lunes, 26 de septiembre de 2022

1982... (XIV)

A mediados de los años 80 la imagen, la idea del "cantautor", era una especie de antigualla de la que probablemente nadie se acordaba. Los pocos que habían sobrevivido a la década anterior y seguían en el negocio tenían ahora la consideración de fenómenos inmutables, como Dylan o Cohen: unos señores muy respetados, y muy populares todavía. Unos señores que habían edificado, como Bowie, el señorío sobre su propio mundo, y nadie se molestaba ya en adjudicarles una etiqueta: en su caso, la etiqueta era su apellido. Por lo tanto el censo de cantautores en aquella época era casi inexistente, o estaba circunscrito al pequeño mundo de los músicos urbanos o de pubs tradicionales. Así que, ante tal panorama, resulta casi milagroso que al menos uno llegase a alcanzar la categoría de nueva figura de la canción social británica. Ese alguien se llama Billy Bragg, y sigue en activo: su último disco es del año pasado, y entre estudio y directos tiene unos veinte. ¿Y cómo lo ha conseguido? Pues como lo consiguió Dylan cuando los Byrds le demostraron las posibilidades de la electricidad: solamente con la voz y una guitarra acústica no habría llegado nunca a donde llegó. Y Dylan es precisamente una de las primeras influencias de Bragg, pero desde luego tiene muchas más: desde Simon & Garfunkel, la Motown, el soul o los Small Faces en su adolescencia hasta Elvis Costello, los Jam o los Clash entre sus contemporáneos. Así la cosa ya se va comprendiendo mejor, ¿verdad?

Billy Bragg nació el mismo veinte de Diciembre del 57 que Pat Fish, también cerca de Londres, y también como él será un personaje "alternativo". Incluso algunas influencias musicales son parecidas, aunque por supuesto las letras de uno y otro no tienen nada que ver: Bragg muestra interés por la poesía tradicional británica y los asuntos amorosos (una de las razones por las que adora el soul), y en esa misma esencia está también el espíritu de lucha contra el orden social y económico capitalista. Bragg es un izquierdista sentimental, en la onda de los pioneros como Woody Guthrie: la frase "Esta máquina mata fascistas" que lucía Guthrie en su guitarra lleva a Bragg a decir que el estadounidense fue el primer punk concienciado, mucho antes que los Clash. Es una afirmación curiosa, pero tiene sentido. Bragg comenzó su carrera precisamente en el mundo punk, como miembro de un grupillo llamado Riff-Raff, aunque no duró mucho ahí: de manera un tanto sorpresiva se enroló en el ejército para salirse también al cabo de un tiempo. Su primera opción de vuelta a la calle fue precisamente convertirse en un cantante urbano; y es ahí, él solo con una guitarra eléctrica, cuando va comprendiendo que si el punk le influye por pura lógica temporal y de actitud, su carácter también cuadra con el de Dylan, Simón & Garfunkel o los Byrds, y que esa variedad se manifiesta también en las letras: "Sentía una inclinación hacia la militancia y otra hacia la suavidad, porque soy ambas cosas". Y esa dualidad se refleja pronto en su público: "unos vienen por la política y otros por las canciones de amor". Aunque, como era de esperar, "Algunos creen que debería cantar canciones políticas nada más. Tengo que lidiar con gente que piensa que si me salgo de ahí me estoy vendiendo. Pero mi conciencia política es una especie de manifestación ideológica de mi personalidad. Así que el solapamiento entre ambas cosas siempre está ahí".


