martes, 13 de marzo de 2012

1969 (VI)


Hemos llegado al tercer y último bloque de grupos ya establecidos: se trata de los psicodélicos reconvertidos en progresivos. Sí, es el mismo sector al que pertenece Pink Floyd; con la diferencia de que Waters y sus colegas comenzaron antes, son ya son una celebridad mundial y por tanto están ubicados en la "zona noble" de esta saga (comprenderán ustedes que si no establezco unas pautas mínimas, esto sería un sindiós). De todos modos, los tres grupos relevantes en este apartado ya son conocidos por ustedes gracias a su obra del año anterior: The Nice, Soft Machine y Family.

The Nice publican su tercer LP, de título homónimo. Las veleidades psicodélicas de sus principios han sido olvidadas: hace ya tiempo que responden cabalmente a la descripción formal que de "música progresiva" robé a don Antonio de Miguel (si quieren refrescarse la memoria, aquí la tienen). La fusión del rock con las armonías sinfónicas parece tener mucha clientela entre una nueva generación de oyentes que detestan el beat o el rock'n'roll por su "sencillez infantil", como me espetó uno un día; lástima, le respondí yo, que no haya una correspondencia admirativa similar por parte de los serios y circunspectos aficionados a la música clásica, pero en fin. Bien pensado, el asunto es simple: la seriedad -la "respetabilidad musical"- era un objetivo para los recién llegados; los otros, por estar ya instalados en ella, no necesitaban hacer más esfuerzos. Quede claro que con esto no me estoy metiendo con la música sinfónica (a la que respeto y a veces incluso admiro), sino con algunos de sus supuestos aficionados: hay mucha pose en ese mundo.

La maestría de Keith Emerson en todo tipo de teclados es aplastante: junto con Rick Wakeman y algunos más será la alternativa escénica a los guitar heros que asolarán el mercado dentro de poco (el concepto de "solista desaforado" será un ingrediente básico para entender la música de los años setenta, como muy bien dice don Antonio). De las cuatro piezas que forman la cara A, tres son propias: "Azrael revisited", la primera, es probablemente la que más me gusta del disco: un popero infantil como yo agradece ese equilibrio entre líneas sinfónicas y ritmo. Viene luego una versión al piano de la inolvidable "Hang on to a dream", del malogrado Tim Hardin; y aunque hay otras versiones que me gustan más, esta tiene su encanto. Las otras dos siguen el estilo de la primera, un poco más amaneradas. La cara B, en directo, se abre con una versión libre del "Blue rondo a la turk" sobre la que había hecho Dave Brubeck: bien. Pero la siguiente, otra versión, esta vez de Dylan, me aburre: doce minutos de filigranas es mucho tiempo para mí.

Soft Machine están en pleno proceso de reconversión, y eso pasa factura: digerir su segundo disco es una labor un tanto ardua para las mentes simples como la mía. La marcha de Kevin Ayers priva al grupo de aquel barniz jazz-pop psicodélico que lució en sus primeros tiempos, y por consecuencia el sonido Canterbury se está diluyendo; o, más propiamente, está derivando hacia el jazz patafísico dadaísta. En teoría el grueso de la obra está compuesto por el bajista Hopper en su cara A ("Melodías rítmicas") y por el teclista Ratledge en la B ("La estética nasal de Esther"), mientras que el histórico Robert Wyatt figura como "arreglista" en la fase Hopper y contribuye a título personal en algunos fragmentos.

Sí, fragmentos. Porque aquí no se puede hablar propiamente de canciones sino de fases, o algo así: la influencia del Zappa de aquella época parece haberles marcado mucho, y ellos mismos recomendaban oír cada una de las caras sin interrupciones. Como consecuencia, no hay una canción que pueda ser destacada por buena o por mala, sino un desarrollo que dependerá del estado de ánimo de los oyentes: en fin, todo muy "free". Y casi por pura lógica esta banda se irá inclinando hacia el free jazz vanguardista, lo cual supera los humildes presupuestos de este local. Suerte, muchachos.

