Para los Yardbirds la llegada de 1967 no augura nada bueno, tras la marcha de Paul Samwell-Smith y Jeff Beck: el primero era un bajista excelente que además entendía muy bien las técnicas de grabación e incluso llegó a coproducir parte del material, mientras que Beck ya era por entonces una de las guitarras más brillantes de la Isla. A eso hay que sumar el comportamiento errático de Giorgio Gomelski, el manager al que despidieron a mediados del año anterior y que con algunas de sus decisiones mermó el prestigio del grupo. Jimmy Page pasa a ser el guitarrista, tras unos meses en que coincidió con Beck y estuvo a cargo del bajo; teniendo en cuenta que ahora son un cuarteto, Chris Dreja abandona su guitarra rítmica y se encargará de las cuatro cuerdas. Había sido en la época de Beck cuando el grupo comenzó una transición entre blues y psicodelia que se está convirtiendo en la tendencia más popular del momento. Sin embargo las ventas no iban bien, en parte por esa pérdida de prestigio que Gomelski les había infligido y también porque, salvo unas cuantas excepciones, la psicodelia de tono experimental nunca consiguió verdadera popularidad. Y no olvidemos un problema añadido: la carencia de imagen, de ese carisma que distinguía a Cream o Hendrix.
Una nueva baja que se produce a principios de 1967, pero que ya se daba por descontada, es la de Simon Napier-Bell, su manager y co-productor junto a Paul Samwell-Smith: la marcha de este hizo que perdiese interés en el grupo (con frecuencia se dice que fue despedido, pero ese despido en realidad fue una escapada). EMI ficha a Mickie Most para tratar de reflotar la carrera del grupo, aunque Jimmy Page y los demás saben que su estilo, un tanto pasado de moda, no les va a facilitar las cosas. Page, que ya había trabajado con él, decide junto al grupo que a partir de ahora los singles sonarán como quiera Most, pero en el directo irán a su aire. Por otra parte Peter Grant, otro conocido de Page que junto con Allen Klein y dos o tres más controlan el gran circuito de giras, ya está organizándolas para ellos desde finales del año anterior. Gracias a ellas los ingresos son satisfactorios, y además en Estados Unidos siguen teniendo mucho tirón; de hecho se están vendiendo muchos más discos allí que en la Isla. Otro de los escasos motivos de alegría fue la presentación de la película “Blow up”, en la que Antonioni desarrolla y transforma un cuento de Cortázar (“Las babas del diablo”) en una formidable crónica visual sobre el Swinging London. Para los fans del grupo no hay duda de que el momento más esperado es esa actuación interpretando “Stroll on”, una reescritura de su versión anterior de “Train kept a-rollin”, en la que vemos a Beck destrozando su guitarra contra un amplificador. Todo un icono. Por cierto, que esa canción será utilizada por Page más adelante para abrir las primeras actuaciones de Led Zeppelin. Aquí tenemos las dos versiones (la primera no se publicó en la Isla hasta mucho más tarde):
Pocos días después se presenta el nuevo single, que por otra parte será el último en la Isla: “Little games / Puzzles”. Aquí ya se ve la estrategia de Most, que trata de convertir a los Yardbirds en una banda de pop mainstream. La cara A, compuesta por dos futuros clásicos del negocio como Phil Wainman y su primo político Harold Spiro, es una pieza con una línea melódica bastante simple pero supuestamente con gancho. Lo más valioso en ella es la instrumentación, en la que por cierto no participan ni Dreja ni McCarty: Most considera que hay que “elevar” el nivel técnico, y de nuevo vemos a John Paul Jones a cargo del bajo y el cello mientras que Dougie Wright, otro todoterreno de los estudios de grabación, se encarga de la batería. La cara B es obra de todo el grupo, y aunque tiene un vago aire de folk rock americano es muy agradable; por otra parte es la primera vez que Page utiliza el arco de violín, y hay muchos fans que valoran más esta pieza que la A. Pero tras la brillantez psicodélica de sus anteriores grabaciones gran parte de ellos se desentendieron de este disco, que no llegó ni al top 50. Eso desanimó definitivamente a EMI: a partir de ahora, lo que publiquen será asunto de los americanos.
Así que, por una vez y para dejar rematada la historia de una banda que merece un recuerdo a la altura de las mejores, podemos hacer un resumen de sus grabaciones al otro lado del océano a partir de este momento. No fueron muchas, porque era evidente que su tiempo estaba pasando, pero como curiosidad tenemos la publicación de un Lp que aprovecha “Little games” para su título y que por supuesto la incluye. Most sigue con ellos, y aunque no tiene el menor interés en ese formato se resigna porque Epic (el sello que los distribuye allá) sigue ganando dinero y es quien le paga ahora. A Most se le nota la desgana: en palabras de Page, “aquello era un desastre. Grabábamos a cien, sin segundas tomas, porque Most tenía mucha prisa”. La grabación se hizo en Londres en solo tres días; y aunque hay canciones buenas, la impaciencia por acabar cuanto antes hace que algunas suenen como si fuesen demos. De todos modos, hay momentos interesantes como por ejemplo la instrumental “White summer”, una variación que hace Page sobre una clásica del folk tradicional irlandés: ahí tenemos el germen de lo que luego será “Black mountain side”, o la intro de “Over the hills and far away”. Hay un viaje al pasado de la banda con algunos blues muy de sus primeros tiempos como “Smile on me” o “Drinking muddy water”, mientras que la psicodelia sigue presente en otras como “Glimpses”. Incluso hay alguna pieza eminentemente british, casi mod, como “Tinker, Taylor, soldier, sailor”, una verdadera exhibición de fuerza que podría recordar a los Who, sin ir más lejos; o una alternativa más poppy pero igual de vigorosa como “No excess baggage”. Pero tampoco en Estados Unidos les quedaba ya mucho, y el disco se hundió en el fondo de las listas; supongo que esa horrenda portada tampoco ayudó.
