lunes, 7 de marzo de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (III)


Una vez que hemos despedido a los Pekenikes, el último grupo superviviente de la primera ola del pop español, vamos ahora con los solistas, los grandes beneficiarios por la reordenación del negocio que han hecho los sellos discográficos. Hoy nos toca recibir al más veterano de todos ellos: Miguel Ríos, que ya estaba presente mucho antes de esa reordenación. Es el único que trabaja a su nombre exclusivo desde el principio de su carrera, aunque en algunas ocasiones haya figurado junto a un grupo de acompañamiento (Los Relámpagos o los Sonor, por lo general). Comenzó la década de los 60 cantando twist y rock and roll, como casi todos sus contemporáneos; vino luego una época mediocre causada en parte por su sello, pero también por una falta de criterio claro en la elección del material, hasta que por fin su entrada en la factoría Hispavox en 1968 lo situó en una posición envidiable. Y ahí sigue, como el más popular de los “cantantes modernos” -es decir, jugando en un mercado distinto a Raphael, Julio Iglesias y similares. 

El éxito mundial del “Himno a la alegría”, publicado en 1969 pero cuya estela dura casi dos años, significa la consagración definitiva de Miguel, que cuenta con el respaldo impagable de los dos grandes brujos de Hispavox: el productor Rafael Trabucchelli y el director musical Waldo de los Ríos. Seguramente las generaciones actuales no conozcan esos dos nombres, pero como ya dije alguna vez son lo más parecido que tuvimos en España a Phil Spector y su muro de sonido: la mayor parte de los grandes éxitos del sello son responsabilidad suya. En 1970 se publica el segundo Lp, titulado “Despierta”, que por supuesto incluye el himno de marras; no hay grandes diferencias con el anterior, salvo el hecho de que se va acentuado la tendencia hippie, un tanto soñadora, de nuestro amigo y los arreglos son un poco más alambicados (“ligeramente progresivos”, dicen algunos comentaristas). No es un mal disco, pero tal vez haya cierta dispersión de contenido: resulta un poco difícil casar una versión del legendario “Rock de la cárcel” -bastante descafeinada, por cierto- con piezas tan “elevadas” como la que da título al disco, o el propio himno. Y es una pena que una de las mejores canciones de Miguel no venga incluida: se trata de “Como el viento”, una nueva composición de Fernando Árbex que solo se publicó en single, que refleja perfectamente el nuevo espíritu del cantante y que es magnífica tanto por su melodía como por los arreglos. Junto a ella les presento a “Miss Mattos”, la que abre el Lp, es obra del propio Miguel y que, esta sí, es un buen rock al estilo del momento, muy de los años 70. 



Nuestro amigo está viviendo una época de mucho ajetreo, ya que el himno lo lleva a actuar en varios países; entre ellos los States, donde aprovecha para ponerse al día y volver a España con nuevas ideas. En 1971 nos presenta “Unidos”, su nuevo disco grande, en el cual Miguel consigue que Hispavox afloje un poco sus exigencias de éxitos orquestales; lo cual significa que junto a piezas como la que da título al disco -un trasunto de la sintonía de Eurovisión, claramente diseñado para repetir el éxito anterior- hay otras en las que se le ve mucho más suelto y que en conjunto hacen que este sea probablemente el mejor disco de su carrera. De todos modos, a partir de ahora iremos viendo una tensión cada vez mayor entre él y la disquera, cuya mentalidad “industrial” no admite de buen grado la evolución de su artista (ni de cualquier otro que esté dándole dinero. Salvo muy escasas excepciones, la vida profesional de un músico de la época en España es una pelea continua con el sello que le haya tocado en suerte, que suele considerar a sus contratados como meros sirvientes). De todos modos su aportación como escritor de canciones -básicamente, traducciones de piezas extranjeras- va prosperando (aunque algunas de sus estrofas den un poco de sonrojo por su espíritu buenista), e incluso se atreve a cantar algunas piezas en inglés además de hacer una estupenda versión en tono vagamente góspel del “Here comes the sun”. Aun sin ser muy fan suyo, creo que este es un disco bastante digno teniendo en cuenta la media nacional, y estas son dos de mis preferidas: 



