miércoles, 24 de abril de 2013

España: la travesía del desierto (VI)


Yo creo que con la entrada de hoy será suficiente para cumplimentar la invasión hispanoamericana y empezar con los nuestros, que a fin de cuentas es el objetivo de este culebrón: solo con los grupos mexicanos ya tendríamos para un buen rato, pero únicamente los Teen Tops alcanzaron un éxito masivo aquí. El resto tuvo una publicación discográfica muy fragmentada y por lo general interesaron más a nuestros músicos, para tomar notas, que al gran público. Por otra parte la mayoría carece de un espíritu propio, y a veces resulta difícil distinguir las canciones de unos de las de otros. Así que nos despediremos de ese país citando a los Apson: un grupo muy completo, que tocó muchos palos y mereció más atención de la que tuvo entre nosotros, pero que llegó un poco tarde. 



Los Apson forman parte de una segunda generación de grupos que proceden del norte del país y se van alejando del rock and roll tradicional o integrándolo con nuevos estilos. En 1963, dos años después de su formación, aparece su primer disco grande: “Llegaron los Apson”. Es totalmente instrumental a pesar de que cuentan con dos excelentes vocalistas, pero en ese momento los grupos instrumentales -sobre todo con sonido surf- están de moda en todas partes y su sello discográfico prefiere no arriesgar mucho. Se notan las dudas de una época en la que no está claro por dónde tirar, ya que es un compendio de géneros que van desde el “Twist hawaiano” hasta aproximaciones al blues como “Fumando”. Y aunque no es un gran éxito, los hace suficientemente conocidos como para publicar el segundo ese mismo año: “Bailando y cantando”, que inaugura un enorme reguero de grabaciones en el que se hallan comprendidos prácticamente todos los estilos imaginables, desde Chuck Berry hasta los invasores británicos. Porque esa es otra: los Apson comienzan a trabajar el beat y el rhythm’n’blues isleño casi desde su nacimiento, siendo de los primeros grupos hispanoamericanos que se atreve, y con éxito además: su carrera dura toda la década. Y para que vean lo bien que se desenvuelven con ese material, aquí les dejo “El microscópico bikini”, “Por tu amor” y “Estoy clavado”. No hace falta que les diga cuáles son las originales, ya lo verán. Ah, y fíjense en las letras, que tienen mucha gracia, sobre todo la del bikini: era otro de los puntos fuertes de los Apson... las letras, no el bikini.  





Bajemos de nuevo a Cuba, porque además de los Llopis y algunos solistas hay otra agrupación que también nos invadió con todos los honores: las legendarias Hermanas Benítez, verdaderas precursoras de las Supremes. Comenzaron a mediados de los años 50 y siendo cinco, aunque su formación más popular (sobre todo en España) es la de trío. Al igual que los Llopis, su repertorio es muy amplio y va desde el folclore caribeño hasta versiones de la Motown o la factoría de Phil Spector, pero su popularidad superó con mucho a los abueletes: en 1957 hicieron su primera gira en los States, que las llevó luego a México para, desde ahí, arrasar en prácticamente toda Hispanoamérica y por supuesto España, a donde llegaron a principios de 1960. Durante varios años fueron asíduas de nuestra televisión y de las más famosas salas de baile; su éxito aquí fue de tal calibre que decidieron quedarse a vivir, y aunque su época dorada comenzó a decaer a mediados de los sesenta todavía siguieron actuando casi otros veinte años más. Su canción más recordada es “Corazón de melón”, un hit planetario del calibre de “La Pachanga”, con tantas versiones como ella (procedente de una de las muchas películas mexicanas en las que intervinieron) y que pueden ustedes admirar en Youtube aunque inexplicablemente solo he encontrado una actuación defectuosa de sonido y metraje, además de ser posterior en varios años a su publicación. Y en lo que respecta al material más cercano a los gustos de este tugurio, aquí tienen ustedes dos lindas versiones: “Tú serás mi baby”, que evidentemente corresponde al “Be my baby” de las cósmicas Ronettes, más “Chao, chao”, el equivalente latino de “Downtown”, de la gran señora british Petula Clark. Ninguna de ellas llega a la altura de las originales (eso es imposible), pero dieron pie a algunas señoritas hispanas para hacer sus propias versiones. 




