lunes, 9 de mayo de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (XII)

En la lista de los nombres más importantes de la vanguardia catalana a principios de los años 70, hay al menos otros dos que resulta obligatorio citar: Pan & Regaliz y Om. Ambos tienen influencias psicodélicas; pero mientras los primeros son una banda de rock progresivo al más puro estilo británico, Om (que no es exactamente un grupo convencional) desarrollan una mezcla entre jazz y free rock que los hace únicos. Algunos de estos músicos, cercanos o no al Grup de Folk, son ahora instituciones nacionales, porque con el paso del tiempo han desarrollado una carrera muy respetable; pero en cuanto a estas dos bandas, la categoría legendaria de la que disfrutan ahora de poco les sirvió en su época. 




La historia de los regalices comienza a mediados de la década anterior, cuando un grupo de adolescentes se reúne bajo el nombre de Els Mussols. A pesar de ser muy jóvenes, su variado repertorio de versiones los lleva del pop al folk, de Bob Dylan a los Kinks. Como era de suponer, más tarde o más temprano tendría que haber una clarificación de objetivos, y tras una fase más orientada al folk hippie (en la onda Sisa/Riba), en 1969 sus tres miembros más rockeros -Alfons Bou, batería que pasa a ser guitarra, Artur Domingo, bajo, y Guillem París, flauta- deciden marcharse. Los tres pueden cantar, así que solo necesitan un batería: en ese momento Jackie (Santiago García) acaba de abandonar Máquina! y está disponible. Nace así “Agua de Regaliz”, grupo progresivo con tintes psicodélicos que a mediados de 1970 graba un primer single en Diábolo/4 Vents: “Waiting in the munster’s garden / When you’re so bringdown”. Con solo esas dos canciones queda clara su escuela, con una línea de bajo al estilo Family en la primera o ese blues oscuro que luce la segunda y que recuerda mucho al sonido del sello británico Vertigo. La voz principal será la de Guillem París, fan total de Ian Anderson y flautista como él; ya se pueden imaginar cuál va a ser una de las influencias definitivas en este grupo. 

Solo con ese single y algunas piezas más ya tienen repertorio suficiente para actuar en los eventos más floridos del naciente progresivo catalán, entre finales del 70 y principios del 71, pero el ominoso servicio militar se cobra su tributo: esta vez le toca a Jackie. Y a eso se suman los problemas económicos de 4 Vents, que llevan al grupo a buscar otro sello, que será Ekipo. Esa marcha destemplada origina un problema contractual que les obliga a cambiar también de nombre: deciden llamarse Pan, a secas; luego se lo piensan mejor y le añaden el regaliz por si algún fan de la primera época se despista. Bien, pues Pan & Regaliz ya tienen material para grabar un Lp, y a ello se ponen tras dar con un nuevo batería, que será Pedro Van Eeckout, pluriempleado en pequeñas bandas de la zona. Tras un single con dos canciones como adelanto, ese disco grande, de título homónimo, llegará a ser otro de los clásicos en la leyenda progresiva nacional: no tuvo grandes ventas en su momento, pero se ha reeditado ya unas cuantas veces. Se abre con “One more day”, un recordatorio en toda regla a los primeros Jethro Tull: la voz, la flauta, el ritmo, la guitarra, son la consecuencia de haber estudiado con provecho el “This was” de los británicos (y su “Thinking in Mary” es el Bouree de los regalices). Reaparecen las dos canciones de su primer disco, ligeramente modificadas, y es fácil reconocer gran parte del santoral de estos muchachos: de nuevo los Tull, que se encuentran con Cream en “Dead of love”; pasa la sombra de los Doors por “I can fly”; también de nuevo me acuerdo de Family, de la “amigable” voz de Chapman -cuando sonaba apaciguado- en “A song for the friends”, y quizá uno de sus momentos más personales sea la extensa “Today is raining”. Así que, en conjunto, estamos ante un espléndido homenaje a todas las bandas que los han influido, pero ese es también su defecto: Pan & Regaliz no tienen un estilo propio, y el escaso público progresivo de la época prefiere originales a copias. 

Poco después se publica un single cuya cara A será una nueva y última canción, “Magic colours”, con unos juegos de voces psicodélicas que recuerdan a July, pero ahí termina la historia: un segundo disco que se había planeado no llegó a grabarse siquiera. Poco después vuelve Jackie de la mili y Pedro se marcha para participar en Om y luego el grupo de jazz fusión Jarka, pero ya no importa mucho porque tras unas cuantas idas y venidas Pan & Regaliz desaparecen en 1972. Guillem París, el único que estuvo al pie del cañón de principio a fin, intentó en 1973 publicar nuevo material, pero fue imposible. Lo que queda para la historia es otro de esos discos legendarios que, independientemente de su categoría musical, forma parte de un Olimpo nacional muy escaso pero entrañable. Aquí lo tienen. 