Antes de conseguir sus primeras actuaciones en pequeños locales y comenzar la búsqueda de distribución para sus maquetas, se tiñe el pelo de rubio y se hace llamar "Spy vs spy", en honor a una tira cómica de la legendaria revista Mad que le gustaba particularmente. Son gestos sin lógica para nosotros, pero que bajo su teoría de los "cambios personales para enfrentarse a nuevas épocas y marcar distancias con las anteriores" a él le sirven. Tal vez así se entienda mejor cómo se puede pasar en cinco años de un grupo punky al ejército, y de ahí a tocar en las puertas del Metro con una guitarra eléctrica en plan cantautor. El caso es que pronto tiene suerte: Charisma acaba de lanzar un sello alternativo llamado Utility, que inaugura su catálogo con un mini Lp que dura poco más de quince minutos y contiene siete canciones. Se titula "Life's is a riot with spy vs spy", lo que demuestra que el amigo Bragg tiene sentido del humor. Se publica en la primavera de 1983, todo el repertorio es propio y va defendido únicamente con su voz y la guitarra eléctrica; y sí, las letras tienen gancho, tanto las sentimentales como las sociales, pero nunca un músico ha venido a este bar por eso (bueno, hay una excepción: Moncho Alpuente). Porque el gancho de Bragg para los simples aficionados a la música sin más es su manera de cantar, apasionada, sincera, y el sonido de esa guitarra con algunos fallos de digitación todavía pero que irradia tanta densidad como frescura, y en la que sus orígenes punk se irán fortaleciendo con la sonoridad del surf o del estilo clásico del mismísimo Bo Diddley. Hay una profunda influencia americana en la voz y la guitarra de Bragg. El disco abre su cara A con "The milkman of human kindness", toda una declaración de intenciones, y la B con "A new England", que se convirtió de inmediato en el fetiche que lucirá para siempre en la carrera de Bragg: primero cayó en su embrujo John Peel, y detrás fue toda la raza humana. O casi toda: "No quiero cambiar el mundo, no estoy buscando una nueva Inglaterra, solo estoy buscando otra chica". Sí, las letras a veces pueden llevar incluso una carga de ironía sobre sí mismo. Es el Dylan de los 80, incluyendo la actualización guitarrera.


A finales de 1984 llega "Brewing up with Billy Bragg", una muestra más amplia del estilo básico que presentaba su disco anterior pero ya con una mayor densidad en el sonido y un buen aprovechamiento del eco. Por otra parte la guitarra va diversificando su rango y se dulcifica en algunas piezas, al mismo tiempo que comienzan a surgir intervenciones ocasionales de órgano y trompeta ("A lover sings" o "The saturday boy"). Por supuesto hay carga ideológica en muchas canciones, como en esa apertura con la nuevamente irónica "It says here", donde se parodia a un buen sector de la prensa: "Aquí dice que los sindicatos nunca aprenderán, que la economía está en alza, que deberíamos estar orgullosos, que somos libres y que nuestra prensa libre refleja nuestra democracia" para añadir a continuación "Esas voces rebuznantes a la derecha de la Cámara se hacen eco en la calle de la vergüenza, donde la política se mezcla con el bingo y las tetas en un juego de dinero y números". Pero al margen de ello se nota que Bragg está aumentando su repertorio de recursos estilísticos, y lo mismo que es capaz de mantener una canción casi declamando y con unos acordes que pueden parecer esquemáticos pero son muy efectivos ("Love gets dangerous" o "Strange things happen"), por momentos recuerda en sus rasgueos a ese Bo Diddley que decía antes y que podría resultar impensable en un músico como este: a mí, en "This guitar says sorry", me lo recuerda. La suma de unas cosas y otras hace que, al margen de los fans más politizados y los que, como él dice, prefieren las canciones de amor, comienza a robustecerse el sector de los tipos sin sentimientos, los que únicamente buscamos el sonido. Y ese sonido suyo es cada vez más atractivo dentro de su sencillez, una sencillez brillante, engañosa.


