lunes, 30 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (IV)



Cuando nos visitaron las vainicas nos enteramos de que uno de sus primeros trabajos para Pepe Nieto fue la composición de algunas canciones que él utilizó para lanzar a Nuevos Horizontes, un cuarteto vocal. Bien, pues hoy tenemos aquí a ese cuarteto. Su paso por la historia de la música española ha sido fugaz, y generalmente se les aprecia más por factores externos que por su verdadera talla artística: los buscan los coleccionistas de las vainicas, y junto a eso se admira en ellos la espléndida producción de Nieto, que por entonces ya era de hecho el director artístico de Columbia. Por lo tanto, parece que estamos ante un mero producto que dignifica el trabajo de otros antes que el suyo, lo cual resulta un poco injusto. Hay que recordar que la carencia de creatividad es algo muy común entre los músicos profesionales, que han de suplirla al menos con una buena formación; y ellos eran músicos de carrera, con un juego de voces magnífico: su apodo fue el de “los Mamas & The Papas españoles”, y eso significa algo. 

Su historia comienza a mediados de los años 60. Cuatro estudiantes del Conservatorio se reúnen para formar un cuarteto que bajo el nombre de Los Unísonos consiguen un contrato con Philips, donde llegarán a grabar un single y un EP. Su formación académica es la cara y la cruz de su corta carrera, ya que su excelencia técnica con voces e instrumentos no es suficiente para compensar el tono general de su estilo, un poco acartonado, demasiado formal. Casi todo su repertorio son versiones, y su mayor momento de gloria tiene lugar en 1967 al ganar el Festival de la Canción del Miño acompañando a Paco Ruano, un cantante de breve carrera; que por cierto, la canción -titulada “Lazos azules y rosas” y publicada en Polydor- estaba compuesta por un incipiente Víctor Manuel, que gracias al premio pudo dedicarse ya por completo a este negocio. Pero los Unísonos ven el futuro muy negro, y a finales de1968 deciden que lo mejor es dejarlo… justo cuando aparece Pepe Nieto, que está buscando un juego de voces con categoría. Recordarán ustedes que por entonces estaban de moda los grupos con voces mixtas al estilo de los yanquis Mamas & Papas o los australianos Seekers, y esa sería una buena alternativa al planteamiento radicalmente folk que hace Movieplay con Nuestro Pequeño Mundo: la única oferta pop española son los Ángeles, cuyas voces son exclusivamente masculinas, así que tenemos un sector del mercado sin cubrir (por supuesto, en esa época hay varios grupos con al menos una voz femenina, comenzando por los mismos Unísonos; otra cosa es alcanzar el tono hippie tan de moda a finales de los 60). Y les ofrece un contrato con Columbia: tras algunos cambios de personal, el nuevo cuarteto se llamará Nuevos Horizontes y estará formado por Ana María Guillén a los teclados (piano y órgano), Tomás Orts como guitarrista, Juan del Río al bajo y Alfonso Cabello a la batería. 

Nieto ya tiene material de categoría para lanzarlos: es amigo de doña Gloria y doña Carmen, que han escrito algunas canciones pero les da vergüenza ponerse a cantarlas en público. Nieto prepara dos de esas canciones y a mitad de 1969 Nuevos Horizontes lanza su primer single con “El afinador de cítaras” en la cara A y “Cuatro estaciones” en la B. Sumando la brillantez creativa de las vainicas, la ejecución técnica en voces e instrumentos a cargo del cuarteto y los arreglos de Nieto, la cara A está considerada aún hoy como uno de los mejores ejemplos de pop psicodélico hecho en España; y la B, sin ser tan redonda, es otra exhibición. El single llega en poco tiempo al top 10, e incluso los vemos haciendo playback en la televisión de la época, así que el invento parece haber salido bien. Ya en 1970 se presenta su segundo single con una nueva canción de las vainicas en la cara A: “Mi mosca favorita”. Una vez más esas letras surrealistas tan de las vainicas (si doña Gloria, sí: esas letras. No se me enfade) cuadran perfectamente con melodía y ritmo, y la canción casi alcanza la popularidad del single anterior. “Tiovivo”, la cara B, está compuesta por Nieto y el grupo: no llega a su altura, pero tanto el sonido como los arreglos son muy buenos. 