Jordi (“Toti”) Soler es un guitarrista virtuoso, un músico de Conservatorio que en 1966, con diecisiete años, entra en un grupo llamado Brenners’ Folk (uno de sus creadores es el histórico Vytas Brenner, junto a su hermano Haakon), donde ya milita un pianista llamado Jordi Sabatés, otro virtuoso no mucho mayor que él. Cuando los Brenner se vuelven con sus padres a Venezuela, el grupo pasa a llamarse Pic-Nic y siguen practicando un folk pop que los lleva a la cumbre en 1968 con la canción lacrimógena “Cállate niña”, cuya letra fue compuesta por su cantante Jeanette, otra niña. Muy poco después, Toti y Jordi abandonan el grupo para dedicarse a lo suyo, que es inicialmente el folk rock con influencias psicodélicas pero que pronto se irá acercando al jazz; a partir de ese momento, reconocidos ya como músicos de categoría, colaboran con varias figuras tanto de los Setze Jutges (especialmente María del Mar Bonet) como del Grup de Folk. Ya en el 68 Toti ha decidido crear un grupo que puede funcionar como tal, con vida propia, o también servir de apoyo a otros músicos; en la idea original participa también Jordi, aunque él prefiere simplemente figurar como músico de acompañamiento o hacer arreglos antes que militar en un grupo real, con obligaciones de grabar o actuar con carácter fijo. Finalmente Toti presenta a Om, una banda que tendrá entre sus primeros trabajos acompañar a Pau Riba en la primera parte de “Dioptría” (donde también participa Sabatés como arreglista en algunas piezas); posteriormente Toti será su ayuda principal tanto en la segunda parte como en su disco acústico grabado en Formentera. Pero debido a que Om solo actúa en directo como banda acompañante, la formación sufre cambios continuos mientras él va edificando un sonido básico que pueda llegar a ser grabado. 

Y ese momento llega a finales de 1970. Para entonces, en la batería figura Peter Hodgkinson; Manuel Elías suele ser el bajista, y ocasionalmente otros músicos aportan instrumentos adicionales (como el propio Sabatés, cuyo piano se oye en muy contadas ocasiones). El resultado son cuatro piezas que, en palabras de Toti, resumen una serie de ensayos improvisados por falta de tiempo. El disco, publicado en 1971, se titula “OM” y es otro de esos inevitables en la historia musical española de los primeros años 70. Con toda la razón del mundo, puesto que ya es suficiente con la apertura, “Excusa 6/8”, para comprobar que estamos ante una obra de calidad muy por encima de la media nacional, una supuesta improvisación jazzística en la que se crea un juego magnífico y original entre guitarra, bajo y batería, tan al viejo estilo y tan innovador a la vez, con el vuelo de los instrumentos de viento; esa improvisación se traslada en una segunda parte a zonas progresivas rozando la psicodelia y vuelve finalmente al principio, en un círculo brillante. La guitarra de Toti me parece de lo mejorcito que hay en España, sin la parafernalia más o menos heavy que suelen emplear la mayoría de sus colegas. La otra pieza de la cara A es “Non ho sap ningú”, mucho más libre y experimental, cercana al free jazz; en la cara B, “Zitro’s ache”, con una trompeta protagonista (Xavier García), recuerda a Miles Davis y la soltura instrumental que suele acompañarle, mientras que la despedida con “Excusa num. 1” es un paseo por varios géneros, desde su entrada al estilo de rock psicodélico saltando al jazz rock, el progresivo… casi parece andar Zappa por el medio, en algunos momentos. Aunque este tipo de estilos no es lo mío, en conjunto este disco me parece delicioso. 

Las ventas, como era de esperar, son minúsculas. Poco después Pedro Van Eeckout sustituye a Peter en la batería y Om presenta su único single: “Vindrá la llum /Waiting of Godot”. La primera es un rock brillante, original, muy bien estructurado (ese juego entre guitarra y bajo… Lástima que no hiciesen algunas piezas más en este plan), mientras que la segunda es un tanto sorprendente, en plan festivo y alegre, con unos coros y palmas que le dan un aire despreocupado a una composición que podría ser buena alternativa, de calidad, insospechada, a la canción del verano. Poco después Om se disgregan: tanto Toti Soler como Sabatés (que por entonces ya milita en Jarka) seguirán una impresionante carrera que se une en varias ocasiones. Y nosotros nos quedamos con la exigua discografía de un grupo “itinerante” que ha dejado para la Historia otro de esos discos totémicos. 




martes, 3 de mayo de 2016

España 70's: de vuelta al desierto (XI)

Después de la intensa pero corta aventura de Máquina!, y mientras Enric Herrera pasaba al otro lado del escenario, tanto Jordi Batiste como Tapi siguieron adelante con otras agrupaciones. Por desgracia, la mayor parte de esas aventuras no consiguieron llegar muy lejos aunque hoy en día se les respete mucho: a cada paso que damos por este desierto vamos comprobando que la España de aquellos tiempos no era un buen lugar para las mentes inquietas. Y también por supuesto, va quedando claro que Cataluña es por entonces el principal exponente de la música yeyé nacional (con permiso de Andalucía, de la que ya hablaremos cuando toque). 