El número de actuaciones crece, y en 1985 llega su primera gira estadounidense (como telonero de Echo & The Bunnymen, lo cual no tiene mucho sentido, pero en fin). Poco antes ha presentado un Ep de cuatro canciones con el título de "Between the wars" que constituye uno de sus trabajos más politizados empezando ya por el título, en referencia a la gran huelga minera que hubo por entonces en la Isla y que terminó con una victoria de la Thacher frente a un movimiento sindical en clara decadencia (comenzaba a reinar el capitalismo desbocado). Su nuevo disco grande no llegará hasta finales del verano del 86, pero la espera valió la pena: se titula "Talking with the taxman about poetry", y con él Bragg deja de ser "la banda de un solo hombre". Aquí ya participan varios músicos, y por lo tanto hay un gran rango de instrumentos; o sea, lo mismo que hizo Dylan en el 65. De todos modos aún se escuchan canciones hechas al estilo de sus primeros tiempos, como "Ideology" o "There is power in a union", por lo general las de tinte político, con lo que tal vez quiera marcar una diferencia de estilo entre su yo más concienciado y el lírico, más cercano al pop. En cualquier caso, su dominio de la melodía se defiende en cualquier campo: esa apertura con "Greetings to the new brunette", esa voz, esos juegos de cuerdas (ahí está Johnny Marr), una suave pandereta, esos coros ocasionales, son uno de los mejores momentos de su carrera. ¿Y ese fugaz sonido psicodélico al final?. O la emocionante "Levi Stubbs tears", que hace protagonista al líder de los Four Tops en la vida de una mujer maltratada pero que tiene un consuelo en el mágico mundo de Holland, Dozier y Holland (como probablemente lo han tenido una inmensidad de personas heridas a lo largo del tiempo), y que por supuesto ha de terminar con la presencia testimonial de una trompeta. Bragg, en estos momentos, ya es un grande. Y su disco, un top 10. Pocas veces ha habido una equivalencia tan justa entre el reconocimiento que una obra merece y el que realmente consigue.

A partir de ahí, sin límites creativos ni de instrumentación, ha seguido alternando unas querencias con otras: desde discos con magníficos arreglos y una envoltura deliciosa de pop clásico con influencias claramente americanas, al estilo de un Costello ya maduro ("Workers playtime", del 88, a pesar de su portada maoísta), hasta discos de barricada como "The Internationale", un mini Lp que comienza con esa pieza venerable y en el que, como es lógico, el resto del repertorio va a juego. Hizo algunos altos en su carrera, pero hoy en día sigue en la lucha con el mismo impulso que tuvo siempre; y como siempre disfruta por igual de los escenarios que del calor de una guitarra acústica en el pub de la esquina, cantando para sus amigos. Gustará más o menos, pero me parece un personaje admirable.



12 comentarios:

  1. Como nos lo recomiendas tan bien, esta vez me he escuchado (y leído, porque tengo mis limitaciones con el inglés) todas las letras. Me gustan las guitarras y la sensibilidad de las canciones. No me extraña que Billy Bragg proviniese, entre otras cosas, del punk, porque si nos atenemos a la composición en bruto, sus melodías y acordes por lo general recuerdan bastante al punk más poppy, por así decir, desde Sex Pistols y Ramones hasta incluso los futuros Green Day, por muy rara que suene esta comparación. La interpretación, eso sí, es un mundo aparte. Cuando mencionas a Johnny Marr, ¿quieres decir que colaboró en alguna de sus grabaciones, o la guitarra es similar?

    De las canciones que dejas, me quedo sobre todo con 'Levi Stubbs tears'

    Saludos.

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    1. Conste que tampoco es necesario seguir todas las letras, con hacerse una idea general es suficiente; hablo desde el punto de vista de quien prefiere música a letras, claro.

      Su procedencia punky le da ese esquema minimalista con el que consigue rellenar todos los huecos. Quiero decir que no debe de ser fácil tocar una guitarra eléctrica así, a palo seco, salvo precisamente que tengas un planteamiento esquemático, de rasgueos y escalas contundentes. El blues eléctrico, por ejemplo, necesita una base rítmica en la que encuadrarse.

      Marr es uno de los músicos que participa en ese disco, y le da un toque muy elegante, por decirlo así. En cuanto a "Levi Stubbs tears" es una canción arrebatadora, pero... ¿qué me dices de "A new England"?

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    2. Pues sí, estas canciones funcionan con mínimos elementos. El reverb de la guitarra, además, es muy buena opción. Luego tenemos casos muy raros, como el Mercedes Benz de Janis a capella, pero no son representativos.

      'A new England' suena a himno, y se queda fijada al escucharla. La letra es muy buena también.

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    3. Bueno, el canto a capella es otra historia, pero en general son casos aislados, no hay duda. ¿Qué pinta un guitarrista de rock tocando él solo? Salvo que sea Jeff Beck, claro, que ese le da a todo.