Y ahora vamos con lo que a mí realmente me mola: lo bueno siempre lo dejo para el final. Y lo que a mí me mola es Family, que este año publican su segundo disco; o su segunda maravilla, para ser más exactos. Si el año anterior consiguieron que su primer LP figure encajonado para siempre entre los cinco grandes de la psicodelia siendo mucho más que eso, con el segundo pasan a representar el paradigma de grupo sin etiqueta posible. Me explico: la dictadura del mercado exige que Family, junto a los Tull y otros cuantos, sean citados como "progresivos". Vale, de acuerdo; pero yo les llamaría "underground", y a otra cosa. Porque… ¿cuál es exactamente el estilo Family en estos momentos? Nadie lo sabe. Ni falta que hace.

"Entertainment", ese nuevo disco, fluye entre muchos cauces: un leve tono blues, retazos del country americano pasados por el tamiz isleño, un regusto psicodélico en algunas fases, el rock con tonos jazzy en otras… y siempre una ejecución grandiosa en manos de unos instrumentistas formidables entre los que se encuentra Ric Grech (el bajista más luminoso de la Isla en ese momento), la guitarra nunca bien valorada de John Whitney, el saxo espeluznante de Jim King y no digamos ya la voz de Roger Chapman (el verdadero número uno de los vocalistas británicos). No voy a destacar canciones: oigan el disco, si quieren.

Bueno, pues con estos tres hemos terminado el repaso a los grupos ya instaurados. Ahora nos toca ojear la marabunta de los que se presentan en sociedad este año, y a ello nos pondremos el próximo día. Mientras tanto, salud y entretenimiento familiar (me temo que se me ha vuelto a ver el plumero).

miércoles, 7 de marzo de 2012

1969 (V)


El folk es una de las opciones que se consolidan a finales de la década. Aunque, como le sucede al blues y a cualquier otro género raíz, los cánones se están difuminando: si hay una característica que define a la edad de oro del rock (1968-73) con respecto a las anteriores, es la total libertad de criterio con la que trabajan los grupos de primera fila. En ese sentido, se puede decir que si la época anterior se caracterizó por las grandes canciones soul, pop, r'n'b o el estilo que ustedes prefieran, ahora cada grupo es un género en sí mismo. Esa es su grandeza: con el inmenso bagaje que la música popular atesora a estas alturas, ya nadie se siente constreñido por pauta alguna. Cada gran banda tiene su etiqueta especial, su modo de mezclar estilos; y aquellas que siguen fielmente las normas clásicas, previsibles, pasan a ser respetables segundonas que viven del directo más que de los discos.

En la Isla hay un ambiente enrarecido: al igual que con el blues, músicos vanguardistas se enzarzan en discusiones con otros más "académicos" sobre qué es la música tradicional y qué ámbito abarca. Y en ese ambiente prospera la más importante de las bandas folkies, a la que ya conocemos. Se trata de Fairport Convention, que este año publican nada más y nada menos que tres discos: uno en Enero, otro en verano y otro en Diciembre. Ahí queda eso. Los habíamos dejado cerrando el capítulo de novedades del año pasado gracias a un primer LP minoritario pero esplendoroso en el cual la influencia de Dylan, Jefferson Airplane o los Byrds era evidente; es decir, habían partido del folk-rock americano para desarrollar su propio estilo.

Pero poco antes de que ese disco saliese a la calle se produjo un cambio fundamental: la marcha de Judy Dyble, que originó la llegada de Sandy Denny. Puede parecer que en una banda caracterizada por un continuo tránsito de miembros la sustitución de su voz femenina no sería un hecho decisivo, pero en este caso sí lo es. Aunque los orígenes de Judy estaban en el folk, pronto se aficionó al estilo de las cantautoras a lo Joni Mitchell o Carole King; y su sincretismo le llevó a coquetear con el folk hippie psicodélico de la Incredible String Band, pasando por los experimentos patafísicos junto a los hermanos Giles, Ian McDonald y Robert Fripp (o sea, el germen de los futuros King Crimson). Pero Sandy es otra cosa, aunque sus orígenes no son muy diferentes a los de Judy.