Jordi Batiste termina el servicio miliar y en 1972 se asocia con Josep María Clúa (Ía). Este nombre es prácticamente desconocido en la España de entonces, pero junto a su hermano Jordi y Manel Joseph habían creado en 1968 uno de los tríos folkies más queridos en Cataluña: Dos+Un, que durante casi cuatro años trabajaron con frecuencia como teloneros de la mayor parte de las figuras de Els Setze Jutges aunque artística y emocionalmente se sentían mucho más cerca de los planteamientos mantenidos por el Grup de Folk. Esta contradicción demuestra que los músicos como Lluis Lach, María del Mar Bonet o no digamos ya Joan Manuel Serrat, fueron mucho más populares que los “hippies” del Grup (entre otras cosas gracias al apoyo mediático de la burguesía intelectual catalana, un apoyo que el Grup no solía tener salvo en la escasa prensa underground). Pero a lo que íbamos: ese trío consiguió grabar un Ep y cuatro singles que se vendieron casi únicamente en su tierra; pero que si se escuchan con detenimiento ahora que ya ha pasado todo, puede que quien no los conozca se quede sorprendido de la calidad que tenían y de su voluntad por mezclar estilos, ya que progresivamente añaden acompañamientos con varios tipos de cuerdas, percusiones o teclados. Finalmente se despiden en 1971; su última presencia discográfica tiene lugar el año anterior participando en un curioso pero fugaz artefacto histórico, como aquel de Miniatura: hay un single publicado por el diminuto sello Cactus (es decir, 4 Vents, y por tanto Ángel Fábregas) en el que “no se sabe” quiénes son los músicos que participan. Parece existir un grupo llamado Estratagema 1 que graba dos canciones en inglés, muy buenas ambas... Luego nos enteramos de que ese “grupo” fue una reunión de los tres miembros de Dos+Un con Enric Herrera, Tapi y Luigi Cabanach, o sea, tres miembros de Máquina! (aunque aún hoy hay dudas sobre alguno de los participantes: algunos dicen que Isidor Marí, el letrista de las dos canciones, es también la voz, en lugar de Ia Clúa). Se trataba entonces de un juego, de crear un grupo fantasma solo para esa grabación, y por desgracia el disco pasó prácticamente inadvertido (incluso en algunos catálogos figura como “no publicado”). Bien, pues aquí lo tienen ustedes, además de la corta pero entrañable discografía de Dos+Un. 

Una vez disuelto el trío, tanto Jordi Clúa como Manel Joseph se convertirán en músicos de acompañamiento y militarán en grupos históricos como Barcelona Traction o la Orquestra Platería respectivamente, mientras que Ía -volvemos al principio- se asocia con Jordi Batiste y crean el dúo Ia-Batiste, que grabarán en 1972 otra de esas maravillosas obras cumbres de la música underground nacional, aunque no se verá hasta el año siguiente: “Un gran día”, un Lp en el que ambos se hallan en estado de gracia. Esa mezcla entre el folk progresivo e incluso psicodélico que nos ofrece Ía junto a la vocación rockera de Batiste se completa con el juego de voces, cuerdas y teclados que ambos dominan. La sucesión de momentos brillantes comienza con la primera pieza, que da título al disco: una voz enérgica, un piano con arreglos orquestales que pueden recordar a Elton John en sus momentos más inspirados, los cambios de ritmo… una verdadera fiesta. El nivel no decae en ningún momento, ni siquiera en las fases más apacibles (ese “Sifón”, una pequeña y dulce locura surrealista en dos minutos, una canción de amor con sorpresa); y para la despedida cambian de planteamiento con “Morrisong”, una larga pieza con desarrollo de rock oscuro y fugaces acompañamientos corales que, seguramente, agradaría a Jim (o eso parecen pretender ellos). El dúo consiguió un gran respeto en Cataluña, e incluso las ventas fueron relativamente decentes, pero no volvieron a grabar hasta 1975 (entre otras cosas por la mili: esta vez le tocaba a Ía); su segundo disco, “Chichonera’s cat”, sin ser malo, ya no llegó a su altura: era otra época, ellos mismos eran ya otros. Pero siempre quedará memoria del primero, esa delicia que quien no conozca debería... pinchar aquí. 



