Hoy nos despediremos de Madrid haciendo referencia a Micky y Los Tonys, el conjunto que nos faltaba para completar la élite capitalina en el primer quinquenio de los años 60. Son, por desgracia, el mejor ejemplo de algo que ya hemos visto repetidamente aquí: el poder caciquil de los sellos discográficos sobre los músicos. La idea general que se tiene hoy en día sobre Micky es la de un muchacho un poco alocado que se comía el escenario con sus cabriolas, que compuso algunas canciones muy simpáticas con su grupo y que luego, en los 70, se dedicó a cantar baladas un poquito ñoñas para los festivales. Y bueno, yo no digo que Micky y Los Tonys hayan sido la banda más memorable de la Historia, pero ese cliché es injusto: aunque no tengan muchas canciones de categoría, estamos ante un conjunto cuyo frontman era un verdadero animal de escena. Y algunas piezas grabadas, especialmente en 1965, son del mejor beat que se produjo en España por entonces.
Miguel Angel, Micky, es un muchacho que vuelve a su Madrid natal en 1959, con quince años, tras haberse pasado la mayor parte de ese tiempo entre Bélgica y Jordania por la profesión de su padre, diplomático y casado con una alemana: como consecuencia de tanto trajín domina el inglés, frances, alemán… bueno, y un poco de árabe “para entenderme con mis colegas de allí”. Uno de los amigos de su padre fue Ataúlfo Argenta, el gran director de orquesta fallecido un año antes; pero las familias siguen manteniendo relación, y resulta que Fernando, hijo de Ataúlfo, toca la guitarra rítmica y acaba de crear junto a otros amigos un grupillo llamado “Los Tonys”, que echan a andar en 1960. Aunque tienen un problema: su cantante no sabe inglés, idioma que al parecer es imprescindible entre los rockeros. Micky comienza a ser conocido entre las pandillas modernas por su afición por el rock and roll y su dominio de ese idioma, que lo convierte en un privilegiado: un día (“por casualidad”, según las biografías oficiales) se presenta en una de sus actuaciones y Fernando aprovecha esa supuesta casualidad para convencer a Tony del Corral, el guitarra solista, jefe y titular del nombre del grupo, de que lo fiche y despida al otro.
Aunque en sus primeros tiempos el conjunto seguirá llamándose “Los Tonys”, los ojos del público se van a dirigir exclusivamente al bueno de Micky, cuyos movimientos espasmódicos y su dominio escénico a base de saltos, chillidos y lo que haga falta, le hacen ganar el apodo de “el hombre de goma”. Su popularidad es enorme: a finales de 1962 triunfan en las matinales de Price tras haber actuado en casi todas las salas madrileñas, y a principios de 1963 participan en algunos festivales en Barcelona… sin haber grabado un solo disco. Son el último grupo famoso de la ciudad en conseguirlo, a mediados de ese año: se los lleva Zafiro, que no es precisamente el sello más innovador del país. De todos modos, y aunque las intenciones de sus jefes son claramente las de fotocopiar los éxitos de las baladas americanas e italianas, su primer EP se abre con “Ya tengo todo”, una estupenda y original versión “blanqueada” del “I got a woman” de Ray Charles. Fíjense en el tono y los giros sajones de Micky, que ya apuntaba maneras.
El grupo se rinde ante la evidencia de que su cantante es el gran protagonista, y lo mismo hace su casa discográfica: en su segundo disco ya vemos en la portada la denominación definitiva de “Micky y Los Tonys”. Pero hay otra evidencia, al menos para los fans: esos discos, como la mayoría de los que publicarán en Zafiro, no están a la altura de su verdadero potencial. Las actuaciones son apoteósicas hasta el extremo de eclipsar al resto de los conjuntos de la capital, pero el grueso de las piezas grabadas es directamente impuesto por el sello. El resultado suele ser un batiburrilo de versiones insulsas en su mayor parte, carentes de garra y sin un estilo definido: lo que en teoría era un conjunto rockero se nos revela mucho más cercano a un beat aguado que a cualquier otra cosa, incluyendo versiones del folclore mexicano, baladas ñoñas y piezas raciales. La cosa llega a tales extremos que en uno de sus discos del 64, compuesto exclusivamente de versiones de baladas italianas procedentes del festival de San Remo (cuyo espíritu, con todos los respetos, no tiene nada que ver con este grupo), el propio sello prefiere eliminar el nombre de Micky en la funda para no desprestigiarlo… más aún.
Pero no hay mal que cien años dure: a finales del 64, tras un último disco en el que destaca una buena versión de “The house of the rising sun”, la clásica de los Animals (de los que serán teloneros en la visita de Burdon y sus secuaces a España), su situación mejorará sensiblemente con el salto al subsello yeyé Novola del que tanto hablamos aquí, que les permite ser más fieles a su estilo y en el que entrarán a lo grande con la publicación del LP en el que se contiene la banda sonora de “Megatón ye-ye”. Se trata de la primera película pop española, en la que intervienen y donde la mayor parte de las piezas son composiciones suyas: a partir de ahí comienza su época más popular a escala nacional.
Pero por hoy los dejaremos en ese momento dulce recordando las dos grandes maravillas beat de la película: “I’m over”, traducida aquí como “Estoy cansado”, y “Sulfur soap”, o sea, “Jabón de azufre”. Ambas compuestas por Micky, son probablemente lo mejor de toda su carrera y no tienen nada que envidiarle a las isleñas de aquel momento. Y por cierto: si quieren leer ustedes un post fenomenal, mucho más detallado que este tanto sobre el grupo como sobre esa deliciosa película, les recomiendo que visiten al señor Sebas. Ya verán, ya….