El ajetreo sigue: en abril de 1972 se graba un disco en directo que consiste en una selección del repertorio correspondiente a la gira de ese año. La grabación tiene lugar en Madrid, en el Monumental Cinema, durante los tres días que tiene programados en ese local, y se publica bajo el título de “Conciertos de rock y amor”, que ya lo dice todo. En la cara A tenemos una selección de clásicas del rock and roll junto a dos piezas soul, mientras que en la B nos va acercando a sus últimas tendencias con una versión de “Cantares”, una concesión al folk (“Abraham, Martin y John”) o el repaso de algunos éxitos suyos recientes. En conjunto es un disco agradable, a pesar de que por momentos sus arengas cansan un poco. Mientras tanto su relación con Hispavox va a peor, ya que su trayectoria se aleja cada vez más de los arreglos orquestales y esa tendencia hippie no ayuda al negocio; la verdad es que su rendimiento económico es bastante discreto. Pero Miguel ni se inmuta: en 1974 llegará “Memorias de un ser humano”, que marca el final de su relación con ese sello. Se trata de una evolución bastante lógica sobre sus discos precedentes, con un sonido claramente progresivo, casi experimental, y un desarrollo de la temática hippie/pacifista que le inunda en esa época. El resultado es discutible: desde el punto de vista comercial no hay canciones con gancho, y las letras son de nuevo endebles; pero tanto el sonido como los arreglos resultan novedosos, interesantes. Por desgracia resulta que la pura música no es suficiente para tener buenas ventas, y al final pasó casi desapercibido. Así pues, su despedida de Hispavox resulta ser bastante discreta. Aunque… a ver qué les parecen estas dos canciones: 



Su nuevo sello será Polydor; que demuestra tener mucha paciencia, porque en términos comerciales Miguel entra en una de las épocas más oscuras de su carrera: esa vocación tan progresiva como introspectiva lo convierte en un artista minoritario hasta finales de esta década, cuando volverá a recuperar protagonismo como “viejo rockero”. A partir de entonces, Miguel será un icono de los buenos viejos tiempos: es una posición tan respetable como cualquier otra, pero nosotros lo dejaremos aquí, con una selección de sus canciones más populares en la época juvenil. 


lunes, 29 de febrero de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (II)



Como ya sabe la escasa pero fiel clientela de este bar, aquí somos unos obsesos de la cronología y en consecuencia de la antigüedad en el empleo de los músicos que nos visitan. Por tanto, los que abren esta nueva serie son los Pekenikes, el grupo más veterano del panorama nacional, el único de los grandes pioneros que sigue en activo y cuya supervivencia se debe a una curiosa contradicción: a mediados de la década pasada decidieron convertirse en un grupo instrumental, justo cuando ese estilo comenzaba a decaer. Los Relámpagos, el otro grupo que siguió en esa tradición -los más populares en la buena época de la música sin palabras-, ya no existe: solo quedan ellos, aunque de vez en cuando nos sorprenden con alguna pieza cantada (la inolvidable “Cerca de las estrellas” es el mejor ejemplo). 

Los habíamos dejado a finales de la década pasada viviendo en apariencia uno de sus mejores momentos, tras una sucesión de singles que se establecen cómodamente en lo más alto de las listas y que culmina con “Alarma”, su tercer LP; pero la situación interna no era tan feliz, ya que además de las obligaciones militares, que se cebaron por entonces con el grupo, comenzaban a surgir algunas grietas entre ellos. Ya en 1969 se reúnen tres Pekenikes, los hermanos Sainz y el bajista Ignacio Martín, con otros tres miembros de los Pasos, que en ese momento están inactivos, y deciden crear un grupo que fusionará la música instrumental con las influencias españolas del sur, especialmente flamenco: ese grupo se llama Taranto’s. Como es lógico Hispavox no va a permitir una grabación con músicos de Pekenikes bajo otro nombre, así que grabarán en Guitarra, un sello creado por los hermanos Sainz (Alfonso figura oficialmente como productor). La cosa no duró mucho: un LP y tres singles -la mayoría de las canciones ya están en el LP- son toda su obra, ya que los aficionados no le prestaron mucha atención; la opinión general es que estamos ante el estilo Pekenikes de siempre, ligeramente matizado en algunas piezas para dar el sabor sureño que buscaban. Sin embargo, algunos comentaristas creen ver en él los orígenes del luego llamado “rock andaluz”. No creo que sea para tanto, pero en fin: aquí lo tienen. Juzguen ustedes mismos. 

