí vienen los “problemas”: la BBC quiere una actuación del tal Alvin, pero Shelley no desea entrar en ese mundo. A toda prisa él y Levy buscan a un cantante que asuma esa responsabilidad, y entonces Hal les trae a Shane: sus credenciales de rockero curtido cuadran con la idea de Shelley y Levy, que lo aceptan de inmediato. Y por fin la BBC tiene a Alvin Stardust: tras su presencia, embutido en guantes y ropa de cuero negro, casi estático, con aquellas patillas, otra visión alternativa de Elvis, el single llega al segundo puesto de las listas isleñas con su ritmo de boogie (sospechosamente parecido al "Spirit in the sky", un cañonazo de Norman Greenbaum en 1970) y una letra bastante tonta. Como es lógico hay que aprovechar el tirón, y a principios del 74 llega su número uno: “Jealous mind”, también compuesta por Shelley en un tono parecido a la anterior, pero con resabios del venerado Buddy Holly o el propio Elvis en el canto de Alvin. 

Ese año fue el único realmente brillante en su nueva carrera, porque la cosa no tenía mucho fondo; a partir de entonces fue decayendo, pero sus años con los Fentones le vinieron bien para recuperar el fervor de los nostálgicos. Y luego alternó las giras en esos circuitos con su afición por actuar en el teatro y en seriales de radio. Su carrera aún sigue, y hay gente tan importante como Keith Richards que lo considera “el padrino del rock and roll británico”, nada menos. No sé si será para tanto, habiendo los competidores que hay en ese puesto, pero en fin… Aquí les dejo las dos canciones más representativas de su breve estrellato glam.