Jose María Vilaseca, más conocido por Tapi (vívía por entonces en la calle Tapioles), ya tenía un pequeño historial cuando llegó a Máquina!. Recordarán ustedes que hubo un grupo bastante modernillo a mediados de los años 60 llamado los Go-Go, cuyo cantante era Jordi Querol; el grupo grabó unos cuantos singles y oficialmente desapareció, pero solo “a medias”: algunos de sus miembros apoyaron una muy corta carrera de Querol como cantante solista y finalmente, en 1968, hubo una nueva reestructuración que, con Querol al frente, dio lugar a Vértice, el grupo en el que comenzó su carrera un jovencísimo Tapi (solo tenía 16 años) como batería. Por cierto, en ese grupo también se dio a conocer un guitarrista con formación clásica que en aquel momento estaba interesado en las fusiones del rock con el jazz y el blues: se llama Joaquín Sunyer, alias “Max”; los otros dos miembros eran el también guitarra Miguel Ángel Núñez y el bajista Pepe Fernández. Por entonces todos ellos son muy aficionados al blues rock que practican las bandas británicas, y en 1969 consiguen grabar un single que se publicará el año siguiente y demuestra la clase que tenían: “Take me away / You’re not real” puede pasar perfectamente por isleño y muestra a las claras la gran influencia recibida de Peter Green con Fleetwood Mac, sin ir más lejos. Pero, como suele pasar en las grabaciones de Diábolo/Als 4 Vents, no hay mucho dinero para promoción, y aún encima a Jorge le toca cumplir con la Patria. Ese es el fin de Vértice, anterior ya a la publicación del single.

Porque sabemos que la entrada de Tapi en Máquina! tuvo lugar a finales del 69, justo a tiempo para su segundo single. Y cuando decide abandonarlos, a principios del 71, crea Tapiman junto a Miguel Ángel Núñez y Pepe Fernández, que además de bajista ahora será también cantante (curiosidad: “MAN” son las iniciales del guitarrista; la idea de crear el grupo fue de Tapi y suya). Muy pronto publican el primer single: “Hey you / Sugar stone” deja clara la tendencia del trío, un cruce entre hard y heavy que los convierte en precursores del sonido que adoptarán luego la mayoría de las bandas rockeras nacionales. Sin embargo Miguel tiene que marcharse a causa, como siempre, de las obligaciones militares; y por esas lógicas no escritas que a veces se cumplen, es sustituido por “Max” Suyer. Poco después llega su segundo single, más reposado pero para mí mejor aún que el primero: “Love country”, en la cara A, es un rock americano de medio tiempo magnífico, y “Walking all along the life” una especie de balada acústica/eléctrica en la que Max se luce (como siempre) pero sin avasallar a Tapi ni a Pepe, ambos igual de buenos. Y llegados a 1972 se publica su primer Lp, “Tapiman”, un ejercicio de estilo, en tono progresivo, que va desde el espíritu Black Sabbath en “Wrong world”, la canción que lo abre, hasta el cierre hard con el lucimiento de Max y su guitarra en “Driving shadow”. No me extraña que los aficionados a ese instrumento lo alaben, porque a lo largo del disco queda claro que estamos ante un virtuoso, que por otra parte ya nos va mostrando en algunos momentos sus querencias cercanas al rock sinfónico. Las ventas fueron razonablemente buenas, aunque tampoco estamos ante un hit: Edigsa, el sello que distribuye a Tapiman, tiene más potencia que Als 4Vents, pero ni uno ni otro pueden competir con los grandes. 

Con el tiempo “Tapiman” ha pasado a ser otro de esos discos legendarios, como el de Máquina!, que cualquier aficionado adora aunque no quede claro si es más por su valor simbólico o por su categoría musical. Poco después se publicó un Lp casi anecdótico en el que Tapiman acompañan a Jorge Querol interpretando clásicos del rock and roll tradicional; el disco no muestra sus nombres y su distribución fue minúscula. Max se marchó poco después: su carácter profesional, serio, no cuadraba con un Tapi que pensaba más en la juerga que en los ensayos, y por otra parte el grupo no parecía tener futuro. Pasará a formar parte de los Kroner’s (el grupo de Tony Ronald), donde conocerá a otros músicos con los que luego crea Iceberg. Mientras, Tapi se marcha a Lone Star y Pepe militará en pequeños grupos además de trabajar como compositor. A finales de los 70 Tapi intenta recrear la banda junto a Pepe, e incluso publican un nuevo disco, “En ruta”; pero la cosa no va más allá y el disco, con un sonido rockero bastante light, pasa sin pena ni gloria. Y como es norma de la casa, nosotros nos quedamos con los buenos tiempos: aquí los tienen ustedes.