Esta aventura "alternativa", más las entradas y salidas de personal por culpa de la mili, acaban causando un cisma que ya casi se veía venir: tras la desaparición de Taranto’s en 1970, hay oficialmente dos agrupaciones llamadas “Pekenikes”, aunque solo una de ellas está grabando nuevo material en ese momento. Se trata de los hermanos Sainz, Tony Luz y Pedro García junto a tres músicos colombianos y posiblemente otros dos o tres españoles (el número total de participantes no está claro). Hispavox decide apoyar a este sector, y en 1971 presentan un Lp titulado con las iniciales de “Sus Seguros Servidores Que Estrechan Su Mano”. En ese disco vemos las carencias de unos músicos que comienzan a sonar repetitivos pero que tratan de disimularlo bajo la coartada de unos sonidos y arreglos en los que se nota la influencia de los participantes colombianos, que le dan un nuevo aire a estos Pekenikes. Como adelanto, ya en 1970 presentan un single cuya cara A es “Tren transoceánico a Bucaramanga”; consiguió una buena cifra de ventas, aunque en realidad solo era una versión actualizada de su antigua “Viento inca”. Otra pieza interesante de ese nuevo Lp es “Tabasco”, que se convirtió en una sintonía recurrente y está escrita por Yamel Uribe y Juan Jiménez, dos de los recién llegados. Esta facción desaparece poco después: los hermanos Sainz se retiran del negocio, Tony Luz pasa a trabajar con Karina (luego creará algunos grupos rockeros) y el resto del personal se desperdiga. 


Mientras tanto, los otros Pekenikes “resucitan”, abandonan Hispavox y consiguen un éxito bastante respetable en 1972: Movieplay los ficha y publica su primer Lp de la nueva época, otra vez sin título, aunque los fans lo llamarán “el disco del coche” gracias a la fastuosa portada doble en la que vemos el frontal de un auto de época. Se nota que tratan de sacudirse la caspa con nuevas influencias, sonidos electrónicos, tonos cercanos al jazz o a ritmos sudamericanos, y el resultado es bastante aceptable (con alguna salvedad: la versión de la funesta “Pop corn” podían habérsela ahorrado; aunque claro, fue el mayor éxito en single). Pero a pesar de esta luminaria, es evidente que el tiempo de los grupos instrumentales ha pasado, y los Pekenikes comienzan a resultar cada vez más reiterativos: en 1973 publican “Saltamontes”, que trata de mantener la estela del anterior sin grandes novedades; peor aún resulta “Cachimba”, su último disco en Movieplay, ya en 1977, cuando su mera presencia es un anacronismo a pesar de que se escuchan algunos riffs de guitarra eléctrica con arreglos de viento y ritmo que pueden recordar a unos Chicago, por ejemplo (otro estilo ya rancio en esa época). Y desde entonces, tanto sus actuaciones como sus discos son esporádicos y sin interés salvo para los fanáticos. Así pues, tal vez sea conveniente despedirse de ellos con una pieza del disco del coche y otra de “Saltamontes”: son los últimos con un cierto interés. 



Aquí termina, a grandes rasgos, la historia del último grupo español clásico, el único además que fue testigo de toda la evolución musical del país desde sus orígenes hasta los años 80 (con intermitencias, algunos de sus miembros siguieron hasta casi el 2000). Da un poco de pena despedir a un venerable dinosaurio de semejante calibre, pero la Madre Naturaleza no perdona: estamos ya en otro tiempo. Y para que la melancolía se haga un poco más llevadera, aquí les dejo un paquetillo con una selección que he hecho de su repertorio; siempre sobrarán y faltarán algunas, pero creo que en esencia están la mayoría de las que deben estar.