Publicaron tres singles más en el mercado yanqui hasta su desaparición. Los dos que corresponden a 1967 llevan versiones en su cara A, mientras que las B pertenecen al Lp anterior. El primero es “Ha ha said the clown”, una pieza de Tony Hazzard que habían hecho Manfred Mann poco antes: demasiado poppie, demasiado festiva, no fue de sus mejores momentos. Mejora bastante el single siguiente, para el que recurren a “Ten Little indians”, de Harry Nilsson. Es una pieza extraña pero muy atractiva: es un cruce canción de cuna y marcha militar, y los Yardbirds siguen escrupulosamente ese planteamiento añadiéndole un leve tono psicodélico que la redondea muy bien. El último, en la primavera del 68, es “Goodnight sweet Josephine / Think about it”. La primera es otra composición de Hazzard, uno de los compositores preferidos de Most y que no es mejor ni peor que la otra; aunque en este caso destaca sobre todo el gran trabajo de Page a la guitarra, empleando un phasing que le confiere a la pieza un aura irresistible entre psicodelia y freakbeat. La cara B es una especie de blues rock psicodélico bastante decente, en el que de nuevo el protagonismo lo lleva Page. Este sin duda el mejor single de los tres, una despedida muy digna para un grupo que ya por entonces el propio Page está convirtiendo en otra cosa.
Para entonces, solo Page tenía verdadero interés en continuar con el grupo para dirigirlo hacia el heavy blues, mientras que Relf, McCarty y Dreja detestaban ese tipo de sonido; Dreja, por otra parte, tenía un creciente interés por la fotografía como profesión. Cumplieron con las actuaciones pendientes y el 17 de julio del 68 hicieron la última. Por cierto, que en el repertorio llevaban piezas como “Dazed and confused”, de Jack Holmes: será la primera de las que Page intentará luego hacer pasar como suya en esa entidad conocida como Led Zeppelin. En oposición a Page, los demás estaban ahora muy interesados en la música folk en abstracto, aunque finalmente Dreja quedó fuera: como fotógrafo profesional, uno de sus primeros trabajos será un set del que saldrá la foto trasera del primer Lp de los zepelines. Relf y McCarty crean Renaissance, una de las glorias británicas del folk barroco, pero abandonarán la escena a principios de 1970: Relf se dedicará sobre todo a la producción, mientras que McCarty irá de grupo en grupo hasta una nueva refundación de los Yardbirds (en la que también estuvo brevemente Dreja). Y esta es a grandes rasgos la agridulce historia de uno de esos grupos a los que se reconoce plenamente con muchos años de retraso. El circo del rock está poblado de injusticias como esta.


Casualmente vi hace poco Bow up y el concierto de Yardbirds es uno de los momentos de la peli. De los temas que nos regalas me ha gustado mucho el blues Smile on me o Little games. Entiendo que el resto de la banda huyera de Page, también a mí el heavy blues me parece un coñazo.
ResponderEliminarEsa película es todo un homenaje a una época. Quizá tenga más valor como documento que como pura obra artística, pero es muy grande. Y sí, ahí ya se va viendo la deriva que busca Page.
EliminarPrefiero la primera versión del "Train-kept-a-rrollin´" al "Stroll-On" del "Blow Up" (por cierto, me voy a leer el cuento de Cortázar, lo tengo pendiente, así completo el aura de una película que me fascinó desde hace muchos años). Esa línea de bajo (¿quien estaba aquí a las cuatro cuerdas, Page?...) me parece fantástica, en "Stroll-On" queda algo más diluida.
ResponderEliminarEl resto de los singles están bien, salvo quizas los muy últimos "Ten Little Indians" y "Think About It" que me parecen algo más flojos.
Yardbirds creo que han envejecido con bastante honorabilidad. Sigo escuchando sus canciones (las incluidas en sus Lps mayoritariamente) y me siguen gustando. Supieron crear un sonido propio navegando entre varias corrientes, blues, psicodelia, algo de freakbeat. Además, sus grandes instrumentistas, Beck y Page le dieron siempre un brillo indudable.
Saludos,
A mí me pasa lo mismo, prefiero su primera versión, pero la de la película tampoco está mal. En cuanto a "Las babas del diablo" imagino que ya sabes que está incluido en "Las armas secretas", que como casi todo lo de Cortázar es sublime.
EliminarLa carrera casi completa de los Yardbirds es la de una gran banda, aunque se cite siempre a sus tres guitarristas estrella antes que a los demás. Pero tuvieron mala suerte a pesar de que la crítica solía alabarlos mucho. Probablemente el fijarse tanto en esos tres desvirtuó la imagen de grupo.
Y feliz año. Que haya suerte.
Muy buenas, Rick. Creo que ya comenté en otra ocasión que no seguí muy de cerca la carrera de The Yardbirds. Por supuesto que sí aprecié en su día algunas canciones sueltas: "For your love", "Heart Full of Soul", "I’m a Man" y alguna que otra. Posteriormente sí que le di un repaso a sus discos grandes. Pero ya no es lo mismo, aunque sí que pude comprobar su gran importancia a lo largo del tiempo.
ResponderEliminarSaldos.
Hola, Bab. Los Yardbirds son uno de esos grupos a los que por una razón u otra mucha gente considera como de segunda fila, cuando en realidad están entre los mejores de su tiempo. Pero la mala distribución, el deficiente sistema publicitario de EMI y la "maldición" de que el nombre de sus guitarristas oscureciese todo lo demás contribuyó a crear esa mala opinión. En fin, en la historia quedan para quien quiera investigar.
EliminarFeliz año, otra vez.