Sandy se hace conocida en los Strawbs, una banda que está comenzando. Al principio las cosas van bien, pero Dave Cousins (voz, guitarra y compositor principal) busca un sonido más eléctrico y cercano al folk rock progresivo que no cuadra con ella, así que los abandona en la primavera del 68: esta chica tiene carácter, mucho, y no está dispuesta a renunciar a sus principios. Al cabo de unos días se entera de que los Convention buscan sustituta para cubrir la baja de la señorita Dyble, y se presenta al examen: los otros quedan prendados de su voz y la fichan de inmediato. Sabia decisión, porque con ella el grupo se alejará de los patrones americanos aligerando el tono rock y adquiriendo un espíritu tradicional, plenamente británico, que inmediatamente es bautizado como "electric folk". Hay otro factor que los favorece, y es el cambio de casa discográfica: Polydor (cuyos intereses se centraban en el blues rock: Hendrix, Cream, Taste y luego Gallagher en solitario…) no había tenido paciencia con ellos, pero rápidamente consiguen contrato con la bendita Island Records (la mayor garantía de futuro con la que un músico británico underground podía soñar en aquellos tiempos, si tenía condiciones. Y no necesariamente para el éxito masivo, sino por su creatividad).

El primer disco con Sandy al frente, "What we did on our holidays", se abre con una pieza suya: "Fotheringay". Es una delicia con regusto tradicional -medieval, si quieren- que ya denota cuál va a ser su espíritu a partir de ahora. Y todos se implican en un equilibrio que alterna las composiciones propias con versiones libremente recreadas de piezas tradicionales más un inevitable guiño a Dylan y otro a Joni Mitchell. En conjunto es un disco exquisito, el preferido por muchos seguidores de la banda. Y aunque por su intimismo no puede ser un éxito de ventas, Island no se preocupa: justo cuando aparece en las tiendas ellos entran en el estudio para comenzar la grabación del siguiente.

Pero cuando esa grabación está casi terminada llega la tragedia: la banda sufre un accidente de tráfico en el que pierden a Martin Lamble (el batería: 19 años) y a la novia de Richard Thompson (guitarra principal). Y a esto hay que sumar la marcha de Ian Matthews, la otra voz del grupo, que se siente al margen de la nueva dirección que está tomando la Fairport (más aficionado al folk americano que al de la Isla, Ian creará su Matthew's Southern Comfort, cuyo nombre ya lo dice todo). Los demás, con heridas de mayor o menor importancia, se plantean disolver el grupo, pero tras pensárselo dos veces siguen adelante. Y "Unhalfbricking", esa nueva obra, los consolida definitivamente como una de las grandes bandas británicas: aunque algunas canciones van pasadas de minutaje, aumenta el tono eléctrico y vuelven a echar mano de Dylan con tres piezas entre las que se halla "If you gotta go, go now", que ellos afrancesan; pero tanto esas como las propias vuelven a demostrar el personalísimo tono Fairport. Y el sello Sandy, claro.

La Fairport despide 1969 con la publicación de "Liege & Lief". Un disco que suele citarse como su obra cumbre y que con el paso del tiempo se ha convertido en un monstruo, ya que se le considera "el más influyente en la historia del folk eléctrico británico", así, como suena. La mayor parte son versiones de clásicas del repertorio popular; e incluso las dos piezas originales del grupo van en el mismo tono, lo cual le da una coherencia admirable (que, de todos modos, ya estaba casi conseguida en "Unhalfbricking"). Si algún pero puede hacerse a este disco es que de nuevo hay algunas piezas un tanto extenuantes: "Tam Lin" y especialmente "Matty groves" creo yo que hubiesen quedado perfectas con la mitad de duración. El folk no es un género para canciones demasiado largas.

Y se despide también Sandy Denny. Hay más gente que se marcha, pero ella ha sido el alma de la Fairport en esta época -su esencia durará bastante tiempo en el grupo. Y Fotheringay, el castillo donde Mary Stuart, reina de los escoceses, terminó sus días y título de la primera canción que Sandy grabó con la Fairport, será el nombre de su nueva banda: quiere incrementar su protagonismo como compositora y tener un grupo a su medida. Volverá más tarde, entre 1974 y 75, pero ya no será lo mismo. Y su carrera en solitario, su carrera en la vida, terminará en 1978 con un desgraciado accidente doméstico.

Loor a ti, reina del folk isleño.