Antes de que acabe el año llega su tercer single: en la cara A está “Mi churumbel”, otra composición de las vainicas, aunque no tan brillante como las anteriores (sus mejores canciones ya las están utilizando en su propia carrera). Tanto arreglos como voces siguen siendo de categoría, pero la pieza tiene poco gancho; más floja aún es la B, “Por un poco de amistad”, una creación hecha por compositores ajenos, bastante blandita y previsible. A partir de ahí comienza su cuesta abajo, con otros tres singles en los que, como siempre y hasta el final, sus juegos de voces son muy buenos (y aunque solo fuera por eso ya vale la pena escucharlos) pero las canciones -versiones, alguna propia y otras de encargo- son mediocres: en 1971 presentan “Mi idea”, versión de unos prácticamente ignotos Creme Caramel británicos en la que los arreglos de Nieto parecen destinarla a los festivales; la cara B, “El sol en mi maleta”, está compuesta por ellos y aunque no sea nada del otro mundo al menos suena original. Algo parecido sucede con el siguiente single, que cierra ese año: “Buenos días, viejo sol” es una pieza de Juan Carlos Calderón, también muy festivalera; tal vez por el renombre del autor fue la última que alcanzó una pequeña popularidad, aunque por lo menos los arreglos de Nieto mejoran con mucho el single anterior e incluso resultan originales. La B, “Historia de una rosa” es una recreación del poema de Goethe “Rosita del matorral” musicalizado por Shubert: a principios de los años 70 estaba muy en boga eso de recrear la música clásica con elementos pop; Nieto también se atreve, con resultados discutibles. Y aquí termina su relación con el grupo, que finaliza el contrato con Columbia y al que no se le ven perspectivas de futuro. 

Sin embargo, la historia no ha terminado: tras un año en blanco, fichan por RCA en 1973 y publican un último single que no llega a ninguna parte, entre otras cosas por la propia desidia del sello (de todos modos, no era mejor ni peor que los dos o tres anteriores). Parece evidente que ya no les quedan opciones, y Ana María decide marcharse. Es posible que los otros tres piensen lo mismo, pero de pronto un dúo de músicos que en ese momento tiene mucho pedigrí les propone unirse a ellos; y aunque esa unión no durará mucho, de ella nacerá uno de los discos más desconocidos y al mismo tiempo más brillantes del repertorio nacional. Así que ahora tocará hablar de ese dúo, su obra y ese disco; pero de momento aquí les dejo la pequeña y encantadora discografía de Nuevos Horizontes, otro grupo que mereció mejor suerte de la que tuvo. 



lunes, 23 de enero de 2017

España 70's: la Tercera Vía, o algo así (III)


“Vainica Doble son algo así como un lujo que no nos merecemos, como tampoco nos merecemos a Quevedo o al Arcipreste de Hita”.
Jaime de Armiñán 

"Nosotras antes que nada somos "músicas". Todo el tiempo estáis con lo de las letras y el sentido del humor… Las letras han sido buenas, pero se han hecho porque no teníamos otro remedio para poder cantar. Antes que otra cosa somos músicas; si a la gente lo que le gusta es la letra, que se compre un libro".
Gloria Van Aerssen 

Estamos en 1973. Tras haber tenido que abandonar el sello Ópalo de su buen amigo Manolo Díaz por liquidación del negocio, doña Gloria y doña Carmen son convencidas por el poeta José Caballero Bonald para fichar por Ariola, un sello de matriz alemana bastante solvente por entonces (son los que distribuyen en España a la bendita Island Records, por ejemplo. Y aunque pueda parecer extraño que un poeta de categoría trabaje como cazatalentos para un sello discográfico, cosas más raras se veían por entonces). Las condiciones son más o menos razonables, ya que esa misma solvencia implica más profesionalidad: los músicos que acompañarán ahora a las vainicas no son los Tickets u otros amigos suyos, sino gente de la plantilla del sello; a cambio, el indiscutible Pepe Nieto sigue a su lado y el contrato es por un solo disco (habían quedado muy escamadas con la industria discográfica tras el trato recibido en Columbia). Hay que tener en cuenta que por lo general Vainica Doble se limitan a grabar discos, ya que en esos primeros años muy raramente actúan salvo ante grupos de amigos o en lugares pequeños y escogidos: no están dispuestas a abandonar su tranquila y apacible vida diaria; su independencia, para resumir. 

Antes de que el año termine se publica “Heliotropo”, el segundo disco grande del dúo y el que las consagra definitivamente como una de las propuestas más brillantes de la música nacional (si no la más, en aquel momento). Y aunque las vainicas prefieran hablar de música antes que de letras, dejando aparte el sonido, muy profesional y con arreglos magníficos, aquí se sintetiza perfectamente su espíritu tan amplio y variado: la dulzura y el sarcasmo van de la mano, a veces en la misma canción (“Coplas del iconoclasta enamorado”); se manifiesta su pulsión ecologista revestida de dramática ironía en “Agáchate que te pierdes”; el rastro psicodélico con efluvios de cuento de sus primeros tiempos se mantiene en “La máquina infernal”, mientras hay referencias emocionantes a la memoria familiar en “Elegía al jardín de mi abuela” o el cariño maternal pero matizado por frases irónicas o premonitorias en “Nana de una madre muy madre” con sus “sleep my sweet baby”. Por supuesto también hay referencias sociales, como “Dos españoles, tres opiniones”, un folk rock de los pies a la cabeza… y así sucesivamente. Dicho esto, las melodías y los juegos de voces son grandiosos, abarcan todos los estilos y épocas, desde el canto medieval o las variantes de la copla hasta el rock con influencias del mismísimo Zappa. Y de paso demuestran que lo realmente bueno puede ser comercial, hasta el extremo de que, sin casi publicidad, la tirada del disco se vendió en muy poco tiempo (“Resulta que Vainica Doble empezaba a vender bien a pesar del sello”, decían ellas). 