Y el último gran nombre de la invasión hispanoamericana que se me ocurre son los TNT. Son tres hermanos de origen italiano cuya familia se asentó en Uruguay; dan el salto a Argentina a finales de los 50, allí comienzan a grabar una ristra de éxitos que se extiende por toda Sudamérica y en 1962 aterrizan en España. Al igual que pasó con las Hermanas Benítez su popularidad entre nosotros los decide a fijar aquí su residencia, fichan inmediatamente por el sello Belter y llegan a representar a nuestro país en el festival de Eurovisión del 64 con "Caracola", una canción bastante pesadita. Aunque su repertorio, muy amplio, va desde el country hasta las baladas, sus piezas más populares podrían encuadrarse en un pop primitivo que dejó algunos éxitos tan inolvidables como estos dos: “Media novia”, compuesta por el inefable Palito Ortega (un invasor argentino cuyo repertorio no cuadra mucho aquí), que ellos convierten en un rock and roll “de aquella manera”, y el gran cañonazo que aún se oye ahora en algunos programas deportivos o humorísticos titulado “El partido de fútbol”, versión de “La partita di pallone” que hizo Rita Pavone (una de las grandes embajadoras italianas de la canción ye-yé). Tal vez si algún jovenzuelo se ha parado a oir a las Hermanas Benítez y ahora se encuentra con los TNT pensará que chocheo, pero posiblemente los de mi quinta lo agradezcan. Además, ya lo he dicho muchas veces: lo mío es el pop, aunque no lo parezca; el pop es un concepto muy amplio, y esto es Historia pura. 





lunes, 15 de abril de 2013

España: la travesía del desierto (V)


El otro día vimos que los abueletes del rock and roll cantado en español, los Llopis, se fueron a vivir a México cuando en su Cuba natal la cosa se puso revolucionaria. El país mariachi, donde ya tenían una fama notable con sus grabaciones, era como su segunda patria. Y al menos en el caso de la música que nos ocupa, esa popularidad era lógica: por su vecindad con los yanquis, los mexicanos pronto se vieron embrujados por el nuevo ritmo; si a eso sumamos el descubrimiento hecho por los cubanos de que nuestro idioma era tan válido como cualquier otro para cantar tales canciones, no es de extrañar que entre finales de los años 50 y principios de los 60 surgiesen grupos como setas por toda la geografía del país, con mucha diferencia sobre el resto de Hispanoamérica. La mayoría de ellos no llegó a este lado del océano salvo por dos o tres canciones aisladas, pero hubo algunos que consiguieron invadirnos plenamente; y de entre ellos destacan los Teen Tops, que también en su país fueron los más grandes. Por otra parte representan un gran salto en la “cadena evolutiva”: aunque no son los primeros en grabar un disco de rock and roll (ese honor es para Los Locos del Ritmo), sí lo son en versionar también a los ídolos negros del género, algo a lo que nadie se había atrevido hasta entonces. Con el tiempo tanto ellos como otros incluirán piezas del beat británico en su repertorio, aunque se les nota mucho que no es lo suyo; y por otra parte ya nos afectan menos porque teníamos cerca a los originales: la llegada del beat oscurecerá por unos años la oferta americana, sea del país que sea. 

De todos modos, ya que he citado a Los Locos del Ritmo y aunque su popularidad aquí fue mucho más reducida, creo que se merecen una reseña por ese primer LP rockero en español. Y ese es su título, además: “Rock!”. Las diferencias con los patriarcas Llopis son enormes, puesto que los mexicanos ya son un grupo eléctrico hecho y derecho; por otra parte, aunque hacen concesiones al folclore tradicional lo enfocan desde un punto de vista mucho más moderno: si los Llopis en su “Rockabillidad” meten “La Pachanga” estos meten “La Cucaracha”, no menos temible; pero su versión es instrumental y en ella se nota la influencia de la naciente música surf yanqui, lo que la hace agradable para la nueva generación. Porque los Locos son unos vanguardistas que ya han oído a Duane Eddy o a Johnny & The Hurricanes, es decir, conocen los orígenes de esa nueva corriente que inundará los States en el primer quinquenio de los 60. Y no solo eso, sino que también crean sus propias piezas, muchas de ellas instrumentales (alguna en tono blues). Sin embargo, tanta vanguardia asusta a su casa discográfica: el disco fue grabado entre 1958 y principios del 59 pero no se publicará hasta 1960, cuando por fin sus gerifaltes se convencen de que eso del rock and roll parece ser un buen negocio. Seguirán publicando discos de gran nivel durante un tiempo, y como he dicho arriba su época dorada terminará a mediados de la década; pero, con unas formaciones u otras, han estado activos hasta hoy mismo. 