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  2. Como ya sabrás no soy nada etiquetador, creo que la música popular confluye hacia un lugar único si es buena y hacia el estercolero si es mala. No sé lo que es un cantautor ni porque hay que considerar que Bob Dylan dejó de ser cantautor cuando se pasó a la guitarra eléctrica en el 65. ¿No hay cantautores con guitarras eléctricas? Ahí tienes a Neil Young, Joni Mitchell o a Tom Waits. ¿Y a un grupo no se le puede calificar de cantautores por qué son grupo?
    No sé, es un tema complejo.
    Respecto a Billy Braggs me satisface reconocer su autoría sobre A New England un tema infinitamente versionada. Me gustaría conocer las letras de sus canciones.

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    1. Para mí un cantautor es aquel que concede más importancia a las letras que a las músicas, y en consecuencia su acompañamiento musical es muy esquemático: así comenzó Dylan y así comenzó Bragg. A Dylan en sus primeros discos lo salvaba su dominio de la melodía, y no siempre (algunas "grandes canciones" de esa época suya me parecen un coñazo, empezando por la glorificada "Mr. Tambourine man", justo la que salvaron los Byrds). Y a Bragg lo salva su voz apasionada y esa guitarra eléctrica a la que sabe sacar partido.

      Para mí, un cantautor se convierte en músico cuando, aparte de la mayor o menor calidad de sus letras, comienza a preocuparse por el acompañamiento musical y lo hace más variado, ameno, interesante para los aficionados a la música. En ese sentido, creo que Dylan dejó de ser "cantautor" en el 65, efectivamente; no porque se pasara a la guitarra eléctrica (en la que nunca destacó), sino por el grupo que le acompañaba. El acompañamiento grupal, de un estilo u otro, es el que le obliga a pensar en más cosas que las letras. Pero vamos, esta es una simple opinión.

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  3. En general no me gustan los cantautores, creo que dan demasiada importancia al mensaje en vez de a la música, y una buen letra no justifica una canción. El que aquí traes creo que peca de eso, me resulta monótono oirle a él solo con su guitarra, aunque sus últimos temas resultan más amenos.




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    1. Ya digo que los realmente buenos acaban siendo músicos, y este es el caso de Bragg. Aun así, sus primeros tiempos me parecen más interesantes que los de Dylan, teniendo en cuenta que yo concedo más valor a la música que a las letras.

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  4. Tan solo le he seguido con sus colaboraciones con Wilco en sus "Mermaid Avenues, Vol I y II", ambos excelentes. Aquí ya es otra cosa. Mantiene la militancia versioneando los temas de Guthrie (no podía ser de otra manera) pero el toque roquero de Tweedy y compañía otorga a estas obras un ambiente mucho más actual, menos crooner cantautor, por así decirlo.
    Bueno, indagaré más en su primera obra, cfreo que merece la pena.
    Saludos,

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    1. Los "Mermaid Avenues" tienen un acabado magnífico porque tanto Wilco como Bragg han tenido la inteligencia y la creatividad suficientes como para no hacerse monótonos con un material que en principio sí podría serlo. Esa diferencia de estilos y sonoridades canción tras canción es sorprendente.

      Estos primeros años de Bragg son otra cosa, efectivamente, pero aun así tienen gancho tanto por su manera de rasguear como por esa voz, que al cantar con solo ese apoyo eléctrico resalta su presencia. De todos modos, fue lo bastante listo como para empezar a meter nuevos ingredientes muy pronto. A Dylan le llevó más tiempo...

      Saludos mil.

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  5. A mí me pasa al revés que Javier, no conozco sus colaboraciones con Wilco. Me pondré a ello. Me gusta mucho la forma que tiene de encajar la melodía en esos juegos de acordes guitarreros, que no son de lo más normal. Aunque creo que a veces le vendría bien incluir una buena base rítmica en canciones de esta época, ganarían mucho.
    Saludos.

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    1. Es una mezcla muy americana, pero muy bien trabajada: a ti tendría que gustarte. Y estamos de acuerdo en lo de la base rítmica, pero ya ves que muy pronto comenzó a "aliñar" su sonido. En realidad, a palo seco solo está su primer mini Lp, porque en el primer disco grande ya hay algunos detallitos que ayudan a dar la impresión de que está evolucionando. Ya digo, no tardó tanto como Dylan...

      Saludos mil.

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