Poco después abandonan la relación con Ariola y con Caballero Bonald. Ninguna de las partes estaba satisfecha: la dejadez que había mostrado el sello se debía hasta cierto punto a la actitud un tanto ácrata del dúo, que detestaba las obligaciones contractuales (por ejemplo, unos horarios de grabación rígidos o las actuaciones o presentaciones obligatorias ante prensa y radio). Así que el contrato no se renueva y habrán de buscar su cuarto sello. Pero no tienen prisa: haciendo honor a su vocación dispersa, multifuncional, ayudan a su amigo Moncho Alpuente en la grabación del disco con su banda (ya llegaremos ahí), trabajan en dos nuevas series televisivas para Jaime de Armiñán (“Tres eran tres” y “Suspiros de España”), se visten de brujas para otro programa y componen la banda sonora de la película “Furtivos”, de su amigo Borau, para quien Zulueta dibuja el cartel. Por fin, en 1976 fichan por Movieplay; ahí trabaja como asociado Gonzalo García Pelayo, que dirige el subsello Gong (dedicado a los grupos andaluces y a los cantautores en general) y a quien se dirigen por sugerencias de Moncho Alpuente. Este ambiente, más relajado que el de Ariola, tiene sus pros y sus contras: podrán grabar con los músicos que quieran, y eso significa que gran parte de sus amigos vuelven a participar; pero Gonzalo no se distingue precisamente por sus habilidades como productor, y el nuevo disco se mezcla a toda prisa para no elevar mucho los gastos. 

Ese tercer disco, publicado en 1976, se titula “Contracorriente” y es otro motivo de orgullo para la depauperada historia de la música nacional. Hay un sonido más contundente, más rockero, y se nota la influencia de los músicos yanquis que las vainicas han escuchado estos últimos años, especialmente en canciones como “Todo desapareció”, con el sonido de cuerdas cercano al country. Hay curiosas fusiones de estilos en piezas como “Alas”, de cantar casi recitado por momentos, muy al estilo vainica, mientras que algunos arreglos recuerdan el sonido de bandas como los Allman Brothers de la época, o esa especie de boogie de bar que es “El oso poderoso”. Pero también tenemos el tono de cante casi desgarrado, con la letra exacta, de la maravillosa “Eso no lo manda nadie”, verdadero rock andaluz con Gualberto al sitar; vuelve Gualberto en “Déjame vivir con alegría”, una especie de rock lánguido… y por supuesto hay canciones de rock acústico, “de autor”, como “Que no”, verdadera carnaza para la Censura, que picó en ella aunque finalmente acabó transigiendo. Ah, y para contrarrestar aquella sosa portada que les había adjudicado Ariola (a pesar de algunos detallitos interiores de Eguillor), vuelve Iván Zulueta a dibujar una de las suyas: en la portada frontal vemos a una enojada coneja, de patas cruzadas, probablemente a causa de alguna trastada hecha por su hijo, en la contraportada y con aspecto contrito. Dicen las vainicas que se trata de Tambor y su mamá: la escena es una alegoría de “La rabieta”, donde se transcribe parte del diálogo entre madre e hijo, sacado de la película “Bambi”. Se trata de una de las canciones más extrañas y emocionantes del disco, a medio camino entre blues rock progresivo de estilo andaluz y unas cuantas cosas más. Hay una cierta ilación entre las letras, que en conjunto podrían sugerir una vocación conceptual: se percibe una actitud de rebelión ante todo tipo de poderes establecidos, sean estos de tipo social, político o familiar, muy a juego con el sonido general y sobre todo con la época (Franco no llevaba muerto ni un año). Aun así ese sonido resultó demasiado yanqui para los progres mientras que las letras, por supuesto, indignaron a los fachas. Sin embargo, una nueva generación sin prejuicios de un bando u otro comenzó a descubrirlas gracias a este disco. 

El contrato con Movieplay era por cinco años, pero se rescinde por común acuerdo: una vez más, el ritmo de trabajo de las vainicas no cuadra con las exigencias del sello, así que deciden irse a su casa, dedicarse a otros proyectos y olvidar de momento las aventuras discográficas. No volveremos a escuchar una grabación suya hasta 1980; su obra en esa década tal vez no sea ya tan brillante como fue esta, pero a cambio alcanzarán el reconocimiento de los músicos que componen el grueso de la nueva ola como una de sus mayores referencias. Y nosotros nos despedimos de ellas con esos dos discos que (junto con el primero) las definen como uno de los más hermosos sucesos que le ocurrieron a la música española de los años 70.