Aquí tienen dos muestras de ese primer disco grande: “Nena, no me importa”, su versión de la incombustible “(You’re so square) Baby I don’t care”, compuesta por Leiber y Stoller en el 57 -o sea, que entre la de Elvis o Holly y esta hay menos de un año- y la instrumental de cosecha propia “Un vasito con agua”… Bueno, me voy a estirar un poco: a ver qué les parece luego la versión de “Peter Gunn” (una de mis instrumentales preferidas de todos los tiempos) que ellos, muy patriotas, titulan “Pedro Pistolas”. 






No está claro que los Teen Tops hayan sido el mejor grupo mexicano: hay opiniones para todos los gustos. Yo los veo más clásicos, menos arriesgados y creativos que los Locos. Pero desde luego sí fueron los más populares en España y en casi toda Hispanoamérica (gracias a la potencia de su sello, CBS). Y como dije antes, es el primer grupo grande que hace versiones rockeras tanto de la rama blanca como de la negra. Tras un corto período de ensayos, se presentan a mediados de 1960 con dos que resumen perfectamente esa mezcla: “Good golly miss Molly”, que había hecho famosa Little Richard y que ellos convierten en “La plaga”, junto a “El rock de la cárcel” (ya saben ustedes de quién). Ambas versiones cruzaron el Atlántico y se convirtieron aquí en una plaga de verdad: todo cuanto grupo o solista moderno hubo en nuestro país hizo su versión correspondiente de una canción o la otra, cuando no de las dos (y son los Teen Tops los que, con sus traducciones un poco chuscas, crean el verbo “rocanrolear”). Por tanto, en lo que a España se refiere, no hay discusión: ellos fueron la gran referencia. Y poco después aparece su primer LP, en el cual se nota la querencia por el Pequeño Ricardo ya que la mitad de las piezas son versiones de ese locuelo; el resto se compone de canciones que había hecho famosas Elvis más el “High school confidential” de Jerry Lee Lewis… y “Muchacho triste y solitario”, versión de “Lonely blue boy”, un éxito de Conway Twitty. El señor Twitty, uno de los grandes monstruos de la balada country americana, es además venerado por Enrique Guzmán, cantante y líder de los Teen Tops. Los intereses de Guzmán y los del resto del grupo no siempre son coincidentes. 

Mientras tanto, en España la cosa va como la seda. Sus discos se venden a montones, y algunos principiantes patrios como Miguel Ríos reconocen haber sentido la llamada del rock gracias a ellos. En los discos siguientes aparecen Ray Charles, Chuck Berry, Carl Perkins o Fats Domino al lado de baladistas como Neil Sedaka; y aunque entre las versiones no se ven muchas baladas, las pocas originales que incluyen (casi todas compuestas por Guzmán) son de ese estilo. Por otra parte, el cantante ya mantiene una carrera solista en paralelo desde el principio: en 1960 debutó con una versión de Paul Anka, otro baladista estrella del naciente highschool (un género dulzón para adolecentes creado por la gran industria para contrarrestar la incursión rockera de los sellos pequeños). Y a finales del 62 rompe con el grupo para seguir en solitario; a partir de entonces su fama crece aquí en la misma proporción en la que se va desvaneciendo la de los Tops. Esa ruptura y la diferente suerte que corren uno y los otros refleja con exactitud lo que está pasando en el mercado, porque las razones son las mismas que en América: las grandes marcas recuperan el poder con el hundimiento del rock and roll (hundimiento al que ha contribuido indirectamente el asunto de la payola y otras malas artes), sustituido por las canciones “de amor”. Y únicamente la música surf (más la variante Shadows británica) podrá hacerles frente hasta que llegue el beat: también eso lo veremos aquí. El caso es que los grupos pioneros pronto comienzan a ser un anacronismo; y aunque en nuestro país, por su atraso, todavía seguirán siendo populares casi hasta el 65, para entonces los melenudos isleños ya están enseñando el hocico. 

Y habrá que estirarse también con los Tops, ya que lo he hecho con los Locos. Aquí tienen ustedes las tres canciones más populares en nuestro país: las ya citadas “La plaga” y “El rock de la cárcel” más otra que publicaron en 1961 y que causó un revuelo similar o mayor entre la juventud moderna nacional: la inolvidable “Popotitos”, versión de “Bony Moronie”, el mayor éxito del malogrado Larry Williams. Tiempo le faltó a Mike Ríos para aprendérsela y sacarla a toda velocidad, acompañado de los Relámpagos.